¿Pero Qué Pasó Con Las Alas?

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“Dos hermanos van a ser separados violentamente por el caos… La tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas” (Nostradamus, 1654). Dos días después del ataque terrorista contra el World Trade Center, esta cita, en la cabecera de un diario madrileño, daba visos de autenticidad a una apocalíptica profecía. Los hermanos eran las Torres Gemelas; la urbe, Nueva York, y el desastre había sido predicho por Michel de Notredame a mediados del siglo XVII. El presagio era, Sin embargo, tan falso como una moneda de 3 euros. Para empezar, Porque Nostradamus murió en 1566, Con lo que no pudo escribir esas palabras un siglo Después; para acabar, Porque no existe ninguna cuarteta del astrólogo francés que diga algo parecido.

La primera una parte del verso fue creada en 1997 por Neil Marshall, un estudiante de la Universidad de Brock, en Canadá, para un ensayo -titulado Un análisis crítico de Nostradamus- en el que pretendía probar que un texto del pasado puede venderse como predicción de un suceso Toda vez que su redacción sea abstrusa. “Si haces las suficientes profecías y eres lo suficientemente inteligente para escribir de una forma abstracta, serás considerado en el futuro un vidente”, argumentaba Marshall hace 6 años. La clave para él era dejar reposar lo escrito Hasta que una de las premoniciones encajase con la realidad. Cuando, el once de septiembre, alguien añadió a su cuarteta original lo de “la tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas” y envió el texto masivamente por correo electrónico, Marshall vio su hipótesis demostrada y a sí mismo transmutado en adivino. El tiempo le había dado la razón.

‘Pelotazo’ editorial

La falsa profecía de Nostradamus fue la primera de las patrañas relacionadas con la tragedia de septiembre en difundirse a los cuatro vientos. La última se plasmó en un libro que se puso a la venta en Francia en marzo de 2002 y se convirtió en todo un éxito de ventas. Once septembre: l’effroyable imposture (11 de septiembre. La gran impostura) propugna que no hubo ningún aeroplano que se estrellara contra el Pentágono. Su autor, Thierry Meyssan, es periodista y preside la Red Voltaire, una organización de izquierdas que combatió en su día al Frente Nacional y que ha visto fulminada su credibilidad de la noche a la mañana por el pelotazo editorial de su presidente.

La respuesta no se hizo aguardar.

Los primeros 20.000 ejemplares de 11 septembre : l’effroyable imposture desaparecieron de las librerías en Solo 2 horas. “Hemos vendido 2.Quinientos ejemplares en diez días cuando una novela superventas puede llegar a 1.500 al mes”, señalaba el 1 de abril un portavoz del local parisino de la cadena Fnac en Les Halles a The Guardian. La operación de mercadotecnia empezó el 10 de febrero, cuando Raphaël Meyssan colgó -en francés, inglés, Español e italiano- una sinopsis de la teoría de su padre en la web de L’Asile Utopique. 2 semanas después, la página registraba 15.000 visitas diarias. La respuesta no se hizo aguardar. A principios de marzo, en el sitio Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas, se desmontaba punto por punto la tesis de Meyssan en un trabajo que ha sido actualizado tras la publicación del libro.

El periodista sostiene que los destrozos del Pentágono no fueron causados por un avión de pasajeros secuestrado, sino más bien por el propio Gobierno estadounidense. Meyssan llega a tal conclusión al no explicarse De qué manera puede una aeronave de cien toneladas que volaba a un mínimo de 400 quilómetros por hora dañar solamente el anillo exterior del inmueble; Cómo pudo chocar justo contra la planta baja; dónde se encuentran los restos del Boeing 757; Por qué se echó arena sobre el césped próximo al edificio, Aunque no había sufrido daños aparentes; qué ocurrió con las alas del aparato y Por qué, a su juicio, no provocaron destrozos; Por qué el jefe de bomberos no pudo decir a los periodistas dónde estaba el avión, y cuál fue el punto de impacto.

Retórica revisionista

Barbase y David P. Mikkelson, expertos en desenmascarar fraudes, dedican un extenso artículo en las Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas a poner en su sitio cada una de las alegaciones del conspiranoico, apoyándose en imágenes que, por sí solas, sacan a flote la falsedad de los argumentos de Meyssan. De esta manera, comienzan por indicar que los efectos del choque no se limitaron al anillo exterior del Pentágono, sino que se extendieron a los cinco anillos del ala que sufrió el impacto, tras perforar el avión un muro reforzado de 60 centímetros de espesor. La aeronave, añaden, no se estrelló contra la planta baja del edificio, sino más bien entre la primera y segunda, y tras golpear el suelo.

A pesar de que explotó en una gigantesca bola de fuego, pequeñas piezas del aparato quedaron diseminadas alrededor del edificio, y fueron fotografiadas y filmadas por los periodistas. El vertido de arena y piedras sobre el intacto césped que tanto intriga a Meyssan era para preparar el terreno para el paso de la maquinaria pesada usada en las labores de desescombro y reconstrucción. ¿Pero qué pasó con las alas? “Vi Cómo el morro del aeroplano se rompía, vi las alas avanzar hacia adelante”, declaró a The Miami Herald un vecino que presenció el choque. Las alas son una de las partes más frágiles de un aeroplano y su huella en el cuartel general militar estadounidense fueron Dos zonas ennegrecidas en la fachada a los dos lados del punto de impacto.

