Críticas “Josep Pla”

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Josep Pla y el ‘retour d’age’. A propósito de unas notas biográficas.

JOSEP PLA dejó para la historia una figura de escritor solitario con masía de Ampurdán al fondo, y lo mucho que sobre él se ha escrito no ha evitado que esa soledad seductora siga siendo prácticamente todo lo que tenemos de él. Desde hace ciertos meses, la colección Vidas Literarias de Omega ha puesto en circulación un libro esclarecedor de Arcadi Espada titulado Josep Pla y subtitulado, con la modestia que -en cuestión de títulos, se sobreentiende- caracteriza al autor, Notas para una biografía. Es un subtítulo que se específica en las primeras líneas del libro: “unas notas para la biografía, Todavía inexistente, de Josep Pla.” Aún inexistente. Bastan 2 palabras -ese magnífico sentido de la economía en la escritura que tanto desorienta a las inteligencias mediocres- para barrer de un plumazo la historiografía planiana y para situar al autor en su particular speaker’s corner.

La obra tiene como punto de anclaje las Notes per a un diari que Pla escribió entre 1965 y 1968. Al making off de este dietario último dedica Espada el prólogo, que sitúa al lector en las reglas del juego. Y las reglas del juego son éstas: que no hay manera -Hoy por Hoy- de saber cuáles eran las intenciones de Pla con con respecto a estas notas publicadas después de su muerte ni de saber hasta dónde llegó la censura que sobre ellas ejerció Josep Vergés, su editor. El clima, la cocina, A., son los temas perennes del diario. Los Dos primeros asuntos forman una parte de “la imagen decantada (no absolutamente exacta) que sobre él acabaría prefiriendo la historia.” Aurora Perea -la A. obsesiva de estas notas-, no. Se ocupó de ello el editor, que hizo desaparecer parte del manuscrito. Tampoco se ha encontrado la correspondencia entre Pla y la mujer. Es Aurora Perea, tiene cincuenta y 5 años y vive en un suburbio de Buenos Aires entre excrementos de pájaro, un marido jubilado y una cierta miseria.Con Aurora había vivido Pla en L’Escala en los años posteriores a la guerra. Luego ella emigró a la Argentina. Tras esas noticias de Aurora hay años de lecturas, de archivo, de pesquisas en Todas direcciones. Estas notas biográficas pudieron, En consecuencia, haber tomado la forma de una investigación académico sembrado de citas bibliográficas. No ha sido De esta manera, y el lector lo agradecerá. Las citas no afirman bien con la prosa de Espada: una prosa seductora exige no mostrar, en lo posible, los andamios y manejar el silencio, el arte de saber -y es ya mucho saber- lo que es conveniente dejar fuera de un texto.

Ha escrito en alguna parte que fue siguiendo los pasos literarios de Pla como se hizo un hombre.

Al hilo de las notas, irá tomando forma una etapa crucial en la vida del escritor, la etapa de la reescritura total de su obra, la etapa de la publicación de El quadern gris. Ahí está su miedo de no ser considerado un verdadero escritor -“sus esfuerzos por trascender los límites del periodismo”, dirá Espada-, su turbación ante la primera edición del libro, ante la hora que intuye como la de su verdad literaria. Ahí está También el programa estilístico de Pla, su conciencia de “la necesidad de una escritura clara, precisa y sobria” y su “desdén por las formas literarias ficcionales”. Es un programa que Exactamente el mismo Espada ha heredado. Ha escrito en alguna parte que fue siguiendo los pasos literarios de Pla como se hizo un hombre. Es natural, Pues, que el libro sea -Asimismo- la justificación de la poética del Profesor, de esa estética en tono menor que ha sido piedra fundacional de la suya propia.

Pla huye -y deja ver que huye- del estilo poético, del catalán almibarado de los juegos florales, desbarata la frase Para que no suene demasiado hermosa. Es Aquí donde entra en juego ese rasgo de su estilo que Espada define como “el clásico procedimiento planiano de soldar un pedazo de hierro a una orquídea”. Que su estilo sea antiliterario -que se limite a la reproducción de un lenguaje coloquial- es, No obstante, uno de los tópicos más extendidos en torno al escritor.Valéry declaró ley de la naturaleza que Solo con afectación sea posible defenderse de la afectación: exige un enorme trabajo estilístico llamar a las cosas por su nombre, dar con el adjetivo preciso: un hallazgo que, a juicio del propio Pla, le deja a uno irse tranquilamente a comer a casa sin envidiar nada a nadie. Esta cuestión del adjetivo se alza en Pla como el criterio De verdad del periodismo: si el adjetivo es exacto, resistirá, y el artículo no terminará envolviendo el pescado del día siguiente. El criterio tiene un serio inconveniente: plantado frente al supuesto carácter efímero del género, deja -se comprende- a muchos periodistas a la intemperie, y explica buena una parte de tanta lectura inquisitorial y de ese tufo a autor molesto que Aún desprende. Eso, y el lastre de la traición -más allá de que estuviese del lado franquista A lo largo de la guerra O de que se negara después a permanecer en las catacumbas-, por el hecho mismo de no haber escrito la novela decisiva en la construcción nacional de Cataluña.Una mezquindad, tratándose del escritor que colocó el idioma a la altura de su siglo. Y una maldición, si se cree que Aún le persigue -post mortem- ese fantasma de la novela, ahora que cierta crítica miope -nada garantiza que miopía y erudición no puedan ir de la mano- pretende hacer de El quadern gris un ejemplo de autoficción.

Pero dejemos los fantasmas y volvamos a las Notas, bastante más apegadas a lo real. Y escuetas,muy escuetas. La dificultad de navegar entre esas notas es evidente, Mas se comprende la fascinación de reconstruir la vida del Maestro, Porque en La gran crónica que es la obra de Pla falta la figura del escritor, que habría ejercido de magnífico revelador. Espada -Siempre y en todo momento más cerca de Sainte-Beuve que de Proust- apuesta por la necesidad de conocer la trastienda del autor, Pero Pla se lo pone difícil: apenas dejó piedrecillas en el camino y las que dejó forman -quién sabe si a conciencia- un laberinto de equívocos y medias tintas.

Es posible que tenga razón Gabriel Ferrater en la cita que abre el libro: “Su reticencia con respecto a la intimidad le impidió ser un gran escritor europeo”. Como Léautaud O bien como el mismísimo Montaigne. Quizá una querencia del oficio -el periodista es un tipo que habla mucho de los otros y poco de sí mismo-, Mas También ese pudor consolidado como un rasgo de carácter en la escritura memorialística catalana.

Si estas notas tienen interés, no es Solo Porque le permitan al biógrafo hacer emerger, apedazándola, la figura del viejo solitario, pesimista y incrédulo, con su boina y su modestia impostada, con su libertad de juicio, la figura de un Proust periodístico enfrascado en la reconstrucción de un Planeta perdido, sino Pues hay en ellas el esbozo de una sintaxis de la intimidad. No considerablemente más allí, es cierto, de los balbuceos en lo que Espada llama “prosa de agenda”. Cuando su madre muere, cuando agoniza Aurora, ese balbuceo se traduce en 2 palabras y un solo adjetivo, El mismo en las dos ocasiones: “La mamá en el baúl, con los cirios. Impresionante tema.” “(…) la catástrofe de A. es total. Impresionante noticia.” Impresionante es un adjetivo de bastante difícil encaje en el terreno de los sentimientos. Y No obstante, ahí está el dolor. Este forcejeo con la intimidad y con los sentimientos -advierte Espada- es incesante en los diarios. Y si la intimidad -dice- es “una secreción visceral Y también inconexa”, Sólo cabe una sintaxis que se acerque a la secreción.

La clave del diario y de su sintaxis está Tal vez en eso que los franceses llaman el retour d’âge. Pla tiene setenta años y sabe lo que es eso: en los últimos años de la vida hombres y mujeres pueden actuar de forma irrisoria. En la vejez, la imposibilidad del amor físico, el único que Pla reconoce -Stendhal, naturalmente- puede acentuar la imaginación -el “erotismo imaginativo de los viejos”, afirma-, y crear situaciones absolutamente grotescas, hasta el punto de eliminar el sentido del ridículo. Por temor al ridículo -un miedo que le persiguió desde su juventud- el escritor pedía para sí “una vejez sin imaginación”, y evitar el ridículo se convirtió en una norma de estilo.

Pla sostenía que la vejez es un proceso de enfriamiento del cuerpo. Quizá tenía razón aquel loco que acompañaba al Rey Lear al comparar el corazón de un viejo lujurioso con una pequeña hoguera en un campo solitario: una chispa, y todo el resto de su cuerpo, frío. El erotismo, que -como en Léautaud, dirá Espada- “redime a la vida de sus cargas.”

Pla Siempre desconfió de los sentimientos.

“La vida de un viejo colgando Aún del sexo”. La crónica del retour d’âge. “Josep Pla, masturbándose por escrito delante de sus lectores, de sus burgueses”. La oración, exige, naturalmente, signos de admiración. La extrañeza de ese salto en el vacío, de ese entregar las pudenda a la mirada general en un escritor que dedicó esfuerzos considerables a escamotear sus huellas al lector. Pla Siempre desconfió de los sentimientos. Aún años después, a punto de cumplir los ochenta, confesaba no haber escrito nada emocionado, nada que no hubiese pensado ya antes. Tal vez sea el hecho de ver los sentimientos desapasionadamente -como quería Orwell- una de las características del auténtico intelectual. Es verdad que la brevedad de la sintaxis, a la forma de Léautaud, no oculta en estas notas el tirón emotivo de los sentimientos, Mas le deja entrar en ellos armado hasta los dientes.

Pla, en efecto, lee a Léautaud por esas datas, y la prosa de estos diarios tiene una deuda con el Journal que el biógrafo detecta: en lo minucioso, en lo prosaico, en esa sintaxis de agenda. “La capacidad hipnótica de esta escritura es absolutamente sorprendente. Tan sorprendente y seductora como en Léautaud. Se trata de la banalidad y de la trivialidad […] Pero, naturalmente, no es en los sucesos donde cabe buscar el carácter extraordinario de la narración. Es la narración lo extraordinario. Narrarlos es lo que convierte a estos sucesos en algo fuera de lo común. Y lo que convierte al lector en un desconcertado insecto atrapado en la malla de una vida.”

La malla, No obstante, necesita en este caso un buen zurcido, Mas coser una historia con esa sintaxis inverosímil no era el propósito de Espada. Habría hecho falta un novelista. Imposible saber si las páginas censuradas por Vergés habrían dado forma a estas notas demediadas. Imposible También eludir la tentación de meditar en las revelaciones estilísticas -morales- que habrían podido aportar esas páginas secuestradas.

