El Viaje Que Cambió Sus Vidas

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El Viaje Que Cambió Sus Vidas

El Loco’ es la carta cero de los Arcanos mayores en la baraja de tarot. Esto es, el principio y el fin, el cumplimiento de un ciclo. Representa tanto la intrépida confianza del niño, basada en la ausencia de miedo, como la serena sabiduría del anciano, alcanzada tras un largo recorrido de experiencias. Entre un extremo y otro se despliegan los diferentes estadios del viaje vital.

El gran poder evocador de los Misterios nos sirve para desarrollar un paralelismo entre la experiencia de viajar, en el más amplio sentido de la palabra, y el empuje evolutivo que esos viajes suponen para nuestro enriquecimiento personal e íntimo. Los paisajes, las personas, las costumbres, el arte, las culturas que conocemos nos pueden impactar con toda la fuerza de una carga de profundidad en nuestro reposado estanque de rutinas O, ¡mala suerte!, Todo lo contrario.

En el periplo personal todos tenemos un particular ‘road to Damascus’, un punto de inflexión repentino, una súbita revelación, un hito en el camino que marca un antes y un después. Entre el desplazamiento enlatado que los descerebrados jóvenes británicos perpetran para recalar en Ibiza y probar una travesía alucinada hacia el olvido y las épicas peregrinaciones espirituales de quienes procuran el auténtico hogar en lo más profundo de su corazón, encontramos una infinita gradación de experiencias a través del viaje.

Todos O prácticamente todos atesoramos en nuestra memoria qué trastocó las coordenadas de nuestro yo interior. El espíritu de aventura, la busca de experiencias, la atracción por lo ignoto, el codiciado “yo estuve allá” O bien el ansiado reposo del guerrero, la práctica de una afición, el cumplimiento de un desafío… ¿Qué mueve al ser humano a salir de su zona de confort para explorar nuevos horizontes?

Hay tantas motivaciones como viajeros y tantas formas diferentes de abordar el recorrido como destinos. La búsqueda del Santo Grial que corone nuestras aspiraciones adopta las formas más distintas. Es posible que cuanto más se busque menos se nos revele, y En ocasiones este aparece de la forma más insospechada. Porque el camino Muchas veces toma la forma de una interrogación, y la respuesta a El interrogante cambia la vida por siempre. Como lo hizo la de la escritora Carmen Posadas cuando, a los doce años, se mudó con su familia a Madrid desde Montevideo: “En noviembre de este año se cumplirá medio siglo. Eso cambió mi vida por completo, literalmente. Aunque he tenido temporadas de vivir en Moscú, donde me casé, y en Inglaterra, tras mi separación, mi traslado a Madrid es el que estimo definitivo. Si me hubiera quedado en Uruguay no me habría casado con los hombres con los que me casé, no hubiera tenido a mis hijas, no hubiese sido escritora…”.

Hemos pedido a las protagonistas de nuestro reportaje que nos cuenten ese viaje que cambió sus vidas. Y como cabía aguardar, el relato de sus andanzas ofrece un bosquejo íntimo de sus personalidades. ¿Es la forma de viajar un reflejo de De qué manera abordamos la aventura más definitiva, la propia vida? ‘Volemos’ A través de sus experiencias para saberlo.

Sara Navarro: la vuelta al Planeta recién casada

“Mi viaje de novios fue el que cambió mi vida. Dimos la vuelta al Mundo, tres meses, avanzando Siempre y en todo momento en el sentido que ordena el Cosmos, de Occidente a Oriente, una aventura espectacular”.

La diseñadora de zapatos alicantina recuerda la bahía de Ha-Long, en Vietnam, como algo muy impactante. “La visité de noche, cenando en un restaurante flotante, y fue una visión fantasmagórica, impresionante, iluminada Solo por la luna y las estrellas, con esas peñas verticales enormes…”. Asimismo guarda un gran recuerdo de Australia: “En las islas de La enorme Barrera de Coral, muchas de ellas desiertas, puedes hacer de Robinson Crusoe, bucear en la mitad de los corales, con los tiburones”. Nueva Zelanda la recorrieron en ‘motorhome’, desde Auckland, en la isla Norte, hasta Queenstown, en la isla Sur: “Es sobrecogedor el paisaje de Rotorua, una zona volcánica repleta de géiseres, aguas termales, lagos extraños… Como de otro planeta”, relata.

Sara Navarro.

Sobre sus primeras nociones de viaje, Sara Navarro evoca los largos veranos de la infancia, cuando iba con su familia a Altea (Alicante): “Allí veraneaban mis abuelos ya antes de la Guerra Civil. Tengo unos recuerdos maravillosos Pues era un pueblecito de pescadores donde se vivía muy en contacto con la naturaleza y las costumbres eran Aún muy rurales. Como ‘Heidi’, Mas en playa. Todos los días iba a por leche al establo”, rememora. “El siguiente recuerdo es la primera vez que mi padre me trajo a Madrid; me dijo que había una tienda gigante que tenía dentro escaleras que subían solas, y una planta entera, enorme, llena de juguetes. Figúrate lo que fue eso para la imaginación de una niña”.

