Panteras Y Ruinas

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Panteras Y Ruinas

Elefantes y tigres paseando por las ruinas del Born. Vermeer apuñalado con un paraguas. La alquimia (y las teorías de Platón) como sustrato. Al final: el inconsciente y un exceso de realidad. Marcel Juliana despliega su Cosmos onírico en ‘Surfeit’, la apuesta del año en la Fundació Arranz Bravo de L’Hospitalet.

Oscurece en los jardines del anfiteatro. Yen ese camino crepuscular de columnas clásicas, plantas y enredaderas se desdibuja la ciudad. Con Paseo al atarceder empieza el viaje a la noche, a un Mundo de ruinas, al inconsciente, al sueño… Y en ese viaje en blanco y negro se entremezclan iconos de la historia del arte (ahí está Vermeer apuñalado con un paraguas), animales salvajes que semejan sacados del aduanero Rousseau (Si bien las panteras cambian la jungla por las piedras del Born y los colores fauve se tornan grisalla) y escenas dionisíacas de un erotismo desatado (los Gemelos lujuriosos se funden en uno Mientras un flash de la fiesta en un club anticipa el deseo, los cuerpos, el desenlace orgíastico). Este submundo de impresiones al carboncillo e insinuaciones oníricas es el primer capítulo de un libro en imágenes: Surfeit, de Marcel Juliana, que se expone en la Fundació Arranz Bravo de L’Hospitalet hasta el 24 de septiembre.

Surfeit que es un exceso (en anglosajón), un sur fait (sobreexceso en francés), Sólo es el principio de un viaje, el de Marcel, que va más allá de la realidad, que se adentra en terrenos ignotos: el del sueño, el del mito, el de la filosofía… «Todo esto es una historia. Sobre la vocación de un pintor, la tristeza de las ferias, el cambio de una época a otra… Los escenarios son reales:los jardines del Teatre Grec, las calles en ruinas del Mercat del Born… Pero invento escenas, proyecto imágenes del inconsciente», explica Marcel Juliana, que ha dibujado un mapa -a la forma de un fanzine- para recorrer Surfeit. Otra narrrativa más.

«Marcel esquiva la realidad, le interesa la sobrerrealidad. Reivindica la tradición surrealista que le sirve como paradigma para ligar el exceso, la memoria y el placer desbordante. Trata la ruina como si se tratase de un pergamino desgastado del Satiricón de Petronio, con sus orgías y banquetes sensuales, remotos y desgastados», examina Albert Mercadé, directivo de la Fundació Arranz Bravo.

Y entre esas ruinas (O piedras perdidas en el tiempo) se pasean leones indolentes, leopardos y hienas. «Son referentes a la alquimia: los animales se corresponden con ciertos metales. Por servirnos de un ejemplo, el elefante sería el plomo, un material pesado», apunta Marcel frente a uno de los lienzos más crípticos, en el que todo converge: Un elefante, cruzando a toda velocidad las piernas de un chico -reales, auténticas- justo antes de llegarle a la rodilla, con Todas las consecuencias implicadas. Un caos neoclásico, surrealista, Incluso literario. «También hay una relación de voluptuosidad con los animales. Vienen a ser nuestros instintos más básicos y primarios», concede el artista sobre ese imaginario erótico latente.

«Yo soy dibujante, Mas de una forma pictórica.

Marcel Juliana tiene veintisiete años. Se licenció en Bellas Artes y ha participado en varias muestras colectivas. Ésta es su primera individual, en la que muestra sus lienzos de gran formato, sin marcos, como viñetas pegadas a la pared con grapas. Y Si bien son puro dibujo (un carboncillo expandido) algunos de sus trazos casi semejan pinceladas acrílicas O al óleo. «Yo soy dibujante, Mas de una forma pictórica. Mis cuadros están entre el ensayo filosófico, lo literario y la representación clásica», admite en el bar La Pradera, uno de esos garitos de los años sesenta que poco ha alterado. En la terraza, bajo un emparrado decadente y con vistas a las vías del tren, habla de Platón y de Kant, de sus teorías epistemológicas sobre el amor, la belleza y la imaginación. También habla de otro Marcel, de Proust, de su Tiempo perdido y de De qué manera uno de sus personajes (Bergotte, en La prisionera) quiso vivir en el amarillo ocre de Vermeer, en un pequeño fragmento de su Vista de Delft (por cierto, Marcel Juliana reproduce otro fragmento del cuadro, esta vez del cielo, en su cuadro de cristal El hombre propietario de una nube, que se expone prácticamente al margen de Surfeit, arriba en una esquina).

A lo largo de sus residencias artísticas en Leipzig y Praga, Marcel Juliana se pasaba el día en las bibliotecas. «De pequeño, Siempre estaba leyendo y escribiendo en la torre de mis abuelos», reconoce con una sonrisa un tanto proustiana, la del pequeño y su magdalena. Y el recuerdo se convierte en parque de atracciones Port Aventura. Le da un trago a su cerveza y prosigue con Walter Benjamin (Aunque no lo parezca debe ver con el Shambhala y el Dragon Khan): «En un acto de insolencia le robé el título del Libro de los pasajes. Yo veía los Pasajes como lugares de paso, que acaban formando una obra única, Mas En realidad no tenía nada que ver con Benjamin… Él hablaba del advenimiento del capitalismo». Los Pasajes pictóricos de Marcel fueron el prólogo de esta exposición y se gestaron en un Port Aventura poblado por héroes griegos y mitos de la Antigüedad, con la estética de los grabados de Piranesi: fusionaba el Shambhala con Laocoonte devorado O bien asimilaba el jardín del Dragon Khan con el de las Hespérides.

«Trabajo por acumulación. Soy muy poco espontáneo, lo tengo todo calculado. Paso meses tomando notas, como si fuese un guión para una película…», confiesa Marcel de su acumulación por exceso, de Cómo mezcla las ideas, los referentes, los retazos de sueños apenas recordados (la noche precedente soñó con una carta del tarot, La Sacerdotisa), los versos (Acá entra Hölderlin), las teorías filosóficas (tiene un proyecto sobre Foucault en el horizonte junto al escritor Víctor Balcells)… Y ya está inmerso en el segundo nivel de su historia, que Será acuático.El paseo marítimo de Badalona (su ciudad), los pescadores, las barcas O la lonja van a ser el escenario de su próximo viaje.

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