El Mayor Ligón Del Planeta

0
56

El Mayor Ligón Del Planeta

Se hace el silencio. El gurú aparece por sorpresa en una sala repleta. Un foco ilumina sus palabras, alusivas a la parte más íntima de las mujeres. “¡Domad el c…! Domadlo, dominadlo con los trucos que os voy a enseñar”. El público, 100% masculino, prorrumpe en vítores. En la secuencia, un Tom Cruise de melenita ejercita de Profesor del ligue en la película Magnolia, una joya firmada por Paul Thomas Anderson. Mezcla de telepredicador y charlatán de feria, su personaje roza la astracanada.

En el Mundo real existen en Estados Unidos muchos tipos como él, que se ganan la vida enseñando a ligar, desvelando a sus alumnos los códigos que conducen mansamente a las mujeres desde los instintos varoniles hasta el catre. Venden un magisterio de frases hechas, técnicas, afectadísimas interpretaciones, repertorio de moderno playboy. Y cobran un dineral a una clientela de lo más heterogénea (hay abogados en apuros, estudiantes con acné, ejecutivos hastiados, tímidos, perdedores, fracasados…). A cambio ofrecen un catálogo cifrado y secreto para el que pretenda despertar con una chica diferente cada mañana. El asesoramiento engloba consejos sobre el atuendo y el perfume, las dosis exactas de ingenio en los diálogos, lenguaje corporal, réplicas chispeantes y mil y una pautas de conducta para cada situación. En su jerga se hacen llamar MDLS, Es decir, maestros de la seducción.

Hasta hace pocas fechas flotaban en una realidad paralela, cibernética. Parapetados en pseudónimos y con el limbo que concede Internet, su modus operandi era confidencial. Se terminó el velo de sus misterios. Neil Strauss, escritor, crítico musical en The New York Times y la revista Rolling Stone, se infiltró en una comunidad llamada Pick Up Artists (artistas del ligue). Pasó de 2002 a 2004 entre estos sacerdotes del galanteo y ha plasmado lo vivido en El Método, que De esta forma se titula este manual del cortejo que ha vendido más de 100.000 ejemplares en Estados Unidos y se sitúa entre los 10 primeros en el portal Amazon.com. La obra, que abre un nuevo género literario, se bifurca en 2 vertientes; por un lado, esclarece el anverso de estos clubes de ligones; por otro, aparece como el Ars Amandi del nuevo milenio. Y eso que Strauss ingresó en la comunidad sin el propósito de publicar un libro. Lo hizo Pues no se comía un rosco.

Patito feo a su pesar, Strauss coleccionaba calabazas y negativas de todos y cada uno de los colores en sus años mozos. Las chicas ignoraban a un chaval gris, apocado en las relaciones humanas y de belleza distraída. “Tenía nariz con caballete, gafas, pelo que clarea, era flaco y bajito”, Según su descripción frente al espejo. Hasta le rogaba al Altísimo. “Cuando era adolescente a menudo rezaba en la cama: ‘Por favor Dios mío, no dejes que muera virgen’”.

Pseudónimo. Con lo que, ¿acudir a la cirugía para arreglar lo que la naturaleza le negó? Rotundamente no. Su plan no pasaba por el quirófano. Sería más sibilino, más meticuloso. Decidió ingresar en el citado club de ligue de Los Ángeles. “La mente de las mujeres es uno de los mayores enigmas del Planeta. Tenía que solucionar este misterio”, explica.

Letizia Brando, psicóloga y “entrenadora de solteros” (guía para hallar pareja) de la agencia on-line Parship, difiere de Strauss. “Todos tenemos las herramientas para seducir, fluyen de forma natural si sabemos sacarlas. No hay que poner tantas estrategias. La honestidad y naturalidad funcionan mejor”. Letizia añade que “si estos talleres de seducción mejoran a la persona, como el yoga O bien la meditación, adelante. Ahora, hay que ver qué se persigue; si engañar a la persona, prometer cosas falsas, mentir con tácticas machistas, jugar con los sentimientos…”.

Estos extremos parecieron no importar a Neil. Una vez asentado en Pick Up Artists diseccionaría, sin demasiados escrúpulos, la maquinaria de la seducción y la usaría en beneficio propio. No más noches solitarias “llenas de onanismo”, se jura en un pasaje del libro.