Descifrar el esquematismo de los diarios sin caer en el psicologismo era un reto. Espada llega hasta donde los diarios lo dejan.No más.Ha resistido a la necesidad de una historia: la historia de Por qué razón un hombre viejo envía dinero a una antigua amante que vive al otro lado del océano, la historia del marido que semeja aceptar no se sabe qué reglas del juego, la historia del encuentro entre esos 2 hombres en el suburbio de Buenos Aires, de las “jornadas bocaccianas” en el calor de la casa prefabricada, de las erecciones numeradas, de la desnudez, de la ternura. La historia, en fin, de una obsesión que absolutamente nadie podía imaginar.

Esa resistencia de Espada tiene su raíz en una determinada forma de comprender el oficio, en la convicción de que existe un periodismo infectado de ficción que suele tener Contestaciones para Todas y cada una de las preguntas y móviles para Todas las conductas -eso que ocurre en las novelas, Porque De esta forma lo permite el pacto con el lector-, y un periodismo auténtico que se detiene en esa intimidad y se limita a los hechos, También Porque Así lo exige el pacto con el lector, que es un pacto de veracidad y no de verosimilitud.

Espada -de suyo jinete solitario- ha cabalgado esta vez a lomos de un gigante. El libro está escrito a medias con Pla -glosa sus notas- y esa no es una circunstancia menor. Tenía sus riesgos, Pero la prosa del biógrafo -de reconocida filiación planiana- no desmerece a la del gran escritor, en castellano como en catalán, que fue Pla. De Espada, este párrafo perfecto: “(…) la escritura planiana es resultado de la sensualidad, del claro placer de poner por escrito el Mundo, de la fascinación de revisar De qué forma una palabra, examinada, sopesada, juzgada, basta para convertir la experiencia en algo manejable por el hombre. Del gusto de masticar las palabras y de infligirles obstinados tocamientos.” El pedazo de hierro y la orquídea, sin duda tema de familia.

Revista de libros, julio-agosto de 2005

XAVIER PERICAY

El achique

Es muy probable que, de no mediar el periodismo, Arcadi Espada Nunca hubiera aceptado el encargo de escribir una biografía sobre Josep Pla. O bien, cuando menos, una biografía de esta naturaleza. Si el tener que condensar en un número relativamente reducido de páginas -unas ciento cincuenta- la vida de un clásico de las letras hispanas ya resulta, de por sí, una tarea bastante difícil, más lo resulta, como veremos en seguida, en el caso de un clásico como Pla. Pero los periodistas -y Espada reúne esta condición- están acostumbrados a que su vida esté hecha de encargos. Incluso de semejantes encargos.

No es esta, claro, la única razón para otorgar al periodismo el papel de inductor de este libro. Hay más. Por un lado, Si bien el nombre del biografiado figure en algunas historias de la literatura, su vida y su obra no son, en el fondo, sino periodismo ejercido. Por otro, su biógrafo lleva muchos años meditando sobre el oficio, ya en los papeles, ya en los libros, ya en la red. Y, en fin, si Espada lee a Pla desde que tiene empleo de razón; si ha terminado por convertirlo, como él mismo confiesa, en alguien de la familia, ello obedece sin duda a que el propósito memorialístico del escritor ampurdanés -“luchar contra el olvido, dar testimonio de mi tiempo”- coincide con uno de los principales cometidos del periodismo.

“Notas para una biografía de Josep Pla” es hijo, Puesto que, de Todas estas razones. Un hijo deseado. Lo que no significa, claro, que el parto de la obra haya sido simple. Así como en La mayor parte de los ensayos de esta colección de la editorial Omega el destinatario del encargo tenía a su predisposición una O varias biografías de referencia en las que apoyarse sin miedo a perder pie -por algo se trata de clásicos-, en lo tocante a Pla esta base resultaba más bien movediza. Unos cuantos opúsculos divulgativos, una semblanza de su editor, algún estudio biográfico parcial y una biografía ambiciosa Aunque con el tiro equivocado no daban ciertamente para estar tranquilos. Asimismo había, es cierto, ensayos sobre su obra que aportaban datos, precisiones O correcciones sobre su vida. Mas, Todavía De esta manera, Ni tan siquiera la suma de todo lo precedente permitía afirmar que existía una auténtica biografía del escritor -algo sólido, establecido, como habría dicho el propio Pla-. Quedaban períodos oscuros -la guerra civil, las primeras décadas del franquismo-, había materiales a los que no se podía acceder -en especial, una parte de la correspondencia-, ciertos documentos habían desaparecido; en una palabra, demasiadas lagunas.

Dada la situación, ¿qué podía hacer el autor del ensayo para cumplir con el encargo? Puesto que, seguramente, lo que ha hecho Espada: ser siendo consciente de las restricciones y tratar de sacarles partido. Esto es, renunciar a la biografía y quedarse en las notas previas. O, si lo prefieren, achicar el campo de estudio y ceñirse a un periodo y a un método específicos. En lo tocante al periodo analizado, por causa de necesidad; y en cuanto al método, por simple convicción. Por lo demás -y eso es, al cabo, lo que importa-, el resultado de la operación demuestra lo acertado del planteamiento: esas “Notas para una biografía” constituyen sin duda alguna a estas alturas la mayor contribución al conocimiento de un hombre llamado Josep Pla, sin que ello quite ningún valor, Evidentemente, a los logros de trabajos precedentes.

Para alcanzar su objetivo, Espada ha concentrado sus fuerzas en un diario que Pla llevó entre 1965 y 1968 y que no fue publicado sino después de la muerte de su autor, en 2 partes: a finales de 1981 aparecieron las notas correspondientes a los Dos últimos años, y en 1986 las correspondientes a los Dos primeros, Aunque estas últimas sin algunos pasajes, censurados por el editor Josep Vergés por su supuesta “obscenidad”. El diario no había merecido hasta la fecha mayor atención, Tal vez Por el hecho de que no se semeja en nada al resto de su obra autobiográfica. Para iniciar, no hay en él, en apariencia, reelaboración alguna, ningún amago de reescritura. Luego, el estilo es sumamente conciso, telegramático, como de estricto apunte práctico. Y luego, Aún, se trata de la única obra de Pla donde asoma la intimidad, una intimidad a la que había sido Siempre y en todo momento reticente, lo que le había impedido -lo señalaba Gabriel Ferrater en 1967- “ser un gran escritor europeo”. Con todo, el interés de este diario También proviene de la trascendencia del periodo abarcado: Durante este tiempo Pla cumple setenta años, publica El cuaderno gris -libro con el que inicia su Obra completa en Destino, que alcanzará las treinta mil páginas-, pierde a su madre y, Por encima de todo, recupera y pierde por siempre al gran amor de su vida, Aurora. De ahí que, como dice Espada en el prólogo de su libro, “por los diarios” circulen “los ríos primordiales de la vida de Pla. Incluso los subterráneos”. Siguiendo su curso -remontándolo en La mayor parte de los casos-, el biógrafo ha extraído de este concentrado lo esencial de una vida.

Mas el achique practicado por Espada no afecta Solo al periodo; Asimismo al método. Y en ello radica, a mi juicio, La enorme singularidad del libro, su indiscutible valor. Es más: de no haberse impuesto su autor esta segunda restricción, estoy convencido de que el ensayo apenas hubiese diferido de cuantos le han precedido. Esa limitación consiste en abandonar a la disciplina que había servido hasta la fecha para acercarse, con mayor O menor fortuna, a la vida y la obra de Pla, y en rescatar del olvido 2 instrumentos de análisis que habían sido sistemáticamente marginados -O bien reducidos, cuando menos, a una función vicaria-; en renunciar a la literatura -a sus presupuestos, a sus estrategias- y en recurrir a la filología y al periodismo. O bien lo que es lo mismo: en olvidarse de la ficción para no acatar otro orden que el de la realidad.

De este modo, recurrir a la filología significa ante todo, en palabras del propio biógrafo, hacer aflorar los “ríos” que circulan por los diarios e “introducir cauce y sentido” allá donde sea preciso. Mas significa Asimismo entablar un diálogo incesante con el texto y con su autor; pararse en una palabra, observarla, darle la vuelta, manosearla; aproximarse a otra, especular sobre su naturaleza, reflexionar en voz alta, Aun a riesgo de regresar con las manos vacías. Por otro lado, recurrir al periodismo supone tener en cuenta los hechos, y la propia existencia de este diario como hecho mayor. Y También supone, claro, entender que este diario, Exactamente por su tono gris, por su reiteración temática y estilística, por su falta de impostación -Es decir, por su sinceridad narrativa-, es lo más parecido al relato de un hecho. De un hecho tal como el periodismo entiende que ha de ser narrado.

El resultado de esta doble operación de achique a la que Arcadi Espada ha sometido su objeto de estudio es Verdaderamente espectacular: lo que hasta la fecha no era sino más bien un fantasma se ha convertido en un hombre. Es la primera vez que esto sucede, la primera que tenemos a este hombre delante. Desnudo. Sin filtros. Sin que nos estorbe la interferencia incesante del personaje literario. Sin que su imagen, como ocurre en la Biografía del solitario, de Cristina Badosa , deba llegarnos Por medio de la voz de Adi Enberg, la mujer con la que vivió más años y a la que seguramente no quiso más que de un modo eminentemente práctico. Es la primera vez que el retrato de Josep Pla atiende tan Solo a la limpia crudeza de los hechos: un hombre viejo, obsesionado por una mujer, Aurora, por la que cruzará un par de veces el Atlántico. Un viejo devorado por el erotismo. Un viejo: sus manías, sus placeres, sus delirios, sus miserias. La vida misma.

El Cultural, once de abril de 2005

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

Semeja fuera de discusión que el hilo conductor de la literatura de Josep Pla (1897-1981) es su propia vida, y que las treinta mil páginas que ocupa la edición catalana de su Obra Completa no son sino más bien el apabullante recorrido de un inmenso dietario.

Lo asombroso es que, pese a la existencia de este casi inabarcable testimonio de primera mano, la vida del ampurdanés siga siendo un misterio. Semeja claro que el admirador de la prosa de Pla, de su inconfundible tono y capacidad de sugerencia, puede prescindir de ulteriores aclaraciones. Incluso De esta forma, las peculiaridades del personaje autobiográfico que Pla construyó justifican esa necesidad de pronunciarse sobre El mismo que semeja asaltar a tantos estudiosos.

A esta necesidad responde el libro de Arcadi Espada, apropiadamente subtitulado “Notas para una biografía de Josep Pla”. Partiendo de la glosa de unos diarios poco conocidos del ampurdanés, encara Espada los aspectos cruciales de su trayectoria literaria y vital: su modo de abordar la intimidad, O de soslayarla; su acomodación al Mundo literario y periodístico del franquismo; la originalidad y valía de su obra; el significado de su voluntaria retirada al Ampurdán tras la guerra civil… Hay Aun una vaga trama narrativa, la constituida por la añoranza que el anciano Pla muestra cara una misteriosa mujer con la que vivió algún tiempo tras la guerra, y con la que sostiene ahora una voluntariosa relación epistolar.

