↑ A B Nerval (1845), P

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Jacques Cazotte (n. Dijon, Francia, siete de octubre de 1719-† París, Francia, veinticinco de septiembre de 1792) fue un escritor francés, célebre por su novela El Demonio enamorado (1772). Murió ajusticiado en la guillotina en la plaza del Carrusel de París.

1 Biografía: primeros años
2 Carrera literaria
lección Militancia en el Iluminismo
cuatro Últimos años
5 Juicios y condenas
6 Ediciones en castellano
7 Bibliografía
8 Véase También
nueve Notas
10 Referencias
once Enlaces externos

Biografía: primeros años[editar]

Jacques Cazotte nació en Dijon el 7 de octubre de 1719,[1] en la Rue du Four (que Actualmente lleva su nombre) de la capital de la región francesa de Borgoña; fue bautizado al día siguiente de su nacimiento en la Iglesia de St. Etienne de exactamente la misma urbe. Bernard Cazotte y Marie Taupin, sus padres, pertenecían a la burguesía borgoñona y tuvieron catorce hijos, siete varones y ras, de los que Jacques era el benjamín. En agosto de 1739, obtuvo su diploma de bachiller en Leyes por la Universidad de Dijon. Los estudios primarios y secundarios los había cursado con los jesuitas, como tantos franceses de aquel entonces, incluido Voltaire.[1] En 1741 se trasladó a París, donde ingresó, por intermediación de «uno de sus hermanos, vicario mayor del señor de Choiseul, obispo de Châlons,[2] en el servicio de la Pluma (que era el nombre que recibía el cuerpo de funcionarios civiles de la Marina),[1] en donde alcanzaría, hacia 1747, el rango de comisario. Ya por entonces se dedicaba algo a la literatura, a la poesía ante todo. En el salón de Racourt, paisano suyo, coincidían literatos y artistas, y allí se dio a conocer, leyendo unas cuantas fábulas y algunas canciones, esbozos primeros de un talento que había, más adelante, de rendir tributo en mayor grado a la prosa que a la poesía.[3]

Desde aquel instante, una parte de su vida hubo de transcurrir en la Martinica, Adonde lo condujo un puesto de inspector de las Islas de Sotavento.[3] De esta forma, en 1747 recibió la orden de embarcar rumbo a la isla caribeña, donde fijaría su residencia hasta 1752.[1] En 1749, fecha en que los ingleses atacaron la colonia, Cazotte dio muestras de gran actividad e inclusive de conocimientos estratégicos en lo referido a la forma de armar el fuerte Saint-Pierre. Pese a la incursión de los ingleses, pudo rechazarse el ataque.[4] En el Caribe vivió esos años sin fama, Pero con la consideración y el afecto de todos.[3] Pudo, merced a un permiso, regresar por una temporada a París.[3] En 1754 regresó a Martinica, donde permanecería hasta 1759.[5] Empero, la muerte del hermano de Cazotte lo hizo volver por segunda vez a Francia como heredero de todos sus bienes[Nota 1] y no tardó en pedir el retiro, que le fue concedido con todos y cada uno de los honores, así como con la categoría de comisario general de la Marina.[4]

Traía consigo a Élisabeth, su futura esposa, y residió, al comienzo, En la casa de su hermano, en Pierry, cerca de Épernay. Como no tenían pretensión de volver a la Martinica, Cazotte confió la venta de todos sus bienes al padre Lavalette, superior de la casa de los jesuitas, hombre culto con quien Cazotte había mantenido gratas relaciones A lo largo de su estancia en las colonias. Éste pagó en letras de cambio de la Compañía de Jesús en París.[6]

El importe ascendía a cincuenta mil escudos; presentado que hubo Cazotte las letras, la Compañía consintió el protesto de estas. Los superiores aseguraron que el padre Lavalette había caído en especulaciones peligrosas y que no podían respaldarlas. A Cazotte, que había comprometido en esa operación La mayor parte de sus bienes, no le quedó más remedio que pleitear con sus ex profesores. Y ese pleito, que hizo padecer mucho a aquel corazón piadoso y monárquico, fue el inicio de todos y cada uno de los que cayeron más adelante sobre la Compañía y la llevaron a la ruina.[7]

