Consagración Diaria A La Santisima Virgen Maria

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La Segunda Persona De La Santísima Trinidad, Vtro. Hijo, ntro. Señor Jesucristo,

Consagrando Os mi cuerpo con todos sus sentidos.

Venero Os con todo mi Corazón, Oh Virgen Santísima, sobre todos y cada uno de los Ángeles y Santos, como la Amadísima Esposa del Espíritu Beato, consagrando Os mi corazón y todos sus afectos, implorando Os me Obtengas de la Santísima Trinidad, todos las ventajas de Salvación.

1 Ave María

EL TRIUNFO GLORIOSO DE MARÍA SANTISIMA

San Alfonso María de Ligori

“Cuando entran los monarcas a tomar posesión de su reino, no pasan por las puertas de la ciudad, sino que, O se quitan del todo las puertas, O pasan Por encima de ellas. De ahí que, así como los Ángeles, cuando entró Jesucristo decían (S.23,7): Abrid príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, A fin de que entre el Rey de la gloria; De este modo, ahora que María va a tomar posesión del Reino de los cielos, los Ángeles que la acompañan claman a los que están adentro: Abrid, príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, y entrará la Reina de los gloria.

Ved que ya entra María en la patria bienaventurada. Pero al entrar y verla tan hermosa y gloriosa, los espíritus celestiales preguntan a los que vienen de fuera, como contempla Orígenes (Cant.8,5): “¿Quién es esta criatura tan hermosa, que viene del desierto de la tierra, lugar de espinas y abrojos, Mas Ella viene tan pura y tan rica de virtudes, apoyada en su amado Señor, que se digna acompañarla Él mismo con tanto honor?” “Quién es?”. Y los Ángeles que la acompañan responden: {Esta es la Madre de nuestro Rey, es nuestra Reina, es la bendita entre las mujeres, la llena de gracia, la santa de los santos, la predilecta de Dios, la inmaculada, la paloma, la más {bella|hermosa|preciosa} de {Todas las|Todas y cada una de las} criaturas.

” Entonces, todos aquellos espíritus bienaventurados, {Comenzaron|Empezaron} a bendecirla y alabarla, cantando, mejor que los hebreos a Judit (15,10): “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo, Señora y Reina nuestra, Vos sois la gloria del cielo, la alegría de nuestra patria, el honor de todos nosotros. Sed por {Siempre|Siempre y en toda circunstancia|Siempre y en todo momento} bienvenida, sed por {Siempre|Siempre y en toda circunstancia|Siempre y en todo momento} bendita. Éste es vuestro reino, y todos nosotros somos vasallos vuestros prontos a cumplir vuestras órdenes”

{Luego|Entonces} se acercaron a darle la bienvenida y saludarla como a su Reina {todos los|todos y cada uno de los} santos que hasta entonces estaban en el cielo. Llegaron {Todas las|Todas y cada una de las} santas vírgenes y dijeron: “Santísima Señora,…Vos sois nuestra Reina {Porque|Por el hecho de que|Pues} fuisteis la primera en consagrar a Dios vuestra virginidad; {Todas|Todas y cada una} nosotras te bendecimos y damos gracias.” Llegaron {También|Asimismo} los mártires a saludarla como a su Reina, {Porque|Por el hecho de que|Pues} con su gran {constancia|perseverancia} en los dolores de la Pasión de su Hijo, les había enseñado {e|Y también} impetrado con sus méritos la fortaleza para dar la vida por la fe.

Llegó Santiago el Mayor, el único de los Apóstoles que hasta entonces había subido al cielo, y en nombre de {todos los|todos y cada uno de los} Apóstoles le dio gracias por todo el consuelo y la asistencia que les había prestado {Durante|A lo largo de} su permanencia en la tierra. Llegaron {Luego|Entonces} a saludarla los Profetas, y le decían: “Vos, Señora, sois la que vislumbramos en nuestras {profecías|premoniciones}.” Llegaron los santos Patriarcas y le decían: “Vos, María, fuisteis nuestra esperanza, y por tantos siglos tan suspirada.” Y entre {éstos|estos} llegaron con mayor afecto a darle gracias nuestros primeros {padres|progenitores} Adán y Eva, y le decían: “Hija predilecta, Tú has reparado el daño que nosotros hicimos al género humano. Tú devolviste al {Mundo|Planeta} la bendición perdida por nuestra culpa, por Ti somos salvos; ¡Seas por {Siempre|Siempre y en toda circunstancia|Siempre y en todo momento} Bendita!”

San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado {Por medio de|A través de} su voz.

Llegó después a besarle los pies San Simeón, y le recordó con júbilo el día en que recibió de sus manos a Jesús {niño|pequeño}. Llegaron San Zacarías y Santa Isabel, y {De nuevo|Nuevamente} le dieron gracias por aquella {amorosa|cariñosa} visita que con tanta humildad y caridad les hizo en si casa, y por {la cual|la que} recibieron tantos tesoros de gracias. Con mayor afecto llegó San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado {Por medio de|A través de} su voz. {ó|O} San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado {Por medio de|A través de} su voz. Y ¿Qué le dirían cuando llegaron a saludarla sus queridos {padres|progenitores} San Joaquín y Santa Ana? ¡Oh Dios! Con cuánta ternura la debieron bendecir diciendo: “Hija amada ¿y qué dicha la nuestra la de tener una hija como Tú! Ahora eres nuestra Reina, {Porque|Por el hecho de que|Pues} eres la Madre de nuestro Dios; por tal te saludamos y te veneramos.”

