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Los seguidores de Jesús son conocidos como «cristianos» Por el hecho de que ellos creen y confiesan que Jesús es el Mesías profetizado en el Viejo Testamento,[4] por lo cual le llamaban «Jesús Cristo», que desea decir «Jesús, el Mesías» (en hebreo: Yeshua Ha’Mashiaj), O, en su empleo recíproco: «Cristo Jesús» («El Mesías Jesús»).

El título «Cristo» Asimismo se halla dentro del nombre personal «Jesucristo»,[5] y se menciona como un sinónimo de Jesús de Nazaret en la fe cristiana, que lo considera salvador y redentor de los hombres, el «Verbo» (O bien Palabra) de Dios encarnado[6] y «el Hijo unigénito de Dios».[7]

Las primordiales opiniones cristianas acerca de Jesucristo incluyen su consideración como el Hijo de Dios, constituido como Señor; que fue concebido por el Espíritu Santurrón y que nació de la Virgen María; que fue crucificado, Muerto y sepultado a lo largo del mandato de Poncio Pilato; que descendió a los infiernos y Más tarde resucitó de la muerte y subió a los cielos, donde se encuentra junto a Dios Padre y desde donde volverá para el Juicio Final.

La cristología, un área de la teología, se ocupa principalmente de estudiar la naturaleza divina de la persona de Jesucristo, Según los evangelios canónicos y los demás escritos del Nuevo Testamento.

1 Referencias en la Biblia 1.1 En los evangelios canónicos
1.2 En otros libros bíblicos

5.1 Cristo en el catolicismo 5.1.1 Nacido de María Virgen
5.1.2 Cristo y la Iglesia
5.1.Lección Cristo y el papa
5.1.4 La Palabra de Cristo y su interpretación en la Iglesia católica
5.1.Cinco La gracia de Cristo en los sacramentos
5.1.Seis La eucaristía como actualización del sacrificio de Cristo
5.1.Siete La eucaristía como presencia real de Cristo en el Planeta

Referencias en la Biblia[editar]

El título «Mesías» fue usado en el Libro de Daniel,[8] que habla de un «Mesías Príncipe» en la profecía Sobre «las setenta semanas». También aparece en el Libro de los Salmos,[9] donde se habla de los reyes y príncipes que conspiran contra Yahveh y contra su ungido. Mas fundamentalmente en el libro del profeta Isaías se expresa la llamada corriente mesiánica (Is 9, 1-7) atribuida a Cristo Conforme los escritos del Nuevo Testamento.

En los evangelios canónicos[editar]

Jesús es llamado «el Cristo» en los 4 evangelios del Nuevo Testamento donde se le describe como ungido con el Espíritu Beato. Ciertas referencias incluyen Mateo 1:16, Mateo 27:17, Mateo 27:22, Marcos 8:29, Lucas 2:11, Lucas 9:Veinte y Juan 1:41. En el evangelio de Mateo se trata el tema en el siguiente pasaje:

Él les afirmó: «Y vosotros, ¿

Cuando llegó Jesús a la zona de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: «¿Quién afirman los hombres que es el Hijo del Hombre?» Y ellos dijeron: «Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; Mas otros, Jeremías O bien uno de los profetas». Él les afirmó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Respondiendo Simón Pedro, dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Y Jesús, respondiendo, le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, Pues esto no te lo reveló carne ni sangre, sino más bien mi Padre que está en los cielos».

En el evangelio de Juan, el título de «Cristo» se usa como nombre de Jesús:

En otros libros bíblicos[editar]

En el Libro de Daniel se asevera que el mesías príncipe sería cortado, y no tendría nada.[12][13] La antigua versión de Reina-Valera traduce ‘será Muerto y nada tendrá’ y en el margen de la paráfrasis ‘será echado de la posesión’. Esto se cumplió cuando, en sitio de ser aceptado como Mesías por los judíos, fue rechazado, cortado, y no recibió ninguno de los honores mesiánicos que le pertenecían, Aunque, con su muerte, echó los cimientos de su futura gloria en la Tierra, obrando la redención eterna para los salvos. En la Primera Carta a los Corintios san Pablo de Tarso escribió que Como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, De este modo es el Cristo: la cabeza y los miembros en el poder y la unción del Espíritu forman un solo cuerpo.[14]

