La Alquimia Del Tarot

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La Alquimia Del Tarot

Toda la transmutación alquímica, ya sea material O bien espiritual, es producida por el fuego y se cuece en el Athanor, caldero análogo al Alma humana. El aspirante a alquimista tiene que tener presente que en su trabajo ese fuego interno sea continuo y incesante. Que no se encienda tanto, que por su causa arda y se pierda nuestro ánimo, ni que tampoco disminuya al grado de apagarse. En el mantenimiento de ese fuego y en el control natural de su potencia, radican los principios básicos de la Alquimia. Sin embargo, para poder equilibrar esas energías, es indispensable conocerlas, sin negarlas ni darlas por supuestas. Poco sabe el hombre ordinario de lo más elemental del conocimiento de otras realidades y de sí mismo. Toma sus fobias y manías, Esto es su personalidad, como su identidad, sin ver que ha extraído estos condicionamientos del medio, de modo imitativo y carente de significado y trascendencia. La doctrina tradicional, constituye una guía y un camino por donde puede encauzarse nuestra pasión por saber y nuestro amor por el Conocimiento. La mente «personalizada» no puede consigo misma. Por lo que más nos valdría reconocer nuestra ignorancia, que la mayor parte de las veces no es sino más bien apego a descripciones ajenas de la realidad, por intermedio de las que inconscientemente hemos tratado de organizar nuestra existencia. La doctrina tradicional es Por eso una garantía, en el sentido de que facilita y concentra el mantenimiento y la graduación de ese fuego interno Por medio de la entendimiento y el aprendizaje. La Alquimia reconoce 4 elementos básicos, O principios de la «materia», los que combinados alternativamente entre sí producen la sustancia del Universo.

Estos elementos son: Cábala

Para Todas las tradiciones Siempre y en todo momento han existido dioses, O bien energías intermediarias entre el Ser Supremo y sus expresiones fenoménicas. En las grandes tradiciones monoteístas En nuestros días vivas (judaísmo, cristianismo, islamismo), esas funciones son cumplidas por nombres divinos, arcángeles y ángeles. Ellos designan atributos O estados del Ser Universal, y son las sefiroth propiamente dichas. El Arbol Sefirotico se halla dividido en 4 planos, O bien mundos, que en la tridimensión son cuatro niveles O bien jerarquías, en las que se hallan estructuradas Todas y cada una de las cosas. Estas jerarquías se escalonan de lo más alto a lo más bajo (del 1 al 10) y van de lo más sutil a lo más denso. De lo invisible a lo grosero. De las causas más profundas y secretas a los fenómenos perceptibles por los sentidos. Este despliegue de energías (de la inmanifestación a la manifestación) constituye la doctrina de las emanaciones de la Cábala, y describe el proceso cosmológico; conforma un modelo del Cosmos. Y como el macrocosmos (Mundo) y el microcosmos (hombre) son análogos, estas sefiroth se corresponden con estados físicos, psíquicos y espirituales del humano, que puede conocerlos y vivirlos en su interior. Nota
Olam Ha Atsiluth, cuya traducción significa Planeta de las Emanaciones, es el plano más alto y está constituido por las sefiroth Kether (1), Hokhmah (2) y Binah (3), que configuran la triunidad de principios ontológicos precedentes a la solidificación de Todas y cada una de las cosas. De esta tríada emanan las energías más sutiles, que en orden sucesivo numeral (1, 2, 3) van a dar a la sefirah número 4, como primera manifestación de esos principios en el plano de los arquetipos. Olam Ha Beriyah constituye el Mundo de la Creación. Está compuesto por las sefiroth Hesed (4), Gueburah (5) y Tifereth (6). Allí se producen las primeras formas, que se manifiestan sutilmente en el nivel siguiente. Olam Ha Yetsirah O bien Planeta de las Formaciones, está constituido por las sefiroth Netsah (7), Hod (8) y Yesod (9). Su irradiación acaba en Olam Ha Asiyah O bien Plano de la Concreción Material, perceptible por los sentidos, que está integrado solamente por Malkhuth (10). Esta es la esfera de donde debemos partir en nuestros trabajos ascendentes. En realidad constituye la única sefirah perceptible de todo el Arbol, estando compuestas las demás de energías sutiles, Pero Verdaderamente existentes. Alquimia

N). Está claro que estos Principios son energías presentes en el plan del Planeta y del hombre.

Tres son los Principios básicos en los que se funda toda la Alquimia. Y es con la interacción y conjugación de estos Principios (que se hallan en Todas y cada una de las cosas), con los que el aprendiz de alquimista cuenta, a fin de efectuar su tarea de transmutación. Estos Principios son: El Azufre es activo (+). El Mercurio es pasivo (-). Y la Sal, que liga los 2 Principios anteriores, tiene una energía que se puede calificar de neutra (N). Está claro que estos Principios son energías presentes en el plan del Planeta y del hombre. Y También que ellos no deben tomarse exclusivamente de forma literal y material, en el sentido de que estos constituyen elementos físicos del Mundo sustancial, sino como las instancias productoras y activas de toda la materia. No obstante, ellos se encuentran Asimismo explícitos en la naturaleza, y los símbolos con los que se los describe no son en absoluto arbitrarios ni casuales. Ejemplo: el color plateado del Mercurio, asimilado También a la luna y la receptividad, y su movilidad y ductibilidad, asociada al comienzo femenino, etc. Para la Alquimia, entonces, todo lo creado, ya sea lo manifestado en forma específica, O bien lo inmanifestado a los sentidos ordinarios (no lo Inmanifestado que por definición es no engendrado), está compuesto de estos 3 Principios, de cuya interacción y conjugación nacen Todas las cosas. Debemos recordar que el Athanor es el horno, caldero O cocina alquímica, donde se cuecen estos Principios continuamente, y los elementos minerales que de ellos derivan, los que llevan En sí esta división tripartita. El Mundo entero es un Athanor donde continuamente se separan, se juntan y se resuelven, el Azufre, el Mercurio y la Sal. Del mismo modo, en el interior de todo ser humano, y Singularmente en su psique, ánima O Ánima, es donde estas energías se oponen, se contradicen y se unen, provocando una perenne dialéctica de desequilibrios y equilibrios constantes, los que conforman en su última y más alta instancia, la armonía universal. En tanto que el perpetuo desequilibrio de las partes, es al tiempo la posibilidad del orden del conjunto. Esta activa es una dialéctica en la que los opuestos no se excluyen, sino que tienden a regresar a reunirse, por necesidad. El hombre profano no conoce esta armonía, Pues ignora esta ley y tiende a separar, dividir y destruir, Aun sin advertirlo, motivo por el cual su Planeta es ajeno y está invertido con respecto a la sabiduría que brinda de forma permanente el libro abierto de la naturaleza. Los niveles del horno alquímico O Athanor, equiparados a niveles O bien estados de conciencia del humano se corresponden con los planos del Arbol de la Vida. Atsiluth es equiparado al espíritu O Espíritu Universal; Beriyah y Yetsirah al Ánima O Ánima universal subdividida a su vez en psiquismo superior Y también inferior, Al tiempo que Asiyah se identifica con el cuerpo. Debemos indicar que las operaciones del alquimista están invertidas con con respecto a la manifestación universal, Ya que ellas van de lo más grosero a lo sutil, Al tiempo que los efluvios divinos recorren el Arbol de lo sutil a lo grosero. La Tríada

