Qué Entiendo Por «filosofía»

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Autor colaborador: Dr. Diego Sánchez Meca,
Catedrático de Historia de la Filosofía Contemporánea,
Universidad de Madrid (UNED), España

Es probable que para bastante gente la filosofía no llegue a ser, en último término, más que una palabra ambigua, Puesto que se la emplea en los contextos más variados para referirse a cosas diversas. Como expresión lingüística común, la palabra «filosofía» no tiene un contenido preciso, ni deja una definición escueta Por norma general aceptable. Oímos Hablar repetidas veces de la filosofía de un programa electoral en política, O de la filosofía de una estrategia de comercialización de un producto en el campo de la industria y del comercio; se habla También, en el lenguaje cotidiano, de que es bueno tomarse la vida con filosofía, O bien de que Cada uno de ellos se hace y tiene su propia filosofía de la vida. Por último, se dice que filosofía es Asimismo una suerte de saber, para ciertos un tanto nebuloso O Aun tenebroso, en el que se ocupan, O Tal vez Solo se entretienen, determinados individuos no exentos de cierta petulancia O bien de un determinado aire de esoterismo y de misterio.

El caso es que no se ve, En especial por parte de quienes Aún no han tenido ocasión O no se han interesado por una seria aproximación personal a la filosofía como disciplina intelectual, no se ve, digo, cuál puede ser el denominador común, si es que lo hay, a la multiplicidad de usos del término y del concepto de filosofía. Concedamos, Incluso, que sea preciso diferenciar la filosofía como actitud vital de la filosofía como saber teórico, y centrémonos, de instante, en esta segunda acepción. Pero Aun De este modo persistirá en su intensidad la dificultad y dificultad del inconveniente de llegar a un concepto claro y preciso de qué es filosofía. Podemos verlo mejor haciendo una comparación.

Mas ¿pasa lo mismo con la filosofía, Aun en su Solo sentido de disciplina intelectual?

Si nos preguntamos qué es la Biología, O bien qué son las Matemáticas, O la Historia como disciplinas intelectuales, Para qué sirven, Por qué existen, el definirlas no se nos presenta como un problema insoluble. De esta manera, la Biología no es sino el estudio de la materia viva y de los fenómenos orgánicos, utilizando para ello el método experimental. Sus resultados son útiles en el campo de la medicina, de la industria, de la agricultura, etc. No hay una singular dificultad en contestar a El interrogante ¿qué es la Biología?. Mas ¿pasa lo mismo con la filosofía, Aun en su Solo sentido de disciplina intelectual? A ver quién tiene una contestación De este modo de clara para El interrogante ¿para qué sirve la filosofía?, O bien ¿cuál es la razón de ser de esta actividad que cuenta ya con veintisiete siglos de existencia?

Tal vez alguno de quienes lean este artículo podría esperar que yo dijera Aquí y ahora el concepto conveniente de qué es filosofía, que resolviera esta confusión y diera la contestación mágica que eliminara toda duda. No se molesten si les digo que no es mi intención Ni tan siquiera intentarlo. Y no Solo por el socorrido pretexto de que no es posible solucionar tan complejo y espinoso tema en el corto espacio de un artículo, sino más bien Pues me considero con muy escasas posibilidades de salir airoso en una empresa en la que muchos insignes Y también ilustres maestros han fracasado.

Y es que los cambios que el concepto de filosofía ha sufrido A lo largo de la historia, junto con la amplitud y pluralidad de los productos culturales que a sí mismos se han designado con el nombre de «filosofía», hacen extremadamente bastante difícil y arriesgado el intento de construir, de acuñar un concepto unívoco, definitivo y universal de qué es filosofía. La formulación de su tarea y de su objeto se ha venido modificando a tenor de las circunstancias históricas y A medida que han ido apareciendo y desarrollándose las ciencias particulares. Por todo lo que, no es del todo posible fijar, desde determinado punto de vista sistemático, el campo de estudio, el objeto y el procedimiento de la filosofía, como acostumbra a hacerse, desde el principio, con cualquier saber O ciencia. Lo característico de la filosofía como disciplina intelectual va a consistir, por todo ello, en que su tarea vertebral tiene que ser justificarse a sí misma de una forma «crítica» en el proceso mismo que la razón desarrolla en su intento de comprensión del Planeta.

