El Esoterismo Del Grial

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Publicado en el monográfico de la revista “Cielo y Tierra”, titulado “El Graal y la busca iniciática” Primavera-verano de 1985, Barcelona.

Cuando hablarnos del esoterismo del Grial, no entendemos Solo Por esta razón que, como todo símbolo Verdaderamente tradicional, presenta un lado esotérico, Esto es, que a su significado exterior y En general conocido se superpone otro significado de un orden más profundo, que no es accesible Pero que para aquellos que han accedido a un cierto grado de comprensión. Realmente, el símbolo del Grial, con todo lo que se relaciona con él, es de aquellos cuya misma naturaleza es esencialmente esotérica Y también iniciática; esto es lo que explica muchas de sus particularidades que de otro modo aparecerían como enigmas insolubles, y la difusión exterior que tuvo la historia legendaria del Grial, en una determinada época y en determinadas circunstancias, no cambia nada este carácter. Esto requiere algunas explicaciones; Pero, en principio, debemos destacar que esta difusión se ubica enteramente en un período muy breve que, sin duda apenas sobrepasa medio siglo; parece tratarse, por consiguiente, de la súbita manifestación de alguna cosa que no intentaremos definir de una manera precisa, y que habría entrado Luego, no menos súbitamente, en la sombra; cualesquiera que hubieran podido ser las razones para ello, tenemos Acá un inconveniente histórico del que nos asombramos que parezca que Jamás se haya pensado en examinarlo con la atención que merecería.

Las condiciones en las que se produjo esta manifestación requieren algunas observaciones importantes; en efecto, las novelas del Grial semejan, a primera vista, contener elementos bastante entremezclados, y algunos, sin llegar no obstante hasta negar la existencia de un significado de orden espiritual, han creído poder Charlar de este respecto di «invenciones de poetas». A decir verdad, estas invenciones, cuando se encuentran en cosas de este orden, lejos de referirse a lo esencial, no hacen más que disimularlo, voluntariamente O no, bajo las apariencias engañosas de una «ficción» cualquiera; y En ocasiones lo llegar a disimular Incluso demasiado bien, Porque, cuando ellas se hacen demasiado usurpadoras, termina por llegar a ser casi imposible descubrir el sentido profundo y original. Este riesgo es de temer, sobre todo, cuando Exactamente el mismo poeta no tiene conciencia del valor real de los símbolos, Pues es evidente que este caso puede presentarse; el apólogo del «asno que lleva las reliquias» se aplica Acá como en tantas otras cosas; y el poeta, entonces, va a poder transmitir sin saberlo datos iniciáticos cuya auténtica naturaleza se le escape. La cuestión se plantea Aquí muy particularmente: ¿fueron de esto, los autores de las novelas del Grial, O, A la inversa, fueron conscientes, en un grado y otro, del sentido profundo de lo que expresaban? Desde Luego no es simple responder a ello con certeza, Por el hecho de que las apariencias pueden engañar: en presencia de una mezcla de elementos insignificantes O incongruentes uno está tentado de pensar que el autor no sabia lo que hablaba; No obstante, no es forzosamente De este modo, Pues ocurre a menudo que las obscuridades e igualmente las contradicciones son perfectamente intencionadas, y los detalles inútiles tienen de manera expresa por fin desviar la atención de los profanos, de la misma ¿manera que un símbolo puede ser disimulado intencionadamente en un motivo de ornamentación Más o menos complicado; en la Edad Media, sobre todo, abundan los ejemplos de esta clase, como ocurre con Dante y los «Fieles de Amor». El hecho de que el significado superior trasluzca menos en Chrétien de Troyes, Por poner un ejemplo, que en Robert de Boron, no prueba Pues, necesariamente, que el primero fuera menos consciente del mismo que el segundo; y Todavía menos habría que concluir que este significado estuviese ausente en sus escritos, lo que seria un error comparable a aquel que consiste en atribuir a los viejos alquimistas preocupaciones de orden solamente material, por la única razón que ellos no juzgaron conveniente escribir con Todas y cada una de las letras que su ciencia era En realidad de naturaleza espiritual. Por lo demás, la cuestión de la «iniciación» de los autores de las noveles tiene Quizás menos importancia de lo que se podría pensar en un principio, Pues, de Todas y cada una formas, no cambia nada los aspectos bajo los cuales el tema es presentado; Ya que se