Más, ¿Quién puede {comprender|entender} el afecto con que llegó a saludarla su querido esposo San José? ¿Quién {podrá|va a poder} explicar la alegría que sintió el {Santo|Beato|Santurrón} Patriarca al ver a su esposa entrar en el cielo con tanto triunfo y ser proclamada Reina de {todos los|todos y cada uno de los} cielos?¡Con cuanta ternura le debió decir!: “Señora y esposa mía, ¿Cuándo {Podré|Voy a poder} yo agradecer lo que debo a nuestro Dios por haberme hecho esposo vuestro, que sois su {verdadera|auténtica} Madre? Por Vos merecí en la tierra asistir en su infancia al Verbo encarnado, tenerle tantas veces en mis brazos y {recibir|percibir} de Él tantas gracias especiales. ¡Benditos sean los {momentos|instantes} que empleé en la vida en servir a Jesús y a Vos, mi santa esposa! … Por fin, {todos los|todos y cada uno de los} Ángeles llegaron a saludarla, y Ella, {La gran|La enorme} Reina, a todos dio las gracias por la asistencia que le habían prestado en la tierra; singularmente a San Gabriel Arcángel, feliz embajador de {todas sus|sus} dichas, cuando bajó a darle la nueva de que era elegida para Madre de Dios.

{Luego|Entonces}, arrodillada la humilde y Santa Virgen, adoró a la divina Majestad, y toda abismada en el conocimiento de su nada, dio gracias por {todos los|todos y cada uno de los} dones que su bondad le había concedido, y {Especialmente|En especial|Singularmente}, por haberla hecho Madre del Verbo Eterno. No hay quien pueda {comprender|entender} con cuánto amor la bendijo la Santísima Trinidad; qué acogida hizo el Padre a su Hija, el Hijo a su Madre, el Espíritu {Santo|Beato|Santurrón} a su Esposa. El Padre la coronó, comunicándole su poder, el Hijo la Sabiduría; el Espíritu {Santo|Beato|Santurrón} el Amor. Y {Todas las|Todas y cada una de las} {tres|3} Personas, colocando su trono a la diestra de Jesús, la proclamaron Reina universal del cielo y de la tierra, y mandaron a los Ángeles y a {Todas las|Todas y cada una de las} criaturas que la reconocieran como su Reina, y como a tal la obedecieran y sirvieran.”

{Por qué|Por qué razón} consagrarse por María?

Conferencia del P. Morinay, smm del 25/IVl2003. Cir. {259|Doscientos cincuenta y nueve}
-Publicado con permiso de la Fundación Montfort, Barcelona. Email

{La gran|La enorme} pregunta que se plantea es de saber, de {comprender|entender} ¿Por qué por María? Todo el {Mundo|Planeta} está {de acuerdo|Conforme} -{todos los|todos y cada uno de los} teólogos- en decir que se trata de unirnos con Jesús y Montfort es el primero que no vacila en decir: “Si establecemos la sólida devoción a la Sma. Virgen, es {Sólo|Solo} para establecer más {perfectamente|a la perfección|con perfección|de forma perfecta|de manera perfecta} la de Jesucristo y ofrecer un medio {fácil|simple} y seguro para {encontrar|hallar|localizar} al Señor. Si la devoción a la Sma. Virgen apartase de Jesucristo, habría que rechazarla como una ilusión diabólica. {Pero|Mas}… sucede {lo contrario|lo opuesto}. Esta devoción nos es {necesaria|precisa}: para {hallar|encontrar} {perfectamente|a la perfección|con perfección|de forma perfecta|de manera perfecta} a Jesucristo,
para amarle con ternura,
para recibirle con fidelidad. (VD 62)
Acuérdense del testimonio personal del Papa, Juan Pablo II, cuando {dice|afirma} que {antes|ya antes} de descubrir el “Tratado de la {Verdadera|Auténtica} Devoción a la Santisima Virgen” yo había procurado mantenerme a distancia por {temor|miedo} a que la devoción mariana ocultara a Cristo {en vez de|en lugar de} abrirle paso.

