Resurrección De Jesús

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La resurrección de Jesús es el hecho religioso cristiano Conforme el Como, después de haber sido condenado a muerte, Jesús fue resucitado de entre los muertos. Es el principio central de la teología cristiana y forma parte del Credo de Nicea: «Al tercer día resucitó, de conformidad con las Escrituras».[1]

En el Nuevo Testamento, después de que los romanos crucificaron a Jesús, él fue ungido y enterrado en una tumba nueva por José de Arimatea, Pero Dios lo resucitó de entre los muertos[2] y se apareció a muchas personas en un lapso de cuarenta días ya antes de ascender al cielo, para sentarse a la diestra de Dios.[3]

Pablo de Tarso señaló que «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, de conformidad con las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Corintios 15:3-4). El capítulo afirma que tal creencia, tanto en la muerte y la resurrección de Cristo, es de vital importancia para la fe cristiana: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es También vuestra fe […] y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; Aún estáis en vuestros pecados. Entonces También los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos y cada uno de los hombres» (1 Corintios 15:14, 17-19).[4]

Los cristianos celebran la resurrección de Jesús el domingo de Pascua, dos días tras el Viernes Santurrón, el día de su crucifixión. La fecha de la Pascua se corresponde aproximadamente con el Pésaj, la observancia judía asociada con el Éxodo, que está fijado para la noche de la luna llena cerca del tiempo del equinoccio de primavera.[5]

1 Armonía de los Evangelios 1.1 Entierro
1.Dos El descubrimiento de la tumba
1.Ojeada Las apariciones de Jesús resucitado

2.1 Fondo
2.Dos Las epístolas de Pablo
2.Lección Las narrativas evangélicas 2.3.1 Evangelio de Marcos
2.3.Dos Evangelio de Mateo
2.3.Recitación Evangelio de Lucas
2.3.Cuatro Evangelio de Juan

3.1 Como acontecimiento histórico
3.Dos Como metáfora
3.Repaso Dudas de la historicidad y otras interpretaciones

4.1 Evangelios apócrifos
4.Dos El Libro de Mormón
4.Lectura Otras apariciones

5.1 Resurrección y redención

8.1 Gnósticos
8.2 Judaísmo
8.3 Islam
8.Cuatro Bahaísmo

9.1 Simbolismo paleocristiano
9.2 Tema pictórico y escultórico

Armonía de los Evangelios[editar]

En el Nuevo Testamento, los cuatro evangelios concluyen con una narrativa extensa del arresto de Jesús, su juicio, su crucifixión, su sepultura y su resurrección. En Cada uno de ellos de estos 5 eventos evangélicos en la vida de Jesús son tratados con más intensos detalles que cualquier otra parte de la narrativa de Evangelio. Los estudiosos señalan que el lector recibe prácticamente un relato de hora a hora de lo que está sucediendo. La muerte y la resurrección de Jesús pasan a considerarse como el clímax de la historia, el punto en el Como todo se ha ido dirigiendo A lo largo de todo el tiempo.[6]

Después de su muerte por crucifixión, Jesús fue colocado en una tumba nueva que fue descubierta vacía en la madrugada del domingo. El Nuevo Testamento no incluye un relato del «momento de la resurrección». En los iconos de la Iglesia oriental no se representa ese instante, Mas muestran a las miróforas y representan escenas de la salvación.[7][8] Los principales apariciones de Jesús resucitado en los evangelios canónicos (y, en menor medida, en otros libros del Nuevo Testamento) son reportadas como ocurridas tras su muerte, sepultura y resurrección, Mas antes de su ascensión.[9]

Entierro[editar]

Los evangelios sinópticos coinciden en que, A medida que la noche se acercaba tras la crucifixión, José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús y, después de que Pilato concedió su petición, lo envolvió en una sábana y lo pusieron en una tumba.[10] Esto estaba Conforme con la ley mosaica, que establece que no debe permitirse que una persona colgada en un madero permaneciera allí por la noche, sino que debía ser enterrada antes del ocaso.[11]

En Mateo, José es identificado como un hombre «que También había sido discípulo de Jesús» (Mateo 27:57-61); en Marcos, como un «miembro noble del concilio (Sanedrín), que También aguardaba el reino de Dios» (Marcos 15:42-47); en Lucas, como «miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que Asimismo esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el pacto ni en los hechos de ellos» (Lucas 23:50-56); y en Juan, como «discípulo de Jesús» (Juan 19:38-42).

