Apocalíptico (género Literario)

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Se conoce como género apocalíptico a un conjunto de expresiones literarias surgidas en la cultura hebrea y cristiana durante el período helénico y romano (siglos II y I aC y siglos I hasta mediados del siglo II) y que expresan, A través de símbolos y complejas metáforas, la situación de sufrimiento del pueblo judío O de los seguidores de Cristo y su esperanza en una intervención mesiánica salvadora O en el caso de la apocalíptica cristiana en la Parusía O bien segunda venida de Cristo.

1 Profetas y videntes
Dos Apocalíptica e historia judía
repaso El género apocalíptico en la Biblia
4 El género apocalíptico fuera de la Biblia
cinco Literatura apocalíptica judía
6 Referencias

Profetas y videntes[editar]

Las raíces de la apocalíptica judeocristiana están en los libros proféticos de la Biblia. El término “profeta” (griego prophétes) significa ” aquel que muestra O denuncia algo ante alguien”. Entonces pasó a dominar el matiz temporal de la preposición griega “pro-” y pasó a significar “el que predice algo”. Se puede trazar un paralelismo, si no una identificación, entre el “profeta” del Viejo Testamento y el “vidente” de los apocalipsis. En los Dos casos se trata de alguien capaz de ver de forma privilegiada determinados acontecimientos. Pero hay una diferencia: que en la apocalíptica se pasa del profeta que habla al profeta que escribe, del oráculo al libro. Lo que diferencia a la apocalíptica del profetismo es el destino del mensaje y la forma de expresarlo: los profetas tienen visiones, Pero son hombres entregados a la palabra y producen un mensaje directo que el pueblo pueda entender; los videntes apocalípticos reciben la orden de “escribir” inmediatamente el mensaje y lo que escriben no tiene que ser necesariamente accesible a todos. El auditorio del profeta es todo el pueblo de fieles, Al tiempo que el del vidente son los fieles anónimos e iniciados, a los que no suele interpelar. Otros rasgos de la apocalíptica son:

– El carácter seudónimo de la obra: el autor escribe bajo otro nombre. En los apocalipsis judíos se escoge el de algún antepasado significativo (Abrahám, Moisés, etc.); en los cristianos, el de algún apóstol (Pedro, Tomás, etc.). El carácter seudónimo afecta probablemente al Apocalipsis de Juan, atribuido por tradición al apóstol.
– En los apocalipsis la sucesión de la historia y las visiones se presentan A través de cifras estereotipadas que tienen valor simbólico (Por poner un ejemplo, 1000 y sus múltiplos indican un número incalculable). Se juega Incluso con el valor numérico de las letras.
– Lenguaje escatológico común. Parábolas Y también imágenes que hacen referencia al fin de los tiempos y tono oracular.
– Esperanza mesiánica subyacente: la salvación final se realizará por intervención directa de Dios O bien de una figura que pasa a primer plano, como el arcángel San Miguel. En ciertos apocalipsis las esperanzas cristalizan en torno a una figura (el Escogido O bien el Hijo del Hombre), que culmina en el Cristo triunfante del Apocalipsis de Juan.
– Pese a que a primera vista los apocalipsis parecen estar dominados por la fatalidad y el determinismo, hay una clara voluntad de expresar esperanza de salvación y consuelo para los justos. Hay una figura que lo da todo O que intercede para salvar a los justos (Por poner un ejemplo, Moisés en el Libro de los Jubileos y Cristo en el Apocalipsis de Juan).
– La fecha en la que se supone deben cumplirse los oráculos y profecías escatológicos es Siempre y en toda circunstancia una fecha indeterminada e imprecisa.

Apocalíptica Y también historia judía[editar]

El contexto histórico en el que surgen los apocalipsis es el de tiempos de crisis percibida como extrema. Los primeros apocalipsis, entre los que se cuenta el Libro de Daniel, son de la temporada de Antíoco IV Epífanes (175-ciento sesenta y cuatro a. C.), en particular del tiempo de persecución bajo su reinado,[1] y de la sublevación judía de los Macabeos (166-160 a. C.). Es la temporada de la helenización intensiva de Jerusalén y de los territorios judíos. Antíoco Epífanes profana el templo y se produce una gran escisión entre los judíos: los que aceptan las prácticas helenísticas y los que forman una resistencia político-religiosa organizada en torno a los Macabeos. Otro momento de gran crisis para el Planeta judío se vive en el siglo I a. C.: en el sesenta y tres a. C. Pompeyo conquista Jerusalén, los romanos ocupan Palestina y el poder real y sacerdotal de Jerusalén está bajo la tutela romana. Conviven muchas facciones político-religiosas (fariseos, saduceos, asideos, zelotes, esenios…) y se experimentan grandes esperanzas mesiánicas.