Tiene el lector la sospecha de que Espada fuerza un poco la situación de partida, echa sobre las espaldas del hombre viejo una excesiva ansiedad erótica y estira demasiado los hechos A fin de que acojan con naturalidad las necesarias digresiones explicativas e interpretativas. Con todo, literariamente, el ensayo de Espada es impecable; su amenidad y su agudeza se imponen a cualquier reparo que podamos plantear; y el retrato resultante es bastante convincente y aporta pistas relevantes para una adecuada comprensión del personaje. La frialdad del estilo, en este caso, resulta engañosa: Espada escribe con pasión, polemiza abiertamente con otros biógrafos de Pla y despliega su ironía cara las cautelas y prevenciones que el catalanismo político y literario ha desplegado para digerir la figura del mayor escritor en lengua catalana del siglo XX.

Asimismo es de agradecer que el ensayo de Espada evite la tentación de confundir al personaje con su caricatura, ya sea la propia O la trazada por otros. No se regodea en la socarronería, la avaricia O bien el presunto cinismo planianos, ni se obliga a tomar prudente distancia del controvertido pensamiento político del escritor. Un caso: para Pla, afirma Espada, la República De España fue “un régimen meramente verbal”. Y pesa más este juicio, tan sumariamente sacado a colación, que los mil atenuantes sentimentales O políticos que el biógrafo pudiese añadir (Espada se abstiene) para salvar su propia opinión a este respecto.

Más convencional resulta la imagen del ampurdanés que ofrecen las Conversaciones con Pla y Dalí de Luis Racionero. El anciano que comparece en este libro logra plenamente estar a la altura de su personaje: displicente a ratos, reticente, divertidamente incongruente, no pocas veces logra desconcertar a su interlocutor y obligarlo a replegarse a las posiciones seguras de su admiración previa Y también incondicional. No hay conversaciones propiamente dichas, sino mera anotación de ocurrencias planianas. Y Quizás el mayor chiste de Pla sea sugerir a su interlocutor que usual También a su posible contrafigura, el otro ampurdanés ilustre: Salvador Dalí. Las visitas de Racionero a este último le deparan una interpretación plausible de los dos. Uno y otro representan, afirma, las Dos caras del carácter ampurdanés: la racionalista y práctica, por un lado, y la que deriva de la socarronería al absurdo, por otro. Los dos experimentaron la necesidad de complementar cosmopolitismo y apego al terruño. Y ambos ofrecen, en sus últimos años, cumplidos ejemplos de soledad irreductible, Más o menos disimulada por la escenografía preferida de cada Como: la masía campesina, el circo surrealista. Tal vez Pla, sugiere Racionero, logró Fallecer En las razonables pautas que escogió para su vida. Un buen punto final, diríamos, para las muchas desazones de hombre viejo que planteaba el otro libro Aquí reseñado.

Cuadernos de Pensamiento Político, abril de 2005

IGNACIO TORRIJOS

Esta es la historia de un señor, Josep Pla (Palafrugell 1897-Llofriu 1981), que en sus libros semeja que se nos pone lírico, Pero acaba comparando el desfloramiento de los almendros con el vacío fundamental que sintió una vez en Cerdeña cuando le robaron la cartera. Un señor que, no obstante, afirmó de sí mismo: “Yo tiendo en público, O cuando escribo, a combatir el sentimentalismo por pornográfico y antihigiénico, Pero la verdad es que, personalmente, soy una suerte de ternero sentimental evanescente”. Un señor que no paraba de liar cigarrillos junto al fuego en busca de un adjetivo, Por servirnos de un ejemplo para la luz de la mañana, Mas que de viejo se evocaba universitario “ya tan realista y materialista como ahora -Tal vez más que ahora-“. Este señor, en fin, que en las entrevistas despejaba preguntas sobre el amor por considerar que eso era un disparate ajeno, Pero que en un cuaderno sesentón escribió que se había dormido “durísimo”, Es decir, erecto.

Se lo pasa uno muy bien leyendo este libro: si ya se conoce a Pla, Porque se le reconoce en planos más hondos y escorzos imprevistos; y no si no se le conoce, Por el hecho de que se le descubre y dan ganas de conocerlo. Por emplear una terna de adjetivos, como era clásico en el estilo de nuestro señor ampurdanés, diremos que este libro es amenísimo, magnífico, certero, Pues en él, desenvainado, a punta de Espada se nos entrega a Pla, en una esgrima literaria cuyo desenlace es, una vez exhibido Pla, el deseo de leer También más a Espada.

El libro se estructura en Dos partes. La primera parte corresponde a los comentarios que hace Arcadi Espada al hilo de unos diarios de Pla de los años 1965, 1966, 1967 y 1968. La segunda parte es una selección de textos de Pla: “Un infarto de miocardio” (del libro “Notas para Silvia) y un fragmento del libro “Notas del crepúsculo”, obras, las dos, de senectud. Espada, cuya excelencia como ensayista no es preciso subrayar, advierte en el prólogo: “Este libro pretende ser lo que señala su título. Unas notas para la biografía, Todavía inexistente, de Josep Pla”. No obstante, sus páginas son más que una notaría de vivencias de Pla, Pues, aparentemente limitadas entre las orillas de unos apuntes autobiográficos, atraen todo el caudal de una vida y terminan por darnos el río completo del personaje. No Solo esto: Espada nos guía De tal modo corriente abajo, que cuando llegamos a la parte segunda, O sea a los textos del propio Pla crepuscular, tenemos la sensación de que nos había mostrado todo ese paisaje A fin de que disfrutáramos mejor del momento en que el protagonista nos revela por propia mano su desembocadura: infartado, Mas sano de pura libertad: “He tratado de ser un hombre libre y, de momento, En mi absoluta restricción, lo he conseguido. ¿Existe Acaso mayor fortuna?”.

“Es evidente -escribe Pla- que la cosa que me ha apasionado -hasta el delirio- ha sido mi oficio. Lo he sacrificado todo a mi oficio, Pero Es posible que Aún haya habido una cosa que me ha apasionado más: mi libertad privada, íntima y pública. Comparado con esto, todo el resto lo doy por una pipada de tabaco”. Espada, tan amante como exigente con uno de sus maestros, se apresura a raspar la palabra “delirio”, Por el hecho de que en el vocabulario planiano “los delirios Acostumbran a ser Siempre y en todo momento de los otros”. Más sensual que ética, fruto “del gusto de masticar las palabras y de infligirles obstinados tocamientos”, la obra de Pla alcanzó las treinta mil páginas encuadernadas, Luego de atravesar la censura de Primo de Rivera, la censura fascista de Italia y de Alemania y la censura de Franco (después de la intimidación de la República). Por lo demás, “Pla fue desde su juventud un catalanista moderado que osciló entre la seducción intelectual y política de Acció Catalana y la seguridad ideológica y práctica de la Lliga de Cambó”. “A lo largo de la guerra civil tomó partido por los franquistas y trabajó a sueldo de Francesc Cambó (…) Mas está muy lejos de aplaudir el régimen que surgió de la Victoria”.

Los tres fenómenos permanentes en el diario de Pla del que se vale Espada son éstos: el aspecto del cielo, la calidad de los alimentos, la obsesión de Aurora. Es Aurora (A. en el diario) a quien recordaba Pla al declararse “durísimo” cuando se duerme aquella madrugada… Pero otras muchas veces esta mujer le quitará el sueño: “No he dormido un solo momento en toda la noche. Taquicardia, fatiga del corazón, erotismo”. La vida de un viejo colgada Aún del sexo, como comenta Espada, que da noticia cabal de la personalidad de A., Aurora Perea Mené, con la que vivió Pla en ciertas localidades ampurdanesas y a la que visitó allende el mar -y tocó los “maravillosos muslos”- cuando ella se fue a América, cincuentona de buen ver, mejor tocar y caliente Charlar, esposa de un setentón en una casa mísera y llena de animales, con el suelo cubierto de papel de periódico para las deposiciones, en Buenos Aires. “Escribo en verde”, anotaba el señor Josep al referirse a A.

Un día de sol, sin nieblas. Copiemos medio al azar una oración cualquiera del diario de Pla de esa fecha: “A las diez me hago un revoltillo de Dos huevos, tomates y calabacín, que resulta excelente”. Y ahora veamos lo que de forma inmediata, a continuación, escribe Espada: “Se cumplen las condiciones básicas de la vida: la soledad elegida, con el eco Todavía de las voces de anoche (resaca de una fiesta en multitud, lo cual le agradaba); el clima tónico y los alimentos frescos, bien cocinados…”. Con trampolines como ése, en apariencia triviales, Arcadi Espada salta Por encima de la anécdota para encajar cada detalle en el cuadro de una vida y darnos una visión cenital. Sobrevolamos con él, De esta manera, la biografía. Trae el autor en el pico una ramita de Acá, otra de allí, y al final resulta que hemos visto casi entero el árbol de Pla.

Sus grandes viajes, que duraron décadas. Su retirada a la casa de Llofriu tras la Guerra Civil -hasta la muerte-, y allí, sin más compañía que la de una sirvienta, el memorialismo, la morosa reescritura. La memoria de una educación fría, si bien caldeada por los pucheros de una madre que “educó su boca”. El whisky. Baroja, Leopardi, Proust, Stendhal, Montaigne… El dinero: “A mi entender -dice Pla- , la moneda es lo más importante en la vida: no me refiero a la moneda en sí, sino más bien al precio de la moneda. He rechazado colaboraciones Porque estaban demasiado bien pagadas”. La juventud, “esa edad siniestra”. El contraste entre la impostada indiferencia de Siempre hacia su ingente obra (“insignificante, yo no creo en mí”) y su pregunta, ya prácticamente agonizante, al editor Vergés: “¿Se venden mis libros?”. Las virtudes simbólicas que más apreciaba Pla: “el trabajo, el orden y la ausencia de cualquier exhibicionismo dramático”. “El Cuaderno gris”, que en 1966 marcó la frontera entre su consideración de periodista y su celebridad como escritor. Elusión del matrimonio: “Jamás me he metido en la vida de cualquier contemporáneo, sea hombre O bien mujer. De ahí que no me haya casado”. Las cosas claras: “En política, todo se reduce a una cuestión transaccional. Cuando la transacción termina, el desorden y el hambre son inmediatos”.

Cachondo latente O eremita de masía, trotamundos hablador O vividor solitario del vuelo gallináceo más próximo, Pla se convirtió en la mayor fronda de la historia de la lengua catalana y en tallo principal de la lengua De España. Con la misma mezcla de calidad y sutileza de aquel a quien honra, Arcadi Espada nos presenta al hombre que alcanzó esa doble estatura literaria. Son las notas sobre un gigante. Acorde con ello, la nota que saca Espada es altísima.