El Evangelio de Marcos afirma que cuando José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús, Pilato se sorprendió que Jesús ya estuviese Muerto, y él llamó al centurión para confirmar esto antes de dar el cuerpo a José. En el Evangelio de Juan, se hace constar que José de Arimatea fue asistido en el proceso de enterramiento por Nicodemo, quien llevó una mezcla de mirra y áloe Y también incluyó estas especias en la ropa de entierro por las costumbres judías (Juan 19:38-42).

El descubrimiento de la tumba[editar]

Aunque ningún Evangelio da un registro inclusivo O definitivo de la resurrección de Jesús O bien sus apariciones, hay cuatro puntos en los que convergen los cuatro evangelios:[12]

1. Resaltar el removimiento de la piedra que estaba cerrando la tumba.
2. La vinculación de la tradición de la tumba vacía y la visita de las mujeres con «el primer día de la semana».
3. Que el resucitado Jesús eligió primero aparecerse a las mujeres (O a una mujer) y encargarle a ellas (ella) proclamar este hecho tan importante a los discípulos, incluyendo a Pedro y los otros apóstoles.
4. La prominencia de María Magdalena.[7][13]

Las variantes tienen que ver con el instante preciso en el que las mujeres visitaron la tumba; el número y la identidad de las mujeres; el propósito de su visita; la aparición del (los) mensajero(s), ángeles O bien humanos; su mensaje a las mujeres; y la respuesta de las mujeres.[7]

Los 4 evangelios reportan que las mujeres fueron las primeras en localizar la tumba vacía de Jesús, Si bien el número cambia de uno (María Magdalena) a un número no especificado. De acuerdo con Marcos y Lucas, el anuncio de la resurrección de Jesús fue hecho por primera vez a las mujeres. Conforme con Marcos y Juan, Jesús Verdaderamente se apareció por primera vez (en Marcos 16:9 y Juan 20:14) solo a María Magdalena.[7] En palabras de Stagg: «Mientras que otros hallaban a la mujer como no cualificada O autorizado para enseñar, los cuatro Evangelios muestran que el Cristo resucitado encargó a las mujeres anunciar a los hombres, entre ellos a Pedro y el resto apóstoles, la resurrección, el fundamento del cristianismo».[7]

En los evangelios, En especial los sinópticos, las mujeres desempeñan un papel central como testigos de la muerte de Jesús, su sepultura, y en el descubrimiento de la tumba vacía.[14] Los tres sinópticos en repetidas ocasiones hablan de las mujeres junto con el verbo «ver», presentándolas meridianamente como testigos oculares.[14][15][16]

Las apariciones de Jesús resucitado[editar]

Tras descubrirse la tumba vacía, los evangelios indican que Jesús hizo una serie de apariciones a los discípulos. Él no era reconocible de inmediato, Conforme Lucas.[17] Y también. P. Sanders llegó a la conclusión de que Pese a que podría aparecer y desaparecer, él no era un fantasma. Lucas es muy insistente en que, en palabras de Sanders, «el Señor resucitado podía ser tocado, y podía comer» (cf. Lucas 24:39-43). Él primero se apareció a María Magdalena, Pero ella no lo reconoció al comienzo. Los Dos primeros discípulos a los que se apareció, caminaron y hablaron con él Durante bastante tiempo sin saber quién era (el camino de la aparición de Emaús, Lucas 24:13-32). Él se dio a conocer «al partir el pan» (Lucas 24:35). Cuando se apareció por primera vez a los discípulos en el Cenáculo, Tomás no estaba presente y no quiso opinar hasta una aparición siguiente, donde fue invitado a poner su dedo en los agujeros en las manos y el costado de Jesús (Juan 20:24-29). Junto al mar de Galilea animó a Pedro a servir a sus seguidores (Juan 21:1-23). Su última aparición sucede como cuarenta días después de la resurrección, cuando fue «recibido arriba» en el cielo (Lucas 24:44-53, Hechos 1:1-4), y se sentó a la diestra de Dios (Marcos 16:19, Colosenses 3:1).

