«La Función De La Poesía Es Retener El Tiempo

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«La Función De La Poesía Es Retener El Tiempo

Si buscamos en el diccionario la palabra «Rapsodia», leeremos que es una obra musical improvisada con materiales de la cultura folclórica O bien popular. Pere Gimferrer prefiere la definición del Oxford Dictionary: «Entusiasta y extravagante declamación O composición de tono elevado; sensible Y también irregular pieza musical». De esta forma se titula la última entrega del poeta catalán: «Rapsodia» (Seix Barral), un poema único en verso libre que se despliega como un retablo en secciones numeradas en romanos. Cuatrocientos cincuenta versos escritos en 6 días de lluvia torrencial hace un año por estas fechas; corregidos y cincelados pacientemente A lo largo de ocho meses, hasta octubre, el manuscrito tomó el camino de la imprenta.
«Llovía tanto —recuerda Gimferrer—, que era imposible salir a la calle y Por eso en aquellos seis días no hice otra cosa que escribir versos». Era una escritura taquigráfica, para poder continuar el ritmo acelerado de las imágenes que se sucedían en su mente. El «método» Gimferrer una parte de un sonido que pasa a ser un ritmo en el que se engarzan palabras organizadas con imágenes que el poeta reescribe en mayúsculas.
Desde los sesenta
La composición resultante condensa toda una vida, humana y literaria: «Un compendio de lo que he vivido como persona, como espectador de la pintura y el cine, como lector y escritor desde los años sesenta». Con «Rapsodia» es la sexta ocasión que Gimferrer aborda el poema largo unitario, desde que en 1968 publicara «La muerte en Beverly Hills». Son libros diferentes, apunta, Pero que comparten una misma actitud: «Como en todos mis textos, hay Aquí, aparte de las explícitas, alusiones, referencias O citas (y hasta autocitas) implícitas, Es decir, no indicadas como tales O bien no expuestas O desarrolladas… Claro está que percibirlas no es lo mismo que no percibirlas, Mas no se reclama del lector que las perciba para leer y juzgar el poema».
Y es que la poesía, subraya Gimferrer, «es, ante todo imagen y palabra»; cada poema de los dieciséis que encadenan su «Rapsodia» es una entidad por sí misma donde no debe buscarse un discurso racional Por el hecho de que, recalca, «la misión del poeta es rescatar la palabra de su sentido utilitario y otorgarle una existencia autónoma». Lo importante «es que el poema funcione en el lector, independientemente de su análisis. No me interesan las alusiones eruditas a pie de página, sino la experiencia del poema».
Una teoría bien reflejada en la sección que dedica a Góngora y Dante. 2 autores de cabecera a los que agradece el tañido de sus versos «en el reloj de arena de los siglos / cada palabra es nuestra redención, / la que nos salva de Morir helados». Palabras que reverberan como artesanías de un delicado cofre de joyería reflejado en un espejo. Entre los poemas, el que ha llamado más la atención, de sus primeros lectores, se abre con un verso de postrimerías: «El tiempo nuestro es ya de despedida…». Expresa, aclara Gimferrer, «mi perspectiva vital y la de mi pareja, la de mi generación, la del Planeta actual que se despide de toda una época».
Leyendo «Rapsodia» de un tirón —así lo aconseja su autor— se tiene la sensación de que ahí se reúnen las mejores prendas de su poesía y se condensan los microclimas de sus prosas y dietarios. Ahí hallamos las películas que el poeta visionó, los amores que espejean cuerpos, las sombras chinescas del teatro de «Lady from Shanghai». Cultismos que resuenan melódicos sin precisar conocer un significado alejado, Tal vez, de quienes nombraron esa palabra hace siglos y que ahora, nosotros saboreamos. Imágenes sorprendentes como el arcano «pienso de alba», microclimas andalusíes atravesados por el Orfeo del testamento de Cocteau, vivencias malagueñas del joven Cernuda del 27… «Retener cada fracción de tiempo es Asimismo, la función del verso» acota el poeta.
Una vida «desencuadernada por la mitad» O bien repartida como un montón de cartas rotas del Tarot. Y las influencias reconocidas. Aparte de Góngora y Dante, Rimbaud, Baudelaire, Garcilaso, Ausiàs March, Darío, Paz y Neruda, de quien Gimferrer valora sus «imágenes alógicas». Una «Rapsodia» difícil para el rapsoda. No hay tantos poetas que lean bien, concluye el autor. Le gustan «Foix, Ungaretti, Thomas y Eliot, que leía sus poemas como el hombre del tiempo de la BBC. Neruda parecía un tanguista, Alberti era un excelente rapsoda y Cernuda recitaba muy mal».

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