Los Refugiados Rohingya, Golpeados Por Una Enfermedad De Otro Siglo

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La difteria es una enfermedad absolutamente prevenible si existe acceso a una sanidad básica y a una vacunación rutinaria que se inventó hace noventa años.

¿Qué es la difteria y Cómo se contagia?

En La mayor parte de los países la difteria es una enfermedad que pertenece al pasado, dado que Hay una vacuna para prevenirla y se puede tratar. Asimismo es una enfermedad que estudié en la capacitad de medicina, Mas que Jamás pensé que vería en persona A lo largo de mi vida profesional.

A pesar de ser una enfermedad prevenible, En la actualidad se dan brotes de difteria en Yemen y Venezuela. La gran inestabilidad que reina en los dos países ha alterado sus sistemas de salud, lo que ha llevado a que el acceso a las vacunas sea limitado O bien inexistente. En estos instantes la difteria está muy presente entre los rohingya de Bangladesh. En su mayoría la población rohingya no está vacunada, y Actualmente, desde que huyeron de Birmania, vive en precarios asentamientos improvisados Y también hiperpoblados.

Cuando llegó el primer caso de difteria a la clínica Kutupalong yo estaba fuera. El doctor de guardia lo diagnosticó, dio parte y empezó el tratamiento. Desgraciadamente, el paciente se fue y Nunca más volvió.

Lo ingresamos en aislamiento y comenzamos el tratamiento.

Aproximadamente una semana después se presentó el segundo caso: un chico que llegó con el cuello inflamado, fiebre, dolor de garganta y una pseudomembrana (una gruesa capa gris de residuo cubriéndole la garganta) como se pudo comprobar tras explorarlo. Fue el primer caso que veía en mi carrera, y era de libro. Lo ingresamos en aislamiento y comenzamos el tratamiento. Le recetamos antibióticos. A mí me preocupaba que le pudieran obstruir la entrada de aire, Pero era nuestra única alternativa con los pocos medios de los que disponíamos. Lo monitorizamos Mientras que permaneció aislado.

Pocos días después el chico comenzó a enseñar signos de mejoría: la inflamación del cuello se redujo, era capaz de tragar otra vez, y comenzó a comer. Nos encargamos de que sus progenitores y sus siete hermanos recibieran antibióticos profilácticos y vacunas.

El pronóstico era positivo Hasta el momento en que una mañana su ritmo cardiaco cayó a niveles críticos. Hicimos todo cuanto pudimos A fin de que su corazón volviese a latir Pero, desgraciadamente, murió de fallo cardiaco, probablemente A consecuencia de la toxina diftérica producida por la bacteria. Esta toxina puede afectar gravemente al corazón, los riñones y el sistema nervioso central. Se puede tratar con una anti-toxina, Pero no estaba libre en Bangladesh.

Desde ese momento comenzamos a ver un incesante reguero de 2 casos por día. Los índices de mortalidad eran altos en aquellos pacientes que llegaban con síntomas severos; muchos de ellos presentaban las vías respiratorias prácticamente completamente obstruidas. No era bastante difícil imaginar la escala a la que podía llegar el problema, dado que todos los pacientes pertenecían a familias de diez miembros O más que compartían un solo refugio en el campamento. A esto había que añadir que ninguno de los pacientes que vimos había sido vacunado Durante su niñez. Todas y cada una ellas eran condiciones ideales para la propagación de una enfermedad que se contagia Por medio de gotas respiratorias.

El número de casos aumentó de forma rápida. La clínica Kutupalong ya estaba desbordada de pacientes ya antes de la emergencia, y no estaba diseñada para tantos casos con necesidad de aislamiento. Nuestra capacidad de ingresos ya había aumentado de las setenta camas que existían cuando llegué, 9 semanas ya antes, a más de 100.

Por suerte, Médicos Sin Fronteras es conocida por su gestión de este tipo de emergencias. Se decidió trasladar a todos los pacientes con difteria a la otra clínica de MSF en el campamento improvisado de Balukhali, una maternidad que se terminaba de adaptar para responder preventivamente a potenciales casos de hepatitis E, y que se rebautizó como sala de aislamiento de difteria. Asimismo organizamos un autobús para transportar a los pacientes de difteria desde nuestra clínica en Kutupalong a Balukhali.

Cada brote requiere suministros médicos específicos. Necesitábamos diferentes géneros de antibióticos tanto para el tratamiento para la profilaxis de los familiares. Necesitábamos más mascarillas para evitar que familiares y personal contrajeran la enfermedad; y, Lógicamente, necesitábamos vacunas.

Asegurarnos de que la población objetivo recibe estas 3 dosis Va a ser un reto enorme.

El Ministerio de Sanidad ha llevado a cabo una campaña de vacunación con el apoyo de otros actores. Médicos Sin Fronteras ha colaborado estableciendo puntos fijos de vacunación en sus puestos de salud. Es la tercera de las campañas de vacunación más recientes, tras la del cólera y el sarampión. Mas ésta presenta dificultades técnicas y logísticas Aún mayores que las precedentes, dado que consiste en administrar 3 vacunas con un mes de tiempo entre sí. Asegurarnos de que la población objetivo recibe estas 3 dosis Va a ser un reto enorme. Y habrá que esperar para comprobar el efecto inmunizador de la vacuna.

Los epidemiólogos de MSF están creando un modelo del brote; ayudan a planificar los suministros y la capacidad de aislamiento que necesitaremos, y aportan soluciones para intentar controlarlo. El equipo de sensibilización busca casos de manera activa para intentar que ingresen en estadios más tempranos de la enfermedad. Los localizan y rastrean, asisten a que las personas que han estado en contacto con ellos reciban antibióticos profilácticos, y educan a la comunidad sobre la enfermedad.

En una semana, la clínica de Balukhali pasó de ser un centro de aislamiento a un centro de tratamiento de difteria (pacientes con otras enfermedades están siendo trasladados a otros lugares). En el día con más afluencia hasta la fecha se llegaron a visitar ciento ochenta pacientes en la clínica.

Mi primer caso de difteria me dejó desconcertada, Pero ahora siento que soy una veterana en su diagnóstico. La buena noticia es que una proporción bastante grande de pacientes ha mejorado con el tratamiento comparado con los primeros casos, seguramente merced a que llegan y son tratados ya antes.

Lo más triste es que una población tan vulnerable como los rohingya, que ha pasado por el gran trauma de tener que huir de sus hogares, que ha sido objeto de violencia y que vive en terribles condiciones, está siendo golpeada Además por una enfermedad completamente prevenible con un mínimo acceso a la sanidad y a una vacunación rutinaria que se inventó hace noventa años.

Nina Goldman es doctora de Médicos Sin Fronteras. Estas navidades trabaja en Bangladesh tratando a los refugiados rohingya que huyen de la violencia de Birmania.

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