Cazotte se consoló de ese fraude casándose, en 1762, con Élisabeth Roignan,[5] hija del primordial juez de la Martinica,[3] a quien había conocido en el trópico. Él tenía cuarenta y tres años, y ella doce menos: treinta y uno. Los recién casados se instalaron en Pierry (Champagne), en las vastas posesiones que el hermano de Jacques, el canónigo Chrétien-Nicolas Cazotte, le había dejado en herencia, a su muerte, en 1760. Tuvieron 2 hijos varones, Jacques-Scévole (1764) y Simon-Henri (1765), y una niña, Élisabeth (1767), que tan heroicamente se comportaría años después, cuando la Asamblea Nacional dictase orden de arresto contra ella y su padre.[5]

El escritor y bibliotecario Charles Nodier, que lo conoció en su juventud, describe a Cazotte como poseedor de un «inapreciable talento para contar mejor que cualquier otro hombre en el Mundo cuentos al unísono raros e ingenuos, que pertenecían a la realidad más trivial por la exactitud de las circunstancias y al Planeta de las hadas por la magia. La naturaleza le había otorgado un don singular para poder ver las cosas bajo su apariencia fantástica (…).»[8]

Carrera literaria[editar]

Cazotte empezó a dedicarse a la literatura en el momento en que se trasladó a París. Allá publicó, en 1741, La patte du chat (La pata de gato), un cuento de hadas en la estela narrativa de la célebre traducción de Las mil y una noches llevada a cabo por Antoine Galland en 1704. Prolongando dicha tendencia orientalizante, Cazotte dio a las prensas en 1742 un segundo cuento, titulado Les mille et une fadaises (Los mil y un disparates), que se reimprimiría en 1753 con el título, ampliado, de Canapé troisième ou Les mille et une fadaises.[1] Tras su primer regreso a Francia procedente de la Martinica (1752), publicó algún poema más.»[3] Sus primeras composiciones cobraron tal popularidad, tanto en la corte como entre el pueblo, que estimularon al autor a ensayar algo más ambicioso.[9]De esas fechas son 2 canciones[Nota 2] que no tardaron en gozar de celebridad y semejan responder a esa afición que imperaba por entonces de reverdecer la antigua romanza O balada francesa, imitando en ello a Bernard de La Monnoye. Fue uno de los primeros intentos de ese tono romántico O novelesco del que la literatura francesa iba a emplear y abusar más adelante; y resulta notable ver Cómo se trasluce ya, por más que con varias incorrecciones, el aventurero talento de Cazotte.[3] Generalmente, en sus canciones se revela un ingenio muy particular.[12] Con todo, Cazotte no era Aún sino el modesto autor de unas cuantas fábulas y canciones.[13]Su primer éxito llegaría con un «poema» en doce cantos, y en prosa combinada con verso, titulado Olivier (Dos volúmenes, 1762), seguido en 1771 por otro romance, el Lord impromptu,[9]relato breve inglés que pertenece al género íntimo y brinda detalles rebosantes de interés.[14] El éxito del poema de Olivier lo animó a continuar escribiendo.[15] En 1763 aparecería La aventura del peregrino, un breve apólogo en el que el autor denuncia la hipocresía de la corte.

] Se trata de un relato Fantástico en el que el héroe invoca el Demonio.

Mas su obra más célebre es la deliciosa nouvelle Le Diable amoureux (El Diablo enamorado) (1772), considerada como la obra precursora O bien Incluso inaugural del género de literatura fantástica. La portada de ese libro reza De este modo: Le Diable / amoureux. / Nouvelle espagnole. / À Naples, / 1772. Realmente se imprimió en París, en la oficina de A. Lejay, Mas quedaba más exótico lo de Nápoles. No aparece mención alguna del nombre de Cazotte en la editio princeps, Aunque es de suponer que su autoría fuese un secreto a voces en el París de la temporada. Incluye seis planchas grabadas por Moreau Según dibujos de Clément-Pierre Marillier.[16] Se trata de un relato Fantástico en el que el héroe invoca el Demonio. El valor de la historia radica en su pintoresco escenario, y en la destreza con que son desarrollados sus detalles.[9] En efecto, esta obra destaca de entre las de Cazotte por el encanto y la perfección de los detalles; Pero las supera a Todas y cada una por la originalidad del concepto. En Francia, y sobre todo en el extranjero, este libro creó escuela y ha sido fuente de inspiración para muchas creaciones análogas.[15]

