NS Y Esoterismo-Hitler Contra Thule

0
247

Esta es una una parte del interesantisimo libro de Santos Bernardo sobre la cuestion de la influencia del Esoterismo en la formacion del primigenio DAP/NSDAP.

Exactamente el mismo puede ser adquirido en Libreria Argentina.

En los tiempos modernos es habitual que se asocie a Hitler y al nacionalsocialismo con la Logia Thule y movimientos esotéricos de la época, Siempre y en toda circunstancia sumidos en un clima de misterio que no es ajeno a las más disparatadas teorías. Cientos de escritores del «copiar y pegar» abusan de historias que si bien Empezaron sin emplear fuentes serias, si es que no fueron más que aventuradas hipótesis, han llegado a tener un status debido a la costumbre de emplear citas de citas sin requerir primero una comprobación.
Aunque no venda tanto como las teorías Hoy en boga, la realidad que se desprende del trabajo de investigacion del autor es que Sebotendorf y Thule no Solo NO fueron los impulsores de Hitler, sino que fueron los primeros enemigos a los que el futuro Führer tuvo que enfrentar en su larga lucha. La pugna entre hitleristas y esoteristas proseguiría Durante 1920 y no sería hasta julio de 1921, instante en que Hitler se hiciera con el control del NSDAP y derribara cuanta tutela quedara de la Orden de los Germanos, cuando esta se saldara con un claro Aun cuando no definitivo vencedor.
«Hitler contra Thule» constituye una aproximación historiográfica al enfrentamiento entre 2 tendencias llamadas a hacerse con el control del originario NSDAP, disputa cuya proyección ha sido genéricamente ignorada O minusvalorada, cuando no distorsionada y por ende malinterpretada. Para demostrar esto, el autor se base en fuentes de época de indudabe seriedad y en la propia traducción de textos en alemán inéditos en nuestra lengua. Su visión es sostenida por referencias de los propios protagonistas, Pues si se cita a Dietrich Eckart en un artículo del Völkischer Beobachter menospreciando a Thule O bien un discurso de Hitler haciendo referencia a su lucha contra las tendencias esotéricas, poco resquicio queda A fin de que se sigan inventando historias contrarias a los hechos.
Santos Bernardo ya ha demostrado no importarle el ir a contramano de historiadores del nacionalsocialismo, ya sean denostadores O bien admiradores De tal movimiento, para poder llegar a la verdad. Una vez más nos enriquece con una obra indispensable para los investigadores Y también interesados en los orígenes del Tercer Reich.

Excurso: ¿formó parte Karl Fiehler de Thule?

