OCULTISMO HERMÉTICO -INSTITUTO I.M.I.S.P.A

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El Camino del Ocultismo, empieza con un Profundo y Continuado Trabajo Interior; donde Cada uno de ellos descubre “su” estado de repetida inexistencia -“el Vacío Existencial” al que alude el Zen, como Primer Paso indispensable para lograr La Existencia- donde no es más que lo que le programaron que sea.
Ese Trabajo Interior, consiste en El Primero de los 4 Pasos Del Camino del Desocultarse y recibe el nombre de Paso Del Guerrero, Pues se le declara la Guerra a todo automatismo interior preestablecido; para lo cual es imprescindible aprender a diferenciar “lo interno”, de “Lo Propio”, que es a lograr.
El Paso del Guerrero, es La Puerta de Entrada al Ocultismo; y como Su Área de Trabajo es Lo Interno, También recibe el nombre de “Esoterismo”, que deriva de “Eso”: Interior.
El Esoterismo es entonces el Umbral de La Puerta de Entrada; el camino que lleva al Camino; Pues es aquella Enseñanza que deja Aprehender que Lo Externo es reflejo de Lo Interno… por “eso”, el trabajo debe comenzar por Acá.
Todo El Camino está apoyado en Transmutar lo interno en Lo Propio; cuestión Asimismo nombrada como Mutar el “eso” en “Eso”.
Por su parte, el Hermetismo, es el nombre Original con el que se designa al Ocultismo Pues hace alusión directa al Primer Iniciado que logró Escribir sobre su Iniciación, penetrar lo que hasta ese momento, era cerrado para todos; de ahí que con Ese Nombre se alude a lo impenetrable, lo “Hermético”.
Rigurosamente hablando, Esa Iniciación es En realidad una Triple Iniciación: El Acceso a Los Tres Primeros Pasos Del Camino, cuyo Cuarto Paso consiste en el Uso rutinario y simultáneo de Los Tres Primeros; por “Eso” Su Nombre incluye Lo Trinitario: “Hermes Trismegisto” que significa Hermes 3 Veces Iniciado, O bien 3 Veces Grande.
Puede verse, a partir de lo Dicho, que este Concepto Ocultista de Lo Divino como Trinitario – y viceversa – está en La Base misma de toda Religión: Padre – Hijo – Espíritu Santurrón en el cristianismo, Bramha – Vichnou – Shiva en el hinduismo, Planeta Inferior – Planeta Intermedio – Mundo Superior en los indios, etc. Y en todos los casos, La Divinidad consiste en un Cuarto Sitio que engloba a Los 3 Polos.
Tal profunda Coincidencia, no es casual (…O en todo caso, sí que lo es, Mas se hace necesario, para Comprender la Trascendente Importancia de “Eso”, el Tercer Paso del Camino); Puesto que Bajo Todas las religiones – como, afortunadamente, La Humanidad empieza a aceptar, hasta en Estudios “oficiales”, como el de Joseph Campbell – hay Una Misma Enseñanza, que es la que siguieron Los Grandes Iniciados en nombre los que se fundaron fuego las grandes religiones… que ellos, en ningún caso siguieron.
Esa Misma Enseñanza Basal, es la que quedó Oculta debajo de Todas y cada una esas religiones, motivo que confluye Para que reciba el nombre de “Ocultismo”.
Entonces, continuar El Camino del Ocultismo, es continuar exactamente la misma Enseñanza que siguieron Aquellos de quienes no se duda que alcanzaron la Divinidad, y el dominio sobre El Universo en el que se movieron.
Cosmos que, si bien tiene como Base inamovible el Trabajo Interior, no se limita a “eso”; y permite moverse De manera consciente en Todos los Planos, Creando Lo Propio en Cada uno. De ahí que, es perfectamente riguroso “definir” al Ocultismo como la sumatoria del Esoterismo, el Mesoterismo, y el Exoterismo.

