La Libertad, Del otro lado De La Valla

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Acá estaban otra vez. El repugnante olor de la colonia que usa George les precedía. Nos servía para anticiparnos a su entrada en la habitación. Siempre y en toda circunstancia anunciaba su llegada con golpes y patadas en la puerta para amedrentar. Al abrirla todos teníamos que estar de rodillas, cara a la pared y con las manos en alto. Lo contrario suponía una soberana paliza.

Como Siempre y en todo momento, aquel día George fue el que empezó con el parloteo desequilibrado.

-¿Dónde está el danés? ¡El atleta! -bramó.

A Pierre Torres lo apaleó Solo por mantenerle la mirada. Se trataba de humillar al rehén. Que Siempre caminara con la cabeza agachada

Daniel Rye, el joven fotógrafo, respondió sin apartar la vista del muro.

-Tu familia nos ha enviado un mensaje para felicitarte por tu cumpleaños- dijo.

-¿Cuántos cumples? ¿Veinticino, no? ¡Pues Acá tienes tu regalo!

Tan Sólo podíamos escuchar el ruido sordo que producían las patadas que le estaba propinando. Solía calzar unas gruesas botas militares. Un puntapié tras otro. Hasta 25.

Cuando se marcharon y pudimos girar la cabeza nos hallamos a Daniel tumbado en el suelo. Tenía el costado tumefacto, con un enorme abultamiento cerca del sobaco.

-Me ha golpeado Siempre en El mismo sitio- explicó Mientras le ayudábamos a incorporarse.

Las exacciones físicas se convirtieron en un suceso recurrente tras nuestro retorno a Mansura. Lo peor no era la crueldad de ‘Los Beatles’, sino su hipocresía.

Son muchos los militantes del Estado Islámico (IS) que defienden que sus opiniones les impiden torturar a los presos.

-El Corán nos obliga a respetar a nuestros prisioneros -aducía uno de los carceleros de Mansura.

Pura palabrería. Ya la habíamos escuchado cuando estuvimos encerrados en la sede del gobernador en Raqqa -al comienzo de nuestro secuestro- O bien después, en el Guantánamo islamista.

En Raqqa, uno de los jefes del recinto llegó a proclamar en alto: “Hay que ser benévolos con los infieles. No les peguéis”. Horas después los gritos de las víctimas resonaban en el subsuelo del edificio.

El ejemplo más preclaro de todo un régimen basado en el fariseísmo fue el que presenciaríamos semanas Más tarde, También en Raqqa, ya antes de ser liberados.

Allí, una tripleta de jueces islamistas acostumbraban a visitar día tras día la antigua sede del conjunto Ahrar al Sham reconvertida en cárcel, para asegurarse de que los vigilantes no se excedían.

Efectivamente no lo hacían A lo largo de las 2 O bien tres horas que ellos pasaban en el edificio. Torturaban ya antes de que llegaran O en cuanto se iban.

Yo mismo pude ver De qué forma un chaval de una veintena de años terminaba tirado en mi celda con la espalda ensangrentada a causa de los palos que había recibido. Ni se podía levantar del suelo.

“El IS no roba”, afirmaba Abu Ahmed. “Tampoco pega”, acostumbraba a bromear con Ricardo. “Sí, sí, y están Acá para protegernos”, añadía él abundando en la chanza.

En Mansura, lejos de ser una broma, la doble dialéctica de los radicales se convirtió en un motivo más de tensión. Los guardianes magrebíes eran ahora los que ejercían el papel de poli bueno procurando ignorar la conducta de ‘Los Beatles’, que solían Asistir a la prisión a menudo.

-¿Qué hacéis? ¡Sentaos Por norma general! ¡Aquí no hacemos esas cosas! ¡Que absolutamente nadie siga De cara a la pared!- nos espetó un guarda tunecino al vernos arrimados al muro.

Obedecerle fue un obvio desacierto. ‘Los Beatles’ volvieron casi de inmediato y al vernos apartados de la pared montaron en cólera.

Alguien consiguió explicarles el motivo de nuestra confusión.

