20. El Origen Del Tarot Mágico Y Esotérico

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20. El Origen Del Tarot Mágico Y Esotérico

Hoy en día, la baraja del tarot está muy relacionada con la cartomancia, la práctica mágica más popular para leer el futuro en Occidente. Este fenómeno es relativamente moderno y, en gran medida, se produjo Como consecuencia de las teorías esotéricas sobre el tarot que Comenzaron a formularse tras las publicaciones de Gèbellin y Etteilla a finales del siglo XVIII.

No se ha encontrado ningún documento del Renacimiento en el que se mencione el empleo de una baraja de tarot para predecir el futuro, Pero la tarotmancia, No obstante, arraiga en Dos prácticas mágicas cuya antigüedad sí que podría remontarse a mediados del siglo XV: los libros de la fortuna y la cartomancia, que con el tiempo se combinaron en el diseño de barajas especiales para echar las suertes.

El origen de los libros de la suerte del siglo XVI se remonta a la bibliomancia. Esta mántica O sistema de adivinación ya se practicaba en la Antigüedad y consistía en elegir un fragmento de un libro al azar —por lo general, de Homero (lo que se conocía como sortes Homericae) O de Virgilio (sortes Vergilianae)— Y también interpretar el texto en función de la cuestión que se estaba preguntando. En el ámbito cristiano, También se recurrió a la bibliomancia, Si bien empleando libros religiosos, sobre todo, la Biblia (sortes Biblicae). Un ejemplo muy conocido es el protagonizado por Agustín de Hipona, quien en las Confesiones (VIII. 12, 29) explica De qué manera encontró su vocación cristiana en el año 386, en plena crisis existencial, abriendo al azar una Biblia. Un día estaba llorando desconsolado cuando escuchó una voz infantil que decía cantarina: «Toma y lee, toma y lee». Emocionado, Agustín abrió una Biblia y leyó un texto que afirmaba:

«No en banquetes ni embriagueces, no en vicios y deshonestidades, no en contiendas y emulaciones, sino revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, y no empleéis vuestro cuidado en satisfacer los apetitos del cuerpo».

No siguió leyendo, «porque Entonces que acabé de leer esta sentencia, como si se me hubiese infundido en el corazón un rayo de luz clarísima, se disiparon enteramente Todas y cada una de las tinieblas de mis dudas».

De la bibliomancia y otras técnicas mánticas surgieron los libros de la fortuna, en los que se combinaba algún procedimiento azaroso con catálogos de preguntas y Contestaciones predefinidas. Estos libros están divididos en apartados, Cada uno de las cuales está presidido por una alegoría relacionada con la magia y lo misterioso, como la fortuna O los signos del zodíaco. Una vez escogida una pregunta hay que ir pasando por distintos apartados a los que nos van enviando sucesivamente. La mayor parte de estos apartados son innecesarios, En tanto que no intervienen en la selección de la respuesta y se limitan a remitir a la siguiente etapa; No obstante, enriquecen la dramaturgia del proceso, que se convierte De este modo en un viaje por un Universo de símbolos y referencias mágicas. Por norma general, A fin de que la magia resulte sugerente debe contar con una escenografía cuidada, Pues de lo contrario pierde verosimilitud. Ocurre algo parecido con la medicina, donde nos sentimos más seguros sobre la fiabilidad del diagnóstico cuanto mayor es el esfuerzo que advertimos en el médico (radiografías, análisis, termómetros, estetoscopios, atención al percibir, etcétera).

A lo largo del siglo XVI, en Europa se escribieron varios libros de la suerte y cada autor adaptó la estructura, las etapas por las que se marcha pasando entre El interrogante y la contestación, a su propio gusto. Por ejemplo, en Le risposte della signora Leonora Bianca, escrito Tal vez por Aurora Bianca d’Este, como señala Eleonora Carinci, y publicado en Venecia en 1565, el camino pasa por las mansiones de la Luna, las cuarenta y ocho constelaciones del firmamento, la provincia de las Ninfas, que es un mapa mitológico muy divertido, y, por último, concluye en las cavernas infernales (de Plutón, de Proserpina, de Vulcano, de Radamantis, etcétera). En L’oracolo de Girolamo Parabosco, publicado en 1552, el recorrido va de las estrellas a los signos, que son un conjunto formado por las doce constelaciones del zodíaco y las siete esferas galácticas. Aún más interesante es el Triunfo de la Fortuna, del matemático, astrólogo y poeta ferrarés Segismundo Fanti. Fue publicado por primera vez en Venecia en 1526 y la consulta incluye preguntas, fortunas, casas, ruedas, esferas y, finalmente, astrólogos. Curiosamente, entre el exuberante repertorio iconográfico del libro se incluyen algunas imágenes inspiradas en el tarot y, Además de esto, presenta ciertas similitudes numéricas con la estructura de los triunfos.