Muchos no han visto en El Demonio enamorado sino un cuento de hadas, parecido a otros tantos de la misma época y digno de figurar en Le cabinet des fées (El cuarto de las hadas), de Madame d’Aulnoy. En el mejor de los casos, lo englobarían En la misma categoría que los cuentos alegóricos de Voltaire. Sería como comparar la obra mística de Apuleyo con las bromas mitológicas de Luciano. El asno de oro sirvió A lo largo de bastante tiempo de trama a las teorías simbólicas de los filósofos alejandrinos; los propios cristianos respetaban este libro; y san Agustín lo cita con deferencia como expresión poetizada de un símbolo religioso; El Diablo enamorado se merece elogios similares y supone un progreso singular en el talento y el estilo de su autor.[17]

El papel un tanto perverso que, en definitiva, hace interpretar el autor a la deliciosa Biondetta bastaría para indicarnos que por entonces no era Aún un iniciado en los misterios de la Cábala O bien de los Iluminados, quienes Siempre y en todo momento han diferenciado escrupulosamente a los espíritus elementales, los silfos, los gnomos, las ondinas y las salamandras de los infernales servidores de Belcebú.[18]

Hete Aquí, Puesto que, que este hombre que fue, al principio, un poeta risueño de la escuela de Marot y de La Fontaine, y después un candoroso autor de cuentos, prendado ora del colorido de los viejos fabliaux franceses, ora del deslumbrante espejeo de las fábulas orientales que puso de moda el éxito de Las mil y una noches, seguidor, en última instancia, de los gustos de su siglo más que de su fantasía, este hombre cae en el más tremendo peligro de la vida literaria: el de tomarse De verdad sus propias invenciones. Y en eso consistió, a decir verdad, la desventura y la gloria de los grandes escritores de aquella temporada.[19]

La edición definitiva de Le Diable amoureux vería la luz en 1776, formando parte de unas Œuvres badines et morales de M*** (Obras lúdicas y morales de M***) en 2 tomos (eso se lee en la portada del tomo I, Si bien el autor firma ya como Cazotte al final de la larga dedicatoria a Madame Bertin; en el II, se sustituye «M***» por «Mr. C***», inicial de Cazotte). Es esa edición de 1776, que introduce numerosas modificaciones respecto de la princeps, la que sirve de base a Todas las posteriores.[20]

Por una larga temporada, las creencias de Cazotte resultaron amenas y tolerantes; en el transcurso de esos años escribió más cuentos árabes que se confundieron Durante mucho tiempo con Las mil y una noches, cuya continuación eran, y no proporcionaron al autor toda la fama que deberían haberle aportado.[21]

Son los primordiales La dama desconocida, El jinete, El ingrato castigado, El poder del destino, Simustafá, El califa ladrón, que proporcionó la trama para El califa de Bagdad, El amante de las estrellas y El hechicero O Maugraby, obra repleta de deliciosas descripciones e interesantísima.[22]

Predominan en sus creaciones el encanto y el sutil ingenio de los detalles; en cuanto a la riqueza inventiva, no tiene nada que envidiar a los propios cuentos orientales, lo que se explica en parte por el hecho de que varias de las tramas originales se las debía el autor a un fraile árabe, el reverendo Chavis.[23]

En el cuento El jinete, que es En realidad un poema, lleva a cabo Cazotte una mezcla de invención novelesca y diferenciación entre los buenos y los malos espíritus sabiamente tomada de los cabalistas de Oriente. Los genios luminosos, siervos de Salomón, combaten arduamente con los del séquito de Eblis; los talismanes, los conjuros, los anillos con los poderes de las constelaciones, los espejos mágicos, todo ese maravilloso enredo de los fatalistas árabes se trenza y se destrenza en esta obra. Vemos en el protagonista ciertos rasgos del Iniciado egipcio de la novela Sethos, que gozaba a la sazón de gran popularidad. El episodio en el que cruza, entre riesgos mil, la montaña de Caf, palacio eterno de Salomón, rey de los genios, es la versión asiática de las pruebas de Isis; Así, la preocupación por las mismas ideas aparece una y otra vez bajo las más diferentes formas.[24]

Cazotte gozó de cierta fama como fabulista; y, al dedicar su volumen de fábulas a la Academia de Dijon, no olvidó traer a colación a uno de sus antepasados que, en tiempos de Marot y Ronsard, puso su grano de arena en los avances de la poesía francesa. Cuando Voltaire estaba publicando su poema La guerra de Ginebra, Cazotte tuvo la humorada de añadir a los primeros cantos del poema inconcluso un séptimo canto escrito con similar estilo y que pasó por ser fruto de la pluma del propio Voltaire.[25]

