La Pastorcilla De Fátima

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Y ¿cómo es, madre, dígame De qué manera es?
-Puesto que alegre y expresiva. Muy fácil.
-¿Continúa teniendo visiones?
-Nunca le preguntamos sobre visiones; no sabemos nada de eso. (Sor María do Carmo baja la vista, ruborizada).
-Dicen que es muy habladora, ¿qué les cuenta?
-Nosotros no charlamos más que en los recreos. Prohibido pronunciar el nombre de las monjas. El diálogo tiene lugar en el refectorio del convento O Carmo de Santa Teresa, Coimbra. Nuestra interlocutora, a Dos metros de distancia, verja de por medio, es la madre superiora. Sor María sí puede identificarse, Pero dice que Nunca concede entrevistas. Al final concede, incómoda. Unas estancias más allí, en la profundidad oculta de la clausura, la hermana Lucía del Corazón Inmaculado de María de Jesus 2 Santos, 93 años, vidente de Fátima – principal instigadora del milagro mariano-, se entrevista con el padre Kondor, húngaro, principal instigador por su parte de la beatificación de los primos de Lucía, Jacinta y Francisco Martos, los pequeños pastorinhos y videntes Asimismo, fallecidos por neumonía entre 1919 y 20, Dos años después de la primera aparición de la Virgen (1917). El Papa visitará el santuario el próximo día trece de mayo, aniversario del suceso, para beatificar a Jacinta y a Francisco. En el recibidor del convento, las tres hermanas externas, otras dieciocho en clausura, cruzan apuradas para desaparecer detrás de una de las cinco puertas que acceden al claustro y la capilla. Atienden los pedidos de alimentos y se comunican con el más-allá-del-Mundo A través de teléfonos portátiles que Entonces acoplan en su faltriquera. -Madre, ¿cómo afronta la hermana Lucía la beatificación de sus primos? -Con alegría, como Todas y cada una. -Mas ¿es siendo consciente de que Asimismo ella Va a ser… (santa). -Uy, de eso no se habla, qué insensatez. La hermana Lucía no subirá de forma inmediata a los altares. Uno no es beato por haber visto a la Virgen, eso no es señal de santidad: Dios puede servirse de quien quiera para comunicarse. Tiene que probarse la veracidad de sus virtudes, su fidelidad; y en su caso Será un proceso largo, Por el hecho de que De esta forma es la vida de la hermana Lucía. -¿Cuando ella se vaya, Va a ser revelado el tercer misterio? -El secreto no nos interesa. -Se dice que puede estar guardado en el Vaticano. -No nos interesa. -¿Ella va a estar presente en la beatificación, junto al Papa? -No nos ha llegado la orden, Mas se supone que llegará. Si su salud da para ello, va a ir. -¿Y está nerviosa? -Esto semeja un examen médico. -¿Cómo está la salud de la hermana? -Bastante bien para su edad, semeja más joven de lo que es; Si bien lógicamente siente el peso de los años. -¿Y mentalmente? -Le falla la memoria para las cosas de ahora, Pero se acuerda realmente bien de aquellos años… Razona realmente bien.
Desde que Lucía 2 Santos entró en clausura, primero con las madres Doroteas de Tuy (1925) y luego, por su expreso deseo y voluntad, con las carmelitas de Coimbra (1948) absolutamente nadie ha tenido acceso a la vidente de Fátima, nadie más allá de la curia vaticana, sus hermanas de convento y su familia próxima. Ha salido de clausura en 4 ocasiones. La primera, al volver a Portugal (lo hizo de incógnito, acudió al santuario y un paisano la descubrió); las restantes, en las visitas del Papa (Pablo VI en 1967 y Juan Pablo II en 1982 y 1991). Ésta Será la quinta y previsiblemente la última. Lucía de Jesus Dos Santos nació en Aljustrel, parroquia de Fátima, el 22 de marzo de 1907, la menor de cinco hermanas y un hermano. A los ocho años fue pastora de ovejas, y a los nueve, el ángel empezó a aparecérsele. Un año Después, en compañía de sus predilectos, los pequeños primos Jacinta y Francisco, de 7 y nueve años, ve a la Virgen encaramada en un olivo. Los primos Asimismo la ven, la Señora les habla, les pide sacrificios para redimir los pecados del Planeta y les hace 3 profecías: que terminará la I Guerra Mundial, Mas empezará una segunda; que Rusia extenderá el mal por la Tierra antes de arrepentirse y modificar su rumbo comunista y un tercer secreto, que está por Descubrir.