HERMETISMO

En principio es necesario destacar que esa palabra “hermetismo” señala que se trata de una tradición de origen egipcio, revestida después con una forma helenizada, sin duda en la época alejandrina, y transmitida bajo esta forma, en la Edad Media, al Mundo islámico y al cristiano al unísono, y, agregaremos, al segundo en gran parte por intermedio del primero, como lo prueban los Abundantes términos árabes O bien arabizados adoptados por los hermetistas europeos, empezando por la misma palabra “alquimia” (el-kimyâ). Sería entonces completamente abusivo extender esta designación a otras forma tradicionales, tanto como Por servirnos de un ejemplo lo sería llamar “Kábala” a otra cosa que al esoterismo hebraico; Lógicamente, eso no desea decir que no existan equivalentes, por el contrario esta ciencia tradicional que es la alquimia tiene su precisa correspondencia en doctrinas como las de la India, el Tibel y China, Si bien con modos de expresión y métodos de realización naturalmente bastante diferentes; Pero desde que se pronuncia el nombre de “hermetismo”, con ello se especifica una forma claramente determinada, cuya procedencia no puede ser otra que greco-egipcia. En efecto, Por este motivo mismo la doctrina De esta manera designada es relacionada con Hermes, en tanto que este era considerado por los griegos como idéntico al Thot egipcio; Por otro lado esto presenta a esta doctrina como esencialmente derivada de una enseñanza sacerdotal, Por el hecho de que Thot, en su función de conservador y transmisor de la tradición, no es otra cosa que la representación misma del antiguo sacerdocio egipcio, O dicho más claramente, del principio de inspiración “suprahumana” de la cual este tenía su autoridad y en nombre de la cual formulaba y comunicaba el conocimiento iniciático. No se podría ver allá la menor contradicción con el hecho de que esta doctrina pertenezca propiamente al dominio de la iniciación real, Pues ha de ser dado Por supuesto que, en toda tradición regular y completa, es el sacerdocio quien, en virtud de su función esencial de enseñanza, confiere igualmente las Dos iniciaciones, directa O indirectamente, y quien De este modo asegura la eficaz legitimidad de la iniciación real en sí misma, relacionándola a su principio superior, de exactamente la misma forma que el poder temporal no puede extraer su legitimidad más que de una consagración recibida de la autoridad espiritual.

Dicho esto, el principal problema que se plantea es este: ¿esto que se ha mantenido con el nombre de “hermetismo” puede ser visto como constituyendo una doctrina tradicional completa en sí misma? La respuesta Sólo puede ser negativa, Pues allá no se trata estrictamente más que de un conocimiento no metafísico, sino más bien Sólo cosmológico, Por otro lado entendiendo esta palabra en su doble aplicación “macrocósmica” y “microcósmica”, Pues surge por sí solo que, en toda concepción tradicional, hay Siempre una estrecha correspondencia entre esos Dos puntos de vista, no es entonces admisible que el hermetismo, en el sentido que ha tomado esa palabra desde la temporada alejandrina y mantenido desde entonces, represente, Si bien fuese a titulo de “readaptación”, la totalidad de la tradición egipcia, tanto más cuanto que ello sería meridianamente contradictorio con el rol esencial jugado en esta por el sacerdocio del que hemos hablado; bien que, a decir verdad, el punto de vista cosmológico parece haber sido allí particularmente desarrollado, Al menos en la medida en la que es posible Hoy en día saber algo de ello y Por ende sea poco preciso, y que en todo caso sea eso lo que hay de más aparente en todos y cada uno de los vestigios que de ello subsisten, se trate de textos O monumentos, no hay que olvidar que no puede ser Jamás más que un punto de vista secundario y contingente, una aplicación de la doctrina primordial al conocimiento de lo que podemos llamar el “Planeta intermedio”, Esto es del dominio de manifestación sutil donde se sitúan las prolongaciones extracorporales de la personalidad humana, O las posibilidades cuyo desarrollo conciernen propiamente a los “pequeños misterios”.