En el Libro de Juan, este título es relacionado con el de Mesías, «llamado el Cristo».[15]

Habiendo sido rechazado como mesías en la tierra, él ha sido hecho, ya resucitado de los muertos, Señor y Cristo,[16] y De este modo se cumplen los consejos de Dios con respecto a él y al hombre en él. Se revela que los santos habían sido escogidos en Cristo desde antes de la fundación del Planeta. Todas y cada una de las cosas en el cielo y en la tierra tienen que ser encabezadas en el Cristo,[17] Ya que el Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia.[18]

Cristo, el ungido[editar]

La palabra «ungir» ―del latín únguere― significa ‘elegir a alguien para un puesto O bien un cargo muy notable’ (como sumo sacerdote O rey).[19]

La concepción hebrea del ungido O entronizado proviene de la antigua creencia que establece que untar a una persona u olear un objeto con aceite otorga cualidades extraordinarias, Aun sobrenaturales, cuando estas provienen de una autoridad divina. En el Israel de la antigüedad, la costumbre de ungir a una persona otorgaba la potestad para ejercer algún cargo esencial. El término Cristo no solo se utilizaba con los sacerdotes[20] que eran mediadores entre Dios y la humanidad, sino más bien Asimismo con los reyes teocráticos[21] que eran representantes de Dios y adquirían de esa forma dignidad sacerdotal. Después se aplicó a los profetas[22] e incluso se vinculó con los patriarcas.[23] Sin embargo, en la transformación del concepto mesiánico, el uso del término se restringió al redentor y restaurador de la nación judía.[24][25]

En el Nuevo Testamento, la palabra Cristo se utiliza como nombre común y como nombre propio. En las dos acepciones aparece con O bien sin artículo definido, en solitario O bien asociada a otros términos O nombres. Cuando se usa como nombre propio y, Muy frecuentemente, en los otros casos, designa a Jesús de Nazaret, el esperado Mesías de los judíos. De esta manera, para las confesiones cristianas, Jesucristo es el mesías, aquel que el Antiguo Testamento anunciaba que llegaría como plan de salvación de Dios para la humanidad. Otras religiones, sobre todo los musulmanes,[26] judíos ortodoxos, conservadores, y reformistas,[27] lo consideran solamente como un enorme profeta O bien predicador de su pueblo ―el pueblo judío― y el fundador de la religión cristiana, a quien sus seguidores consideran el hijo encarnado de Dios.

Cristo, el salvador[editar]

La palabra salvador, a su vez, era el título calificativo que los judíos aplicaban a sus sacerdotes, reyes, y profetas, En tanto que estos debían ser ungidos con aceites como una parte del rito que los consagraba a su labor. Los seguidores de Jesús de Nazaret, considerando que este era el Mesías prometido por las profecías mesiánicas de la Tanaj, le aplicaron este título a su líder, llamándole Cristo Jesús O el Salvador. A mediados del siglo II -unos 100 años después de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret—se les empezó a conocer por cristianos en Antioquía, Puesto que se decían seguidores del Cristo.

Conforme ciertas confesiones cristianas, como la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, la Iglesia anglicana O bien las principales iglesias protestantes, la Salvación es una venida de Dios. Sustentan este punto de vista en las palabras del Apóstol Pedro: «Por el contrario, creemos que tanto ellos como nosotros somos salvados por la gracia del Señor Jesús».[28] Esta gracia se obtiene Mediante la fe y el obrar cristiano, Según católicos y ortodoxos, O bien exclusivamente por la fe, Conforme los protestantes, Esto es, en creer O confiar que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Salvador y el Único Perdonador de pecados.

En la carta de Pablo a los romanos se explica lo que es la salvación,[29] Mas con más precisión en la carta del apóstol Pablo a los Efesios: «Cristo, con su muerte y su Resurrección, es quien elimina la deuda del pecado humano y vehicula en su persona esa gracia redentora».[30] Para el cristianismo la salvación está libre para todos y cada uno de los que creen y actúan en consecuencia.

La creencia cristiana afirma que Dios se manifestó a los hombres en la persona de Jesús de Nazaret (en hebreo: Yeshúa), siendo el Hijo de Dios hecho hombre y, En consecuencia, el Mesías anunciado por los profetas en las escrituras, y ansiosamente esperado por Israel. Escrituras.[31] De hecho, Jesús mismo afirmó ser el Cristo.[31] En el Evangelio de Juan, cuando Jesús habla con la mujer Samaritana, se registra el siguiente acontecimiento:

Le dice la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el Como se afirma el Cristo; cuando él viniere nos declarará Todas y cada una de las cosas.
Le dice Jesús: Yo Soy, el que hablo contigo.