«Bienaventurada eres, hija mía». El Papa Juan Pablo II saludó con estas palabras a a Lucía cuando visitó Fátima en 1982.

Le preguntan en inglés que cuántos años tiene, y ella sonríe por toda contestación.

La expectación despertada entonces por los pequeños, avivada por la prohibición y persecución de la justicia republicana y anticlerical, obliga a la niña Lucía, única ya con vida, a dejar Fátima en 1921. Primero fue acogida en el instituto de las hermanas Doroteas de El Vilar (Oporto) para después ordenarse ella misma dorotea en Tuy (1925), donde residió hasta 1946, cuando el Vaticano ordena su vuelta a Portugal. Diríase que 3 efes sustentaron la larguísima dictadura de Salazar: fado, futbol y Fátima. En 1948, el Papa Pio XII deja su transferencia a las carmelitas de Coimbra. Animada por un entorno de prohibición, cladestinidad y milagrería, la niña Lucía quiso ser santa desde muy pequeña. Cuenta la tía Rosaria (90 años), amiga de infancia, que Lucía era una niña muy alegre y brincadeira (bromista). «Le gustaba jugar a hacer iglesias, con las piedras, sobre la tierra del pozo del Arnero», donde Entonces tuvieron sitio las apariciones del ángel. También recuerda Rosaria el sabor de las cerezas que crecían en el huerto de Lucía, y los dulces que hacían para convidar. «Lucía nos decía: `Tal día nuestra Señora va a descender a la Tierra’. Pocos la creían. Pero un día vino, posó sus pies sobre el olivo y les habló, Si bien Sólo ella y sus primos la veían y la escuchaban. Y cuando subió al cielo, se desató una lluvia de pétalos de flor y la gente quería cogerlos, con la mano, en los sombreros, Mas los pétalos se deshacían. Y Lucía nos afirmaba: `La Señora se va para volver el día 13′». Todos y cada uno de los 13 entre mayo y octubre. Vinieron muchos que les creían, Pero había otros muchos que no. «Mis progenitores y yo les creímos desde el principio, y les protegíamos Para que nos les hicieran mal». La justicia se molestó. Aún recuerda Rosarica, que De este modo la llamaba Lucía, el día de la detención, a la salida de la misa, mes de agosto. «Los montaron en un turismo tirado por caballos y los llevaron a Ourém (cerca de Fátima), presos. El padre de Francisco, indignado, batía su gorra contra el suelo: `¡Quiero a mis hijos Acá!’. Los progenitores de Lucía, en cambio, eran de los incrédulos, avergonzados de la hija, castigándola y pegándola A fin de que se desdijera. «Su padre le decía que no tenía dignidad para poder ver a la madre de Dios: `Aaaah, la madre de Dios’, le afirmaba. El padre de Francisco los sacó de allí». A la tía Rosaria, que en los registros de la Conservaduría figura sin más nombre que el de pila, le dio un mal aire hace ya unas semanas. La hemos visitado en la residencia de ancianos, acompañados de sus hijas, su nieta y la bisnieta Clara, contenta de estar con la abuela pequeninha, que a ver Por qué razón no le compran una nueva boca y vuelve a Charlar bien.