Salvo algún caso excepcional, como el libro de Fanti, los libros de la suerte presentan cierto carácter lúdico. Las consultas Suelen girar en torno al amor y la fortuna económica. Su popularidad se debió en gran medida a la facilidad con que se puede realizar la consulta, dado que las Respuestas son muy claras y no necesitan mago alguno que las interprete, No obstante, por esto mismo resultaban algo insuficientes como herramienta mágica. En general se recurre a la magia predictiva por un inconveniente de inseguridad para tomar una decisión O por miedo al futuro. La consulta al astrólogo, al quiromántico, al geomántico, en suma, al mago adivino, es sobre todo una forma de apaciguar este estrés y en este proceso terapéutico no sirve cualquier respuesta. A fin de que la consulta funcione y la persona que pregunta se quede tranquila precisa escuchar una respuesta que apacigüe su ansiedad: sí, Francesco Sforza se casará con Bianca Maria y el ducado de Milán se salvará; sí, la epidemia de pestilencia va a pasar y tú no caerás enfermo; no, no resulta conveniente que engañes a tu marido Porque vas a ser descubierta; tu viaje a Bizancio irá de maravillas y cerrarás lucrativos negocios…

Para efectuar una buena lectura en frío, como la llaman los expertos, un mago debe saber leer el lenguaje corporal y otros signos externos para obtener con rapidez información sobre la persona que está preguntando, tal y como hacía literariamente Sherlock Holmes en sus investigaciones detectivescas. Además de esto, debe ser un buen actor, dialogar con elocuencia y desenvoltura, conocer los textos mágicos, oír con atención, y dominar varias habilidades más. Pero lo fundamental es que sea capaz de procesar toda la información recabada A lo largo de la actuación para ofrecer al cliente del servicio la contestación que desea oír O, mejor Todavía, que le permita reflexionar cabalmente sobre un asunto permitiéndole tomar una resolución ante la que está bloqueado. De lo contrario el valor terapéutico del proceso se pierde, el usuario se siente frustrado y empieza a desconfiar de la fiabilidad del vaticinio. Claro está, los libros de la fortuna, con su catálogo predefinido de preguntas y Contestaciones, no podían satisfacer este requisito interactivo, que, Sin embargo, sí podían cumplir los magos lectores de naipes, los cartománticos.

En general, distintas pistas permiten sospechar que la cartomancia empezó a ganar popularidad a lo largo del siglo XVI, sobre todo en España, Si bien También se han encontrado referencias dispersas en Italia y Francia. En el caso Español, Ross Gregory Caldwell, que ha estudiado en profundidad los orígenes de la cartomancia, destaca ya una posible referencia para mediados del siglo XV. Se encuentra en el poema Juego de Naypes, escrito por Fernando de la Torre hacia 1450, en el Como se describe una baraja imaginaria. En la introducción del poema se explica que con los naipes se juega, Pero que También pueden emplearse para echar las suertes:

«E pueden iugar con ellos perseguera O tríntin assy como en otros naypes, y de más pueden se conosçer quáles son meiores amores sin haber respecto á lo que puede contesçer».