Ojos de papel, marzo de 2005

JUSTO SERNA

Arcadi Espada es un acreditado periodista, realmente bien dotado para la crónica (De esta manera se llama la sección que Hoy día publica en la edición catalana de El País) y con varios libros publicados, ciertos de ellos galardonados con premios, en los que el autor hace reportaje y reflexión sobre el género, reportaje sobre la vida y su relato, narración de la existencia y de lo que otros nos han contado de la existencia. Resulta conveniente retener ese hecho, Pues cuando Arcadi Espada escribe no lo hace Solo sobre un objeto, el que sea, sino sobre lo que sus predecesores han dicho ya antes de que él lo abordara. Es También nuestro periodista un obstinado defensor de ciertas causas que juzga inaplazables y que le sirven para definir y definirse, para comprometerse. Comprometerse, en el sentido de asumir un compromiso, y comprometerse en la acepción de ponerse en un compromiso.

Este hecho, tan común en la escritura de Espada, lo ha llevado a tener conflictos, probablemente inevitables, con algunos de sus colegas O con quienes lo veían como un adversario luciferino O bien un oponente empeñoso. Piénsese, Por poner un ejemplo, la circunstancia de Contra Catalunya(Barcelona, Flor del Viento, 1997), que le granjeó O bien confirmó la ojeriza de los nacionalistas catalanes O piénsese en Raval. Del amor a los niños (Barcelona, Anagrama, 2000), que le llevó a hurgar en las heridas de una profesión, la suya, a la que reputó de culpablemente fantasiosa en un caso judicial. En esos libros no Sólo se abordan el ‘pujolismo’ O bien la pederastia, sino más bien Asimismo la posición del propio autor, que no amaga, que no se oculta, y se exhibe mostrando sus posiciones con estruendo crítico.

Ahora, Arcadi Espada ha escrito una biografía de Josep Pla para la editorial Omega. De entrada, el tema semeja más amable, como Asimismo se nos antoja amable el tratamiento que dicho objeto semeja requerir: abordar la vida de un autor grande, como sin duda lo fue Pla, es una tarea menos complicada que un presunto delito O bien las consecuencias de una política de partido. Y, No obstante, el libro de Espada resulta conflictivo. Sin duda, Pues Josep Pla fue un personaje incómodo en una Cataluña que se ha pensado en clave nacional. Pensemos, Por servirnos de un ejemplo, que Eugeni d’Ors fue de bastante difícil asimilación para la cultura en lengua vernácula al abandonarla como medio de expresión literario. El sumario contra Pla tiene que ver considerablemente más con sus posiciones en la guerra civil y con su arraigada adhesión a un conservadurismo ideológico, algo imperdonable y sobre todo inclasificable para una concepción que hace del catalán y del progresismo una aleación evidente. Ahora bien, el escritor ampurdanés es parte del canon desde hace tiempo, Al menos desde que apareciera El quadern gris, y ya absolutamente nadie discute su valía propiamente literaria, y Por tanto el objeto no escuece como décadas atrás. Pero el volumen de Espada puede juzgarse conflictivo Pues aborda las posiciones de Pla con contundencia expresiva y destapa, Tal vez con un cierto estrépito verbal, las cosas que menos gustan del escritor y que resultan ser las cosas que más agradan al periodista barcelonés.

La colección en la que está publicada esta obra lleva por título “Vidas literarias” y tiene por proyecto congregar a “los más prestigiosos autores contemporáneos” con el fin de escribir “la biografía de los clásicos de las letras hispanas. Cada libro”, prosigue el editor, “ofrece al lector la vida y la obra del escritor narrado en un estilo creativo, personal y literario”, incluyendo, Además de esto, “una selección de textos de la obra del clásico hecha por el propio autor”. Además del de Arcadi Espada he leído otro par de volúmenes, en este caso los que firmaran Eduardo Mendoza y Fernando Savater, dedicados a Pío Baroja y a Jorge Luis Borges respectivamente, volúmenes de los que hice un par de reseñas para Ojos de Papel. Allí admitía que estos libros eran ‘introducciones’ a los clásicos, sin darle a esa palabra ninguna acepción elemental ni negativa. Hay una superstición muy común, decía, que es la del menosprecio culto de las ‘introducciones’, tal y como si una introducción pudiera hacerla cualquiera frente a la gravedad y énfasis de la monografía académica. No obstante, una introducción a un autor es el reto cultural más decisivo, y las mejores son resultado de la inteligencia, de la ironía, de la intuición, de la capacidad de compendiar lo esencial sin herir la dificultad del escritor. Las mejores son, efecto, un ejercicio de comprensión –en el estricto sentido que le diera Dilthey a esta expresión– y un ensayo de autoanálisis. Algo de esto se aprecia en los volúmenes de la colección de la editorial Omega, Puesto que Si bien no tienen vocación documental ni exhaustiva cumplen de manera perfecta con su cometido: atraer, crear nuevos lectores.

En el caso que ahora nos ocupa, si la principal meta de esta colección es despertar el interés por la creación De tal O bien Como clásico, actualizar su lectura, vivificarlo, entonces Notas para una bibliografía de Josep Pla lo consigue. Incluso Aunque no se esté Conforme con el estilo acerado del autor O Aunque podamos discrepar de su enfoque y resolución. Sé Al menos de un lector que dice haberse sumergido en las páginas de El cuaderno gris (en la versión castellana que hicieran Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros), páginas que Todavía no había catado, al sentirse acicateado por la radiografía que emprende Arcadi Espada, al sentirse Incluso escandalizado por el trazado áspero de ese retrato. Aceptemos que este nuevo adepto de Pla se las promete muy felices: tendrá la fortuna de abandonar al biógrafo para descubrir una a una las páginas innumerables del autor ampurdanés, la fortuna de poder leer indefinidamente a un sabio que ignoraba. Mas ya antes de sumergirse en ese caudal inagotable, convendrá reparar en esta biografía.

Arcadi Espada retrata a Pla, Evidentemente, y de sus páginas se consigue una efigie humana, limitada y carente, rica y patética, Quizá una evocación que de todo hombre podría hacerse si tuviéramos a un biógrafo benevolente. Pero, si lo miramos bien, creo que a quien mejor retrata el periodista barcelonés es a sí mismo. Espada se muestra, se revela, se confiesa, se desnuda vicariamente, tomando al ampurdanés como alter ego, como interlocutor. Habla de su radical individualismo frente las pertenencias colectivas, algo que comparte con el ampurdanés. Habla de su gusto por contrariar lo obvio, lo que de él se espera. Habla de su aprecio por la idea de realidad, esos hechos que están ahí fuera, frente al dominio O bien al imperialismo de la ficción O las novelas O las novelerías. Habla de su desdén de manera voluntaria parroquial y cosmopolita del nacionalismo, algo que ha convertido a Espada en una historia legendaria local, de Cataluña. Habla de su aceptación elitista de lo rutinario, de aquello que niega lo tontamente sublime. Habla de su exaltación del amor carnal, de lo físico, de la carnalidad y de los fluidos, lejos de sofisticaciones impostadas. Son estos unos temas Aproximadamente presentes en Pla, Pero sobre todo son demonios de Arcadi Espada, en el sentido noble que le diera a esta expresión Mario Vargas Llosa. Es De ahí que Con lo que el genuino interlocutor de su libro no es Pla (O el lector), sino los fantasmas a los que se encara O bien los autores contra los que arremete O ignora con porfía.

Alancea manifiestamente a Josep Vergés, se distancia voluntariamente de Joan Fuster O bien de Xavier Febrés, olvida de manera expresa a Josep Maria Castellet, silencia deliberadamente a Xavier Pla y niega explícitamente cualquier acierto a Cristina Badosa, algunos de los autores mayores que con anterioridad se habían acercado a la obra del escritor ampurdanés. Convierte, Puesto que, los textos de Josep Pla en objeto de controversia, en un campo de batalla en el que se libran lances domésticos, los propios de un pequeño país, Cataluña, en el que la crítica literaria es También una suerte bélica. ¿Por qué Espada obra De este modo? ¿Algo que objetar? Forma una parte de su estilo de escritura, de su incendiaria O luciferina manera de abordar lo que le disgusta O lo que juzga insostenible O bien lo que estima desechable. Él sabrá: yo, por no ser especialista en Pla, no puedo entrar en estas polémicas, Mas tengo para mí, habiendo leído a los rivales como efectivamente los he leído, que hay en las páginas de Josep Vergés, de Joan Fuster, de Josep Maria Castellet, de Xavier Pla y de Cristina Badosa ideas muy aprovechables, valiosas, acertadas, Precisas, que no se pueden rechazar O bien ovidar. Más Todavía, me atrevo a decir que hay en sus obras compendios y juicios que ya no puede negar ningún lector que haya venido después.

Cuando en intervenciones paratextuales O bien extratextuales ha justificado su tratamiento de los precedentes suele indicar Arcadi Espada que una parte fundamental de la literatura planiana, Quiero decir, de la literatura sobre Pla, la han hecho autores que no le eran próximos. De esta manera, tendríamos a estudiosos que no lo entendían (Joan Fuster) O bien no lo querían (Cristina Badosa), analistas que, en el fondo, le negaban su principal cualidad, la virtud realista (Xavier Pla), editores que lo aseaban O bien se escandalizaban (Josep Vergés), biógrafos que no acaban de trazar el panorama exacto de una vida compleja (Xavier Febrés) O críticos que, a la postre, le perdonaban su caudal y su excelencia (Josep Maria Castellet). Examinemos brevemente esa circunstancia y, de todos los autores posibles, abordemos Dos casos: la presunta falta de comprensión de Fuster cara la obra del ampurdanés y la relación implícita de Arcadi Espada con Xavier Pla, seguramente el autor que con mayor sutileza ha emprendido el examen filológico más depurado.

Para no haberlo entendido, Pla aceptó de buen grado el largo prefacio que el ensayista valenciano hizo a la Obra Completa, Pues, como le confesaba en una carta privada (recogida en el primer volumen de la ‘Correspondència’ fusteriana, Valencia, ojeada i 4, 1997), “el Sr. Vergés me ha enviado su prólogo, que he leído con gran interés. El prólogo está realmente bien y les estoy muy agradecido”, un agradecimiento que seguramente se remontaba a muchos atrás, Pues ya el primer artículo de prensa que Fuster publicó en el periódico Levante, en 1952, era una inteligente aproximación a la creación del ampurdanés, cosa que podemos constatar en la recopilación Llegint i escrivint(Valencia, Prensa Ibérica, 1995). Pero dejemos a Dos viejos amigos, a Fuster y Pla, que tantas páginas y elogios y conversaciones se dedicaron y que ha exhumado con erudición admirable Isidre Crespo (De Fuster a Pla. Gandía, Alfons el Vell, 2002) y reparemos en el segundo caso de mala comprensión de la obra del ampurdanés.

