(PDF) Las Formas De La Profecía

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Podemos considerar la profecía prima facie como un tipo de discurso religioso. De esta manera se expresa También
John Leavitt (2002) en su entrada “Profecía” en la obra colectiva Culture e discorsi, coordinada por
Alessandro Duranti:
En el moderno Occidente, la noción de profecía implica la realización de un discurso
público que contenga un mensaje social O político orientado al futuro, tanto que el
significado del término puede reducirse al simple acto de prever el futuro: la imagen
emblemática es, Por consiguiente, la del profeta del Antiguo Testamento, que invoca el nombre
de Dios y condena los pecados de su gente (Leavitt, 2002, p. 281, traducción propia).
Aunque partamos de la premisa Según la que la profecía es un discurso público con mensaje social O
político, no dejaremos de aceptar inevitablemente que ella conlleva un reenvío a lo religioso,
prescindiendo del hecho que pudiéramos considerar premoniciones no religiosas. Nuestro análisis se centrará,
Por ende, en la esfera de lo religioso, dado que, como expresa el propio Leavitt, su imagen emblemática
es la del profeta del Viejo Testamento.
227

González, Rayco (2013). Las formas de la profecía. Athenea Digital, 13(3), 227-242.
http://dx.doi.org/10.5565/rev/athenead/v13n3.1145

O bien del profeta.

Las formas de la profecía
Ahora bien, las cuestiones que envuelven este punto de inicio son varias y complejas: ¿es apropiado
considerar a la profecía un género discursivo religioso, como lo son los autos sacramentales O bien la liturgia
—con sus subgéneros: sermón, eucaristía, latréutica, sacramental—? O, en todo caso, ¿podríamos
Charlar de un texto profético, con sus propias marcas textuales que lo identifiquen como tal? E, Incluso si
pudiéramos considerar la profecía como un tipo de texto O bien género discursivo, ¿debemos considerarlo
nolens volens como texto religioso exclusivamente?
Las cuestiones planteadas no son baladí, sobre todo si tenemos en cuenta que la profecía está
entroncada También con otros discursos predictivos no religiosos, como pueden ser ciertos discursos
científicos, discursos económicos O bien discursos históricos, que centran su construcción en las posibilidades
de futuro
1
.
Considerándola un discurso, clasificamos la profecía como un género de acto comunicativo. En efecto, ya
Cicerón (1999) (De divinatione) dividió los tipos de premoniciones Conforme las formas del acto comunicativo: hay
una adivinación natural (sic), no aprendida, que no requiere habilidad y que incluye los sueños proféticos,
los momentos de éxtasis y los oráculos
Dos
; y hay, en cambio, otro tipo de profecía, que serían los augurios
O estudios Por medio de técnicas como la contemplación de los astros, que Cicerón entiende como una
adivinación artificial, aprendida, fundamentada en los vaticinios provenientes de signos hallados en la
naturaleza O producidos por el hombre y en la cual la predicción es fruto de la habilidad y observación del
adivino O bien del profeta.
Dentro de este acto comunicativo pueden habitar otros subtipos, como, Por ejemplo, aquél en que nos
centraremos principalmente en este trabajo: el Apocalipsis, Es decir, el anuncio del fin del Mundo O bien, en
cualquier caso, de una crisis del Planeta presente, También denominados textos escatológicos.
Nuestro propósito es el de examinar cuáles son las condiciones (O formas) de enunciación de la profecía
y, en un sentido más extenso, De qué manera podríamos establecer una tipología de las premoniciones Conforme las
condiciones analizadas. Para ello tomaremos fundamentalmente los libros proféticos de la Biblia,
incluyendo el Apocalipsis de San Juan, sin dejar de desviar nuestra atención, Toda vez que se estime
preciso, sobre otros ejemplos.
Antes de abordar el análisis, se nos plantea la problemática de la lógica de elección del objeto de
estudio, esto es, qué género de documentos utilizaremos. En este sentido, Ernesto de Martino (1997, p.
126-127), con un criterio netamente geográfico e histórico-cultural, dividió los géneros de documentos del
“fin del mundo” O apocalípticos en 4: el documento apocalíptico del occidente moderno y
contemporáneo; el documento apocalíptico de la tradición judeo-cristiana de la literatura paleo y
neotestamentaria O de los recurrentes milenarismos de la historia de occidente; Posteriormente el
documento apocalíptico de las grandes religiones históricas, vinculado al mito de las periódicas
destrucciones y regeneraciones del Planeta; y, por último, el documento etnológico de los actuales
movimientos religiosos proféticos y milenarísticos de las culturas llamadas primitivas. Por último, De
Martino incluye un quinto tipo —el cual excluimos ex profeso de la relación anterior—, el del:
Documento […] psicopatológico, que nos pone en relación con un común riesgo
humano de crisis radical, respecto a la que las distintas apocalípticas culturales […] se
1
“Y, Evidentemente, tenemos la frecuente utilización de profecías por historiadores de todo tipo, Incluso uno tan endurecido como
Giraldus Cambrensis, Gerald du Barri, de fines del siglo XII” (Momigliano, 1987/1992, p. 39).
Dos
En estos casos, el adivinador está pasivamente expuesto a la inspiración, que suponía el instante en que los dioses tomaban la
voz y el cuerpo del profeta.
228

Isaías, la de Jeremías, la de Ezequiel, la de Daniel.