Prefacio9
Introducción13
I.- Rudolf von Sebottendorff, ya antes y tras que Hitler viniera23
A la busca de fuentes bibliográficas26
Antes de que Sebottendorff viniera29
Sebottendorff y la Orden de los Germanos33
De la Orden de los Germanos a la Sociedad Thule35
El agitador periodístico38
El insurgente militar39
El impulsor político42
El súbito fin de una carrera meteórica44
La Sociedad Thule sin Sebottendorff45
Larga ausencia, fugaz reaparición, y forzado exilio47
Excurso: ¿Formó parte Dietrich Eckart de Thule?51
II.- Guía, claves y contenido del libro de Sebottendorff65
La obra en sí69
I) “Consideraciones políticas generales”.72
II) “Orígenes del Movimiento”.Setenta y cuatro
III) “La Orden de los Germanos y la Sociedad Thule”76
IV) “La Sociedad Thule y el Münchener Beobachter A lo largo de la revolución de 1918”.Setenta y nueve
V) “La Sociedad Thule, La Liga de Combate y los Círculos de Thule”.Ochenta y uno
VI) “Activismo y propaganda política de Thule hasta la muerte de Eisner”.84
VII) “Thule durante el período del dominio de los Consejos”.86
VIII) “La Liga de Combate de Thule y la contrarrevolución de 1919”.Ochenta y nueve
IX) “La llegada del Cuerpo Franco Oberland a Múnich”91
X) “La hora del martirio de Thule: el asesinato de sus afiliados”.94
XI) “La Sociedad Thule tras el asesinato de los rehenes”98
XII) “Organizaciones emanadas de la Sociedad Thule”100
XIII) “Evolución del Völkischer Beobachter”.104
XIV) “Thule Durante la ausencia de su fundador y su refundación”.106
Anexo I) “Documentación gráfica”.111
Anexo II) “Índice de personas y materias”.113
Excurso: ¿formó parte Gottfried Feder de Thule?Ciento diecinueve
III.- Las verdaderas causas de la primera caída de Sebottendorff (1919)ciento veintiuno
Los siete Mártires de Thule125
Sebottendorff, persona non grata ya antes de que Hitler entrara en escena132
Excurso: ¿formó parte Hans Frank de Thule?137
IV.- La Orden de los Germanos contra Hitler (1919-1922)141
El hermano Karl Harrer y el Círculo Político Obrero144
Las inauditas circunstancias de la fundación del DAP150
Hitler entra en escena y Harrer hace mutis por el foro154
Otros miembros de la Orden de los Germanos161
El DSP contra Hitler166
Excurso: ¿formó parte Adolf Hitler de Thule?179
V.- Hitler ajusta cuentas en Mein Kampf (1924-1926)191
Ser O bien no ser völkisch: he ahí la cuestión192
Los prolegómenos a las citas del Mein Kampf194
Hitler retrata a sus opositores de inclinación esotérica198
Otras citas del Mein Kampf208
La inequívoca y desconocida alusión al líder de la Sociedad Thule211
Excurso: ¿formó parte Alfred Rosenberg de Thule?Doscientos diecinueve
VII.- Las verdaderas causas de la segunda caída de Sebottendorff (1933-1934)doscientos veintitres
El arresto de Sebottendorff225
La Sociedad Thule vista desde el III Reich227
Sebottendorff, Profesor iniciático en el cultivo de enemistades231
Incorrecciones, exageraciones y falsedades234
Masonería, paganismo y sociedades secretas244
Sebottendorff y el arte de ganar batallas tras muerto250
Excurso: ¿formó parte Karl Fiehler de Thule?253
Epílogo. Hitler habla en Núremberg sobre “Partido y Esoterismo” (1936/1938)257
La “sala de culto nacionalsocialista”264
Civilizaciones legendarias y palabrería nórdica267
Excurso: ¿formó parte Rudolf Hess de Thule?270
Bibliografía277