A la luz del Tratado de Montfort comprendí que sucede {lo contrario|lo opuesto}. Nuestra relación íntima con la Madre de Dios {surge|brota} naturalmente {a partir de|desde} nuestra relación con el misterio de Cristo”. (André Frossard, “Diálogo con Juan Pablo II” págs. {184|Ciento ochenta y cuatro} -185.)
Entonces, nos {planteamos|proponemos} {La pregunta|El interrogante}, ¿Por qué cuando nos volvemos {hacia|cara} Jesús, es Él que nos dirige {hacia|cara} María? {Porque|Por el hecho de que|Pues} María es un medio para {hallar|encontrar} {perfectamente|a la perfección|con perfección|de forma perfecta|de manera perfecta} a Jesucristo, amarle con ternura, servirle con fidelidad. {Porque|Por el hecho de que|Pues} {finalmente|por último} María es un camino {fácil|simple}, corto, perfecto y seguro para {encontrar|hallar|localizar} a Jesús y unirnos con Él. Montfort en su Tratado da ocho motivos para consagrarnos a Jesús por María:
-un medio para darlo todo,
-el ejemplo de la Trinidad,
-por los servicios que nos presta María,
-la gloria de Dios,
-un camino {fácil|simple}, corto, perfecto y seguro,
-plena libertad,
-amor, caridad al prójimo,
-perseverancia.

{Pero|Mas} {además de|aparte de} estos motivos hay otros para consagrarnos por María que {encontramos|hallamos} en otras {partes del|unas partes del} Tratado. Si nos consagramos {Especialmente|En especial|Singularmente} por María es por una cuestión de:

Fidelidad, acogida,
imitación, maternidad
humildad, sabiduría
humanidad, libertad.

1.- Fidelidad.-. Si querernos renovar los votos y las promesas de nuestro bautismo es {Porque|Por el hecho de que|Pues} no fuimos fieles, como decimos en el texto de la Consagración:
“{Mas|Pero}, ¡ay! Ingrato {e|Y también} infiel como soy, no he cumplido contigo los votos y promesas que tan solemnemente te hice en el bautismo, no he cumplido mis obligaciones” (SM).
Entonces nos volvemos {hacia|cara} la que fue fiel: “Oh, Virgen fiel” {Para que|A fin de que} nos ayude a ser fieles de {Hoy|El día de hoy} en adelante.
El Papa, Juan Pablo II, en la homilía que pronunció en la Basílica de San Luis María de Montfort en Saint Laurent el {19|diecinueve} de septiembre de 1996, nos recuerda que en esta renovación de las promesas del bautismo hay “una renuncia a Satanás, a sus pompas y a sus obras y una opción por Cristo, una opción de vivir en la gracia del Espíritu {Santo|Beato|Santurrón}”.

{Pero|Mas} esta opción de vivir en la gracia del Espíritu {Santo|Beato|Santurrón}, es una vuelta {al principio|al comienzo}, al tiempo {anterior|precedente} al pecado original, al tiempo de la inocencia. {Precisamente|Exactamente} María representa este {Mundo|Planeta} de la inocencia, del {Mundo|Planeta} {antes|ya antes} del pecado. María es inmaculada.
“Es más joven que el pecado” (Bernanos).
Entonces no podemos optar por la gracia, por el {Mundo|Planeta} {anterior|precedente} al pecado, sin la Inmaculada.

2.- Imitación. Para Montfort, cuando dependernos de María, imitamos a Dios, a la Trinidad, {Porque|Por el hecho de que|Pues} las {tres|3} Personas dependen de María. (VD 139-{140|ciento cuarenta} + {14|catorce} a 39).

– El Padre no dio a su Hijo {sino|sino más bien} {Por medio de|A través de} María. – El Padre no nos hizo hijos adoptivos {sino|sino más bien} por ella.

– Ni comunica sus gracias {sino|sino más bien} por ella. – Dios Hijo se hizo hombre para todos por ella.

– Se forma y nace {cada día|día a día|día tras día} en las {almas|ánimas} por ella. – Comunica sus méritos y virtudes por ella.

– El Espíritu {Santo|Beato|Santurrón} no formó a Jesucristo {sino|sino más bien} por María. – No forma a los miembros de su Cuerpo místico {sino|sino más bien} por María.

– No reparte sus dones y virtudes {sino|sino más bien} por María.
“Como hijos amadísimos de Dios, esforzaos por imitarlo. Seguid el camino del amor a ejemplo de Cristo”. (Ef 5, 1-2) Entre estas dependencias está claro que imitamos, sobre todo, la dependencia del Hijo {Porque|Por el hecho de que|Pues} se trata para nosotros de llegar a ser Hijos del Padre y de María como Jesús.

Todo el {Mundo|Planeta} conoce el libro de “la Imitación de Cristo”, {Pero|Mas} {antes|ya antes} de imitar a Jesús en su vida pública, {tenemos que|debemos} imitarle {al principio de|al comienzo de} su vida encarnada cuando se anonadó en el seno de María. Debemos {También|Asimismo} imitar este anonadamiento, esta dependencia.

No olvidemos que San Luis María se atreve a decir que la dependencia de María que Jesús aceptó vivir, {continúa|prosigue|sigue} {Hoy|El día de hoy}.

