El Fin Del Planeta Y Otros Bulos

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Ha llegado «2012», la película. Charlemos del milenarismo, Aun cuando no toca, Puesto que hace ya una década que sorteamos el precipicio del año 2000 (O de 2001, Conforme los puristas) con menos sobresaltos de los anunciados por arúspices y agoreros. Pero otra vez sopla con fuerza el hálito ponzoñoso del fin del Mundo, amplificado por una superproducción de Hollywood que esta semana ya había recaudado 225 millones de dólares en todo el mundo y que está sirviendo de pretexto A fin de que engorden en internet, Pantagruel insaciable, supuestos argumentos de peso referidos a que el apocalipsis está a la vuelta de el rincón: en concreto. sobrevendrá el veintitres de diciembre de 2012. Así que Mariano Rajoy no alcanzará a comer el turrón en la Moncloa (si llega), ni Londres va a poder entregar el testigo olímpico a Río, pírrico consuelo para los madrileños tras la pasión inútil de Copenhague.
La zozobra nace de que el calendario de los mayas se interrumpe ásperamente ese día, de tal modo que los esforzados exégetas de los profetas de baratillo (Nostradamus, San Malaquías y demás) lo tienen claro: nos aproximamos a la noche de los tiempos. Una aseveración categórica que hace sonreír por enésima vez a Javier Armentia, directivo del Planetario de Pamplona y eficiente divulgador científico, acostumbrado a esta clase de augurios. Pone por delante Armentia que «ni siquiera tiene base alguna atribuir a los pobres mayas haber pretendido profetizar el fin del mundo», Puesto que, aduce, «¿de qué mayas estamos hablando, de los de Tical O bien Chichen Itza? Ni eso. Lo que da lugar al “boom” son los libros Chilam Balam, que recogieron la tradición oral maya a mediados del siglo XIX. Y, Exactamente, esa cultura tenía una concepción cíclica del Cosmos, Conforme la cual todo se repite, Con lo que los términos “maya” y “fin del mundo” son prácticamente contradictorios». «Los mayas —argumenta— organizaron su calendario en períodos muy largos de tiempo, en trece baktun, Cada uno de ellos de los que equivale a unos cuatro siglos, que abarcan hasta diciembre de 2012. Mas pensar que para ellos ahí se ha de acabar todo es una tontería, como si nosotros creyéramos que el Mundo se termina cada Nochevieja». Tampoco le impresiona que la cuestión del calendario la trufen algunos con la profecía maya que narra De qué manera el sol se hará tan grande que lo devorará todo: «Hay quien identifica eso con el calentamiento global, cuando los que generamos un exceso de energía somos los humanos».
Así el monumental bulo de 2012, desmadrado, ha nublado Aun psiques despejadas, como refrendo de lo que sí es una realidad contrastada: las trolas venden. A menudo resultan mercancía estimulante y atractiva, Aunque sirvan a intereses espurios O sean fruto del anhelo de notoriedad de mentirosos compulsivos O circunstanciales. Desde que en 1938 Orson Welles aterrorizó a miles y miles de ciudadanos de Nueva Jerseys con la emisión radiofónica de «La guerra de los mundos» (que no fue en puridad un engaño, sino apenas nadie reparó en que se trataba de una dramatización), se acreditó la credulidad de las masas y la posibilidad de malearlas con falsedades.
Fallo de los filtros
La casuística de la mentira con trascendencia pública, prolija, ha alterado A veces el curso de la historia, y recientemente trae Siempre y en todo momento a primer plano el papel de los medios de comunicación: ¿fallan, cada vez más, los filtros del rigor, desbordados por el poderío y la inmediatez de internet? Josu Mezo, Profesor de Sociología de la Universidad de Castilla-La Mancha y Autor de la página web malaprensa.com, en la que se recopilan falsedades y chapuzas perpetradas por los medios, apunta Por qué internet contribuye a que un bulo llegue a aparentar respetabilidad: «Ahí no hay la escasez, todo suma y todo cabe, Mientras que en los medios de comunicacion tradicionales O el espacio O el tiempo están tasados. Por eso, principios deontológicos aparte, en la prensa, la T.V. O la radio los contenidos se someten a un examen algo más estricto».
Para el catedrático de Sicología José María Martínez Selva, las patrañas calan en las masas «porque El día de hoy hay mucha distancia entre las personas y quienes toman las decisiones»