Lo dicho más arriba, referido a la Alquimia, puede representarse, en verdad, por la figura de un triángulo equilátero. Ya sabemos que el símbolo, y la idea que éste refleja, puede ser expresado por una figura geométrica, un número, un ritmo O un gesto. El triángulo equilátero sintetiza esta realidad de los principios universales, y su figura -y las especulaciones indefinidas a que da sitio- puede mostrar, de una sola vez, las energías y las potencialidades de la Idea, transmitiéndonos De este modo, en forma cabal, su conocimiento y las incontables sugerencias a que da sitio. Pueden transponerse ahora a este triángulo, los conceptos de Creación, Conservación y Destrucción (O mejor, Transformación), presentes en toda cosmogonía tradicional, y que constituyen la conocida Trimûrti de la tradición hindú, manifestada por los dioses Brahmâ, Vishnu y Shiva. Mas no únicamente de una sola y exclusiva forma se representan los conceptos que los símbolos expresan, sino pueden figurarse de diferente modo, permaneciendo la Idea invariable, de la que ellos son un soporte para su meditación. Tomaremos otra tríada que el símbolo de la rueda expresa: espíritu, ánima y cuerpo. En este caso el espíritu corresponde al centro, el ánima a la recta que une centro y periferia, y a esta última el cuerpo. Lo mismo es válido para la tríada de cielo, hombre y tierra, Y también del mismo modo es claro que el punto central del círculo corresponde a Kether, la periferia a Malkhuth y En esos 2 polos se alinean las demás sefiroth, Esto es el resto del Arbol cabalístico. Cábala

Las primeras tres sefiroth, que forman el Planeta de las Emanaciones (Olam ha Atsiluth) son llamadas Kether, Hokhmah y Binah, que significan «Corona», «Sabiduría» Y también «Inteligencia», como ya dijimos. Aunque se manifiestan como 3 cifras O numeraciones (expresadas, respectivamente con los números 1, 2 y 3), la Cábala nos advierte desde el inicio que se trata de una sola energía que constituye lo que es llamado la «Triunidad de los Principios», el Rey del que mana toda la Creación, tanto los seres visibles como los invisibles. Hokhmah es el Padre, Binah la Madre y Kether su Unidad. Expresan un gran misterio, y Aunque conforman 3 en apariencia (desde el punto de vista de los seres manifestados), Verdaderamente son uno solo en su esencia, Pues se hallan fundidos en la Unidad del Ser, a la que se refieren. Hokhmah es el sujeto activo (+) del Conocimiento; Binah el objeto pasivo (-); y Kether el Conocimiento mismo. Mas en su realidad indivisible, es Exactamente el mismo Ser el que conoce, el que es conocido y el propio Conocimiento. No debemos pretender comprender este misterio insondable, Mas sí podemos, en nuestra meditación, procurar elevar el pensamiento y el Alma hacia esas esferas, y comenzar a probar en nuestro interior, mágicamente, Aunque sea en forma refleja, las energías secretas que percibiremos como una presencia de la realidad metafísica, oculta en nosotros mismos, la que nos trasciende, Mas por su parte nos envuelve. Por arriba de Kether, Aún se halla Ain, cuya traducción es «Nada» en el sentido de No Ser: la verdadera idea de lo supracósmico y lo suprahumano. Kether es nuestro antepasado mítico y podemos visualizarlo como el Anciano de los Días, el Gran Abuelo. Hokhmah, el Padre de Progenitores O Sol de Soles, es la eterna Sabiduría cuyas chispas fecundan perennemente a Binah, la Madre de Madres O Madre Mayor, la que recibiendo la fuerza de Hokhmah -que la penetra-, la refleja con su Inteligencia discriminando los seres y dando forma a toda la Creación, Todavía no manifestada. Réstanos mencionar que esta Triunidad a la que nos hemos referido, es llamada en términos filosóficos la de los Principios Ontológicos del Ser, y su materia y estudio constituyen la Ontología. Ya hemos dicho que el segundo plano, en el Arbol de la Vida, es llamado por la Cábala Olam Ha Beriyah, que significa «Planeta de la Creación», y está constituido por tres esferas (números 4, cinco y 6) que forman un triángulo con el vértice hacia abajo, invertido con En comparación con primer plano de Atsiluth O «Planeta de las Emanaciones». La N° 4 es llamada Hesed (Gracia, Amor, Misericordia); la N° cinco Gueburah (Rigor) y Asimismo Din (Juicio); y la N° 6 Tifereth (Belleza O bien Esplendor). En este Planeta, O bien plano, constituido por estas 3 últimas Sefiroth, residen espíritus sutiles, O Arcángeles, que son los Arquetipos de toda la Creación. Las ideas puras a cuyas leyes obedecen todos y cada uno de los seres manifestados, de las que estos últimos no son sino sus reflejos ilusorios y pasajeros. Hesed y Gueburah emanan simultáneamente, siendo el primero el Creador y Constructor, y el segundo el Discriminador y Destructor. Hesed es una energía expansiva, de la que brota a borbotones la Gracia ilimitada, produciendo constantemente nuevas criaturas, a las que inunda con su Amor y Misericordia. Mas Para que pueda haber equilibrio en la Creación, precisa la acción Asimismo incesante de Gueburah, que se encarga de negar todo cuanto no es la Unidad, permitiendo por su poder destructivo que todos los seres retornen De nuevo a ella, de la que proceden y a la que habrán de volver indefectiblemente. Hesed es el Demiurgo, que puede ser visualizado como un Rey O Emperador sentado en su trono, en tiempo de paz, ordenando y permitiendo la construcción de su imperio O reinado. Es padre bondadoso y generoso que se encarga de legislar, afirmar y dar, Mientras no se manifiesta como un ser horrible. Gueburah en cambio puede ser observado como un rey montado en su carro de guerra, portando las armas que son sus atributos. Es También un hierofante O iniciador en los misterios, guardián y transmisor de la Tradición y la doctrina, que con el profundo rigor que lo caracteriza destroza la mentira y enseña la verdad. Sin embargo, afirma la Cábala que Hesed y Gueburah son uno solo, y no podrían existir el uno sin el otro, siendo la esfera N° 6, Tifereth, la Belleza Divina, la que se encarga de neutralizarlos y unirlos, constituyendo el Centro de Centros O Corazón del Arbol, que se encarga de ligar tanto lo derecho y lo izquierdo como lo de arriba y abajo. En Tifereth se entrelazan todos los colores y se interrelacionan Todas y cada una de las sefiroth. Se puede ver a esta esfera como un pequeño que nace, como un Rey esplendoroso, O como un dios O héroe que se sacrifica; y asimismo como un puente, O como una puerta estrecha que aparta el Mundo inferior del superior. El Símbolo de la Rueda