Por orden cronológico, la siguiente referencia que destaca Caldwell se halla en la Reprobación de supersticiones y hechicerías (1530) del Maestro de teología y matemáticas Pedro Ciruelo. Con el propósito de probar que «los pecados de los nigrománticos, y de los hechiceros, y de los agoreros y de los adivinos y de las otras supersticiones son contra el primer mandamiento y contra la muy excelente virtud de la religión», en este ensayo Ciruelo describe las principales prácticas mágicas de la temporada. En el capítulo dedicado las artes adivinatorias, además de la astrología, hace referencia a varias prácticas mánticas, incluidos libros de la suerte, dados y naipes:

«La séptima y postrera arte adivinatoria tiene por nombre sortiaria, quiere decir adivina por las suertes lo que ha de ser. Estas suertes se echan de muchas formas. O con dados O bien con cartas de naipes, O bien con cédulas escritas, y de esta forma hay un libro que llaman de las suertes, donde se traen Reyes y Profetas que digan por escritos las cosas que le han de acaecer. Otros hacen las suertes por los Salmos del Salterio, otros con un cedazo y tijeras adivinan quien hurtó la cosa perdida, O bien donde está escondida; y otros hacen otras liviandades de tantas formas que no se podrían contar, y Todas ellas pueden llamarse suertes; y quien las usa peca mortalmente Por el hecho de que con ellas sirve al Diablo y se aparta de Dios, y quiebra el voto de la Religión cristiana que hizo en el bautismo, Pues hace pacto secreto con el Diablo enemigo de Dios y de los cristianos siervos de Dios».

La disertación de Ciruelo También resulta interesante Por el hecho de que nos ayuda a comprender las razones del rechazo que la Iglesia sentía cara las artes adivinatorias. Si el futuro estaba escrito y predeterminado en las estrellas, los naipes O los libros de la suerte, el ser humano perdía su libre arbitrio, sin el cual no existe culpa y, Por ende, tampoco justicia divina, que era el pilar de sobre el que sustentaban su razón de ser. De ahí que Ciruelo diga que:

«En la libre voluntad del hombre está, y no en la virtud de las estrellas, querer bien, O bien mal a otro, serle buen amigo, O bien hacerle traición. El Astrólogo que desea aplicar las estrellas a juzgar las cosas a su albedrío es vano y supersticioso, y tiene un pacto secreto con el Demonio, y debe ser castigado como apóstata en la religión Cristiana, O como medio nigromántico».

Asimismo se han encontrado ciertas referencias dispersas a la cartomancia para el resto de Europa A lo largo de los siglos XVI y XVII. La más interesante es un pasaje de la obra Chaos del Tri per uno (Venecia, 1527) del escritor mantuano Teofilo Folengo, en la que se menciona claramente una baraja de triunfos en un contexto adivinatorio. Limerno, uno de los personajes describe Cómo le condujeron a una habitación segrega así como cuatro amigos y allá le pidieron que redactase unos sonetos con el resultado que saliera en las cartas.

«[…] El día de ayer Giuberto y Focilla, Falcone y Mirtella me llevaron a escondidas a una sala, donde había unas cartas lujosas de triunfos que se dividieron a suertes. Y dirigiéndose a mí, Cada uno de ellos me pidió que compusiese un soneto sobre los triunfos que les habían tocado».

Así, Por ejemplo, para uno al que le habían salido los triunfos de Justicia, Ángel (Juicio), Demonio, Fuego (Torre) y Amor, Folengo compuso este soneto:

Quando ‘l Foco d’Amor, che m’arde ognhora,
Penso Y también ripenso, fra me stesso i’ dico,

Angiol di Dio non è, ma lo Nemico
Che la Giustitia spinse del ciel fora.

Et è pur chi qual Angiolo l’adora,
Chiamando le sue Fiamme dolce intrico,
Ma nego ciò, ché di Giustitia amico
Non mai fu, chi in Diablo s’innamora.

Amor di donna è Ardor d’un Spirto nero,
Lo cui viso se ’n gli occhi un Angiol pare,
Non t’ingannar, ch’è fraude e non Giustitia.

Giustitia esser non puote, ove malitia
Ripose de sue Faci il crudo Arciero,
er cui Satan Angiol di luce appare.

Dummett sostenía que este pasaje Solo era una excusa de Folengo para engarzar en la obra unos sonetos inspirados en los triunfos:

«Aunque Folengo use la palabra “suertes”, está claro que el pasaje no describe un método sistemático de leer el carácter O el futuro de un individuo. No se atribuye ningún significado esotérico a las cartas: representan solo las alegorías que se corresponden con sus nombres. De hecho, la elección de 5 O seis triunfos no determina el análisis del carácter del individuo al que Folengo echa las suertes: todos y cada uno de los triunfos se incorporan en el soneto correspondiente, Mas podrían haber sido incluidos en otro soneto de contenido bien distinto. Los sonetos no analizan, En realidad, los caracteres individuales: sus temas son totalmente generales y uno de los cuatro sonetos es de naturaleza política».