Podría ser interesante, Pero sin duda bastante difícil, investigar De qué forma esta una parte de la tradición egipcia, pudo de alguna manera aislarse y conservarse en una forma supuestamente independiente, Luego incorporarse al esoterismo islámico y al esoterismo cristiano de la Edad Media (lo que Por otro lado no podría haber hecho una doctrina completa), al punto de devenir Verdaderamente parte integrante de una y otra, y proporcionarles todo un simbolismo que, por una conveniente transposición, ha podido hasta servir A veces de vehículo a verdades de un orden más elevado. No queremos entrar Acá en esas consideraciones históricas demasiado complejas; sea lo que fuere de este problema particular, recordaremos que las ciencias de orden cosmológico son efectivamente aquellas que, en las civilizaciones tradicionales, han sido sobre todo patrimonio de los Kshatriyas O bien de sus equivalentes, Mientras que la metafísica pura era propiamente, como ya hemos dicho, la de los brahamanes, A veces se han podido constituir corrientes tradicionales incompletas, reducidas a esas únicas ciencias separadas de su principio trascendente, y hasta, tal como lo indicamos ya antes, desviadas en el sentido “naturalista”, por negación de la metafísica y desconocimiento del carácter subordinado de la ciencia “física”, tanto como del origen esencialmente sacerdotal de toda enseñanza iniciática, y más particularmente la destinada al uso de los Kshatriyas. Eso no desea decir que el hermetismo constituya en sí mismo una desviación tal O bien que implique algo de ilegítimo, lo que Obviamente habría hecho imposible su incorporación a formas tradicionales ortodoxas; Pero es preciso reconocer que bien puede prestarse a ello por su misma naturaleza y a poco que se presenten las circunstancias convenientes a esta desviación; por lo demás ese es el peligro de Todas y cada una de las ciencias tradicionales cuando son cultivadas por sí mismas, perdiendo de vista su relación con el orden principal. La alquimia, que se podría definir como siendo la “técnica” del hermetismo, es “un arte real”, si Por esta razón se entiende un modo de iniciación Especialmente apropiado a la naturaleza de los Kshatriyas; Mas eso marca Exactamente su sitio en el conjunto de una tradición regularmente constituida, y, Además de esto es necesario no confundir los medios de una realización iniciática, sea los que sean, con su objetivo, el que en terminante es Siempre y en toda circunstancia el puro conocimiento.

Por otro lado, es preciso desconfiar de una cierta asimilación que En ocasiones tiende a establecerse entre hermetismo y “magia”; Incluso si se lo toma en un sentido diferente del que se le da de ordinario, es de temer que esto que no es sino un abuso del lenguaje, provoque confusiones irritantes. En sí misma, la magia no es más que una de las más inferiores entre Todas y cada una de las aplicaciones del conocimiento tradicional, y no vemos que pueda haber la menor ventaja en evocar la idea de ello cuando Realmente se trata de cosas que, Aún siendo contingentes, son No obstante de un nivel de manera notable más elevado. Además, Puede que haya allí otra cosa que una simple cuestión de terminología mal aplicada: en nuestra temporada, esa palabra “magia” ejerce sobre algunos una extraña fascinación, y, como ya hemos señalado, la importancia acordada a tal punto de vista, sería hasta intencionado, esto está También ligado a la alteración de las ciencias tradicionales separadas de su principio metafísico; ese es sin duda el primordial escollo con el cual corre el riesgo de chocar toda tentativa de reconstitución O restauración de tales ciencias, si no se empieza Con lo que es Realmente el comienzo en todas sus referencias, Esto es por el principio mismo, que al tiempo es Asimismo el fin en vista de lo que todo el resto ha de ser En general ordenado.

Otro punto sobre el Como hay que insistir, es la naturaleza puramente “interior” de la verdadera alquimia, que es propiamente de orden psíquico cuando se la toma en su aplicación más inmediata, y de orden espiritual cuando se la transpone en su valor superior; allí está En realidad, lo que le da todo su valor desde el punto de vista iniciático. Esta alquimia no tiene entonces nada que ver con las operaciones materiales de una “química” cualquiera, en el sentido actual de esa palabra; prácticamente todos y cada uno de los modernos se han descuidado extrañamente en lo anterior, tanto aquellos que han querido erigirse en defensores de la alquimia como los que, por el contrario, se hicieron sus detractores; y este descuido es Todavía menos excusable en los primeros que en los segundos, quienes, Al menos, Jamás han pretendido la posesión de un conocimiento tradicional cualquiera. No obstante es bien simple ver A veces a los viejos hermetistas Charlar de los “sopladores” y “quemadores de carbón”, en los cuales es preciso reconocer a los verdaderos precursores de los químicos actuales, por tan poco halagüeño que sea para estos últimos; y, hasta en el siglo XVIII, no falta un alquimista como Pernety que subraye en toda ocasión la diferencia entre la “filosofía hermética” y la “química vulgar”. De esta manera, como Muy frecuentemente lo hemos dicho mostrando el carácter de “residuo” que tienen las ciencias profanas en relación a las ciencias tradicionales, lo que ha dado nacimiento a la química moderna, no es para nada la alquimia, con la que no tiene ninguna relación real la “hiperquímica” imaginada por ciertos ocultistas contemporáneos; en eso Solo hay una deformación O una desviación, surgida de la incomprensión de aquellos que, profanos desprovistos de toda calificación iniciática Y también incapaces de penetrar en cualquier medida el verdadero sentido de los símbolos, tomaron todo al pie de la letra, siguiendo la acepción más exterior y el más vulgar de los términos empleados, y, a continuación creyendo que en todo ello no se trataba más que de operaciones materiales, se lanzaron a una experimentación Aproximadamente desordenada, y en todo caso bastante poco digna de interés desde más de un punto de vista. Igualmente en el Planeta árabe, la alquimia material Siempre y en todo momento ha sido muy poco considerada, A veces hasta asimilada a una suerte de brujería, Mientras que, por el contrario, se tenía en mucho honor a la alquimia “interior” y espiritual, a menudo designada con el nombre de kimyâ es-saâdah ó “alquimia de la Dicha”.