Rayco González
constituyen Todas como intentos, diversamente eficaces y productivos, de una
reintegración mediada de ser-en-el-Mundo (1997, p. 127).
De Martino cae en una contradicción, Puesto que si para sus 4 primeras categorías utiliza el criterio
geográfico y cultural, no duda en emplear una pauta psicológica para el análisis de este último género de
documento, que adquiere De esta manera un carácter transcultural:
Se trata de diferenciar entidades nosográficas y nexos etiológicos para la diagnosis y
posterior terapia: se comprende Por consiguiente que la Siquiatría tienda a poner el acento
sobre la distinción de los diferentes modos de relacionarse con la catástrofe de lo
cotidiano y a ordenar estos modos Según diferentes enfermedades psíquicas O bien, al
menos, Conforme las distintas declinaciones abnorma del in-der-Welt-sein y del Mitsein
(De Martino, 1997 p. 128).
Con esto, se nos plantea otra problemática, como es la de la eficacia del discurso, Es decir, la de la
función de la profecía en una determinada cultura. A fin de que un discurso sea culturalmente eficaz, este
debe realizarse Conforme unas determinadas reglas que son, obviamente, susceptibles de descripción
teórica.
Compartimos, Cuando menos, Dos intereses con De Martino: el Cómo —y bajo qué criterios— las premoniciones
pueden ser catalogadas, cuáles son sus reglas y mecanismos de construcción y, asimismo, observar y
enumerar las posibles funciones que éstas pueden poseer. Para iniciar nuestra ruta, tomaremos como
salida el análisis léxico del término profecía.
Si vamos al Diccionario de la Real Academia, encontramos que la entrada profecía nos afirma lo siguiente:
(Del lat. prophetīa, y este del gr.προφητε α) ί 1.f Don sobrenatural que consiste en
conocer por inspiración divina las cosas distantes O bien futuras. 2. f. Don sobrenatural para
pronunciar oráculos en nombre y por inspiración de Dios. 3. f. Predicción hecha en
virtud de don sobrenatural. 4. f. Cada uno de los libros canónicos del Antiguo
Testamento en que se contienen los escritos de cualquiera de los profetas mayores. La
profecía de Isaías, la de Jeremías, la de Ezequiel, la de Daniel. 5. f. Juicio O bien conjetura
que se forma de algo por las señales que se observan en ello. 6. f. pl. Libros canónicos
del Antiguo Testamento, en que se contienen los escritos de los doce profetas menores
(Real Academia de la Lengua, 2001, párrafos 1-6).
Todas y cada una de las definiciones que nos propone el diccionario cimentan los preceptos con los que iniciamos el
presente trabajo, vinculando la profecía con un acto de carácter religioso.
La primera y la segunda entradas nos remite a un “don sobrenatural”, atribuido por “inspiración divina” O bien
“por inspiración de Dios”. Subrayemos También que se afirma “en nombre […] de Dios” (Real Academia de
la Lengua, 2001, párrafos 1 y 2), O sea, la instancia de la enunciación profética es, en último término,
el propio Dios, que inspira al profeta.
Esta misma característica la hallamos Asimismo en la definición que da el propio Leavitt:
Toda sociedad considera algunas formas lingüísticas a disposición de los hablantes
de manera estrecha ligadas a lo que, en ausencia de un término mejor, podremos llamar el
campo de lo no-ordinario O de lo extraordinario —hasta considerarlas a menudo
auténtica y propia emanación de este último. De los labios de los hablantes florece la
voz de un Demonio del que se está poseído, divinidad reveladora O bien musa inspiradora;
229

Las formas de la profecía
O bien, Incluso, el hablante narra, Generalmente en una lengua con contrasignos meridianamente
reconocibles, lo que ella O él ha probado A lo largo de una aventura en el más allá. Se trata
de prácticas que en las lenguas occidentales son reconducibles a muchos términos
diferentes —profecía, inspiración, posesión, capacidad mediática u oracular, misiticismo,
trance, éxtasis—, implicando todos ellos la presencia de una lengua en la que quien
habla está en verdad “fuera” de sí, O extraño respecto a quien narra semejante
experiencia “interior” (Leavitt, 2002, p. 281, traducción propia).
Nuestro autor coloca a la profecía dentro del campo de la mántica —término que recupera del trabajo de
Nora Chadwick, Poetry and Prophecy (1942)—, Esto es, un discurso mediador entre una divinidad y una
sociedad. En este sentido, ya podemos establecer una oposición clara con otros discursos religiosos:
Mientras la oración O el ruego es un discurso cuyo destinatario es la divinidad y la instancia enunciativa
es el propio fiel; en cambio la profecía es un discurso que enuncia un discurso previo con el que la
divinidad —de la que emana, En consecuencia, el discurso— ha dado a conocer a algún profeta un hecho
futuro. Así podemos afirmar que:
El lenguaje mántico tiene Generalmente una dimensión sociopolítica: el oráculo habla
en nombre del dios, dirigido a la sociedad, análogamente en los casos de posesión por
parte de un espíritu, a los subalternos les es ofrecida la posibilidad de Hablar
abiertamente Pues Precisamente no son ellos los responsables del discurso
pronunciado (Leavitt, 2002, pp. 283-284, traducción propia).
Esclareciendo De esta manera quiénes son el destinador y el destinatario de las profecías, podemos
abordar su significado mismo. Las definiciones citadas aluden a 2 en específico: “cosas distantes” y/O
“futuras”. Entonces señala Asimismo que se trata de una “predicción”. Nos enfrentamos, Así pues, con un
problema de temporalidad, O, en otras palabras, de De qué forma el lenguaje traduce el tiempo y establece
determinadas relaciones entre las categorías de tiempo, con especial atención a la categoría del futuro.
Ahora bien, el lenguaje no es simplemente una herramienta descriptiva de la realidad: en escasísimas
ocasiones utilizamos el lenguaje para redundar algo que estamos percibiendo
repaso
. Antes bien, el lenguaje
crea cosas y modifica O bien modeliza las cosas observadas
cuatro
. El lenguaje marcha como un hacer-saber,
Mas También en un hacer-hacer, Esto es, en la manipulación
cinco
. Observamos Con lo que el lenguaje posee
un poder de acción y de Cambiar plenamente nuestra percepción. Por esta razón debemos definir con precisión
el objeto al que se refiere toda profecía, sin perder de vista el hecho de que se trata de una modelización
de un objeto temporal: el futuro.
Hay formas distintas en que el futuro puede estar modelado. A este respecto, cabe destacar el capítulo
“La cicatriz de Ulises” de la obra Mimesis (1942/1996), de Erich Auerbach, en el que el autor compara el
modo de construcción de los textos homéricos con el del Antiguo Testamento, situando “el origen de la
profecía” en “la indomable espontaneidad político religiosa” de algunos pueblos (Auerbach, 1942/1996, p.
28). Auerbach plantea, de forma muy sucinta, que la profecía brota en instantes de crisis políticas,
sociales O religiosas, de forma tal que sirve de texto regulador para un determinado conjunto socio-cultural.
Es decir, en los instantes en que el futuro se presenta más incierto (crisis), O, lo que es lo mismo, en
3
Por ejemplo, no nos ponemos en frente de un prado verde y decimos “la yerba es verde” (salvo que fuéramos unos extraterrestres
venidos de otro Planeta sin hierba y expresáramos Así nuestra sorpresa ante algo plenamente nuevo). Podemos rememorar Acá la
célebre oración de Nelson Goodman, Conforme la cual toda realidad no es más que una versión de la realidad.
Cuatro
Tomando Nuevamente la situación citada en la nota anterior, es más probable que Afirmemos “en la hierba se esconden serpientes
pitón” a un supuesto interlocutor, al que, De esta manera, estaríamos añadiéndole información que su percepción no puede darle.
Cinco
Siguiendo con este mismo ejemplo, podemos imaginar que la pretensión de quien enuncie “en la hierba se esconden serpientes
pitón” sea la de atemorizar al interlocutor.
Doscientos treinta