No obstante, a la luz de los últimos descubrimientos sobre la antigüedad de la cartomancia, cobra fuerza la hipótesis de Terry Zanetti, quien sostiene que «aunque el pasaje hubiese sido Solo un escamotage, demuestra que Folengo, para inspirarse, tenía que haber partido de algo que desde cara tiempo ya existía, Si bien fuera Sólo en forma embrionaria». De ahí Asimismo que Zanetti mantenga que la cartomancia «ya se practicaba en aquel período, Aunque no de forma tan generalizada para ser considerada un arte adivinatoria. De hecho ni en las obras de Cornelio Agrippa, ni en las de Paracelso, ni en el Commentarius de precipuis Divinationum generibus de Caspar Peucer impresa en Wittenberg en 1553 se hace referencia alguna a la cartomancia».

Gèbellin y el libro de Thot

El penúltimo capítulo de la tarotmancia empezó a finales del siglo XVIII, cuando un pastor protestante y vinculado a la masonería que se hacía llamar Antoine Court de Gèbellin (c. 1720 — 1784) formuló una teoría que relacionaba el tarot con los antiguos egipcios. Gèbellin empezó en 1772 una obra monumental por suscripción pública cuyo título abreviado era Le Monde primitif (El Mundo primitivo), en la que quería probar que, en tiempos remotos, la humanidad no vivía como salvajes ignorantes, sino había desarrollado una refinada civilización cultural y espiritual, en la que todo el Planeta vivía en armonía. El tarot, Según Gèbellin, sería un caso de aquella sabiduría antigua Pues, En realidad, no era un juego de cartas, sino un libro desencuadernado en el que los sacerdotes egipcios habían volcado sus conocimientos mágicos. A lo largo del resto del ensayo, Gèbellin sigue explicando el origen egipcio del tarot y la manera en que había sido preservada esta maravilla ocultándola bajo la apariencia de un mero juego de cartas. Además, incluía un segundo artículo de un tal M. le C. de M. —que Decker, Depaulis y Dummet identifican con Louis Raphael Lucréce de Fayolle, conde de Mellet (1727 – 1804)—, en el que se insistía en la procedencia egipcia y se ensalzaban sus virtudes adivinatorias.

Lo curioso es que para descubrir Todas y cada una estas verdades ocultadas A lo largo de siglos, Gèbellin no había necesitado ninguna fuente documental, ni había tenido que consultar libro alguno, Ni siquiera debió de examinar La gran pluralidad de barajas del tarot que existían por entonces. Todo lo opuesto, De qué manera El mismo decía, para efectuar semejante hazaña intelectual le habían bastado quince minutos:

De esta forma, Por ejemplo, hay una carta que no guarda relación alguna con su nombre, es el Mundo.

«Si este juego que se ha mantenido sigiloso para todos aquellos que lo conocían se ha revelado a nuestros ojos, no ha sido fruto de una profunda meditación, ni tampoco por el deseo de aclarar el caos que lo envuelve: no perdimos ni un momento analizándolo. Fui invitado hace unos años a conocer a la señora C. d’H, que terminaba de llegar de Alemania O bien Suiza, y la hallé jugando a las cartas con otras personas. Jugamos a un juego que seguramente no conoces, O bien Tal vez sí. ¿Cuál es? El juego del tarot. Había tenido ocasión de verlo cuando era muy joven, Pero entonces no tenía ningún conocimiento sobre él… Era una rapsodia de figuras extrañas de lo más extravagante. De esta forma, Por ejemplo, hay una carta que no guarda relación alguna con su nombre, es el Mundo. Cuando la vi, en seguida reconocí la alegoría. Todo el Planeta dejó de jugar y vino a ver esa carta fantástica de la que yo había comprendido lo que ellos Jamás habían percibido. Todos me preguntaron qué significaban aquellas cartas que yo había comprendido en un cuarto de hora. Expliqué que eran egipcias y que su significado estaba relacionado con el conocimiento de los egipcios. Nos prometimos que algún día compartiríamos con el público ese conocimiento, persuadidos de que era un magnífico descubrimiento, un libro egipcio que un día había escapado de la barbarie, de la devastación del tiempo, de fuegos accidentales y deliberados y del gran desastre de la ignorancia».