Un tercer momento de gran crisis se vive en el siglo I d. C.: en los años 60 tienen lugar las grandes persecuciones de cristianos por Nerón; en el 70-setenta y tres se aplasta la sublevación judía, se toma Jerusalén y se destroza el templo. Después del setenta y tres aumentan los conflictos entre judíos y cristianos hasta la prácticamente total ruptura en los años 90. Entre ochenta y uno y noventa y seis Domiciano impone el culto al emperador y se producen más persecuciones de cristianos. Y el cuarto período de crisis que influye en los apocalipsis se vive en el siglo II d. C., cuando se mantienen las persecuciones de cristianos y los judíos se sublevan por segunda vez contra Roma (la sublevación encabezada por el líder político-religioso Bar Kokba en 132-135) y Sufren una aplastante derrota. Ante estos momentos, el cuadro trazado por los apocalipsis es tenebrista y atribulado. Se habla del presente como período de corrupción, transgresión y opresión por parte de un poder blasfemo y arrogante, todo lo que se denuncia.

La historia de Israel y las bases de sus esperanzas para el futuro han estado desde Siempre unidas a sus pretensiones políticas. Ahora bien, los grandes instantes de la apocalíptica son Exactamente aquellos en los que a los judíos les son arrebatadas estas pretensiones por otros poderes dominantes. Los judíos de los últimos siglos ya antes de Cristo creían que los cielos “se habían cerrado” y que el Espíritu de Dios “no se había apoderado de absolutamente nadie” (no había inspirado a absolutamente nadie) desde los tiempos de los últimos profetas Ageo, Zacarías y Malaquías; y sin el Espíritu de Dios la historia no era posible.

La apocalíptica permitió mantener como real la historia de Israel merced a la doctrina de la inspiración bíblica: la historia Aún era posible y su agente era el autor inspirado y su obra escrita. Los grandes agentes históricos de la humanidad (Adán, Moisés, Elías, etc.) intervienen De nuevo en la historia en virtud del carácter seudónimo de las obras apocalípticas y Así el pasado se hace presente y no se interrumpe la continuidad. La apocalíptica se convierte en una suerte de ciencia de la historia, teniendo en cuenta que esta no es una sucesión de sucesos, sino un todo, un proceso unificado que comienza con Adán y los imperios nacidos del caos primordial y que finaliza en un acto que retornará el Mundo a sus orígenes. Se trata de la concepción mítica en la que principio y fin se unen en un sitio teórico (mítico) en el que todo comienza. Hay en la apocalíptica huellas de concepciones míticas babilónicas, persas y griegas (Por ejemplo, todo lo relativo a la angelología y la demonología), unidas a la escatología judía.

El género apocalíptico en la Biblia[editar]

El tema y asuntos apocalípticos fueron muy populares entre los judíos de la post-diáspora (después del exilio babilónico), lo que dio sitio a la proliferación de apocalipsis. Ciertos de estos textos han llegado a ser canónicos y otros subsisten entre los llamados apócrifos. Los textos apocalípticos que han sido incorporados al canon de la Biblia son los siguientes:

– El libro de Daniel (Daniel 1-12).
– El denominado apocalipsis isaítico, contenido en el libro de Isaías (Isaías 24-27; 33; 34-35).
– Varios pasajes del libro del profeta Ezequiel (Ezequiel 2:8-3;3:38-39).
– Pasajes del libro del profeta Zacarías (Zacarias 12-14).
– Pasajes del libro del profeta Joel (Joel 2).
– El llamado Discurso Escatológico en los evangelios (Mc 13, Mateo 24, Lc 21).
– Pasajes de las Cartas de San Pablo (1Tesalonicenses 4:13-5:11; 2Tesalonicenses 2).
– El Apocalipsis Conforme san Juan.

Además:

– El Libro de Henoc es aceptado como canónico por la iglesia etíope.
– El Apocalipsis de Esdras figura como apéndice en la Vulgata latina y en las biblias de la iglesia armenia.

El género apocalíptico fuera de la Biblia[editar]

Los siguientes son libros que pertenecen al género apocalíptico, Pero que no son aceptados dentro del canon bíblico:

– El Apocalipsis de Pedro, atribuido a San Pedro.
– El Segundo Libro de Enoc, atribuido a Henoc.
– El Libro de los Jubileos, atribuido a Moisés.
– El Testamento de los Doce Patriarcas, atribuidos a los doce hijos de Jacob.

