José C. Vales: “La Inteligencia Es Saber Disfrutar De La Vida”

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José C. Vales (Zamora, 1965) es un filólogo y traductor que de cuando en cuando escribe novelas, Conforme le gusta decir. De momento lleva tres en su haber. La primera, de 2013, fue El pensionado de Neuwelke. Con la segunda, Cabaret Biarritz, ganó el Nadal en 2015, y en la última, Celeste 65, editada por Destino, traslada sus bagajes al lujoso Hotel Negresco de Niza, un entorno de glamur y sofisticación en el que luce como Jamás su prosa bruñida Y también hilarante.

El estilo de Vales no se parece a nada de lo que se publica en España -si Acaso a Mendoza-, Pero es deudor de los grandes escritores realistas ingleses a los que sepultó el psicologismo de Virginia Woolf y compañía: Trollope, Dickens Lógicamente y, de forma muy singular en su caso, Arnold Bennett, de quien él mismo ha traducido, Por poner un ejemplo, Enterrado en vida.

«Bennett tuvo la mala suerte de enfrentarse a Virginia Woolf. Ganó el emocionalismo y se perdió esta rama del realismo del siglo XIX que podía haber evolucionado hacia otros temas», asevera el autor zamorano. «Woolf decía que Bennett no contaba nada del Alma en sus descripciones, cosa de la que discrepo plenamente. Yo aspiro a parecerme a él y a Dickens; un personaje de Hotel Biarritz dice de Dickens que no hay nada de literatura en lo que escribe, igual que Paul McCartney negaba que lo que hacían los Beatles fueran cultura…».

El mucho humor que recorre las novelas de Vales una parte de una visión del Mundo como la de los hermanos Coen. Linton Blint, el protagonista de Celeste sesenta y cinco que se metamorfosea en Nigel al contacto con la distinción del Negresco y de la preciosa Celeste, es uno de esos tontos que «no lo son tanto» Mas están convencidos de ello Porque «se lo han dicho tantas veces…». «Estas personas machacadas son capaces de hacer cosas tremendas -relata el escritor-. Mas Nigel encuentra en la Riviera un Planeta donde todos son brillantes y divertidos. Entonces descubre la vida: tener acceso a alguien como Celeste le hace ver que puede ser otra cosa Aun para alguien como él».

«La ironía es el arte de dar bofetadas con elegancia», prosigue un autor convencido de que existe en la novela «una tendencia excesiva a hacer el elogio del dolor y del sufrimiento. El humor está en el ADN de la novelística española, desde el Quijote hasta Larra, Aun Cela en su tremendismo. Este libro tiene una raíz bufonesca Pues el bufón era el único que le contaba la verdad al rey».

En Celeste 65 se dan cita los grandes temas y las pequeñas obsesiones de Vales. Hay pinceladas de astronomía y esoterismo, diatriba contra el psicoanálisis y sus estragos, visitas al reverso del lujo del Negresco y dardos contra el existencialismo. «Libros como El extranjero han envejecido muy mal -asevera-. Claro que la vida carece de sentido, tiene Solo el sentido de que hay que vivirla, procurar disfrutarla: el sentido de la vida es vivir, y en eso la Riviera suponía una obra maestra».

Nigel, estrafalario Y también indefenso hasta la ternura, comprende que la frivolidad puede ser una de las hermosas artes y «que la inteligencia es saber disfrutar de la vida, dominarla todo lo que puedas», un punto de vista que Vales sintetiza en la propia novela: «Cómo voy a ser existencialista si me agradan las gambas y tus piernas». Las de Celeste, naturalmente.

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