Acontecimientos DE LOS ÚLTIMOS DÍAS

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“Escatología” es una palabra muy propia del adventismo. Nuestra identidad específica como pueblo está fundamentada en la convicción de que estamos viviendo en los tiempos finales de la historia y que, como diría el Dr. Mario Veloso, somos la “comunidad escatológica”: el pueblo de Dios que vive en el tiempo del fin y que, Aun cuando compartimos el mensaje general del evangelio con el resto de las comunidades cristianas, tenemos una identidad y una misión proféticas específicas.

Por tal motivo, entre otros pasajes bíblicos, el sermón escatológico de Jesús, que se halla en Mateo 24, nos resulta muy entrañable a nuestra fe adventista. Y, si bien la lección de esta semana engloba También el capítulo 23 de Mateo -los ayes de Jesús sobre los fariseos y los escribas-, vamos a concentrarnos, en este comentario, en el sermón escatológico de Cristo y en las tres parábolas que contó (Mat. 25) acerca de la preparación para su venida, como nos propone el título de la lección de esta semana, “Eventos de los últimos días”.

MATEO 24: EL SERMÓN PROFÉTICO DE CRISTO

Al reflexionar en el contenido general de este sermón, sería bueno una nota de prudencia: En ocasiones, en nuestro anhelo de demostrar que estamos en el tiempo del fin, hacemos algunas interpretaciones y aplicaciones un tanto ingenuas y cuestionables de este sermón. Recuerdo con gracia una ocasión en que, Entonces de terminar de efectuar una obra misionera en cierta ciudad de la Argentina, un grupo de estudiantes de Teología estábamos aguardando al micro que nos llevaría de regreso al Seminario. En eso, pasó un auto con un moño gigante atado sobre su techo, llevando a una pareja de recién casados, seguido por otros autos que tocaban bocina como para anunciar que pasaba la flamante pareja y acompañarlos, seguramente, al sitio del festejo. Entonces, un compañero de estudios, en tono de broma irónica, sentenció, haciendo alusión a Mateo 24:38: “¡Cómo se cumple la profecía!: ‘Se casarán y se darán en casamiento’ ”.

Este hecho, que nos puede provocar Quizás una sonrisa, refleja, Realmente, cierta ingenuidad con la que interpretamos En ocasiones las premoniciones. Nos enteramos de un terremoto que sucedió en cierto sitio, O de un tsunami que arrasa con cierta localidad de Oceanía, y ya lo vemos como una señal del inminente regreso de Cristo, siendo que, Realmente, Durante la historia, Siempre y en toda circunstancia ha habido terremotos y tsunamis. Escuchamos de cierta guerra que se lleva a cabo en Oriente Medio O bien en otro lugar del Planeta, y ya creemos que falta poco para la venida de Cristo, por ese hecho, siendo que la historia de la humanidad ha estado plagada de guerras. Oímos de la proliferación de ciertos gurúes O bien de determinados dirigentes religiosos carismáticos embaucadores, y ya creemos que eso indica que ha llegado prácticamente el fin, siendo que desde Siempre y en toda circunstancia han existido falsos maestros y falsos profetas. Y, si bien es cierto, la proliferación de estos fenómenos ha crecido en una proporción geométrica Durante los siglos, y entre el siglo XX y lo que va del actual se registran más de ellos que en toda la historia pasada, eso no necesariamente nos deja ver En todos y cada fenómeno aislado una señal de que Ya es el fin.