Literatura apocalíptica judía[editar]

La salvación de la literatura apocalíptica En general se debe al cristianismo, en cuyas biblias aparecían estas obras. El canon hebreo las rechazó y lo mismo hizo el canon cristiano cuando fue establecido:

Se debió componer entre ciento treinta y 63 a.

– Los Libros de Enoc. Toman como personaje a Enoc (Génesis 5,24), quien trató con Dios antes de ser arrebatado a los cielos. El libro etiópico de Enoc se conservó en la Biblia etiópica, que lo consideró como sagrado. Fue escrito en hebreo O bien arameo entre los siglo II y I a. C. y la versión etiópica se realizó a partir de la traducción griega. El libro eslavo de Enoc O libro de los secretos de Enoc fue escrito en griego en el siglo I de la era cristiana por un judío O bien judeocristiano palestino y se ha conservado en lengua eslava. El patriarca Efectúa un viaje por los 7 cielos y recibe una serie de revelaciones.
– El Libro de los Jubileos. Escrito hacia el cien a. C. Tiene una presentación cronológica, Pues divide en “jubileos” (períodos de cuarenta y nueve años) los sucesos relatados desde el Génesis hasta el capítulo doce del Éxodo. Cada jubileo se divide en 7 series de siete años, y cada año tiene 364 días. Comenta gran parte del Génesis y pasajes del Éxodo. El propósito es establecer un calendario jubilar para la observancia de las fiestas religiosas y los días consagrados.
– Salmos de Salomón. Son 18 himnos parecidos a los salmos canónicos conservados en múltiples manuscritos de la biblia griega. Se escribieron en hebreo, Mas Solo se conserva la traducción griega y una siríaca. Fueron canónicos Durante mucho tiempo para muchas iglesias cristianas. Se compusieron aproximadamente entre sesenta y ocho y 40 a. C.
– Testamentos de los doce Patriarcas. Son doce discursos dirigidos a sus descendientes por los hijos de Jacob. Nos ha llegado la versión griega, Pero semeja que el original era hebreo O bien arameo. Se trata de una obra judía precristiana con interpolaciones cristianas, Aunque hay quien ha propuesto un origen esenio. Se debió componer entre ciento treinta y 63 a. C. En cada testamento hay una introducción a la vida del patriarca, lecciones morales basadas en su vida y una breve conclusión mesiánica y apocalíptica.
– Oráculos sibilinos. El personaje pagano de la sibila pasa a los judíos de cultura helenística, quienes sustituyen por ella a personajes proféticos tradicionales como Moisés. Ya en el siglo II a. C. utilizaron el género sibilino como medio de propaganda. Poseemos doce libros de estas colecciones de oráculos. Los únicos de origen judío, Aunque con retoques cristianos, son los libros II, IV, V. La fecha probable de composición es cara la mitad del siglo I a. C.
– Asunción O Testamento de Moisés. En origen debieron existir por separado el Testamento de Moisés y la Asunción de Moisés. La obra contiene una profecía de tipo apocalíptico: Moisés la habría redactado para Josué y nos cuenta la historia del pueblo elegido y su entrada en Canaán al final de los tiempos. Se compuso entre el recitación a. C. y el 30 d. C.; es, Por ende, contemporánea de Jesús y refleja la esperanza del pueblo judío. Se debió redactar en hebreo O arameo y se nos conserva en la traducción latina, hecha a partir de la griega.
– Apocalipsis siríaco de Baruc O Libro II de Baruc. Se conserva en siríaco, Aunque el original debió ser hebreo O arameo. El protagonista es Baruc, cómplice de Jeremías. Se debió componer entre setenta y cinco y cien d. C. Gira en torno a La pregunta de Por qué razón sufre el pueblo de Dios y sus enemigos prosperan. Dios revela a Baruc que el Mundo futuro va a estar reservado a los justos. La llegada de la era mesiánica va a estar precedida de desastres.
– Libro IV de Esdrás. Es la obra judía no bíblica que más difusión alcanzó y la más usada por los primitivos cristianos. Bajo el nombre de Esdrás se compusieron más obras, Mas ésta es la más esencial. Se debió componer en los últimos años del I d. C. El templo de Jerusalén destruido ocupa un sitio preeminente en este apocalipsis de 7 visiones. Éste es el motivo por el cual se escoge a Esdrás, quien vivió tras la destrucción de Jerusalén por los caldeos (587 a. C.). El original fue hebreo O bien arameo y tenemos varias traducciones, entre las que están la griega y la latina; esta última la incluyen ciertas ediciones de la Vulgata.

↑ Gourgues, M.; Charpentier, Y también. (1982). «Introducción a los Evangelios». Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Madrid: Ediciones Cristiandad. p. 53. ISBN 84-7057-329-2. Consultado el 9 de febrero de 2014.

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