Rayco González
que no existe la posibilidad de pronosticar el futuro con cierta seguridad, las profecías funcionan como
textos estabilizadores de la cultura, garantizando supuestamente una predicción.
Por su parte, Émile Benveniste (1969/1983, p. 392) nos muestra que existen culturas cuyo vocabulario
profético es más extenso que otras, demostrando Con lo que los discursos de índole profética cumplen en
ellas un papel fundamental, Tal vez por estar sometidas a incesantes cambios O instantes de crisis. De esta forma,
en latín clásico, Por servirnos de un ejemplo, encontramos una organización del significado con respecto a la profecía muy
compleja, con 6 términos diferentes: miraculum, monstruo, ostentum, portentum, prodigium y omen. Al
contrario, en el griego de la temporada Sólo Existe una, téras, “presagio”. En esta diferencia lexical, nos afirma
Benveniste, es posible observar 2 actitudes diferentes cara el presagio O la profecía (la romana, que
presta mayor atención, y la griega, una menor).
Si proseguimos nuestro razonamiento y admitimos que las profecías aparecen en momentos de crisis
culturales, podríamos considerar el calendario como una forma derivada de aquélla: el calendario puede
ser definido como una acumulación de predicciones O bien profecías cumplidas. El calendario deja a toda
cultura pronosticar cuándo acontecerá la noche O el día más larga/O O el más corta/O. Podemos imaginar
De qué forma, Mediante la lectura de los signos de la naturaleza, los hombres iban construyendo un complejo
edificio de predicciones: todo ese proceso supone la formalización del calendario. Por otro lado, el
carácter religioso del calendario de cualquier cultura es indudable
6
, lo cual lo colocaría en la encrucijada
de las categorías temporales: entre el pasado —conmemoración de hechos ya acontecidos— y el futuro
—como anticipo de hechos Aún por acontecer—.
Cada cultura conoce unas determinadas formas proféticas, que podrían ser catalogadas O inventariadas
Según sus propias relaciones establecidas con el tiempo —sus formas de representación del futuro— y,
Asimismo, sus formas sociales y religiosas (ritos, mitos, etc.). Es decir, las formas de las profecías están
directamente vinculadas a las formas de la praxis de cada cultura. Si un calendario se basa en
predicciones de ciclos lunares O bien solares, podremos determinar, Así pues, que toda profecía tomará como
objeto de referencia sucesos de la misma categoría: no en vano, las premoniciones hacen coincidir
hechos futuros a datas, Por ejemplo, en el advenimiento del Anticristo O bien del fin del Mundo.
La profecía como acto lingüístico
Las profecías son un acto lingüístico, y, por consiguiente, También de manipulación y, Por tanto, de
eficacia. Desde cierto punto de vista semiótico, el lenguaje es un problema de convencer: uno trata Siempre y en toda circunstancia
de imponerse a otro (hacer-hacer). En este sentido, la profecía sería una forma de imposición: el profeta
es quien posee el poder (don sobrenatural) de profetizar y, Por lo tanto, de hacer-hacer a el resto, que
van a ser manipulados por la modalidad del poder del profeta.
Ahora bien, A fin de que la manipulación se culmine de manera exitosa, el destinatario debe estar dispuesto a admitir
el discurso del enunciador, en este caso la profecía del profeta. Pero el hecho de que existan O bien hayan
existido falsos profetas nos plantea el inconveniente de la eficacia del acto profético. ¿Por qué determinadas
profecías caen en saco roto, Mientras que otras gozan de la credibilidad del profeta y de la credulidad de los
destinatarios?
Previamente a examinar este aspecto, introduciremos ciertos preceptos teóricos que consideramos de
extrema importancia. Cuando nos desplazamos Durante la secuencia de la comunicación,
6
Son conocidos los casos de cambio en la nomenclatura del calendario Durante la historia, Con lo que nos abstendremos de
citarlos en el presente trabajo.
231

