LOS ELEMENTOS OCULTISTAS EN LA OBRA DE JORGE LUIS BORGES

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El caso de Borges, Por tanto, se integra En lo que es una forma normal de hacer la literatura, si bien este autor es seguramente un antecesor y un inspirador de los ejemplos citados. El pensamiento de Borges es más filosófico e indagador que Realmente «ocultista». Este autor heredó de su progenitor una clara posición agnóstica en frente de Todas y cada una de las cuestiones de tipo religioso. Jorge Guillermo Borges, el padre del escritor, había recibido una educación protestante por una parte de su madre inglesa, Mas «se mostraba desafiantemente agnóstico» (1) en su acercamiento a las diferentes opiniones. Por su parte, el autor que estamos considerando recibió Asimismo una educación católica por una parte de su madre, Mas terminó adoptando un agnosticismo algo más moderado Mas bastante similar al de su padre.

Por consiguiente, Todas y cada una de las referencias (muy abundantes, por cierto) presentes en su obra a sistemas de pensamiento religioso O bien esotérico, deben ser consideradas esencialmente como el fruto natural de la curiosidad de un hombre de particular cultura por construcciones mentales extremadamente sofisticadas Y también indudablemente mucho más excitantes, intelectualmente hablando, que otro género de consideraciones más convencionales sobre la realidad. De Borges se ha dicho a menudo que poseía una cultura enciclopédica. El término es particularmente adecuado en su caso, Pues como él mismo llegó a confesar en más de una ocasión, la mayor parte de sus conocimientos tenían su origen en la lectura de sus amadas enciclopedias. Esto, Sin embargo, no tiene ninguna significación denigrante, Pues las antiguas obras de esta clase (como la muy mencionada Enciclopedia británica, a menudo presente en las ficciones borgianas, y la antigua Enciclopedia Espasa-Calpe) no eran, como las actuales, simples resúmenes de conocimientos básicos para uso de estudiantes de enseñanza media, sino verdaderos compendios de todo género de información, Aun de la considerada como no precisa, capaces de ser utilizados como fuente permanente de datos tanto para el investigador para quien se interesara en encontrar bases para creaciones imaginarias.

No obstante, antes de proseguir adelante, convienen detenernos a considerar los términos empleados para designar ese conjunto de conocimientos no ortodoxos presentes en la escritura borgiana. La expresión «ocultismo» es, como señalan Bauco y Millocca, un término bastante genérico, en cuyo ámbito confluyen directrices de pensamiento heterogéneas. En sentido amplio, con «ocultismo» se denomina la búsqueda de conocimientos superiores y escondidos A través de canales desvinculados de la racionalidad común y de los sistemas científicos consolidados. (2)

Por su parte, la expresión «esoterismo» designa un conjunto de doctrinas de carácter secreto reservadas a un restringido círculo de iniciados. La palabra tiene su origen en el adjetivo griego esoterikós, que significa «interno». Las doctrinas esotéricas se configuran en el marco de fenómenos culturales como la magia, la alquimia, las religiones mistéricas y gnósticas (la gnosis), la cábala, etc. El elemento de conexión de los conjuntos de iniciados es la «transmisión» de la tradición secreta que está en el núcleo de estas doctrinas. Históricamente, en estas formas de cultura, el secreto podía ser entendido de 2 modos: como secreto universal e inaccesible Incluso para los iniciados (los que eran iniciados únicamente en el culto del secreto como tal), O como secreto conocido, y Por ende que había que defender con el silencio frente a los no iniciados. (3)

Estas ideas, Naturalmente, son reconocibles en la obra de Borges, si bien Por norma general en ella están deconstruidas con un sentido del humor bastante claro y una distanciación irónica. Generalmente, Incluso están retrabajadas para hacerles cobrar una significación particular, buscada expresamente, en el contexto de la escritura. Para poner un caso, en su famoso relato «La secta del Fénix» (4) pone en escena el esquema mismo de las sociedades de iniciados, poseedores de un secreto (equiparado con un rito) que se transmite de generación en generación, y que No obstante el lector, Mediante los indicios proporcionados por el autor, termina identificando con una actividad bastante común de la especie humana y de los animales En general (5).

