Cuatrocientos cincuenta Años De Un Nacimiento Genial

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La mucha fama puede ser la más sutil forma de desconocimiento. Y el tiempo, que da relumbre a las obras de los hombres, empaña sus vidas hasta el punto que bien puede decirse que una existencia se torna más misteriosa Según se acrecienta el encomio de sus hechos. ¿Qué noticias hay de la vida de Cristóbal Colón, el más famoso viajero de todos los tiempos? Muy pocas y Siempre y en toda circunstancia rodeadas de polémicas más que de certezas. ¿Y qué sabemos de Miguel de Cervantes, el más famoso escritor de la lengua De España? Muy poco También Porque su vida, “de la que desconocemos muchos extremos”, como ha dicho uno de sus biógrafos, nos ha llegado rodeada de silencios, vacíos Y también inexplicadas acciones. Se sabe dónde nació, lo que a la vista del caso Colón no es poca cosa: en Alcalá de Henares. Pero ya hay una primera duda en la fecha, Pues Aunque fue bautizado el nueve de octubre del año de 1547, bien pudiese ser que hubiera nacido doce días ya antes, en la festividad de San Miguel, de donde habría de venirle el nombre. La muerte en su caso no tiene misterio: fue en el tránsito del viernes veintidos al sábado 23 de abril de 1616 y cada año, en esa fecha, se celebra en su memoria el día oficial del libro. Dos son los males candidatos al dudoso honor de haber impedido que su imaginación llevara a cabo los proyectos literarios en que trabajaba entonces: la diabetes y la cirrosis hepática. La hidropesía y la sed que le atormentaron en sus últimas horas tanto son signos de la una como de la otra. Se fue, eso sí, con dignidad, lucidez y una cierta amargura, empuñando la pluma: “Al paso de las efemérides de mis pulsos que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida (…) ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida”. Hacía cuatro meses que había publicado la segunda una parte de El Quijote, acababa de terminar de escribir su nueva obra, Los trabajos de Persiles y Segismunda, y ya en el que sería su lecho de muerte había dictado este triste prólogo que le servía de despedida. Su obra era celebrada más allá de las fronteras de España y hasta el Emperador de China había pretendido llevarle a su remoto y fabuloso reino Para que fuera rector de un instituto donde se enseñara castellano con El Quijote por texto. Mas la fama le llegaba tarde, ya viejo y agotado, y no se acompañaba de fortuna, Pues las apreturas que marcaron su vida le acompañaron hasta el último suspiro. Una penosa situación que había hecho exclamar un año ya antes a Noël Brulart de Sillery, embajador de Francia en Madrid: “¿A tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?”. A lo que otro respondió con agudeza: “Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que Nunca tenga abundancia, A fin de que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el Mundo”. Su plegaria chusca Tal vez fuera tomada De verdad en las alturas Pues Así fue la vida de Cervantes: un duelo entre pobreza Y también ingenio.
SU OBRA ERA CELEBRADA Pero ALLA DE LAS FRONTERAS DE ESPAÑA Y HASTA EL EMPERADOR DE CHINA HABIA PRETENDIDO LLEVARLE A SU REMOTO REINO PARA ENSEÑAR CASTELLANO CON “EL QUIJOTE” POR MANUAL