MUCHOS PRETENDIENTES La tía Rosaria recuerda otras cosas de Lucía, que era toda un moza, «de pechos crecidos y muchos pretendientes: de niña ya era una mujer». Su hija Lidia le da un golpecito Para que calle esas cosas. Rosaria es presumida y le agradan las fotografías. Nos despide cantando el himno de Fátima. Absolutamente nadie en el asilo la mira: ancianos Más o menos dementes y heridos por el tiempo, Solo esperan que algo les alivie del Mundo. Después Aún llegamos a visitar a Francisco Peruhla, que hace un mes sufrió una bronconeumonía. «Pronto: se terminó», nos afirma su nieta. Francisco, primo de los pastorinhos, 94 años, También compartió infancia con Lucía. «Hasta hace un mes andaba por Acá, entre las mesas de este café (Café do Adro), leyendo periódicos y rememorando historias. Aquí han estado televisiones de medio Planeta. Se terminó. Ahora Sólo duerme». Fátima, 5.000 habitantes, 48 hoteles, 4.229 camas, se ve desbordada con una riada de 4 millones de peregrinos al año. Sus cafés y restaurantes tienen nombres santos. Snack bar João Paulo II, residencia Aleluya, restaurante Ave María. En los megaestores y centros comerciales (delicia de portugueses) se venden rosarios de plástico del jubileo, rosarios rosas del año 2000, pack de imagen, medalla, rosario y agua, saquitos de tierra, sacacorchos marianos… Toda la parafernalia que haría las delicias de cualquier ciberartista kitsch. A Vanda (como el pez, Pero sin uve doble), dependienta de Galerias do Rosario, no le gusta que estas cosas se vendan, «vender agua y tierra… Deberían estar ahí Para que la gente las coja». ¿Tú crees en milagros? «Yo soy de Aquí, de Siempre y en todo momento, de cerca del santuario. Mi padre emigró a Alemania, mi familia ha creído Siempre y en toda circunstancia». Quien mejor recuerda y cuenta es el primo João, hermano de Francisco y Jacinta, único superviviente entero de la quinta. João está apenas sentado en un tambaleante taburete a la puerta del comercio de su hija Laura, beato como todos los comercios. Al pie de los Valinhos, santurrón campo de pastoreo. Tiene 94 años y la piel de las manos oscura como el pan de broa; oscurecida de sol. João era de los que no, no creían. Pastoreaba Asimismo y le preocupaban otras cosas: nada de milagros, y menos sacrificios como hacían aquellos tres (días enteros sin comer ni beber, cuerdas apretadas a la cintura hasta hacerse sangre). Empezó a pensar después de lo de Ourém, la detención. Pues vio al Demonio en la persona de aquel administrador de Justicia. «Era malo, muy malo, los llevó presos y les metió miedo diciéndoles que los iba a matar arrojándolos a una caldera de agua hirviendo. Mi padre fue a buscarlos, Pero el padre de Lucía afirmaba: `¿Yo, ir allá, Para que me metan Asimismo dentro?’. No fue. Y cuando ellos regresaron, el pueblo entero rodeó con palos la casa del administrador, para pegarle, y fue mi padre También quien les pidió que no le hicieran daño y le dejaran escapar». ¿Inquina de la República? «Aquel no era republicano ni era nada, era un malandro contra la Iglesia. Había un periódico pequeño Aquí y Aún recuerdo aquel dibujo de él tirando de una cuerda para derribar la iglesia. Entonces se le aparece el Demonio y le afirma: `Vaya, toda mi vida intentado echarla abajo y ahora llegas tú y vas a ser capaz'». João recuerda a Lucía como una niña cualquiera, como las otras, «bueno, las había más feas». ¿Cree que llegará a santa, como ella quería de niña? «No sé», levanta los hombros y cambia de tema. «A ella la llevaron para España A fin de que estuviera más libre, y le aconsejaron que no dijera quién era». João ha ido más de una vez a visitarla al convento de Coimbra, «está mejor que yo, ella puede andar y yo no. No quiere que vayamos a verla, nos afirma que Por qué razón no nos quedamos en Fátima, Pues Siempre y en todo momento es exactamente la misma cosa». João , único hermano vivo de los beatos, de nueve que eran, no sabe si va a poder estar en el santuario cuando venga el Papa, «si pudiese iba». Y también va a ir, lo dice su hija Laura: «Lo llevaremos».