Prefacio

A veces queda mejor definida una obra Con lo que no es que Por lo que es. La presente, A pesar de su título, no es de tinte político ni muchísimo menos esotérico. Más allá de un mínimo indispensable y en verdad reducido, ni tan siquiera versa de política O bien esoterismo.
Es -O Al menos pretende ser- una aproximación historiográfica al enfrentamiento entre 2 tendencias llamadas a hacerse con el control del originario NSDAP, disputa cuya proyección ha sido genéricamente ignorada O minusvalorada, cuando no distorsionada y por ende malinterpretada.
El contenido y las conclusiones inherentes son originales, a menudo sorprendentes y En ocasiones hasta impactantes, Mas no son consecuencia de una búsqueda artificiosa de lo sensacional sino Todo lo opuesto. Me atrevería a decir que es Precisamente su alejamiento de todo sensacionalismo lo que le confiere su carácter excepcional, Por lo menos en lo que al tema tratado se refiere.
Esta excepcionalidad abarca igualmente a las formas y metodologías Aquí aplicadas, lo que de por sí merece la pertinente exposición y explicación.
De entrada, el presente estudio se sustenta en su totalidad bien de fuentes de la temporada, bien de fuentes contemporáneas que por su parte se remiten de forma fehaciente y constatable a las precedentes. Las informaciones que arrojan Como los extractos reproducidos, prácticamente todos fruto de traducciones inéditas a cargo de quien suscribe estas líneas, cuentan en todo momento con su pertinente cita, puesta a predisposición del lector a los efectos oportunos.
No sucede Por lo tanto lo que a su vez acontece en otros textos -muy Singularmente en muchos de los referidos a cuestiones adyacentes a las Aquí tratadas-, que aportan tesis llamativas remitiéndose a obras cuyo único mérito pareciera ser el de su pura publicación. En caso de consultarse las páginas de referencia de aquéllas, en lugar de hallar los documentos, testimonios O textos originales que sirvieran de aval, únicamente figuran unos impersonales “se dice”, “se cree”, “se afirma”… Lo que un primer autor manifiesta como aventurada hipótesis, un segundo aprovecha para citarlo como verdad incuestionada, y a partir de éste el resto hace el resto (valga la redundancia).
En lo que a este libro concierne, es el recurso a las fuentes originales lo que posibilita dar justa explicación a los diferentes procederes y acontecimientos que van teniendo su correspondiente eco Durante sus páginas. Es Precisamente la perspectiva del instante y del sitio, en función de los datos de todo tipo y naturaleza aportados por sus mismos protagonistas, lo que deja un nuevo enfoque no Solo alejado de muchos de los clisés al efecto, sino facilita una visión sin duda más acertada.
Es Por esta razón que a menudo las claves Acá reveladas sean expuestas por los propios personajes, y Especialmente por los primordiales exponentes de las corrientes internas que dieron pie a la lucha partidaria objeto de estudio: Hitler como máximo representante de la excitación pública dirigida a La gran masa, y Sebottendorff en el caso de la inclinación esotérica destinada a una minoría selecta. Efectivamente en lo que a Sebottendorff respecta no cabe Charlar de máximo representante Pero sí de “máximo representado”, Puesto que constituye el personaje de referencia que una y otra vez es resaltado por doquier -Incluso cuando pocas veces con el debido rigor. Supone en todo caso una muestra extrapolable al resto, y es con diferencia quien A través de sus escritos ha legado el testimonio más rico.
Habida cuenta de lo hasta Acá expuesto y como nueva muestra de singularidad, más allá de los comentarios que permiten enlazar los diferentes argumentos, eludo en la medida de lo humanamente posible introducir toda valoración personal, aprobatoria O bien condenatoria, y ello por variadas y poderosas razones.
Por más que Acá se reseñen 2 bandos enfrentados, y Aun cuando uno surja como vencedor y otro como derrotado (Aunque tal como se verá, ello no deja de ser del mismo modo una valoración relativa), no implica que haya buenos y malos, mejores O peores. Baste poner como ejemplo de cuán bastante difícil -y absurdo- sería procurar lo precedente, si tenemos en psique que uno sostiene un antisemitismo cuyas connotaciones raciales y políticas son harto conocidas, Mientras que el otro añade a las precedentes otras de fundamento “divino” (por calificarlo de alguna forma).
Consiguientemente y a efectos de no caer en grotescos berenjenales, ni las doctrinas ni los personajes tienen más caracterización que la ineludible, ni se entra a juzgar lo acertado O bien desacertado de las primeras, O la corrección O bien incorrección de los segundos. Aparte de inútil, supondría un Gratis paternalismo cuyo ahorro estoy seguro que el lector me agradecerá.
Si en algún instante dejo traslucir una crítica, ésta va destinada a la progresiva avalancha de autores que bajo el principio de “dame un punto de apoyo y te construiré una historia”, abusan de la buena fe de sus congéneres con recreaciones fantasiosas aderezadas de hechos algunos.
Santos Bernardo