Sin embargo, en los textos borgianos se conserva el aspecto un tanto caótico de las doctrinas esotéricas que, sobre todo en este siglo, llegaron a convertirse en un sistema particularmente generoso y vasto, presto a integrar en un solo bloque las concepciones más diferentes, Aun A veces en contradicción y venidas de culturas totalmente diferentes. El hojear cualquier «diccionario esotérico» pone en evidencia esta tendencia a la asimilación indiscriminada (6), reutilizada en forma artística por Borges en su obra.

La fascinación por este Planeta de ideas se presenta en forma relativamente temprana en el escritor, seguramente desde el encuentro con la obra de Gustav Meyrink. A lo largo de su estancia en Suiza, el joven argentino de diecinueve años que había sido llevado a ese país por su familia, había tenido la oportunidad de aprender el francés y el latín para continuar los cursos en el Collège Calvin. El castellano y el inglés eran sus 2 lenguas maternas, aprendidas en forma casi simultánea en la casa paterna (si bien parece que Borges aprendió primero el inglés que el castellano). El alemán, en cambio, fue un idioma que el muchacho decidió aprender por su cuenta por considerarlo el «idioma de los filósofos». Pero el primer libro en alemán que leyó en su totalidad fue la novela El Golem del escritor vienés Gustav Meyrink, obra publicada tan Sólo tres años ya antes (7), en 1915. Como señala Emir Rodríguez Monegal, esta novela se basa en una historia de leyenda cabalística sobre un rabino de Praga que hace una criatura con barro y le convierte en su sirviente. La historia legendaria es un vehículo A fin de que Meyrink se extienda en su amor por el ocultismo, por la vaga filosofía hindú sobre la redención y hasta por la teosofía de madame Blavatsky […]» (8)

En épocas siguientes Borges no fue demasiado explícito sobre el posible impacto que esta obra pudo tener en él. Sin embargo, uno de sus más conocidos poemas es Precisamente una rescritura del tema del Golem, donde Asimismo menciona (dos veces) el nombre de Gershom Scholem, el famoso investigador sobre el misticismo judío y el tema de la cábala (si bien, como señala Rodríguez Monegal, este autor «dedica solo media página a la historia legendaria»):

El cabalista que ofició de numen

A la vasta criatura apodó Golem;

Estas verdades las refiere Scholem

En un docto lugar de su volumen. (9)

No obstante, el Golem, convertido por Borges en una metáfora de la existencia humana misma y de la relación del hombre con un perplejo Dios posible, es tan Solo uno de los temas de origen esotérico que pueblan su Cosmos.

A este respecto cabe apuntar que una influencia Quizá mayor en este camino la recibió Borges en una temporada muy siguiente Mediante su amistad con el pintor Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, mejor conocido con el pseudónimo de Xul Solar. El mismo escritor se refería a este amigo afirmando que fue místico, poeta y pintor, fue nuestro William Blake. Recuerdo que en una tarde sofocante le pregunté qué había hecho en aquel día bochornoso. Su contestación fue:

«Nada en lo más mínimo, excepto fundar doce religiones tras almorzar.» Xul era Asimismo un filólogo y el inventor de 2 idiomas. Uno era un idioma filosófico, a la forma de John Wilkins, y el otro era una reforma del Español, con muchas palabras inglesas, alemanas y griegas. Su ascendencia era báltica e italiana. El nombre Xul era su versión de Schulz, y Solar la de Solari. (10)

Xul Solar, nacido en 1887, era un personaje en verdad bastante particular. Su ascendencia materna era efectivamente italiana, Mas Mientras que Borges le atribuye un origen paterno «báltico», James Woodall precisa que era de origen lituano (11) y María Esther Vázquez (12) asevera que su padre era alemán. Rosemary ONeill coincide con Vázquez en este punto (13). Independientemente de estas divergencias, todos y cada uno de los biógrafos parecen estar de acuerdo en definir a este singular artista como una figura esencial en el desarrollo del escritor. Conforme Rodríguez Monegal, «la influencia de Xul Solar sobre la obra de Borges Jamás ha sido estudiada, Aunque es considerable» (14). Conforme ONeill, este pintor era un Creador singular, con una concepción muy personal de la actividad artística:

La obra de este místico y visionario evolucionó Durante su vida; Así, Al paso que sus primeras pinturas, sobre todo acuarelas y témperas, son una muestra de fantasía y humor, a partir de los años treinta su pintura se vuelve más esotérica y personal, representando paisajes imaginarios y ciudades futuristas, a menudo efectuadas de forma monocroma; pasados los años sesenta retorna al uso del color, Pero reduciendo sus imágenes a signos y formas. (15)