Sin embargo, A pesar de la nota de prudencia que propongo en el párrafo precedente, las CONDICIONES GENERALES de nuestro planeta nos dicen a gritos que, hubiera O bien no premoniciones escatológicas relativas al medioambiente y las guerras (por tomar solo estas 2 variables), estamos Realmente al borde del colapso como planeta y potencialmente como civilización, lo que EXIGE que Dios intervenga pronto con la Segunda Venida para poner fin a esta historia. Ustedes seguramente conocen “El reloj del Apocalipsis”, O bien “Reloj del fin del mundo”, ese reloj simbólico creado por científicos de la Universidad de Chicago en los Estados Unidos, en 1947, que Luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial -con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki- han tomado Dos variables para apuntar el estado de emergencia en el que se halla nuestro planeta y, por ende, la humanidad: el desequilibrio ecológico y la carrera armamentista, con la amenaza de la aniquilación nuclear. Este reloj toma la medianoche como el punto en el que la Tierra y su civilización llegarán a su fin, y los minutos previos como la cercanía a ese fin. El día de hoy, estos científicos nos dicen que estamos viviendo en la hora 23:57 (datos de 2015). Estamos, efectivamente, al borde del fin. Y esto, lejos de amedrentarnos, debería fortalecer nuestra esperanza, Pues como ninguna otra generación sobre la Tierra nos habla a gritos de que falta poco para la intervención final de Dios en nuestra historia:

“Cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad vuestra cabeza, Pues vuestra redención está cerca” (Luc. 21:28).

A la luz de estos hechos evidentes y elementales, nos cabe preguntarnos si Verdaderamente tenemos derecho a tomar este sermón para hacer “futurología”, y cuál es el verdadero sentido de estas profecías anunciadas por Jesús. ¿Son Realmente pistas que nos indican con precisión el tiempo en que vivimos y la proximidad inminente de la venida de Jesús? ¿O deberíamos darles otro sentido?

No es simple dar una contestación a estas preguntas, sobre todo teniendo en cuenta que, en este sermón, de doble aplicación (Según nuestros teólogos), Jesús entremezcla la respuesta a La pregunta de los discípulos sobre la inminencia de la destrucción de Jerusalén con su descripción de las condiciones del Mundo en torno a su venida y el fin del Mundo.

Mi humilde conclusión personal es que las “señales” de Mateo veinticuatro no tienen tanto el objeto de indicar acontecimientos únicos, exclusivos, que señalen cronológicamente la inminencia de su venida, sino presentar las CONDICIONES del Mundo en que vivimos, que se han dado una y otra vez Durante la historia, Mas que se están recrudeciendo más y más A medida que nos acercamos al fin. El sentido de esta descripción profética de Jesús sería, entonces, indicarnos que no podemos poner nuestra esperanza en este Mundo. Es un Planeta maldito por el pecado (no por Dios) y por la acción diabólica en él, y está condenado a su autodestrucción. Esto es lo que podemos aguardar de este Planeta. Lejos de la perspectiva halagüeña que nos desean presentar ciertos maestros espirituales en el sentido de que la humanidad está avanzando hacia una era mejor, de superación de los males de este Planeta, Jesús nos enseña, en este sermón, que la cosa va a ir de mal en peor. Por lo tanto, nos invita a considerarnos “extranjeros y peregrinos sobre la Tierra” (Heb. 11:13; cf. 1 Ped. 2:11), a no encandilarnos con las falsas promesas de seguridad y Felicidad que este Planeta nos presenta, a no embotar nuestros sentidos y nuestra conciencia, a tomar en consideración los riesgos espirituales que vamos a hallar en el camino, y a efectuar una preparación cabal para irnos acostumbrando al estilo de vida que tendremos en ese Mundo mejor que está preparando para nosotros, con el amor que lo llevó a dar su vida en el Calvario, para lograr nuestra salvación.

Algunas advertencias de Jesús: Jesús nos advierte en este sermón, entre otras muchas cosas, sobre el peligro de los falsos profetas y los falsos cristos: en este sermón, Jesús es reiterativo Sobre este tema. Una y otra vez vuelve sobre lo mismo:

“Mirad que absolutamente nadie os engañe. Pues vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (24:4, 5).

“Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (vers. 11).

“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, Acá está el Cristo, O mirad, allí está, no lo creáis. Pues se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, De tal manera que engañarán, si fuere posible, Aun a los escogidos. Ya os lo he dicho ya antes. Con lo que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; O mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, De esta manera Será Asimismo la venida del Hijo del Hombre” (vers. 23-27).

