Antoni Tàpies, La ética De La Pintura

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Es muy esencial compensar el dolor con el amor. Y ese equilibrio te hace ver la vida con optimismo”, decía Antoni Tàpies hace unos meses, cuando ya encaraba la muerte real que tantas veces exorcizó en su pintura. Tàpies, el artista catalán más universal, que después del desierto del franquismo recuperó el espíritu de las vanguardias, murió ayer en su domicilio barcelonés y la noticia conmocionó al Mundo del arte, Porque la familia había mantenido con discreción la serie de enfermedades que habían minado el cuerpo del artista de 88 años. Su mujer, Teresa Barba, quiso ocultar la noticia de la muerte para asegurarse una despedida íntima, Mas a última de la tarde ya vio que era imposible. El último adiós se realizará este mediodía en rigurosa intimidad y sin capilla ardiente.

Tàpies había acentuado su geografía del dolor, A medida que una maculopatía le iba dejando con la visión borrosa y aumentaban sus dificultades de audición y su movilidad. Mas su asombrosa energía le llevaban a bajar cada verano al taller de Campins, en el Montseny.

Tàpies procedía de una familia de políticos catalanistas, con tradición librera que explican su pasión por la bibliofilia. Estudiante de Derecho, abandonó la carrera para dedicarse a la pintura merced al impacto que le produjo el número de la revista D’Ací i d’allà de 1934. Al comienzo, su pintura era realista, con retratos de sus amigos y de su familia, de los que Después renegó. Después, tras entablar amistad con Joan Brossa, Joan Ponç, Modest Cuixart, Arnau Puig y Cirlot, editaron una revista en la imprenta que tenía Tharrats, Dau al Set, que revolucionó el panorama artístico de la posguerra. Con Joan Miró como referente, los artistas de Dau al Set reconstruyeron los puentes perdidos con las primera vanguardias, con una estética surrealista O bien de realismo mágico. En ciertos de sus dibujos, Tàpies resumía ya buena parte del Planeta sígnico, su afición por el esoterismo, el Planeta onírico, el simbolismo, sus autorretratos metáforas del cuerpo desmembrado. la afición por el jazz y la música contemporánea, su fervor por Klee, Ernst O Poe. Más tarde, Tàpies, tras una beca de estudios en París, dio un vuelco a su pintura para ensayar el informalismo matérico.

La tisis que contrajo a los dieciocho años y la convalecencia en el sanatorio de Puig d’Olena fueron vitales para su formación. Sus lecturas de Dostoyevski, sus audiciones de Wagner O el descubrimiento de la filosofía zen Por medio de El libro del té, le ayudaron a encontrar vías de superación del dolor. Otro acontecimiento que tuvo gran importancia para él fue el lanzamiento de la bomba atómica. La materia, el átomo, el polvo, el empleo de materiales ajenos a los tradicionales se integraron en su pintura. La preocupación por el desarrollo de nuevas formas de expresividad Siempre y en todo momento han ido acompañadas en Tàpies de su preocupación social Con lo que sucedía en el Planeta, por incluir la vida en su obra y del compromiso ético con Catalunya y la democracia.

La mirada del artista catalán era de largo alcance. Su arte combinatorio llegaba a Ramon Llull, al misticismo de Todas y cada una de las religiones, y de ahí tendía un doble puente hacia las filosofías budistas O bien hindúes, de India, por una parte, y los hallazgos de la ciencia contemporánea, de los que estaba al día. Quería conciliar contrarios. La cruz O el aspa marca esta tensión entre materia y espíritu, al tiempo que recrea la inicial del apellido del artista O bien, Quizá, es un signo que llama la atención del espectador. Sus signos son polivalentes y dejan Siempre un misterio que resolver. Sus materiales son humildes, paja, calcetines, mantas, útiles a la gente, y su escritura de las tapias acerca el cuadro a la calle. “En mi pintura he hecho muchas sillas, Pero Nunca he repetido una sola”. “El arte es una fuente de conocimiento, como la ciencia, la filosofía. Si las formas no son capaces de herir a la sociedad que las recibe, de irritarla, de inclinarla a la meditación, si no son un revulsivo, no son una obra de arte”, sostenía. Desde su primera exposición en 1948, la obra de Tàpies ha estado presente en los primordiales museos del Planeta. Es el artista Español contemporáneo más representado en el MoMA y su obra escultórica está presente en los espacios públicos de varias ciudades. En Barcelona, Núvol i cadira corona la fachada de la fundación que donó a la ciudad.

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