Por su parte, Dawn Ades señala que

Solar no Sólo pintó sus «ideas» en que dibuja sobre el lenguaje de pintores como Klee y Malevich, O bien los expresionistas alemanes, sino También inventó 2 lenguajes, el «neocriollo» y el «pan lengua», y estudió astrología. La verdad es que no cuesta el menor esfuerzo imaginar a Solar tanto como colaborador de Borges como de tema de algunas de sus Ficciones. (16)

En nuestro caso, lo importante es poner de relieve las obsesiones de tipo esotérico de este artista, quien, como ya vimos, También estaba muy interesado por las cuestiones del lenguaje (y por el juego del ajedrez). La obra de María Esther Vázquez es menos una auténtica biografía borgiana que un compendio de anécdotas, Pero en ese sentido incluye algunas que nos asisten a entender la personalidad de Xul Solar. Según ella, Borges recordaba que a este pintor le encantaba probar y como era un experimentador nato y había creado cosas espléndidas, trataba de encontrar Todas y cada una de las combinaciones posibles entre los alimentos. Llegó a mezclar café negro con salsa de tomate (repugnante) O sardinas con chocolate (cruel). (17)

La misma María Esther Vázquez señala que

Xul aseguraba que era un ángel caído del cielo y que, De ahí que mismo, era inmortal y podía entrar en éxtasis y levitar en cualquier instante y lugar. Una tarde, de visita en lo de Borges, quiso demostrarle a Norah [la hermana del escritor] que tenía el don de la levitación; se acostó en el suelo pidiendo que oscurecieran la sala y no hicieran ruido. En ese momento, entró Leonor [la madre de Borges] en el cuarto y le advirtió que si no se levantaba del suelo, lo echaba de su casa. Lógicamente, Xul dejó el experimento para una ocasión más propicia. A tal punto había convencido a su mujer de su inmortalidad que cuando murió (tenía entre las manos un rosario de madera, hecho por él mismo), ésta, en la mitad de un mar de lágrimas, le susurró a Borges, en pleno velorio: «Se da cuenta qué papelón: morirse, él, que afirmaba que era inmortal». (18)

Evidentemente, la diferencia esencial entre Xul Solar y Borges es la capacidad de este último de establecer distancia con respecto a este tipo de opiniones y asumirlas tan Solo como un muy buen pretexto narrativo. Mas, simplemente para retomar el tema de la anécdota anterior, todos sabemos que uno de los textos más esenciales de Borges parte de hacer una interesante elucubración de lo que significaría Realmente el hecho de ser inmortal (19).

La amistad con Solar se deterioró a causa de cuestiones políticas. El pintor se volvió peronista, Mientras que, como es sabido, Borges desarrolló una verdadera fobia en contra de Perón. Pero la relación existió A lo largo de bastante tiempo y estuvo muy determinada por la admiración que el escritor sentía tanto por la obra de Solar como por su muy variada imaginación. Las pláticas entre estos 2 personajes deben estar en el origen de muchos siguientes desarrollos argumentales de la obra borgiana.

Pues, en efecto, son muchos los temas de inspiración esotérica que Borges usa en su obra. A menudo mezclados con elementos provenientes de la filosofía idealista, Mas Asimismo de la Psicología de William James (en una primera etapa) y Posteriormente del psicoanálisis de inspiración junguiana. Aun, propuestas de tipo científico tienen a menudo su lugar Dentro de ciertas de sus creaciones (es el caso del uso que hace de las teorías matemáticas). Mas entre los temas de fundamentación esotérica podemos mencionar la recurrente idea del doble, considerado como un alter-ego O reproducción especular cuyo encuentro puede tener significaciones fatídicas. Asimismo se encuentran todas sus elucubraciones sobre la cuestión del tiempo, a menudo visualizado por el escritor a partir de ciertas visiones ocultistas, que insisten en definirlo como una «ilusión producida por la sucesión de nuestros estados de conciencia A través de las existencias, que no existe allí donde no existe conciencia que deje la ilusión» (20). Para Borges, efectivamente, el tiempo podría ser considerado como una simple ilusión de los sentidos, si bien la experiencia real nos demuestra se trata del primordial determinante de la existencia humana tal como la conocemos. Estas ideas las expresa a menudo en sus escritos, Mas hallan su mejor forma en el famoso ensayo «Nueva refutación del tiempo», donde, tras exponer diferentes concepciones encaminadas a negar la temporalidad, acaba señalando que