Este es Tal vez el mayor peligro para la humanidad y los hijos de Dios particularmente.

La palabra que se repite una y otra vez es “engaño”, el arma estratégica de Satanás. Y, para lograr su cometido, el contrincante se vale no solo de falsas enseñanzas sino También de hechos específicos, visibles, palpables, de orden milagroso (señales y prodigios). Este es Tal vez el mayor peligro para la humanidad y los hijos de Dios particularmente. Estamos en una era signada por el escepticismo. Queremos ver para pensar. Y el contrincante está dispuesto a brindarnos lo que deseamos: algo milagroso, sensacional, espectacular, que nos dé la seguridad de que el Mundo superior, invisible, es real, y que actúa en la historia humana. Crea manifestaciones sobrenaturales, Pero el mensaje que esconde detrás de ellas es contrario a Dios y a su Revelación, la Biblia. La disyuntiva es si nos aferraremos a la Revelación bíblica Incluso cuando nuestros sentidos, nuestra experiencia, nos digan lo opuesto, O sucumbiremos a la seducción de lo sensorial, lo espectacular, tal y como si eso, de por sí, fuese garantía de origen divino y De veras. Incluso se levantarán falsos cristos. ¿Quién podría resistirse a ser engañado si apareciere un personaje semejante al ideario popular acerca de Jesús, que hable palabras de amor, de concordia entre los hombres, de solidaridad social, que realice milagros bondadosos en favor de los que Padecen, Mas que nos diga que no es tan esencial aferrarse a la Palabra, y a la voluntad de Dios revelada en ella, a sus mandamientos, sino más bien solo vivir en un clima de amor y compasión? Pero Jesús nos advierte que su venida no ocurrirá Acá y allí en la Tierra, sino Será en gloria y majestad, para poner punto y final a la historia de pecado y dolor en este Mundo, y para llevarnos a su hogar celestial. Eso es una cosa que el enemigo no va a poder imitar.

Nos advierte, Asimismo, que hay un precio que Abonar por ser cristianos: va a haber persecución, e incluso, lo más doloroso, seremos traicionados por nuestros seres queridos (vers. 9, 10). Eso les sucedió a los cristianos Durante la historia, y También nos podría acontecer a nosotros. De ahí que, la importancia de la perseverancia en la vida cristiana: no dejarse desanimar por nada, sino estar dispuestos a permanecer con Cristo hasta el fin, pase lo que pase (vers. 13).

En medio de estas condiciones, Jesús nos anuncia que Mientras tanto hay una obra que hacer en favor de este Mundo convulsionado: Será predicado el evangelio (24:14). Es También ingenua la interpretación de que lo que determina que venga el fin es que se complete la predicación del evangelio a todo el Planeta. El mínimo análisis nos muestra la sinrazón de este razonamiento: ¿Es una cuestión de extensión territorial? Si pudiéramos decir que En cada país del Planeta hay alguien predicando el evangelio, ¿eso sería razón suficiente A fin de que Dios terminara con la historia de este Planeta? Y, suponiendo que en una determinada fecha próxima -gracias a los medios de comunicación masiva O bien otros medios- Todas y cada una de las personas de este Mundo (hasta el último nacido) pudieran escuchar Charlar de Cristo, ¿esto sería lo que habilitaría a Dios para cerrar la historia de la Tierra? ¿Por qué sería esencial que ESAS personas hayan escuchado el evangelio y no los miles de millones de personas que A lo largo de la historia no lo han oído, como condición A fin de que Cristo regrese por fin? Esto no resiste el análisis más elemental. La expresión “entonces” (“Y Será predicado este evangelio del reino en el mundo entero, para testimonio a Todas las naciones; y entonces vendrá el fin” [24:14]) debe querer decir otra cosa. Propongo que su significado es que Mientras se predica el evangelio, Mientras que la iglesia va cumpliendo su misión acompañando los fenómenos dolorosos producto del pecado, vendrá el fin.

