Josefa Tolrà, Espiritista Y Artista

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En sesión especial, reservada para invitados, la Sala Gaspar de Barcelona inauguró el 18 de enero de 1956 una exposición de dibujos de Josefa Tolrà. Actividad programada por los amigos de la asociación cultural Club 49, amantes de la clandestinidad y los laberintos del inconsciente. En aquella ocasión, artistas, patrocinadores, críticos y amigos se reúnen para admirar los dibujos de una mujer prácticamente octogenaria, desconocida en los ambientes académicos y culturales, que traza misteriosas figuras bajo estados de trance mediúmnico. La exposición fue nocturna, privada y breve. Una ocasión excepcional para un personaje inédito, una campesina de Cabrils que recrea extraordinarias visiones de gran contenido simbólico. En aquella exposición se mostraron doce dibujos elegidos por el psiquiatra Joan Obiols, en diferentes técnicas y formatos, La mayoría de ellos bajo el título Dibujo fuerza fluídica. El crítico de arte Alexandre Cirici Pellicer comentó dichos y hechos de la autora.

Josefa Tolrà, “la meravellosa dibuixant Pepeta Tolrà de Cabrils”, como la describe Cirici Pellicer, fue un personaje fascinante entre los artistas del conjunto Dau al Set y los socios del Club cuarenta y nueve que la visitaron A lo largo de los años cincuenta. Una artista autodidacta que empezó a dibujar a los sesenta años, sin anhelo de notoriedad, alejada del Mundo oficial del arte y próxima al Universo astral. Sus obras manifiestan un Planeta interior que germina fuera de los planteamientos tradicionales del arte y que se perfecciona A lo largo de los años en trazo y representación. Joan Brossa es uno de sus admiradores, el poeta siente una auténtica complicidad con la naturaleza hipnagógica de la Médium. Josefa puede ver el aura de las personas, disertar sobre filosofía O teoría del color, escribir largos y enigmáticos textos en castellano (lengua que casi desconoce) y dibujar personajes con rostros de enorme profundidad espiritual. Los dibujos, como los textos, son una parte de un Planeta que aborda en sus estados de conciencia multidimensional, cuando atiende las voces que la envuelven O vislumbra seres ingrávidos entre flujos de energía astral: son los personajes fluídicos, sus hermanos espirituales.

Entre 1942 y 1959 esta clarividente de Cabrils Efectúa prácticamente un centenar de dibujos, escribe e ilustra numerosas libretas, compone poemas, transcribe textos, borda mantones con filigranas fluídicas, redacta una novela y atiende a sus vecinos como sanadora. Una mujer sin estudios, humilde y apacible, que empieza a dibujar y escribir como antídoto a la tristeza y la depresión que le ocasiona la muerte de sus Dos hijos varones. El dolor le abre paso directo hacia el más allá, esa matriz cósmica omnipresente, y empieza a interpelar las voces que murmuran tomando nota de los dictados. Seres desconocidos y guías espirituales dialogan con Josefa, quien transcribe con primorosa caligrafía y mágicos caligramas. Ella es, Según relata, “una hermana que tiene la misión de trabajar en el dibujo y Asimismo de escribir con trasmisión de pensamiento”.

En poco tiempo la Espiritista se hace popular entre artistas, versistas y amigos que la visitan en su casa de Cabrils, residencia que Jamás abandona: Joan Brossa, Joan Obiols, Alexandre Cirici Pellicer, Modest Cuixart, Antoni Tàpies, Moisès Villèlia, Magda Bolumar, Maria Dolors Orriols, Enrique Modolell O Manuel Cuyàs son algunos de ellos. Todos admiran la visión espiritual de los dibujos, la técnica gráfica, el misterio iconográfico y los discursos. Joan Brossa mantiene un vínculo muy especial con la Espiritista y en numerosas ocasiones recordará sus extraordinarios momentos de catarsis plástica. No se trata de una mujer excéntrica, ni marginada O loca, Josefa Nunca recibe tratamiento médico ni sufre exclusión social, su obra debe interpretarse desde la singularidad de una visión más allá del Planeta material, capaz de conexiones inusuales entre el cuerpo y la psique en el espacio infinito de los múltiples mundos. Piadosa y espiritista, amiga de sus vecinos y madre nostálgica, Josefa Tolrà es un personaje que se oculta y reaparece entre los arabescos de sus dibujos, en los jeroglíficos del texto y las fórmulas mágicas del vivir. Una artista y mujer, una más entre tantas otras ya reconocidas, que halla en la creación de dibujos y bordados un antídoto para el desasosiego interior: “Solo cuando dibujo me siento en paz”, declara a sus familiares.