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.

negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el Cosmos astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del averno de Swedenborg y del averno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal: es espantoso Por el hecho de que es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, Mas yo soy el río; es un tigre que me destroza, Pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, Pero yo soy el fuego. El Planeta, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges. (21)

Con este ejemplo se puede apreciar la inteligente distanciación del escritor con respecto a este tipo de creencias, las cuales utiliza, coteja, examina, Mas no acepta indiscriminadamente y Generalmente no hace suyas. Incluso la negación de la realidad, mediatizada de idealismo filosófico, es Siempre en Borges más una interrogante que una afirmación, y si bien se muestra fascinado por las creencias budistas sobre la falta de consistencia del Planeta visible (22), se limita a usar estas ideas como elementos de creación En sus textos.

No obstante, una de las opiniones ocultistas que mayor influencia ejercieron sobre Borges es indudablemente la llamada Cábala. Ya habíamos mentado su poesía basada en el mito del Golem y su conocimiento de la obra de Gershom Scholem (autor con el cual tuvo contacto directo Durante una visita a Israel) (23). En ciertas ocasiones el escritor argentino elucubraba sobre una posible ascendencia judía de su familia (tanto el apellido Borges como el Acevedo de su familia materna eran comunes entre los judíos portugueses) (24). Mas su interés en las teorías cabalísticas iba alén de consideraciones de tipo familiar, Puesto que ha sido compartido por muchos otros escritores interesados simultáneamente en las cuestiones del lenguaje y una concepción mágica extremadamente compleja para procurar explicar la realidad vivida. La Cábala tuvo Incluso una vertiente cristiana muy importante que se desarrolló en Europa a partir del Renacimiento (25). Esta escuela de pensamiento religioso, definida por G. Vajda como «un producto que comprende, Además del antiguo esoterismo judío, el corpus íntegro de los escritos talmúdicos y midráshicos, así como la cuasi totalidad de las especulaciones teologicofilosóficas del periodo judeo-árabe» (26), es sobre todo una de las grandes manifestaciones místicas de la cultura humana:

La proposición central de la Kabbalah es que la tradición judía incluye un conocimiento secreto en cuanto a la naturaleza de Dios. Dicho conocimiento está oculto en las Escrituras, y Asimismo puede obtenerse Por medio de ciertas prácticas esotéricas. Para muchos cabalistas la doctrina de los diez sefiroth, elaborada en el decurso se los siglos, describía el proceso por el cual Dios se manifestó partiendo de la «nada infinita» en una forma concebible. Estos sefiroth se interpretan como aspectos y cualidades de la deidad y en la representación más conocida son diez círculos dispuestos en el diagrama que lleva por nombre «el Arbol de la Vida», Si bien la literatura cabalística ofrece otras muchas disposiciones de ellos.

Aparte estos misterios, [los cabalistas] Asimismo prestaron gran atención a los de los números y las palabras; se atribuían poderes sobrenaturales a las veintidós letras del abecé hebreo y a los diferentes nombres de Dios que pueden componerse con ellas. Además cada letra tiene un valor numérico. Quien conociera esas correspondencias podría remplazar palabras y frases por otras numéricamente equivalentes para encontrar el auténtico sentido de un pasaje. (27)

No es necesario glosar excesivamente estas ideas para darse cuenta que, para cualquier persona cuyo instrumento básico de trabajo son las palabras, las teorías cabalísticas tienen un interés particular. Incluso han sido una influencia para ciertos acercamientos metodológicos al análisis del texto escrito y para ciertos estudiosos en el campo de la semiótica, Pues la hermenéutica cabalística en varias ocasiones antecedió los estudios sobre la manera en que la manera de un texto está íntimamente relacionada con su significación y su posible «mensaje». Por cierto, el término «kabbalah» (castellanizado Normalmente como «cábala») es una palabra hebrea que significa «lo recibido» O «la tradición» (28), Mas es importante señalar que, en muchas de sus versiones, el fin de esta lectura para iniciados es la determinación de los nombres secretos de Dios, los ángeles y de los demonios. Estos nombres son palabras sagradas que otorgan, a quien tiene la capacidad de pronunciarlos adecuadamente, el inmenso poder de crear y destruir. (29)

