Necesitas descansar, entonces, ¿qué te detiene?

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Para muchos, el título solo es imponente, porque muchos de nosotros hemos experimentado la necesidad de descansar junto con su imposibilidad. Encontrar el momento u oportunidad: hemos intentado y probado, pero muy a menudo hemos sido frustrados. O a veces hemos hecho el espacio para descansar, pero nuestra mente no se apaga.

Las cargas del pasado o del futuro continuaron tocando una campana que sonó tan fuerte en nuestro presente que encontramos inútil descansar.

Don no te rindas tan fácilmente.

El descanso es una cosa voluble, o al menos así parece. Más cerca de la verdad, el descanso es un hábito. Es como cómo Dios me enseñó a dormir la siesta para estar alerta: todo fue en la rutina de relajación que pude poner los párpados. Me llevó un año aprender a perder el conocimiento en un minuto. El descanso es algo que tenemos que aprender realmente. Tenemos que estar dispuestos a presionar y participar en ello. Dios nos enseñará si estamos dispuestos a hacer espacio para aprender.

Tenemos que persistir en aprender a calmar la mente. Somos bendecidos cuando estamos en contacto con el acto fisiológico de desacelerar nuestro ritmo cardíaco a través de la atención concentrada.

Si luchamos por descansar, más allá de las excusas (que son demasiado fáciles de encontrar y expresar), debemos preguntarnos si creemos en ello; en sus beneficios; en tener la capacidad de lograrlo; en hacer los esfuerzos necesarios para dar una oportunidad al descanso. La creencia podría ser nuestro desafío.

Pero es fácil creer en el descanso. Todos sabemos que funciona. Pero es solo cuando realmente viajamos con descanso, a lo largo de los años, que Dios nos enseña la multiplicidad de bendiciones creativas y recuperativas en él. A través del descanso es más el fruto del Espíritu: paz, alegría, gentileza, autocontrol ciertamente.

Mañana por la mañana, muy temprano, voy a la playa. Solo por unas pocas horas. Pero será suficiente para que Dios me vuelva a conectar con mi espíritu y mi alma. La presencia de Dios se demostrará real de alguna manera sorprendente. Algo nuevo sucederá, y cuanto más pequeña sea, mejor para mi alma. Me sentaré allí en mi pequeña silla de arena, con un bocadillo y una bebida, un bolígrafo y un poco de papel. Y, allí, piérdete.

El descanso es una actividad gratificante, espiritualmente, que nos ayuda emocional y mentalmente.

Así que vuelve a la pregunta: ¿qué te detiene? Salir. Desaparecer.

Desaparece por unos momentos y aprendes que el mundo funciona bien sin ti.

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