trata de una «exteriorización» de datos esotéricos, Mas que, Por otra parte, en modo alguno puede ser una «Vulgarización», es simple de entender que deba ser De este modo. Vamos a ir más lejos: un profano puede muy bien, igualmente, por una «exteriorización» De esta manera, haber servido de portavoz de una organización iniciática, que lo habría escogido a este efecto sencillamente por sus cualidades de poeta O de escritor, O bien por cualquier otra razón contingente. Dante escribía con perfecto conocimiento de causa; Chrétien de Troyes, Al igual que Robert de Boron y tantos otros, fueron seguramente mucho menos conscientes de lo que expresaban, y, Tal vez Incluso, algunos de ellos no lo fueron en lo más mínimo; Mas poco importa en el fondo, Por el hecho de que, si había detrás de ellos una organización iniciática, cualquiera que fuese, el riesgo de una deformación debida a su incomprensión quedaba, Por ello mismo, descartado; esta organización podía guiarlos continuamente sin que ellos mismos Ni tan siquiera se entesasen, ya fuese por que ciertos de sus miembros les suministrasen los elementos a poner en la obra, ya fuese por las sugerencias O bien por influencias de otro tipo, más sutiles y menos «tangibles», Pero no Por ello menos reales ni menos eficaces. Por otra parte, esto no es más que un aspecto de la cuestión: por el hecho de que la leyenda del Grial se presente bajo una forma propiamente cristiana, en la que No obstante, se hallan elementos de otra procedencia y cuyo origen es manifiestamente anterior al Cristianismo, se ha querido A veces considerar estos elementos de alguna forma como «accidentales», corno si se hubieran añadido a la historia legendaria «desde fuera» y que no poseyeran más que un carácter sencillamente «folklórico». A este respecto, debemos decir que la concepción misma del «folklore», como más frecuentemente se la entiende en nuestra temporada, descansa sobre una idea radicalmente falsa, la idea de que existen «creaciones populares», productos espontáneos de la masa popular; es evidente que esta concepción está estrechamente ligada a determinados prejuicios modernos, y no insistiremos Aquí en todo lo que hemos dicho a este respecto en otras ocasiones. Realmente, cuando se trata, como ocurre casi Siempre y en todo momento, de elementos tradicionales, en el verdadero sentido de la palabra, por más deformados, menguados O fragmentados que puedan estar A veces, y de cosas poseedoras de valor simbólico real, Aunque, a menudo, disimulado bajo una apariencia Aproximadamente «mágica» O bien «fantástica», todo esto, lejos de tener un origen popular, no es, en terminante, Ni siquiera de origen humano, Por el hecho de que la tradición se define Exactamente, en su misma-esencia, por su carácter suprahumano. Lo que puede ser popular es únicamente el hecho de la «supervivencia», cuando estos elementos pertenecen a formas tradicionales desaparecidas; y, a este respecto, el término «folkiore» adquiere un significado bastante próximo al de «paganismo», teniendo Solo en cuenta la etimología de este último y quitándole la intención polémica e injuriosa. El pueblo conserva De esta manera, sin comprenderlos, los residuos de tradiciones antiguas, que se remontan Incluso En ocasiones a un pasado tan lejano que sería imposible determinarlo Precisamente y que nos contentamos con remitir, por esta razón, al terreno nebuloso de la «prehiistoria»; llena en esto la función de una suerte de memoria colectiva Más o menos «subconsciente», cuyo contenido procede manifiestamente de otra parte. Lo que puede parecer más asombroso es que, cuando se marcha al fondo de las cosas, se comprueba que lo que se ha conservado de ese modo contiene sobre todo, bajo una forma Más o menos velada, una suma considerable de datos de orden propiamente esotérico, Esto es, Exactamente lo que es menos popular por naturaleza. De este hecho Sólo Hay una explicación plausible: en el momento en que una forma tradicional está a punto de extinguirse, sus últimos representantes pueden muy bien confiar voluntariamente a este memoria colectiva de la que acabamos de Charlar lo que de otro modo se perdería irremisiblemente; este es, en suma suma, el único modo de salvar lo que puede serlio en una cierta medida; y, al tiempo, la incomprensión natural de la masa es una garantía suficiente de que lo que poseía un carácter esotérico no Por ello Será desposeído de] mismo, permaneciendo solamente, como una suerte de testimonio del pasado, para aquellos que, en otros tiempos, van a ser capaces de comprenderlo.