La rueda O el círculo (la esfera en la tridimensionalidad) es la figura geométrica más perfecta, y sin duda el símbolo más universal, Puesto que se lo encuentra repetidamente, tanto en la naturaleza, como en las expresiones culturales de todos los pueblos. Constituido por un punto central y la circunferencia a que da lugar, nos brinda innumerables posibilidades de entendimiento e interpretación a las que nos iremos refiriendo Poco a poco.

El punto geométrico es la expresión de la unidad aritmética y ambos simbolizan a la Unidad metafísica, la deidad inmanifestada O bien Gran Espíritu del que todos y cada uno de los seres provienen y al que todos finalmente retornan, en virtud de ese doble movimiento de expansión y contracción -solve et coagula en Alquimia-, el primero centrífugo y el segundo centrípeto, que También la aspiración y la expiración respiratoria y la diástole y sístole cardíaca expresan. El punto simboliza Pues lo inmanifestado -lo más pequeño, lo más sutil y poderoso- y la circunferencia la manifestación. Esta última no podría existir si no fuera por aquél, que le da vida y sentido, y Realmente Cada uno de los puntos de la circunferencia es Solo un reflejo del punto central, como todos los seres son la representación de ese Espíritu único que reside en el interior de cada Como. Por otro lado el punto de la rueda es inmóvil y la circunferencia simboliza al movimiento. Si no fuera por la inmovilidad de su centro, la rueda no podría girar, encontrando En consecuencia todo movimiento su causa en la inmovilidad, y toda manifestación su causa en la inmanifestación. El Cosmos entero es una esfera, como lo son Asimismo todos los astros que lo pueblan, los que por su parte realizan rotaciones alrededor de su eje O bien centro. Por otra parte los movimientos aparentes que realizan el sol, la luna y los planetas alrededor de la tierra -que son obviamente circulares, O mejor Aún, elípticos- nos dejan tener idea del tiempo. Y la rueda O círculo es Asimismo el símbolo que nos sirve para representar los ciclos temporales, tanto los diarios, mensuales, anuales, etc., como los grandes ciclos cósmicos. Recordemos que el Zodíaco es una rueda. También el punto y el círculo son el símbolo astrológico del sol, que se corresponde con el signo alquímico del oro, ambos, como hemos visto, símbolos centrales. Agreguemos, para meditar en ello, que al ser se lo ha descrito como «un círculo cuyo centro está en Todas partes y su circunferencia en ninguna». La horizontal y la vertical

Otro símbolo geométrico de fundamental importancia es el de la línea recta, que a su vez es susceptible de ser representado como una horizontal O bien como una vertical. Lo horizontal simboliza a la materia y a la tierra, al tiempo sucesivo que transcurre en una dimensión determinada y uniforme, en un solo nivel plano y limitado. Por extensión viene a representar al materialismo y a la visión literal de las cosas que no logra traspasar la pura apariencia formal. Aunque También simboliza la rectitud en el comportamiento y la estricta observancia de la ley. Lo vertical, en cambio se refiere a lo auténticamente espiritual y celeste, al tiempo absoluto y Siempre y en todo momento presente, que no transcurre, cuya experimentación a diferentes grados nos haría conocer otras dimensiones espacio-temporales y otros niveles escalonados y jerárquicos de nosotros mismos, del Cosmos y del Ser, que nos conducirán por último a lo ilimitado y absoluto, simbolizado por el punto superior de la línea. Lo vertical Puesto que, va alén de la ley y es capaz de conectarnos con otros mundos que Sin embargo coexisten con éste y están presentes Acá y ahora. En el simbolismo constructivo del templo, O la casa-habitación, la verticalidad se logra con la plomada, que junto con el nivel Realiza la escuadra perfecta, en la que lo horizontal es un reflejo de lo vertical. Lo horizontal se logra merced a la proyección de la vertical con la que se Efectúa el plano perfecto del piso. En términos esotéricos, el iniciado camina por este plano horizontal, atravesando los diferentes laberintos que lo conducirán finalmente al centro (altar, ara u hogar), que allá cobra verticalidad. Es a partir de ese centro que Efectúa el ascenso que lo va a llevar fuera del templo O bien la casa-habitación (a través del punto central de la cúpula, vértice de la pirámide O chimenea) donde conocerá sus posibilidades supraindividuales y supracósmicas, y hallará su verdadera y suprema Identidad. El punto que une la vertical y la horizontal es el hombre mismo, que como intermediario entre ambas, se manifiesta materialmente en el tiempo horizontal, sin perder Por este motivo la posibilidad de tomar conciencia y de vivir esas otras dimensiones verticales, espirituales y celestes. Cábala