Las formas de la profecía
encontraremos 3 diferentes elementos: emisor, mensaje y receptor, Según la terminología de la teoría
de la información. Sobre el inconveniente de la eficacia, se plantea que, Conforme nos centremos en uno O bien otro
de esos elementos, deberemos atender a factores diferentes: si nos centramos en el emisor, analizamos
su credibilidad; si lo hacemos en el mensaje O bien texto, analizamos su veridicción O verosimilitud; y si lo
hacemos en el receptor, entonces analizamos su credulidad.
Por todo ello, Greimas y Courtés (1979/1982, p. 419) hablarán de veridicción, en cuanto se trata de un
decir-verdad:
La categoría de la veridicción se presenta como el cuadro en cuyo interior se ejerce la
actividad cognitiva de naturaleza epistémica que, con la ayuda de diferentes programas
modales, tiende a lograr una posición veridictoria, susceptible de ser sancionada por
un juicio epistémico definitivo.
En esta dimensión epistémica, No obstante, hallamos Asimismo la dimensión intersubjetiva. Proponiendo
la oposición semiótica auténtico VS falso, Greimas ha logrado liberar esta categoría modal de su relación
con el referente externo, de carácter no semiótico (cfr. Lozano, Peña-Marín y Abril, 1982, p. 79). La
profecía no conoce el error, Pues no tiene ningún referente externo: todo posible objeto de la profecía
no debe existir en el instante de su enunciación. En todo caso, es un objeto futuro que, Por lo tanto, Aún
no es.
Además de esto, el profeta se ubica igualmente a distancia con respecto a lo enunciado, al hacer emanar su discurso
directamente de Dios O bien de la divinidad, más Normalmente
7
. De este modo aparece en todos los libros proféticos del
Viejo y Nuevo Testamento.
Aceptando que el receptor O destinatario posee el código adecuado de lectura, automáticamente el texto
adquiere el rango de veridictivo, Esto es, aparece como un decir-verdad. Este tipo de enunciado tiene
la característica del débrayage
ocho
.
El reconocimiento de autoridad procede, En consecuencia, de un acto de débrayage que hace emanar el texto
de una instancia sobrenatural O bien divina. Acá conviene recordar la distinción que establece Émile
Benveniste (1974/1979) entre histoire y discours: el primero propone unas estrategias de objetivización
del discurso, en el que los hechos parecen contarse a sí mismos, Mediante técnicas como la de cancelar
las marcas de subjetividad del discurso, utilizar tiempos verbales que no posean un vínculo vital con el acto
comunicativo individual (aoristo O bien pretérito indefinido, pretérito imperfecto); por el contrario, el discours
tiene las marcas contrarias, que lo vinculan con la enunciación misma: tiempos verbales en presente,
primera y segunda persona, etc. Lo que es interesante tener en cuenta es que, con el recurso de
reenviar a una divinidad y utilizando el tiempo futuro, el enunciador objetiviza en alguna medida su
discurso, lo hace emanar de una instancia separada. Sin duda, la profecía está más cerca de la histoire
que del discours.
Como señalamos más arriba, la emanación directa de dios de la profecía puede observarse en todos y
Cada uno de los inicios de los textos proféticos bíblicos, ciertos de los cuales citamos a continuación:
7
Leavitt (2002, p. 284) recuerda que ello puede ser determinante A fin de que el profeta tenga libertad para Hablar abiertamente, Pues
el discurso no emana de él sino más bien de la divinidad. Además de esto, nosotros observamos en ello un esmero por dar rango de
verdad O bien validez al discurso.
8
Opuesto a embrayage y que supone la ausencia de marcas de subjetividad O bien de marcas de una determinada actitud del sujeto
respecto a su propio enunciado (Lozano, 1987, p. 199): Por poner un ejemplo, “la tierra es redonda” es un débrayage, cuyo procedimiento
contrario sería “yo creo que la tierra es redonda”, donde la instancia de la enunciación se introduce en el enunciado y define su
propia relación con Exactamente el mismo.
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Rayco González
1) El Apocalipsis de San Juan, 1-3:
La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas
que deben suceder presto; y la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo, el
cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de
Todas y cada una de las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de
esta profecía, y guardan las cosas en ellas escritas: Pues el tiempo está cerca
2) El libro de Isaías, 1: “Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vió sobre Judá y Jerusalem, en días de
Uzzías, Jotham, Achâz y Ezechîas, reyes de Judá”;
3) El libro de Oseas, 1-2:
Palabra de Jehová que fué á Oseas hijo de Beeri, en días de Ozías, Joathán, Achâz, y
Ezechîas, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joas, rey de Israel. El principio
de la palabra de Jehová con Oseas. Y dijo Jehová á Oseas: Ve, tómate una mujer
fornicaria, e hijos de fornicaciones: Pues la tierra se dará a fornicar apartándose de
Jehová;
4) Libro de Joel, 1-2: “Palabra de Jehová que fué á Joel hijo de Pethuel. Oíd esto, viejos, y escuchad,
todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, O bien en los días de vuestros
progenitores?”.
5) Libro de Daniel 4, 2: “Las señales y milagros que el alto Dios ha hecho conmigo, conviene que yo
las publique”.
Como vemos en todos los ejemplos, el texto construye su veridicción A través de un desplazamiento de la
instancia de la enunciación del profeta a una divinidad, en este caso Jehová, Dios. Se ve Asimismo muy
claro en el Apocalipsis 21, 5: “Y me afirmó: Escribe, Porque estas palabras son fieles y verdaderas”. Y
También en el Apocalipsis 22, 6: “Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos
profetas ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas
presto”.
La profecía es un acto performativo (Austin, 1962/1982), un acto que Sólo se puede dar en el lenguaje. El
acto ilocucionario es la realización de un acto diciendo algo como opuesto a la realización de un acto de
decir algo.
“Ciertas palabras (ciertas locuciones) tienen la fuerza de pregunta, O deben ser tomadas como una
estimación y Así sucesivamente” (Austin, 1962/1982, p. 99). Por ejemplo, la oración en futuro de
indicativo que citamos ya antes /me comeré todo/ ha de ser tomada con la fuerza ilocucionaria de una
promesa. En este sentido, ¿podemos decir que ciertas palabras tienen una determinada fuerza
profética, en el sentido en que el propio Austin habla de fuerza ilocucionaria? ¿En qué casos podríamos
admitir que un texto tiene la fuerza ilocucionaria, y Por consiguiente convencional, de profecía?
Obviamente, este hecho lo relaciona el acto profético con convenciones sociales, de ahí que el propio
Austin (1962/1982, p. 108) afirme que la fuerza ilocucionaria es Siempre y en todo momento convencional, Es decir,
pertenece al conjunto de normas y costumbres de una determinada cultura: “realizamos Asimismo actos
ilocucionarios como informar, ordenar, alertar, comprometerse, etc., enunciados poseedores de cierta
fuerza (convencional)” (Austin, 1962/1982, p. 108.).
Doscientos treinta y tres

Las formas de la profecía
Profetizar, como bautizar O bien prometer, es un acto ilocucionario: sin el decir, sin enunciarlo, no habría acto
ninguno.
El propio Leavitt (2002, p. 285) observa que existe un determinado lenguaje que él llama mántico, con el
Como estarían construidas las premoniciones:
El lenguaje mántico, si bien es a menudo Asimismo poético, es identificado como tal por
el hecho de ser emanación de un estado fuera del control del sujeto inmediato, O bien
narración de una experiencia imaginaria en la que el sujeto aparece completamente
absorbido. Ello nos induce a hipotizar posibles paralelos entre lengua mántica y, por un
lado, la poesía inspirada, automática O soñada, y, por otro, la narración del sueño. Lo
que Todas y cada una estas actividades tienen en común, En verdad, es una suerte de
arruinamiento de la elevada reflexividad típica del lenguaje poético —casi una rotura
de la reflexividad (traducción propia).
Leavitt observa una conexión entre el lenguaje poético y la profecía, Mas ello no tiene Por qué razón ser De este modo en
todos los casos. Que las marcas del texto profético sean en verso O en prosa, nos parece, visto lo
antecedente, totalmente irrelevante para su definición: Conforme la cultura se preferirá una u otra
forma, Mas ello no viene preestablecido antes del análisis específico de la profecía y la cultura
destinataria. Lo que sí puede hipotizarse es que la estructura del texto profético, Al menos el religioso,
incluye construcciones poco comunes en el lenguaje cotidiano, como en el caso del texto artístico tan
estudiado en el pasado.
Para poder dar una definición de la profecía debemos atender a sus características en el sentido
de reglas de lectura del texto, que no están explícitas solamente en el texto mismo sino más bien en la memoria
del destinatario, Esto es, En cada cultura. Hablamos de los códigos culturales que dejan identificar O
leer un texto como profético, diferenciándolo del poético O del puramente litúrgico. Charlamos, por
consiguiente, de unas marcas textuales que permiten identificar a la profecía como género y, como
subgénero de esta, al apocalipsis. Haciendo esto, tomamos como nuestra la hipótesis de Lotman
(1970/2011) Conforme la cual no debemos tomar al texto como un objeto cultural con unas peculiaridades
predeterminadas al hecho mismo de su recepción, sino como un haz de interpretaciones posibles, en
función de un conjunto de convenciones.
Aparte del hecho que la profecía podría definirse como un discurso poético cuya reflexividad semeja
haberse desmoronado, También podemos identificar otras diferencias entre los dos, En tanto que el texto
profético, como todo texto religioso,
Se edifica a menudo de acuerdo con el principio de una semántica de múltiples
estratos. En este caso unos mismos signos sirven, a distintos niveles estructurales
semánticos, para expresar distinto contenido. Con la particularidad de que los
significados que están al alcance de un lector dado Conforme con su nivel de
santidad, iniciación, “conocimientos librescos”, etc., son inaccesibles para otro que no
ha alcanzado este nivel. Cuando al lector “se le revela” un nuevo nivel semántico, el
viejo nivel se desecha por no ser ya para él portador De verdad. […] Un mismo texto
puede contener un significado secreto […] para el iniciado y no secreto para el
“profano”. A Cada uno de ellos la verdad se le descubre en la medida de su capacidad para
contenerla. Para el “profano” el texto contiene una verdad que para el iniciado ha
dejado de tener. Respecto a un lector dado el texto no es portador más que de un
significado (Lotman, 1970/2011, p. 90).
Doscientos treinta y cuatro

