¡Qué preciosos son los pensamientos del Señor sobre ti!

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LA CREACIÓN es la práctica sagrada de nuestro Dios amoroso. Ama lo que y a quién crea. Y Dios nos ama tanto que nos dio la capacidad de crear, porque nosotros y somos creados a su imagen.

Piensa en lo importante que son esas cosas que creamos. Piensa en esos hijos que Dios nos da; Sus creaciones las pone a nuestro cuidado incluso cuando las creamos.

Esto es algo que muchos padres de todo el mundo entienden. Considere cuán asombroso se transmite el amor en estas palabras. Piensa en el hecho de que nosotros somos muy inestimables para Dios, que se describe en estas palabras.

Qué valioso para mí y qué increíble,

son tus pensamientos acerca de mí, Dios!

¡Qué vasta es la suma de ellos!

– Salmo 139: 17 (NIV amplificado)

Aquí hay una meditación personal que escribí basada en el verso anterior:

El agradecimiento tiene su abundancia en mí mientras reflexiono sobre lo precioso que soy para ti, Dios. Tus pensamientos sobre mí están más allá de mi comprensión: la intensidad y el tipo de tu amor por mí. Sin embargo, me amas sin un amor mejor que el que tienes por tu amor. cualquier otra persona que hayas creado o crearás. Tu amor abruma nuestro entendimiento común. Nosotros somos rápidos para juzgarnos a nosotros mismos y a los demás. Tú eres rápido en derramar compasión sobre nosotros. No pensamos cómo maravillosamente hecho estamos. ¡Dices, solo mira la evidencia! Nosotros somos divisivos y exclusivos y indiferente y ambivalente. Crea obras maestras capaces de diversidad, inclusión, pasión y reconciliación. Nosotros re corrupto, sin embargo, estás haciendo un ¡Todas las cosas nuevas! – a través de mí, a través de otros que te aman.

Si tan solo tuviéramos la más remota idea de cómo Dios nos reflexiona. Si tan solo meditáramos más a menudo sobre las promesas de Dios en la Biblia. Si tan solo pudiéramos comprender realmente lo intrínsecamente valiosos que somos para Dios.

Cuanto más entendemos la profundidad del amor insondable de Dios cuanto más nos # / 39; nos vemos obligados a elevarnos en un deleite altísimo

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