En un instante posterior, en el camino a Damasco, Saulo de Tarso, entonces el mayor perseguidor de los primeros discípulos, se convirtió al cristianismo después de tener una extraordinaria visión y percibir a Jesús, lo que lo dejó ciego Durante 3 días (Hechos 9:1-20). Saulo Más tarde sería conocido como el apóstol Pablo (Hechos 13:6),[18] uno de los misioneros y teólogos más importantes del cristianismo.[19]

Los registros bíblicos[editar]

Fondo[editar]

La historia de la resurrección aparece en más de 5 lugares en la Biblia. En varios episodios en los cuatro Evangelios, Jesús anuncia su subsiguiente muerte y resurrección, que él afirma es el plan de Dios Padre.[20] Los cristianos consideran a la resurrección de Jesús como parte del plan de la salvación y la redención Mediante la expiación del pecado del hombre.[21] La creencia en una resurrección corporal de los muertos llegó a ser bien establecida En ciertos sectores de la sociedad judía en los siglos previos a la temporada de Cristo, Conforme lo registrado por Daniel 12:2, de mediados del siglo II a. C.: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua». Josefo, en el siglo I, da la siguiente generalización: «Los fariseos creen en la resurrección de los muertos, y los saduceos no».[22] Los saduceos, líderes religiosos políticamente poderosos, rechazaron la otra vida, los ángeles y los demonios, así como ley oral de los fariseos. Los fariseos, cuyos puntos de vista se convirtieron en el judaísmo rabínico, finalmente ganaron (O Por lo menos sobrevivieron) este debate. La promesa de una futura resurrección aparece en la Torá, Como en ciertas obras judías, como La vida de Adán y Eva (c. Cien a. C.) y en el libro farisaico de 2 Macabeos (c. Ciento veinticuatro a. C.).[23]

No obstante, el judaísmo del siglo I no tenía la concepción de un solo individuo resucitado de entre los muertos como núcleo de la historia. El concepto judío histórico de la resurrección fue el de la redención de todo el pueblo.[24] Su concepto fue Siempre que todos serían resucitados juntos al final de los tiempos. Con lo que la idea de una resurrección individual como centro de la historia era ajena a ellos.[25]

Las epístolas de Pablo[editar]

Los registros más antiguos escritos de la muerte y resurrección de Jesús son las epístolas de Pablo, que fueron escritas alrededor de 2 décadas después de la muerte de Jesús, y muestran lo que los cristianos creían que había sucedido Dentro de este marco de tiempo. Los estudiosos consideran que estos contienen primitivos credos e himnos de credos cristianos, que fueron incluidos en múltiples de los textos del Nuevo Testamento, y que ciertos de estos credos datan de menos de 50 años (e inclusive en los Dos primeros años) de la muerte de Jesús y se desarrollaron En la comunidad apostólica de Jerusalén. Si bien son parte intrínseca de los textos del Nuevo Testamento, estos credos son una fuente distinta para los primeros cristianos.

Romanos 1:3-4: «[…] Sobre su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David Según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, Según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos».
Dos Timoteo 2:8: «Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el Como sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; Pero la palabra de Dios no está presa».
1 Corintios 15:3-4: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».

Estas incluyen las muchas apariciones de miembros destacados de la actividad de Jesús y la siguiente iglesia de Jerusalén, incluyendo a Jacobo, el hermano de Jesús y los apóstoles, nombrando al apóstol Pedro (Cefas). El credo Asimismo hace referencia a las apariciones a individuos no identificados. Según los Hechos de los Apóstoles y la epístola de Pablo a los gálatas, él conoció a Por lo menos 2 de los testigos nombrados en el credo, Jacobo y Pedro (Gálatas 1:18-20). Hans Von Campenhausen y A. M. Hunter han señalado por separado que el texto del credo supera los más altos estándares de historicidad y fiabilidad de origen.