Me refiero a la que presuntamente habría cometido Xavier Pla. Este último es Profesor de la Universidad de Gerona y es responsable, entre otros estudios, de un indispensable volumen (Josep Pla. Ficció autobiogràfica i veritat literaria. Barcelona, Quaderns Crema, 1997) que Espada no cita en el texto en ningún momento ni tampoco en la bibliografía final. Con toda probabilidad, la causa esté en el repudio que de la mezcla de ficción y realidad hace periódicamente Espada y que manifestó con contundencia cuando le hice la entrevista para Ojos de Papel. Sólo en un determinado momento, en la página sesenta y tantos de su libro, el periodista barcelonés parece tratar al rival rechazado y aborda su tratamiento sin mencionarlo hablando de “futuros intentos metodológicos como el de caracterizar el conjunto de la crónica planiana como un caso de autoficción”. Esta tesis sería para Espada una “fantasía que, al lado del desesperado intento de incrustación de la etiqueta ficcional sobre la literatura planiana, fracasa gravemente desde el principio. Por el hecho de que Pla no es en modo alguno un escritor ‘auto’, O sea, presto a la exploración profunda del yo. ¡No Digamos ya lo que pensaría de la exploración del yo ficcional!”. Admite Espada que Pese a tener por principio el relato de la realidad, la obra de Pla está llena de fallos, lapsus O bien maquillajes, y justamente esos datos reforzarían su pretensión realista u objetivista. “Los desajustes entre la realidad y la literalidad hacen las delicias de determinados profesores y Tal vez justifiquen toda una vida pasada a la sombra”, concluye.

No me da la sensación de que la vocación de veracidad que pueda haber en la obra del ampurdanés desmienta la pretensión de determinados profesores, de Xavier Pla en específico, O de su predecesor más inteligente: el Josep Maria Castellet de Josep Pla i la raó narrativa. Primero Pues la declaración de un autor sobre su propia obra, Aun cuando se inserta en el texto, es Solo un criterio más (y no necesariamente el más esencial), un factor paratextual que podrá O no ser tenido en cuenta O bien una confesión de cuya verdad podemos dudar si hay otras pruebas que la contradicen. Por otra parte, la autoficción no significa que un escritor se refiera a sí mismo, sino que el yo se expresa y se justifica vicariamente tratando objetos: se rehace, se compone e incluso se embosca, abordando objetos distintos y distantes. Pero hay más. Por alguna razón que no revela Espada en su biografía, la hostilidad implícita cara Xavier Pla contradice las expectativas que en 1997 le había despertado, Conforme podemos leer en Contra Catalunya. “Pocos ejercicios literarios tan fascinadores como reconstruir en la densidad de la crónica planiana la figura del cronista que la trazó; como verificar, Por lo que respecta a las pocas huellas íntimas ofrecidas por el personaje narrativo, qué tiene ese personaje de real y qué de legítima impostura estratégica”. Es en ese momento cuando Espada añade una nota al pie muy reveladora: “Éste parece ser, al fin, la meta de algún docto investigador. A falta de leer su tesis, centrada en ese tema y presentada en 1996 en la Universidad de la Sorbona, no hay duda de que el prólogo escrito por Xavier Pla a Cartes a Pere (Destino, 1996) abre una vía de investigación lúcida Y también interesante en el complejo magma planiano”. Bien, la tesis aludida se presentó, en efecto, y el volumen citado más arriba es su destilado y, sin duda, los objetivos y los resultados no han variado. ¿Entonces…?

En fin, yo creo que en el juicio sobre la bibliografía sobre Josep Pla (que estaría hecha, insisto, por autores Incluso hostiles) hay por una parte de Arcadi Espada una evidente exageración que se compadece bien con la necesidad de fundamentar la propia obra, la necesidad del tratamiento que el biógrafo le ha dado a su objeto. Como no le agrada ninguno de los libros que lo han abordado, el periodista barcelonés está con sinceridad convencido de dar una visión mejor argumentada y presentada del ampurdanés. Al lado de si esto es De esta manera O no, juicio que dejo al lector, creo, Sin embargo, que la proximidad O bien la simpatía de un biógrafo no son cualidades imprescindibles. Es más, en opinión del propio Pla son un obstáculo, Pues, como leemos en sus Notas dispersas, “si alguien quiere algún día escribir una biografía, no le va a hacer ningún daño pensar en esta observación de Mr. Arthur Balfour: ‘Las biografías tendrían que escribirlas los enemigos inteligentes de los biografiados’. Es una manera bastante fina de decir que en estos entierros, a los amigos y a los admiradores, por muy triunfales que sean, nadie les ha dado vela”. Bien, yo creo que esto Asimismo es una exageración de Pla, Pero Quizás no le falte razón cuando nos advierte contra los biógrafos que admiran el objeto de su relato: es probable que de nuestros adversarios aprendamos mucho, justamente Porque aprecian nuestras debilidades y contradicciones y, Por consiguiente, es probable que sean más útiles para el conocimiento. Pero Espada no es Exactamente un rendido admirador de Pla que asee al Muerto, sino un lector que no Siempre y en todo momento se deja deslumbrar por el genio indudable del ampurdanés.

Ahora bien, fuera de estos reproches O bien dudas, me pregunto qué procedimiento emplea Espada para contar la vida y la obra de Pla. Dicho a bote pronto, me parece que el procedimiento que emplea es ingenioso, Aunque algo tramposillo al unísono. ¿En qué consiste? Proseguir uno de los diarios más escuetos, crípticos e inconexos de Pla (titulado Notes per a un diari, 1965-1968) para anotar Espada sus propias reflexiones a partir de una letra O bien de unas palabras insuficientes, para comentar con exégesis lo que literalmente dice el ampurdanés O bien para reproducir sin más lo que el diarista escribió. Con esta operación da demasiado y, al unísono, da demasiado poco, Pues retoca a Pla en función del antes y del después de esos años (1965-1968), lo completa y añade lo que la literalidad del documento no registra por su deliberada brevedad. Quiero decir: el procedimiento es interesante e inclusive diría que ‘microhistórico’: toma un atajo, una vía de ingreso en un dominio (todo Pla) que es enorme y al que se accede por uno de sus textos. Ya digo, es interesante: convierte estos diarios escasos en vía de acceso, en una puerta de ingreso a ese Mundo inacabable, en ese “complejo magma” que es Pla, un modo muy económico de ahorrar la lectura de documentos incontables. Mas Asimismo es una forma de retar y de retarse con un texto oscuro, cifrado casi. Con ello nos muestra su arrojo O bien su temeridad, como se desee, y cree franquear el silencio.

La vía adoptada en una investigación para describir O bien narrar no es obvia ni está dada O bien impuesta de antemano ni está fijada por el objeto. Los objetos pueden ser estudiados de modos muy distintos y nada garantiza que la elección de un camino en frente de otro sea jerárquicamente la más esencial O bien excluyente. En consecuencia, son los valores del observador los que guían la selección y dirigen la mirada, empezando Así un proceso cognoscitivo que aspira a dotar de significado a las acciones estudiadas, en este caso las palabras anotadas por Pla. Esas palabras aluden a hechos humanos y forman una parte de una urdimbre significativa, un contexto semántico que hay que desentrañar, a lo que parece entregarse Espada. Es decir, ese suceso oscuro O estas abreviaturas O bien esta económica descripción habría que interpretarlos para traducirlos a un nuevo lector. De ese modo, lo que en principio parecía extraño, sorprendente O bien excepcional, indescifrable, termina viéndose como una posible vía de acceso que permita entender el Planeta de Pla. No obstante, Espada opera A veces forzando la literalidad del diario, añadiendo de manera expresa lo que no tiene, tomando el texto original como pretexto para extenderse en hechos que nada tienen que ver con la entrada del dietario. De ahí que, el apéndice documental, que no procede curiosamente del diario de 1965-1968, sino más bien de otros dietarios Mas apreciados (Notas para Silvia y Notas del crepúsculo), parece ser una marca de veridicción, de simple y temerosa confirmación.

Es Por eso Por lo que esta entretenida biografía la veo desajustada, un texto en el que la pesquisa se sacrifica a la glosa, un procedimiento interesante, ya digo, Pero Quizás perezoso, un modo de Arrojar luz fragmentaria en un Universo que exige paciencia estudiosa, Aun erudita, de Maestro, algo que el propio Arcadi Espada y Xavier Pericay ya lo señalaban años atrás en su introducción a la edición castellana de los Dietarios en Espasa: Notes per a un diari, leemos en la primera llamada de aquel prólogo, exigía un “notable aparato crítico-biográfico”. ¿Por qué razón? Por el hecho de que como admite el propio Josep Pla en el prólogo del volumen de las Obras Completas que recoge el dietario de 1967-1968, es este un “relato esquemático”, sin “ningún pensamiento sublime ni ningún hecho extraordinario”, un relato en el que todo pretende ser directo, escrito con “un perceptible malhumor O una notoria intrascendencia”, Incluso con rutinaria repetición que se añade tediosamente: “tot com sempre” O “em llevo com sempre, tard i malament”. Evidentemente, si Así es la narración rutinaria, entonces se requiere un relleno posterior por parte del biógrafo, relleno que podría haberse evitado adoptando otra estrategia de presentación de la vida, una estrategia de archivo. De ahí que, el esquematismo narrativo de Pla se reemplaza en el libro de Espada con el ya antes y el después, con la glosa sobre la vida precedente y posterior, con el brillo de una prosa eficaz, económica, aforística. Una prosa eficaz, económica, aforística, en la que menudean, suponemos que deliberadamente, catalanismos sorprendentes.

Quizás, la intimidad preservada de Pla, esa reserva que se aprecia en sus Notes es lo que ha impedido a su aventajado discípulo desentrañar algo más de ese Planeta propio que el ampurdanés protegió con tanto ahínco y elocuencia en frente de biógrafos inquisitivos. Y este asunto, el de la intimidad en parte desvelada por Espada, es con toda probabilidad el aspecto potencialmente más escandaloso para algunos lectores. ¿Escándalo? No se piense que juzgo Así dichas páginas por mojigatería O bien simple circunspección. Creo, por el contrario, que los párrafos en los que el biógrafo insiste en el erotismo declinante de Pla (esas presuntas erecciones sobre las que conjetura Espada O bien ese recuerdo de la amante antigua, de Aurora, a la que tanta importancia da) son Quizás algo reiterativos. No Deseo decir con ello que no fueran esenciales en ese período de la vida del ampurdanés. Lo que Deseo decir es que Arrojar luz sobre una etapa tan corta de la vida basándose en un material documental tan escaso y tan escueto facilita una recreación demasiado libre, muchas licencias para un biógrafo que, Tal vez, no debería haberse consentido. Aunque, ahora que lo pienso, esa libertad que Espada se da Quizá se deba a lo bien aprendidas que tiene las lecciones del posmodernismo. Téngase en cuenta que el biógrafo posmoderno es aquel que sabe que su biografiado es, en efecto, un magna inaprensible al que Sólo se puede acceder fragmentariamente, montando piezas de un puzzle que Jamás casarán, una recreación en parte aventurada Y también imaginada de pensamientos y de sensaciones que Solo pertenecieron a un tercero. Ésas son la paradoja y la imposibilidad del género biográfico, Según nos enseño Jorge Luis Borges en su Evaristo Carriego, un Borges que ha apadrinado con su ejemplo todos los experimentos, las parodias y los collages posmodernos que han venido después. ¿Estaremos con la biografía de Arcadi Espada ante un artefacto literario de índole posmoderna, en donde la conjetura sobre una palabra O sobre un silencio abre un campo de posibilidades interpretativas? Si es Así, en ese caso habría que leer el volumen como si de una ficción involuntaria se tratara, no en el sentido de la mentira, Como es lógico, sino más bien en el de la experimentación con la verdad.