Rayco González
Mientras el texto poético puede acumular un alto grado de información, Aun significados
contradictorios (cfr. Lotman, 1970/2011), el texto profético, como todo texto religioso más Normalmente,
excluye las interpretaciones contradictorias: cuando se ha escogido un significado, al tiempo se
excluyen otros significados incompatibles. Además de esto, esos significados se organizan en estratos, que van
del más simple al más complejo. En última instancia, el lenguaje profético a ojos de un especialista
tenderá a verse como un diálogo con otras profecías: en efecto, semeja producirse una alusión implícita
en todo texto profético a otros textos proféticos previos. Un ejemplo claro de ello son las profecías del
Viejo y del Nuevo Testamento.
El problema de la alusión implícita en la profecía
Cuentan Herodoto (1989, Historia I, 53) y Cicerón (1999, Sobre la adivinación II, 115, 11) que Creso,
último rey de Lidia, envió una consulta al Oráculo de Delfos, Mientras que se preparaba para la invasión del
territorio persa y Así saber si era el instante propicio de llevarla a cabo. La contestación del oráculo fue la
siguiente: “Creso, si cruzas el río Halys, destruirás un enorme imperio”. Creso interpretó que el “gran
imperio” que destruiría era el persa, Pero la conclusión de su aventura desmintió tal interpretación: el
imperio destruido fue el suyo propio. La ambigüedad brota del funcionamiento puramente alusivo del
enunciado: siendo /Creso/ el sujeto, y el objeto un /gran imperio/ indeterminado, y siendo la acción del
sujeto /destruir/, resulta más que probable que la acción solamente puede recaer en un gran imperio
contrincante, en este caso el persa, En tanto que el verbo no se edifica reflexivamente: /destruirse/. Son las
relaciones sintácticas de la profecía —u oráculo—, Por tanto, las que determinan su grado de alusión.
La alusión es una figura retórica, O bien un tropo, oblicua, O sea, que designa algo directa O bien indirectamente,
O explícita O implícitamente, A través de el empleo de algún término que no sea el predeterminado para un
objeto dado. Entre ellas encontramos las perífrasis, el circunloquio, el litote (O bien atenuación), Por servirnos de un ejemplo.
Gerard Genette (1962/1989), por su parte, recuerda que, frente a la cita y al plagio, la alusión es la
“menos explícita y menos literal” de las formas de intertextualidad, definiéndola como “un enunciado cuya
plena comprensión supone la percepción de su relación con otro enunciado al que remite
necesariamente tal O bien Como de sus inflexiones, no perceptible de otro modo” (pp. 10-11).
En nuestro caso, aparte de otros textos (se establece un sistema de intertextualidad con mitos y otras
profecías), todo profecía marcha como alusión —es decir, Conforme la definición de Genette, una forma no
literal de intertextualidad— a los propósitos de arcanas intenciones divinas O de rango supranatural, si nos
atenemos a la definición previamente dada.
En el ejemplo citado, Creso deshace la ambigüedad del enunciado estableciendo la conexión que la
alusión a un /gran imperio/ genera, Dentro de unas coordenadas que para el destinatario, el propio
Creso, resultan las más evidentes O bien coherentes.
¿Podemos Realmente Hablar de fracaso en la recepción del mensaje? En realidad, no, Puesto que el éxito de
un enunciado profético no se mide tanto por la correcta interpretación del mismo como por eludir el error,
O sea, evitar la equivocación con con respecto a un hecho (referente) externo O ajeno a la comunicación
misma. Obviamente, si el enunciado tiene el carácter indirectamente alusivo, el destinatario puede
seleccionar en un haz mayor de hechos que podrían ser interpretados como referentes del enunciado; Pero al
Oráculo de Delfos no le importaba tanto la posibilidad de elección del destinatario ni su correcta
selección de un significado, sino Numerosos hechos posibles pudiesen servir de referente al
enunciado mismo. Con lo cual, la profecía fue un éxito: También en el caso de que Creso hubiese
tenido éxito la profecía se habría cumplido.
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Las formas de la profecía
En este sentido, el manejo de fechas y, con ello, de la numerología, es un hecho más que constatado en
el caso de las premoniciones. Vinculándolo con los ya antes dicho, los números dejan un grado de alusión
altísimo, Porque es un sistema que no tiene un significado que no sea el literal y al que Sólo su relación
con otros lenguajes puede aportar nuevas significaciones. Ello deja observar en las fechas un cierto
código de esos designios divinos O bien sobrenaturales que mencionábamos más arriba.
Pongamos como ejemplo la orgía de coincidencias que se dieron con el atentado del 11 de septiembre
de 2001 en Nueva York, no Solo por las conexiones que se establecieron con profecías precedentes como
las de Nostradamus, sino más bien con el número 11. Recopilemos algunas de ellas: New York City tiene once
letras, Afghanistan (Siempre en inglés) tiene 11 letras, el nombre Ramsin Yuseb —el terrorista que
había amenazado anteriormente con destruir las Torres Gemelas— posee once letras, George W. Bush
tiene once letras, las 2 torres formaban icónicamente un 11, Nueva York es el undécimo Estado, el
primer aeroplano que se estrelló contra las torres pertenecía a la línea aérea número 11, que Además llevaba
consigo noventa y dos pasajeros y 9+Dos es 11, el vuelo setenta y siete que se estrelló Más tarde llevaba consigo 65
pasajeros cuya suma hace Asimismo 11, la fecha del atentado 9/once es igual al número de emergencia
americano, 911, cuya suma da Asimismo 11. El número total de víctimas de todos los aviones estrellados
fue de 254, cuya suma da Asimismo 11, el once de septiembre es el día doscientos cincuenta y cuatro del calendario anual y la suma
interna —ya lo podrán intuir— es 11.
Obviamente, mudando los ingredientes, nos saldrá otras combinaciones posibles, Esto es, Sólo en
inglés se añade City a Nueva York, Sólo en inglés Afganistán tiene 11 letras (Si bien no hay que olvidar
que los terroristas no provenían en su totalidad de Afganistán sino fundamentalmente de Arabia Saudí,
Egipto O el Líbano), y Así sucesivamente.
Apenas podemos imaginar cuántas profecías pudieron germinar en este caldo de cultivo: basta con
encontrar fechas completas (día/mes/año) cuya suma dé 11; O bien con hallar el siguiente año que dé 11 en
su suma; O bien, si lo requiriese la situación, estigmatizar a un gran líder musulmán de carácter despótico
Por el hecho de que el número O bien la suma de las letras de su nombre sea 11 profetizando, De esta forma, que sería él
quien acabaría con Estados Unidos. Queda claro con este caso que la numerología genera un enorme
número de lecturas proféticas por su capacidad evocativa: las matemáticas no generan ambigüedades,
salvo en el caso que las traduzcamos a la lengua natural, estableciendo Así conexiones posibles con
cada memoria cultural.
La función de los textos proféticos: promesa y amenaza
La profecía semeja cumplir una función complementaria con respecto a los mitos y las leyes de toda cultura:
la profecía se encarga de corroborarlos O bien verificarlos, en el sentido de que todo lo dicho en ellos tendrá
su confirmación. Por este motivo, las premoniciones hacen un movimiento doble: se profetiza hacia el futuro, Pero
mirando al pasado. Tal y como si de un Jano se tratase, el profeta mira los modelos previos, ya existentes, Y también
intenta pesquisar en las posibilidades futuras con el propósito de corroborar tales modelos.
Todas las premoniciones bíblicas y, Generalmente, las apocalípticas hacen referencia a prohibiciones y
prescripciones de una determinada cultura. Sea por razón de una lucha angélica (apocalíptica dura) O
sea por razón de las malas costumbres de los integrantes de una determinada sociedad O cultura
(apocalíptica blanda), las premoniciones del fin del Mundo evocan Siempre un determinado orden
(prohibiciones y prescripciones) que es invadido por el caos, un caos previo al fin.
Doscientos treinta y seis