Conocer el nombre auténtico de las cosas, Conforme con muchas tradiciones, le otorga al ser humano un poder particular sobre esas cosas. Para el cabalista, obtener el nombre mismo de Dios significaría, de alguna forma, acceder al poder de Dios. En palabras del mismo Borges:

Un libro en octavo mayor le reveló las enseñanzas de Israel Baal Shem Tobh, fundador de la secta de los piadosos; otro, la tesis de que Dios tiene un nombre secreto, en el Como está compendiado (como en la esfera de cristal que los persas atribuyen a Alejandro de Macedonia). Su noveno atributo, la eternidad –es decir, el conocimiento inmediato- de Todas las cosas que serán, que son y que han sido en el Cosmos. La tradición enumera noventa y 9 nombres de Dios; los hebraístas atribuyen ese imperfecto número al mágico miedo de las cifras pares; los Hasidim razonan que ese hiato señala un centésimo nombre –el Nombre Absoluto. (30)

Ese es del mismo modo el tema inscrito en la historia legendaria del Golem, Pues el rabino de Praga escribe el nombre de Dios sobre la frente de una figura hecha de barro y con ello la hace cobrar vida. Los cabalistas, en su busca de esas fórmulas de poder, aplicaban técnicas particulares de lectura al texto bíblico, estructuradas sobre tres acciones básicas:

La gematriah, un procedimiento de lectura donde, partiendo de la idea de que a cada letra del abecé judío le corresponde un número, los términos de un versículo son sustituidos por otros que tengan El mismo valor numérico total. Se trata sobre todo de una técnica de meditación en la que se trasciende el significado de las palabras para buscar las posibles «intenciones» profundas de Dios en la escritura del texto bíblico y De este modo llegar a un nivel superior de conocimiento estático.

El notariqon, una técnica en la que se parte de una palabra considerando cada una de sus letras como inicial de otra palabra, para De este modo conseguir una frase completa. También es posible el proceso contrario: tomar las iniciales de cada palabra de una frase para obtener otra palabra. Todo esto con Nuevamente el propósito de obtener los significados ocultos de las Escrituras.

La têmura O bien, literalmente, «permutación». Consiste en sustituir ciertas letras de una palabra por otras, basándose en combinaciones alfabéticas, para conseguir términos nuevos que amplian la significación del texto. (31)

Todo esto tiene importancia para nosotros tan Solo en tanto que nos muestra una actitud extremadamente siendo consciente de la materialidad de la escritura y obsesionada por una posible significación oculta no solamente en las palabras mismas sino Incluso en las letras que las conforman.

Evidentemente, no podemos caer en la actitud excesiva de ciertos estudiosos que han intentado hacer una lectura total de la escritura de Borges Por medio de sus preocupaciones cabalísticas (32). Hay otras muchas cosas funcionando en la obra de este escritor, y nosotros mismos ya hemos mentado varias de ellas. Mas, en el caso de un texto como «El Aleph», mucho de la significación de este cuento Evidentemente está determinado por la elección de ese nombre particular para definir el extraño «enclave» suprarreal encontrado por el narrador en el sótano de una casa a punto de ser demolida. Aleph, Por supuesto, es la letra inicial del abecé hebreo, indicación del principio mismo de Todas y cada una de las cosas (la génesis) y la primera de las «tres letras madres», y está Naturalmente relacionada con el número uno (33). Como señala Exactamente el mismo autor en la «postdata» del cuento a propósito del nombre de ese «objeto»:

Este, como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicación al disco de mi historia no semeja casual.

Para la Cábala, esa letra significa el En Soph, la ilimitada y pura divinidad; Asimismo se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra, para indicar que el Mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior; para la Mengenlehre, es el símbolo de los números transinfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes. (34)

No importa mucho que, como afirmaba Estela Canto, la inspiración primera para la creación del «Aleph» haya sido en Borges la manipulación de ese juguete que conocemos como caleidoscopio:

[Borges] vino a casa una mañana, trayendo un paquete que, Según dijo, contenía un objeto que mostraba «todos y cada uno de los objetos del Mundo». El objeto se llamaba el Aleph. No dijo que el Aleph era la primera letra del abecé hebreo. Para él era ese objeto, una puerta abierta a lo imposible.

El objeto en cuestión era uno de esos juguetes con una lente fijada a un tubo bajo el cual había una planchita donde se hacían girar unas virutas de acero. Es decir, un calidoscopio. Las virutas, movidas, componían estructuras geométricas e inesperadas combinaciones de colores. Georgie (35) estaba tan contento como un niño con el Aleph.