Hizo Además Cazotte una incursión superficial en el campo de la lírica.[26] Ya hemos señalado que la ópera cómica le debía a Cazotte la trama de El califa de Bagdad; Asimismo El Diablo enamorado se representó como opereta con el título de El infante de Zamora. A ello se debió sin duda que uno de sus cuñados le reprochase que no se dedicara al teatro y le presentase las óperas bufas como obras harto difíciles.[27] Este pariente propuso a Cazotte el reto de escribir, en una sola noche, una obra de ese género. Un personaje singular se ofreció a componer la música Conforme iba escribiendo Cazotte el libreto. Se trataba de Rameau, sobrino del gran músico.[Nota 3][27]

La ópera quedó concluida en una noche, se envió a París y no tardó en representarse en el teatro de la Comédie-Italienne, tras ciertos retoques de Marsollier y Duni, que se avinieron a firmarla. Cazotte no obtuvo más derechos de autor que un pase Gratis; y el sobrino de Rameau, ese genio incomprendido, siguió tan desconocido como antes.[28] Con posterioridad, Cazotte publicó Voltairiade (1783), una vehemente crítica de la filosofía ilustrada.

La única edición completa de la obra de Cazotte está en Œuvres badines et morales, historiques et philosophiques de Jacques Cazotte (4 volúmenes, 1816-1817), Aunque más de una recopilación apareció en vida del autor.[9] En 1845, el editor Léon Ganivet publicaría en París una excelente edición de Le Diable amoureux, / roman fantastique / par J. Cazotte, / précédé / de sa vie, de son procès, et des ses prophéties et révélations / par Gérard de Nerval, a la que el gran Gérard de Nerval había enriquecido con un ensayo de ochenta y cuatro páginas de extensión.[29] Una edición de lujo de Le Diable amoureux fue editada (1878) por A. J. Pons, y una selección de Cuentos de Cazotte, editada (1880) por Octave Uzanne, está incluida en una serie de Petits Conteurs du XVIIIe siècle (Pequeños narradores del siglo XVIII). La mejor semblanza de Cazotte se encuentra en Les Illuminés (Los iluminados) (1852) de Gérard de Nerval.[9]

Militancia en el Iluminismo[editar]

No se puede afirmar con certeza que Cazotte hubiese tenido relación con el movimiento iluminista antes de escribir El Demonio enamorado,[Nota 4] Aun teniendo en cuenta que cierto pensamiento místico cercano al iluminismo parece haberle acompañado Siempre. Algunas de sus obras más destacadas, incluyendo Por poner un ejemplo la continuación de Las mil y una noches (1788), dan testimonio de esta experiencia por sus enfoques místicos y esotéricos y su temática gótica. En este sentido, cabe subrayar que Cazotte pertenecía a la Escuela de Lyon y que mantuvo Siempre y en toda circunstancia una visión crítica de su siglo, particularmente en relación con el espíritu de los ilustrados y los filósofos. Sobre estos últimos tuvo unas duras palabras recogidas en un extracto de su correspondencia:

«N’appelez pas vos adversaires démagogues; appelez-les philosophes, c’est la plus grande injure qu’on puisse dire à un homme […].» («No llames demagogogos a tus adversarios; llámales filósofos, es el mayor insulto que puede decírsele a un hombre […].»)

No obstante, los biógrafos coinciden en indicar la súbita revolución que aconteció a partir de la publicación de El Demonio enamorado en las ideas de Cazotte, adepto sin saberlo de una doctrina de la que ignoraba Incluso que contase con representantes. Admitió que en El Diablo enamorado se había mostrado severo con los cabalistas, acerca de los que no tenía ideas sino muy vagas, y que sus prácticas no eran posiblemente tan condenables como lo había supuesto. Se acusó Aun de haber calumniado un sí es no es a esos inocentes espíritus que pueblan la región media del aire y bullen en ella, al atribuirles la vidriosa personalidad de un duende hembra que responde al nombre de Belcebú.[30]

Cazotte, como se irá viendo, aplicó más adelante esas ideas no ya a sus libros, sino más bien a su vida, y demostró lo convencido que de ellas estaba hasta sus postreros instantes.[31]