A raíz de esto, se narra a los samaritanos diciendo: «nosotros mismos hemos oído, y sabemos que Realmente éste es el Salvador del Planeta, el Cristo.» (Juan 4:42)

En el Evangelio de Marcos Asimismo se narra a Jesús afirmando ser el Mesías, cuando los sacerdotes del templo estaban interrogándolo:

El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le afirmó: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?»
Y Jesús le dijo: «Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la Potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo».
Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: «¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia: ¿qué os semeja?» Y todos ellos le condenaron ser culpado de muerte.

El cristianismo brotó como una comunidad, la Iglesia, inspirada en las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Conforme san Lucas (en Hechos de los Apóstoles 11:26), los discípulos de Jesús fueron llamados «cristianos» por primera vez en Antioquía de Siria. La misión que los unía era la prédica de estas enseñanzas por todo el Mundo, prédica En un inicio llevada a cabo por sus discípulos directos, llamados apóstoles. Según los Evangelios, Dios preparó un pueblo, prefigurado en el pueblo de Israel, conducido por Moisés y los profetas y al que Cristo encabeza como jefe y salvador. Con este pueblo, Cristo realizaría una nueva alianza. El fin de este pacto es que todos conozcan a Dios Padre y a Jesucristo su Hijo y en Él tengan vida eterna (Conforme el Evangelio de Juan 3.16).

Conforme el cristianismo, Jesús de Nazaret es el Cristo (el Mesías), Hijo de Dios hecho hombre (Según el Evangelio de Mateo),[32] concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Después de la crucifixión, al tercer día resucitó y Más tarde subió al Cielo; y se espera su regreso al final de los tiempos en lo que lleva por nombre la «segunda venida de Cristo». El cristianismo explica que el sufrimiento de Jesús era necesario.[33] Frecuentemente se cree que el padecimiento de Jesús se desarrolló en la cruz, Realmente su padecimiento comenzó desde el huerto de Getsemaní.[34] En este pasaje se describe como Jesús lleno de angustia oraba intensamente, su sudor era como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Cristo en las diferentes denominaciones cristianas[editar]

La religión cristiana se inició en el seno del judaísmo como uno de tantos movimientos mesiánicos, centrado en la persona de Jesús de Nazaret. Sus seguidores extendieron su culto por todo el Mundo basándose en la idea de que Jesús había resucitado.

Los seguidores de Cristo en el Planeta actual no forman un conjunto único y uniforme, sino que se reúnen en distintas confesiones, como las iglesias católica, ortodoxa, anglicana, luterana, bautista, anabaptista, menonita, presbiteriana, metodista, mormona, etc. Y Todavía los hay que no reconocen un vínculo con algún conjunto.

La fe en Cristo de La mayor parte de estas comunidades puede sintetizarse en esta antiquísima profesión de fe:

Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santurrón. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, Fallecido y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allá va a venir a juzgar a vivos y muertos.

Existe un movimiento llamado ecumenismo, el cual trata de buscar la unidad de todos los seguidores de Cristo. A este respecto, Dentro de la Iglesia católica, el Concilio Vaticano II, en su decreto Unitatis redintegratio, ha expresado, refiriéndose a la división de los cristianos, «abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el Mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo».[35]

Ya antes de su realización, el papa Juan XXIII creó el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Esta llamada ha sido continuada por los papas siguientes.[n 2]

Cristo en el catolicismo[editar]

Para el catolicismo, Cristo es el Hijo de Dios hecho hombre para la salvación del género humano, y esa es la «Buena Nueva»: Dios ha enviado a su Hijo.[36] Hijo de Dios hecho hombre: para la Iglesia católica esto quiere decir que la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, se hizo hombre en el seno de María. Cristo, siendo una sola Persona divina, es perfecto Dios y perfecto hombre. Esta doctrina halla sus antecedentes en diferentes textos de la Sagrada Escritura, entre los que se puede citar:

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros…

Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»

…y los patriarcas; de los cuales También procede Cristo Conforme la carne, el Como está Por encima de Todas y cada una de las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.