“No os podéis imaginar lo cerca que estamos del fin del Mundo. todo concluirá con una gran batalla y los infieles serán derrotados”

-Señor, hay una contradicción, los guardianes afirman que no nos pongamos cara a la pared. Y ustedes afirman que sí nos pongamos. ¿Qué hacemos?.

Aferrados a su lógica aplastante, George respondió a gritos:

-No, no hay ninguna contradicción, si yo os digo que os pongáis cara a la pared, os ponéis, Pues si no os mato a golpes.

Las recurrentes visitas del trío eran un continuo sobresalto en la mitad de un ambiente donde nuestra situación había mejorado.

El grupo de vigilantes magrebíes se afanó en recomponer un poco la zarrapastrosa imagen de aquella cohorte de cautivos. Para comenzar, nos entregaron mudas nuevas de ropa que nos permitieron desembarazarnos de los pijamas naranjas de Guantánamo y nos ordenaron aplicarnos una crema que por último acabaría con los ácaros.

También nos dejaron ducharnos -para La mayoría, la primera vez en meses- y acabaron con el insufrible régimen de la mortadela. Desde ese instante, la falta de comida dejaría de ser nuestra preocupación primordial.

Llegamos a disponer de platos de lentejas, tomates, huevos duros y hasta alguna pieza de fruta O té caliente con cierta regularidad. Productos obvios en la dieta occidental, Mas que para nosotros -habituados a la carestía- se nos antojaban un manjar.

También hicieron venir a un médico que nos recetó vitaminas y calcio. A ciertos, Por ejemplo al italiano Federico Motka, ya se le había roto algún diente debido a las obvias deficiencias de nuestra nutrición.

Al lado de la angustia que generaban las inspecciones de ‘Los Beatles, la existencia diaria en Mansura nos permitió recuperar una cierta compostura. Hasta volvimos a reanudar hábitos como la práctica del deporte O la lectura, algo imposible en Guantánamo O bien el chalet frente al río.

Liberación franceses (Cuarto)

La forma física

Resultaba inaudito apreciar De qué forma presos como James Foley, Motka O hasta David Haines comenzaban a recobrar peso. Tan sorprendente como ver a un grupo de rehenes del autoproclamado Estado Islámico realizando sesiones de yoga bajo la batuta del norteamericano Steven Sotloff. O de los mismos cautivos repitiendo flexiones de pecho, abdominales O bien sentadillas para recuperar la manera física.

-Usad las botellas de agua tal y como si fueran pesas- nos aleccionaba Daniel Rye.

El ex atleta pasó en cuestión de semanas de ser un puro amasijo de huesos a enseñar una figura más sólida. Algo que acabó por reportarle una nueva tunda. Cuando George se percató de De qué forma había agrandado su torso no pudo contenerse.

‘Se quejaba de lo que costábamos al IS: ‘¿Sabéis cuántas balas podríamos comprar con la comida que os damos? Estamos hartos de vosotros’

-¿Qué pasa? ¿Estás haciendo ejercicio, eh? ¡Pues a ver si aguantas esto! -clamó Mientras golpeaba al atleta.

Foley seguía siendo el organizador de las charlas. Gracias a su empeño, Didier François nos relató sus experiencias en la guerra de Chechenia, Peter Kassig nos familiarizó con las técnicas de la pesca y la caza, y John Cantlie nos relató sus conocimientos como piloto de avionetas.

El mismo Foley protagonizó una charla sobre literatura moderna norteamericana, otra de sus pasiones. El estadounidense Nunca perdió la esperanza. Era siendo consciente de que Washington mantiene que no “negocia” con lo que llama “grupos terroristas”, Pero Aun antes de que ocurriese ya sabía que su país había pactado con los talibán afganos -los mismos que dieron cobijo a Osama Bin Laden y fueron la razón con la que se justificó la invasión de esa nación asiática- para liberar al sargento Bowe Bergdhal.

-Van a liberar a varios talibán, esos tipos fueron los que apoyaron el 11-S. ¿Cuál es la diferencia?- preguntaba.

Libros religiosos

Tanto Foley como Steve Sotloff proseguían aprendiendo De España. El segundo de Norteamérica era un estudiante muy aplicado. No Sólo de idiomas.