En aquella época, lo cansaba la vaguedad que le aquejaba el pensamiento, fruto de unos estudios llevados a cabo sin método alguno, y necesitaba vincularse a una doctrina completa.[32] En torno a 1775, Cazotte abrazó los principios de los Illuminati,[Nota 5] declarándose revestido por el don de la profecía. Fue en este hecho que La Harpe basa su famoso «jeu d’esprit», en el que se representa a Cazotte profetizando los acontecimientos más minuciosos de la Revolución.[9] Hacia 1777 O 1778 Cazotte se adhirió Aproximadamente formalmente[20] a la Orden de los Caballeros Masones Élus Coëns del Universo, una sociedad secreta esotérica que había sido fundada en 1754 por el teúrgo y teósofo Joaquim Martinès de Pasqually (de ahí que También se la conociera como la Orden de los Martinistas) y que dirigía éste mismo así como su discípulo y pensador iluminista Louis-Claude de Saint-Martin, apodado el Pensador Ignoto; en este grupo, Cazotte se distinguió por una piedad exaltada que le llevó a tomar partido contra los principios ideológicos de la Revolución francesa, movimiento que veía como una encarnación a gran escala del mismísimo Satanás. La orden de los martinistas se limitaba a reimplantar los ritos cabalísticos del siglo XI, último eco del sistema de los gnósticos, en el que un toque de la metafísica judía se mezcla con las oscuras teorías de los filósofos alejandrinos.[32] Inicialmente, el martinismo era de forma perfecta compatible con la ortodoxia católica, Mas fue derivando a posiciones ideológicas más simpatizantes con los principios revolucionarios, lo que hizo que Cazotte fuese alejándose progresivamente de él. Pues si Es cierto que Cazotte sintió Siempre En sí un vivo interés por el ocultismo y sus alrededores conceptuales, no es menos cierto que habitaba en él un espíritu abiertamente conservador y opuesto a todo cambio social brusco, De forma que no estaba dispuesto a comulgar con sectas que mirasen con simpatía el delirante curso de sucesos que condujo al Terror.[33]

Si bien Es cierto que en La mayoría de sus libros hay huellas de sus preocupaciones relacionadas con la ciencia de los cabalistas, hay que decir que por lo general no hay, en cambio, propósito dogmático alguno en ellos; no parece que Cazotte participase en los trabajos colectivos de los iluminados martinistas, sino se limitó a trazarse, basándose en sus ideas, una norma de conducta específica y personal.[34]Últimos años[editar]

Se acercaba la toma de la Bastilla, y Cazotte veía con simpatía la incorporación de la burguesía al juego del poder y se manifestaba partidario de llevar a cabo reformas. Mas llegó julio de 1789, y los acontencimientos fueron encadenándose al poste del horror hasta alcanzar un clima de paroxismo.[42] La sociedad martinista fue adquiriendo a partir de ese instante una tendencia política que hizo que se distanciaran de ella múltiples de sus miembros. Entra En lo posible que se haya exagerado la influencia de los iluminados tanto en Alemania como en Francia, Mas no puede negarse que influyeron mucho en la Revolución francesa y en el rumbo que tomó. Las simpatías monárquicas de Cazotte lo apartaron de dicho rumbo y le impidieron prestar el apoyo de su talento a una doctrina que estaba evolucionando de una manera diferente de la que él había previsto.[43]

El escritor pasó los últimos años de su vida asqueado de la actividad literaria y presintiendo tempestades políticas que no se sentía capaz de conjurar.[43] Los últimos años de Cazotte en su finca de Pierry, en Champagne, contaron Todavía, no obstante, con algunos episodios de vida familiar dichosa y sosegada. Retirado del Mundo literario, que no frecuentaba sino más bien A lo largo de ciertas escapadas a París, padre de una hija cautivadora y de 2 hijos entusiastas y cabales, lo mismo que él, el buen Cazotte parecía haberse rodeado de Todas las condiciones para un porvenir tranquilo.[44] El mayor de sus hijos, Jacques-Scévole, marchó al servicio de la guardia del rey; ya se avecinaban los tiempos bastante difíciles y su padre no ignoraba que lo exponía a un riesgo.[45][Nota 7]