Dicho esto, no vemos Por qué se atribuiría indistintamente al «folkiore», sin un examen más amplio, todos los elementos «precristianos», y más particularmente célticos, que se hallan en la historia legendaria del Grial, Puesto que la distinción que conviene hacer a este respecto es la de las formas tradicionales desaparecidas y las que están vivas En la actualidad, y, por consiguiente, La pregunta que se debería hacer es la de saber si la tradición céltica habla Realmente cesado de vivir cuando se constituyó la leyenda de que se trata. Esto es, cuando menos, dudoso: por una parte, esta tradición pudo mantenerse por más tiempo de lo que de ordinario se cree, con una organización Más o menos oculta, y, Por otra parte, esta misma historia de leyenda, en sus elementos esenciales, puede ser mucho más antigua de lo que piensan los «críticos», no Por el hecho de que hubiera forzosamente textos En nuestros días desaparecidos, sino, ya antes bien, por una transmisión oral que puede haber durado múltiples siglos, lo que está lejos de ser un hecho excepcional. Por nuestra parte venos ahí la señal de una “unión” entre Dos formas tradicionales, una antigua y otra entonces nueva, la tradición céltica y la tradición cristiana, unión por la cual, lo que debía conservarse de la primera fue, de alguna forma, incorporado a la segunda, mortificándose sin duda hasta cierto punto, por adaptación y asimilación, Mas no hasta el extremo de transponerse sobre otro plano como lo quisieran ciertos, Puesto que existen equivalencias entre Todas y cada una de las tradiciones regulares. Tenemos Pues Acá algo muy diferente que una simple cuestión de «fuentes», en el sentido en que lo entienden los eruditos. Sería Quizá difícil precisar Exactamente el sitio y la fecha en que se produjo esa unión, Mas esto no posee más que un interés secundario y prácticamente únicamente histórico; es fácil, Además de esto, concebir que estas cosas son de aquellas que no dejan vestigios en «documentos» escritos. El punto importante para nosotros, y que no nos parece de ningún modo dudoso, es que los orígenes de la historia de leyenda del Grial deben relacionarse con la transmisión de determinados elementos tradicionales, de orden más propiamente iniciático, del Druidismo al Cristiansmo; habiéndose efectuado esta transmisión regularmente, y, fueran cuales fueren, Por otra parte, sus modalidades, esos elementos formaron desde entonces parte integrante del esoterismo cristiano. La existencia de este en el Medievo es absolutamente cierta; abundan pruebas de todo tipo para quien sepa verlas, y las negaciones, debidas a la incomprensión moderna, ya provengan de partidarios O adversarios del Cristianismo, nada prueban contra este hecho. Resulta conveniente fijarse bien en que decirnos «esoterisrmo cristiano» y no «Cristianismo esotéricos; Por el hecho de que no se trata, en lo más mínimo, de una manera especial de Cristianismo, se trata del lado «interior» de la tradición cristiana, y es fácil entender que en ello hay más que una simple distinción. Además de esto, cuando resulta conveniente distinguir en una forma tradicional 2 facetas, una exotérica y otra esotérica, debe entenderse bien que ellas no se refieren al mismo terreno, De forma que no puede haber entre ellas conflicto -u oposición de ningún tipo; particularmente, cuando el exoterismo reviste un carácter particularmente religioso, como es Acá el caso, el