Rayco González
Ahora bien, cuando charlamos de función en la comunicación, remitimos Siempre y en toda circunstancia al empleo que se puede
hacer del lenguaje en un acto comunicativo. Las funciones fueron catalogadas y descritas
excepcionalmente por Roman O bien. Jakobson. A este respecto, el propio Jakobson nos advierte que:
Las características de los distintos géneros poéticos implican una participación
escalonada diferente por parte de las otras funciones verbales, así como la función
poética dominante. […] la poesía de la segunda persona está imbuida de la función
conativa y es, O apelativa O bien exhortativa, Según que la primera persona esté
subordinada a la segunda O bien a la inversa (Jakobson, 1960/1981, p. 39).
Jakobson expresa Aquí de forma clara que las funciones del lenguaje no deben ser excluyentes, sino
deben ser observadas de forma gradual y de tendencias.
En semiótica se parte del principio de que todo discurso es elaborado O bien construido con el propósito de
crear una respuesta en el destinatario, y que Siempre y en todo momento se obtiene una contestación, A pesar de que esa
respuesta pueda no ser la esperada O deseada por el enunciador. En todo caso, cuando estudiamos los
textos culturales nos encontramos ante una problemática añadida, que es la posibilidad de que los textos
lleguen a destinatarios no deseados por el Autor O autor.
Lo explica realmente bien Lotman (1970/2011, pp. 17-46): los destinatarios previstos de cualquier texto son los
miembros de la propia cultura en que ha sido generado (incluyendo aquellos casos en que cultura no
implique necesariamente cultura nacional, Por poner un ejemplo cultura occidental O bien cultura transnacional). Pero
es usual También el en caso de que nos topemos con textos traducidos a otra cultura —espacial,
temporal O bien espacio-temporal— que nos confronte con códigos O bien claves de lectura diferentes, generando,
a su vez, nuevos significados y nuevas interpretaciones de los mismos textos (cfr. Schaeffer 1989/2006,
pp. 94-97).
Por poner un ejemplo, frente al triple calendario maya, compuesto por el calendario sagrado (tzolkin), el civil
(haab) y la Cuenta Larga (ahau). Éste último es el que refleja los ciclos cósmicos del Universo, que
reciben el nombre de baktun. Según ese calendario, estaríamos en el décimo tercer baktun, que
acabaría el 20 de diciembre de 2012. Interpretado desde una cultura con una conciencia histórica
(tiempo lineal) y no mitológica (tiempo cíclico), este fin de ciclo es convertido en profecía del fin del
Mundo, un fin definitivo. Una conciencia mitológica como ésta, incidía en la repetición del origen galáctico
para la salvaguarda del Mundo (Eliade, 1962/1999, pp. 59-64), y no en el fin del cosmos. Cada repetición
de ese origo representa, para la conciencia mitológica, una promesa de continuidad y no la amenaza de
final (Eliade, 1962/1999). En este sentido, cobra singular interés el hecho de que, en el caso del
Apocalipsis, ese final no es Solo una amenaza, sino una promesa. Para explicar el sentido del fin del
Planeta en la cultura judeocristiana, Eliade (1962/1999, p. 68) explica que:
Para los judíos, la llegada del Mesías anunciará el fin del Mundo y la restauración del
Paraíso. Para los cristianos, el fin del Mundo precederá a la segunda venida de Cristo y
al juicio final. Mas tanto para unos como para otros el triunfo de la historia sagrada —
manifestado por el fin del mundo— implica en cierto modo la restauración del Paraíso.
Los profetas proclaman que el cosmos Va a ser renovado: va a haber un cielo nuevo y una
Tierra nueva. Habrá abundancia de todo como en el jardín del Edén. Las fieras salvajes
vivirán en paz unas con otras “bajo la guía de un joven” (Isaías, XI, 6).
De esta manera, las premoniciones remiten, en cualquier cultura, a las reglas culturales que dejan al hombre
vivir en aquel estado de armonía, ya perdido, que representa en la cultura judeocristiana el Paraíso. Por
ello, la función que cumpla Va a ser distinta Conforme la observancia de esas reglas de cada destinatario. Se
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Las formas de la profecía
vuelve Aquí pertinente la distinción entre la profecía como promesa (de retorno al Paraíso) y la profecía
como amenaza (de caída en el Averno, Esto es, en el espacio des-regularizado O bien des-normativizado).
La amenaza tiene por objeto evitar que algo ocurra (Schelling, 1960/1964). Paul Watzlawick (1976/1990),
Por poner un ejemplo, apoyándose en Schelling (1960/1964) entiende la amenaza como un requerimiento de un
cierto comportamiento unido al anuncio de consecuencias específicas que van a tener sitio si la otra parte
no consiente. Para tener éxito, una amenaza debe satisfacer las siguientes condiciones:

  1. Debe ser convincente O bastante creíble A fin de que sea tomada De verdad.
  2. Debe lograr al adversario (el amenazado).
  3. El adversario ha de estar en condiciones de obedecer.