Ringo recurría De ahí que a Steve Sotloff en las interminables peroratas que nos dedicaba sobre religión. Lo mismo que uno de los guardias magrebíes que Asimismo decidió imponer las jornadas de dawah (proselitismo).

Los vigilantes de Mansura nos proporcionaron varios libros sobre el islam y el wahabismo, la filosofía maximalista en la que se ha inspirado el IS. La estancia en este reducto me permitió confirmar por enésima vez cuál es el substrato financiero e ideológico de este ideario radical. Todos y cada uno de los libros -los que emplean en las escuelas donde enseña a las nuevas generaciones de Raqqa- estaban impresos en El mismo país: Arabia Saudí.

Uno de los texto relataba la vida del propio jeque Muhammad Ibn Abd al Wahhab, que estableció esta corriente extremista en el siglo XVIII.

-Esta gente [el IS] no pelea contra la monarquía saudí por causas ideológicas. Tienen las mismas ideas. Es una lucha por el poder- comentábamos entre nosotros.

Dentro de su anhelo por diseminar su mensaje propagandístico, los carceleros llegaron a organizar visionados de vídeos internos de su organización. Según las grabaciones, los ataques contra objetivos israelíes en junio de 2011 habían sido protagonizados por un reducido grupo de activistas de Gaza que aparecían en la emisión exhibiendo la típica bandera negra con el sello blanco del Profeta que ahora identifica al IS. Las imágenes dejaban ver De qué forma los 2 activistas se entrenaban en las dunas y planeaban el asalto meticulosamente. Después recuperaron imágenes de innumerables ataques suicidas, incluido el que sacudió el Hotel Palestina en octubre de 2005, del que yo mismo fui testigo.

-Nuestros hermanos controlan ya medio Irak. Desde Bagdad hasta la frontera con Siria- indicó uno de los carceleros.

Pensé que aquella afirmación era otra falacia. No lo era. El IS había sido derrotado en Irak en 2009, convirtiéndose en un grupúsculo insignificante. Desconocía que la interminable pugna sectaria que carcome a ese Estado árabe desde la invasión de 2003 lo había reactivado, permitiéndole revivir el califato que ya estableció sobre la mayor una parte de las zonas suníes del país entre 2005 y 2008.

El trato de los carceleros no Siempre fue complaciente. Uno de los vigilantes, al que apodábamos El mono por su enormes manos, confirmó la pésima opinión que nos habíamos forjado sobre él A lo largo de nuestra precedente estadía en Mansura.

En sendas ocasiones llegó a mostrarse tan brutal como ‘Los Beatles’. A Pierre Torres, francés de padre Español, le apaleó tan Sólo por mantenerle la mirada. Se trataba de humillar al rehén. Que Siempre y en toda circunstancia caminara con la cabeza agachada.

-¡Ven, sal ahora mismo de la habitación!.

No se atrevió a golpearle delante de nosotros. Lo sacó al corredor y cerró la puerta.

Podíamos escuchar los gritos del pobre cautivo francés Mientras que le pegaba violentamente con una porra de plástico. La paliza le dejó inmovilizado un brazo A lo largo de varias jornadas.

‘Pruebas de vida’

En otra ocasión, el magrebí -sacamos la impresión de que era tunecino, Mas con escasos estudios, Puesto que Solo chapurreaba ciertas palabras de francés- le propinó una feroz patada en el pecho a Marc Marginedas. Una reacción basada en el simple hecho de ver al Español cruzar por delante de uno de los rehenes que rezaba arrodillado Según el rito musulmán, algo que el militante consideró como un anatema.

-Esto es un disparate absoluto. Están todos locos- pensé.

No tratábamos con seres normales, sino más bien con activistas cegados por una concepción mesiánica del Mundo. Pasaban horas escuchando rezos islámicos O bien cintas de clérigos que concluían sus apelaciones en medio del llanto.

Personajes que como Paul nos hablaban con toda normalidad del “submundo” que, Según él, “existe de forma paralela al de los humanos compuesto por unos espíritus [jinns] que forman países y continentes”. O que aludían con convicción a profecías apocalípticas.

-No os podéis imaginar lo cerca que nos encontramos del fin del Planeta. Lo dicen las premoniciones. Todo concluirá con una gran batalla y los infieles van a ser derrotados -aseveraba.