Las narrativas evangélicas[editar]

Evangelio de Marcos[editar]

Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?

1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Lectura Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Cuatro Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está Aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Siete Mas id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os afirmó. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, Por el hecho de que les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, Por el hecho de que tenían miedo. Nueve Habiendo, Puesto que, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

Evangelio de Mateo[editar]

1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Dos Y hubo un enorme terremoto; Por el hecho de que un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Repaso Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Pero el ángel, respondiendo, afirmó a las mujeres: No temáis vosotras; Por el hecho de que yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está Aquí, Puesto que ha resucitado, como afirmó. Venid, ved el sitio donde fue puesto el Señor. Siete E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he Acá va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He Acá, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y Mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, nueve he Aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, A fin de que vayan a Galilea, y allí me verán.

Evangelio de Lucas[editar]

1 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Dos Y hallaron removida la piedra del sepulcro; Recitación y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Cuatro Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he Aquí se pararon junto a ellas 2 varones con vestiduras resplandecientes; Cinco y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Seis No está Acá, sino ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando Aún estaba en Galilea, 7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Ocho Entonces ellas se acordaron de sus palabras, nueve y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de Todas estas cosas a los once, y a todos el resto. Diez Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Once Pero a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Doce Mas levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Evangelio de Juan[editar]

1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo Aún obscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Dos Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Ojeada Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4 Corrían los 2 juntos; Pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, Mas no entró. Seis Entonces llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allá, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Ocho Entonces entró También el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. 9 Porque Aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos. 11 Mas María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y Mientras que lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a 2 ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Trece Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Pues se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allá; Pero no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le afirmó: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Dieciseis Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le afirmó: ¡Raboni! (que quiere decir, Profesor). 17 Jesús le afirmó: No me toques, Porque Aún no he subido a mi Padre; Pero ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

Comparación de las narrativas de los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles[editar]

Historicidad y origen de la narrativa[editar]

Como acontecimiento histórico[editar]

El estudioso del Nuevo Testamento y teólogo Y también. P. Sanders sostiene que un complot concertado para fomentar la creencia en la resurrección probablemente habría dado lugar a una historia más coherente, y que algunos de los que participaron en los acontecimientos dieron sus vidas por sus opiniones. Sanders ofrece su hipótesis, afirmando que: «parece haber sido una competición: ‹Yo lo vi›, ‹yo también›, ‹las mujeres lo vieron primero›, ‹no, yo lo hice; ellos no lo vieron en absoluto›, y De esta manera sucesivamente». En la defensa de la historicidad de la resurrección, Sanders va Todavía más allí: «Que los seguidores de Jesús (y Después Pablo) tuvieron experiencias de resurrección es, a mi juicio, un hecho. Lo que Realmente dio origen a las experiencias es una cosa que desconozco».

James D. G. Dunn escribe que, Al tiempo que la experiencia de la resurrección del apóstol Pablo era «de carácter visionario» y «ni material ni físico», los relatos en los Evangelios son muy diferentes. Sostiene que «el ‹realismo masivo› de las apariciones [de los Evangelios] Solo pueden ser descritas como visionarias con grandes dificultades – y ciertamente rechazar la descripción de Lucas no es apropiado» y que la primera concepción de la resurrección en la comunidad cristiana de Jerusalén era física. Por el contrario, Helmut Koester escribe que los relatos de la resurrección fueron originalmente epifanías en las que los discípulos estaban llamados a un ministerio de un Jesús resucitado, y se interpretaron como prueba física del acontecimiento a la etapa secundaria. Sostiene que los relatos más detallados de la resurrección Asimismo son secundarios y no proceden de fuentes históricamente confiables, en lugar de pertenecer al género de tipo narrativo.