A alcanzar este título oficioso le ayudó su mentor.

Para ello necesitaría un álter ego que sepultara por Siempre y en todo momento al chico tímido que suspendía en temas de faldas. Neil Strauss resucitó como Style; todo éxito, todo prestancia con las mujeres. Al final de su peripecia, si le hubieran impuesto una banda en ella pondría “Style: el mayor ligón sobre la faz de la Tierra”. A alcanzar este título oficioso le ayudó su mentor. Atendía al sobrenombre de Mystery, sosias de un aprendiz de mago con tendencias depresivas llamado Eric von Markovik. Le cobró quinientos dólares por introducirle en su Cosmos de conquistas.

Con suerte se va a haber acostado con alguna.

Mystery difiere mucho de Trotaconventos y la Celestina, las alcahuetas literarias que procuraban filtros de amor. En nada se semeja a Giacomo Casanova y sus técnicas de alcoba. Este catedrático del amor imparte cursos y talleres —de hasta 2.000 dólares— que garantizan muescas en el cabecero de la cama. El precio incluye limusina, entrada a los locales más selectos, clases particulares y prácticas a pie de obra. Al final, cada pupilo va a haber abordado a unas 50 mujeres. Con suerte se va a haber acostado con alguna. No se trata de la Venecia del XVIII y sus acompasados minués. El nuevo campo de batalla son las discotecas, los clubes de striptease, los restaurantes y las fiestas en las mansiones de Mullholland Drive y Beverly Hills con techno y hip hop como bandas sonoras. En los foros de Internet cuelgan las experiencias y captan nueva clientela. El mercado es el Planeta. La aldea global aparece como una enorme pista de discoteca donde “cazar”.

Ellas deciden. ¿Son las mujeres trofeos de caza para estos seductores? El sociólogo Lorenzo Díaz aporta un par de reflexiones. “No me parece patético cualquier modo de educación sentimental, por extraño que parezca. En el plano amoroso frecuentemente mandan la intuición y la química. No hay que demonizar a estos gurús. La mujer es más inteligente. Escucha para ver el proyecto vital que más les gusta, y nos escoge en función de ello”.

Mystery ignoraba cualquier noción pedagógica y sociológica al empleo, Pero se erigió en el Pepito Grillo cariñoso de Style. Y era muy bueno. Cortejaba a una mujer en menos de un chasquido de dedos. Salía de las discotecas con decenas de números de teléfono, triunfaba, le adoraban…

Al comienzo, todo este equipaje impresionó mucho a Style. Se encerró una semana viendo videos y leyendo enseñanzas de Mystery. Compró libros de magia y aprendió ciertos trucos. Aprendió a bailar swing, salsa, nociones de tarot, canto, retórica y hasta análisis caligráfico “para hacer algo que les encanta a las mujeres: escuchar a los hombres Hablar sobre ellas”. Dedicaba 18 horas a estos menesteres. Los piercings, su rasurado cráneo, los pendientes y atuendos de lo más fashion sustituyeron una indumentaria de perdedor. Prácticamente ni dormía. En sus desvelos veía cine clásico para imitar los dejes de James Dean y Marlon Brando. Mas a Sytle le funcionaban Todas las técnicas por delirantes que parecerían. En una tienda de ropa, ligó con una mujer de quitar el hipo. No supo hasta horas después que se trataba de Dalene Kurtis, playmate del año.

Además, dio rienda suelta a sus fantasías sexuales más alambicadas.

Style/Strauss lo pasó en grande. Viajó por todo el Mundo impartiendo cursos de ligue y se acostó con un sinfín de hermosas mujeres. Además, dio rienda suelta a sus fantasías sexuales más alambicadas. El Procedimiento es un viaje de ida y vuelta a la intrahistoria de esta comunidad de seductores que se han clonado como setas en París, Londres O bien Sydney. Algunos de sus pasajes son porno de alto voltaje, muy explícitos en detalles de alcoba.

Este matiz, hedonista y delicioso, encubre una realidad más áspera. “Igual que los drogadictos van a centros de rehabilitación, los incapaces sociales van a talleres para aprender a ligar”, reconoce Strauss. En su opinión Mystery, y el resto de los gurús con apodos como Number9, Tyler Durden, Vision, Sickboy, Rasputín, Steve P. Herbal, Matador of love, Jlaix, Extramask, Twotimer, Incluso él mismo, no son más que inadaptados adictos a su ego. En una palabra, TTF (típicos tíos frustrados) como reza su argot.