El tercer plano del Arbol de la Vida Sefirótico es llamado Olam ha Yetsirah, O bien Planeta de las Formaciones, constituido por las esferas 7, ocho y 9, denominadas, respectivamente, Netsah (Victoria), Hod (Gloria) y Yesod (Fundamento). Este es el Planeta de las aguas inferiores y del espeso psiquismo; de las influencias astrales de las que nos liberamos al atravesar Tifereth, Puesto que no habiendo «nada nuevo bajo el sol», salvo la vanidad y sus formas cambiantes, todo lo verdadero se halla superándolo, atravesándolo. Netsah y Hod emanan simultáneamente de Tifereth llevando su Belleza a toda la manifestación, a la que se hacen cargo de formar, multiplicando ilusoriamente la Unidad Por medio de indefinidos «colores». La función cósmica de estas 2 sefiroth, es Puesto que, la de proyectar la Unidad en toda la Creación, reabsorbiendo por su parte esta aparente multiplicidad y conduciéndola Nuevamente cara lo Unico. El Arbol de la Vida puede Asimismo ser comprendido como un carro O carroza divina (que la Cábala llama Merkabah), del que Netsah y Hod son sus ruedas. Desde la perspectiva del hombre, Netsah es el Arte verdadero, capaz de conducirnos a los arquetipos y al Espíritu, y Hod es el Rito con el que sacralizamos el tiempo y el espacio y vivificamos a los seres míticos, identificándonos con ellos. Netsah, el aspecto masculino y activo de este plano, se encarga de manifestar a Hesed, del que procede cualitativamente, siendo En consecuencia una energía plena y expansiva, al unísono que «benéfica». Hod, en cambio, es el aspecto restrictivo, su cara pasiva, que se ocupa de separar a las criaturas surgidas de Netsah, otorgándoles forma y a la vez dándoles la muerte y la transformación. Sin embargo, estas 2 sefiroth son Asimismo, como los opuestos de todo el Arbol, una sola (el Arte auténtico es «ritual» y todo Rito «artístico»), y hallan su equilibrio en la novena sefirah, Yesod, el Fundamento, la Madre Menor merced a la que las energías sutiles descienden a la materia. Esta última sefirah es el resultado de la constante interacción de las fuerzas de las otras 2 que la conforman, y refleja sus energías, proyectándolas en Asiyah, el plano de la concreción material. Yesod es por definición un receptáculo que emite su luz empañada Con lo que en la terminología hindú sería Maya, la ilusión. Lo sagrado y lo profano

Es necesario, para una conveniente entendimiento de los símbolos y temas que venimos tratando, que tengamos una clara idea de la distinción entre lo sagrado y lo profano, como Dos maneras diferentes de encarar la vida y el Mundo, que corresponden, de forma precisa, a 2 niveles diferentes de la conciencia. En una sociedad tradicional, que Aún no ha recibido el germen de la decadencia, toda la realidad -incluyendo usos, costumbres, oficios, rituales, vida cotidiana, etc.- es sagrada, En tanto que es significativa y jerarquizada, permitiendo esta visión de exactamente la misma la conexión con otras dimensiones del Ser y la apertura de la conciencia, Como el orden social que esta actitud naturalmente promueve, siendo Siempre y en toda circunstancia las cosas de la tierra un reflejo claro del orden celeste. Lo profano, en cambio, es una visión chata, uniforme e insignificante de la realidad, una forma de enfrentar el Mundo Siempre y en toda circunstancia personalizada, pequeña y relativa, carente de toda jerarquía y orden e incapaz de generar estados superiores. En un sentido podríamos decir que lo sagrado se halla emparentado con el concepto de la verticalidad, y lo profano con el de la horizontalidad. Pero no pensemos -como En ocasiones ocurre en el lenguaje ordinario- que lo sagrado sea lo religioso, O bien lo piadoso ética, O bien que lo profano se halle emparentado con el pecado O con el «mal». En realidad se trata únicamente de Dos distintos grados del Ser -que Asimismo corresponden al cielo y a la tierra, al espíritu y a la materia- y que solamente dividimos conceptualmente, con el objeto de que Posteriormente podamos unirlos, como Siempre haremos con las oposiciones cuando apliquemos el solve et coagula de la Alquimia. Cábala