Sigue CON VISIONES Laura Martos habla de Lucía con una familiaridad pasmosa: «Está muy mona, está mejor que papá». ¿Contenta? «Oh». ¿Santa? «Siiiií..». (alza los hombros). «Ella dice que sí, que tiene visiones Aún, Pero cuando vamos a verla Solo tenemos media hora, y no da para Charlar de esas cosas. Charlamos de nuestra vida, de la familia; ella hace muchas preguntas» ¿Nostalgia? Saudade. ¿Merchandising? «¿Quieren comprar las memorias de Lucía firmadas por mi padre?». Una marabunta de japoneses se desplaza sigilosa calle abajo. De repente, como surgidos en emboscada, se plantan en el patio de la casita. «This is the niece», dice la guía, maravillada. (Niece, sobrina) Y ellos, corales: «The niece, niece, nie…». Se van colocando junto a la mujer y van disparando sus cámaras diminutas, a cámara por japonés. Le preguntan en inglés que cuántos años tiene, y ella sonríe por toda contestación. Después entran en la casita y no miran, llenan sus 40 metros cuadrados de flashes para la posteridad. La casita es el sitio donde nació y vivió Lucía, con dinteles bajitos como en un cuento de enanos; se han reproducido 2 alcobas en las estancias donde dormían: 9 de familia. Apenas cabe la camita, que quién sabe si ni fue de Lucía O de sus hermanos. María Dos Anxos de Jesús, 80 años, hija de la hermana mayor de Lucía, es la mujer convertida en perfecto objeto del deseo turísitico. Posa perfecta ante sus cámaras a la voz explicativa de la guía: «Va de negro Pues su marido murió hace 18 años, y en Portugal las viudas permanecen Siempre y en toda circunstancia de negro». Y los japoneses, ¡Ahhhhhh! María 2 Anxos y su nuera Guillermina están entre las preferidas de Lucía, por algo se encargan de los temas vaticanos en el pueblo de Aljustrel: casa, pozo y museo (hay otros, relativos a los primos pastorinhos). La última vez que la visitaron en Coimbra fue el pasado febrero, «está igual, igual que en las Fotografías del 67, del 82, del 91», habla Guillermina, «está conservadísima, Si bien ya le cuesta andar». «Y muy lúcida», dice su suegra (sobrina de Lucía), «Aunque A veces repite las cosas un par de veces. Pregunta mucho por las cosas de Aquí, por la casa, el pozo, la familia». María 2 Anxos habla de su tía con naturalidad, «ella Siempre hizo exactamente la misma vida que las otras monjas: labrar la tierra, cuidar las colmenas, lavar la loza. Ahora ya debe de hacer poco; Además, no tiene tiempo para responder a tanta correspondencia como le llega». Y sin reparos cuenta que «ella nos afirma que sigue hablando con la Virgen; que la Virgen le dice que no estamos haciendo lo que nos pidió, ni sacrificios ni rezos». ¿Y el misterio, le pregunta por el tercer misterio? «Muchas veces, Pero Siempre y en toda circunstancia contesta que el secreto no es para contar». María 2 Anxos, que hace 13 años sucedió a su difunta madre al frente de la Casa Museo de Lucía, donada por la vidente al santuario de Fátima, guarda un sorprendente parecido con la monja, en fotografías. Mujer recia de tierra adentro, facciones anchas y color aceituno, que a Lucía se le ha vuelto blanco y puro de la clausura y… ¿Llegará a santa? Sonríe, asomando nervios de niña, María Dos Anxos, muñeca cartón piedra, quieta ante las cámaras. Son las 9 de la mañana, gélida y traidora primavera, y ya arden a todo trapo las Velas junto a la capillita de la aparición. Arde la cera como en un infierno. Vienen los niños en excursión desde Santarem. Vienen peregrinos sanos y enfermos, vienen penitentes de rodillas, Jamás un aspirador hizo sus funciones con tanto silencio, tras la capilla santísima. Como en todos y cada uno de los lugares multitudinarios, sagrados O bien no, se dan órdenes precisas: «Acate la disciplina. No prenda Candelas altas. No prenda más de una candela. Todas las Candelas van a ser quemadas Todavía en ausencia del oferente». Arden las Velas como en un averno, y a media mañana: De nuevo la pira altísima. Las pequeñas, a treinta y tres pesetas. Las hay hasta de 4oo.

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