N. T. Wright argumenta que el relato de la tumba vacía y las experiencias visionarias apuntan hacia la realidad histórica de la resurrección. Él sugiere que las múltiples líneas de evidencia del Nuevo Testamento y las opiniones de los primeros cristianos reflejadas demuestran que sería muy poco probable que la creencia en la tumba vacía sencillamente apareciera sin una base clara en la memoria de los primeros cristianos. A la par de las ciertamente históricas experiencias visionarias de los primeros discípulos y apóstoles, la resurrección de Jesús como una realidad histórica se convierte en mucho más plausible. Wright trata la resurrección como un acontecimiento histórico y accesible, en lugar de como un evento «sobrenatural» O bien «metafísico».

Como metáfora[editar]

En su libro The First Coming: How the Kingdom of God Became Christianity (La Primera Venida: Cómo el Reino de Dios se convirtió en el cristianismo), Thomas Sheehan afirma que Incluso el relato de Pablo de la resurrección no está destinado a ser tomado como una referencia a un levantamiento de la tumba literal O físico, y que las historias de una resurrección corporal no aparecieron hasta mucho después, tanto como la mitad de un siglo después de la crucifixión. En cambio, Sheehan cree que el entendimiento de Pablo (y Quizás Pedro) de la resurrección era metafísico, Como las historias de la figurativa resurrección de Cristo, reflejando su triunfante «entrada a la presencia escatológica de Dios», y que la referencia de Pablo a Cristo resucitando «al tercer día» (1 Corintios 15:4) «no es una designación cronológica, sino más bien un símbolo apocalíptico para el escatológico acto salvífico de Dios, que estrictamente hablando no tiene fecha en la historia. De esta forma, el ‹tercer día› no se refiere al domingo 9 de abril de 30 d. C., O bien para cualquier otro momento en el tiempo. Y en cuanto al ‹lugar› donde se produjo la resurrección, la fórmula en 1 Corintios no afirma que Jesús resucitó de la tumba, como si el levantamiento fuera una resurrección física y, Por lo tanto, temporal. Sin estar comprometido con ningún física sobrenatural de la resurrección, la frase ‹que resucitó al tercer día› simplemente expresa la creencia de que Jesús fue rescatado de la fortuna de ausencia absoluta de Dios (la muerte) y fue admitido a la presencia salvadora de Dios (el futuro escatológico)».

Dudas de la historicidad y otras interpretaciones[editar]

Peter Kirby, el fundador de EarlyChristianWritings.com, asevera que «muchos estudiosos dudan de la historicidad de la tumba vacía».[nota 1] Conforme con Robert M. Price, «[a] los apologistas [cristianos] les encanta hacer la aseveración que […] la resurrección de Jesús es el mejor acontecimiento atestiguado en la historia», Mas «los argumentos probabilísticos» muestran que «la resurrección es cualquier cosa menos un caso evidente». Robert Greg Cavin, Maestro de Filosofía y Estudios Religiosos en el Cypress College, afirma que: «nuestras únicas fuentes de las posibles pruebas, las tradiciones de Pascua neotestamentarias, están muy lejos de proporcionar el tipo de información necesaria para establecer la hipótesis de la resurrección».[nota 2]

El erudito bíblico Geza Vermes examina este tema en su libro, The Resurrection (La Resurrección). Llega a la conclusión de que hay ocho posibles teorías para explicar la resurrección de Jesús. Vermes expone sus acotaciones de la siguiente manera:

Ellos alisan las asperezas y se abstienen de hacer preguntas tediosas.

He omitido los Dos extremos que no son susceptibles de juicio racional, la fe ciega del creyente fundamentalista y el rechazo del incrédulo empedernido fuera de alcance. Los fundamentalistas aceptan la historia, no como está escrita en los textos del Nuevo Testamento, sino más bien reformada, transmitida Y también interpretada por la tradición de la Iglesia. Ellos alisan las asperezas y se abstienen de hacer preguntas tediosas. Los no fieles, a su vez, tratan a toda la historia de la Resurrección como el producto de la imaginación de los primeros cristianos. La mayor parte de los investigadores con un conocimiento superficial de historia de las religiones se encontrarán entre estos Dos polos.