Todas y cada una de las energías celestes, simbolizadas por las nueve primeras sefiroth, se concretan en el Planeta de la realidad sensible, Olam ha Asiyah, donde se encuentra solamente la esfera de Malkhuth (N° 10), la Tierra, Madre Inferior, receptáculo de todos esos efluvios que en ella toman formas perceptibles por nuestros sentidos, las que se hallan en una perenne transformación. Malkhuth -cuya traducción es «El Reino»- es, Conforme la Cábala, la presencia real de Dios, llamada Asimismo la Esposa del Rey y la Virgen de Jerusalem. Como divina inmanencia, constituye el descenso de la shekhinah O bien presencia verdadera de la deidad, «luz del Planeta», principio manifestado de toda la Creación. El Arbol de la Vida nos muestra Cómo de una fuente común proceden todos y cada uno de los números naturales que designan los atributos cualitativos de la Unidad, expresados por las propias energías de esos números y los conceptos e ideas con que se relacionan y a que dan lugar. Ellos van de lo inmanifestado a la manifestación, y son los arquetipos de pensamiento que se reiteran una y otra vez en toda creación divina O humana, y que la simbolizan, la velan y la revelan simultáneamente. Tanto la Cábala, como la escuela pitagórica, la cosmogonía medioeval y gnóstica, etc., nos enseñan a ver a los números naturales como 9 reflejos O manifestaciones de la Unidad metafísica; y estando el Todo en todo -Conforme la máxima hermética-, debemos comprender que En cada sefirah hay un árbol completo, con sus diez sefiroth, habiendo a su vez en todas y cada una de ellas otro árbol entero, y En todos y cada sefirah de este último, otro árbol entero, etc., progrediendo sucesivamente ad infinitum. Asimismo En todos y cada plano O Mundo hay del mismo modo un árbol completo, y en el caso de Olam ha Asiyah, que estamos viendo, este se encuentra asimismo partido en 4 divisiones correspondientes al cuaternario de los elementos alquímicos, astrológicos, filosóficos y simbólicos, en su manifestación física. En Cada uno de ellos habitan «espíritus» llamados «elementales», únicamente perceptibles para los iniciados Y también inspirados, y que En ocasiones se presentan como seres burlones y «truqueros», verdaderos enemigos-aliados, con los que nos podemos topar en el camino, y que ciertas veces nos prueban y otras nos guían. En el fuego se hallan las salamandras, en el agua las ondinas, en el aire las sílfides y en la tierra los gnomos. Debemos saber que es en este Planeta de Asiyah, donde realizamos nuestro trabajo, Hasta el momento en que comprendamos que el espíritu único fecunda Siempre y en toda circunstancia a la materia y constituye una unidad con ella. Alquimia

En la gráfica precedente podemos observar un grabado hermético medioeval, donde se reproduce la manera del Athanor alquímico. En este instrumento se producía la cocción en que los alquimistas lograban localizar, Todavía físicamente, el elixir de larga vida, el oro alquímico y la piedra filosofal. En este grabado hemos hecho una transcripción de los 4 niveles, planos O mundos cabalísticos, al aparato alquímico. Tanto el trabajo alquímico, como el cabalístico, se refieren a la sublimación que va de lo más denso a lo sutil. En efecto, la materia grosera que se introduce en el horno alquímico es activada por el fuego de la pasión por la verdad y del amor a ella, y lentamente se marcha produciendo esta cocción. Mientras que los gases, poco a poco más sutiles, se desplazan hacia lo más alto O bien superior, la materia más espesa queda en lo más bajo O bien inferior. La Alquimia considera También a estos planos como tres, Pues acostumbra a unir los mundos de Beriyah y Yetsirah (el psiquismo superior y el inferior) en uno solo, constituyendo éste el plano intermedio donde se realizan las operaciones químicas, O bien dicho de otra forma, el Athanor O bien horno alquímico propiamente dicho. La entera combustión acaba por la salida de los gases y aires más ligeros, por la cúpula del instrumento reproducido. El simbolismo del árbol

El árbol ha sido tomado universalmente como símbolo de la vida, y También del eje vertical (como la montaña, el poste ritual, etc.), intermediario entre cielo y tierra. Con sus raíces en el suelo, extiende su tronco y sus ramas hacia las alturas. Y ese gran cuerpo, que nos protege con su sombra y purifica el entorno, ha nacido apenas de una pequeña semilla, que en un proceso de años ha logrado evolucionar hasta dar frutos, en cuyo interior se hallan nuevas semillas, capaces de multiplicarse indefinidamente y recrear la vida. El árbol es igualmente una imagen del cosmos (el árbol galáctico) y unánimemente ha sido visto de esta forma en forma tradicional. El Mundo entero es, Pues, un árbol gigantesco, y sus características son análogas a las fases por las que atraviesa una planta. Desde los preparativos previos a la siembra y a la recolección de los frutos, hasta la inevitable muerte final Mediante fases y estaciones. Este es el prototipo del proceso cosmogónico, y También el de toda Iniciación. Réstanos mencionar que el Arbol de la Vida está invertido con Con respecto al hombre, Puesto que tiene sus raíces en el cielo y sus frutos son terrestres. La Cruz

La horizontal significa la posibilidad de la expansión indefinida de un estado del ser O Planeta, Al tiempo que la vertical simboliza los grados de existencia O realidad de ese ser O bien Mundo, dividido en planos O bien grados de existencia del Ser Universal, tal Como se lo puede ver en el diagrama del Arbol Sefirotico. Todo esto se conjuga en el hombre, que De esta forma es capaz de unir los complementarios presentes en la creación universal y en toda creación particular. En el centro de la cruz se halla un sitio de reposo del que se derivan Todas las direcciones, haciendo girar la rueda del Mundo. En él todo es potencial y Por lo tanto cualquier posibilidad se halla implícita en sí mismo. Su radiación genera el espacio y el tiempo -y Por consiguiente el movimiento- y se imprime como una señal cuaternaria en todo ser O bien cosa, manifestada O bien no, perceptible O no perceptible, del cosmos entero. (Ejemplo: las cuatro divisiones del tiempo, ya fuesen las del día, mes O año; las 4 direcciones del espacio O puntos cardinales; los cuatro elementos de la materia; las cuatro edades del hombre O bien del Mundo). Ese punto central es llamado en alquimia la quintaesencia, O bien éter -es Asimismo el corazón en la cruz cristiana- y corresponde a la proyección del eje vertical, autora del plano horizontal en que se manifiesta y a cuyos efectos ocupa el punto central. O el punto en que se resuelven Todas y cada una de las oposiciones, lugar neutro de reposo y encrucijada virginal de lo posible, O sea, la dirección alto-bajo que da lugar a las cuatro direcciones del espacio, el elemento etéreo que ha de generar los otros 4, y el no tiempo O bien otro tiempo que ha de originar la temporalidad. Es de notarse que los opuestos se dividen ahora Dos a 2, y se complementan de esa misma forma. Astrología