En los meses finales de 1790, Cazotte se mostraba ya decididamente hostil a la Revolución, como atestigua la correspondencia con su amigo Pouteau,[47] secretario de la Lista Civil.[48] En dicha correspondencia, reclama a menudo al rey Luis XVI ―quien, Según él, se remite Siempre y en todo momento en exceso a la Providencia― que dé muestras de valor. Sus recomendaciones al respecto son propias Muy frecuentemente más de un sectario protestante que de un católico propiamente dicho.[49] Por lo general, pocas ilusiones se hace Cazotte en cuanto al triunfo de su causa; sus cartas rebosan de consejos que Tal vez habría sido oportuno seguir, Mas, al presenciar tanta debilidad, acaba por ser presa del desánimo y llega a dudar de sí mismo y de su ciencia.[50] No sería concebible que estas cartas, halladas en el palacio de las Tullerías en el cruento día del 10 de agosto, hubieran bastado A fin de que se condenase a un anciano si algunas partes de esa correspondencia no hubiesen dado pie para sospechar conspiraciones más materiales. Fouquier-Tinville, en su acusación, recalcó ciertas frases de las cartas como reveladoras de una colaboración con lo que se conoció con el nombre de «complot de los caballeros del puñal», que se desbarató el diez y el doce de agosto; otra carta Aún más explícita indicaba medios para la evasión del rey, preso desde el regreso de Varennes, y especificaba el itinerario de la huida: Cazotte ofrecía su propia casa como asilo transitorio.[51] La carta que Cazotte escribió a su suegro, el señor de Roignan, secretario del consejo de la Martinica, para instarlo a organizar la resistencia contra seis mil republicanos que habían enviado A fin de que se hiciesen con la colonia, es algo Como una remembranza del fogoso entusiasmo con que se entregó en su juventud a la defensa de la isla contra los ingleses: señala las medidas que hay que adoptar, los puntos que hay que fortificar, los recursos que le sugería su antañona experiencia marítima.[52] Serían esas cartas las que, una vez interceptadas por las autoridades revolucionarias, causarían su perdición.[47]

Nada en todos los escritos que se han conservado de aquella temporada de la vida de Cazotte indica merma alguna de sus facultades intelectuales. Sus revelaciones, Siempre y en toda circunstancia impregnadas de sus opiniones monárquicas, tienden a presentar cuanto acontecía a la sazón relacionándolo con las imprecisas predicciones del Apocalipsis. Es lo que la escuela de Swedenborg llama la ciencia de las correspondencias.[53]

El 10 de agosto puso fin a las ilusiones de los partidarios de la monarquía. El pueblo entró en las Tullerías, tras haber asesinado a la guardia suiza y a bastantes varones de buena cuna fieles al rey;[Nota 8] uno de los hijos de Cazotte combatía entre ellos, el otro servía en el ejército de la emigración. Se buscaban por doquier pruebas de la conspiración monárquica conocida como «de los caballeros del puñal»; quienes se incautaron de los papeles de Laporte, intendente de la Lista Civil, encontraron toda la correspondencia de Cazotte con su amigo Pouteau.[54]

Por su actitud beligerante contra el nuevo orden establecido, el comité de vigilancia de la Asamblea Nacional cursó una orden A fin de que se detuviera a Cazotte en Pierry.[47] A su hija Élisabeth la detuvieron así como él, llevaron a ambos a París en el carruaje de Cazotte y los encarcelaron en L’Abbaye en los últimos días del mes de agosto. La señora Cazotte imploró en vano el favor de acompañar a su marido y a su hija.[55] El sanguinario Fouquier-Tinville los interroga a ambos, dejando libre a Élisabeth, que no consentirá dejar solo a su padre Hasta el momento en que la hoja de la guillotina caiga sobre su cuello.[47] Los desventurados encerrados en aquella prisión disfrutaban Aún de cierta libertad dentro del recinto. Se les permitía reunirse a determinadas horas y, con frecuencia, la antigua capilla en donde se agrupaban los presos parecía un brillante sarao.[55]

Juicios y condenas[editar]

Cazotte habría Fallecido en el transcurso de los funestos sucesos de las Masacres de septiembre (2-siete de septiembre de 1792) de no haber mediado la providencial intervención de su hija ante los sicarios de la Comuna insurreccional. El 2 de septiembre, en L’Abbaye, los prisioneros estaban reunidos en la capilla, entregados a sus conversaciones habituales, cuando retumbó inesperadamente el grito de los porteros: «¡Que suban las mujeres!» Y, tras quedarse los hombres solos, Dos sacerdotes, que También eran presos, aparecieron en una de las tribunas de la capilla y les anunciaron a todos la suerte que les aguardaba.[56] A partir de ese instante, los fueron llamando cada cuarto de hora, Pues era el tiempo que Más o menos necesitaba para celebrar el juicio el improvisado tribunal que se había constituido a la entrada de la cárcel.[56] A eso de las doce de la noche, vocearon el nombre de Cazotte.[57] El anciano se presentó muy firme ante el cruento tribunal, que actuaba en una sala pequeña, anterior al portillo; lo presidía el horrible Maillard.[57] Éste hojeó el registro de la cárcel y llamó en voz alta a Cazotte. Al oír ese nombre, la hija del preso, que subía con las demás mujeres, bajó la escalera corriendo y cruzó por entre la muchedumbre en el preciso instante en que Maillard pronunciaba la terrible frase: «¡Lo llevan a La Force!», que era como decir: que lo maten.[57] Al abrirse la puerta de salida, ya en el claustro, la arrojada Élisabeth se interpuso entre los 2 asesinos que habían agarrado a su padre y se llamaban, a lo que afirman, Michel y Sauvage, y les pidió a ellos y También al pueblo, gracia para el preso.[57] Se alzaron por doquier gritos pidiendo el perdón. Maillard titubeaba Aún.[58] Las tropas marsellesas abrieron camino, y la muchedumbre aplaudía y dejaba paso al padre y la hija; los acompañaron hasta su casa.[58]