El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. A fin de que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre.

…aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo…

Se han producido En la Iglesia católica distintos debates referidos a Cómo deben interpretarse estas afirmaciones. Su posición oficial ha quedado fijada en las decisiones de los diferentes Concilios:

El Primer Concilio de Nicea, en el año 325, el primer concilio ecuménico que la Iglesia católica pudo efectuar terminadas las persecuciones que padeció sus primeros trescientos años, profundizó los textos bíblicos citados, afirmando que Jesucristo es consustancial al Padre (de exactamente la misma sustancia que el Padre), Es decir, auténtico Dios.

El Primer Concilio de Constantinopla, en el año 381, continuó con la profundización de la doctrina, redactando el Credo Niceno-Constantinopolitano:

Creo en un Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre ya antes de todos y cada uno de los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios auténtico de Dios auténtico, engendrado, no creado, de exactamente la misma sustancia del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Beato se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, Según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y Nuevamente vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Los Concilios siguientes han continuado precisando la doctrina:

– El Concilio de Éfeso (año 431), definió que el Cristo histórico es al mismo tiempo auténtico Dios y verdadero hombre, y como consecuencia necesaria, María es madre de Dios.[37]

– El Concilio de Calcedonia (año 451), precisó y formuló la existencia de las 2 naturalezas divina y humana en la Persona única de Cristo.[38]

– En el Segundo Concilio de Constantinopla (año 553), quedó precisada la unión de las naturalezas divina y humana insistiendo en la unicidad de la Persona de Cristo.[39]

– El Tercer Concilio de Constantinopla (años 680-681), proclamó la existencia en Cristo de Dos voluntades, la humana y la divina.[40]

Estas precisiones han surgido como respuesta a distintas doctrinas que fueron apareciendo. Por servirnos de un ejemplo:

– El monarquianismo O adopcionismo: Jesús era un simple humano, elevado a una dignidad similar a la de Dios Entonces de su muerte.

– El apolinarismo: en Cristo el espíritu estaba sustituido por el Logos divino, con lo que implícitamente negaba la naturaleza humana completa del Redentor.

– El arrianismo: Jesús fue creado por Dios como el primer acto de la Creación, coronación gloriosa de toda la creación. Entonces, Jesús fue un ser creado con atributos divinos, Mas no divino en y por sí solo.

– El monofisismo O eutiquianismo: asevera que en Cristo Hay una sola naturaleza, la divina.

– El nestorianismo: afirmaba que en el Verbo existen 2 personas: la divina (Cristo, hijo de Dios) y la humana (Jesús, hijo de María). Por tanto, María no es Madre de Dios, es madre de Cristo.

– El monotelismo: afirmaba que en Cristo existían Dos naturalezas (como en el catolicismo), Pero Solo la voluntad divina.

En Todas ellas, la Iglesia ha visto en el fondo la negación de la redención, Pues creían que era necesario que Cristo fuera Dios, para poder redimir; que fuera hombre, para poder padecer; y que fuera una sola persona, para poder referir la divinidad y la humanidad «en concurrencia inefable y misteriosa en la unidad».[41]

Para la Iglesia católica, Cristo, en el Planeta actual, es «Lumen Gentium», «Luz de los pueblos».[42] Por este motivo san Juan Pablo II, en la homilía de comienzo de su pontificado, exclamaba: «¡No temáis! ¡Abrid, más Todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!».[43]

Más recientemente, el Papa Francisco ha expresado:

Jesús es Dios, Mas se ha abajado a pasear con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y De esta forma lo hemos acogido Hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis Nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano Jamás puede serlo.

Nacido de María Virgen[editar]

El Catecismo de la Iglesia católica destaca que «los Progenitores ven en la concepción virginal el signo de que es Realmente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra».[45]

La Iglesia católica resalta el papel de María en la concepción virginal de Cristo, en su relación de fe cara Él y en la redención por él obrada. Los Padres de la Iglesia abordaron la íntima unión de Cristo y María en la obra de la redención. Por poner un ejemplo:

Adán, en efecto, fue recapitulado en Cristo, A fin de que esto que es mortal fuera engullido en la inmortalidad, y Eva en María, A fin de que una virgen convertida en abogada de una virgen disolviese y anulase con su obediencia de virgen la desobediencia de una virgen.