“La gracia perfecciona la naturaleza y la gloria perfecciona a la gracia” (VD 27). Es cierto, {Por tanto|En consecuencia|Por consiguiente|Por ende|Por lo tanto}, que nuestro Señor es {Todavía|Aún} en el cielo Hijo de María como lo fue en la tierra, y por consiguiente, conserva para con Ella la sumisión y obediencia del mejor de {todos los|todos y cada uno de los} hijos para la mejor de {Todas las|Todas y cada una de las} madres. Está claro que dependemos {Sólo|Solo} de Dios a nivel de la creación, {Pero|Mas} a nivel del amor y a nivel de la Encarnación dependemos con Dios de María

{Porque|Por el hecho de que|Pues} {continúa|prosigue|sigue} la experiencia de Jesús que ha aceptado ser hijo de María en su humanidad. “Se ha sometido en todo a la Sma. Virgen” (VD 139)

A nivel del Amor, Dios acepta depender de nosotros, en este sentido, {Porque|Por el hecho de que|Pues} Dios es Amor, es sensible a la fe, a la confianza de los hombres. Fue atraído por la fe de María (ASE 107). Es {También|Asimismo} atraído a nuestro {Mundo|Planeta} por nuestra fe. {Pero|Mas} en este caso no dependemos con Dios de María, {sino que|sino} es Dios el que depende de nosotros como ha aceptado depender de María.

3.-Humildad. En un sentido podemos distinguir {Dos|2} humildades: la humildad de Dios y la humildad del hombre. Por nuestra Consagración, practicamos las {Dos|2}.

La humildad de Dios. San Luis María, {Nunca|Jamás} {utiliza|emplea|usa} la expresión “Humildad de Dios” {Porque|Por el hecho de que|Pues} la gente de su tiempo no lo {hubiera|hubiese} entendido, {Pero|Mas} se refiere a esa realidad:

“Este buen {Maestro|Profesor} no se desdeñó en encarnarse en el seno de la Sma. Virgen como prisionero y esclavo de amor, ni de vivir sometido y obediente a Ella {Durante|A lo largo de} treinta años” (VD 139)

Ante esto se pierde la razón humana si reflexiona seriamente en la conducta de la Sabiduría encarnada.

Podernos {Hablar|Charlar} de la humildad de Dios siguiendo a San Pablo que invita a los filipenses, a vivir en humildad, considerando cada {cual|Como} a {los demás|el resto} como superiores a sí mismo. Y {Para que|A fin de que} lleguemos a ser humildes nos da el ejemplo de Cristo.

“El {cual|Como}, siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios,
{sino que|sino} se despojó de sí mismo (anonadó) tomando la condición de siervo,
haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre
se humilló a si mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil 2, 7-8). Como vemos, la humildad no {comienza|empieza} con la cruz {sino|sino más bien} con la concepción de Jesús con la dependencia total de María. En el libro del Padre Varillon, “La humildad de Dios”, se nos invita a contemplar esta humildad de Dios, sobre todo en la experiencia de la cruz que {comienza|empieza} con la aceptación de la condición humana.

Nuestra humildad. En la cuarta verdad {fundamental|esencial} sobre la que se establece la Consagración a Jesús por María, San Luis María nos {dice|afirma} que {necesitamos|precisamos} un mediador cerca del Mediador. Claro que lo sabemos {muy bien|realmente bien} que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres: “Único es Dios, único es {También|Asimismo} el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús” (1 Tim 215)1 {Pero|Mas} como {dice|afirma} el Vaticano II: “La única mediación del Redentor, no excluye {sino que|sino} suscita en las criaturas diversa cooperación participada de la única fuente” (LG 62). Si {hablamos|charlamos} de María como mediadora, {entendemos|comprendemos} esta mediación {De tal|De semejante} {manera|forma} que no añade nada a la única mediación que es Jesucristo” (LG 62). Lo que podemos decir {También|Asimismo} es que no se trata de {la misma|exactamente la misma} mediación. La mediación de Cristo es una mediación al Padre, mediación de Redención. La mediación de María es una mediación {hacia|cara} el Hijo encarnado, mediación de intercesión.

Si necesitarnos a María para ser nuestra medianera es:

a) A causa de Dios: que él mismo quiso que tuviéramos mediadores ante Él (VD 16, 142). “Viendo Dios que somos indignos de {recibir|percibir} sus gracias {inmediatamente|de forma inmediata|de manera inmediata} de su mano

-{dice|afirma} San Bernardo- se las da a María, {Para que|A fin de que} por ella recibamos cuanto nos {quiera|desee} dar. Añadamos que Dios cifra su gloria en {recibir|percibir} de manos de María, el tributo de gratitud, respeto y amor que le debemos por sus beneficios” (VD 142)

b) A causa de nosotros. Esta práctica contribuye {Además|Además de esto}, a hacer un ejercicio de profunda humildad, visto que Dios la prefiere a {Todas las|Todas y cada una de las} otras. “Quien se ensalza, rebaja a Dios. Quien se humilla lo glorifica. Dios se {enfrenta|encara} a los arrogantes, {Pero|Mas} concede su gracia a los humildes”. En el Evangelio podemos {notar|apreciar} que cada vez que alguien no se sintió digno de acercarse a Jesús, Jesús lo aprobó, lo felicitó. Pedro, al final de la pesca milagrosa {dice|afirma} a Jesús: “Apártate de mí, Señor, {Porque|Por el hecho de que|Pues} soy un pecador”. El Centurión no se sintió digno de ir a Jesús {por sí mismo|por sí solo}, ni de que Jesús viniera a su casa,

La humildad en nuestro {Mundo|Planeta} moderno. “Si te humillas creyéndote indigno de presentarte y acercarte a Él, Dios se abaja y desciende para venir a ti” (VD 143). La humildad es la virtud con la que María ha atraído a Dios {hacia|cara} Ella. “Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, {Porque|Por el hecho de que|Pues} ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”.