esoterismo pertinente, Aun teniendo necesariamente en él su base y su apoyo, no tiene en sí mismo nada que ver con el terreno religioso, y se ubica en un orden plenamente diferente. De esto resulta inmediatamente que ese esoterismo no puede en ningún caso ser representado por «Iglesias» O «sectas» cualesquiera, las cuales, por definición misma, son Siempre y en todo momento religiosas, Luego exotéricas; bien Es cierto que ciertas «sectas» han podido nacer de una confusión entre la 2 esferas y de una «exteriorización» errónea de datos esotéricos mal comprendidos y mal aplicados; Pero las organizaciones iniciáticas verdaderas, manteniéndose estrictamente en el terreno que les es propio, permanecen forzosamente ajenas a tales desviaciones, y su misma «regularidad» las obliga a no reconocer más que lo que presenta un carácter de rigurosa ortodoxia, Aunque Solo fuera en el aspecto exotérico. Se puede estar bien seguro por este motivo que aquellos que desean relacionar con “sectas” lo que concierne al esoterismo O bien a la iniciación, siguen un camino equvocado y no pueden Pero que perderse; no es preciso examinar estas cosas de más cerca para destacar toda hipótesis de este género, y, si en algunas «sectas» se encuentran elementos que parecen ser de naturaleza esotérica, hay que concluir de ello de que de ningún modo tienen en ellas su origen, si no que, bien A la inversa, han sido desviados en ellas de su auténtico significado.

Ya que esto es Así, ciertas aparentes contrariedades a las que cara alusión al principio se encuentran al punto resueltas, O, mejor dicho, se aprecia que son inexistentes: no hay motivos para preguntarse, por ejempio, Como puede ser la situación con relación a la ortodoxia cristiana, entendida en su sentido ordinario, de una línea de transmisión al margen de la «sucesión apostólicas, como aquella que hallamos en algunas versiones de la historia de leyenda del Grial; se trata Acá de una jerarquía iniciática, la jerarquía religiosa O eclesiástica no puede de ninguna forma ser afectada por su existencia, que no le concierne, y que, Por otro lado, ella no tiene Por qué conocer «oficialmente», si podemos decirlo Así, Porque ella misma no tiene competencia y no ejercita jurisdicción legítima más que en el terreno exotérico. Igualmente, cuando se trata de una fórmula segrega relacionada con ciertos ritos, hay una singular ingenuidad en preguntarse si la pérdida O bien omisión de esta fórmula no corre el riesgo de impedir que la celebración de la misa pueda ser contemplada corno válida; la misa, tal como es, es un rito religioso, Mientras que en aquel caso, se trata de un rito iniciático, lo que señala suficientemente su carácter secreto; Cada uno de ellos es válido En su orden, e incluso, si ‘uno y otro tienen en común un carácter «eucarístico», como ocurre También en el caso de la cena rosacruciana, esto no cambia nada de esta distinción esencial, como tampoco el hecho de que un mismo símbolo pueda ser interpretado al unísono desde los Dos puntos de vista, exotérico y esotérico, no impide que estos sean de forma profunda diferentes y se refieran. como ya lo hemos dicho, a terrenos totalmente diferentes; cualesquiera que puedan ser A veces las semejanzas exteriores, que se explican, Por otra parte, por ciertas correspondencias reales, el alcance y la finalidad de los ritos iniciáticos son absolutamente diferentes que los de los ritos religiosos.

