Clemente VII (papa)

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Clemente VII, (Florencia, veintiseis de mayo de 1478 – Roma, veinticinco de septiembre de 1534) fue el papa nº 219 de la Iglesia católica, de 1523 a 1534.

1 Orígenes y capacitación
Dos Carrera eclesiástica
tres Papado
4 Bibliografía
cinco Enlaces externos

Orígenes y capacitación[editar]

Cuando nació fue descrito: “Hijo natural del Magnífico Juliano de Médici nacido por parte de madre de muchacha que no tenía marido, Fioretta, hija de Antonio” [cita requerida]. En un documento encontrado en la Palatina se informa: “Julio, hijo del Mco. Juliano de Médici, nacido el seis de marzo de 1478, que fue después el papa Clemente VII…” [cita requerida].

Tras el asesinato de su padre en la Catedral de Florencia, A lo largo de la Conjura de los Pazzi, el futuro papa Clemente contó enseguida con el afecto y la protección de los Médici. Su tío Lorenzo el Magnífico escribió a Fernando I de Nápoles y al Papa A fin de que Julio, destinado a la carrera eclesiástica, le fuera otorgado el rico Priorato de Capua, que le fue efectivamente concedido. Ya desde su infancia, Julio había contado con la amistad de sus primos Pedro, Juan (el futuro Papa León X), y Juliano, los 3 hijos de Lorenzo.

Carrera eclesiástica[editar]

La elección como Papa de su primo León X, le supuso su inmediato nombramiento de Arzobispo de Florencia. El 23 de septiembre de 1513 fue nombrado cardenal.

Supo Siempre hacerse valer como consejero del Papa, logrando ser uno de los personajes más influyentes de la curia. Con el objeto de evitar enredos en la carrera eclesiástica de Julio, el Papa medió Para que el futuro Clemente VII fuera declarado hijo de legítimo matrimonio.

A la muerte de Lorenzo II de Médici en 1519, se hizo cargo del gobierno civil de Florencia, hasta su elección al pontificado.

Cuando en 1521 murió León X, muchos creyeron que la tiara pasaría al cardenal Julio, por ser uno de los papables más apreciados. Pero de los treinta y nueve cardenales reunidos en cónclave, Cuando menos dieciocho esperaban ser elegidos. Para cansar a los adversarios el partido de Julio decidió otorgar sus votos al candidato menos probable, el cardenal Adriano Dedel, de Utrecht. Para sorpresa de todos, Incluso del propio escogido, Asimismo el partido adversario había decidido entregar sus votos al mismo candidato, De forma que, ante la consternación general, fue electo Adriano VI.

La influencia de Julio, que se mantendrá durante el pontificado de Adriano VI, Será la que le permitirá ser escogido pontífice el diecinueve de noviembre de 1523 y adoptar el nombre de Clemente VII en el instante de su consagración el 26 de noviembre.

Papado[editar]

Fracasó, tanto en el campo político como en el religioso, seguramente por su temperamento indeciso, sus arriesgadas apuestas políticas y los intereses familiares, circunstancias que hicieron de él «el más desgraciado de los papas», Según expresión del historiador Ferdinand Gregorovius.

El tratado de Noyón no se había cumplido, De forma que en 1521, poco ya antes de Fallecer León X, las tropas coaligadas del papa y el emperador, con la ayuda Asimismo de Inglaterra, habían expulsado a los franceses de Milán. Francisco I se propuso recuperarlo, Mas no Solo no lo consiguió, sino que acabó prisionero de Carlos I de España en la batalla de Pavía (1525). Recluido en la capital de España, obtuvo su libertad tras la firma del Tratado de Madrid (1526), protocolo por el que se comprometía a devolver al Habsburgo el ducado de Borgoña, a abandonar a Italia y a no entrometerse en Flandes.