En nuestra consagración a Jesús por María, se puede decir que hay {Dos|2} renuncias: renunciamos a vivir por nosotros, para vivir por Jesús. Renunciamos a unimos a Jesús por nosotros mismos.

4.- Acogida.

San Luis María tenía {Dos|2} lemas: “Dios solo” y “A Jesús por María”. Los {Dos|2} {parecen|semejan} oponerse el uno al otro {Porque|Por el hecho de que|Pues} si se trata de “Dios solo”, no se puede tratar de María. {Pero|Mas} sabemos {muy bien|realmente bien} que María está {totalmente|absolutamente|completamente|plenamente} vacía de sí misma y llena de Dios, y {Por lo tanto|En consecuencia|Por consiguiente|Por ende|Por tanto} no impide a Dios estar “Dios solo” en ella. (SM 20)

La segunda divisa es {Siempre|Siempre y en toda circunstancia|Siempre y en todo momento} {verdadera|auténtica} {Pero|Mas}, {A medida que|Conforme} profundizamos el mensaje espiritual de San Luis María, nos damos cuenta de que no se trata tanto de ir a Jesús por María como de acoger a Jesús que viene a nosotros por María. Para {entender|comprender} este aspecto de la Consagración {tenemos que|debemos} acordarnos de {Dos|2} cosas:

No somos nosotros los que hemos amado a Dios, {sino que|sino} Él nos amó primero, {Es decir|Esto es|O sea} que cuando amamos a Dios {e incluso|e inclusive} cuando amamos a nuestro prójimo, nuestro amor no es más que una {respuesta|contestación} a un amor que nos ha precedido. No se trata tanto de {amar|querer} como de {responder|contestar} a un amor, de acoger un amor.

{Por lo que|Con lo que} se refiere a la Encarnación es lo mismo. No somos nosotros los que hemos ido a Dios {sino que|sino} es Dios el que ha venido a nosotros.

{Pero|Mas} ¿Cómo ha venido a nosotros? “-{Por medio de|A través de} la Stma. Virgen María vino Jesucristo al {Mundo|Planeta} y {Por medio de|A través de} ella {deberá|va a deber} {También|Asimismo} reinar en el mundo” (VD 1)

San Luis María expresa esta verdad de {tres|3} {maneras|formas} :

1ª) {Tenemos que|Debemos} acoger a Jesús que viene a nosotros por María (VD 1, 15, 13, 22, 49, 50) No {tenemos que|debemos} movernos del {lugar|sitio} donde estamos: {un poco|un tanto} como Santa Teresita del {Niño|Pequeño} Jesús, {sino que|sino} nos quedaremos debajo de la escalera, sobre el suelo, y es el amor de una madre que desciende a tomarnos en brazos para subir la escalera.

2ª) El camino de vuelta {tiene que|debe} ser {El mismo|Exactamente el mismo} que el camino de ida. La Virgen Santísima es el medio {del cual|del que} se sirvió el Señor para venir a nosotros y para ir a Dios. Es {También|Asimismo} el medio {del cual|del que} debemos servimos para ir a Él (VD 75, 85, 152, 155, 157, 161, SM 23).

3ª) La Stma. Virgen es el medio perfecto escogido por Jesucristo para unirse a nosotros y a nosotros con Él. {Es decir|Esto es|O sea} que desde el {momento|instante} en que el Señor se ha unido a nosotros, nosotros {También|Asimismo} estamos unidos a Jesús. Nuestra Consagración consiste en decir “Sí” a la unión de Jesús con nosotros en el seno de María.

{Pero|Mas} volvamos a la primera {manera|forma} con la que el {Santo|Beato|Santurrón} expresa, esta verdad. La vida cristiana consiste en acoger a Jesús, Sabiduría que viene a nosotros. {Pero|Mas}, ¿cómo acoger a Jesús que viene? “Si llegamos a {recibir|percibir} un don tan sublime como el de la Sabiduría ¿Donde lo colocaremos?” (ASE {209|doscientos nueve} – 211).

{Quizá|Quizás|Tal vez} se nos responda que la Sabiduría {Sólo|Solo} busca nuestro corazón y que basta ofrecérselo y colocarlo en Él ¿Ignoras, {Quizás|Quizá|Tal vez}, que nuestro corazón está manchado {e|Y también} impuro, es carnal y esta lleno de múltiples pasiones y {Por tanto|En consecuencia|Por consiguiente|Por ende|Por lo tanto} es indigno de hospedar a tan {santo|beato|santurrón} y noble huésped?