Ahora bien, que los escritos que conciernen a la historia de leyenda del Grial emanaran, directa O bien indirectamente, de una organización iniciática, esto no desea decir, en lo más mínimo, que constituyan un ritual de iniciación, como ciertos lo han supuesto bastante caprichosa- psique; y es curioso notar que nadie ha emitido Nunca una hipótesis semejante, por lo menos que sepamos, para obras que, No obstante, describen de forma considerablemente más ma- nifiesta un proceso iniciático, como la Divina Comedia O bien el Roman de la Rose; es bien evidente que todos y cada uno de los escritos que presentan un carácter esotérico no Por este motivo son rituales. En el presente caso, esta suposición tropieza con cierto número de inverosimilitudes: tal es, en particular, el hecho de que el pretendido candidato deba Formular una pregunta, en lugar de tener, por el contrario, que responder a las preguntas del iniciador, como ocurre Por lo general; las divergencias que existen entre las diferentes versiones son del mismo modo incompatibles con el carácter de un ritual, que tiene necesariamente una forma fija y bien definida; Mas creemos poco útil insistir más sobre este punto. Por otro lado, cuando hablamos de organizaciones iniciáticas, debe quedar bien claro que no hay que imaginárselas en modo alguno, siguiendo un error muy extendido que a me- nudo hemos tenido que señalar, como sien- do, Aproximadamente, lo que El día de hoy día se llama «sociedades», con todo el aparato de formalidades exteriores que esta palabra implica; si algunas de entre ellas, en Occidente, han llegado a tomar tal forma, esto no es más que el efecto de un tipo de degeneración muy moderno. Al¡! donde nuestros contemporáneos no hallan nada que se asemeje a una «sociedad», muy a menudo semejan no ver otra posibilidad que la de una cosa vaga Y también indeterminada, que no tiene más que una existencia sencillamente «ideal», Es decir, en suma, para quien no se para en palabras, puramente imaginaria; Pero las realidades iniciáticas no tienen nada en común con es- tas concepciones nebulosas, y, Al revés, son algo muy «positivo». Lo que interesa saber ante todo es que ninguna iniciació puede existir fuera de toda organización y de toda transmisión regular y, Exactamente, si se quiere saber donde se halla Verdaderamente lo que se ha llamado En ocasiones el «secreto del Grial», hace falta referirse a la constitución de los centros espirituales de donde emana toda iniciación, Por el hecho de que, bajo la cobertura de los relatos legendarios, de esto es esencialmente de lo que se trata En realidad.

Hemos expuesto en nuestro estudio sobre “Le Roi du Monde” las consideraciones que se refieren a esta cuestión y no podemos hacer Acá otra cosa que resumirlas; Mas resulta conveniente que indiquemos Al menos lo que es el simbolismo del Grial en sí mismo, dejando de la- do los detalles secundarios de la historia legendaria, por significativos que puedan ser. A este respecto, debemos decir en primer lugar que, Aun- que hayamos hablado hasta Aquí de la tradición céltica y de la tradición cristiana, Por el hecho de que ellas son las que nos conciernen di- rectamente cuando se trata del Grial, el símbolo de la copa O del vaso es, Realmente, de los que bajo una forma u otra, se encuentran en Todas y cada una de las tradiciones y de los que se puede decir que pertenecen Verdaderamente al simbolismo universal. Asimismo nos hace falta precisar que, A pesar de lo que puedan pensar aquellos que se atienen a un punto de vista exterior y exclusivamente histórico, esta comunidad de símbolos, entre las formas tradicionales más diferentes y más alejadas unas de otras, en el espacio y en el tiempo, de ningún modo es debida a «préstamos», que, en muchos casos, serían totalmente imposibles; la verdad es que estos símbolos son universales Porque pertenecen ante todo a la tradición primordial de la que Todas y cada una estas formas distintas han derivado, directa O indirectamente.

