EL LLAMADO DE CIRO II

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Continuamos considerando el capítulo 45 del libro de Isaías. Y vemos a continuación el propósito de Dios para Ciro.

“2Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro voy a hacer pedazos; 3y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, A fin de que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. 4Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, Aunque no me conociste. 5Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, Si bien tú no me conociste, 6para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo” (Isaías 45:2-6).

Versículo 2 y 3. En el versículo 1 terminaba diciendo el Señor: “para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán”. El Señor promete darle victorias sobre naciones a Ciro. Principalmente sobre Babilonia, quien mantenía cautivo a Israel Y también impedía que regresara a su tierra. Ciro conquistaría Babilonia y “abriría las puertas”, A fin de que los israelitas volvieran a Palestina, y nadie las cerraría.

El Señor garantiza que eso se cumpliría: “Yo iré delante de ti”. Frase que junto a otras sinónimas, se repiten en las Escrituras dando Su apoyo el Señor a sus siervos.

Él quitará todos y cada uno de los obstáculos Para que Ciro lleve a cabo la misión encomendada: “enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos”. Y no Solo le va a dar victorias sobre los enemigos, sino que le cubrirá de riquezas en gran cantidad, “te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados”. Los tesoros de Babilonia, que sus reyes habían logrado como botín de guerra en Todas y cada una de las naciones conquistadas, incluyendo el tesoro del Templo en Jerusalén.

Y continúa el Señor dirigiéndose a Ciro (recordemos que esta profecía tenía sitio unos 200 años ya antes del nacimiento de Ciro), “para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre”. Es extraordinario, Él conoce nuestros nombres mucho antes de nacer, y hasta el número de nuestros cabellos (Mateo 10:30).

Versículo 4. El Señor expresa su propósito: “Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido”. El amor a Su pueblo y su constante preocupación por él es el motivo.

“Te llamé por tu nombre” (Ciro). “Te puse sobrenombre”, “ungido” (v. 1). “aunque no me conociste”. En el inicio de su carrera, Ciro no conocía al Señor, Pero después le sería dado a conocer esta profecía, seguramente por el profeta Daniel, y como queda recogido por Esdras, el sacerdote y escriba, Ciro diría:

“2Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos y cada uno de los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá” (Esdras 1:2).

Versículos 5 al 7. Destaca Aquí la soberanía y deidad del Señor: “5Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí”.

Nuevamente refiriéndose a Ciro, afirma el Señor: “Yo te ceñiré”. E insiste en el pensamiento precedente: “aunque tú no me conociste”.

A fin de que Todas y cada una de las naciones conozcan que, “desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo”. Él es el Soberano absoluto, el Único y Verdadero Dios. Ante Él se doblará toda rodilla.

Nos sumamos al salmista, que dice:

“1 Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.

2 Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y por siempre.

Lectura Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.

Cuatro Excelso sobre Todas las naciones es Jehová, sobre los cielos su gloria.

5 ¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, seis que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?

7 El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar, 8 para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.

9 El hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos.

Aleluya” (Salmo 113).

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“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las premoniciones. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y Exactamente el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, ánima y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:19-23).

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