El desastre francés de Pavía, al que había precedido el de Bicocca, traspasaba la hegemonía en Italia a España y sembraba, por lo mismo, la inquietud en el ánimo del papa que veía De qué manera Carlos I se convertía en el dueño de gran parte de la península y se constituía en potencial amenaza para la preponderancia eclesiástica y para la continuidad en el poder de su familia al frente del ducado de Florencia. Le pareció momento de actuar y lo hizo; Pero calculó mal y se equivocó. Retomando el grito de «¡fuera los bárbaros!» que había lanzado Julio II contra los franceses, aplicado ahora a los españoles, y siguiendo la desacreditada práctica de aquél de aliarse alternativamente con los unos para desembarazarse de los otros, Clemente buscó la asistencia de Francisco I. Estaba éste comprometido por el Tratado de Madrid a no intervenir en Italia, Pero fue el propio papa quien le disipó cualquier escrúpulo de ética caballeresca y le animó a su incumplimiento haciendo alarde de una amplia laxitud de conciencia; le manifestó por escrito que los tratados que se firman bajo la presión del miedo carecen de valor y no fuerzan a su observancia. Con la dispensa papal que legitimaba su resistencia a someterse a las cláusulas del tratado, Francisco I se dispuso a hacer frente al emperador, y a tal efecto se formó el veintidos de mayo de 1526 la liga de Cognac O bien liga Clementina, integrada por el papa, Francia, Venecia y Florencia.

Por otra parte, la situación en Europa Central se puso cada vez más tensa, Pues los ejércitos turcos del sultán Solimán I el Magnífico avanzaron sobre el reino de Hungría, que cumplía el papel de último bastión del cristianismo contra los musulmanes. De esta forma, los conflictos entre el papa y el emperador no permitieron asistir a los húngaros, y el 29 de agosto de 1526 se sucedió la batalla de Mohács, donde murió el rey Luis II de Hungría, y los ejércitos cristianos fueron barridos por los otomanos, siendo ocupado gran parte del reino. Clemente había intentado de varias formas de empezar una nueva cruzada para proteger el Planeta cristiano, Sin embargo, Mientras procuraba solventar la grave situación con Carlos I, se enteró penosamente de la triste noticia de gran impacto para Europa, quedando plenamente impotente (tras esta derrota, Fernando I de Habsburgo reclamó de inmediato el trono húngaro para sí mismo por haber desposado a la hermana del fallecido rey, y Carlos I Más tarde le asistió para asegurarse la corona).

Paralelamente, las relaciones entre el papa y el cardenal Pompeo Colonna se iban enturbiando A medida que el primero abandonaba el partido filoimperial para acercarse al bando francés; Todavía en abril celebraban juntos la liga pactada entre la Santa Sede y el reino de Nápoles, Mas en octubre se destapaban las verdaderas intenciones de Clemente: su enviado Girolamo Morone trabajaba para formar una alianza entre Francia, los Estados Pontificios, Venecia y Milán contra el imperio, e procuraba atraer a su cuñado el marqués de Pescara prometiéndole el trono de Nápoles, Mas este descubría todo el plan. Colonna salió de la ciudad de Roma en dirección al feudo familiar amenazando con ir contra el papa, que justamente se negó a que participase en las conversaciones que el duque de Sessa dirigía para eludir que el pontífice se adhiriera a la liga antiimperial. Colonna proponía al emperador encabezar una revuelta antipapal en Roma, y en enero de 1526 Clemente VII publicaba una bula declarándole rebelde y exhortando a combatirle.

Colonna salió de la ciudad de Roma en dirección al feudo familiar amenazando con ir contra el papa, que justamente se negó a que participase en las conversaciones que el duque de Sessa dirigía para evitar que el pontífice se adhiriera a la liga antiimperial.En agosto las dos partes llegaban a un frágil pacto; los Colonna, que habían ocupado Anagni por la fuerza, se comprometían a retirar sus tropas de los Estados Pontificios, y el papa les concedía el perdón y revocaba el monitorio contra ellos. Vespasiano Colonna fue el artífice del acuerdo.