A partir de su análisis, Vermes presenta los 6 restantes posibilidades para explicar el relato de la resurrección de Jesús: (1) «El cuerpo fue retirado por alguien ajeno a Jesús», (2) «el cuerpo de Jesús fue robado por sus discípulos», (3) «la tumba vacía no era la tumba de Jesús», (4) «Enterrado vivo, Jesús Después salió de la tumba», (5) «Jesús se recuperó de un coma y se fue de Judea», y (6) «la posibilidad de que hubiera una ‹resurrección espiritual, no corporal›». Vermes establece que ninguna de estas seis posibilidades es susceptible a ser histórica.

Según N.T. Wright en su libro The Resurrection of the Son of God (La Resurrección del Hijo de Dios): «No puede haber ninguna duda: Pablo es un firme creyente de la resurrección corporal. Se pone de pie con sus compatriotas judíos contra las filas congregadas de los paganos; con sus compañeros fariseos contra los judíos». De acuerdo con Gary Habermas: «Muchos otros estudiosos han hablado en apoyo de una noción corporal de la resurrección de Jesús».

Habermas También señala tres hechos en apoyo de la creencia de Pablo de un resurrección corporal y física: (1) Pablo era un fariseo y En consecuencia (En contraste a los saduceos) creía en una resurrección física, (2) en Filipenses 3:11, Pablo afirma: «si en alguna manera llegase a la exanastasin (resurrección) de entre los muertos», que Conforme Habermas quiere decir que «lo que va cara abajo es lo que viene». Y (3) en Filipenses 3:20-21, «esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el sōma (cuerpo) de la humillación nuestra, A fin de que sea semejante al sōmati (cuerpo) de la gloria suya». Conforme Habermas, si Pablo quería decir que íbamos a Mudar en un cuerpo espiritual, entonces habría utilizado el griego pneuma en lugar de sōma.

Flavio Josefo (c. 37—c. 100), un judío y ciudadano romano que trabajó bajo el patrocinio de los Flavios, escribió las Antigüedades judías (c. 93) que contiene un pasaje conocido como el Testimonium Flavianum. Este pasaje menciona a Juan el Bautista y a Jesús como Dos hombres santos entre los judíos. La mayoría de los estudiosos modernos respaldan que «si bien eso no quita peso al núcleo histórico del texto original, la obra ha sido muy seguramente interpolada en ese detalle por editores cristianos en su versión griega, debido al hecho que Josefo Jamás afirmaria ser creyente de Jesús» [27]. El texto menciona la muerte y resurrección de Jesús (en negrita el detalle interpolado Conforme los eruditos):

«…Cuando Pilato, en frente de la denuncia de aquellos que son los primordiales entre nosotros, condenó [a Jesús] a ser crucificado, aquellos que lo habían amado primero no dejaron [de seguirlo], Porque se les apareció al tercer día, viviendo Nuevamente, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él esta y otras mil cosas fantásticas. La tribu de los cristianos, llamados De esta manera por Él, no ha cesado de medrar hasta este día.»

Si bien esto no cierra el caso, hay varios otros argumentos contra la historicidad de la resurrección. Por servirnos de un ejemplo, se ha señalado el número de otras figuras históricas y dioses con relatos afines sobre la muerte y resurrección.[28][nota 3] No obstante, el consenso de La mayoría de los estudiosos de la Biblia es que el género de los Evangelios es una suerte de antigua biografía y no un mito. Robert M. Price afirma que, si la resurrección pudiera probarse Por medio de la ciencia O bien la evidencia histórica, el evento perdería sus cualidades milagrosas.

En un argumento más centrado Richard Carrier, basandose en la hipotesis del estudioso Kirsopp Lake en 1907 afirma que: «La evidencia sobreviviente jurídica Y también histórica sugiere que Jesús no fue enterrado formalmente la noche del viernes, ‹pero que› tenía que haber sido colocado el sábado por la noche en un cementerio público especial reservado para los condenados. En esta teoría, las mujeres que visitaron la tumba domingo por la mañana confundieron su lugar». No obstante exactamente la misma ha sido abandonada por muchos estudiosos, al afirmar que carece de base sólida para explicar dicha posibilidad de entierro en un día sábado siguiente a la fiesta del Pesaj (algo improbable en el contexto judío de la temporada); y posterior confusión de ubicación, Ya que el sitio como expone Carrier era de total conocimiento para las autoridades (fuese una fosa común O bien tumba excavada en roca) por lo cual sería detectable en ese contexto el paradero del cuerpo, y exhibirlo en utima instancia al pretenderse anunciar que había resucitado por su ausencia. [29]