Por un lado, la Iglesia católica sostiene que Dios ha preparado a María para tal misión, «en atención a los méritos de Cristo Jesús», preservándola del pecado original, en lo que se denomina su Inmaculada Concepción[46] y concediéndole multitud de gracias, las que ella misma reconoció diciendo: «Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas»[47] y a las que ella correspondió con absoluta fidelidad y entrega.[n 3]

Por otro, ha visto en el sí de María, al aceptar el ofrecimiento del ángel a ser madre de Jesús, el sí de la humanidad, que aceptaba Por medio de ella la salvación que traería Cristo.[n 4]

Por el hecho de ser madre de Cristo, que Conforme se ha visto la Iglesia católica enseña que es la segunda Persona de la Santísima Trinidad que se hizo hombre sin perder su condición divina, la Iglesia la llama Madre de Dios.[48]

Los evangelios detallan los hechos de la vida de Cristo más sobresalientes, No obstante, en los mismos no pasa desapercibida la discreta presencia de María: el Hijo de Dios se hace hombre Entonces de su consentimiento;[49] los pastores y los magos hallan al Niño Prometido junto a ella;[50] Cristo hace su primer milagro a su pedido;[51] está firme al pie de la Cruz, junto a su Hijo.[52] La Iglesia ha visto en las palabras de Jesús: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» y a Juan: «Hijo, ahí tienes a tu madre»[53] la entrega de María como madre de todos los cristianos, representados en la persona de Juan, Con lo que es llamada «Madre de la Iglesia».[54] Y ella, que «conservaba cuidadosamente Todas y cada una de las cosas en su corazón»,[55] perseveraba en la oración junto a la Iglesia naciente, Conforme cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles.[56] El Apocalipsis habla de una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza y que da a luz un hijo varón que derrotará al dragón infernal.[57]

En exactamente la misma promesa del Redentor, contenida en el libro del Génesis, se habla de una mujer, de la que nacería el vencedor de la víbora:

Voy a poner enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.

A este respecto comenta san Alfonso María de Ligorio: «ya desde el principio de la Humanidad, Dios predijo a la víbora infernal la victoria y el dominio que había de ejercer sobre él nuestra reina al anunciar que vendría al Planeta una mujer que lo vencería […] ¿Y quién fue esta mujer su enemiga sino más bien María, que con su preciosa humildad y vida santísima Siempre y en todo momento venció y abatió su poder? «En aquella mujer fue prometida la Madre de nuestro Señor Jesucristo», dice san Cipriano. Y Por eso argumenta que Dios no afirmó «pongo», sino «pondré», Para que no se pensara que se refería a Eva».[58]

San Agustín, comentando el pasaje donde una mujer le dice a Jesús: «dichoso el vientre que te llevó» y el Señor contestó: «mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen»,[59] afirma que esto significa que María, no solamente escuchó la palabra y la cumplió[60] sino es más feliz por haber concebido a Cristo en su psique A través de la fe, que por haberlo llevado en su seno.[61] Mediante ella, exactamente la misma «Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros».[62]

Por esta elección de Dios y su correspondencia por una parte de María, ha visto la Iglesia en ella un modelo de perfecta cristiana, y un camino para llegar a Cristo. [n 5] [n 6] [n 7]

Cristo y la Iglesia[editar]

En el Evangelio de Mateo, Jesús habla de «su Iglesia».[63] La palabra «iglesia» viene del griego ecclesia, que significa ‘asamblea’. San Pablo de Tarso dice que la iglesia es el cuerpo de Cristo.[64]

La Iglesia católica asevera ser ella la iglesia fundada por Cristo,[65] exhibiendo entre otros argumentos, la sucesión apostólica: todos los obispos católicos han sido ordenados por otro obispo, y De esta forma, remontándose cara atrás, se va a llegar a uno de los apóstoles elegidos por Cristo. Afirma De este modo san Ireneo de Lyon:

Pero la tradición de los apóstoles está bien patente en el mundo entero y pueden contemplarla todos los que quieran contemplar la verdad. En efecto, podemos enumerar a los que fueron instituidos por los apóstoles como obispos sucesores suyos hasta nosotros.