Familia. Hijo de un cirujano que mucho anduvo y poco tuvo (el oficio gozaba de tan baja estima en la temporada que había de ejercer Muchas veces de barbero), Cervantes supo muy pronto del arte de la supervivencia. Su hermana Andrea, entroncando con un estigma de ilegalidad y bastardía que no iba a tardar en marcar a toda la familia, había optado por buscar protección en algún amante, de suerte que tuvo una hija, Costanza. Nada nuevo, Puesto que ya su tía María había tenido una hija ilegítima. Años después, cuando contaba 35, vivió Cervantes una corta y seguramente secreta historia de amor con una joven y casada tabernera de Madrid, de nombre Ana Franca, con la que tuvo Asimismo una hija ilegítima a la que llamó Isabel, la que tampoco enderezaría de mejor manera sus pasos Pues, ya crecida, se dio a los amantes, Como su tía, sin que Cervantes hallara mejor antídoto que el casarla A través de sustanciosa dote que, colmo de fingimientos, hubo de desembolsar Exactamente el mismo rico amante de quien quería apartarla. Un enredo que Cervantes, ya mayor y fatigado de los muchos líos de las mujeres de su casa, vivió con pesar y disgusto, al punto que padre Y también hija terminaron por romper sus lazos. Es en ese dominio del amor y las pasiones donde la neblina que empaña la vida del autor de El Quijote se hace más inquietante. Y donde, muy al gusto de los tiempos que corren, han buscado ciertos biógrafos el filón de la prosperidad de sus libros. La italiana Rosa Rossi revolucionó hace diez años el Mundo de los cervantistas al afirmar que “Cervantes tuvo experiencias homosexuales”, y más últimamente, Fernando Arrabal ha insistido en exactamente la misma tesis. Poco importa hacia dónde se inclinaran sus preferencias, Pues en nada viene ello a alterar su obra. Mas la verdad es que en vida de Cervantes no faltaron acusaciones de “pecado nefando”, Pues a su regreso del cautiverio en Argel, donde fue esclavo de Hassan -un poderoso personaje poseedor de un harén masculino-, le fueron imputaron “actos viciosos y feos” por un antiguo compañero de desdicha. Contra ello reunió testimonios que dieron fe de su valor y su devoción cristiana, manifestados en los 4 intentos de fuga que protagonizó. Cosa bien cierta, Aunque en sí misma encierre la sombra de la duda Puesto que no recibió castigo alguno de su señor por sus fracasadas tentativas. La vida marital de Cervantes, casado con Catalina de Salazar, tampoco fue un ejemplo de apasionamiento: a los 3 años de matrimonio abandonó el hogar conyugal para trasladarse a Andalucía, en pos de la promesa de fortuna que significaba la preparación de la Armada Invencible. Tardó casi 7 años en volver a reunirse con su mujer. En ese tiempo, enredado en el barullo burocrático de la empresa guerrera como comisario de suministros, llegó a conocer la cárcel por deudas. Allá, en la prisión de Sevilla, que reunía ella sola tantos presos como Todas las demás prisiones juntas, Cervantes completó la dura educación de la vida que se había iniciado en su juventud, cuando tras haber sido pupilo de don Juan López de Hoyos, el ilustre seguidor de Erasmo de Rotterdam, se vio obligado a escapar a Italia Por el hecho de que había herido en duelo a un albañil en Madrid y una orden judicial le condenaba a presidio y a padecer la amputación de la mano derecha. El viaje a Italia le permitió buscar fortuna como soldado, Mas le reservaba una amarga sorpresa: tan Solo Dos años después y Durante la batalla de Lepanto, habría de perder su mano izquierda. De Sevilla y de su cárcel salió Cervantes al cabo de unos meses doctorado en pícaros -de donde nacerían los inolvidables personajes de Rinconete y Cortadillo en sus Novelas ejemplares- y con la idea de un libro en la cabeza: las andanzas de un hidalgo loco empeñado en revivir las aventuras de la caballería andante. En El Quijote habría de resumirse la escarmentada sabiduría de una vida de sobresaltos y, a la par, iba a brillar como Nunca la luz de la libertad. La quimera de libertad que persigue su protagonista, quien no duda en liberar galeotes O bien en ver con ojos compasivos a los moriscos recientemente expulsados de España. La libertad creadora de Cervantes que, convirtiendo su texto en un juego entre mentira y realidad, ponía las bases de la novela moderna. Un éxito que se ha prolongado hasta nuestros días y ha marcado a escritores y lectores del Mundo entero. La primera traducción del texto de Cervantes vio la luz en Inglaterra en 1612 y el propio Molière llegó a interpretar a Sancho Panza en una versión teatral francesa. En nuestro siglo, autores como Steinbeck, Kundera O bien García Márquez han reconocido abiertamente su deuda cervantina. Y cada tanto, algún aniversario, como éste del 450 de su nacimiento, sirve Para que el caballero loco de la libertad cabalgue Nuevamente, De esta forma sea en la reposición de la ópera sobre él compuesta por Telleman y representada hace poco en Almagro, O bien transformado en danza por el Ballet de Kiev. Precisamente, del entusiasmo ruso dejó constancia el escritor Ivan Turhueniev al afirmar que “en Rusia hasta el campesino más primitivo de la más remota aldea sabe quién es Don Quijote y habla de él”.
Pero LA FAMA LE LLEGABA TARDE, YA VIEJO Y AGOTADO Y NO SE ACOMPAÑABA DE FORTUNA, Puesto que LAS APRETURAS QUE MARCARON SU VIDA LE ACOMPAÑARON HASTA EL ULTIMO SUSPIRO

La tardía fama obtenida en 1605 con El Quijote Todavía habría de traerle sinsabores. Su reputación entre los escritores de su tiempo había sido escasa y la envidia despertada por su éxito, unida a la severidad de sus juicios, no tardó en ganarle enemistades. La más sonada de ellas, la de Lope de Vega, le deparó críticas despiadadas, bien de propia mano, bien por terceros, en las que no faltaron insinuaciones sobre su condición de judío converso, alusiones a su vejez y chirigotas por manco. Mas la mayor afrenta le vino de acertada puñalada: en 1614 veía la luz una segunda parte de El Quijote escrita por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, en la que no Solo se le hurtaban sus personajes sino se le ridiculizaba Y también insultaba. Cervantes respondió con la magistral segunda parte de su novela, en la que con dignidad e ingenio hacía trizas a su plagiario robándole por su parte alguno de los personajes que éste había inventado y haciéndoles reconocer que los Quijote y Sancho de Avellaneda no era sino impostores. La auténtica identidad del autor del falso Quijote sigue siendo un misterio. Hay hipótesis para todos los gustos y apuntan a autores como Bartolomé Leonardo de Argensola O bien el propio Lope de Vega. Otra puñalada, Mas ésta con auténtico acero, había dejado tendido a la puerta de la casa en que vivían Cervantes y sus hermanas, Exactamente el mismo año de la publicación de El Quijote, a un joven botarate que andaba en amores con la esposa de un escribano real. El magistrado encargado de Descubrir lo sucedido quiso tapar la culpa del escribano y para ello hizo detener a los Cervantes en pleno como sospechosos, De semejante modo que Aún en las puertas de la fama hubo de verse De nuevo el escritor entre rejas, Si bien fuera por muy poco tiempo. Nada tiene de raro que, con tan triste sino, su ingenioso hidalgo proclamara, desde el territorio libre de las páginas de su historia, su célebre máxima: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, Como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

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