Manzanares No Es El Tajo

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Mis amigos madridistas andan estos días confusos y supersticiosos. Aún están celebrando la carambola de Lisboa. O la están invocando como un ritual espantadizo. Tanto evocan la remota décima y mitifican el asfalto de la A5, tanto eluden el trauma reciente del 4-0, De esta forma es que este ejercicio de memoria selectiva ubica el partido en una paradoja preventiva: el Atlético de Madrid se ha sobrepuesto a la derrota de la final lisboeta, Mientras que el Real Madrid no se ha sobrepuesto a la victoria.

Me dan la razón los enfrentamientos bilaterales de esta misma temporada, descriptivos todos ellos de la superioridad táctica, física y psicológica rojiblanca. En verdad, La enorme ventaja del Atleti sobre el Madrid consiste en la capacitación de su entrenador y en la influencia que ejercita Simeone sobre el resultado, trasladando a los futbolistas sus cualidades como jugador: la tensión, la intensidad, la acometividad, el acoso, el resuello en la nuca, la dramaturgia bilardista sin acento esdrújulo (pisalo, matalo).

Entiendo que no son argumentos estéticos ni creativos y comprendo que el señorío madridista prefiera cimbrearse en un vals con una étoile facilona y fascinada, Pero cualquier expectativa de descarrilar al Madrid -y existen muchas- requiere la elaboración alquímica de un antídoto absoluto. Digo que alquímica Pues Diego Pablo Simeone incorpora a su papel de catalizador los resabios del esoterismo. Logra compaginar la chamanería con la ciencia balompédica, amalgama el vídeo y la pócima, la estrategia y la dramaturgia, Aunque su mayor virtud consiste en haber recuperado la relación embrionaria y patrimonial del Atlético de Madrid con la resiliencia, O sea, haber aprovechado la repercusión de los episodios dolorosos en factores O argumentos estimulantes de la propia fortaleza y autoestima.

Se explica De este modo la abrumadora realidad estadística y futbolística de la presente temporada. El Real Madrid se descoyunta cuando juega contra el Atleti, hasta el extremo de que los aficionados rojiblancos, hastiados de 13 años de sumisión en la dialéctica de los solteros contra los casados, asistimos últimamente a los partidos del rival merengón con la sensación rutinaria de la victoria -¡llegamos a pedir la manita en el último en el Calderón!-, sabiendo que el Manzanares no es el Tajo.

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