En términos muy generales, en el pasado, La gran mayoría de los grandes filósofos construían sus filosofías desde un determinado «modo de hacer», O sea desde un cierto «procedimiento» que diferenciaba Aproximadamente meridianamente a la filosofía de los demás saberes, particularmente de las ciencias. De esta forma, Mientras que las ciencias particulares se ocupaban cada una de un objeto determinado, de un inconveniente específico que constituía su especialidad, como Por ejemplo lo son los fenómenos orgánicos en el caso de la Biología, O el estudio de los fósiles en el caso de la Paleontología, O el de los fenómenos atmosféricos en el caso de la Meteorología, la «especialidad» de la filosofía era, podríamos decir, «la totalidad de lo que es», Es decir, el sentido del todo, el ser del Universo, entendiendo Acá por Cosmos el conjunto integral de todo lo que es y existe en su trabazón, en sus relaciones mutuas.

Metodológicamente no interesaban al filósofo, Por ende, estrictamente hablando, Cada uno de ellos de los objetos O Inconvenientes que componen el Universo por sí mismos, en su ser separado y específico, sino lo que le interesaba era el sentido de sus relaciones entre sí, lo que cada cosa es frente y junto a las demás, su puesto, papel y rango en el conjunto de Todas las cosas, lo que cada cosa representa en el todo de la existencia universal. El científico, obligado por los propios presupuestos de su procedimiento, lo que ha hecho desde Siempre ha sido colocarse ante el Universo acotando un trozo del que ha hecho su objeto de estudio. Pero al hacer eso rompía automáticamente De este modo la red de interdependencias en que todo objeto se encuentra En verdad en el Cosmos, cortaba esa integridad con la que el Planeta se nos aparece desde la actitud natural y espontánea de nuestra mente en la vida. El pensador buscaba entonces Precisamente esa totalidad, buscaba una idea, una concepción integral de ese todo O Cosmos intuido, desde el propio vivir cotidiano, no como un montón desmenuzado de cosas, sino más bien como algo completo y unitario.

Quizá, a primera vista, este intento de la filosofía del pasado de aspirar a meditar el sentido del todo en una concepción sistemática y unitaria de toda la realidad puede ofrecer, para nosotros hombres del siglo XXI, un cierto aspecto de megalomanía. De hecho, nuestra época considera ya esta empresa como una tarea ilusoria, imposible y de desaforadas pretensiones. Aun si se tuviera en cuenta que la filosofía perseguía De esta manera el sentido de la totalidad del Universo y de la vida sin dejar de ser una disciplina ni más ni menos modesta que las demás. Pues esa totalidad, buscada por la filosofía, no era pensada como el conjunto numérico de las cosas que existen, ni se componía de la suma de los saberes de Todas las ciencias, sino tan Sólo buscaría lo universal de cada cosa, la esencia, el aspecto por el que cada cosa se relaciona y se inserta en la totalidad adquiriendo Así una plenitud de sentido.

Hegel -seguramente el último de los grandes filósofos sistemáticos y metafísicos del pasado- decía que tan Solo la filosofía hacía ver a los hombres el Mundo tal como es, como totalidad, y no como ilusoriamente se le aparecen las cosas separadas, aisladas, autónomas, inconexas, sin sentido. Frente a las ciencias, la filosofía tendría, Pues, un papel de primer orden que cumplir, y que no sería otro que el de ofrecer un concepto de la totalidad, una concepción «metafísica» del ser del Planeta y del sentido de la vida.

Uno de los argumentos esgrimidos por los críticos contemporáneos de esta filosofía metafísica del pasado ha sido el de que, si la validez de un saber se mide por sus resultados efectivos en aquello de que trata, entonces los avances de la filosofía en sus veintisiete siglos de existencia y de esfuerzos no parecen haber conseguido nada efectivo O bien prácticamente nada de lo que decía investigar. Pues, ¿dónde está, quién tiene Hoy esa concepción unitaria y universal del sentido de la totalidad del Universo Aproximadamente comúnmente aceptada, O bien cuál es la concepción del Planeta propiamente dicha que la filosofía proporciona El día de hoy a la humanidad?, ¿cuáles son los fundamentos de valor que la filosofía propone El día de hoy para orientar moralmente la acción y la vida de los hombres?

