Jardín Sin Flores

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Desde que el Mundo es Planeta, uno de los temas de charla preferidos es la meteorología. El tiempo que hace, el que ha hecho O el que va a hacer. El estado de la mar y la altura de las olas que rompen contra los espigones. La lluvia que no llega O la que se pasa de raya. El otoño amable O bien el invierno atroz. La bondad de la naturaleza O los daños colaterales.

No sé si se han fijado, Pero los hombres y mujeres del tiempo hacen ahora sus predicciones con la biblia en la mano. Y es que el pasado Siempre vuelve. Han vuelto los tsunamis, el arca de Noé, las devastadoras sequías de los sueños de José, el mayor vidente de la protohistoria. Asimismo la mujer de Lot. Si lo de Sodoma y Gomora no fue una catástrofe natural, entonces fue la metáfora del esoterismo que nos aguardaba a la vuelta del tiempo, con Esperanza Gracia derramando bondad sobre algo que nos intranquiliza, nos atormenta O bien nos perturba.

Si en un sitio del planeta azota la sequía, en sus antípodas cae el diluvio.

No obstante, nada ha vuelto por las buenas. Existe una correspondencia universal que actúa sabiamente. Si en un sitio del planeta azota la sequía, en sus antípodas cae el diluvio. Todo es viejo y conocido. Hasta el cambio, que se remonta millones de años atrás. Es el cambio del cambio.

Las buenas temperaturas, a la esperanza.

Camino por este Madrid sucio y deshidratado pensando en el procés, que a tantos golpistas da de comer (golpistas de Acá, de allá y de acullá). El optimismo no es mi fuerte. Los optimistas se despiertan del trance como de un mal sueño, con un chichonazo en la cabeza. Ignoro qué factores ajenos a la política influyen en los comicios. Para mí que el clima. No puede ser lo mismo una votación en junio que en diciembre. El frío conduce a la amargura. Las buenas temperaturas, a la esperanza. Junio es, por naturaleza, el mes más amable. Esa percepción me consta desde que, levantando Solo un palmo del suelo, los pequeños recitábamos “he dormido esta noche en el monte, con el pequeño que cuida mis vacas, en el valle tendió para los dos, el rapaz su raquítica manta…. Una noche solemne de junio, una noche de junio muy clara”. Nada me ha dejado una huella tan grata como esta cursilería universal atribuida a Gabriel y Galán.

Si Siempre y en toda circunstancia estuviéramos en junio, la vida iría mejor y los candidatos que ganarían las elecciones serían Mas apacibles y solidarios, más humanos. Yo no cuento los años que he cumplido sino más bien los años aproximados que me quedan por cumplir, y en específico, los junios. Un año sin junio debe de ser como un jardín sin flores, O bien un gobierno sin Arrimadas.

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