El Escorial, Un Laberinto Esotérico

0
33

Lastrado por la leyenda negra, Felipe II fue un hombre de su tiempo, un genuino príncipe renacentista, y su obra más imperecedera, el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un nuevo templo de Salomón lleno de misterios. Un libro desvela las claves escondidas en este formidable monumento

En ambos recintos estaba prohibida la entrada de animales.

Sostiene Luis Racionero, superficial viajero (por confesión propia, y como tantos otros) en este laberinto pétreo, que «ni la personalidad enigmática, reticente y esquiva del rey constructor, ni la serena solidez clara de su obra, darían a meditar que El Escorial contuviese símbolos esotéricos O bien academias herméticas de sabios rozando inesperadas heterodoxias. En este panteón envuelto por un convento, el rigor petris es abrumador».
Sin embargo, El Escorial es mucho más que una mole dibujada con escuadra y cartabón bajo la sombra del monte Abantos, en la sierra de Guadarrama. Su aparente frialdad es una impostura. Todo es equívoco a primera vista. Las puertas que semejan entradas principales estaban destinadas a la servidumbre. El atrio que se abre majestuoso al Patio de Reyes se convierte, de pronto, en insólita y angosta entrada, oscura como una cueva, que da acceso a La enorme basílica que Nunca estuvo abierta al público. El Palacio del Rey, prácticamente escondido en un extremo del edificio, En realidad se halla colocado en el centro de las comunicaciones, como la cabina de un piloto que dirige una nave de gran poder. Por el hecho de que el monumento fue concebido como un nuevo templo de Salomón para la sabiduría y el gobierno universal. «Tras la imagen del rey austero hay un fondo de esoterismo místico -prosigue Racionero-. Es lo último que nos esperábamos de Felipe II».
La leyeda negra deconstruida
«Para comprender El Escorial hay que meterse en la cabeza y el corazón del Rey», asegura Javier Morales Vallejo, autor de «El símbolo hecho piedra» (editorial Áltera). Según el hispanista George A. Kubler la leyenda negra inventada en Holanda, Francia e Inglaterra como arma política se extendió y llegó a nosotros Por el hecho de que los propios españoles nos la hemos creído. Morales está de acuerdo. «La imagen que ha hecho fortuna de Felipe II es la de un Monarca oscuro y ultracatólico, Mas fue un genuino príncipe del Renacimiento, con una cultura enciclopédica y afán coleccionista, Autor de universidades y de hospitales, gran bibliófilo, estudioso de la filosofía neoplatónica del siglo XVI y de la mística de Raimundo Lulio -como Juan de Herrera, que concibió el grandioso concepto arquitectónico de El Escorial-. Tuvo profundas creecias de acuerdo con la generación de místicos españoles de su siglo, a los que conoció y comprendió. Favoreció a San Ignacio de Loyola, hizo liberar de su cárcel a San Juan de la Cruz y protegió a Santa Teresa de Jesús, quien le avisaba de algunas cosas. En aquel tiempo, la religión del Rey era la de los súbditos. Eso ocurrió en la Inglaterra anglicana, en la Holanda protestante y en la España católica. A los herejes se los perseguía en Todas partes. Durante la historia ha habido otras oportunidades para levantar leyendas negras. Por servirnos de un ejemplo, Napoleón fue el gran agresor, el primer mandatario derrotado por una coalición y juzgado por un tribunal internacional; Mas dígale a los franceses que alguien desea mancillar su prestigio».
Para su investigación, Javier Morales, doctor en Historia del Arte y en Filosofía, que ha dirigido distintos departamentos de Patrimonio Nacional y Hoy día enseña iconografía y arte en la Capacitad de Teología de San Dámaso, en Madrid, ha buceado en los escritos de Lulio -pensador, poeta, místico, teólogo y misionero mallorquín del siglo XIII- que Felipe II leía con avidez y subrayaba, y de Jean L’Hermite -ayuda de cámara del Monarca- y otros personajes del «círculo escurialense», como Fray José de Sigüenza, historiador de la orden Jerónima, bibliotecario y primer cronista del monasterio.
Un espacio religioso privado
«A principios de la década de 1990 di una conferencia sobre este tema en los cursos de verano de El Escorial», recuerda Morales. «Incluía una visita comentada. El plan era para un día, Pero al final me quedé un mes. Funcionó el boca a boca: la gente quería saber más de lo que se cuenta en el recorrido turístico. De todos y cada uno de los elementos que no se perciben a simple vista me fascina, Singularmente, Cómo el Rey “privatiza” el espacio religioso. A pesar de su sobriedad, es el dominador del Mundo. De ahí parte la idea del libro».
El Escorial fue la obra de madurez de Felipe II. Empezó a construirse cuando contaba treinta y seis años y se finalizó veintiún años Más tarde, cuando cumplía 57 de su edad. Desembolsó cinco millones de ducados y lo disfrutó terminado A lo largo de catorce años. Según Morales, «El Escorial es el molde en piedra de una conciencia hermética, sabia y profunda. Es la cara oculta y auténtica de Felipe II, que organizó su vida a escasos metros del Sagrario y de su sepulcro, en situación en lo más mínimo triste, necrófila O morbosa como la pintó la historia legendaria negra, Aunque solo comprensible desde la conciencia mística».
Hebraísmo escurialense
En el complejo panorama religioso De España del siglo XVI tuvo una gran importancia la mística hebraica y la cábala, una de las principales corrientes del esoterismo judío, en esencia una «ciencia nueva» que busca en la Torá (el Pentateuco, los primeros 5 libros de la Biblia) el significado del Mundo y la verdad. Esa huella está presente en El Escorial de forma abrumadora. En las crónicas del padre Sigüenza aparece con toda claridad el paralelismo entre el templo-palacio de Salomón y el templo-palacio de Felipe II. De hecho, los gigantescos reyes hebreos que el Monarca De España ordena colocar sobre las puertas de la basílica son, Precisamente, los constructores del templo de Jerusalén. La idea fue de Arias Montano, Profesor de José de Sigüenza y uno de los eruditos del hebraísmo escurialense. En uno de sus libros aparece un grabado de Salomón con efigie de Felipe II rodeado de instrumentos.
Javier Morales da más pistas. Por poner un ejemplo, en el templo de Salomón el pueblo se quedaba en el atrio, desde donde podía divisar el altar. Nadie se sentaba a excepción del rey. En la basílica de El Escorial, sin bancos para sentarse, el pueblo Solo entraba hasta el sotacoro y tenía su función religiosa fuera, en el Patio de los Reyes. En ambos recintos estaba prohibida la entrada de animales. En El Escorial las piedras se traían ya labradas de sus canteras imitando el sistema de construcción del templo que narra la Biblia, Aunque Juan de Herrera se preocupó de probar que este era el procedimiento más barato, racional y cómodo de afrontar las obras.
No perdamos de vista en este tramo final al arquitecto y aposentador del Rey. Herrera, autor del «Discurso de la figura cúbica Conforme el arte de Raimundo Lulio», va a llevar la geometría cósmica del misionero franciscano a la arquitectura de El Escorial: en la figura cúbica y de las esferas encontrará la razón profunda de su obra, grandiosa y monumental, Mas seca, desornamentada y esencialista. Una arquitectura severa que sirve a una refulgente decoración simbólica.

DEJA UNA RESPUESTA

tu comentario
Tu Nombre