El Amigo Sacks

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Dejemos Acá un recuerdo para Oliver Sacks, de quien el año pasado reseñábamos Alucinaciones (Anagrama). Se ha dicho con cierta frecuencia de él, y con razón, que su obra es la de un divulgador científico, Pero creo que ése es un juicio de urgencia. Realmente, era un escritor por su forma de elegir los temas, por su forma de ponerlos en escena, por la empatía -más allá de la información suministrada- que mantenía con el lector. Sacks sabía mucho de neurología y de biociencia Generalmente, Mas También sabía mucho de escritura.

Es uno de esos perfiles creativos que no terminan de ser un perfil, sino más bien algo bifronte, que mira a 2 lados en los que ninguno de ellos se siente fielmente reflejado. Como científico no era un innovador radical y como autor estaba demasiado apegado a la ciencia positiva. Quizá hubiese podido volar un tanto más alto, Pero no lo hizo, Quizá por su consideración misma de la actividad científica.

Curiosamente, la perspectiva de sus temas Siempre y en todo momento llevaba incorporada esa posibilidad, la de trascenderse a sí mismos en una antropología O bien en una metafísica, Mas ésa fue tarea que dejó al lector. En ese aspecto, y en tanto que autor, creo que su vuelo fue bajo. En cambio, el cuadro que legó para los profanos sobre el funcionamiento y las rarezas de nuestra mente es impagable.

Pertenecía a una generación de científicos que vivían su trabajo como una vocación a la vez que como una visión del Planeta: por misteriosa y oscura que sea la realidad, deben agotarse todos los caminos para iluminarla de forma lógica y empírica. Efectivamente, en la literatura científica de masas, se asiste con demasiada frecuencia a un esoterismo desprendido de conocimientos fundados y de marcos demostrativos. La imaginación tiende a transformarse en fantasía a las menores de cambio. También en este aspecto, somos deudores de Sacks, que era una garantía en la exposición de hechos y en el modo de buscarles una explicación consecuente y arraigada en el suelo que pisamos.

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