Pero cuando Clemente retiró de Roma la guarnición armada, el 20 de septiembre de 1526 los Colonna irrumpieron en la ciudad con cinco mil hombres y saquearon la Ciudad del Vaticano, obligando al papa a refugiarse en el castillo Sant’Angelo. Con la intermediación de Hugo de Moncada, ambas partes acordaron una tregua que tampoco llegaría lejos. Un par de días después los Colonna se retiraban de Roma con su gente, a disgusto de Pompeo, cuyas intenciones al decir de múltiples autores, eran asesinar al papa y ocupar su lugar.Cuarenta y tres 4445 En noviembre Clemente VII convocaba un consistorio en el que conminaba a Pompeo a disculparse de sus pasados actos; éste se negaba, proponiendo la celebración de un concilio en Alemania, y el papa mandaba asaltar la casa de Colonna en Roma y sus propiedades en la campiña romana, y le privaba del cardenalato y de todas sus dignidades y rentas eclesiásticas.

Entretanto, la guerra proseguía por todo Italia. A principios de 1527 el Condestable de Borbón tomaba el mando del ejército imperial, los españoles Y también italianos que habían estado asediando Milán y los lansquenetes de Georg Frundsberg llegados de Alemania. Sin provisiones ni pagas, los hombres amenazaban continuamente con amotinarse, y el de Borbón les contenía a duras penas con la esperanza del botín que produciría el saqueo de una gran ciudad.

En marzo el papa firmaba con los enviados del emperador Cesare Ferramosca y Francisco de Quiñones una tregua por ocho meses, el pago de 60.000 escudos al ejército imperial, la restitución de Pompeo Colonna en el cardenalato y la restitución mutua de los territorios ocupados, Mas el de Borbón exigía como mínimo 200.000 escudos para evacuar sus tropas. Incapaz de sujetar a sus hombres, evitó el enfrentamiento con el ejército de la Liga en Florencia, y a principios de mayo se presentó ante las murallas de Roma.

El día seis las defensas de Roma cedieron ante el ataque de los imperiales. Fallecido el de Borbón en el primer asalto, los soldados entraron a saco en la ciudad.

Clemente VII buscó refugio en el castillo de Sant’Angelo que se convirtió en su prisión A lo largo de 7 meses. Antes de obtener la libertad se le exigió una capitulación formal y el pago de una ingente cantidad de dinero (300.000 ducados). Carlos I negó cualquier implicación personal en los hechos; es más, los lamentó de forma profunda, O eso aparentó. Pero la verdad es que extrajo un pingüe provecho político del dramático acontecimiento. El papa se vio forzado por las circunstancias a Cambiar la orientación de sus alianzas: vencido, humillado y preso, sin opción en el momento de comprar su libertad, necesitado de la ayuda del emperador para detener el progresivo avance de los luteranos en Alemania, presto a cualquier sacrificio por reponer a un Médici en la corte de Florencia de la que habían sido apartados, Clemente se plegó sin condiciones a los requerimientos del emperador y se entregó a su causa como firme aliado. Carlos, por su parte, Asimismo deseaba ganarse al papa que debía dictar resolución en el proceso de divorcio planteado por Enrique VIII de Inglaterra en el que la afectada, su esposa Catalina de Aragón, era tía del emperador. El tratado de Barcelona de junio de 1529 suscrito por Clemente VII y Carlos I marcaba el inicio de una nueva paz y concordia, Aunque precaria, como Entonces se demostró, entre el imperio y el pontificado.

El papa adoptó un talante complaciente con el emperador, lo que trajo una doble consecuencia inmediata. Por un lado, el hasta hacía poco tiempo oponente y después prisionero de Carlos I, le imponía la corona del imperio en una pomposa ceremonia celebrada en Bolonia el veinticuatro de febrero de 1530 (fecha del aniversario de su nacimiento). Por otro, tras muchos titubeos y vacilaciones, se negó a consentir el divorcio de Enrique VIII, que deseaba regresar a casarse con Ana Bolena, y declaró válido su primer matrimonio con Catalina de Aragón. Esta decisión fue trascendental; la relación del rey inglés con el papa se degradó por su causa hasta tal extremo que determinó el apartamiento del monarca, anteriormente excomulgado, y con él de toda la iglesia de Inglaterra, de la obediencia del sumo pontífice romano. El cisma anglicano perdura hasta El día de hoy. No obstante, en opinión del historiador católico inglés, Hillaire Belloc (Personajes de la Reforma), la decisión del Papa en este caso no fue influida tanto por Carlos I, sino se debió a que fallar en favor del divorcio hubiese significado un desprestigio enorme al Papado, y consiguientemente a la Iglesia.