Al día siguiente de que el pueblo lo condujera a su casa en triunfo, múltiples de sus amigos acudieron a darle la enhorabuena.[58] Un abogado, de nombre Julien, ofreció a Cazotte refugio en su casa y medios para escapar de quienes lo buscasen; Mas el anciano estaba resuelto a no ir en contra del destino. El once de septiembre vio entrar en su casa a un gendarme que llevaba una orden con la firma de Pétiou, Paris y Sergent; lo condujeron al ayuntamiento y, de ahí, a La Conciergerie, en donde sus amigos no pudieron ir a visitarlo. Élisabeth consiguió, a fuerza de ruegos, que le permitieran atender a su padre y vivió con él en la cárcel hasta su día postrero. Pero los esfuerzos que hizo para conmover a los jueces no tuvieron Exactamente el mismo éxito que habían tenido con el pueblo y, tras el alegato de Fouquier-Tinville y veintisiete horas de interrogatorio, condenaron a muerte a Cazotte.[59] Cuando se consiguió frenar los juicios sumarísimos y las ejecuciones en masa A través de la creación de un nuevo órgano legislativo ―la Convención Nacional (20 de septiembre de 1792)―, ya era demasiado tarde para él.

Ya antes de dictar sentencia, lo aislaron, así como su hija, Pues temían los últimos intentos de esta y la influencia que pudieran tener en el auditorio; la defensa del ciudadano Julien insistió en vano en el aspecto sagrado de una víctima indultada por la justicia del pueblo; el tribunal parecía obedecer a un convencimiento inquebrantable.[60] El acontecimiento más extraño de este proceso fue el discurso del presidente del tribunal, Lavan, que había pertenecido, igual que Cazotte, a la sociedad de los Iluminados,[61] discurso que concluyó con Dos frases lapidarias: «Fuiste hombre, cristiano, filósofo, iniciado; debes, Puesto que, Morir como hombre y como cristiano. Es todo cuanto tu país puede Todavía esperar de ti».[62] Cazotte dijo Luego a quienes tenía alrededor que sabía que merecía la muerte, que la ley era severa, Pero que le parecía justa. Cuando le cortaron el pelo, pidió que se lo cortasen lo más posible y encargó a su confesor que se lo entregase a su hija, que Todavía permanecía aislada en una de las celdas de la cárcel.[63] Ya antes de encaminarse al calvario, escribió unas palabras a su mujer y a sus hijos; Luego, tras subir al patíbulo,[63] y justo antes de ofrecer su cabeza al verdugo, pronunció, con voz firme y segura, ante la multitud estas valientes y conmovedoras palabras: «Muero como he vivido: fiel a Dios y a mi rey».[47][Nota 9] Murió ajusticiado en el cadalso de la parisina plaza del Carrusel el veinticinco de septiembre a las 7 de la tarde.»[47]

Ediciones en castellano[editar]

El Diablo enamorado. Barcelona: Ediciones del Cotal, 1976. ISBN 978-84-7310-000-7. Traducción de Josep Elías.
El Diablo enamorado. Barcelona: Bruguera, 1985. ISBN 978-84-02-10428-1. Traducción de Enrique Sordo.
El Diablo enamorado. Madrid: Siruela, 1985. ISBN 978-84-85876-29-7. Prólogo de Jorge Luis Borges y traducción de Luis Alberto de Cuenca.
El Demonio enamorado. Barcelona: Ediciones Península, 1998. ISBN 978-84-8307-100-7. Traducción de José Manuel Martos.
El Diablo enamorado. Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias, 1998. ISBN 978-84-89893-39-9. Traducción de Enrique Sordo.
El Diablo enamorado. Madrid: Miraguano Ediciones, 2001. ISBN 978-84-7813-223-2. Traducción de Andrea Bastiel.
El Diablo enamorado: incluye «Jacques Cazotte» de Gérard de Nerval, de su libro «Los iluminados». Riells y Viabreda (Gerona): Abraxas, 2003. ISBN 978-84-95536-97-6. Traducción de Jorge A. Sánchez Rottner y Miguel Giménez Sales.
El Diablo enamorado. Madrid: Siruela, 2005. ISBN 978-84-7844-837-1. Prólogo de Luis Alberto de Cuenca y traducción de Luis Alberto de Cuenca y María Teresa Gallego Urrutia.