De las energías celestes que emiten sus influencias en la tierra y afectan las vidas de los hombres, es la de la luna la más cercana, y Asimismo la más notable, Puesto que su magnetismo es perceptible Aun físicamente, regulando las mareas, las lluvias, la savia de las plantas, las siembras, los ciclos femeninos, los partos, los crecimientos, etc., etc. Mas También afecta la luna poderosamente el psiquismo humano, que se ve de manera profunda influenciado por sus fases. La Astrología establece las relaciones entre la inmanifestación y la manifestación, entre el Creador y la criatura, Mediante las energías, los ciclos y los ritmos de los astros, que son las causas mediadoras entre Dios y lo terrestre. Estos agentes naturales son También dioses, y sus comportamientos, andanzas y carácter constituyen un modelo ejemplar para los humanos. La contemplación del cielo y sus constantes invariables es una forma de conocer, apoyándose en la manifestación sensible como vehículo del Arquetipo Eterno. En un Mundo indisolublemente unido en sus partes, que se corresponden, el cielo y sus habitantes es un espectáculo fascinante de armonía y un enorme libro abierto para los que tienen oportunidad de leerlo. En la arquitectura del cosmos los astros juegan un papel importantísimo y todos los pueblos del Planeta han reparado en él y lo han conocido. No obstante, los meros procedimientos de tipo predictivo, por interesantes que ellos sean, no agotan la perspectiva de la astrología y la astronomía herméticas, cuyo verdadero sentido se encuentra en su adaptación a la cosmología, O sea a su utilización con el fin de lograr el Conocimiento de la verdadera esencia y naturaleza del Universo y del hombre, lo que equivale También a conocer, entonces, la huella, O bien la firma, del Arquitecto invisible y Creador. Debe aclararse que la astrología emplea al hombre como punto fijo y central en el que se relacionan los movimientos de los astros. Esta concepción, que señala el sentido de eje que tiene el humano en la creación, hace que la tierra que él habita sea considerada de exactamente la misma manera, y no se tome en cuenta ningún otro punto, de los indefinidos entre las coordenadas posibles en el multidimensional espacio sideral, Si bien se le otorga al sol el rol central -y principal- En su sistema. Es desde el punto de vista del hombre, que recibe la energía infinita de la luz del cosmos, y que es la causa y el efecto de ella, desde donde deben efectuarse Todas las observaciones y mediciones, Para que éstas tengan sentido. Numerología

Si se piensa, se distingue, se separa, se divide, se compone, se relaciona una cosa con otra, se compara. Es decir: se numera, y los signos aritméticos son los que expresan estos conceptos, que proceden de lo más íntimo, y A través de los cuales, dado su carácter simbólico, se conforma la inteligencia y se promueve el conocimiento. Los números son la manifestación de la armonía universal, y módulos, que conjugados con otros, generan conjuntos y modelos de pensamiento, los que por su reincidencia y exactitud designan del mismo modo proporciones, ciclos y ritmos, Verdaderamente mágicos, presentes en la totalidad de los fenómenos universales a los que ellos «cifran», O designan, con su estructura invariable. De la Unidad, También llamada Mónada, es de donde proviene la serie de los 9 números naturales, con el agregado del cero, y de ellos la multitud numérica, capaz de numerar todo lo numerable. No obstante, todos los números pueden sintetizarse en los 9 «naturales», y estos en la primera tríada, de la que, como de un triángulo arquetípico, proceden Todas las cosas, emanadas de la triunidad de los Principios. Por otro lado, debemos rememorar que un número se forma con el «cuerpo» del que le antecede, al que se suma la unidad, motivo por el que puede afirmarse que la unidad está presente en todos y cada uno de los números, y Por tanto en cualquier cosa numerable, lo que equivale a decir, Conforme lo expresado anteriormente, en cualquier concepto O bien imagen posible. En algunas lenguas sagradas como el hebreo (y También el griego y el árabe) Existe una correspondencia entre números y letras, e incluso la notación aritmética se realizaba con el alfabeto. Letras y números son los que nombran. Y estos nombres, restituidos a su más puro origen, nos revelan la esencia de las cosas, O seres, a los que ellos designan. Construcción del Arbol de la Vida

Primer paso: dibuje la columna central O bien eje vertical. Segundo paso: dibuje cuatro círculos tal como se muestra abajo, usando el eje vertical y los puntos de intersección de los círculos precedentes, como punto central de los siguientes. Tercer paso: dibuje las sefiroth usando las intersecciones exteriores de las circunferencias como puntos centrales, como se ve en el gráfico.

Los tres principios

Recordaremos que los principios alquímicos son 3: Azufre, Mercurio y Sal. Uno es activo, el otro pasivo y el tercero neutro. Son Asimismo asimilables a espíritu, ánima y cuerpo, y en la representación del símbolo de la rueda corresponderían al punto central, a la periferia O bien circunferencia, y al radio, O bien rayo que los conecta. El espíritu sería activo, el cuerpo pasivo, y el medio plástico que los une neutro. La figura del triángulo equilátero ilustra esta tri-unidad de principios, origen arquetípico de cualquier manifestación, que se halla inmanente en todo lo creado. En el diagrama del Arbol sefirotico estos principios están representados por las 3 columnas: la de la fuerza O positiva, la de la forma O bien receptiva y la del equilibrio O bien neutra, la que constantemente las conjuga. Esto, si consideramos al diagrama en su partición vertical. Mas si dividimos el Arbol en su forma horizontal, obtendremos tres planos equivalentes a la trinidad a la que nos estamos refiriendo. En este caso el espíritu estará representado por la primera tríada, el cuerpo por Malkhuth, y el Ánima por las 2 tríadas medias, subdivididas a su vez entre el psiquismo superior, O bien Planeta de Beriyah, y el psiquismo inferior, O Planeta de Yetsirah. En Alquimia se Acostumbran a combinar a menudo los 3 principios con los cuatro elementos y de diversa forma. En numerología esto se expresa De esta forma: 3+4 = 7; Ojeada x cuatro = 12. Resulta obvio que esta formulación está ligada a la simbología astrológica y Por ende También a ritmos y ciclos que asimismo obedecen a Principios Universales. Cábala