Al respecto, leemos en Schelling:
La estrategia no se refiere a la aplicación eficiente de la fuerza, sino más bien a la explotación de
una fuerza potencial. […] A fin de que una amenaza sea eficaz tiene que ser verosímil,
susceptible de ser creída, y que su verosimilitud puede depender de trabajos y riesgos
que implicaría su cumplimiento por la parte amenazante […]. Para dotar de credibilidad
a una amenaza, debemos comprometernos a su realización (Schelling, 1960/1964, pp.
17-18).
A la inversa que la amenaza, la promesa tiene por objeto hacer que algo se cumpla (cfr. Schelling,
1960/1964).
En las premoniciones analizadas, sobre todo en los textos bíblicos, hallamos ese doble movimiento: si el
destinatario es el pecador, la profecía debe ser leída como un anatema O bien maldición, O sea, como una
amenaza; Mientras que si el destinatario es el fiel, la profecía debe ser comprendida como una promesa.
Cada una de esas funciones de la profecía produce unos efectos comunicativos: por un lado,
hipotetizamos que la amenaza cumple la función de generar miedo en el destinatario, Mientras la
promesa genera esperanza.
Queda manifiesta esta doble función en la interpretación que el Corán da del fin del Mundo (cfr. Canetti,
1960/1983, p. 166). Al sonido de la trompeta del juicio final, los muertos se alzarán de sus tumbas,
dirigiéndose al campo del juicio. Habrá allá Dos grupos ante Dios: los fieles, a un lado, y los infieles, al
otro. Esta masa permanecerá dividida en 2 desde el principio hasta el final, “en unos habrá esperanza,
terror en los otros” (Canetti, 1960/1983, p. 166).
Pese a que, efectivamente, cada profecía es creada para una cultura determinada —cuyos códigos
serán más cercanos a la interpretación correcta del texto—, si su traducción a otras etnias sostiene la
identificación genérica de texto profético, entonces se mantendrá invariablemente la doble función de
amenaza y promesa en el nivel de acto comunicativo, Es decir, de las intenciones del enunciador.
Otras funciones: la importancia del reconocimiento del
profeta y de la instancia de la enunciación
Se conoce una temporada del viejo judaísmo donde proliferaban los falsos profetas, lo cual nos pone en
guardia ante el hecho de que puedan existir periodos de una alta tendencia a la producción de textos y
discursos proféticos, así como Asimismo ante el hecho perturbador de que haya profecías falsas y otras
doscientos treinta y ocho

Rayco González
verdaderas. En este punto no podemos no remitirnos a Lotman y Piatigorski (1962/1998), En tanto que
ninguna profecía puede ser falsa, como tampoco lo son ni los juramentos ni las promesas ni las leyes, el
falso profeta no es sino más bien aquel individuo cuyas propias atribuciones como profeta son puestas en
entredicho O consideradas falsas. En este sentido, leemos en Lotman y Piatigorski:
En la esfera en que un determinado enunciado dado interviene como texto […] se le
atribuye el significado de auténtico. El mensaje lingüístico habitual que satisface Todas
las reglas del marcaje léxico-gramatical, que es “correcto” desde el punto de vista del
lenguaje y que no encierra nada que por el contenido contradiga lo posible, puede, no
obstante, resultar [“incorrecto”]. Esta posibilidad está totalmente excluida en lo que
respecta al texto. Texto falso es una contradicción en los términos igual que falso
juramento, falsa plegaria, falsa ley. No es un texto, sino la destrucción de un texto
(Lotman y Piatigorski, 1962/1998, p. 166).
Efectivamente, cuando un juramento no se ha cumplido, entonces charlamos de ruptura de un juramento;
cuando una ley ya no tiene vigencia, entonces tal ley ha sido abolida. En este sentido, la profecía como
texto no puede ser falsa, Pues Todavía no ha sido verificada: una vez verificada, la profecía ha sido
verificada, entonces pasa a ser historia, Por ende, justamente su opuesto. Realmente, cualquier texto es,
y, desde el instante que es, deja de ser falso: puede ser falsa su atribución a un determinado autor O bien
enunciador, su datación, Mas, en cualquier caso, el texto Proseguirá siendo.
Mas, como vimos al Charlar de la alusión, el texto profético es como una flecha lanzada por un arquero
cuya diana espera ser colocada por algún otro, el destinatario: el texto resulta necesariamente ambiguo,
vago, lo que deja que su significado sea considerado auténtico en un extenso abanico de hechos
posibles. Se excluye, Así, toda posibilidad de error.
Sabemos, Además de esto, que el alto grado de significado textual es percibido culturalmente como garantía de
correspondencia a la verdad:
A fin de que se lo perciba como un texto, el mensaje debe ser incomprensible O bien poco
comprensible y requerir una ulterior traducción O interpretación. La predicción de la
Pitonisa, la profecía del profeta, las palabras de la adivinadora, el sermón del clérigo,
los consejos del médico, las leyes y las instrucciones sociales, en los casos en que el
valor de los mismos es determinado no por el mensaje lingüístico real, sino más bien por el
supramensaje textual, deben ser incomprensibles y requerir una interpretación. A esto
mismo está ligada a la incompleta comprensibilidad, la ambigüedad y la polisemia
(Lotman y Piatigorski, 1962/1998, p. 164, cursivas del original).
La profecía es un fenómeno de anfibología, para lo que usa continuamente la figura de la alusión
implícita, como vimos anteriormente. Los propios Lotman y Piatigorski citan “la profecía del profeta” como
un texto de alta correspondencia a la verdad: esa verdad está desplazada a futuro, Aunque el profeta
debe haber probado su condición, su saber-hacer, Mediante pruebas. Recordemos brevemente que la
Pitonisa de Delfos tenía tanta autoridad entre los griegos como la Sibila de Cumas entre los romanos —
estos últimos poseían los libros sibilinos en el Capitolio, para cuando el Senado De esta manera lo requiriese,
consultarlos antes de tomar una decisión—.
A este respecto, el Evangelio de Mateo (7, 15) dice:
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, Mas por
dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de
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Las formas de la profecía
los espinos, O bien higos de los abrojos? De este modo, todo buen árbol da buenos frutos, Mas el árbol
malo da frutos malos.
Esos lobos vestidos de ovejas no son sino aquéllos que se arrogan las competencias del profeta, no
siendo sino más bien impostores. Esas competencias no pueden sino ser adquiridas A través de pruebas
convencionalmente establecidas, que podrán Cambiar Conforme las culturas. Lo que absolutamente nadie puede garantizar es
que un profeta desacreditado por una cultura en un tiempo determinado, no pueda ser recuperado del
olvido por un acontecimiento determinado. Ello ocurre De este modo Pues cualquier profecía sirve como una
especie de depósito de explicaciones para hechos futuros, Lógicamente indeterminados. Mas es que,
Además, toda profecía puede determinar los actos que una comunidad realice en adelante. O, como
expresa en forma profética el Libro de Daniel 11, 14: “E hijos de disipadores de tu pueblo se levantarán
para confirmar la profecía”.
Es el caso descrito y analizado por Elias Canetti (1960/1983, pp. 228-237) sobre los Xosas, una tribu de
Sudáfrica. El hecho es Singularmente interesante Pues, como reconoce el propio Canetti, está muy
bien documentado Puesto que se produjo en época reciente: entre 1856 y 1857. Tras la derrota contra los
británicos, Umhlakaza, profeta de la tribu (cfr. Canetti, 1960/1983, p. 230), divulgó entre sus paisanos
que había visto tres espíritus junto al río que le habían encomendado aniquilar todo el ganado y destruir
toda la cosecha existente con la promesa que ello implicaría que en poco tiempo los xosas obligarían al
hombre blanco a abandonar sus tierras. Kreli, jefe supremo de la tribu, ordenó que todos ejecutaran la
orden de los espíritus:
Las revelaciones que llegan A través de un profeta aumentan velozmente de alcance.
La muchacha [sobrina de Umhlakaza], de pie en medio del río entre un sinnúmero de
creyentes, percibía extraños ruidos subterráneos, Por debajo de sus pies. Su tío, el
profeta, explicó que eran las voces, que aconsejaban sobre el asunto de los hombres
(Canetti, 1960/1983, p. 230).
Las predicciones del profeta eran que, una vez ejecutadas las dos órdenes, llegaría un día determinado
surgirían de la misma tierra miles y miles de cabezas de ganado, más hermosas que Todas las que se
había debido matar, Como crecerían nuevos campos de mijo, ya listo para ser consumido.
Igualmente, ese mismo día los héroes de la tribu resucitarían y participarían de la dicha de los fieles,
Al tiempo que los creyentes —entre ellos, los británicos y mestizos— verían De qué forma el cielo se desplomaría
sobre sus cabezas, aplastándolos. Ese día sería el propicio para la guerra contra el hombre blanco.
Pese a que muchos desconfiaban de la profecía, las órdenes del profeta —que, como vimos, hablaba en
nombre de los dioses O bien espíritus de la tribu— fueron ejecutadas por la totalidad de la población xosa,
estimada por entonces en unas 105000 personas, en la zona del río Kei a la que se refiere la historia. Es
probable que hubiera muchos xosas que actuasen contra su más íntima convicción, Mas lo que nos
interesa es observar De qué manera la palabra del profeta, regida por la convención de una comunidad, puede
determinar los actos de ésta.
A lo largo de los primeros meses de 1857, se preparaban, ya sumidos en la más profunda hambruna tras
haberse despojado de toda fuente de alimento, grandes corrales y gigantescos recipientes de cuero para
recibir las hermosas piezas de ganado y su leche, respectivamente, tal como se les había prometido.
Por fin había llegado el día largamente esperado. A lo largo de toda la noche los xosas
habían velado en la mayor excitación. Esperaban ver salir sobre las lomas de de
oriente Dos soles color colorado-sangre; el cielo entonces se desplomaría y aplastaría a sus
enemigos. Casi muertos de apetito pasaron la noche en la mitad de una alegría salvaje.
Doscientos cuarenta