– Cuenca, Luis Alberto de: «Prólogo» a Cazotte, Jacques: El Demonio enamorado. Madrid: Siruela, 2005. ISBN 978-84-7844-837-1.
– Nerval, Gérard de: Cazotte: su vida, su juicio y sus premoniciones y revelaciones (1845). Incluido en El Demonio enamorado, Madrid: Siruela, 2005. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia.

Cábala
Emanuel Swedenborg
Esoterismo
Filosofía ilustrada
Gérard de Nerval
Gnosticismo
Iluminados de Baviera
Ilustración
Joaquim Martinès de Pasqually
Masacres de septiembre
Literatura francesa
Literatura fantástica
Louis-Claude de Saint-Martin
Metafísica
Misticismo
Orden de los Caballeros Masones Élus Coëns del Cosmos
Revolución francesa
El Terror

↑ Entre ellos, el castillo de La Marquetterie, situado en la comuna francesa de Pierry, en la zona de Champagne, donde Cazotte viviría retirado hasta el final de su vida.
↑ Al amor de la lumbre de la comadre ―en la que reconocemos ya del todo ese género llamado balada tal y como lo concibieron los poetas nórdicos; y, ante todo, nos percatamos de que se trata de un género Fantástico tomado en serio―[10] y Las inimitables proezas de Olivier, marqués de Édesse, otra romanza de exactamente la misma temporada,[11] consistente en una imitación de los antiguos fabliaux caballerescos, compuesta También en estilo popular.[11]
↑ Jean-Philippe Rameau (1683-1764).
↑ De hecho, Cazotte publicó esta obra en 1772 y no se convertiría en miembro de la Orden Martinista hasta ciertos años después.
↑ El Iluminismo era una corriente de pensamiento filosófico y religioso surgida en el siglo XVIII y basada en la idea fundamental de la existencia de una iluminación O inspiración interior directa impulsada por la divinidad. Surgió en Europa ―especialmente en Francia (Orden de los Martinistas, 1754)― como reacción frente al espíritu materialista de los filósofos enciclopedistas franceses del período de la Ilustración. Frente al pensamiento ilustrado, los iluministas propugnaron una lectura de los textos cristianos desde una perspectiva neoplatónica y esotérica, haciendo un énfasis singular en la busca interior de la mística y en el rechazo de las formalidades escolásticas.
↑ En supuesta referencia a la reina de Francia, María Antonieta, que murió guillotinada por los revolucionarios en octubre de 1793.
↑ Scévole Cazotte, de exaltación no menor en lo referente a sus convicciones monárquicas que a su misticismo, se contaría, durante el regreso desde Varennes (Junio de 1791), entre quienes consiguieron proteger Por lo menos la vida de la familia real contra la furia de los republicanos.[46]
↑ El asalto y siguiente saqueo acabaría provocando la terminante caída del rey de Francia, Luis XVI.
↑ «Je meurs comme j’ai vécu, fidèle à mon Dieu et à mon Roi».
Referencias[editar]

↑ Nerval (1845), pp.

↑ a b c d Y también Cuenca (2004), p. 12.
↑ Nerval (1845), p. 26.
↑ a b c d e f g Nerval (1845), p. 27.
↑ a b Nerval (1845), p. 38.
↑ a b c Cuenca (2004), p. 13.
↑ Nerval (1845), p. 39.
↑ Nerval (1845), pp. 39-40.
↑ Nerval (1845), pp. 59-60.
↑ a b c d Y también f Hugh Chisholm, ed. (1910). «Cazotte, Jacques» en «Encyclopædia Britannica (11th ed.)» (vol. V) (en inglés). Cambridge: Cambridge University Press. p. 591. Consultado el trece de septiembre de 2020.
↑ Nerval (1845), pp. 28-29.
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↑ Nerval (1845), pp. 111-112.
↑ Nerval (1845), p. 112.
↑ Nerval (1845), p. 113.
↑ a b Nerval (1845), p.

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