Avui, veinticuatro de febrero de 2005

AURORA I OCÀS DE JOSEP PLA
ASSAIG
JORDI LLAVINA

El títol de debò apareix en la portadella de la pàgina onze.

Tot i el títol que apareix en la sobrecoberta, la coberta i la portada del llibre -imperatius editorials manen-, l’autor titula el seu treball Notas para una biografía de Josep Pla. Resulta un fet habitual en aquesta col·lecció, en què “los más prestigiosos autores contemporáneos escriben la biografía de los clásicos de las letras hispanas”. El títol de debò apareix en la portadella de la pàgina onze. Es tracta -ara ja deixant a banda aquesta collonada editorial amb la qual no acabo de saber ben bé per què he començat l’article- d’un llibre suggestiu i provocador, com tots els del periodista i teòric del gènere Arcadi Espada. Escrit amb una gran consciència estilística -un tret comú, també, a la resta de llibres del barceloní-. Acá, per exemple, Espada hi fa servir la tècnica del pastitx per imitar les anotacions dietarístiques del biografiat (O de l’anotat). L’obra ja va per la segona edició, i la Fundació Pla l’ha declarat non grata.

En una nota dels diaris d’aquells anys, Pla asevera que els malalts el deixen frigorificat.

L’HOME ‘FRIGORIFICAT’
Espada redacta les seves Notes a partir dels diaris que Josep Pla va escriure entre els anys 1965 i 1968. Ens dóna notícia, per tant, del darrer tram de la vida de l’escriptor empordanès, tot i que els ponts -els links- cap a la vida passada són, per descomptat, freqüents i constants. Però el període abastat són els últims quinze anys de la vida de Pla, quan aquest passa llargues temporades al seu Mas, escrivint, força desenganyat de tot. Tot i això, l’home de l’abric no es priva de voltar, viatger impenitent com és -els seus viatges a l’Argentina, posem per cas.
L’èxit de públic i de crítica que termina de tenir El quadern gris -primer volum de la seva Obra completa, publicada per Destino- marquen un moment decisiu en l’existència de l’escriptor gairebé septuagenari. El relat d’Espada fa ressaltar el contrast notable entre el desori vital del personatge i el moment dolç que està vivint la seva obra. En una nota dels diaris d’aquells anys, Pla asevera que els malalts el deixen frigorificat. Doncs bé, aquest magnífic neologisme es podria aplicar, amb força precisió, a aquests anys que aborda el biògraf. Àpats irregulars, un erotisme atrabiliari i patètic, l’obsessió per Aurora. I, alhora, el revulsiu joiós de l’obra, que travessa un període pletòric.

Espada retreu a l’escriptor el seu mutisme respecte a la guerra.

AURORA PEREA MENÉ
La dona dels diaris en què Espada recolza el seu relat -A.- és Aurora Perea Mené, l’última dona, pel que sembla, que va estimar Josep Pla, amant seva a Barcelona anys enrere. O l’última dona de la qual l’escriptor es va sentir a prop, en la mesura que sigui. En el període analitzat, Aurora ja viu fora, a l’Argentina, en una casa de fusta més aviat poc còmoda, plena d’ocells i d’altres bestioles. Pla encara té ocells al cap, i cada mes li envia diners a l’ex-amant. Ella, a canvi, li tramet cartes.
Al meu entendre, hi ha, com a mínim, quatre idees particularment suggestives en el llibre d’Espada. Vull dir, a part del paper preponderant que en la cosa cariñosa -O bien amatòria- hi té Aurora. Coses no vistes fins ara, O no prou vistes. Periodista com és, l’autor destaca la filiació i el perfil professionals del biografiat. Espada fa servir l’expressió “enquadernar el periodisme”. Gairebé trenta mil pàgines. Tradueixo de l’original: “Hi ha periodisme en el mètode planià d’elaboració de l’obra. I en la mateixa decisió de fabricar una obra completa hi ha una voluntat de lluitar contra els estralls de la memòria que suposa la sepultura hemerogràfica del periodisme”. Aquesta primera idea no està gens malament.
Una altra qüestió calenta. Espada retreu a l’escriptor el seu mutisme respecte a la guerra. La qualifica d'”estratègia de l’oblit”. D’això ja se n’ha parlat més, no cal dir-ho, i des de punts de vista i posicionaments ideològics també variats, la majoria dels quals perversos. (Segona gran idea.)
Més. Pel que fa, ara, a aspectes formals, estètics. Tenia poc menys de vint anys, que Pla ja sabia què volia ser de gran. Havia madurat un programa estètic, en tres punts. Primer: aspirava a elaborar una escriptura clara, precisa i sòbria. Segon: proclamava la superioritat de la prosa respecte a la poesia. I, tercer: desdenyava, si no detestava de dret, les formes literàries ficcionals.

Espada es mostra crític amb els crítics.

UN “ORIGEN PATRIÒTIC”
De resultes del primer punt, Espada insinua que en l’adopció del seu estil tan característic (“el to menor, el grau zero, el quadern de color gris, en definitiva”) hi ha un “origen patriòtic”. Que l’estil de Pla representa, per dir-ho ras i curt, “un factor de construcció nacional”. Idea-força del llibre (la tercera, en el meu resum). Idea força opinable, també.
Espada es mostra crític amb els crítics. Se’n fot una mica de la feinada de tants orfebres de la filologia que es cremen les celles en aspectes que, pel seu gust, no mereixerien gaire atenció. Despatxa la biografia de Cristina Badosa amb aquestes paraules: “En la biografia d’Adi Enberg que amb el títol equívoc de Josep Pla, biografia del solitari escriurà Cristina Badosa”… Provocatiu. Pur estil Espada.
A banda tot això, de la lectura del llibre en resulta un personatge controvertit, que a les seves velleses continua fruint amb la lectura de Montaigne, Léautaud i Proust, i que continua mantenint “la seva vaga disposició per escriure sobre les coses que ha vist”. (Trobo, en un paper de Pla titulat Als setanta-cinc anys, aquesta reflexió en forma de pregunta: “Que he estat un home de tornada de tot? Això potser es podria discutir”.) Un Pla que anota, al diari, l’aspecte del cel, la qualitat dels aliments, la seva obsessió gairebé de vell xaruc per Aurora. I les seves ereccions nocturnes, però mai els somnis que ha tingut. El neopaganisme planià, en expressió de l’autor de Raval.
I una altra idea que contribueix a conformar un perfil determinat de l’escriptor (la quarta): el biògraf diu que, malgrat el que la història comuna ens n’ha transmès, Pla estava obsessionat per la seva obra. Que l’obra pròpia era l’única cosa per la qual sentia una veritable obsessió, a banda aquella altra fal·lera cada vegada més pàl·lida per Aurora. I poca cosa més. En aquesta època, el de Palafrugell no té pràcticament amics. Moments d’amistat, sí. Però amics, no.

AMOR-ODI AL PROGRÉS
Pla, mal citador. Molt gelós de la seva llibertat (allò que els publicistes i periodistes d’ara en diuen privacitat). Un Pla que manté una relació d’amor-odi amb el progrés. Fins i tot hi ha un Pla poeta, que treu tímidament el cap en aquestes pàgines. I, quant a la diabòlica mania d’escriure, llegim una cosa que ja hem llegit moltes altres vegades. Es tracta de clarícies respecte al mètode curiós de retallar i enganxar de què l’escriptor sempre es va servir en la seva magna obra. La “confusió inextricable i immensa” (ell ho deia de la Recerca proustiana, però se li pot aplicar igualment a ell, sense corregir-hi res). El plagi O bien, més sovint, l’autoplagi.
El relat d’Espada s’obre amb una citació mordaç de Gabriel Ferrater, que assegura que la reticència de Pla a la intimitat és el que li va impedir de ser un gran escriptor europeu. I es tanca amb la notícia del signe d’admiració amb què Pla va cloure l’última de les seves anotacions dietarístiques. Un llibre candent, doncs, que deurà fer arrufar el nas a més de deu i a més de cent i tot. Un llibre que fóra bo que generés debats fecunds sobre l’obra i la figura d’uns dels escriptors més grans -colossals- que ha donat la literatura d’aquest país i, segons Espada, també d’aquest Estat.

Babelia, 19 de febrero de 2005

Aguardando A JOSEP PLA
Notas del escritor catalán, correspondencia y documentos de él y sobre su persona y obra han servido a Arcadi Espada para aproximar esta figura de las letras a los lectores.
RAFAEL CONTE