Esta mujer de extraña creatividad, de imposible clasificación, muere apaciblemente en 1959 iniciando su último viaje hacia los “seres de luz” que Siempre le han acompañado. Su única hija, Maria Lladó, preservó el legado, Así mismo la voluntad de no comercializar las obras. Los dibujos son regalos de los ángeles de luz, ella Sólo una mediadora entre los guías espirituales y el Planeta físico, y Por lo tanto se ofrecen como dádiva para gozar De semejante escritura simbólica. Josefa Tolrà regalaba los dibujos, fruto del poder Autor que llevamos dentro y que ella trazó con paciencia y amor.

La Espiritista y el poeta
Muchos años tras su muerte, otra asociación cultural similar a Club 49, la asociación ACM de Mataró (Associació per a la Cultura i l’Art Contemporani), recupera la figura de Josefa Tolrà en una exposición que se celebra en 1998. Un proyecto que reúne dibujos de la Ocultista, ciertos de ellos propiedad de Joan Brossa. En esta ocasión, el poeta relata la historia de la artista de Cabrils, anécdotas y vivencias que se registran en vídeo. De este material tan singular, grabado poco antes de fallecer Brossa, brota la iniciativa de preparar una exposición más amplia de los dibujos de Josefa Tolrà.

Un tiempo después, en el 2011 y sin más datos, 6 dibujos de Josefa Tolrà retoman la escena pública en el Museo Reina Sofía de Madrid. En la sala 401, en el contexto de la presentación de la Colección Dos del museo (¿La guerra ha terminado? El arte en un Mundo dividido, 1945-1968), se exhiben los seis dibujos de esta autora. Comparten sala con obras de artistas internacionales relacionados con el art brut y otras sintaxis fuera de los cánones oficiales del arte de la posguerra europea (Brassaï, Fautrier, Michaux, Wols, Dubuffet). Junto a estas formas oscuras, matéricas y siniestras, los dibujos de Josefa Tolrà destilan espiritualidad, ligereza, luz, libertad de trazo y una iconografía particular donde se escenifican imaginarios que van de las escenas populares a las visiones sagradas y cósmicas. Los personajes están tejidos con líneas y ornamentos que se proyectan en el espacio Mediante la repetición de gestos gráficos y la sobreposición de planos. Los dibujos de Josefa Tolrà resplandecen con sus espirales de energía y cuerpos evanescentes. Después de años de silencio y olvido, las obras de esta artista desconocida se ofertan a la contemplación del público (en la colección del museo hay un total de 37 obras) y se legitiman como arte en el contexto de la institución.

Esta iniciativa del museo presta a la asociación ACM la ocasión de proseguir trabajando en la catalogación y la lectura crítica del legado de una mujer ajena al Planeta académico del arte y las letras Mas capaz de producir prácticamente un centenar de dibujos, escribir numerosas libretas con textos sobre historia O bien filosofía, bordar telas y Charlar sobre arte. Actividades que llevaba a cabo para su sosiego interior y guiada por los estados de trance mediúmnico que le dejan entrar en comunicación con seres más allí del Planeta material. Dotada de singulares capacidades psíquicas, Josefa Tolrà dibuja y nos pone en contacto con la angelitud.

Culminando este recorrido iniciado en la sala Gaspar de Barcelona, se presenta hasta el treinta de marzo en las salas de Can Palauet de Mataró una excepcional exposición dedicada a las obra de esta autora. La muestra se plantea como una amplia e inédita presentación de dibujos y escritos: Josefa Tolrà, Dibujo fuerza fluídica. Más de 100 producciones entre el verbo y la imagen dejan describir y analizar el legado de una artista inclasificable que la imprevisible posteridad hace emerger del olvido.

El catálogo, que se presentará el 21 de febrero, examina por primera vez la producción de Josefa Tolrà. Este mapa lectural, entre la ciencia y lo sagrado, deja interpretar ciertos de los perfiles del arte y la cultura en distintos momentos, con singular atención sobre episodios del arte moderno en los años cincuenta en Barcelona. La lectura requiere También interpretar el factor legitimador del arte por una parte del museo, así como la incidencia de los lenguajes no ortodoxos en la historia del arte internacional (arte de mujeres, arte de los primitivos de El día de hoy, arte de los enfermos mentales, arte popular, arte marginal, arte mediúmnico). Asimismo el papel del dibujo frente a otros formatos más canónicos, analizando desde este soporte una vía historiográfica más heterodoxa.

