Las Andanzas De Koestler En España

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Corría el año 1983 por las calles de Londres cuando Arthur Koestler decidió suicidarse. Ya antes, había sido periodista, novelista, ensayista, dicen que filósofo social y uno de los personajes clave del siglo XX. Se suicidó con Cyntia, su mujer, la tercera, a la que sacaba 22 años. Los dos habían mezclado una cantidad significativa de barbitúricos y alcohol. Encontraron su cuerpo con la copa Todavía en la mano. Con los zapatos puestos tuvo que Morir.

Arthur Koestler. Nuestro hombre en España (Alrevés) repasa la figura de un personaje que fue todo lo que podía ser y que vivió en su piel todo lo que significó el siglo XX. “Me interesé por Koestler Porque permitía abordar en exactamente la misma persona todos y cada uno de los grandes ismos del siglo XX. Tanto los buenos como los malos”, asegura Jorge Freire (Madrid, 1985), autor de la obra.

Koestler nació en Budapest en 1905 y vivió buscando, que no encontrando, el sentido a la inmensa contradicción que fue su vida. De origen judío, en Viena empezó a simpatizar con el sionismo y abandonó los estudios para viajar a Palestina. En su tierra prometida trabajó en un kibutz Pero su incapacidad para las labores de campo le llevó a malvivir vendiendo limonada en un bazar. Aunque defendía la creación de un Estado judío, no convergía con la idea de la diáspora y acabó simpatizando con el nacionalismo árabe.

En Berlín ostentó la secretaría general del partido revisionista judío Pero cambió de profeta a uno llamado Lenin. Primero, se pegó con los camisas pardas de la capital alemana y después acabó perdiendo la fe en la URSS y su gran obra, El cero y el infinito, es una oda antisoviética. También escribió sobre ciencia y, en pos de la contradicción, cara el final de su vida se fascinó por el esoterismo. Cubrió la Guerra Civil española, pasó por un campo de concentración en Francia y le partió un vaso en la cara a Albert Camus.

“Hay 2 géneros de intelectuales, los contemplativos que no se dejan contaminar y los activos que se mezclan con la vida y se dejan mecer por el tráfago de lo mundano, ahí está Koestler. Por eso va dando bandazos”, asevera Freire. “A veces le califican de casanova de las causas Pero yo no lo creo, Pues no fue un picaflor sino que se metió hasta el fajín. Si bien Luego las abandonase, era capaz de Fallecer por sus ideas de cada instante”, añade. El libro de Freire mezcla el ensayo en el que aborda la vida de este personaje tan particular con una parte más literaria en la que cuenta la estancia de Koestler en la guerra De España.

El relato arranca en febrero de 1937, cuando el bando sublevado entró en Málaga. Se produjo entonces una huida de refugiados en la carretera hacia Almería que los franquistas aprovecharon para atacar por aire y con los buques de la costa. Murieron entre 5.000 y 10.000 personas, Según las fuentes, algo que ahora se conoce como la Desbandá. Koestler y el canadiense Norman Bethune fueron los únicos extranjeros que dieron testimonio de la masacre. “Con la conmemoración del bombardeo de Guernica se habló de que era el mayor crimen de guerra del franquismo. Fue grande Mas, en cuanto al número de muertos, fue mayor la Desbandá”, comenta Freire.

“El régimen franquista no tenía voluntad de hacerlo público. Mas la izquierda También lo quiso silenciar Porque les dejaba en mal lugar. La República no se fiaba de la Málaga roja y les dejaron sin armas para defenderse”, añade el autor. Koestler fue testigo de una masacre que consolidó una victoria que se produjo por incomparecencia del oponente.

Antes, al llegar a la zona sublevada, Koestler logró una entrevista con Luis Bolín, jefe de prensa rebelde. Ninguno sospechó que era un enviado de Moscú y terminó retratando al periodista franquista como un sádico que se recreaba describiendo las violaciones y demás crímenes de guerra que perpetraban con gusto sobre las republicanas. Esto le convirtió en un objetivo y terminó en la cárcel de Málaga. Su apresamiento fue una especie de infortunio para alguien que había construido su camino a trozos y virajes y que estaba en los peores sitios en los momentos más oportunos, excepto en Málaga, Si bien Después fue canjeado gracias al Gobierno británico por la mujer de un aviador franquista.

Ficha de Koestler en la cárcel de Málaga

El propio Koestler afirmó que le había tocado vivir un tiempo en el que el sol se ponía sobre la Era de la Razón. Cargaba Siempre y en toda circunstancia con la insatisfacción sean cuales fueren los zapatos que calzaba En cada ocasión y su vida se resume en la búsqueda de la causa no causada que para Tomás de Aquino era Dios y para Koestler tuvo tantos otros nombres. “Su forma de encarar las cosas era oponiéndose a ellas. Tenía una idea de desconfianza en Todas y cada una de las causas y después se saltaba las reservas y se las creía del todo”, asegura Freire.

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