Toño, el hijo de la muchacha que servía en casa, una criatura de cuatro años, vio el Aleph. En manos de Toño, el objeto no tuvo vida larga. Esto no importó. Georgie ya me había mostrado que el objeto era mágico, era esa primera letra que incluía, Quizás, el nombre de Dios, que era Quizás una de las manifestaciones de Dios. (36)

Efectivamente el Aleph de Borges tiene las peculiaridades de un caleidoscopio metafísico, una entidad que conjunta y confunde toda la realidad dentro de un supuestamente limitado espacio físico. Pero es Asimismo la manifestación de una trascendencia inexplicable, donde el escritor pone a prueba las posibilidades del lenguaje para expresar lo inexpresable:

Todo lenguaje es un abecé de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo trasmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos en análogo trance, prodigan los emblemas para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos y cada uno de los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en Todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de 4 caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Tal vez los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, Pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables y atroces; ninguno me asombro como el hecho de que todos ocuparan Exactamente el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, Pues el lenguaje lo es. Algo, Sin embargo, recogeré. (37)

A esto prosigue, en el texto, una de esas enumeraciones supuestamente caóticas, de las que Borges tenía el secreto. Y que sirve, mejor que ninguna otra cosa, para definir la extraña esencia de la enormidad simultánea del Aleph, capaz de contener la inconcebible vastedad del Cosmos Dentro de los 2 O bien tres centímetros de una pequeña esfera tornasolada situada en la parte inferior de un escalón en el sótano de una casa.

Obviamente, hay mucho más que decir de este relato. Sencillamente, la personalidad de Carlos Argentino Daneri (como parodia del escritor pseudo-vanguardista Y también inculto) merece un estudio en sí. Mas a nosotros, en este momento, nos interesan tan Sólo los componentes esotéricos de la escritura borgiana. Y, sobre todo, la manera como el escritor los deconstruye y reutiliza en sus textos, haciéndoles adquirir nuevas significaciones y, en cierta forma, Aun ampliándolos. En ese sentido, «El Aleph» es una de las exploraciones más inteligentes y riesgosas En las posibilidades humanas de entender la totalidad O de Incluso hallar la manera de nombrarla. El Cosmos, la divinidad O bien el Tao hallan su mejor representación posible Dentro de esta entidad ficticia imaginada por el escritor argentino.

Un caso Todavía más significativo lo encontramos en un texto que fue definido por Rabi como «el único relato de toda la literatura mundial basado en los datos de la Cábala» (38). Yo no me atrevería a hacer una aseveración de esta clase, Pues significaría tener el conocimiento total de toda la literatura mundial. Mas ciertamente se trata de uno de los empleos más inteligentes de esa temática que sea posible imaginar. Me refiero, Evidentemente, a «La muerte y la brújula», cuento ya anteriormente convocado en esta exposición. Pero lo que hace particularmente interesante este relato es el manejo meridianamente irónico que hace Borges del tema cabalístico, produciendo una especie de perversión de la temática. En esta historia un detective busca a un criminal que supuestamente está efectuando una serie de crímenes rituales estructurados sobre el Tetragrammaton, el nombre sagrado e impronunciable de Dios. Al final del texto, descubrimos que el detective, obsesionado por su deseo de encontrar significado y propósito en todos los signos de la realidad, fue incapaz de reconocer una trampa que había sido montada Singularmente para él. El primer asesinato había sido casual, el segundo un ajuste de cuentas, el tercero no había ocurrido. Pero todo había sido organizado en la manera de un texto significante por un criminal culto y vengativo, conocedor de las manías del detective y presto a atraerlo por medio del cebo más apetecible para él: un enigma organizado alrededor de los signos.

En cierta forma este cuento es la contestación y la auténtica propuesta de Borges con respecto a los ocultismos y el esoterismo que pueblan su obra. Realmente, la cábala borgiana es un regreso a la preocupación fundamental del humano por los signos del lenguaje, por las convenciones establecidas que permiten realizar nuestros elaborados procesos de comunicación. Sus referencias esotéricas tienen a menudo una justificación prácticamente semiótica, y vienen siendo juegos intelectuales, laberintos organizados alrededor de maravillosas ensoñaciones y ficciones de extremada elaboración. Para decirlo de otra forma, para este escritor Todas estas opiniones no son los fines O propósitos de su escritura, sino más bien los medios de los cuales se sirve para crear sus irrepetibles y magníficas ficciones y fundamentar su preocupación básica por las cuestiones del lenguaje.