Cuando se dibuja en el plano el Arbol de la Vida prototípico, se lo divide, como ya sabemos, en 4 niveles O mundos. No obstante, y Puesto que nuestro Arbol es tridimensional, y las sefiroth esferas, sería más conveniente visualizarlo como un diagrama volumétrico en el que hubiera un árbol prototípico para cada plano. Ya que no Solo cada plano es susceptible de poseer un Arbol sefirotico completo, sino que a su vez esto es posible Aún para cada una de las sefiroth, Según lo hemos afirmado. Hay Puesto que un Arbol sefirotico completo en el plano de Asiyah, otro en el de Yetsirah, otro más en el de Beriyah, y por último el último en el de Atsiluth. Esto es igual que sostener que el Arbol de la Vida prototípico, O bien Arbol cósmico, admite 4 lecturas diferentes de sí mismo, a cuatro niveles escalonados de la «realidad», O bien cuatro grados de conocimiento. Laboraremos con el Arbol cabalístico prototípico, dibujado en el plano, considerándolo al nivel de la sefirah Malkhuth, a saber: nos ubicaremos en el plano de la concreción y solidificación material, propia del hombre profano, condicionado por sus aprendizajes e identificaciones, y por último por sus sentidos, A fin de que allí, invocando a Kether, podamos ir ascendiendo, pasito a pasito, por distintos mundos, de lo más grosero a lo más etéreo, de lo más obvio a lo más secreto, de lo exterior a la esencia, lo que es lo mismo que labrar la piedra bruta que somos, O conocer otros estados del Ser Universal, O bien cósmico, llamado para la Cábala Adam Kadmon, el Adán Primordial. Los diferentes planos de lectura de las cosas

No se tiene Por qué razón amar a este árbol; interesa Sólo su aprovechamiento económico.

En los acápites dedicados a la Cábala hemos estado viendo la división en 4 planos, O mundos, del Arbol de la Vida Sefirotico, modelo del Cosmos (macrocosmos). Agregaremos Acá que todos y cada uno de los textos y libros sagrados admiten Asimismo cuatro lecturas de su contenido. Esto se explica en la Cábala judía y en el cristianismo, y de ello nos hablan Dante y los Padres de la Iglesia. Sabemos igualmente que el símbolo del Libro de la Vida como imagen del cosmos, es el de la totalidad de lo creado. La realidad, cualquier realidad, tiene entonces 4 niveles de lectura, O bien mundos jerarquizados, que no son sino un mismo hecho O bien cosa, visualizado a distintos grados de profundidad, que van de lo más grueso y superficial, a lo más sutil e interior. Así Por poner un ejemplo, un árbol anónimo, físico, natural, puede ser considerado a diferentes niveles: 1°) por los frutos y las ganancias económicas que esos frutos pueden dar, O bien como leña O tablones para la carpintería. A este nivel el árbol es considerado como un simple objeto material e inanimado que tiene valor en cuanto es un producto. No se tiene Por qué razón amar a este árbol; interesa Sólo su aprovechamiento económico. Este grado de lectura podría equipararse al del plano O Planeta de Asiyah. 2°) En un nivel más elevado el árbol anónimo al que nos referimos podría ser vivenciado de otro modo y visto como un generoso dador de sombra y frescor, como un purificador de la atmósfera y embellecedor del paisaje. Su fragancia y sus colores alegrarían la vida, y su perseverancia y paciencia serían un ejemplo para los hombres. Este grado de lectura, que estaría más cerca del arte y del amor, correspondería en nuestro modelo sefirotico al Planeta de Yetsirah. Podría verse en un árbol cualquiera el símbolo del Arbol Cósmico O Arbol de la Vida, O sea, el árbol tomado como un símbolo de la creación íntegra, vale decir, como un soporte del Conocimiento, O de los Principios Universales que lo han engendrado. A saber: de lo perceptible a lo invisible, O bien de la criatura a su Autor, de lo manifestado a lo inmanifestado. Esta lectura equivaldría al plano de Beriyah. Sobre una cuarta lectura correspondiente al Mundo de Atsiluth nada diremos. Desde la ubicación en que nos hallamos ahora, y con los medios de que disponemos, no tendría ningún sentido especular sobre ella. El Sello Salomónico

Entre los símbolos más conocidos y universales, deseamos destacar el llamado Sello Salomónico. Este pantáculo, presente en las tradiciones hindú, budista, judía, cristiana e islámica, se encuentra igualmente en la Tradición Hermética. Esto es De esta manera por su estrecha vinculación con la analogía, tomada como forma de Conocimiento. El triángulo inferior refleja y espeja al superior, y es una expresión del mismo, con el que se complementa. Numéricamente esto es También De esta manera, Porque el número 6 es una proyección del tres, y su duplicación.

Estos son los 7 colores del arco iris.

Podemos ver arriba el Sello Salomónico O Estrella de David, en relación con los tres colores primarios, simbolizados por los vértices del triángulo superior. Estos colores, que son el azul, el amarillo y el rojo, al combinarse entre sí, producen los colores compuestos O bien intermedios de los vértices del triángulo inferior. El azul y el rojo combinados crean el violeta; el azul y el amarillo, el verde; y el rojo y el amarillo, el naranja. Se reserva para el sitio central, O punto a partir del que se ha construido toda la figura, el blanco, como manifestación simbólica de la luz esencial. Estos son los 7 colores del arco iris. El negro sería la inmanifestación oculta en la luz, O su negación. El No-Ser O la negación del Ser (las tinieblas interiores y las exteriores). Hemos dicho que este sello que tratamos es el símbolo de la analogía, O sea, de la correspondencia de un orden superior con otro inferior, y viceversa. De allá También su vinculación con la Magia, la Alquimia y el Tarot. Se debe hacer singular mención de que los triángulos que conforman el sello designan al macrocosmos y al microcosmos, a saber: al Cosmos y al hombre, y que se encuentran invertidos el uno con Respecto al otro; el punto más alto (O más alejado) de uno, es el que se opone con el otro, A pesar de que el propio símbolo los reúne y complementa, significando del mismo modo el matrimonio indisoluble de lo masculino y lo femenino, del cielo y de la tierra, del espíritu fecundador y el Ánima fecundada.

