Gala, Madona De Su propio Castillo

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Gala, Madona De Su propio Castillo

El Mnac y la Fundació Dalí organizan la primera exposición internacional dedicada a Gala. Lejos del papel pasivo de una musa, la reivindican como autora y coautora del Universo Dalí

«Después de mi periodo surrealista, firmé mis mejores cuadros:Gala-Salvador Dalí. No hace falta ser Sartre para afirmar que el nombre es la persona, Mas hay que ser Dalí para afirmar que la superpersona, el superhombre nietzschiano y la supermujer daliniana, es su castillo», escribió Salvador Dalí que, efectivamente, firmó varios cuadros anteponiendo el nombre de Gala. Una identidad creadora compartida, cuya metáfora se encierra en el castillo de Púbol. Perdido en el Empordà, en un pequeño pueblo de campo, Dalí descubrió un castillo en ruinas, sin techo, que amenazaba con venirse abajo. Y lo compró para Gala, que lo aceptó con la condición de que Dalí Sólo lo visitaría bajo una invitación por escrito. Uno de sus juegos de amor cortés y «sentimientos masoquistas», en palabras de Dalí.

El castillo de Púbol es una obra compartida entre Dalí y Gala, radicalmente diferente al barroquismo de la casa de Portlligat, más del gusto daliniano. Púbol es sobrio, a gusto de Gala. Allí tenía sus dependencias privadas y su biblioteca de libros rusos, en cirílico, a los que volvía una y otra vez. Gala no es la musa etérea que inspiró a Dalí, tampoco es la esfinge calculadora que creó a Dalí: Gala y Dalí se crearon mutuamente. Esa es la tesis de la primera exposición internacional que se le dedica a Gala en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Mnac) con la colaboración de la Fundació Dalí y de Abertis:Gala Salvador Dalí. Una habitación propia en Púbol, título que remite al clásico feminista de Virginia Woolf.

Gala y Dalí se construyeron mutuamente.

«Probablemente esta exposición Solo la podemos hacer en este instante. Hace veinte años no se nos hubiesen ocurrido las preguntas convenientes. Y todo estaba ahí: Dalí firmaba con el nombre de Gala, él mismo reconocía la autoría de ella en sus pinturas. Gala y Dalí se construyeron mutuamente. ¿Por qué no leer desde el punto de vista contemporáneo los retratos que Dalí hace de Gala como una performance de ella misma? Gala También fue una creadora», reivindica la comisaria de la muestra Estrella de Diego, una de las primeras historiadoras que investigó la figura de Gala para liberarla de estereotipos.

«Se afirma que Gala recibía a sus amantes a Púbol. ¿Y a mí qué más me da?Esos rumores Asimismo formaban una parte de la estrategia de la propia Gala, que Siempre se ha presentado como un enigma, un misterio que ella propiciaba. ¿Cómo replantear Púbol? Es el gran objeto surrealista de Dalí y Gala», apunta De Diego.

Para conocer a Gala hay que ir a Púbol. En el pueblo de unos ciento treinta habitantes todos hablan de Gala y hasta corren supersticiones de que En ocasiones, en la cripta donde está enterrada, uno puede sentir vibraciones extrañas(a ella, gran aficionada al tarot, le encantaría).

En el Mnac, tras unas cortinas palaciegas y unos espejos (una escenografía que se repite en toda la muestra) el visitante se adentra en el Empordà, en los bocetos que hizo Dalí para decorar las salas medievales-surrealistas del castillo. El primer lienzo de la exposición Asimismo es una metáfora de lo que fue Gala: La madona de Portlligat (primera versión). Pintado en 1949, Gala aparece como la virgen (pro)creadora de un surrealismo clásico. Lo cede el Haggerty Museum of Art de Milwaukee (Estados Unidos), una de los muchos préstamos de una muestra que, Pese a las peticiones internacionales, no va a itinerar debido a la fragilidad de muchas obras. Gala Sólo va a estar en Barcelona, hasta el 14 de octubre. Entre los préstamos Asimismo destacan La esfinge de azúcar (1933), procedente del Dalí Museum de St. Petersburg (Florida) y Nacimiento de los deseos líquidos (1932), firmado como Gala Salvador Dalí y que compró la mismísima Peggy Guggenheim para su colección particular y que Hoy se expone en su palacio de Venecia.

Púbol se recrea con el exquisito armario de Gala (de Christian Dior a Elsa Schiaparelli), sus objetos personales (como un peluche), sus libros, fotografías y cartas manuscritas. Después hay un flash back a los años parisinos, al matrimonio con Paul Éluard (al que conoció en un sanatorio suizo cuando él tenía diecisiete años y ella 18)y al grupo surrealista. «Los propios surrealistas decían que Gala era la pieza que faltaba en el tablero», señala De Diego. Y con esta exposición la reina vuelve al tablero, con una libertad total de movimientos. Exactamente la misma libertad que le hizo abandonar su cómoda vida en París con el poeta de moda por un joven catalán de veinticinco años que Todavía no era nadie. Cambió su palacio a las afueras de París por una barraca de pescadores de veinte metros, sin agua ni electricidad. Todo por Dalí, un príncipe del Mediterráneo más agreste al que ella hizo rey.

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