Las visitas de ‘Los Beatles’ tan Sólo tenían un elemento positivo. Las exacciones físicas iban acompañadas de informaciones sobre el estado de las negociaciones que mantenía el grupo con nuestras familias. Iniciaron los contactos con ellos en diciembre de 2013, cuando nos encontrábamos Todavía en su particular Guantánamo.

Todos y cada uno de los reos tuvimos que comunicarles un ‘Y también-mail’ de contacto Para que pudieran hacer llegar a nuestros familiares pruebas de vida. Lo volvimos a hacer en el chalet del río Éufrates, para ellos Tigris, y De nuevo en Mansura. Parecía tal y como si fueran tan alocados que Ni siquiera eran capaces de conservar los emails que les habíamos suministrado varias veces.

Sin embargo, los mensajes de retorno Empezaron a llegar. Para la comunidad de cautivos aquellos eran instantes de absoluta emoción. Solíamos abrazar al agraciado pese a que la noticia que le traían ‘Los Beatles’ solía ir acompañada de una golpiza.

‘Avanzamos con las manos en alto. Habíamos recobrado el control de nuestra vida. Somos periodistas españoles, no disparen’

Solía jugar con él con frecuencia.

Sergei Gorbunov Nunca logró darles un email de contacto. Los malos tratos que había sufrido le habían desequilibrado. Alternaba los momentos de cordura con el delirio absoluto. Otras veces, Sin embargo, se mostraba como un avezado jugador de ajedrez. Solía jugar con él con frecuencia. Pese a la barrera que suponía el idioma -no hablaba más que ruso, una lengua que yo desconozco- desarrollamos una peculiar relación basada en monosílabos.

-Kapitulation! [ríndete] -me decía con sorna cuando veía que mi situación en el tablero se había hecho desesperada.

-¡Al Hamdulila [¡Gracias a Dios!]-me respondía cuando era yo el que le acorralaba y le vencía.

El coste de los rehenes

Los fundamentalistas debieron decidir que era prescindible. George Siempre y en todo momento se quejaba de lo que le “costábamos” al Estado Islámico.

-¿Sabéis cuántas balas podríamos comprar con la comida que os damos? ¡Estamos hartos de vosotros! -decía.

Un día, ‘Los Beatles’ llegaron a la residencia y se llevaron a Gorbunov. Para liberarle, dijeron. La siguiente ocasión en la que vimos una imagen suya fue con la cabeza destrozada por un balazo. “El IS Nunca miente”, recordé.

La desaparición de Sergei acrecentó la tensión en el grupo. Sabíamos que los contactos en torno a Marc Marginedas eran los más avanzados ante la atención que le otorgaban ‘Los Beatles’.

-Mas los anglosajones También se habían percatado, como todos nosotros, de que los militantes les mantenían casi relegados. Ellos no eran una prioridad.

-Tememos que si os liberan a todos al final deseen usarnos como carnaza para su propaganda política -me explicó una vez Peter Kassig.

-¡Por favor, decidle a nuestros Gobiernos que nos ayuden! ¡Que se dejen de tonterías! ¿Cuántas veces han pactado con criminales anteriormente? ¿O es que nosotros no valemos nada?, -se quejó el inglés David Haines, aludiendo en específico al acuerdo que firmó su Gobierno con los paramilitares del IRA en la década de los 90.

Desafortunadamente era una premonición acertada.

Ninguno de los tres estadounidenses -Jim Foley, Steven Sotloff y Peter Kassig- sobrevivió a este lance. 2 de los tres ingleses -David Haines y Alan Henning- sufrieron exactamente la misma suerte. El último rehén del grupo original, el También británico John Cantlie, sigue cautivo.

‘Escribid a vuestras familias. Marc las llevará’

Los mismos ‘Beatles’ fueron los que nos comunicaron la inminente liberación de Marc. “Escribid cartas a vuestras familias. Marc las va a llevar”, nos ordenaron.

La depravación del trío alcanzó su clímax en exactamente la misma jornada en la que se llevaron a Marc. Antes de trasladarlo, George se dirigió a James Foley.