Meyssan no ofrece una versión alternativa al desastre del Pentágono ni explica De qué forma, si el aeroplano no se estrelló contra el Pentágono, murieron los 68 ocupantes del Vuelo 77 de American Airlines. Se limita a decir que “el Gobierno americano miente”. Para él, todo el desastre fue el fruto de una conspiración urdida en las más altas instancias del Ejecutivo de Bush. “Esta teoría agrada a todo el Mundo: no hay extremistas islámicos y todo el Planeta es feliz”, sentenciaba Le Nouvel Observateur. Para Libération, se trata de un conjunto de “afirmaciones disparatadas e irresponsables, sin ningún fundamento”, extremo en el que coincide el sociólogo Pierre Lagrange, para quien Meyssan recurre a “la misma retórica” que aquéllos que niegan la existencia de los campos de exterminio nazis. El Pentágono calificó el contenido del libro de “bofetada” a la memoria de las víctimas de los ataques del 11 de septiembre.

El club de la conspiración

El periodista francés entró por la puerta grande en el club de la conspiración, del que forman parte desde negadores de la existencia del virus del sida hasta seguidores de los platillos volantes. Estos últimos se dieron prisa, tras los ataques contra Estados Unidos, en revisar montañas de material gráfico a la búsqueda de pequeñas manchas en el cielo. Las encontraron y llegaron las naves extraterrestres. Numerosos astrólogos dijeron, por su parte, que habían anunciado la catástrofe, Si bien ninguno presentó más prueba que una vaga oración que puede significar cualquier cosa.

No faltaron tampoco quienes vieron en la humareda y la polvareda de Manhattan los rostros del Diablo y de Dios, éste último en una fotografía de la caída de la Torre Sur. Estas imágenes no son trucajes, como la del supuesto turista en uno de los rascacielos instantes ya antes del choque del primer aeroplano. Las caras son creaciones de nuestro cerebro, que busca constantemente formaciones familiares en el caos y es capaz de ver un rostro hasta en un valle marciano. Lo inquietante es que hay muchas personas que caen en las garras de conspiranoicos como Meyssan, que no dudan en banalizar una tragedia y tergiversarla con tal de hacer negocio. Ésa es la última razón de la conspiración.

La realidad inventada

La cuarteta de Nostradamus: “En la ciudad de Dios va a haber un enorme trueno, Dos hermanos serán separados violentamente por el caos, Mientras la fortaleza aguante el gran líder sucumbirá, la tercera gran guerra comenzará cuando la urbe esté en llamas”. Las tres primeras frases las escribió Neil Marshall en 1997; la última, un autor desconocido después del ataque contra Nueva York.

El Demonio y Dios, a escena: Las Fotografías en las que se ven rostros en el humo de las Torres Gemelas no han sido manipuladas; Pero eso no desea decir que estemos ante los rostros del Diablo y de Dios -O bien de un teletubbie, que Asimismo parece haber un personaje de ésos entre el humo- como han propugnado los amantes de lo sobrenatural. El cerebro humano intenta reconocer formas familiares en el caos, tenga este forma de humo, de nubes, de nudo de árbol O de mancha en la pared.

La fotografía del turista: Se presenta como procedente de una cámara recuperada entre las ruinas del World Trade Center. Es un burdo montaje: el turista viste ropa de invierno, cuando el once de septiembre fue un día caluroso; el avión se aproxima por el Norte, Luego tiene que tratarse de la Torre Norte, Pero ésta no tenía terraza de observación (la de la otra Torre se abría a las 9.30 horas, cuando el primer choque se registró a las 8.49 horas); la aeronave es un Boeing 757 de American Airlines, cuando el primer avión implicado fue un Boeing 767.

La maldición del 11: La catástrofe ocurrió el once de septiembre, el 11 del 9 (1 + 1 + nueve = 11). Uno de los vuelos estrellados contra las Torres Gemelas era el 11. New York City, Afghanistan y The Pentagon tienen, cada una, once letras. Éstos y otros ejemplos de pseudociencia numerológica llevaron a los amantes de lo paranormal a Charlar de la maldición del número 11. Tanta cháchara demuestra Sólo que quienes la difunden han sabido seleccionar qué sumar (¿por qué no se incluyen, Por ejemplo, el Dos y el 1 de 2001 en la suma de la fecha?). Cualquiera podría Hablar de la maldición del número que quisiera, Siempre y cuando eligiera bien los sumandos.

Ningún israelí murió en el World Trade Center: Los 4.000 ciudadanos israelíes que trabajaban en las Torres Gemelas no acudieron a sus oficinas el once de septiembre Por el hecho de que se pusieron todos enfermos. Esta mentira, que apareció en Internet el dieciocho de septiembre, es una de las urdidas para poner a Israel en el origen de los ataques terroristas. Hubo israelíes y judíos entre las víctimas de las Torres Gemelas.

Los ovnis estuvieron allí: Ciertos ufólogos han visto, en las numerosas imágenes tomadas aquel día, platillos volantes alrededor de las Torres Gemelas y del Pentágono. Como La mayor parte de la evidencia a favor de las visitas extraterrestres, ésta es También insostenible. Se trata de puntos claros O bien oscuros en el cielo que pueden deberse a defectos del negativo O a aeronaves -aviones O bien helicópteros- lejanos.

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