EL ESOTERISMO CRISTIANO

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Con la terminante supremacía de la Iglesia Católica una nueva corriente filosófica viene a agregarse a los misterios es el Esoterismo Cristiano. Si bien negado por La mayor parte de los jerarcas de la iglesia, la existencias de misterios puede encontrarse en los Textos Primitivos, se trata Puesto que de ver en los Evangelios un exoterismo yuxtapuesto a un esoterismo. El evangelio de Marcos, el de Juan y ciertas epístolas de Pablo testimonian un esoterismo, una palabra revelada cuya inteligibilidad y comprensión precisan grados, desde la simple alegoría hasta una interpretación que acerca el ánima a los misterios divinos, que penetra en el sentido místico de los textos.

En 3 grandes principios estribaba la doctrina de los Misterios del Cristianismo primitivo: la unidad de Dios, la libertad del hombre y la igualdad entre todos hombres. Cristo había puesto en práctica las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Empezaba por recomendar el amor al prójimo, estimulaba a sus hermanos el trabajo y al estudio de las ciencias, y prometía una vida mejor cuando los buenos resultados de su doctrina y la fe mutua entre los hombres, hayan proporcionado a estos la Dicha suprema que su autor espera. Son los primeros progenitores de la iglesia como Clemente de Alejandría (160 – 215 d.C) y Orígenes (185 – doscientos cincuenta y cuatro d.C) quienes inician el camino del esoterismo cristiano, en 2 de sus obras Stromas y el Pedagogo, Clemente rechaza el divorcio entre el conocimiento Hermético proveniente de Grecia y el transmitido por la revelación Cristiana, con este acercamiento trata de promover una gnosis definiéndola como un apetito conjugado de la Fe y el Saber. Afirma Clemente: quien ha sido purificado en el bautismo y luego iniciado en los Misterios Menores (Es decir ha adquirido los hábitos de la reflexión y el autocontrol) queda maduro para los Misterios Mayores O bien Gnosis Es decir el conocimiento científico de Dios; Asimismo dijo no está permitido por la ley Descubrir a los profanos los Misterios del Logos. En cuanto a Orígenes (185 – doscientos cincuenta y cuatro d.C) Aun Pero que Clemente llega a casar el neoplatonismo con el pensamiento cristiano. Asegura la existencia de la enseñanza segrega de la Iglesia, habla de la fe popular irracional, que conduce a lo que llama el Cristianismo Somático, O la simple forma física de la religión y la fe superior y razonable basada en el conocimiento ofrecido por la sabiduría O bien gnosis que conduce al Cristianismo Espiritual. En su obras La Homilía sobre el Génesis, De principiis, Contra Celsun, se verán repetidas referencias a la enseñanza oculta, inmensamente más grandiosa y que eleva a quien la estudia a un nivel mucho más elevado que lo que enseña la ortodoxia. San Agustín (trescientos cincuenta y cuatro – 430) Aunque no es un pensador esoterista, su pensamiento Va a ser invocando por largo tiempo por los sostenedores el Hermetismo Cristiano en los largos debates con los dogmáticos de la iglesia.

En su obra Confesiones O De Civitae Dei, hace una referencia a los Hermética , y Será considerada como la preservación de esta unidad, Agustín rechaza la teurgia y la magia, Pero elabora una doctrina en la que el ánima es razonable y servida por un cuerpo terrestre. La naturaleza no es rechazada y ciertas correspondencias rigen las relaciones entre el Ánima y el cuerpo. Otro pensador clave que interesa al esoterismo es Boecio (cuatrocientos setenta – 525 d.C), su obra Mas leída es De consolatione philosophiae cuyo esplendor perdurara en los medios masónicos hasta el s. XVIII. Hace intervenir la cosmología platónica, la teoría de las correspondencias y principios de dualidad dinámica entre polos contradictorios, varias de las fórmulas empleadas en la Consolación se encontraran rituales masónicos, como aquella “Alejaos Pues del vicio y practicad la virtud”. En varias Epístolas de San Pablo se puede entrever este Esoterismo, en la Epístola a los Galatas pone acento sobre la Jerusalén Celeste, evocada en el Apocalipsis de San Juan. Otra enseñanza de Pablo es la que define las cuatro dimensiones del Hombre Interior: largo, ancho, altura y profundidad, donde se verifican las reminiscencias de las dimensiones de Dios en el Libro de Job.

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