Jesús nos advierte, Además de esto, sobre lo sorpresiva que puede ser su segunda venida para muchos, por estar distraídos con las cosas de este Planeta y amodorrados en un corazón no interesado en Dios, en la verdad, en el bien. Un corazón incrédulo Y también irreverente, como el de los antediluvianos, que no toma conciencia de los peligros de la hora en que se vive (24:37-51).

De allí que Jesús insista en la PREPARACIÓN para su venida (24:42-44), y lo refuerce Mediante las 3 parábolas acerca de la forma en que debemos prepararnos, que veremos a continuación.

MATEO 25: PARÁBOLAS SOBRE LA PREPARACIÓN PARA LA SEGUNDA VENIDA

Jesús, Entonces de hacer una descripción profética de las condiciones nada alentadoras de este Mundo A lo largo de su historia y hasta su segunda venida, hace una aplicación práctica A través de 3 parábolas, señalando Así el sentido, Para qué exactamente nos sirve saber qué va a suceder a grandes rasgos en la historia de este Planeta, si mejorará O bien va a ir de mal en peor: debes prepararte para la eternidad; Pues, ya sea que Jesús venga en tus días O En miles y miles de años, su venida, en términos prácticos, Siempre está a un latido de tu corazón, y este puede cesar en cualquier instante.

Así, Jesús nos dice que en primer lugar debe haber una preparación espiritual, un acopio de experiencia con Dios y con la unción del Espíritu Santo, representados por el aceite en las lámparas de las vírgenes prudentes (Mat. 25:1-13). Una actitud de vigilancia espiritual, que no nos permita perder de vista lo que Verdaderamente importa: nuestra comunión con Dios y la recepción del Espíritu Santo para convertirnos, purificarnos y fortalecernos en nuestra vida espiritual.

En segundo sitio, Por medio de la parábola de los talentos (25:14-30), nos habla de que no debemos permanecer en una espera “ociosa” su venida, solamente dedicados a la contemplación mística, sino que debemos cultivarnos como personas, desarrollar nuestras capacidades (talentos) y, dispuestos a correr riesgos, colocar estos talentos al servicio de Dios, que no es otra cosa que el servicio a la humanidad, tal como lo demuestra la siguiente parábola.

En la parábola de las ovejas y los cabritos (25:31-46), Jesús nos muestra cuál es el fin último de la vida cristiana, Qué es lo que, en última instancia, Dios quiere lograr en nosotros: que vivamos el amor abnegado. Que vivamos para servir y Ayudar al prójimo, En especial a los más dolientes.

Es interesante que ciertos dirigentes religiosos consideren que la obra de asistencia social distraería a la iglesia de su misión esencial, que es la predicación del evangelio (Especialmente del mensaje escatológico de los tres ángeles de Apocalipsis 14), que le mermaría fuerzas y recursos humanos y económicos a la obra de la proclamación. Sin embargo, Jesús semeja mostrarnos, Por medio de esta parábola, que la mejor forma de aguardar su venida es sirviendo y ayudando al necesitado, seguramente como producto de la preparación espiritual señalada en la parábola de las diez vírgenes, y del cultivo y la utilización de nuestras capacidades indicados en la parábola de los talentos.

En otras palabras, y como conclusión de este comentario, la mejor forma de prepararse para la segunda venida de Cristo, A fin de que no nos sorprenda desapercibidos, no es estar obsesiva y paranoicamente pendientes de cada mínimo movimiento que hace el país del Norte O bien el Vaticano (Incluso cuando esto tenga su importancia), sino más bien, ya sea que Jesús venga Dentro de cien años O bien esta misma noche, vivir una vida de continua comunión con él, de unción del Espíritu Santo, de desarrollo personal y, sobre todo, de un servicio lleno de amor cara quienes nos rodean, Especialmente hacia los más necesitados de nuestra compasión.

Que, por la gracia de Dios, todos nos encontremos efectuando esta espera activa, fructífera, Mientras que aguardamos su retorno en gloria y majestad, cuando nos reuniremos con él por siempre, y con aquellos a quienes hemos amado en esta vida:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán Todas y cada una de las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mat.

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