De este modo quedaron pergeñadas las 2 pulsiones de movimiento que la llevan ora a retomar el contacto con la naturaleza ora a perderse en parajes urbanos. Desde los corales de Australia, que Sara conserva en un bote de cristal en su baño, hasta su colección de calzado típico popular (botas de los indios navajos O bien de Nepal, bailarinas de Bulgaria…), la diseñadora viaja todos los días sin necesidad de salir de casa.

“Lo mejor del viaje se queda Siempre y en todo momento En ti, en tu riqueza interior, Por el hecho de que es lo que Entonces proyectas en tu vida, algo que compartes y beneficia a quienes están cerca. Lo que aprendes, lo que ves, se convierte en parte de tu capital humano”, concluye.

Cristina Cifuentes: epifanía familiar en Normandía

Hace unos siete años, a la presidenta de la Comunidad de Madrid le surgió la ocasión de efectuar un viaje que al comienzo no deseaba hacer, Por el hecho de que era en coche. “Me daba una pereza horrible, me parecía espantoso… Si bien Luego resultó uno de los mejores de mi vida, tanto por los sitios donde estuvimos como Pues fui con mi familia. No es mi viaje más exótico O bien espectacular, Mas fue increíble. La convivencia que supone viajar en coche por Europa no puedes tenerla de ninguna otra manera. Además, mis hijos estaban en los 17-18 años, esa edad en la que lo que quieren es ir a su aire. Sin embargo, al final, También estaban entusiasmados. Fue una maravillosa experiencia de conocimiento mutuo”.

Cristina Cifuentes.

Carretera y manta rumbo a París (con visita fuera de programa al Château de Malmaison, la residencia de Napoleón y Josefina Bonaparte, “fascinante”), Bruselas, Waterloo, Brujas, Gante, Colonia, Ámsterdam y de vuelta vía Francia haciendo la ruta del desembarco de Normandía, “desde Caen al Mont Saint-Michel. Llegamos de noche, y la visión de la fortaleza iluminada en medio del mar es de lo más impresionante que he contemplado en mi vida. Otro enclave que me conmovió fue el Pointe du Hoc, ubicado entre las playas de Utah y Omaha, en el campo estadounidense del desembarco, donde tuvo sitio una batalla decisiva entre los Rangers y la Wehrmacht. Es un acantilado tremendo, no te explicas De qué forma pudieron trepar por ahí, con las baterías alemanas atacando desde arriba”. Y añade: “El cementerio americano casi te deja sin aliento, Mas Aún más el alemán, una superficie inmensa de césped, las placas son muy pequeñitas y en ellas ves que los soldados eran prácticamente niños, los alemanes ya no tenían hombres que enviar a la guerra…”.

“Cuando estás allí, te preguntas: todo esto, ¿para qué? Siempre y en toda circunstancia me ha conmovido la generosidad de los soldados estadounidenses (y de otras muchas nacionalidades), que regaron con su sangre las playas europeas. Gracias a ellos se consiguió librar al continente del nazismo, ¡ellos nos salvaron! Mas lo que te queda es la sensación de lo absurdo que fue todo. Y no ha pasado tanto tiempo”.

Cifuentes viaja con el ánimo de atesorar lo que ve, huele, come, toca. A la vuelta se trae lo mejor en forma de rico sedimento sensorial Puesto que, como ella afirma, “al final las Fotografías se pierden, da igual que sean en papel O digitales. La imagen esencial es la que se te queda dentro, Porque Aun los recuerdos se diluyen, Mas permanece la conclusión de todo, el poso”.

Ana Milán: un crucero icónico

“Este verano se cumplen 6 años del viaje de mi vida. Es un crucero por el Báltico. El itinerario fue Copenhague, Oslo, Aarhus, Warnemunde, Tallin, San Petersburgo, Helsinki, Estocolmo y vuelta a Copenhague. Cuando era jovencita, mis padres hicieron un crucero con la compañía Princess, que es la que prestó sus navíos para el rodaje de la serie ‘Vacaciones en el Mar’, y pensé que cuando fuera mayor y tuviera dinero yo haría lo mismo”.

Con la firmeza de carácter y el espíritu de determinación que caracterizan a la actriz alicantina, esa ensoñación de ninguna forma se quedó ahí. “Fue como estar De verdad en ‘Vacaciones en el mar’, una experiencia impactante. Lo primero, Pues descansé un montón, y después por esa sensación de sentirse mecida, de que te llevan por la noche a sitios maravillosos que ver al día siguiente. Después he estado en otros cruceros, Pero este tuvo la verdadera esencia de lo que veía de pequeña en la serie del capitán Merrill Stubing”. Y añade: “Si tienes un día de ‘El día de hoy no puedo ni moverme’, te das un masaje, comes fruta, tomas el sol… Que te da el punto energético, te calzas las ‘Nike’ y a correr, en estos barcos lo tienes todo. Recuerdo disfrutar Especialmente de los desayunos, en la mitad de todo ese mar… Y son naves tan grandes que tienes la impresión de que es el océano el que se mueve delante de ti. Llegué a casa como si hubiese estado en un ‘spa’, habiendo comido fantásticamente, Además”.