¿Qué hacer {Pues|Puesto que} {Para que|A fin de que} nuestro corazón sea digno de la Sabiduría? {Aquí|Acá} está el gran consejo, el secreto admirable. Introduzcamos -por decirlo {de alguna manera|de alguna forma}- a María en nuestra casa, consagrándonos a Ella como servidores y esclavos suyos. Desprendámonos en sus manos y en honor suyo, de todo cuanto más amamos, sin reservarnos nada. “Y esta bondadosa Señora, que {Jamás|Nunca} se dejó vencer en {generosidad|esplendidez}, se {dará|va a dar} a nosotros de {manera|forma} incomprensible, {Pero|Mas} real. Entonces, la Sabiduría eterna vendrá a morar en Ella como en su trono más glorioso” (ASE 209-211)

Esta acogida de la Sabiduría por María es {parte de|una parte de} un conjunto (al final del libro ASE) en el que San Luis María establece que María es {necesaria|precisa} para {obtener|conseguir}, acoger, conservar (ella atrae a la divina Sabiduría por su fe: es el imán sagrado que atrae tan fuertemente a la Sabiduría que {ésta|esta} no se puede resistir).

El Padre Molinié, es un autor espiritual que piensa que San Juan de la Cruz -por decirlo de algún modo- {necesita|precisa} ser corregido por Santa Teresita de Lisieux y San Luis María, santos que descubrieron un camino nuevo, una vía {fácil|simple}, corta, perfecta y segura para unirnos con Jesús.

El ascensor divino de Santa Teresita, corresponde al modelo del que habla San Luis María en el Tratado (VD 219-{220|doscientos veinte} y en SM 16-18). El ascensor (que son los brazos de Jesús) se opone a la escalera, como el molde se opone a una estatua. No se trata de hacer muchos esfuerzos, de trabajar mucho. No se trata de esforzarse {sino|sino más bien} de dejarse en sus brazos.

Lo curioso es que San Luis María tiene la reputación de complacerse en la Cruz, {Especialmente|En especial|Singularmente} en “la Carta a los Amigos de la Cruz”. {Pero|Mas} es él mismo que insiste sobre la necesidad de {encontrar|hallar|localizar} un camino {fácil|simple}, dulce, corto y seguro para unimos a Cristo.

{Porque|Por el hecho de que|Pues} es un camino que nos {permite|deja} {encontrar|hallar|localizar} a Dios en una criatura humana, al nivel de nuestra naturaleza.

Es un viejo sueño. Los psicólogos, los psiquiatras, los mitólogos y {También|Asimismo} {todos los|todos y cada uno de los} artistas y los {poetas|versistas} nos {dicen|afirman} que hay un viejo sueño que duerme en el corazón de la humanidad: el sueño de {encontrar|hallar|localizar} a Dios en una criatura humana. Todos nosotros, {Especialmente|En especial|Singularmente} en la experiencia del corazón humano, {Pero|Mas} {También|Asimismo} en toda experiencia de relación humana, soñamos no tener que dejar a las criaturas para {encontrar|hallar|localizar} a Dios. De unirnos a Dios uniéndonos a una criatura humana.

Este sueño {parece|semeja} oponerse a la necesidad que expresa San Juan de la Cruz de dejar a toda criatura para {encontrar|hallar|localizar} a Dios, {Pero|Mas} en María se {Realiza|Efectúa} de {manera|forma} excepcional el cumplimiento de ese deseo.

5. MATERNIDAD

Abandonarse para renacer:

Si San Luís Mª nos pide pasar por María para unirnos a Jesús, es que {En realidad|Realmente}, no se trata {solamente|únicamente} de unirnos a Él, {sino|sino más bien} {También|Asimismo} de compartir su misma vida hasta “ser otros Cristos”, como {decía|afirmaba} San Agustín (Juan Pablo II: “El esplendor de la Verdad” nº 8b, 19c). Más Cristo es Hijo del Padre y de María en su humanidad. Se trata {Pues|Puesto que}, para nosotros los bautizados, de tener {El mismo|Exactamente el mismo} Padre y {la misma|exactamente la misma} Madre que Jesús.

Es Ella la que, fecundada por el Espíritu, nos engendra a la nueva vida que hemos recibido en el bautismo. Y {Así|De esta forma|De esta manera|De este modo} se comprende el sentido de nuestra consagración: entregándonos {totalmente|absolutamente|completamente|plenamente} a María, y queriendo vivir “por Ella,con Ella, en Ella y para Ella”, nosotros vivimos ese “abandono” del {niño|pequeño} que le {permite|deja} estar, en inmediato y estrecho contacto con su madre {Para que|A fin de que} ella pueda comunicarle la vida. Y “la Vida” que Ella nos comunica, es Jesús (cf Jn 14,6)

Un Padre y una Madre:

Cualquier cristiano que se dirige a Dios llamándole “Padre nuestro” sabe {muy bien|realmente bien} que somos hijos de Dios, {Pero|Mas} no todos conocen la maternidad de María. Piensan que Dios es {a la vez|al unísono} Padre y Madre. {Es verdad|Es cierto} que, como {dice|afirma} San Pablo, Él es el origen de toda paternidad y de toda maternidad (cf Ep 3,15), más nuestra vida divina es a imagen de nuestra vida humana. Y “como en la generación natural y corporal, hay un padre y una madre, asimismo, en la generación sobrenatural y espiritual, hay un Padre que es Dios y una Madre que es María….y el que no tiene a María por Madre tampoco tiene a Dios por Padre” (V.D. 30). Si para nuestra vida sobrenatural, tuviéramos solo un padre y no madre, se llegaría a esa sorprendente paradoja de que nuestra vida divina no sería suficientemente humana.