Conforme la Iglesia, solo en ella puede encontrarse la plenitud total de los medios de salvación dados por Cristo.[66] No obstante, ella misma enseña que fuera de sus límites visibles, Existen muchos elementos de santificación y De veras.[67]

Cristo y el papa[editar]

Según el catolicismo, Dentro de la sucesión apostólica que concierne a todos y cada uno de los obispos, está la del Obispo de la ciudad de Roma, el papa, sucesor de san Pedro hasta nuestros días. (Véase Lista de papas). La Iglesia católica afirma que Cristo constituyó jefe de su Iglesia a San Pedro y en él a sus sucesores:

Enseñamos, Pues, y declaramos que, Según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor. Por el hecho de que solo a Simón —a quien ya ya antes había dicho: Tú te llamarás Cefas [Ioh. 1, 42]—, tras pronunciar su confesión: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, se dirigió el Señor con estas solemnes palabras: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, Porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino más bien mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del averno no prevalecerán contra ella, y a ti te voy a dar las llaves del reino de los cielos; y cuanto atares sobre la tierra, Va a ser atado También en los cielos; y cuanto desataras sobre la tierra, Va a ser desatado También en el cielo [Mt. 16, 16 ss]. [Contra Richer, etc.; v. 1503]. Y solo a Simón Pedro confirió Jesús después de su resurrección la jurisdicción de pastor y rector supremo sobre todo su rebaño, diciendo: «Apacienta a mis corderos». «Apacienta a mis ovejas» [Jn. 21, quince ss].

La Iglesia enseña que el papa es el «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles».[69] Por esto, san Ambrosio de Milán pudo decir: «allí donde está Pedro, allí está la Iglesia».[70]

Con referencia a esto, continúa san Ireneo de Lyon en la cita que se transcribió en la sección referida a Cristo y la Iglesia:

Sería muy largo en un escrito como el presente enumerar la lista sucesoria de Todas y cada una de las Iglesias. Por ello indicaremos De qué forma la mayor de ellas, la más antigua y la más conocida de Todas, la Iglesia que en Roma fundaron y establecieron los 2 gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo, tiene una tradición que arranca de los apóstoles y llega hasta nosotros, en la predicación de la fe a los hombres (cf. Rom. 1, 8), Mediante la sucesión de los obispos. […] En efecto, con esta Iglesia (de la ciudad de Roma), a causa de la mayor autoridad de su origen, tiene que estar necesariamente de acuerdo toda otra Iglesia, Esto es, los fieles de Todas partes; en ella Siempre y en todo momento se ha conservado por todos los que vienen de Todas y cada una partes aquella tradición que arranca de los apóstoles.

Y san Cipriano de Cartago:

El Señor habla a san Pedro y le dice: «Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». Y Aunque a todos los apóstoles confiere igual potestad después de su resurrección y les dice: «Así como me envió el Padre, Asimismo os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Beato. Si a alguno perdonareis los pecados, le van a ser perdonados; si alguno se los retuviereis, le van a ser retenidos», No obstante, para manifestar la unidad estableció una cátedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los demás Apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad, Mas el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, Para que se manifieste que es una la Iglesia de Cristo.

La Palabra de Cristo y su interpretación en la Iglesia católica[editar]

Para la Iglesia, las enseñanzas de Dios están contenidas en la Biblia y en la transmisión oral de la predicación de los apóstoles, llamada Tradición Apostólica. A su vez, estas enseñanzas han llegado a los hombres de todos y cada uno de los tiempos a través del Magisterio de la Iglesia, ejercido por los obispos, sucesores de los apóstoles, en comunión con el sucesor de San Pedro, el Papa.

La interpretación de la Palabra en la Iglesia católica no es libre. Tratándose de la Sagrada Escritura, Por ejemplo, la Iglesia enseña que debe hacerse “estando atentos a los que los autores humanos quisieron Realmente afirmar y a lo que de Dios quiso manifestarnos A través de sus palabras”.[71]

Esta interpretación es realizada por la Iglesia, “columna y fundamento de la verdad”, como afirma San Pablo.[72] Y fue ejercida desde el comienzo, por los mismos apóstoles: “El Espíritu Beato, y nosotros mismos, hemos decidido…”.[73]

La Iglesia primitiva no tenía Nuevo Testamento. Exactamente la misma inclusión de los libros sagrados en el canon bíblico, ha sido un acto del Magisterio eclesiástico.[n 8] El resto de las confesiones cristianas han heredado la Biblia (el Nuevo Testamento Al menos) tal como quedó fijado por la Iglesia católica.