Con una gran edición denominada “canónica” ?Mas que no lo es? que ha encerrado sus más de treinta mil páginas escritas (O bien reescritas) en catalán, en 47 gruesos volúmenes, Aún seguimos careciendo de una verdadera edición de la obra completa de Josep Pla (1897-1981), sin duda el mayor escritor de las letras catalanas ?y uno de los más grandes de las españolas Generalmente? del siglo XX. Y no Será Exactamente por la falta de atención de uno de sus grandes valedores, Arcadi Espada, compañero en estas mismas páginas, que acostumbra a regresar a él como las moscas al panal de su miel preferida, cada vez que cuenta con el mínimo pretexto. Y ello Tal vez por el mayor de los motivos, Puesto que Arcadi Espada es sobre todo un enorme periodista, un buen entrevistador para iniciar, un todoterreno del género ?hasta en la informática?, un reportero excepcional (como demostró en su insuperable y premiado Raval que justificó los elogios del propio Sánchez Ferlosio, y al que Sólo le faltó tener razón), un Profesor y un verdadero “escritor en los periódicos” (González Ruano se autobautizó De esta forma y su herencia ha pasado Mediante Umbral a sus múltiples herederos de El día de hoy) que dignifica el género de la prensa elevándolo Por medio de la literatura que ostenta y muestra hasta ese gran retorcimiento metaperiodístico que le valió el Premio Espasa de Ensayo con sus Diarios hace un par de años. Bien, la cosa está clara, Josep Pla fue un enorme periodista y es y Será un enorme escritor, que resulta ser el mejor modelo para su ?pese a sus reticencias? gran discípulo que resulta ser el propio Arcadi Espada, eso es todo.
Pues bien, lo primero que advierte Espada es lo que este libro es y no es, “unas notas para una biografía, Todavía inexistente, de Josep Pla”, Aunque en su bibliografía final parezca contradecirse, Puesto que figura en primer sitio el libro de Cristina Badosa Josep Pla, biografía del solitario, de 1997; está claro, Aunque no se diga, que la biografía de la Badosa no es buena, Pues se basa más en el testimonio de quien fue su mujer, la noruega Adi Emberg, Pero de la que vivió separado más de la mitad de su larga vida. Por su parte, Arcadi Espada ha preparado, en estrecha colaboración con otro gran Especialista en Pla ?y su mejor traductor actual Xavier Pericay?, los Dos gruesos volúmenes de sus Diarios (Espasa, 2001 y 2002) que reúnen 4 de los grandes “dietarios” de su obra completa en catalán (el uno y esencial El cuaderno gris, en la clásica traducción de Dionisio Ridruejo y su esposa Gloria de Ros), más el doce de Notas dispersas, para el primero, y las Notas para Silvia (el 26) y las Notas del crepúsculo (el 35), estos tres últimos títulos en La gran traducción de Pericay. Como se ve, la labor de los dos colaboradores en el relanzamiento de Pla en castellano, Como la agitación mediática que le sucedió, incluida alguna sesión de debate en el seno de la Fundación Pla de Palafrugell, donde las actuaciones de Arcadi Espada no estuvieron exentas de reticencias, Pues su gran modelo Nunca estuvo a sus ojos exento de fragilidades ideológicas. Para Espada, Pla fue un gran conservador ?como para Valentí Puig? lo que le acerca Quizá a la visión que tuvo de él el escritor valenciano Joan Fuster, cuyo gran prólogo a su obra catalana completa Quizás molestó al propio Pla, Pues no admitió fácilmente la comparación entre la ideología “del payés” y la del campesino O bien “mujik” presoviético.
Bien, para un experto en Pla como Arcadi Espada, no cabe duda de que su personaje oculta muchas más cosas que las que revela y que Aún existen en su torno demasiadas incógnitas. Así las cosas, Arcadi Espada ha querido renovarse en el material empleado hasta el instante, echando mano de unas “notas” para los diarios de los años 1965, 1966, 1967 y 1968, ya publicadas en catalán por Vergés, Pero Aún no incluidas por completo en su Obra completa Todavía parcial, que ha seguido siendo objeto de toda suerte de censuras y manipulaciones, tanto por parte de su gran editor, Josep Vergés, como por las de sus respectivos herederos y hasta por la de la fundación de Palafrugell que lleva su nombre, lo que va formando a estas alturas una maraña bastante compleja Y también inacabada.
Considero un acierto que Espada haya empezado estas “notas” con la descripción pormenorizada de los apuntes que Pla dejó esbozados para recordar cuatro años de su vida ?1965, 1966, 1967 y 1968?, que Vergés publicó en catalán (y que parcialmente están en el volumen treinta y nueve y el complementario A, que no completó nada) Aunque están censurados y algo manipulados, comoconfesó el propio editor, Con lo que Todavía estamos aguardando la versión genuina. Entre otras muchas cosas, las razones de la censura fueron sobre todo eróticas, Pues no hay ni rastro de los últimos amores del escritor (que Aquí se señalan con la inicial de “A”) una mujer a la que vio en 2 de sus últimos viajes a Argentina (ella vivía allá, ya casada), a la que ayudaba económicamente y con la que mantuvo rebosante correspondencia, cuya huella semeja haber desaparecido. Pero Espada que colaboró con Beltrán Gambier y la especialista Anna Caballé en la identificación de la misteriosa letra inicial (Aurora Perea, modista y antigua compañera de Josep Pla, que vivía casada y en modesta posición en Argentina, donde También fallecería después), con quien mantuvo correspondencia ya antes y tras su exilio, de la que hay constancia en las notas de Pla Mas que no han aparecido Todavía, algo de lo que Arcadi Espada se protesta insistentemente. Puesto que si Josep Pla no fue Precisamente un “hombre cubierto de mujeres”, ni un ligón, Puesto que se mantuvo Siempre y en toda circunstancia en un tono totalmente frío y antisentimental y de una discreción bastante absoluta?nocreía en la interioridad, que le parecía ridícula?, la verdad es que mantuvo numerosas relaciones con el sexo contrario, Siempre y en toda circunstancia Dentro de los límites de un materialismo total, que configuraba por completo su concepción de las relaciones amorosas.
Espada describe las notas de Pla en tercera persona con total fidelidad y hasta completando las censuras supuestas, con lo que expone las 2 obsesiones finales de su vida, la presencia creciente de la muerte ?por entonces murió su longeva madre, y Además recoge en la antología final el estremecedor fragmento “un infarto de miocardio”, incluido ya en el segundo tomo de los Diarios, donde se describe con total frialdad el primer aviso que padeció en 1972 (9 años ya antes de su muerte) y sus días de siguiente hospitalización? y una recrudescencia del erotismo en sus recuerdos y últimas experiencias en sus relaciones con “A”, ya desenmascarada, pese a la ausencia de las cartas cruzadas entre ambos, que describe comoun retour d’age final conmovedor, que Jamás podrá terminar bien. Menos mal que en la última y breve parte antológica recoge una especie de charla final ?en la excelente traducción de Pericay? donde el gran escritor resume su existencia, y que forma un enorme canto a la vida. Todo lo que demuestra que Arcadi Espada ha efectuado un buen trabajo de acercamiento a la espléndida figura de su Maestro, y que Solo le falta completarlo cumpliendo una promesa que nos ha dejado pendiente y que no cabe duda, dada su bien pertrechada tenacidad, que pronto cumplirá: escribir la biografía completa de esa gran figura que se llamó Josep Pla Casadevall.

Levante, once de febrero de 2005

I ARCADI ESPADA DESCOBRÍ JOSEP PLA
Una aproximació incompleta, poc reeixida, a l’autor d'”El quadern gris”
ALFRED MONDRIA

I és que de vegades fa la impressió que ens trobem amb un biògraf que toca d’oïdes.

Un dels espectacles més insòlits i grotescos a què ens han acostumat alguns estudiosos de la literatura catalana consisteix a dir-li a Josep Pla què és el que hauria hagut d’escriure. Ja fa alguns anys Ramon Alcoberro acusava l’escriptor de Palafrugell de no haver-se dedicat amb exclusivitat a la novel·la. Cristina Badosa ?un altre cas clínic? a banda de rememorar-nos que Pla mai no podria haver estat un marit modèlic, ens alliçonava sobre la maligna ascendència política ?un antitotalitari granític, em pense? que des de ben jove enterbolí la seua obra. Ara s’hi afegeix, a aquest grup d’elit, el periodista Arcadi Espada: Josep Pla, a més de cometre el pecat literari de camuflar la seua intimitat en excés, deixà passar l’oportunitat d’escriure un enorme llibre sobre la Guerra Civil espanyola i esdevenir així un autor total. Perquè això sí, tots ells tenen la fórmula magistral que Pla, desgraciadament, no tingué la sort de conéixer.
El sistema que utilitza Arcadi Espada és resseguir els dietaris que van de l’any 1965 al 1968, i així anar puntejant i estirant el fil d’aquestes notes per remarcar els aspectes que considera més definidors de la personalitat de Josep Pla, vital i literària. Qualsevol al·lusió al clima, la joventut, les lectures, la gent que freqüentava el Mas, els menjars, són el detonant per enseñar les facetes més representatives de l’autor d’El quadern gris. El que ja queda més difús i embullat és el que pretén Arcadi Espada amb aquesta mena de biografia, fragmentària i a estones lírica; postmoderna, que dirien els que en saben, d’aquestes coses. En el garbuix de sentències professorals, mirades que pretén insolents, ajustaments de comptes, aplaudiments i retrets a l’autor, la sensació és ben estranya. Com si volguera dir-nos que ell és el millor lector de Pla i alhora el més políticament incorrecte.
Els 2 viatges que Josep Pla féu a l’Argentina ben a prop dels setanta anys per retrobar-se amb Aurora, a més de la relació ?passada i present?, són la base d’aquesta peculiar biografia. La mítica lletra A. dels dietaris, joia sexual, obsessió que Pla duia arrapada a la pell. A partir d’ací aventura hipòtesis, converteix Aurora en heroïna del llibre i amb posat de setciències fa creure’ns que ha arribat a l’ànima recòndita de l’escriptor. Arcadi Espada grata darrere de cada línia i de cada adjectiu, i s’ho passa d’allò més bé amb les referències eròtiques i masturbatòries dels quaderns i les anhelades cartes. Fins i tot s’exalta repetidament sobre aquest afer, amb aires de velleta escandalitzada i libidinosa. Com diria W. H. Auden, aquest abús de l’exclamació seria més comprensible en les pàgines que escrivia la reina Victòria.
Les idees narratives de Pla també tenen un lloc destacat. Arcadi Espada renega de L’Àlbum de Fontclara, però jutja excel·lent La vida amarga. Sense citar-lo, Valentí Puig és objectiu dels seus trets, per la reivindicació que fa del Josep Pla novel·lista, a més de ser evident que L’home de l’abric es un assaig davant el qual es troba incòmode, irritat. A Xavier Pla poc més que el menysprea; la proposta d’autoficció com a punt de partida per entendre el tarannà i la literatura de l’autor de Notes Disperses també rep una bona garrotada.
Ara bé, com era previsible, una de les víctimes amb qui més s’acarnissa és Josep Vergés. Potser que l’editor de Destino intentara exercir un control pretorià sobre Pla, O que no fóra especialment generós a l’hora de passar-li els talons bancaris, però la complicitat entre tots Dos ha estat de les més fructíferes per a la història de la nostra literatura. Magnífic editor, vulguem O bien no, en català i en castellà, fou a més la persona que Pla trià per a l’edició de l’Obra Completa després del suïcidi de Cruzet. Pel que fa a la configuració i criteris de selecció, podran agradar més O menys ?pels milers de lectors, sembla que molt?, però les decisions quant a format i contingut dels volums són de Pla. Arcadi Espada alça un poc més el llistó: ara la qüestió no és tan sols assenyalar què hauria d’haver escrit, sinó també com ho hauria d’- haver publicat.
I és que de vegades fa la impressió que ens trobem amb un biògraf que toca d’oïdes. Igual subratlla que Pla sabé mantindre distància amb el franquisme que més endavant insisteix que el seu paper en la Guerra Civil fou una vergonya que sempre arrossegà. L’herència és irrisòria, i no té res a veure amb el projecte explicitat de fer una novel·la sobre Aurora. Afirmar que El quadern gris l’enfocà en la joventut per si de cas fracassava, és una de les piruetes més inversemblants d’aquest llibre. Que qualifique Eugeni Xammar com a model rigorós de periodisme anglosaxó tampoc no està gens malament. Sobretot després de conéixer, Por medio de les cartes que s’intercanviaren en l’etapa berlinesa, la visió acusadament tronada que tenia Xammar de la política catalana: en alguns moments candorós, d’altres un perill públic.
Les observacions sobre la construcció de la memòria planiana són vagues, imprecises, com és no perfilar millor l’impacte de Proust O creure’s al peu de la lletra la teoria de l’espill stendhalià. Això sí, sabem que Pla comença a beure whisky l’any 1958. Malgrat tot, més que acords O reticències, anàlisis més O bien menys encertades, el que sorprén és el to del llibre, com si en tot moment ens estiguera anunciant grans revelacions que a poc a poc van esvaint-se. Darrere d’aquest intent d’homenatge a Pla hi ha una visió que es vol impertinent, provocadora, però que no para de créixer sobre una capa de gel massa fina. Ser insidiós i estar al marge de no se sap ben bé què. Que hi farem, fins i tot per a jugar a ser infant terrible ?en el periodisme i en la literatura? no està de més tindre alguna cosa interessant a dir-ne.