Las asimilaciones que algunos «historiadores de las religiones» han contemplado Con respecto al «vaso sagrado», son, Puesto que, completamente justificadas en si mismas; Pero lo que hay que rechazar es, por una parte, sus explicaciones de la migración de los símbolos», que pretenden que no hacen referencia más que a simples contingencias históricas, y Asimismo, por la otra, las interpretaciones «naturalistas» que no son debidas más que a la incomprensión moderna del simbolisrno y que no podrían ser válidas para ninguna tradición. Es particularmente esencial llamar Aquí la atención sobre este último punto, Por el hecho de que algunos, aceptando sin discusión tal interpretación para el «vaso de abundancias de las tradiciones antiguas, céltica y otras, han creído que en ellas no habla ninguna vinculación real con el significado «eucarístico» de la copa en el Cristianismo, De manera que la similitud establecida entre uno y otra en la leyenda del Grial no sería más que uno de esos elementos supuestamente «folklóricos» que ellos consideran como sobreañadidos y cuyo carácter y alcance desconocen enteramente; por el contrario, para quien comprende bien el simbolismo, no únicamente no hay Acá ninguna diferencia radical, sino que, Aun puede decirse que en el fondo es Precisamente la misma cosa. En todos los casos, aquello de que se trata es Siempre y en todo momento el recipiente que contienes el alimento O la bebida de la inmortalidad, con todos los significados que están implicados en ello, comprendido aquel que lo asimila al conocimiento tradicional mismo, en cuanto éste es el «pan bajado del cielo», de conformidad con la aseveración evangélica Según la cual «no Sólo de pan -terreno- vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios», O sea, de una manera general, que mana de un origen suprahumano, y que, bajo cualquier forma exterior con que se revista, es Siempre y en toda circunstancia y en terminante una expresión O una manifestación del Verbo divino. Por esto es Por lo que, Por otro lado, el Grial no es Solo una copa, sino aparece También algunas veces como un libro, que es propiamente el «Libro de Vida», O el prototipo celeste de Todas las Escrituras sagradas; ambos aspectos pueden Aun encontrarse reunidos, Puesto que, en algunas versiones, el libro es reemplazado por una inscripción trazada sobre la copa por un ángel O bien por Cristo mismo. Recordaremos También a este respecto el lapsit exilis de Wolfram von Eschenbach, la piedra caída del Cielo sobre la que aparecían en determinadas circunstancias inscripciones de origen asimismo «no humano»; Pero no podemos insistir más sobre estos aspectos, menos conocidos En general que aquel en el que el Grial es representado bajo la forma de una copa. Señalaremos solamente, para enseñar que, A pesar de las apariencias, estos diferentes aspectos no son de ningún modo contradictorios entre sí, que Incluso cuando es una copa, el Grial es También, al tiempo, una piedra, e inclusive una piedra caída del Ciclo, Porque, Conforme la historia legendaria, habría sido tallada por los ángeles de una esmeralda desprendida de la frente de Lucifer cuando su caída. Este origen es particularmente destacable, Pues esta esmeralda frontal se identifica con el «tercer ojo» de la tradición hindú, que representa el «sentido de la eternidad», lo que nos devuelve, por lo demás, a la idea del «alimento de inmortalidad», Pues es evidente que la auténtica inmortalidad está esencialmente vinculada a la posesión de ese “sentido de la eternidad”; y, como éste viene dado por el conocimiento efectivo de la verdad tradicional, vemos que todo esto es En realidad de forma perfecta coherente.

Se ha dicho También que el Grial fue confiado a Adán en el Paraíso terrenal, Mas que, tras la caída, Adán lo perdió a su vez, Pues no pudo llevárselo consigo cuando fue expulsado del Edén; con el significado que acabamos de indicar, esto se comprende de manera inmediata. En efecto, el hombre, separado de su centro original, desde entonces se encontraba encerrado en la esfera temporal; ya no podía, por consiguiente, alcanzar el punto único desde el que Todas y cada una de las cosas son contempladas bajo el aspecto de la eternidad. En otras palabras, esta posesión del «sentido de la eternidad», del que acabamos de Hablar, pertenece, propiamente dicho, a lo que Todas y cada una de las tradiciones llaman el «estado primordial», cuya restauración constituyese el primer estadio de la verdadera iniciación, siendo la condición previa para la conquista efectiva de los estados suprahumanos Pues la comunicación con éstos no es posible más que desde el punto central del estado humano; bien entendido que lo que representa el Paraíso terrenal no es otra cosa que el «Centro del Mundo». Así, el Grial corresponde, al mismo 2 cosas, una doctrina tradicional y un estado espiritual, que son estrechamente solidarios una de otro: aquel que tiene íntegramente la tradición primordial y que ha llegado al grado de conocimiento efectivo que implica esencialmente esta posesión queda, en efecto, Por ello mismo, reintegrado en la plenitud del «estado primordial», lo que equivale a decir que, en lo sucesivo, va a estar restituido en el «Centro del Mundo».