-“¡Tócale Foley, toca a Marc! ¡Eso Va a ser lo más cerca que vas a estar Nunca de la libertad!”, afirmó.

Pese a este gesto de saña, Jim Foley se fundió -como todos- en un abrazo común cuando Marc desapareció de nuestra vista y se volvió a cerrar Nuevamente la puerta de nuestro habitáculo. Habían pasado meses -más de un año para los más “veteranos” como Foley-, y por vez primera en nuestra lúgubre coyuntura nos permitíamos soñar.

‘Los Beatles’ retornaron múltiples días Más tarde. George fue -como Siempre- quien se encargó de dirigir la perorata.

-¡Tengo 2 noticias. Una buena: Marc ya está en España!

-¡La mala es que Marc no nos ha obedecido y habló con la prensa y ahora os tendremos que dar una paliza!

Después sabríamos que aquello era un puro embuste. Una justificación para golpear a los rehenes y aleccionar a los próximos que iban a ser liberados: nosotros.

La liberación de Marc Marginedas, compañero de ‘El Periódico de Cataluña’, marcó un punto de inflexión en su conducta. La recurrente propensión hacia la violencia se tornó prácticamente en fervor irresistible. Ahora, cada vez que entraban en nuestros aposentos era para agredir a alguno de los cautivos de forma brutal.

Al tener la cabeza pegada a la pared tan Solo podía oír el ruido sordo de las patadas y puñetazos. Siempre y en todo momento nos alineábamos en fila frente al cemento. ‘Los Beatles’ Empezaron la ronda de trastazos por la izquierda y siguieron un orden sistemático.

-¡Lo habéis comprendido ahora! ¡Si los próximos que son liberados vuelven a Charlar con los medios de comunicación os pegaremos tal paliza que alguno de vosotros quedará lisiado por siempre!

Tenía el ojo totalmente negro.

Cuando abandonaron el sitio, cada Como empezó a evaluar el daño causado por las agresiones. Como ya era costumbre, el más afectado fue Jim Foley. Le habían agarrado por el cuello hasta asfixiarle, haciéndole perder el conocimiento. Cuando cayó al suelo le propinaron un feroz puntapié en el rosto. Tenía el ojo totalmente negro. Cerrado por un ingente moratón.

La simulación de los guardianes magrebíes alcanzó A lo largo de esta jornada un nivel repulsivo. Cuando vieron el horrible cardenal de Foley, llamaron a su jefe como si estuvieran indignados.

-¡En el islam está prohibido pegar en la cara! -dijo uno.

Siguiendo la pantomima, el líder del conjunto le preguntó al rehén de Norteamérica.

-¿Qué te ha pasado?

-¿Alguien te ha pegado?

Foley comprendía que si acusaba a ‘Los Beatles’ las represalias podían ser Aún más salvajes.

-No, nadie me pegó, me he caído al suelo- adujo.

Una postura muy hábil, como pudo ratificar un día Después cuando el trío retornó a Mansura.

-¿Te han preguntado Cómo te has hecho eso?-le inquirió uno de los milicianos.

-¡Sí, señor! -les dije que me caí al suelo!

-Muy bien Foley, les has dicho la verdad, Pues eso es efectivamente lo que ha pasado.

-Por el hecho de que absolutamente nadie te ha pegado, ¿verdad?

-¡No, señor, me caí al suelo!

La tripleta decidió documentarse para intentar autojustificar su siguiente tunda colectiva. Esta vez eligieron a los presos por nacionalidades y les fueron atizando Conforme las acusaciones que vertían contra sus respectivos países.

Esta vez los franceses sufrieron un trato tan salvaje como el que reservaron contra los norteamericanos O ingleses. A los segundos les achacaron los señalamientos conocidos: la invasión de Irak, Afganistán, etcétera. Para los galos, la intervención militar de París en Mali contra las milicias islamistas en 2013 se había convertido en una contrariedad más.

Ira por las Fiestas de Moros y Cristianos

Era tal y como si hubieran hecho una lista de pecados que achacar a los prisioneros.

-¿Dónde están los daneses? ¡En vuestro país se ríen del Profeta, eh! [una alusión a las caricaturas de Mahoma que publicó un semanario danés en 2005].