Su fama y su éxito cruzó países.

Objetivos. Unos desean localizar a la mujer de su vida; otros “tirarse a Paris Hilton”; La mayoría gozar con raudales de sexo, contar sus hazañas y pasar de víctima en víctima sin remordimiento. “No era un estilo de vida. Era una enfermedad. Viajábamos de costa a costa Sólo para sargear (ligar, en su vocabulario)”, explica Style. Les llegaban correos de acólitos de todo el Planeta. Su fama y su éxito cruzó países. Incapaces de tomar cualquier decisión, sus alumnos les pedían consejos sobre su futuro, la universidad, sus relaciones laborales O bien las drogas. “Llegó un instante en que estaba en la movida, no para conocer a más mujeres, sino para liderar a los hombres”. La ascensión de Style fue mareante. Carrie, Petra, Stacy, Jill, Sarah, Hea, Randi, Anni, Maya, Maggie, Linda… Llegó a salir con ocho al unísono. El harén le colocó en la cumbre y en la discoteca Cro de Miami se postuló rey de la seducción. Desbancó en rapidez, encanto y magnetismo a Mystery, su trasnochado Profesor. El vértigo no le apartó de su verdadera identidad. Era escritor —había sacado Dos biografías musicales de Mötley Crue y Marilyn Manson— y su honradez profesional le obligaba a publicar esta historia en The New York Times. ¿Alta traición? El conjunto se lo tomó medianamente bien. En el fondo les divertía leer sus peripecias como pandilla de ligones.

El protagonista de Top Gun compartía, de algún modo, secretos con Neil.

El artículo de Strauss tuvo mucho eco. Tanto que hasta Tom Cruise pidió ser entrevistado por él. El protagonista de Top Gun compartía, de algún modo, secretos con Neil. Su personaje en Magnolia, Frank T. J. Mackey, se inspiraba presuntamente en Ross Jeffries uno de los más reputados donjuanes de Estados Unidos. Tom negó el parecido. Pero ambos se cayeron bien y el actor introdujo a Style en sitios vedados —el Centro de Celebridades de la Cienciología en Los Ángeles— y le dio algunos consejos vitales con aroma a secta.

Poco después se topó con Britney Spears.

Tras Cruise, otra celebridad se iba a instalar en su vida: era Courtney Love, vocalista de Hole, viuda de Kurt Cobain. Sólo iba a entrevistarla para Rolling Stone, Pero se hicieron íntimos. Poco después se topó con Britney Spears. Se permitió el lujo de coquetear con ella y hacerle unos vulgares trucos de magia propios de colegiales. La diva del pop chicloso alucinó.

Con los pingües beneficios de sus enseñanzas, acompañados de una galería de humanos pintorescos, la escalada de la Comunidad del ligue entró en ebullición. En dos mil cuatro materializaron sus enseñanzas en un centro, una especie de Capacitad de la Seducción. Se bautizó como Proyecto Hollywood y tendría su sede en la antigua casa de Dean Martin, en Los Ángeles. “Era nuestra iglesia de las piernas abiertas”, comenta Strauss. Fiestas para la revista Playboy, nada de tabúes, farras antológicas… La mansión fue la meca del “haz lo que quieras”. Hasta Courtney Love se mudó allí. No obstante, los roces entre sus moradores arruinaron esta dolce farniente. El descontrol fue tal que las señoras de la limpieza se negaban a trabajar en la casa. La mansión echó el cierre. Y ligar dejó de ser divertido. Strauss sepultó a Style. Se enamoró de Lisa, la guitarrista del conjunto de Courtney. Ella le dio su propia medicina, exigiendo naturalidad y cariño auténtico. El día de hoy siguen juntos. En la dedicatoria de El Método Neil se franca: “En tu caso no usé ninguna técnica. Contigo fue honesto. Lo nuestro fue diferente”. ¿Recursos de seductor?. “Mi objetivo es casarme con Lisa y tener un pequeño”. Suena muy en serio.

“El Método” (Ed. Planeta), de Neil Strauss ya está a la venta.

DEJA UNA RESPUESTA

tu comentario
Tu Nombre