Ya desde el comienzo del cristianismo, brotaron opiniones divididas respecto a las enseñanzas transmitidas por Jesucristo. Por poner un ejemplo el apóstol san Juan dice, refiriéndose a los disidentes: «ellos salieron de entre nosotros, No obstante, no eran de los nuestros».[74]

La Iglesia entiende que Dios, al Revelar su palabra A través de Cristo, constituyó al mismo tiempo una autoridad presente en todos y cada uno de los tiempos, encargada de interpretarla sin equivocarse, a fin de sostener “la pureza de la fe transmitida por los apóstoles”, de otra forma no habría modo de saber sin que quede sitio a dudas cuál es la interpretación correcta. Esta capacidad de la Iglesia de interpretar sin equivocarse la palabra de Cristo, la Iglesia la llama “infalibilidad”, y ella entiende que la ha recibido de Cristo, conjuntamente con la misión de difundir su palabra.[75]

El Romano Pontífice, Cabeza del Instituto episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Profesor supremo de todos y cada uno de los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y Moral… La infalibilidad prometida a la Iglesia radica También en el Cuerpo episcopal cuando ejercita el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un Concilio ecuménico (LG 25; cf. Vaticano I: DS 3074).

La gracia de Cristo en los sacramentos[editar]

Ciertos párrafos del Catecismo de la Iglesia católica donde se explica la doctrina Sobre los sacramentos:

Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos A través de los cuales el Espíritu Beato distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo.

Sentado a la derecha del Padre y derramando el Espíritu Santurrón sobre su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa ahora Por medio de los sacramentos, instituidos por él para comunicar su gracia. Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual. Realizan eficazmente la gracia que significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu Santo.

Hay en la Iglesia siete sacramentos: bautismo, confirmación O bien crismación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio (cf. DS 860; 1310; 1601).

Adheridos a la doctrina de las Santas Escrituras, a las tradiciones apostólicas y al sentimiento unánime de los Padres, profesamos que los sacramentos de la nueva Ley fueron todos instituidos por nuestro Señor Jesucristo (DS 1600-1601).

La eucaristía como actualización del sacrificio de Cristo[editar]

Singular mención merece la eucaristía. La Iglesia católica cree que la eucaristía O Santa Misa fue instituida por Cristo cuando en la Última Cena dijo: «Tomad y comed: esto es mi cuerpo», «Tomad y bebed, esto es mi sangre», «haced esto en conmemoración mía».[76] Ella cree que En cada eucaristía se hace presente (“se re-presenta”) el sacrificio que Cristo hizo en la cruz de una vez para siempre, se perpetúa su recuerdo Mediante los siglos y se aplica su fruto.[77] Y que el sacrificio de la cruz y el sacrificio de la eucaristía son un único sacrificio, En tanto que tanto en uno como en otro, Cristo es el sacerdote que ofrece el sacrificio y la víctima que es ofrecida. Se diferencian Solo en la manera en que se ofrece el sacrificio. En la cruz Cristo lo ofreció en forma cruenta, y por sí solo, y en la Misa en forma incruenta y por ministerio de los sacerdotes.[78] Por esto san Juan Pablo II pudo decir que en la eucaristía “está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No Sólo lo evoca sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos”.[79]

La eucaristía como presencia real de Cristo en el Mundo[editar]

La Iglesia cree que Cristo mismo está presente en la eucaristía. Esta presencia no la entiende como la que se da en una efigie, imagen, símbolo O bien recordatorio, sino ella cree que está Él en persona, vivo y entero, con su cuerpo, sangre, ánima y divinidad, de una forma “verdadera, real y sustancial”.[80]

Por esto san Juan Crisóstomo pudo decir: «Cuánta gente afirma Hoy: ‘Querría ver a Cristo en persona, su cara, sus vestidos, sus zapatos’. ¡Pues bien, en la eucaristía es a él al que vés, al que tocas, al que recibes! Deseabas ver sus vestidos; y es él mismo el que se te da no Sólo para verle, sino para tocarlo, comerlo, acogerlo en tu corazón».[81]

Y san Juan Pablo II: «La Iglesia ha recibido la eucaristía de Cristo, su Señor, no Sólo como un don entre otros muchos, Aunque sean muy valiosos, sino como el don por excelencia, Por el hecho de que es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, Además de esto, de su obra de salvación».[82]

La Iglesia entiende que la eucaristía se destaca del resto de los sacramentos Puesto que Mientras que ellos tienen la misión de santificar, en la eucaristía se halla el autor mismo de la santidad.[83] Por ello es llamada “Santísimo Sacramento del Altar”, “Santísimo Sacramento”, O bien sencillamente “Santísimo”.