Introducción

Si algo sabe el común de los mortales Sobre Hitler es sin duda cuáles fueron sus enemigos a batir. Como es lógico en primer lugar se citará al judaísmo, seguido del comunismo. Aquél que tenga un conocimiento algo mayor posiblemente le sume También el conservadurismo político de tinte reaccionario, Puesto que Al fin y al cabo fue este quien le asestara 2 de sus mayores infortunios: el sangriento aplastamiento del Putsch de Múnich del 9 de noviembre de 1923, y el cruento intento de golpe de Estado del 20 de julio de 1944.
Cada uno de ellos es libre de añadir a la relación otros enemigos en función de su particular inclinación: el liberalismo, el cosmopolitismo, el dadaísmo… La lista, acertada O no, fácilmente puede llegar a ser muy amplia, Puesto que la figura de Hitler ha pasado a la historia como el antagonista por excelencia. No obstante, entre las muchas concepciones incluidas en tal lista hay una que es harto improbable que aparezca: la del esoterismo. Omisión en lo más mínimo baladí, Pues el primer oponente al que se tuvo que enfrentar el futuro Führer en su discurrir político no fue el judaísmo ni el comunismo, ni tan siquiera la reacción. Fue el esoterismo. Demostrar que lo anterior no es una suposición sino más bien un hecho constituye el propósito de la presente obra.
Afirmar El día de hoy que Hitler era antiesotérico es casi tan delirante como declarar que era prosemita. Quien quiera que posea un mínimo de inquietud histórica tarde que temprano se va a haber topado con algún artículo, libro O documental que establezca “firmes” vínculos entre el líder nazi y las llamadas fuerzas ocultas, Como el “decidido” papel que éstas jugaron en su despegue y posterior desarrollo. Nada habría en principio en contra De semejante tesis, Mas cuando exactamente la misma se aborda sin prejuicios de un sentido O bien otro, sus fundamentos resultan ciertamente endebles.
Cierto es que el propio nacionalsocialismo, como exacerbada reacción política al tardío romanticismo, invita a sustentar la audaz suposición de un trasfondo esotérico. Esvásticas, runas, dagas, ceremoniales, Castillos de la Orden (Ordensburgen)… constituyen elementos sobradamente conocidos que apuntarían a la creación de un determinado culto. Si nos ceñimos empero a su valoración antropológica, tras ellos no hallamos religiosidad sino más bien sugestión por el mito. Las religiones no brotan así como De esta forma, algo que Hitler sabía mejor que muchos de sus seguidores, de ahí que llamara a estos a no dejarse arrastrar por la “propensión mística”.
Por más que sean bien conocidas las tensiones entre los dirigentes nazis y las Iglesias cristianas, éstas fueron las únicas que operaron en el país. Las palabras del propio Hitler en “Mi lucha” y en siguientes discursos Sobre la separación entre reformador político y religioso, así como su empeño cuando menos electoral por eludir cualquier confrontación confesional, son datos bien conocidos por la historiografía y cuya exposición rebasaría los objetivos de la presente obra.
Cierto es del mismo modo que si se enfoca la atención en determinadas figuras dirigentes, tales como Hess, Himmler y Rosenberg, se obtendrá la nítida impresión de que en ellos latía una fuerte inquietud religiosa ajena al Cristianismo. No obstante, examinadas las mismas una a una, tiene que concluirse por fuerza que no respondían a un elemento común, y en el caso de los 2 últimos citados, eran contrapuestas. Por otro lado, si nos ceñimos a otras figuras tanto O más relevantes, como Göring, Bormann O Goebbels, hallaremos una moderada fe luterana en el caso del primero, y una absoluta indiferencia religiosa en el de los 2 últimos. A efectos del estudio histórico del nacionalsocialismo, la sensibilidad religiosa de Cada uno de los líderes únicamente adquiere significancia en función de que se logre conectarla con la del propio Hitler, lo que no es el caso. Podemos centrar nuestra atención en Himmler en su condición de jefe de la SS y elucubrar sobre el fin último de su castillo de Wewelsburg. De igual modo podemos hacerlo con Göring, el hombre más esencial tras el propio Hitler, y cuya boda de Estado no fue oficiada por ningún “iniciado” SS, sino por la máxima autoridad de la Iglesia Luterana alemana, el obispo mayor del Reich (Reichsbischof) Ludwig Müller. Como Hitler Nunca estuvo en Wewelsburg, sí ejerció como padrino en la boda de Göring. Tan demagógico sería exacerbar un argumento como el contrario.