NOTAS:

1) James Woodall: La vida de Jorge Luis Borges: el hombre en el espejo del libro; Barcelona, Gedisa, 1999, p. 52.

2) L. Bauco y F. Milloca: Diccionario de «El péndulo de Foucault»; Madrid, Palas Atenea, 1990, p. 214.

3) Ibid., p. 112.

4) Incluido en Ficciones, Obras completas I (1923-1949); Buenos Aires, Emecé, 1989.

5) Ver al respecto los comentarios de Emir Rodríguez Monegal: Borges: una biografía literaria; México, Fondo de Cultura Económica, 1987, pp. 36-37.

6) Podemos poner los ejemplos, para las personas interesadas, del Diccionario esotérico: compendio de términos orientales y occidentales relacionados con el ocultismo y temas afines de Zaniah (Buenos Aires, Kier, 1979), el Diccionario de ciencias ocultas de Jintroh Varmachaka (México, Editores Mexicanos Unidos, 1997) y el Diccionario del esoterismo de Marc Roberts (México, Thassàlia-Océano, 1998).

7) E. Rodríguez Monegal: Opus cit., p. 123.

8) Idem.

9) «El Golem», en El otro, El mismo en Obras completas II (1952-1972); op. cit., p. 264.

10) Jorge Luis Borges: «Autobiographical Essay» (1970), convocado por E. Rodríguez Monegal: Opus cit., p. 195.

11) J. Woodall: Opus cit., 127.

12) M. Y también. Vázquez: Borges: esplendor y derrota; Barcelona, Tusquets, 1996, p. 106.

13) R. ONeill: «Biografías», en Arte en Iberoamérica (1820-1980); Madrid, Ministerio de Cultura-Quinto Centenario-Turner, 1990, p. 356.

14) Y también. Rodríguez Monegal: Opus cit., p. 196.

15) R. ONeill: Opus cit., p. 357.

16) Dawn Ades: «El Modernismo y la busca de raíces», en Arte en Iberoamérica (1820-1980); op. cit., p. 142.

17) Convocado en el libro de M. E. Vázquez: Opus cit., p. 106.

18) Ibid., p. 107.

19) «El inmortal» en El Aleph, en Obras completas I (1923-1949); opus cit.

20) Esta es, Cuando menos, la concepción de la Teosofía, tal como la define Zaniah (opus cit., p. 454).

21) Otras inquisiciones, en Obras completas II (1952-1972); opus cit., p. 149.

22) Incluso es autor, en colaboración con Alicia Jurado, de un libro titulado Qué es el budismo (Obras completas en colaboración; Buenos Aires, Emecé, 1991).

23) Y también. Rodríguez Monegal: Opus cit., p. 123.

24) J. Woodall: Opus cit., p. 52.

25) F. Secret: La kabbala cristiana del Renacimiento; Madrid, Taurus, 1979.

26) Introduction à la pensèe juive au Moyen âge; París, 1947, p. 199 (citado por F. Secret: Opus cit., p. 7).

27) Leonard George: Enciclopedia de los herejes y de las herejías; Barcelona, Robinbook, 1998, p. 188.

28) Ibid, p. 187.

29) L. Bauco y F. Millocca: Opus cit., p. 65.

30) «La muerte y la brújula», en Ficciones, Obras completas I (1923-1949); op. cit., pp. 500-501.

31) Ibid, pp. 130, doscientos once y 278.

32) Sería el caso, en parte, de la «Fascination de la Kabbale» de Rabi (Cahier de LHerne: Jorge Luis Borges; París, LHerne, 1989), si bien este ensayo contiene ciertas intuiciones interesantes.

33) David Godwin: Godwins Cabalistic Encyclopedia; St. Paul, Llewellyn, 1994, p.17.

34) El Aleph, en Obras completas I (1923-1949); op. cit., p.627.

35) Este es el apodo familiar con el Como bastantes personas de la intimidad conocían al escritor.

36) Estela Canto: Borges a contraluz; Madrid, Espasa-Calpe, 1989, p. 95. Desgraciadamente este libro no es completamente confiable, Pues muchas de sus páginas parecen ser sencillamente la manifestación de un despecho.

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