Cada señalamiento iba acompañado de una retahíla de golpes. Los 3 al unísono.

Cuando llegaron hasta el rincón que solíamos ocupar Ricardo y yo, John se refirió a una de las imputaciones más peculiares que Jamás había escuchado. No se acordaron de que España participó en la invasión ilegal de Irak O de su presencia en Afganistán.

El extremista se sintió ofendido por la celebración de las Fiestas de Moros y Cristianos, actos a los que Nunca he asistido.

-¡A ver, Español! ¡O sea que en España celebráis la Fiesta de los Moros y los Cristianos! ¿Qué es lo que pasa en esa fiesta?

– ¡Señor, no lo sé, Nunca he estado allí! ¡Creo que se visten de moros y cristianos y desfilan todos por las calles!

-Yo estuve y vi Cómo colgaban a un monigote que aparentaba ser un musulmán-le sopló otro de ‘Los Beatles’, que decía haber viajado por España.

-¿Es cierto, De España?

-¡No lo sé señor, Nunca he estado allí!

Aquello era absurdo. Una discusión sobre folklore podía decidir si me ganaba una paliza O no. Al final, George se aburrió del ridículo diálogo y decidió continuar pegando a otro rehén obviando a la pareja de españoles.

‘Los españoles, salid’

Nuestros días en compañía de todo el conjunto tocaban a su fin. Lo supimos cuando ‘Los Beatles’ nos dedicaron una última sesión de pruebas de vida.

Estaba tan nervioso que se me olvido el nombre de mi primo. Y Solo tengo Dos.

-¿Que no recuerdas del nombre de tu primo? Pero, ¿tú eres idiota O bien qué? Finalmente lo recordé ya antes de ser castigado Por este motivo.

Varios días Después, el trío regresó y nos hizo salir a todos de la prisión. Nos montaron en un camión y fingieron ir separándonos por nacionalidades.

-¡Los españoles, abajo, salid del camión!

Éramos siendo conscientes de que aquello Sólo era una argucia. Querían confundirnos Para que pensáramos que habían trasladado a los prisioneros de Mansura.

Habían hecho lo mismo cuando se llevaron a Marginedas y en frente de él gritaron: “¡Venga, el resto preparad vuestras cosas que nos marchamos a Irak!”. El único que salió de allá fue nuestro amigo.

Nos transfirieron a un automóvil y éste nos llevó a una nueva prisión. La reconocimos de inmediato. Era la sede del gobernador de Raqqa. La segunda vez que recalábamos en ese edificio.

El último capítulo de nuestro periplo se mantuvo apegado al guión tan surrealista como estremecedor que definió toda esta experiencia.

La cárcel de Raqqa se había transformado desde la última vez. Ya no estaba tan rebosante de detenidos.

Ahora, Sin embargo, Asimismo encerraban allí a mujeres y a pequeños.

Una vez más brotó el guardia afable. Quien nos entregaba más quesitos y comida de la habitual, y no nos presionaba con gritos cuando nos dejaban salir para ir al baño. Aun nos dejó apropiarnos de un trozo de cartón para confeccionar un nuevo ajedrez con el que entretenernos.

Él no lo sabía, Pero nos volveríamos a ver días Más tarde.

A la semana comenzamos a dudar sobre nuestro destino. Ricardo estaba convencido que estábamos de camino cara la libertad. Yo Siempre y en todo momento fui más pesimista.

Empezaba a sospechar que ‘Los Beatles’ nos habían abandonado allí sin contarle a absolutamente nadie quiénes éramos. En varias ocasiones, los guardianes -que acostumbraban a rotar- nos preguntaron Por qué estábamos allí.

Una mañana, se abrió el portón metálico de nuestra celda de forma repentina.

-¿Qué hacéis? ¡Dadme eso!.

El encapuchado se refería al tablero de ajedrez. Estaba indignado.

-¡En vez de jugar deberías estar rezando! -bramó.

– ¡Eso es pecado!

-¿El ajedrez? ¿Pero en España lo aprendimos de los árabes?

Para el IS ni la historia ni la lógica tienen significado alguno. El embozado nos arrebató el cartón y lo destrozó.