Por último Mas no menos importante, Hay una componente político-esotérica plenamente constatada en la Orden de los Germanos, sociedad segrega que da pie a la fundación de otra sociedad, en este caso perceptible y legalmente constituida, Thule. Una y otra las hallamos presentes en los orígenes del DAP -nombre primigenio del posterior NSDAP. Nadie niega lo precedente, y la única discrepancia estriba en la dimensión real de la ascendencia que dicha inclinación esotérica pudiese haber ejercido.
Considero que ésta no fue en lo más mínimo menor, Mas lejos de guiar los pasos de Hitler, empujaría a éste en la dirección inversa a la deseada. La pugna entre hitleristas y esoteristas proseguiría A lo largo de 1920 y no sería hasta julio de 1921, instante en que Hitler se hiciera con el control del NSDAP y derribara cuanta tutela quedara de la Orden de los Germanos, cuando esta se saldara con un claro Incluso cuando no definitivo vencedor. Tan intenso sería el impacto que esta sorda lucha dejase en Hitler, que años Después, al escribir “Mi lucha”, dedicaría no pocas páginas a la cuestión Aun cuando sin llamar a los protagonistas por su nombre. Una vez en el poder y en fecha tan tardía como septiembre de 1936, haría una sorprendente advertencia pública Sobre la influencia latente en el Partido de sus antiguos enemigos esoteristas. No contento con lo precedente, justo 2 años después y en idéntico escenario, el Congreso del Partido en Núremberg, aludiría Nuevamente a ese riesgo Mas esta vez de forma más extensa. El último capítulo de entidad de esta secreta guerra tuvo lugar ya en plena contienda mundial, cuando en mayo de 1941 Hess voló a Escocia para negociar unilateralmente la paz. La convicción de que este lo hizo bajo la influencia de astrólogos y otras paraciencias dio la estocada final a cuanto esoterismo, ocultismo y parapsicología pudiese quedar en el Reich.
Con todo, resulta sorprendente la cantidad creciente de obras dedicadas no Sólo a sobredimensionar los vínculos entre nazismo y esoterismo, sino más bien También a obviar la decidida aversión de Hitler al anterior. Ese ninguneo literario parte En muchas ocasiones del desconocimiento, Mas También de la máxima periodística de no permitir que la realidad estropee una buena historia. Obviamente un Hitler creyente en las ciencias ocultas vende más que uno “exegeta de las ciencias exactas”.
Es una lástima, Puesto que el sensacionalismo -genuino cáncer de los tiempos modernos- ahoga realidades tanto O más apasionantes. Los hechos son los que son y no pueden variarse, Pero Incluso aquéllos que no responden a los criterios de lo extraordinario, si se hace el esfuerzo de buscarles un prisma más amplio, son fuente de sorpresa. En el transcurso de mis indagaciones Tal vez hubiese resultado más excitante hallar indicios de los crímenes rituales con los que Dietrich Eckart iniciara a Hitler, Conforme revela el británico Trevor Ravenscroft en “La lanza del destino”. En lugar de ello, hallé un artículo de Eckart en el Völkischer Beobachter que apunta menospreciativamente a Thule y declara su desdén por las sociedades secretas. Un descubrimiento sin duda menos espectacular, Pero no Por esta razón menos sorprendente.
En el actual clima de frenética búsqueda de la rápida satisfacción, sé que por fuerza tiene que decepcionar que no refiera la aparición política de Adolf Hitler como la consecuencia de una trama oculta de índole esotérica. Mas no Por esta razón tiene que sentirse el lector plenamente desengañado, Puesto que Aun cuando sin Hitler, dicha trama oculta Verdaderamente existió, y desmantelarla constituyó Precisamente el eje de sus primeras disputas políticas en el seno del Partido.
Ha sido el afán por buscar el titular simple el que ha impedido enfocar la atención en claves notorias que eran plenamente accesibles Pero que absolutamente nadie ha querido ver. El influjo de la conocida y literariamente sugestiva Sociedad Thule ha obstruido la investigación histórica, Pues ha centrado en ésta su atención obviando a la mucho más relevante Orden de los Germanos. La divulgación de la primera edición del libro de Sebottendorff “Bevor Hitler kam”, citada por Numerosos autores, ha ocasionado que las significativas modificaciones que hiciera en su segunda edición, secuestrada por las autoridades nazis, pasaran desapercibidas. La inercia simplista -y políticamente correcta- de presentar a un Hitler meramente megalómano, ha ocultado el neto trasfondo antiesotérico que le motivara a orquestar la primera crisis partidaria, saldada por su parte con la primera de su larga lista de víctimas políticas, el fundador y presidente del DAP Karl Harrer. Más inaudita resulta Aún la poca relevancia otorgada a las continuadas referencias que Hitler dedicara en “Mi lucha” a la materia, ciertas de ellas desveladas por vez primera en el presente libro. Por último, Solo como inexplicable puede calificarse el desconocimiento de las inequívocas alusiones al entorno de Thule que hiciera en sus discursos de Núremberg de 1936 y 1938.