Se derivaron más secuelas del comprensión entre el papa y el emperador. Francisco I creyó preciso de todo punto romper la alianza y emprendió nuevas acciones ofensivas contra su perpetuo rival, a las que se unió Inglaterra tan distante políticamente del imperio como religiosamente de Roma. Clemente VII dudaba una vez más ante su persistente problema de a cuál de los Dos contendientes aproximarse, y También una vez más tomó una resolución desacertada. Consideró oportuno dar por concluida su colaboración con Carlos, que volvía a adquirir enorme poder Y también influencia en Italia, y, para granjearse el favor del monarca francés, planeó y consiguió enlazar matrimonialmente a su sobrina Catalina de Médici con un hijo de aquél, el futuro rey de Francia Enrique II. El teórico respaldo de Francisco I de nada le sirvió al infortunado papa, Puesto que, con Andrea Doria militando ahora en la escuadra del emperador, el francés no hizo sino más bien cosechar derrotas que le condujeron a la forzada firma de la paz de Crépy en 1544. Clemente no llegó gozar de aquella paz; la muerte se lo había llevado diez años antes. En terminante, en opinión de este autor, al Papa le costó tomar la resolución, Pero al fin hizo lo correcto.

Y Mientras que tanto la reforma protestante ganaba adeptos. El papa, preocupado en exceso por mantener a su familia en el gobierno de Florencia y mezclado en la pugna entre los poderosos, no pudo poner remedio a la escisión religiosa. Una vía para intentar acabar con la disidencia luterana era la conciliar. Pero tras los sínodos de Constanza y Basilea todos los papas renacentistas padecieron una alergia crónica a tales asambleas. En las 2 citadas se había cuestionado la primacía del papa sobre el concilio y habían sido muchos los que habían defendido la doctrina Conforme la que las decisiones tomadas en un sínodo ecuménico eran dogmáticas, en cuanto a la fe, Y también inapelables en el campo de la administración de la iglesia. Carlos I puso todo su empeño en lograr de Clemente VII la convocatoria de un concilio; lo reclamó hasta la saciedad. Con motivo de la coronación imperial en Bolonia, el papa se comprometió a reunirlo, cosa que no hizo Nunca. Cuatro años después, en 1534, el emperador cursó a la Santa Sede una propuesta formal A fin de que se convocase, Pero el papa la rehusó. Más allá del rechazo generalizado que sentían aquellos papas por los concilios, mediaban en este caso específico circunstancias de interés político que prevalecían sobre el religioso. Carlos veía el sínodo como un foro de discusión en el que cabría la posibilidad de conciliación de ideas y principios y, por ende, de reconciliación de sus súbditos alemanes. Era esa situación la que alarmaba a Carlos I y la que, por lo mismo, se esforzaba su eterno contrincante, Francisco I, en sostener. El papa tasó en mayor medida los inconvenientes de Francisco I que las súplicas de Carlos I y el concilio hubo de esperar. El Concilio de Trento no se inició hasta 1545, once años tras su fallecimiento, el Como se produjo, Mediante una ingesta accidental de un hongo venenoso Durante una cena.

Las premoniciones de San Malaquías se refieren a este papa como Flos pilae aegrae (La flor de las columnas enfermas), cita que hace referencia a las columnas y la flor de lis que aparecen en su escudo de armas. Asimismo, su pertenencia a la familia Médici (médico), permite un juego de palabras con “enfermedad” por el periodo turbulento en que discurrió su papado.

Medici, Lorenzo (2002). Los Médicis, Nuestra historia. Plaza & Janés, Barcelona. ISBN 978-84-98720-24-2.

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