Pitágoras

A pesar de que Pitágoras es un griego de forma perfecta histórico (siglo VI a.C.), su vida, sus enseñanzas y su extraordinaria irradiación en la cultura de occidente -al punto de que con Platón, forma su columna vertebral, donde se articula Todavía El día de hoy todo pensamiento-, son prácticamente míticas. Nacido en Samos, viajó por todo el Mundo viejo, incluidos Egipto y Babilonia, ya antes de retornar a su ciudad treinta y cuatro años después. Empezó a enseñar su síntesis iluminada y magistral, y tuvo alumnos que como él fueron perseguidos y exterminados tras haber brillado en Grecia, a la que Mediante sus enseñanzas cosmogónicas, esotéricas, aritméticas, geométricas, musicales, gramaticales, metafísicas, simbólicas y artísticas, abonaron, creando la realidad de su Civilización. Para la doctrina pitagórica, el «Número» es la «medida» de Todas y cada una de las cosas y la raíz de las proporciones de la Armonía Universal, manifestada por la música, las matemáticas y la gramática, como lo atestiguan sus famosos versos de oro, donde estas ciencias están allá reunidas, conformando una Cábala de la que tampoco están excluidas las estrellas y los planetas y que tiende a la transmutación del ser humano A través de la Inteligencia, la Sabiduría, el Amor y la Belleza. Su Escuela, famosa hasta el presente, conformó una pléyade de sabios y artistas que constituyeron la sabiduría del Planeta antiguo. Como sucede con determinados otros grandes maestros, se acostumbra a pensar que además de su existencia O bien vida histórica, encarnaba una entidad espiritual, que por su intermedio se expresó de manera grupal y social. Para su misma temporada, otros grandes iniciados aparecen en el Mundo, influenciando en forma notoria el pensamiento y la cultura de donde nacen, sin que su aparición sea casual, si se tiene en cuenta otra visión de la Historia, en la que ésta aparece como significativa, providencial O bien sagrada (ejemplo: Lao Tse, Shâkyamuni Buddha, Jaina, etc.). Conocemos su cosmogonía fundamentalmente por el Timeo de Platón, y ésta es exactamente la misma que la hindú, la china, la persa, la egipcia, la precolombina, las arcaicas Por norma general, etc., O sea, coincide Precisamente con el esoterismo de la Tradición Unánime. Sus teoremas son ampliamente conocidos, y sus conocimientos aritméticos, astronómicos, filosóficos y musicales, han sido la base del pensamiento de occidente, y Por ende conforman También -para mal O para bien- la esencia del Mundo moderno. Los aprendices de la Escuela Pitagórica (donde Según se dice había un enorme letrero con la historia de leyenda «Conócete a Ti mismo») debían guardar 5 años de silencio, como período preparatorio indispensable para abordar el Conocimiento. Platón

Como en el caso de Pitágoras, Platón es heredero de la Antigua Tradición Orfica y de los misterios iniciáticos de Eleusis. Platón sintetiza, da a luz, revela, este pensamiento, recibido por boca de Sócrates y adquirido A través de viajes y estudios de toda índole, Durante años. La influencia de Platón es decisiva para la Filosofía, que a partir de él y de uno de sus discípulos, Aristóteles, se genera. Ni qué decir que la Filosofía promueve la historia del pensamiento, y que de su aplicación práctica a diferentes niveles (que van desde los acontecimientos cívicos, económicos y sociales, a los usos y costumbres, la Moral y la religión, para acabar determinando las modas, las ciencias, las técnicas y las artes), brota el Planeta en que los occidentales vivimos, querámoslo O bien no. No en vano se ha llamado «divino» a Platón. En la Antigüedad no se tomaba este apelativo como alegórico, sino se acreditaba en la divinidad de Platón, al que También se ha considerado una entidad, Porque en sus diálogos (que ocurren entre varios personajes de la Grecia clásica, los que exponen sus ideas, Mientras Sócrates las ordena y las rebate) no aparece Nunca, O mejor, una sola vez en tercera persona. Los fallos denunciados directamente por Sócrates, y los mostrados por Platón A través de los diferentes interlocutores, y de la fina trama del diálogo, son, curiosamente, los que desarrollándose desde entonces de forma equivocada, y en progresión geométrica, han desembocado en la crisis del Planeta moderno. En las obras de Platón está de manera perfecta explicada la Cosmogonía Tradicional y su pensamiento filosófico y esotérico está tan vivo Actualmente como en el momento en que el Profesor escribió. Basta acercarnos a sus ideas, para ir penetrando, cuando se lo lee con suma concentración y sin prejuicios culturales y formales, en un Mundo de imágenes y signos que vamos recorriendo llevados de su mano. Queremos hacer apreciar que esto mismo sucede con los evangelios cristianos. Símbolo de los atenienses y de la cultura griega, Platón nació en cuatrocientos veintinueve a. C. Al igual que Pitágoras, describió un Mundo de Ideas, O Arquetipos (los «números» pitagóricos, las «letras» de la Cábala) que generaban Todas y cada una de las cosas, y en las que las cosas se sintetizaban. Como su Profesor Sócrates sufrió, si no la muerte por veneno, la amargura del exilio, la desgracia y el cautiverio. Tarot

La totalidad de las ideas O símbolos previamente mencionados están estrechamente ligados con la simbólica del Tarot, su arquitectura y el espíritu que animó a quienes lo plasmaron. Comprendiendo estas ideas se logrará desentrañar los Misterios más oscuros de nuestra baraja.

Tarot y Cosmovisión Tarot, Vehículo Mágico

El Tarot de los Cabalistas

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© Federico González 1981: Texto.
© France Cartes B. P. Grimaud 1981: Tarot de Marsella.

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