Por otro lado, la copa es, por ella misma, uno de los símbolos cuyo significado es esencialmente «central», Como la lanza que acompaña al Grial, que es, de algún modo, complementaria de este, siendo una de las representaciones tradicionales del «Eje del Mundo», el cual, pasando por el punto central de cada estado, une entre sí todos los estados del ser. Este significado de la copa resulta de manera inmediata de su asimilación simbólica con el corazón; no deja de tener interés apuntar, a este respecto, que en los antiguos jeroglíficos egipcios el corazón mismo era representado por un vaso; Por otra parte, el corazón y la copa tienen, tanto el uno como la otra, por esquema geométrico el triángulo, cuya punta está dirigida cara abajo, tal como se encuentra, particularmente, en algunos yantras de la India. Por lo que se refiere más particularmente al Grial, bajo la manera específica cristiana de la historia de leyenda, su conexión con el corazón de Cristo, cuya sangre contiene, es demasiado evidente A fin de que sea necesario insistir más en ello. En Todas y cada una de las tradiciones, «Corazón del Mundo» y “Centro del Mundo» son expresiones equivalentes; no habiendo Aquí, Por otra parte, nada contradictorio con lo que hemos dicho ya antes respecto del «tercer ojo», Pues, En tanto que el corazón es considerado como centro del ser, es Asimismo en él donde reside Realmente «el sentido de la eternidad». Mas naturalmente no podemos meditar en extendernos Aquí sobre la concordancia de estos diferentes símbolos, ni sobre su relación con ciertas «localizaciones» que se corresponden con diferentes grados O bien estados espirituales del ser humano. Hemos de Charlar Aún un tanto de la «demanda del Grial», que se vincula Asimismo a un simbolismo muy general, Puesto que, en prácticamente Todas las tradiciones, se alude a un, algo que, desde una determinada temporada, habría sido perdido O bien cuando menos ocultado, y que la iniciación debe permitir encontrar De nuevo; este «algo» puede ser representado de muy diferentes formas Según los casos, Mas, en el fondo, el sentido es Siempre y en toda circunstancia Exactamente el mismo. Cuando diríase que Set logró regresar a entrar en el Paraíso terrenal y pudo De esta forma recobrar el bello vaso que otros poseyeron después de él, debe comprenderse que se trata del establecimiento de un centro espiritual destinado a reemplazar al Paraíso perdido, y que era como una imagen de éste; y entonces esta posesión del Grial representa la conservación integra de la tradición primordial en un centro espiritual De este modo. La pérdida del Grial O bien de alguno de sus equivalentes simbólicos es, en suma, la pérdida de la tradición con todo cuanto ésta comporta; Por otra parte, a decir verdad, esta tradición está oculta más que perdida, O bien Por lo menos, no puede Jamás estar perdida más que para algunos centros secundarios, cuando estos dejan de estar en relación directa con el centro supremo. En cuanto a este último, conserva Siempre y en toda circunstancia intacto el depósito de la tradición y no es afectado por los cambios que ocurren en el Planeta exterior en el transcurso del desarrollo del ciclo histórico; Pero, Como el Paraíso terrenal se ha vuelto inaccesible, el centro supremo, que es, en suma, su equivalente, puede, en el transcurso de un cierto periodo, no ser manifestado exteriormente, y entonces se puede decir que la tradición va a estar perdida para el conjunto de la humanidad, Pues ella no se conserva más que en ciertos centros rigurosamente cerrados, y el grueso de la humanidad, Aunque reciba Aún de ella determinados reflejos por mediación de las formas tradicionales particulares, que han derivado de ella, ya no participa de ella de un modo consciente y efectivo, contrariamente a lo que tenla lugar en el estado original. La pérdida de la