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Luego, al fin, como Siempre, asomó un solo sol, y el corazón de los xosas desfalleció.
No perdieron la esperanza de inmediato, empero; Quizá había que esperar el mediodía
de este día, cuando el sol estuviese más alto; y como entonces tampoco ocurrió nada,
esperaron al ocaso. Pero el sol se puso, y todo se terminó (Canetti, 1960/1983, p. 237).
A continuación, los propios xosas combatieron entre sí, extenuados por la inanición, por las pocas
fuentes de alimento que quedaban. Conforme un cálculo de la temporada, perecieron sesenta y ocho 000 xosas, y quienes
sobrevivieron debieron su propia existencia, fundamentalmente, a las reservas de cereales que el
gobierno había distribuido. En este caso queda claro: que toda profecía reconocida por una
comunidad, enunciada por un profeta; que la instancia enunciativa de la profecía debe residir por fuerza
en alguna divinidad, lo cual lo vincula al lenguaje mántico Conforme John Leavitt (2002) y Nora K. Chadwick
(1942); y que la profecía ejerce una fuerza ilocucionaria que puede rastrearse en las figuras de la
amenaza y la promesa, como ya analizamos. De hecho, Asimismo en el caso presente nos sirve la
definición de la profecía como amenaza O bien promesa Según el destinatario.
Pero, Además de esto, cumple una función fática, vuelve más vigorosos los lazos y las acciones colectivas, es
decir, como actante colectivo, de la propia comunidad. Siempre y en todo momento se puede interpretar que, pese a que
aquel día pronosticado no se desplomó el cielo sobre los no creyentes, ello puede deberse a un error en
la interpretación de la palabra profética por una parte del destinatario: es una manera de aducir que ya
ocurrirá en cualquier otro instante.
Conclusiones
La profecía es un tipo de texto que aparece, en formas diferentes, en Todas las culturas: se trata de una
forma de predicción. Toda cultura se interesa por el futuro: con respecto a él se buscan certezas, que la
profecía puede ofrecer y, De hecho, ofrece, Toda vez que esa cultura incluya un determinado texto dentro
de la categoría de profético.
Aunque el hecho profetizado no se cumpla, no podemos estimar que una profecía esté desacreditada.
De hecho, Para que una profecía siga siendo una profecía, los hechos no deben cumplirse: en caso
contrario, la profecía dejaría de cumplir una función profética en esa cultura. Por ello, no podremos
Nunca vaticinar si los hechos predichos por una profecía van a ser equivocados: su mecanismo de alusión
deja ubicarlo temporal y espacialmente en diferentes opciones de un extenso abanico. Una profecía no
cumplida Siempre y en toda circunstancia puede cumplirse, en cualquier instante.
Una vez admitido como tal, ese texto pasa a cumplir la función de promesa y de amenaza, 2 figuras
que implican un reenvío a un hecho futuro: el cumplimiento (de la promesa O bien de la amenaza). Las
profecías del fin del Planeta O Apocalipsis tienen de forma más sobresaliente esta doble función: en la
escatología coránica, los fieles recibirían la promesa del retorno al Paraíso, Mientras los infieles verían
cumplida la amenaza del castigo divino.
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