Un nacimiento que dura toda la vida:

San Luís no duda en presentar toda nuestra vida de hijos de Dios, como un largo nacimiento que dura toda nuestra existencia, {Durante|A lo largo de} {la cual|la que} somos “llevados” en el seno de la Santísima Virgen: “Escondidos, guardados, alimentados, sostenidos ,educados por esa buena Madre {Hasta que|Hasta el momento en que} Ella nos da a luz {después de|tras} la muerte, que es {Precisamente|Exactamente} el día de nuestro nacimiento….”(V.D.33). El don total que hacemos de nosotros mismos a María por nuestra consagración, no tiene otro sentido, en este caso, que el de dejarnos “conformar” por Ella a imagen del Hijo de Dios.

6. HUMANIDAD

Otra razón {Para que|A fin de que} pasemos por María para consagrarnos a Jesús, es que Ella es, podríamos decir, un “camino humano”, por {tres|3} razones:

1). Dios solo, sin criatura, en una criatura: María es una pura criatura que nos puede dar a Dios. María es ya un camino de humanidad por su maternidad bienaventurada que {permite|deja} al Espíritu {Santo|Beato|Santurrón} “cubrirla con su sombra.”

{Jesús solo, que vive y reina en Ella (cf V.D.|“Encontraréis a solo Dios, sin criatura alguna, en esa amable criatura” (S.M.|Padre Montfort. Siendo posible {encontrar|hallar|localizar} a Dios solo en esta persona humana, ¿}

Para darle el poder de engendrar los hermanos y hermanas de Jesús. Más Ella lo es {También|Asimismo}, puede decirse, por su misma persona. ¿No está María, en efecto, por su inmaculada Concepción, {completamente|absolutamente|totalmente} vacía de Ella misma y llena de Dios, transformada {De tal|De semejante} {manera|forma} en Dios por la gracia que, Ella ya no vive, ya no existe? es Jesús solo, que vive y reina en Ella (cf V.D. 63).“Encontraréis a solo Dios, sin criatura alguna, en esa amable criatura” (S.M. 20), nos {dice|afirma} el Padre Montfort. Siendo posible {encontrar|hallar|localizar} a Dios solo en esta persona humana, ¿por qué asombrarnos de que Ella sea un camino humano?

2) “Humanizar” la Cruz: María “humaniza” la Cruz.

En la vida cristiana, no dejamos {Jamás|Nunca} el sendero de la Cruz. Ya en nuestro bautismo, siendo sumergidos en la muerte y la resurrección de Cristo nosotros hemos empezado a compartir su vida, y desde entonces está ella en el centro de toda nuestra existencia. “Si alguien {quiere|desea} seguirme”, {dice|afirma} Jesús, “ que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. (Mt 16,24). {Pero|Mas} María está ahí para humanizar la Cruz, {Porque|Por el hecho de que|Pues} Ella es mujer y madre, {Porque|Por el hecho de que|Pues} es inmaculada, “toda llena de gracia y de unción del Espíritu Santo”, su sola presencia trae una dulzura y una ternura que {permiten|dejan} atravesar las más grandes pruebas.

La cuestión no es saber si vivimos con grandes {O|O bien} de pequeñas “cruces”. Uno puede, efectivamente, dejarse aplastar por pequeñísimas contradicciones (que {Incluso|Aun} {A veces|En ocasiones} se cargan sobre toda la familia),

{Pero|Mas} {También|Asimismo} pueden llevarse con alegría, pesados sufrimientos, cuando nos es dada una cierta dulzura (cf V.D. 152-{154|ciento cincuenta y cuatro} ; S.M. 22): la de María al pie de nuestra cruz.

3) Un camino que Jesús recorrió para venir a nosotros:

Si pasamos por María para ir a Jesús, tomamos {El mismo|Exactamente el mismo} camino, que Él tomó, para venir a nosotros. {Luego|Entonces} este camino es doblemente humano:

– {Porque|Por el hecho de que|Pues} María es humana: Ella es una pura criatura, “tan humana, podría Ella decir, como el que más…”

– {Porque|Por el hecho de que|Pues} Ella es Inmaculada. Sabemos bien que el pecado nos “deshumaniza”.Cuanto más {santo|beato|santurrón} se es, tanto más humano. Habiendo Ella sido preservada de la culpa original, María es {perfectamente|a la perfección|con perfección|de forma perfecta|de manera perfecta} humana. El P. Montfort nos {dice|afirma} que es un camino que Jesús ha recorrido viniendo a nosotros, quitando {todos los|todos y cada uno de los} obstáculos que podían impedirnos de llegar a Él. Los otros caminos nos hacen pasar por “muertes extrañas”, “noches oscuras”, “agonías extrañas”, “montañas escarpadas”, “espinas punzantes” i “desiertos horribles”. Cuando se suman todos estos “obstáculos” que Jesús ha apartado, barrido del “camino” que le conducía {hacia|cara} nosotros, se llega a algo de “inhumano”, {Pues|Puesto que} nosotros hemos sido felizmente liberados por ese mismo camino que ahora lleva a Él.