A pesar de que a priori un cuarto de hora parece poco tiempo para analizar algo en profundidad y de que Gèbellin no aportó ninguna prueba documental para fundamentar su teoría salvo una comparación iconográfica subjetiva con los jeroglíficos egipcios, su propuesta fue muy bien acogida por el público y, desde entonces, el juego del tarot se incorporó a la literatura esotérica. La baraja empezó a conocerse como el libro de Thot y los triunfos pasaron a ser «arcanos» cuyos verdaderos secretos Solo podían descifrar los iniciados.

El tarot esotérico

Las teorías de Gèbellin fueron continuadas por el francés Jean-Baptiste Alliette (1738 – 1791), que firmaba sus obras con el apellido del revés, Etteilla, en aras del exotismo artístico que debe rodear a un mago. Etteilla Asimismo formaba parte de una logia masónica y ya había publicado en 1770 un libro sobre cartomancia empleando una baraja normal (Etteilla, ou manière de se récréer avec des jeu de cartes).

En 1783, al hilo de las propuestas de Gèbellin, publicó Manière de se récréer avec le jeu de cartes nomées Tarots, en el que ofrecía más detalles sobre el presunto libro de Thot. De este modo, Según Eteilla, el tarot habría sido efectuado por diecisiete magos egipcios en Menfis en el año 1828 a.C., entre los cuales se encontraba un descendiente de Mercurio-Athotis. Además, Eteilla diseñó una baraja del tarot, la primera de una larga serie de barajas esotéricas, y escribió un manual de instrucciones para la lectura mántica en el que combinaba tarot y astrología. Había descubierto un filón de oro. Su popularidad fue cada vez mayor y en 1788 fundó la Société des Interprètes du Livre de Thot, la primera empresa de la historia que hacía de la lectura de cartas del tarot su modelo de negocio.

En los siglos XIX y XX, tomando como punto de partida los textos de Gèbellin y Etteilla, prácticamente todos los autores ocultistas abordaron entusiastas el tarot en libros poco a poco más enrevesados que se autoalimentaban unos de otros. Por orden cronológico destacan Eliphas Levy, quien combinó el libro de Toth con la Cábala y la mántica en Dogme et rituel de la haute magie (1855); Gérard Encausse «Papus», que enriqueció la historia de leyenda incorporando las sociedades secretas en Le Tarot des Bohémiens (1889); el libro The Key to the Tarot (1911), del ocultista estadounidense Arthur Edward Waite, autor del tarot de Rider —una baraja bellamente ilustrada por Pamela Colman Smith de la Golden Dawn—; y el célebre mago Aleister Crowley, quien sintetizó Todas las teorías esotéricas sobre el tarot en The Book of Thoth (1944), complementado tiempo después con una baraja ilustrada por Frieda Harris siguiendo sus indicaciones (el llamado tarot de Crowley-Harris Thot).

Analizar estas obras en detalle sería un trabajo extenso, Mas, Si bien sea a vuelapluma, resulta interesante ver el argumento que sustentaba aquellas teorías ocultistas. En esencia, la estructura del discurso acostumbra a ser Siempre y en todo momento exactamente la misma. Primero explican que alguna civilización del pasado, por lo general los egipcios, poseía una sabiduría extraordinaria. Este conocimiento Siempre y en toda circunstancia es sobre cuestiones trascendentes, como la relación del Alma con el cosmos, y, En ocasiones, les dotaba de poderes mágicos, como la capacidad de pronosticar el futuro. En consecuencia, era una sabiduría mucho más importante que la ciencia del instante. Como afirmaba Papus en el Tarot de los Bohemios:

«Si nos dignamos abandonar por un instante nuestra creencia en el progreso indefinido y en la superioridad fatal de las nuevas generaciones sobre las antiguas, descubriremos fácilmente que las colosales civilizaciones del pasado tuvieron Asimismo una ciencia, universidades y escuelas. La India y el Egipto están Todavía sembradas de restos preciosos, que revelan al arqueólogo la existencia de esta ciencia antigua.

»En la actualidad nos hallamos en condiciones para afirmar que la característica dominante de esta enseñanza era la síntesis, la que reunía en algunas leyes muy simples la suma de todos y cada uno de los conocimientos adquiridos».