Queda por último la cuestión acerca de dónde provenía la antipatía de Hitler hacia lo que tanto entonces como ahora son conocidas como “doctrinas herméticas”. Como nadie ignora, su personalidad era compleja y examinar sus motivaciones nos llevaría al resbaladizo campo de la especulación. Sin duda alguna, el hecho de que sus primeros enemigos políticos en el seno del Partido fueran esoteristas jugó un papel en absoluto desdeñable. A su vez, como persona efectivamente pragmática, no podía comulgar con quienes anteponían a la victoria en la lucha política otra que debía gestarse en un “plano superior” e intangible. Decisiva empero fue su noción, amplia y repetidamente plasmada en “Mi lucha”, de que quien afirmaba luchar con “armas intelectuales” (O espirituales, Pues la expresión utilizada por Hitler, geistig, deja ambas acepciones) no hacía sino más bien ocultar su incapacidad O bien cobardía para hacerlo con armas más mundanas.
Quizás si los esoteristas que encontrara en el DAP, Además Como es lógico de haberse situado entre sus incondicionales, hubieran destacado por ser decididos activistas y agitadores políticos, su opinión hubiera sido otra. La lealtad, la entrega y la capacidad eran probablemente los valores que en él cotizaban más al alza, y cuando quiera que los encontrara en un colaborador supo ser generoso con sus veleidades. Ejemplos hay de sobra, y en el aspecto que nos ocupa, los ya anteriormente mencionados Hess, Rosenberg y Himmler son buenos ejemplos. Sobre todo en el caso de este último, sus incursiones en terrenos próximos a lo religioso le venían bien al Führer de cara a lidiar con las Iglesias, Siempre y en toda circunstancia temerosas de que se pusiera fin a su monopolio. No cabe empero hallar en él convicción alguna a este respecto alén de la maniobra política:
«Las SS tenían un misticismo forzado y algo ridículo hasta para El mismo Hitler: en la Navidad de 1940, Mientras que presenciaba la celebración pagana de Yule de los Leibstandarte de las SS, Hitler se dirigió a un ayudante y le comentó en tono socarrón que no había nada como el villancico Noche de paz».
Con independencia de los argumentos Acá expuestos para explicar su hostilidad cara el esoterismo, Tal vez el primordial sea el de que formara parte de su naturaleza.
Dicho sea sin el menor tono peyorativo, hay personas proclives a pensar en fuerzas ultraterrenales y otras que las consideran simples patrañas. Hitler formaría parte de estas últimas y en su sentido más radical, Pues a la inutilidad añadía nocividad. En palabras del que fuera uno de sus más estrechos colaboradores Durante un cuarto de siglo y jefe de su ayudantía personal, el SS-Obergruppenführer Julius Schaub:
«Totalmente sacadas de la manga son Todas esas historias que informan que Hitler mantenía en Kehlstein [el nido del águila] un observatorio O bien algo parecido que tuviera que ver con la astrología O la astronomía. Por el contrario: Hitler era Exactamente un contrincante fanático de toda astrología, espiritismo, quiromancia, adivinación, telepatía, etc. Ciertamente le regaló una vez a Mussolini un observatorio astronómico, y en el jardín del Berghof había un telescopio con el que se podía abarcar la cordillera de Salzburgo, observar en detalle el paisaje y ocasionalmente, en las noches claras, las estrellas. Este aparato servía principalmente como distracción para los visitantes. Ése era el único punto de contacto del Berghof con el Mundo de las estrellas. Ya en el año 1933 fueron prohibidos por mandato personal de Hitler todos y cada uno de los periódicos y gacetas que se dedicaban a hacer horóscopos, a la adivinación y al espiritismo. Bastantes personas activas en estas ramas las dejó llevar A lo largo de su período de gobierno a campos de concentración. “Esta es una cosa para mujeres viejas Y también histéricas”, declaraba, “en la vida política tales cosas no tienen nada que buscar. Todas sin excepción son desatinos. Son un entontecimiento del pueblo. Lo prohíbo”. En el entorno de Hitler Nunca se discutía sobre semejantes cosas, Puesto que se conocía su posición y absolutamente nadie se atrevía a Charlar de ello».

