La Maldad, Entre Nanas Y Prédicas

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La Maldad, Entre Nanas Y Prédicas

El formenterólogo avezado comprueba Dos novedades de intendencia en estas conversaciones: primero, que el tiempo de cada intervención está siendo considerablemente más controlado; segundo, que al moderador de cada mesa se le habilita un micrófono diadema. Ambas cosas parecen anecdóticas, Mas revelan una creciente sofisticación de la cita, depurada tras 7 años. Orden y concierto al servicio de uno de los temas más jugosos de los últimos años, Pero que puede saltar por los aires si alguien se lo propone. Por servirnos de un ejemplo, Biel Mesquida.

Desde cierto punto de vista formal, las 4 conversaciones de el día de ayer quedaron dispuestas sobre un eje que tuvo en sus extremos a Mesquida y J.A. González Sainz. El mallorquín protagonizó un momento entre la sinfonía y el collage, desatado, pantagruélico: su discurso enhebró citas en 4 lenguas, cantó e hizo cantar la nana Horabaixa post el sol («no ploreu, que ma mareta no ho vol») y recitó Lo Pi de Formentor. Una misa pagana que dejó aproximadamente turulata a la audiencia. La excusa era Hablar sobre La máscara de la carne, de Maxence Van der Meersch, y el resultado fue un pico de euforia en el Salón Orfeo: una fiesta estalló para Hablar de una vivencia doliente de la homosexualidad. Si eso fue por la mañana, por la tarde el autor de El viento en las hojas leyó un texto sobrio e inteligente sobre una obra inusual, la novela paródica y crítica Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, del padre Isla, llegada del XVIII Español para sopresa de todos. Ahí queda eso. González Sáinz empezó explicando que desconfía del empleo público de la palabra, continuó identificando el mal con la memez, tan frecuentemente utilizada en la vida política y mediática, y remató afirmando que el auténtico espanto «es la recepción que hace el vulgo del discurso del embaucador». Ni tesis ni antítesis, ojo, Mas sí 2 fórmulas extraordinariamente diferentes de mostrarse ante el auditorio, seducirlo y proponerle modos de entender la literatura. Entre ambos, tuvieron cabida el desparpajo lúcido de Marta Sanz (que supo desactivar, sin renunciar a la fascinación, el conflicto de clases sociales latente en la narrativa popular de Agatha Christie), el humor a punto de desmelene del periodista Francesc Rotger O la inteligencia ágil de un Carlos Zanón poco dado a frivolidades Mientras comentaba un texto horrible, Meridiano de sangre de Cormac McCarthy.

Esto, en cuanto a la forma. Determinar los ejes sobre los que transcurrió el fondo de las conversaciones, encontrarles una coherencia interna profunda, es más complicado: la multiplicidad de enfoques y la pluralidad de lecturas propuestas (recordemos que cada invitado escoge un libro para descifrarlo ante los asistentes) propicia que se dispare en muchas direcciones distintas. Quizá quepa, en última instancia, localizar una pregunta recurrente, exactamente la misma que toca hacerse Siempre que el mal llama a la puerta de un congreso de literatura: ¿por qué esa fascinación que experimentamos en frente de la Maldad, la Perfidia, el Espanto, la Crueldad? Estos cuatro conceptos daban título a las cuatro mesas, y no son meros componentes del infierno sino más bien la materia con la que se han construido muchas obras maestras. Algunas de las Contestaciones fueron muy inteligentes, como la de Justo Navarro, exacto en todos los pasajes de su intervención, muy ágil al identificar los cuentos infantiles de los hermanos Grimm con los textos jurídicos: al establecer un sistema de premios para el niño obediente y castigos para el malo, «los cuentos de hadas se convierten en el hogar de la ley». Antón Castro le preguntó si «los malvados nos hacen reír», y Navarro no contestó directamente, Pero más adelante fue Exactamente el mismo público quien respondió al estallar en carcajadas negras Mientras que el novelista desgranaba los detalles más sangrientos de algún cuento infantil, incluyendo un pequeño degollado y una cabeza rodando.

Andrés Barba recordó que para muchos espectadores la escena más obscena de todo el cine de Haneke es aquella en la que una mujer quema A lo largo de cinco minutos billetes de banco; José Carlos Llop replicó que eso no era nuevo, Porque en la Barcelona de finales de los sesenta ya había quien incitaba a los obreros a la revolución encendiendo puros con dinero. En la última mesa, que contó con la ausencia de Sebastià Alzamora, las intervenciones del público condujeron a varias reflexiones en torno al 11S (nota: revisar si ha habido menciones del 11S cada año de las Conversaciones, cosa probable y que confirmaría el carácter absolutamente fundacional de ese atentado). Alguien entre los oyentes recordó que la escena de la caída de los 2 edificios replicaba la imagen arquetípica de una carta del tarot, la Torre Quebrada; la periodista Marta Fernández, impecable, ya había desgranado Al límite de Thomas Pynchon Mas en ese tiempo de descuento nos explicó su experiencia narrando en directo el atentado y observó, en diálogo con Barba, que el 11M había prendido menos en el imaginario colectivo, en gran medida, Porque tenía menor potencia estética. El mal, la estética, su fascinación: un tema poco frívolo sobre el que Hoy se insistirá.

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