Para Ana, la verdadera desconexión en los viajes de placer se produce al poner kilómetros de por medio. “Por mi trabajo en el teatro, tengo España bastante trillada. En vacaciones, más que ciudades O bien naturaleza, Deseo playa. El mar y yo estamos Realmente vinculados”.

Ana Milán.

Alejarse de la rutina y una fusión total con los lugares que visita, es su clave. Y la mejor forma de conseguirlo llega, afirma, A través de lo gastronómico. “Cuando viajo me encanta sentirme del sitio donde estoy, me agrada visitar el súper O los mercados de abastos tradicionales. En mi último viaje a Londres para ver a Plácido Domingo, me detuve en hacer la compra. Cuando vuelves a casa tienes esa mermelada que te hace estar allí otra vez, el viaje prosigue de alguna forma. Me da mucha pena ver a esos turistas, ya sea en Madrid, París O Londres, metidos en cualquier ‘burger’, por ponerte un caso… ¡Ay, no, mi vida! ¡Cómete un bocata con pan de allá, con queso del lugar, que te estás perdiendo algo esencial!”.

La actriz se muestra ávida por conocer, experimentar y conectar en sus viajes. “Por favor, que no me regalen Jamás un palo para ‘selfies’. Me parece el colmo de que estamos perdiendo la cabeza, en vez de decirle a alguien: ‘Disculpe, ¿puede hacerme una foto?’. Es una manera de dejar pasar oportunidades para relacionarse”.

Como auténtica fan del Aquí y ahora, rehúye nostalgias y es Experta en los placeres del presente. Lo mejor del viaje se queda en una especie de ‘polaroid’ interna atemporal. “De repente puede ser el sol dándome en la cara Mientras que paseo por París comiéndome un cruasán recién hecho, momentos en los que te sientes en paz, en calma, con la temperatura perfecta, ese es el viaje, todo ha ocurrido para ese instante”.

Beatriz Montañez: una visita a Asia para encontrarse a sí misma

“Aquel viaje brotó una noche en que no podía dormir. Me levanté sobre las seis de la mañana y compré un billete de ida a Beijing. Los siguientes 3 meses recorrí China, Nepal y Tailandia”.

De esta manera, libre, sedienta de conocimientos y de ponerse a prueba con las pequeñas contrariedades de cada día, la periodista y presentadora manchega fue feliz “Aun cuando las cosas salían mal”, Porque descubría facetas de su personalidad que no sabía que existieran. “En China el lenguaje era un verdadero inconveniente Pues La mayoría no habla inglés. En ciertos hoteles lo chapurreaban, Mas en cuanto me adentré en los pueblos más pequeños, observar Y también imitar resultó ser más práctico que cualquier idioma. En determinadas zonas la gente no sabía leer, Así que Aunque llevaba escritas ciertas palabras en caracteres chinos, no ayudaba. Entonces se pusieron en marcha en mí mecanismos de supervivencia y audacia que desconocía”.

Beatriz Montañez.

En Nepal, específicamente en Katmandú, le afectaron mucho las condiciones de vida de los pequeños que caminaban por las calles sucios, con heridas infectadas y, algunos, desnutridos; “No obstante, Nunca perdían la sonrisa”. Katmandú, prosigue, “sufre muchos cortes de luz. Además de esto, las calles no tienen nombre y solo se identifican por barrios. Pero Siempre y en toda circunstancia había alguien que me ayudaba a llegar al hostal amablemente”.

La periodista hizo ‘trekking’ con un guía A lo largo de 10 días hasta el campamento base del Annapurna. “Subimos montañas donde cada vez veías menos personas y el frío era más crudo. Lo Fantástico fue la ayuda de la gente, que te da agua y comida, te anima y Siempre sonríe”.

La ruta finalizó en Tailandia Porque, cuando llegó, Montañez ya se encontraba “un poco cansada”. Decidió terminar con un curso de meditación Vipassana en Wat Ram Poeng, un templo budista en Chiang Mai. “Podría decir que ha sido la mejor experiencia de mi vida hasta Hoy. Fui muy feliz, aprendí a estimar el presente y a estar en contacto conmigo misma y lo que me rodea. Vipassana significa ‘ver las cosas tal como son’, y De esta manera es como las veo ahora. Sin prejuicios, sin adornos. Conseguir sostener eso es ya mi prioridad. Gracias a la meditación he descubierto que cualquier sufrimiento, inconveniente, anhelo O bien apego es innecesario y surge de nuestra psique empapada más del pasado y del futuro que del presente. En estos momentos tomo consciencia de cada segundo del día y el poder del Aquí y del ahora”.

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