Nuestro miedo más profundo

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Piensa por un momento, en los tiempos de tu vida en los que experimentaste miedo. Piensa en las cosas que más temes.

¿Era un monstruo en el armario cuando tenías cuatro años? ¿Era posible perder un trabajo cuando era adulto y tenía una familia que mantener, o perder la vida en un accidente o alguna enfermedad grave?

Hay algo que temes aún más. Si eres un humano promedio, la única cosa que más temes. Esto es lo que te impide alcanzar tu máximo potencial en la vida.

Temes ser exitoso. Temes ser inadecuado e indigno. Has alimentado este miedo a lo largo de muchas vidas y has llegado a disfrutar de la sensación que trae, así como de la excusa que ofrece, te has enamorado de la emoción.

Es mucho más fácil encontrar una excusa para no tener éxito y dejar que otra persona se haga responsable de su vida, que asumir la responsabilidad total de su vida y admitir que no hay excusas.

Al sentirse inadecuado, se le da una razón para no tener éxito. En tu mente subconsciente te has convencido de que no mereces el éxito, y temes lo que el éxito le hará a la vida que llevas. La vida con la que te has vuelto cómodo.

Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos más allá de lo que podemos imaginar. Eso es lo que nos asusta. Al darnos cuenta de que somos tan poderosos, anulamos cualquier excusa que podamos conjurar, y nos damos cuenta de que no hay nadie responsable de nuestra vida sino nosotros.

Descubrir cuán poderosos podemos ser nos asusta. Muchas veces pensamos que podemos estar pisando el territorio de Dios, tal vez volviéndonos como él o tomando su lugar. Tememos que se enoje y que se vengue de nosotros y haga que sucedan cosas malas, tal vez nos convierta en un pilar de sal.

Esto no podría estar más lejos de la verdad, Dios quiere que seamos poderosos. Nuestra misión en la tierra es descubrir el poder interno, nuestra Fuerza Divina. Nacimos para manifestar nuestra gloria, como lo hacemos, otros también pueden manifestar su mayor bien.

A medida que viajamos por la vida, creamos lo que experimentamos, ya sea consciente o inconscientemente. Cuanto más envejecemos, más nos damos cuenta de que lo que hemos deseado, hemos recibido. Muchas veces se necesita mucha búsqueda del alma para darse cuenta de esto.

El siguiente paso es darse cuenta de que podemos controlar conscientemente nuestra realidad y futuro con nuestros pensamientos. Una vez que aprendemos a controlar nuestro destino, nos movemos por encima del karma y somos libres de continuar nuestro crecimiento del alma de una manera más positiva.

No hay excusas.

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