La segunda característica común es que Solo unos pocos iniciados dominaban este conocimiento trascendente. Además de la querencia elitista de las sociedades secretas decimonónicas, esta insistencia en el secreto les permitía explicar Por qué razón no había pruebas materiales que documentasen sus teorías. Si no existía ninguna representación antigua del dios Thot con los naipes del tarot era por este carácter La segunda característica común es que Solo unos pocos iniciados dominaban este conocimiento trascendente. Además de la querencia elitista de las sociedades secretas decimonónicas, esta insistencia en el secreto les permitía explicar Por qué no había pruebas materiales que documentasen sus teorías. Si no existía ninguna representación antigua del dios Thot con los naipes del tarot era por este carácter secreto de sus enseñanzas. Esto planteaba la dificultad de explicar Cómo habían conseguido enterarse ellos mismos de esta sabiduría misteriosa si se había mantenido tan bien guardada, Mas la solución era sencilla, bastaba con trazar una cadena de sociedades secretas que A lo largo de generaciones habría custodiado este corpus de saber trascendental hasta llegar a la que pertenecían O habían fundado. En palabras de Papus:

«La escuela de Alejandría constituyó la fuente principal de la que emanaron las sociedades secretas occidentales. La mayoría de los iniciados se habían refugiado en Oriente, y hace relativamente poco tiempo, fue revelado al Occidente que en la India, y sobre todo en el Tíbet, ciertas fraternidades ocultas conservaban intacta la síntesis antigua.

»Pero la existencia en Oriente de dicha ciencia nos interesa me nos que la historia del desarrollo de las sociedades iniciáticas en el Occidente. Las sectas Gnósticas, los Árabes, los Alquimistas, los Templarios, los Rosacruces y, por último, los Masones, forman la cadena occidental de transmisión de la ciencia oculta».

La universalidad simbólica constituye el tercer elemento importante del sustrato ocultista. A pesar de que su conocimiento debía de permanecer secreto, los iniciados en esta sabiduría antigua habrían incluido sus claves en diversas obras A lo largo de la historia, como hicieron con el tarot y, Conforme Papus, con una gran variedad de libros sagrados:

«El Sepher Bereschit de Moisés es la Biblia judía, el Apocalipsis y el Evangelio Esotérico forman la Biblia cristiana, la Historia de leyenda de Hiram es la Biblia masónica, la Odisea la del pretendido politeísmo griego, la Eneida la de la ciudad de Roma, en fin, los Vedas hindú y el Corán musulmán son demasiado conocidos para Hablar de ellos. Cuando se posee la clave, Todas estas biblias revelan una misma doctrina».

Una vez definidos estos elementos —una sabiduría antigua transmitida a un selecto círculo de iniciados en las sociedades secretas, la cual está codificada en algunas obras fundamentales de la literatura sagrada—, el autor esotérico ya podía Formular su teoría, Más o menos ingeniosa Según su erudición, que por lo general acostumbraba a ser amplia.

Arropada en estos textos, la lectura del tarot fue adquiriendo poco a poco más popularidad en detrimento de la astrología, que estaba siendo desbancada por la ciencia y, finalmente, en la segunda mitad del siglo XX, pasó a formar una parte del cúmulo de opiniones diversas que constituyen el movimiento de la New Age, un tema interesante sobre el que espero escribir algún día si encuentro tiempo. De momento, lo dejo Acá.

Recorridos bibliográficos

Estudios generales:

Berti, Giordano. Il tarocco esoterico in Francia. Appunti di Storia, Iconografia, Divinazione. Edizioni Le Tarot, Faenza, 1989.

Caldwell, Ross Gregory. The Devil and the Two of Hearts. En The Playing-Card, Vol. 37 (2008-2009). The International Playing-Card Society. Londres, 2009.

Caldwell, Ross Gregory. Origine della cartomanzia. En Vitali, Andrea (ed). Il castello dei tarocchi. Lo Scarabeo. Turín, 2010.

Decker, Ronald; Depaulis, Thierry; Dummett, Michael. A wicked pack of cards – The Origins of the Occult Tarot. Duckworth. Londres, 1996.

Tubau, Daniel. La auténtica historia de las sociedades secretas. Alba. Barcelona, 2008.