Exactamente el mismo uniformado volvió al día siguiente.

-¡Todos los presos, fuera de sus celdas!

Esta vez no nos vendaron los ojos. Algo sorprendente. Siempre y en toda circunstancia lo hacían.

Nos hicieron formar una fila junto a otros detenidos. Rápidamente comprendí la equivocación. Eramos prácticamente una decena y todos tenían la apariencia de ser militantes del IS O bien de conjuntos afines. Largas barbas, uniformes militares…

No me afeitaba desde el principio de mi cautiverio, y habían pasado seis meses, y vestido con un desangelado chándal deportivo mi aspecto no debía desentonar mucho con el del resto de esta turba. Lo mismo ocurría con Ricardo.

¡No somos del IS, somos periodistas!

-¡Joder, este gilipollas se ha confundido y se cree que somos del IS! ¡Lo que nos faltaba! -le dije a mi compañero.

Tras meses de precauciones exhaustivas por parte de ‘Los Beatles A fin de que no nos percatáramos de nuestra localización, ahora el militante nos dejaba ver las interioridades de su capital, Mientras que nos trasladaban desde la sede del gobierno local a otra cárcel.

Era el viejo cuartel general de Ahrah al Sham. Había estado allí en la primavera de 2013 hablando con los militantes de esa facción islamista.

Primero enviaron a las celdas a los presos comunes. A nosotros nos dejaron junto a los miembros del IS bajo arresto.

-¡Oiga, que nosotros no somos del IS ! ¡Que somos periodistas! -tuve que decirle a uno de aquellos carceleros.

El chaval encapuchado que nos había conducido hasta esta dependencia le hizo un gesto a su compañero como diciendo “no te creas nada, todos afirman lo mismo”.

Esto parece una película de risa, joder. Los tipos que nos han secuestrado no van a saber ahora dónde estamos y estos están empeñados en que somos milicianos del IS -pensé para mis adentros.

Tras un breve paso por varias celdas donde se hacinaban decenas y decenas de presos -en una de ellas encontré a un viejo miembro de la oficina de prensa de Ahrar al Sham al que había conocido el año anterior-, nos encerraron junto a un reducido grupo de miembros de ‘Daula’ (como se conoce al autoproclamado Estado Islámico en Siria).

Estaban allí por haber infringido la normativa del movimiento. Ricardo me había precedido y fue él quien me introdujo a uno de los inquilinos de ese calabozo al que no pude reconocer.

-¿No sabes quién es?

-No, lo siento.

-Es el guardián que nos daba quesitos en la sede del gobernador hace días.

-¡No jooodas! ¿Pero qué haces Acá?

El militante Sólo se encogió de hombros.

-Un pequeño inconveniente – adujo.

Me acordé de que en el chalet del río habíamos coincidido con un vigilante al que conocíamos. Había estado detenido en nuestra habitación en Mansura. Ahora era a la inversa, el carcelero terminaba preso. El IS estaba consiguiendo la perfección del disparate.

La mayor parte de nuestros acompañantes en esta nueva mazmorra eran obvios militantes del IS. No Solo por su apariencia. Algunos se pasaban horas y horas leyendo el Corán como solía hacer Abu Ahmed en Mansura.

A unos metros de la libertad

La excepción era un libanés cristiano, Charbel Tannouri, que tampoco dudó más que algunas horas para convertirse al islam. Le habían raptado, afirmaba, cuando intentaba cruzar el país desde Homs a Hasaka para desposarse con una siria. Una historia cuanto menos rocambolesca.

No menos que la de Abu Hamza -De esta manera se identificaba-, un sirio que hablaba un perfecto De España que se suponía que había aprendido en el Instituto Cervantes de Damasco. Se significaba como un adepto sin tacha del ideario que defendía el IS, Pero en la primera ocasión que tuvo que liderar el rezo Ni tan siquiera supo De qué forma hacerlo, un error imposible para los miembros de esta facción radical.

-Este tío es un espía que nos han colocado Aquí Para que nos vigile- opinaba Ricardo.