Representaciones de lo invisible
Josefa Tolrà, más allá de la clasificación asumida de art brut que Jean Dubuffet instauró en 1945, nos ofrece la ocasión para revisar parámetros de interpretación muy actuales que se presentan en recientes exposiciones y discursos críticos sobre la mística en artistas mujeres O bien la tradición esotérica en el arte. Recordemos la relación entre ocultistas y artistas en exposiciones recientes: en el caso de Victor Hugo O bien los surrealistas, proyectos como The message. Art and occultism (2008); la relación entre ciencia, arte y fenómenos que se escapan de la razón, L’Europe des esprits ou la fascination de l’occulte, 1750-1950 (2011); los caminos de acceso a lo desconocido, arte y ciencia, L’âme au corps, art et sciences, 1793-1933 (1993): el vínculo entre arte occidental y espiritualidad desde el siglo XIX, Traces du sacré (2008); el interés por revisar las nomenclaturas y contenidos, European self-taught art: brut or naïve? (2000), O bien la sala dedicada al conocimiento no racional que el comisario Massimiliano Gioni propuso en la reciente Bienal de Venecia.

Asimismo los múltiples estudios y exposiciones sobre mujeres artista y la trascendencia psíquica: su relación con la alquimia y el esoterismo, Remedios Varo O bien Emma Kunz; la importancia de la tarea de dibujar como antídoto psíquico en situaciones de depresión, Unica Zürn, Hélène Reimann O bien Louise Bourgeois; las obras redescubiertas de la sueca Hilma af Klint, coetánea de la vanguardia más hegemónica; la producción Myrinerest de Magde Gill O las obras de Laure Pigeon, Aloïse Corbaz, Georgine Hu y Henriette Zèphir. En definitiva, la exploración y la representación de lo invisible, la experiencia de las médiums y la existencia de un fluido vital que se transmite en la producción artística. Un relato coral entre mujeres que tejen su obra con experiencias psíquicas y procesos identitarios fuera de norma.

Josefa Tolrà forma parte de esta constelación de ontofanía creativa y ahora su obra puede verse en Mataró, gracias a la aportación de la familia y la colaboración del Macba y el Mncars. Dibujos que surgen de una experiencia interior, imágenes de gran inventiva alejados de los modelos técnicos O los tópicos culturales, fuera de los cánones profesionales O bien académicos, al margen de la modernidad del Mundo del arte y Por ello de enorme magnetismo. El público puede adentrarse en un espacio singular, itinerar entre escenas costumbristas, mitológicas, bíblicas y espirituales donde el trazo y el color recuerdan los ornamentos textiles y las tradiciones antiguas más universales. La enorme escena del Jardín del edén, con una figura de Eva embelesada en frente de la víbora, abre las puertas a esos múltiples mundos que Josefa Tolrà visionó y dibujó en Cabrils, acompañada por los “mensajeros de la buena voluntad” y el “divino Profesor Jesús”. Sin duda, un acontecimiento para el Mundo del arte del siglo XXI.

Manuel Guerrero Brullet

“Para el artista dibujar es descubrir”, afirma John Berger. Y, efectivamente, gracias al dibujo Josefa Tolrà (Cabrils, 1880-1959) descubrió su fuerza visionaria y mediúmnica. “Antes de que evolucionara y se convirtiera en una indagación de lo perceptible, el dibujo fue una forma de dirigirse a lo ausente, de hacer que apareciera lo ausente”, ha escrito Berger. Y Así es en los dibujos maravillosos y enigmáticos de Josefa Tolrà, donde aparecen figuras mitológicas, seres ingrávidos, visiones astrales…

Fueron el poeta Joan Brossa, el escultor Moisès Villèlia, el pintor Antoni Tàpies, O miembros del Club 49, como Alexandre Cirici, Durante los primeros años cincuenta del siglo pasado, algunos de los primeros en valorar los dibujos sorprendentes de Josefa Tolrà que eran efectuados en estado de tránsito mediúmnico y le eran dictados por los que ella llamaba sus hermanos de luz. Entre los años 1942 y 1959, Tolrà efectuó más de un centenar de dibujos, con los que Nunca comercializó, que regalaba entre sus visitantes y conocidos. Brossa, que tenía múltiples dibujos de ella en su casa, y que la visitó varias veces en Cabrils, de donde ella prácticamente Jamás se movió, recordaba De qué manera Josefa Tolrà veía el aura de las personas y Cómo, en estado de tránsito, hablaba y dibujaba.

“Dibujo fuerza fluídica”, era De qué manera ella definía sus obras. Como apariciones astrales, a partir de espirales y líneas en movimiento, las imágenes y los rostros de sus dibujos se iban creando en un espacio desconocido. “De donde está hecho este dibujo no hay ni arriba, ni abajo, ni izquierda, ni derecha”, afirmó un día la Espiritista a Brossa. Unos dibujos que la artista llegó a comparar con aerolitos. En uno de sus dibujos podemos leer: “Dibujo=aerolitos que son el camino más fecundo para ponerse en acción”.

Ahora, por primera vez, se muestra una extensa selección de los dibujos, escritos y tejidos de Josefa Tolrà, cedidos por la familia y diferentes coleccionistas. Una impresionante exposición que, hasta el treinta de marzo, da a conocer en Mataró la obra inclasificable de esta Ocultista y artista. Un auténtico descubrimiento.

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