Zanetti, Terry. Genesi della Cartomanzia. Carte Y también divinazione nel Rinascimento. En Il Tarocchino di Bologna. Storia, Iconografia, Divinazione dal XV al XX secolo, de Andrea Vitali y Terry Zanetti. Edizioni Martina. Bologna, 2005.

Libros de la fortuna:

Carinci, Eleonora. Le risposte di Leonora Bianca. Un gioco di divinazione del tardo Rinascimento. En Laboratorio di Nuova Ricerca: investigating gender, translation & culture in Italian Studies. Eds: Monica Boria y Linda Russio. Troubador. Leicester, 2007.

Flach, Martin. German Orakelbuch, (Basel, 1485). Se puede preguntar on line una versión impresa en Berlín en 1923 en:

http://www.uni-giessen.de/gloning/at/losbuch_c1485.pdf

Marcolini, Francesco. Le sorti intitolate giardino d’i pensieri, (1540). Edición contemporánea: Viella, Ludica. Boloña, 2007.

Peña, Margarita. Noticias sobre un oráculo italiano-Español de los siglos XVI-XVII. En Textos medievales: recursos, pensamiento Y también influencia. UNAM-Medievalia. México DF, 2005.

Spirito, Lorenzo. Il libro delle Sorte, (Perugia, 1482).

Anónimo. Le risposte della signora Leonora Bianca, (Venecia, 1565).

Parabosco, Girolamo. L’oracolo (Venecia, 1552).

Montero Cartelle, Enrique; Alonso Guardo, Alberto. Los Libros de suertes medievales: Las Sorte Sanctorum y los Prenostica Socratis Basilei. Estudio, traducción y edición crítica. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 2004.

Fanti, Segismundo. Triompho di Fortuna, (Venecia, 1526).

Schöffer, Peter. Mainzer Kartenlosbuch (Mainz, 1510).

Cartomancia:

Ciruelo, Pedro. Reprobación de supersticiones y hechicerías (1530). Maxtor. Madrid, 2005.

De la Torre, Fernando. Juego de Naypes, (c. 1450). En Cancionero de Lope de Stúñiga, códice del siglo XV, (Madrid, 1872). Págs.: 273-293.

Estopañán, Sebastián Cirac. Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva: tribunales de Toledo y Cuenca. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1942.

Folengo, Teofilo (Merlin Cocai). Chaos del Tri per uno, overo dialogo delle Tre etadi. Venecia, 1527. Se puede leer una edición on line en italiano e inglés en:

http://www.folengo.com

López casas, María Mercè; Víñez Sánchez, Antonia. Un arcano del tarot en el Juego de Naipes de Fernando de la Torre. En A mi dizen quantos amigos ey. Homenaxe ao Maestro Xosé Luis Couceiro. Eds: Esther Corral Díaz, Lydia Fontoira Suris, Eduardo Moscoso Mato. Universidad Santiago de Compostela. Santiago de Compostela, 2009.

Tarot y esoterismo:

Un recorrido bibliográfico por los primordiales autores que han tratado el tarot desde una perspectiva esotérica debería conducirnos por las siguientes obras:

Alliette, Jean-Baptiste. Etteilla, ou la seule manilere de tirer les cartes. (París, 1773).

Alliette, Jean-Baptiste. Maniere de se récréer avec le jeu de cartes nommées Tarots. (París, 1783).

Alliette, Jean-Baptiste. Cour thèorique et pratique du Livre du Thot, (París, 1790).

De Gèbelin, Antoine Court. Le monde primitif, analysé et comparé avec le monde moderne, vol. 8, tom. 1, (París, 1781). Se puede consultar También una edición on line del Libro VIII traducido al inglés por Donald Tyson en:

http://www.donaldtyson.com/gebelin.html

Levy, Eliphas. Dogme et rituel de la haute magie (París, 1855). Libre en castellano en una edición de Kier (Buenos Aires, 2007).

Papus. Le Tarot des Bohémiens (París, 1889). Libre en español en una edición de Kier (Buenos Aires, 2005).

Waite, Arthur Edward. The Key to the Tarot (Londres, 1911). Libre on line en:

http://www.sacred-texts.com/tarot/pkt/pkt0102.htm

Crowley. Aleister. The Book of Thoth (1944).

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