Por otra parte, eso no desea decir que sea preciso negar la posibilidad de las transmutaciones metálicas, que ante los del vulgo representan la alquimia; Mas es necesario reducirlas a justa importancia, que en suma no es más grande que la de las experiencias “científicas” cualesquiera, y no confundir cosas que son de un orden plenamente diferente; hasta a priori no se ve Pues no podría acontecer que tales transmutaciones sean efectuadas por procedimientos que sencillamente brotan de la química profana (en el fondo, la “hiperquímica” a la que Siempre y en toda circunstancia hacemos alusión no es otra cosa que una tentativa de ese tipo). Sin embargo hay otro aspecto del inconveniente: el ser que ha llegado a la realización de determinados estados interiores puede, en virtud de la relación análoga del “microcosmo” con el “macrocosmo”, producir exteriormente los correspondientes efectos; es entonces de manera perfecta admisible que quien ha alcanzado un cierto grado en la práctica de la alquimia “interior” sea capaz Por esta razón mismo de cumplir transmutaciones metálicas u otras cosas del mismo orden, Pero ello a título de consecuencia totalmente casual, y sin recurrir a ninguno de los procedimientos de la pseudo alquimia material, sino solamente por una suerte de proyección hacia afuera de las energías que contiene en sí mismo. Por otra parte hay, Asimismo Acá, una distinción esencial a hacer: Es posible que en ello Solo se trate de una acción de orden psíquico, O sea de la puesta en acción de influencias sutiles pertenecientes al dominio de la personalidad humana, y podría decirse que eso es alquimia material, si se quiere, Pero operando por medios absolutamente diferentes de los de la pseudo alquimia, que exclusivamente se relacionan con la zona corporal; O bien, para un ser que haya alcanzado un grado de realización más elevado, puede tratarse de una acción exterior de verdaderas influencias espirituales, como la que se genera en los “milagros” de las religiones, y sobre lo que previamente hemos dicho ciertas palabras. Entre esos Dos casos, hay una diferencia comparable a la que separa la “teúrgia” de la magia (bien entendido que, volvemos a insistir, no sea de la magia de lo que tratamos Acá, De forma que Sólo indicamos esto a título de comparación), Ya que esta diferencia es, en suma, la misma que puede hacerse entre el orden espiritual y el orden psíquico; si los efectos aparentes son En ocasiones los mismos en uno y otro caso, las causas que los producen no dejan de ser Por ello menos de manera profunda y totalmente diferentes. Por otra parte agregaremos que quienes Realmente tienen tales poderes se abstienen cuidadosamente de exhibirlos para asombrar a la multitud, y hasta Normalmente no hacen ningún uso de ello, Al menos fuera de ciertas circunstancias particulares donde su ejercicio se encuentra legitimado por otras consideraciones.

Sea lo que fuere, lo que es necesario no perder Nunca de vista, y lo que está en exactamente la misma base de toda enseñanza Verdaderamente iniciática, es que toda realización digna de ese nombre es de orden esencialmente interior, Aun si ella es susceptible de tener en el exterior cualquier género de repercusiones. De ello el hombre Sólo puede localizar los principios en sí mismo, y lo puede Pues lleva en él la correspondencia de todo lo que existe, Porque es preciso no olvidar que, siguiendo una fórmula del esoterismo islámico, “el hombre es el símbolo de la Existencia Universal”, y si alcanza a penetrar justo hasta el centro de su propio ser, allá mismo alcanza el conocimiento total, con todo cuanto implica por añadidura: “aquel que se conoce a sí mismo conoce al Señor”, y conoce entonces Todas las cosas en la suprema unidad del Principio mismo, en el Como está “eminentemente” contenida toda realidad.

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