Cristo ha prometido la vida eterna a quienes lo reciben en este Sacramento:

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Por el hecho de que mi carne es la auténtica comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

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Orden de Cristo
Cristo Redentor
Cristo Rey
Anexo:Advocaciones cristíferas
Intercesión de Cristo
Montecristo

↑ Cabe mencionar que hay 2 referencias en la Biblia que refieren una idea física de Jesucristo, Mas sin descripciones concretas. En Isaías 53:Dos se menciona que del Mesías enviado: «… no hay parecer en él, ni hermosura. Le veremos, Pero sin atractivo A fin de que le deseemos». En el libro de Apocalipsis, Juan escribe haber recibido una revelación celestial en la que se mencionan breves aspectos físicos de «el Hijo del Hombre»: «… su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al bronce bruñido, ardientes como en un horno […] de su boca salía una espada aguda de 2 filos. Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza» (Apocalipsis 1:13-16)
↑ Por poner un ejemplo, el papa Juan Pablo II, Ut unum sint, veinticinco de mayo de 1995.
↑ Por ejemplo, Constitución Dogmática Lumen Gentium, promulgada veintiuno de noviembre de 1964, capítulo 8, La Santísima Virgen María, madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la iglesia.
↑ Por poner un ejemplo san Bernardo de Claraval (doctor de la Iglesia), llamado Asimismo Doctor Mariano, f. 1153; «Homilías sobre las excelencias de la Virgen Madre», Homilía 4, 8-9: Ópera omnia, edición cisterciense, 4, año 1966, págs. 53-54.
↑ Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra Alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. ¡Amén! (san Efren de Siria, Padre y Doctor de la Iglesia, f. 373; títulos de la Virgen Santísima)
↑ Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez y lo Será Asimismo cuando venga la segunda, Aunque de modo diferente. (…). Ella es el medio seguro y el camino directo Y también inmaculado para ir a Jesucristo y hallarlo de manera perfecta. (san Luis María Grignion de Montfort, f. 1716; Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen)
↑ Todo en honor de Jesús, Pero Por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús (…) Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y Así los llevaremos más fácilmente hacia Jesucristo. (san Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas, f. 1840)
↑ El III Concilio de Cartago, en el año trescientos noventa y siete en el norte de África, confirmó el canon con cuarenta y seis libros para el Antiguo Testamento y fijó el canon del Nuevo Testamento con veintisiete libros. La carta del Papa S. Inocencio I en el 405, Asimismo oficialmente lista estos libros. Finalmente, el concilio de Florencia (1442) definitivamente estableció la lista oficial de cuarenta y seis libros del A.T. y los 27 del N.T
Referencias[editar]

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↑ Lc 11, 27-28
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↑ Romanos 12:5; 1Corintios 12:12-16; Efesios 5:Treinta
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↑ Concilio Vaticano II, Constitución dogmática «Lumen gentium», promulgada el 21 de noviembre de 1964, capítulo 3, «Constiución jerárquica de la Iglesia y particularmente del episcopado», n.º 22.
↑ Ambrosio, Commentaries on Twelve of David’s Psalms, 40, 30; Jurgens, II, 150.
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↑ 1Timoteo 3:Quince
↑ Hechos 15:28
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↑ Cf. Catecismo de la Iglesia católica, 85, 889
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↑ Concilio de Trento, Denzinger 1740; Catecismo de la Iglesia católica, 1366
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↑ beato Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia #11; Concilio Vaticano II, Constitución del Sacrosantum Concilium sobre la sagrada liturgia nº 47
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↑ San Juan Crisóstomo (v. 345-407), sacerdote en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia, Homilía sobre el evangelio de Mateo, n° 82; PG 58, 743.
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Bibliografía[editar]

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Sanz, C. (1979). Jesucristo. Valencia, España: Depósito de Literatura.
Wallis, A. (1968). ¿Quién es Jesús de Nazaret?. Madrid, España: CLC.

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