De forma que la red Asimismo se ha convertido en catalizador óptimo Para que proliferen las leyendas urbanas y arraiguen Todavía más las que llevan décadas circulando. Ciertas, tan consolidadas como la de que una chuleta se desintegra sumergida en un vaso de coca-cola O que fue esa marca de refrescos la que diseñó la imagen contemporánea de Santa Claus, embutido en su traje colorado. Dos creencias muy extendidas y rotundamente falsas, Según desvela snopes.com, una web especialidada en el desmontaje de este tipo de milongas.
Leyendas «post morten»
Otro capítulo goloso para los fabuladores es el de la necrofilia, en el que se ha aventado (con sorprendente poder de convicción) que Walt Disney fue crionizado y aguarda su descongelación en una nevera debidamente custodiada, que Paul McCartney murió y ahora le suplanta un doble O que —la maquinaria no descansa— Michael Jackson ya está siendo sometido a un proceso de clonación.
En esta veta «post morten» existe nutrida tradición, Puesto que es un clásico la duda sobre si Hitler falleció Realmente en Berlín, O bien la de si todos y cada uno de los hijos del último zar, Nicolás II, fueron fusilados tras la Revolución de Octubre. De ahí la historia legendaria de Anastasia, Sólo desmentida muy últimamente por la fuerza de unos análisis de ADN.
Pero los tentáculos de la mentira son alargados, poderosos y siguen alimentando llamativos titulares. Hace apenas unos días, a no pocas plataformas digitales (e inclusive a medios escritos «serios») se la han «colado», por partida doble: primero, cuando se hicieron eco de la falsa odisea del niño Falcon Heene a bordo de un globo y, pocos días después, de la supuesta colisión de un meteorito en una granja lituana, patraña aderezada con las fotografías del falso cráter. Al final, se trataba de una campaña publicitaria de una compañía telefónica que ahora se jacta de haber logrado que se hable del pequeño estado báltico en todo el mundo.
Farsantes y fabuladores
Como destaca el catedrático de Sicología de la Universidad de Murcia, José María Martínez Selva, autor del libro «La gran mentira: en la psique de los fabuladores más famosos de la modernidad», editado por Paidós, «hay que distinguir entre los impostores, como sería el caso del padre del pequeño del globo, que procuran una finalidad específica, ya sea notoriedad, lucro O bien ambas cosas al unísono, y los fabuladores, que inventan historias, biografías y lo que haga falta no con un objetivo determinado, sino para construirse una nueva personalidad O bien crear una realidad». «Por eso —apunta— son tan diferentes los casos de los “periodistas mentirosos” Jayson Blair y Stephen Glass. Blair era un impostor que reforzaba una base real con testimonios y circunstancias falsas (De ahí que le echaron del New York Times) Al paso que Glass fue un as de la fabulación en la revista New Republic».
Para Martínez Selva, las patrañas dirigidas a las masas calan Pues «hoy en día hay mucha distancia entre las personas y quienes toman las decisiones. Eso alimenta las “teorías conspirativas” como la de que el hombre no llegó a la Luna en 1969». «Los campos de la salud y la nutrición —apunta—son terreno abonado, y en momentos de alerta sanitaria es simple hacer creer, Por poner un ejemplo, que la gripe A y otras enfermedades son una creación de los laboratorios farmacéuticos, O generar recelos sobre la composición de un refresco».
No obstante, advierte, Mientras unas sociedades articulan blindajes frente al engaño («en Estados Unidos se creó un fiscal especial a raíz de lo sucedido con Richard Nixon y el Watergate»), países mediterráneos como España, Italia O Francia «continúan siendo condescendientes. Prácticamente a todos los políticos se les puede atribuir una nutrida relación de mentiras, sin que eso les pase factura». Todo cabe en el laberinto social, político y mediático que desemboca en el imperio de las manipulaciones y de los bulos. Ahora toca fin del Planeta, que el cielo caiga sobre nuestras cabezas, Si bien, como diría Abraracurcix, «eso no va a ocurrir mañana». Con O bien sin premoniciones mayas.

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