7. VERDAD

Si {Dices|Afirmas} “yo me entrego a Dios….” No basta {amar|querer}, hay que {amar|querer} “en verdad”. Si alguien dijera: “ Amo a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso”, nos {dice|afirma} San Juan. “Aquél que no ama a su hermano a quien ve no sabría {amar|querer} a Dios a quien no ve” (cf Jn 4,20). El {verdadero|auténtico} amor a Dios es {Pues|Puesto que}, el amor a nuestro prójimo. En consecuencia, no podemos {También|Asimismo} decir, de {manera|forma} similar, que nuestra {verdadera|auténtica} consagración a Dios, es nuestra entrega total a una persona humana (con tal que {ésta|esta} esté vacía de Ella misma y “colmada de gracia”). ¡Tu qué {Quieres|Deseas} consagrarte a Dios, {comienza|empieza} {Pues|Puesto que} por entregarte {totalmente|absolutamente|completamente|plenamente} a una criatura que puede darte a Su {Creador|Autor}.

(San Luis María Grigñón de Montfort)

CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO {Por medio de|A través de} LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA

¡Oh Senor Jesús, Sabiduría eterna y encarnada!, {verdadero|auténtico} Dios y {verdadero|auténtico} hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, {Siempre|Siempre y en toda circunstancia|Siempre y en todo momento} virgen! Te adoro en la gloria del Padre, {Durante|A lo largo de} la eternidad y en el seno virginal de María, tu Madre, en el tiempo de tu Encarnación.

Te doy gracias {Porque|Por el hecho de que|Pues}, anonadándote, Haz Venido Al {Mundo|Planeta} -Hombre Entre los hombres y Servidor Del Padre- Para Librarme de la esclavitud del pecado.

Te alabo y glorifico Señor, {Porque|Por el hecho de que|Pues} has vivido en obediencia {amorosa|cariñosa} a María, para hacerme fiel discípulo suyo. Desgraciadamente, no he guardado los votos y promesas de mi bautismo y no soy digno de llamarme hijo de Dios. {Por ello|Por esta razón|Por este motivo}, {acudo|asisto} a la misericordiosa intercesión de tu Madre, {esperando|aguardando} {obtener|conseguir} por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión contigo, Oh Sabiduría Encarnada.

Te saludo, {Pues|Puesto que}, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha puesto su morada la Sabiduría Eterna para {recibir|percibir} la adoración de los ángeles y de los hombres. Te saludo, oh Reina del cielo y de la tierra: a ti están sometidas {Todas las|Todas y cada una de las} criaturas. Te saludo, refugio seguro de los pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.

Yo, [mencionar su nombre], {consciente de|siendo consciente de} mi vocación cristiana, renuevo {Hoy|El día de hoy} en tus manos mis compromisos bautismales. Renuncio a Satanás, a sus seducciones, a sus pompas y a sus obras, y me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz {detrás de|tras} El, en la fidelidad de {cada día|día a día|día tras día} a la voluntad del Padre. En presencia de toda la corte celestial, te elijo en este día por mi Madre y Maestra. Me entrego y consagro a ti, como tu esclavo, mi cuerpo y mi {Alma|Ánima|ánima}, mis posesiones tanto internas como externas, {Incluso|Aun} el valor de {Todas|Todas y cada una} mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando en ti, el entero y completo derecho de {disponer|contar con} de mi, y {todo lo que|todo cuanto} me pertenece, sin excepción, {de acuerdo|Conforme} a tu voluntad, para mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad.

Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala a tu Hijo: si El me redimió con tu colaboración, debe {También|Asimismo} ahora {recibir|percibir} de tu mano, el don total de {mí mismo|mí}. En adelante, deseo honrarte y obedecerte en todo como {verdadero|auténtico} esclavo tuyo.

¡Oh Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta consagración para prolongar en mí la {amorosa|cariñosa} obediencia de tu Hijo y dar {respuesta|contestación} a la misión trascendental que Dios te ha confiado en la historia de la salvación. ¡Madre de misericordia!, alcánzame la {verdadera|auténtica} Sabiduría de Dios, y hazme plenamente {disponible|libre} a tu acción maternal.

Colócame {Así|De esta forma|De esta manera|De este modo}, Entre Los Que Tú Amas, Enseñas, Guías, Alimentas Y Proteges Como Hijos Tuyos. ¡Oh Virgen Fiel!, Haz De Mí Un {Auténtico|Genuino} Discípulo {E|Y también} Imitador De Tu Hijo, La Sabiduría Encarnada. Contigo, Madre Y Modelo De Mi Vida, Llegaré A La Perfecta Madurez De Jesucristo En La Tierra Y A La Gloria Del Cielo.

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