Estas preguntas no tienen Contestaciones que permitan apoyar cierto consenso Sobre los logros sistemáticos alcanzados por los filósofos del pasado sobre la filosofía como saber, Esto es, como disciplina intelectual. Mas Exactamente Por este motivo, la única contestación posible Hoy para La pregunta ¿qué es filosofía? debería partir de la negativa a distinguir entre filosofía como disciplina intelectual y filosofía como actitud vital. La filosofía ha sido y sigue siendo, ante todo, eso, una actitud, un modo de ser del hombre frente al Planeta. Mas es una actitud que tiene forma de aspiración, de deseo, de inquietud y de «anhelo por sabe»r, por conocer, por apropiarse la sabiduría. No otra cosa quiere decir, en griego antiguo, el vocablo «filosofía», amor a la sabiduría. Sólo que, como búsqueda de un sentido general del Planeta, O de razones que guíen nuestro comportamiento O nuestras expectativas, no puede pretender, en sentido estricto, ninguna teorización terminante de nada, sino que se resuelve y se agota en su buscar, en esa persecución continuada de los significados múltiples y cambiantes latentes en las cosas. Y esto tanto más cuanto que el Planeta, la sociedad, el comportamiento humano y la vida en conjunto no son algo estático, sino más bien vivo, en autodespliegue progresivo Y también integrados por infinidad de interrelaciones dinámicas.

Todavía De este modo, Aún no faltaría quien preguntara, y estaría en consonancia con el espíritu pragmático y utilitarista de nuestra época: ¿Para qué sirve la filosofía?, ¿qué necesidades satisface?, ¿para qué toda esa búsqueda de los significados y de los valores de fenómenos y procesos de los que ya se ocupan seguramente mejor y más rigurosamente las ciencias?. ¿Por qué no hacer entonces lo que ya una mayoría de gente supuestamente hace, que es vivir la vida reposadamente sin hacer caso de Todas esas vaguedades que afirman los filósofos?. ¿Acaso toda esa busca es algo más que una sutil forma de complicarse la propia vida y seguramente Asimismo de complicársela a el resto?
Un enorme pensador, Kant, afirmaba que el hombre que filosofa lo hace por una exigencia del dinamismo propio de su razón, Esto es, Porque su psique no puede aquietarse con una explicación cualquiera, sino que aspira Siempre y en todo momento hacia arriba, en busca de las síntesis supremas y de los significados más penetrantes y más omniabarcantes. Otro gran pensador, Aristóteles, pensaba, por su parte, que todo hombre, de una O bien otra forma, filosofa por naturaleza, Es decir, Pues, Según él, todo hombre, por naturaleza, quiere saber. Y un tercer gran filósofo, Platón, afirmaba que el afán de saber, el amor a la sabiduría, que es la esencia de la filosofía, cuando se da, cuando surge y se despierta en alguien, acostumbra a ser el fruto de una dolorosa constatación previa, hecha por ese alguien, de que no sabe, de que ignora y de que «necesita» saber para ser. Sería, Por esta razón, en esa percepción de la propia indigencia, de la propia ignorancia, donde estaría la raíz del conocer y, En consecuencia, de la filosofía.

Y es que, por su indigencia, por su desvalimiento constitutivo, todo hombre, para ser un humano, está obligado a un constante esfuerzo por ascender, desde la ignorancia que le es natural, hasta la sabiduría; un esfuerzo que Solo es fructífero y provechoso cuando es el resultado de un amor al saber. Es decir, cuando surge de una actitud vital que sin ningún miedo a equivocarnos podemos calificar de filosófica, actitud de búsqueda desde la humana necesidad de comprender y expresar. Puede verse Así De qué manera la actitud vital, subyacente a la actividad filosófica, simboliza y esencializa la función autoformativa y educativa, Puesto que, debido a sus posicionamientos metodológicos, la filosofía insiste en la necesidad de ir Siempre y en todo momento más allí del mero amontonamiento y superposición de conocimientos especializados, parciales e inconexos, como los que nos proporcionan las ciencias particulares. Esto es, propugna, como su distintivo más propio, la necesidad de llegar a un sentido que incluyera de algún modo las interrelaciones y el sitio que los distintos conocimientos parciales y especializados deberían tener en una ideal síntesis universal, Nunca alcanzable ni formulable en un sistema cerrado, de ese tipo de saber que reflejaría, de un modo inalcanzable, la totalidad de todo cuanto es posible saber.

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