Núremberg, 1945/46. Jomsburg-Verlag. Uelzen.

Notas:
1.- Ver a este respecto el discurso de Hitler en el Día Cultural de los Congresos del Partido. Núremberg, 6 de septiembre de 1938. Reproducido en „Reden des Führers am Parteitag Grossdeutschland 1938“. Franz Eher Nachf. Múnich, 1938. Pág. 40.
2.- En este sentido resultan ilustrativas las memorias escritas por Rosenberg en su celda de Núremberg y que recogen sus diferencias al respecto con Himmler, a quien en varias ocasiones, y no Sólo desde un prisma político, califica de sectario. Alfred Rosenberg: Letzte Aufzeichnungen. Núremberg, 1945/46. Jomsburg-Verlag. Uelzen. 1996, 2ª edic. Pág. 201-5.
3.- Con respecto a la relación de visitantes esporádicos O asiduos, ver la bien documentada obra de Stuart Russell y Jost W. Schneider: Heinrichs Himmlers Burg. Brienna Verlag. Aschau im Chingau. 1998, 2ª edic. Pág. 156. El propio Hess solamente estuvo en una ocasión -ni tan siquiera plenamente confirmada- en marzo de 1936.
4.- Emmy Göring: An der Seite meines Mannes. Nation Europa Verlag GmbH. Coburg. 2007. 5ª edic. Pág. Ciento trece y 117. El precepto litúrgico que escogieron para su boda, celebrada el 10 de abril de 1935, fue El mismo que el del día de su Confirmación: “ser fiel hasta la muerte, Pues Deseo darte a Ti la corona de la vida” (Op. Cit., pág. 117). También el obispo Müller bautizó a su hija Edda, igualmente apadrinada por Hitler (Op. Cit., pág. 137).
5.- Así se calificaba el propio Hitler Según recoge en sus memorias su amigo y fotógrafo Heinrich Hoffmann: “Yo fui amigo de Hitler”. Luis de Caralt. Barcelona, 1955. Pág. 94.
6.- David Irving: “El camino de la guerra”. Ed. Planeta. Barcelona, 1990. Pág. 80. El ayudante en cuestión bien pudiese ser su asistente personal Heinz Linge. En las memorias de éste hallamos una nueva confirmación de la predilección de Hitler por el famoso villancico:
«Como desee que la Navidad [de 1939] estaba a la vuelta de el rincón, Hitler monologó Sobre la Navidad y de las canciones de iglesia, que en contraposición a Bormann las juzgaba como hermosas y edificantes. […]. “¿Qué hay más precioso -preguntó él [Hitler]- que ʻNoche de Paz, Noche Sagradaʼ?”. Heinz Linge: “Bis zum Untergang”. Wilhelm Goldmann Verlag. Múnich, 1983, 2ª edic. Pág. 190.
7.- Julius Schaub, In Hitlers Schatten. Druffel & Vowinckel-Verlag. Stegen/Ammersee, 2005.

DEJA UNA RESPUESTA

tu comentario
Tu Nombre