Letras Libres, febrero 2005

ENSAYO
Retrato del artista maduro
FÉLIX ROMEO

Vivía en su masía de Llofriu, Gerona.

Arcadi Espada es un apasionado de la obra periodística de Josep Pla. Lo ha escrito En muchas ocasiones y lo ha dicho otras tantas, como en los programas especiales de Negro sobre blanco que Fernando Sánchez Dragó dedicó a Josep Pla. La defensa de Arcadi Espada de la faction frente a la fiction: De qué manera hay que limpiar la prensa escrita de fiction y llenarla de faction. Pero en Josep Pla, su primer ensayo largo sobre el escritor ampurdanés, no se ocupa de su obra periodística sino de Notes per a un diari, el diario que escribió entre 1965 y 1968, Durante El mismo tiempo en que preparaba y conseguía editar El cuaderno gris, el libro que acabaría convirtiéndose en el más esencial de su extensa obra. Notes per a un diari no se publicó Nunca en vida de Josep Pla, y existen Aún Hoy algunos Inconvenientes con el manuscrito, relacionados, como de costumbre, con el trabajo del editor Josep Vergés, que A veces se excedía en sus funciones. Notes per a un diari no ha sido Jamás traducido al castellano y Arcadi Espada traduce los fragmentos que cita.
El ensayo de Arcadi Espada (Barcelona, 1957) sobre Josep Pla está articulado en forma de glosas a las Notes per a un diari. La glosa es un género que practica habitualmente Arcadi Espada, a menudo en su blog en Internet: www.arcadi.espasa.com. La glosa le permite saltos temáticos en el discurso; le deja sugerir; le permite tocar temas completamente diferentes en un breve espacio; le deja saltar de un argumento a otro argumento; le permite concentrar el pensamiento prácticamente homeopáticamente; le deja el humor y la seriedad; le deja la confidencia y el guiño; le deja, Asimismo, eludir los temas peliagudos; le deja la erudición y el impresionismo; le deja la interpretación y el subrayado; le deja Charlar de los muchos pasados y de los muchos presentes; le permite exponer ideas y lanzar ocurrencias; le deja construir biografía y sugerir la autobiografía; le permite la exégesis y la crítica; le permite la ligereza y, algunas veces, la densidad. Arcadi Espada utiliza todos y cada uno de los recursos que deja la glosa. Es curioso, cuando menos, que Arcadi Espada utilice la glosa, el género que consagró a Eugeni d’Ors, el escritor ante el que se rebeló estéticamente Josep Pla, Aunque Entonces coincidieran en ciertas ideas políticas.
El ensayo de Arcadi Espada es un diario sobre el diario de Josep Pla.
Josep Pla tenía 68 años cuando empezó a escribir las Notes per a un diari. Vivía en su masía de Llofriu, Gerona. Llevaba una vida tranquila: le gustaban la charla con los amigos y la buena comida, que raras veces disfrutaba. Seguía escribiendo artículos y reportajes, y recopilando esos artículos y reportajes, ligeramente modificados, en libros. Seguía publicando sus volúmenes de Obra completa, azuzado por su editor, Josep Vergés. Su situación entre los escritores catalanes era bastante difícil, Porque había aceptado escribir en castellano: era casi un traidor. Pero ¿cómo no ser un traidor si lo único que sabe hacer es escribir y no se puede vivir de escribir en catalán? Josep Pla había apoyado a Franco en la Guerra Civil, como La mayor parte de la gente de Cambó, y de alguna forma seguía apoyándolo ante la incertidumbre de un futuro que podía ir a peor. Eso no le impedía estar totalmente desencantado: la represión, la censura, la negación de la cultura en catalán… Que no estaba muy confiado en lo que le podía deparar el futuro, lo evidencia su esfuerzo por poner a buen recaudo su dinero, en Suiza, asesorado por gentes de toda confianza de la dictadura. Leía a Paul Léautaud y a Marcel Proust, con fascinación. Seguía enamorado de A., Aurora Perea, que había marchado a Argentina, donde se había casado con un hombre mucho mayor que ella y contrahecho. Josep Pla estaba completamente enamorado de Aurora desde hacía muchos años y le escribía cartas continuamente, con la esperanza de que ella las contestara, Si bien lo hiciera tarde y con desgana. Tal vez Aurora Solo le escribe Porque Josep Pla le envía dinero todos los meses. Las cartas que Aurora le escribe despiertan el deseo de Josep Pla, en medio de una segunda juventud, la última juventud. Sigue haciendo largos viajes a América Latina con el único propósito de estar con ella unos días en Buenos Aires, Si bien los reviste, Incluso ante su familia, como viajes de trabajo.
El ensayo de Arcadi Espada es una reflexión sobre esta historia de amor, O, más apropiadamente, sobre esta historia erótica, entre Josep Pla y Aurora. De qué forma alguien que ocultó tanto su vida íntima se expuso tanto en sus Notes per a un diari. Cómo el escritor que se dedicaba a contar Sólo lo que veía, su aportación al periodismo y a la literatura, se mostró tan desnudo en estos textos de los años sesenta. Josep Pla ya no volvió a escribir, hasta su muerte en 1981, ningún otro diario.
Josep Pla es un libro que rebate otros libros, en singular la biografía de Josep Pla que escribió Cristina Badosa, Josep Pla. Biografía del solitario (Alfaguara), construida a la medida de Adi Enberg, una de las mujeres de Josep Pla y fuente primordial de información de la biógrafa.
Arcadi Espada glosa a Josep Pla y trata de ofrecer una visión ajustada de Josep Pla. No todos y cada uno de los perfiles de Josep Pla resultan gratos y Arcadi no los rehuye. El Josep Pla de Arcadi Espada es el escritor maduro, aquejado de un sarampión cariñoso adolescente que le lleva, Incluso, a escribir poemas. Es un Josep Pla complejo, que seduce. Esperemos que este primer ensayo sobre Josep Pla de Arcadi Espada no sea el último.

*

En algún sitio se refiere Josep Pla al libro que quiere componer como “una pared con figuras”. Una pared, una pared roja para ser precisos, era Josep Pla en los días de mi juventud barcelonesa.Entraba uno en una librería y allí estaban los libros repartidos en sus secciones: narrativa autóctona, narrativa traducida, poesía, ensayo, historia… Y más allá, apartado y solo, como si fuera un género literario, la pared roja de Pla: los tomos de su obra completa.
Borges afirmaba que hay autores que son ellos solos una literatura.Otros son ellos solos una enciclopedia. Una enciclopedia desordenada en la que se jibariza el Planeta y una existencia es traducida a literatura. Es el caso de Pla. Su primer libro publicado se titulaba Cosas vistas. Estaba tejido con elementos variopintos que se adaptaban con perfección a lo que explicitaba el título: personajes, lugares, sensaciones con las que el autor había topado.El éxito del libro obliga a sus amigos a Solicitarle que escriba novelas. Y Pla dice: Mi trabajo es otro, ¿qué mi género es inferior?, ya vamos a hablar, yo tengo una vaga disposición para escribir las cosas que he visto.
Y a eso se dedica en sus libros siguientes, en su reportaje sobre Rusia, en Relaciones, en su dietario de Madrid. Le obsesiona Proust Por el hecho de que su Mundo contiene cosas directamente vividas y cosas vividas por un sinnúmero de gente: es una obra hecha sobre una confusión inextricable e inmensa, como la vida, y sobre esa confusión el autor proyecta la luz de su memoria, el elemento clasificador y decisivo.
Estas palabras pertenecen a El cuaderno gris, su obra esencial, la primera piedra de la pared roja con figuras que es Pla. Es un libro hecho de retales, de anotaciones de diario antiguo, un libro compuesto y recompuesto con trozos de Aquí y de allá, el libro de una vida. “Ha reescrito, ha suprimido, ha traslado párrafos a otros libros, los ha traído a este. A veces el libro amenazó con una extensión de múltiples volúmenes. Finalmente se ha quedado en 857 páginas”, cuenta Arcadi Espada en el libro excepcional que le ha dedicado a Josep Pla (Ediciones Omega) y que pretende ser lo que señala su título: unas notas para la biografía, Aún inexistente, del escritor catalán.
Espada abre un vano en la pared de Pla sin violentarla: su ocurrente estrategia consiste en seguir unas anotaciones de unos diarios tardíos del escritor para, día tras día, componer su figura, registrar capítulos de su pasado, su obra y su ambición, perseguir sus avatares amorosos con A. y que ocupa muchos de los telegráficos apuntes que Durante muchos días seguidos se limitan a estipular la necesidad física de ella que el escritor padece.
“Para ciertos mandarines, Pla, que era el escritor más destacado de su generación, presentaba una querencia excesiva por el género menor, disperso y desabrochado del periodismo y sus arrabales Más o menos ennoblecidos”, apunta Arcadi Espada, que más adelante sigue: “La obsesión crítica por hacer de él un novelista (O un novelista fracasado, que se dedicó al relato fáctico por incompetencia respecto del género principal) afecta Incluso a su obra canónica, El cuaderno gris, que se calificará de novela de formación, Quizá sin otro objetivo que el de hacer aparecer la palabra novela en el sitio cenital del magma planiano. Exactamente la misma raíz tendrán futuros intentos metodológicos como el de caracterizar el conjunto de la crónica planiana como un ejemplo de autoficción”.
Para Espada estos intentos constituyen un colosal fracaso crítico por una cuestión de principios: Pla no es en modo alguno escritor presto a la exploración profunda del yo, mucho menos a la invención de un yo ficcional en que parapetar la propia experiencia.No me resisto a copiar la comparación que acierta a encontrar Espada: “La creación de lo que se llama su personaje literario es de una relevancia similar a la que exhibe cualquier ciudadano en la hora atribulada y excesiva de entrar en una panadería y solicitar una barra de pan, bien parapetado detrás del obligatorio personaje que se ofrece a la intemperie de lo público”.
El magnífico libro de Arcadi Espada sobre Pla sirve de puerta de entrada a lo que hay tras las pared roja: ese Mundo de figuras y cosas vistas que transforman en literatura real la existencia de un testigo excepcional y, como él mismo afirma en Notas del crepúsculo, muy afortunado.

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