Su conocimiento de la realidad De España era exhaustivo. Aludía, Por poner un ejemplo, a políticos de segunda y tercera fila en el Partido Popular y el Partido Socialista (PSOE) que Solo alguien que hubiese vivido largo tiempo en España podía conocer. Nunca conseguimos Descubrir su verdadera identidad. Los acólitos de Los Beatles nos encontraron al cabo de 5 días y nos sacaron de la cárcel.

-Os vamos a liberar -fue la primera cosa que nos afirmó el encapuchado que nos dirigía hacia la calle.

Nos lo habían dicho tantas veces que ya Ni siquiera me emocionó.

Una vez en el coche, el militante volvió a recordarnos el estremecedor aviso que había escuchado de boca de Los Beatles.

-Los paquistaníes me han vuelto a reiterar que no podéis Charlar con la prensa. Matarán a algún rehén si lo hacéis. Cuando todo esto acabe y no sea un secreto podréis contar lo que queráis. No nos importa.

El último calabozo que ocupamos fue Quizás el más infecto. Repleto de basura, orines y un olor repugnante que salía del agujero anegado por las defecaciones que pretendían que fuera nuestro cuarto de baño.

Mas ahora sí teníamos la certidumbre de que nos acercábamos a Turquía. Desde la portezuela se podía estimar la ingente banderola negra del IS que acostumbraba a ondear en Tel Abyad. Estábamos a unos metros de la libertad.

– ¡Nos vamos!

Los 2 encapuchados abrieron el portón metálico y nos liberaron de las esposas de plástico que nos atenazaban desde hacía un par de días. Nos las habían colocado para transferirnos desde Raqqa a Tel Abyad.

-¿Nos colocamos las vendas? -les pregunté.

-No hace falta.

Otro signo de que los ciento noventa y cuatro días de cautiverio tocaban a su fin.

El recorrido final nos llevó Por medio de calles conocidas de la misma población por la que habíamos accedido a Siria en septiembre. De Acá era Asimismo Abu Ahmed.

El dúo nos transportó en un ‘jeep’ hasta un llano junto a la valla que delimitaba la frontera con Turquía.

El plan era que 2 chiquillos -unos adolescentes imberbes- nos hicieran pasar la linde de forma ilegal en una motocicleta. Una vez en Turquía teníamos que llamar a un teléfono que nos proporcionaron los acólitos de Daula. El impedimento eran las torretas de vigilancia del ejército turco.

Una bendición

Los chavales eran lugareños que se ganaban la vida como traficantes de cualquier cosa. El día de hoy tocaba rehenes.

-¡Venga corred, no hay ningún soldado turco en esa garita!

El emplazamiento de los uniformados turcos estaba situado a unos cientos de metros.

Los militantes del IS se quedaron en la carretera contigua. Observando la operación.

-¡Vamos, vamos!

Antes de llegar a la empalizada de alambre de espino, ya escuchamos unas voces. Comprendí que los militares del país vecino nos habían descubierto, Mas para nosotros aquello era una bendición.

-¡Nada, nada, sigue corriendo! -le dije al chiquillo.

Habíamos vuelto a recobrar el control de nuestras vidas.

Tras pasar la valla, el siguiente aviso fue más contundente. Un balazo que pasó silbando.

De inmediato escuchamos las carreras de los soldados turcos que comenzaban a desplegarse entre los olivos.

-¡Los turcos, los soldados turcos! ¡Corred, hay que regresar, huid!

Nunca estuve tan seguro de una decisión. Para el chaval, caer en manos de los militares significaba la prisión. Para nosotros, era Todo lo opuesto.

-¡Tú vuelve, nosotros a Turquía! -le grité al chico.

Tras eso seguimos avanzando con las manos en alto.

-¡Periodistas, somos periodistas españoles, no disparen!

Al cabo de unos minutos nos vimos rodeados por una veintena de soldados. La tensión Sólo duró unos segundos.

El oficial turco a cargo se percató de que no mentíamos. Nos montaron en un camión y nos trasladaron hasta su base.

Allá, el comandante informó a sus superiores en Ankara.

-Van a llamar a su embajada.

Nos hicieron pasar a las dependencias de los oficiales y nos invitaron a cenar.

La televisión retransmitía un partido de fútbol de la competición española. Creo que estaba jugando el Barcelona.

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