tradición puede ser entendida, en este sentido general, O ser relacionada con el obscurecimiento del centro espiritual secundario que regía, Más o menos visiblemente, los destinos de un pueblo en particular O de una civilización determinada; por consiguiente, hace falta, cada vez que se encuentre un simbolisrno que se relacione con ella, examinar si debe ser interpretado en uno O bien en otro de estos Dos sentidos. Además, hay que significar que la constitución misma de los centros secundarios, correspondientes a formas tradicionales particulares, cualesquiera que sean, indica ya un primer grado de obscurecimiento respecto de la tradición primordial, En tanto que el centro supremo, desde entonces, deja de estar en contacto directo con el exterior y el vínculo Solo se sostiene Por medio de los centros secundarios, que son los únicos que se conocen; por este motivo es por el cual encontrarnos a menudo cosas «substituidas», que pueden ser palabras u objetos simbólicos. Por otra parte, si un centro secundario llega a desaparecer, se puede decir que, de alguna manera, es reabsorbido en el centro supremo, del que no es más que una emanación; Acá, como en el caso del obscurecimiento general que se genera conforme a las leyes cíclicas, hay Además que advertir grados: puede darse el en el caso de que un centro De este modo pase a ser Sólo más oculto y más cerrado, lo cual puede ser representado por El mismo simbolismo que su desaparición completa, Puesto que, todo alejamiento del exterior es, al tiempo, y en una medida equivalente, un retorno al principio. Deseamos hacer alusión Aquí, más particularmente, al simbolismo de la desaparición final del Grial: que éste fuera arrebatado al Cielo, Según ciertas versiones, O bien transportado al «Reino del Preste Juan», Según otras, esto significa Precisamente lo mismo, Aun cuando los «críticos», que ven contradicciones por Todas partes, seguramente ni lo sospechan. Se trata Siempre y en todo momento de esta misma retirada del exterior hacia el interior, en razón del estado del Mundo en una determinada época O, para Charlar más Precisamente, de esa una parte del Mundo que está en relación con la forma tradicional considerada; esta retirada no se aplica Aquí, Por otra parte, más que al lado esotérico de la tradición, Mientras el lado exotérico, en un caso como el del Cristianismo, permanece sin ningún cambio aparente; Pero Precisamente por el lado esotérico por el que se establecen y mantienen los vínculos efectivos con el centro supremo, por cuanto estos vínculos implican necesariamente la conciencia de la unidad esencial de Todas las tradiciones; lo que no puede ser competencia del exoterismo, cuyo horizonte está Siempre y en toda circunstancia limitado exclusivamente a una forma particular. Que subsista, no obstante, cierta relación con el centro supremo, Mas de alguna forma invisible e inconscientemente, Mientras la manera tradicional considerada permanece viva, esto debe darse, forzosamente, Pese a todo; Pues si fuera de otro modo, esto equivaldría a decir que el «espíritu» se habría retirado enteramente de la misma Y que ella ya no es Realmente más que un cuerpo Muerto. Se ha dicho que el Grial ya no fue visto más como antes, Mas no diríase que nadie lo viera más; cierto es, Cuando menos en principio, que Siempre y en toda circunstancia está presente para aquellos que están «calificados»; Mas, De hecho, estos son poco a poco más escasos, hasta el punto de no constituir más que una ínfima excepción; y, desde la época en la que diríase que los verdaderos rosacruces se retiraron a Asia, Es decir, sin duda, También de forma simbólica, al «Reino del Preste Juan», ¿qué posibilidades de llegar a la iniciación afectiva pueden Todavía localizar abiertas antes ellos en el Planeta occidental?.

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