Además, está el hecho de la plausibidad del relato sobre el entierro en el sepulcro del sanedrita José de Arimatea. En ella el historiador del Nuevo Testamento Bart D. Ehrman reconoce que: «Algunos estudiosos han argumentado que es más plausible que, En verdad, Jesús fue colocado en un terreno de entierro común (que A veces ha pasado), O fue, como otras muchas personas crucificadas, sencillamente dejada para ser comido por los animales carroñeros». Él va más allí al decir: «[L]os relatos son bastante unánimes en decir (los primeros relatos son unánimes en decir) que Jesús fue, De hecho, enterrado por su seguidor, José de Arimatea, Con lo que es relativamente fiable que esto es lo que haya sucedido». Lo cual contrario a la hipótesis postulada por John Dominic Crossan, considera que es viable la evidencia existente de un entierro individual para Jesús, por lo que las mujeres piadosas no podrían haberse equivocado de tumba deliberadamente.

Relatos extrabíblicos[editar]

Los evangelios apócrifos que desarrollan más ampliamente el tema de la resurrección son el Evangelio de Pedro y otros «Evangelios de la pasión y resurrección», el Evangelio de María (con los diálogos entre Jesús y María Magdalena tras la resurrección) y otros «Diálogos del resucitado» de carácter gnóstico.[30]

El Libro de Mormón[editar]

El Libro de Mormón contiene un relato de treinta y siete páginas del ministerio de Cristo tras su resurrección, en el que se aparece a los nefitas y los lamanitas en las Américas tras levantarse de la tumba y ascender al cielo. Se aparece a la gente y les deja sentir las marcas de los clavos en sus manos y pies. Él les predica el evangelio y establece su iglesia. Cristo lleva a cabo muchos milagros afines a los del Nuevo Testamento.

El relato asevera que cerca de dos mil quinientos varones, mujeres y niños vieron y escucharon a Jesucristo resucitado.

Otras apariciones[editar]

Joseph Smith registró una experiencia en la que vio al resucitado Jesucristo y a Dios Padre en la primavera de 1820; su experiencia se conoce Hoy en día como la Primera Visión.

En 1832, Joseph Smith y Sidney Rigdon escribieron un relato en el que ambos afirmaron haber visto a Jesucristo resucitado. Ellos escribieron: «Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio último de todos, que nosotros damos de él, el que vive; Pues lo vimos, Incluso a la diestra de Dios, y oímos una voz testificando que él es el Unigénito del Padre».

Importancia teológica[editar]

En la teología cristiana, la resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana (1 Corintios 15:12-20, 1 Pedro 1:3). Los cristianos, por la fe en el poder de Dios (Colosenses 2:12), son resucitados espiritualmente con Jesús, y son redimidos Para que puedan andar en una nueva forma de vida (Romanos 6:4). El apóstol Pablo señaló: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es Asimismo vuestra fe» (1 Corintios 15:14). La muerte y la resurrección de Jesús son los sucesos más esenciales en la teología cristiana. Ellos forman el punto en las Escrituras donde Jesús da su última demostración de que él tiene poder sobre la vida y la muerte, Por lo que tiene la capacidad de dar a la gente la vida eterna. Terry Miethe, un filósofo cristiano de la universidad de Oxford, indicó: «‹¿Resucitó Jesús de entre los muertos?› es la cuestión más importante en cuanto a las afirmaciones de la fe cristiana». Conforme con la Biblia, «Dios lo resucitó de entre los muertos», ascendió al cielo, a la «diestra de Dios», y volverá De nuevo (Hechos 1:9-11) para cumplir el resto de las premoniciones mesiánicas, Como la resurrección de los muertos, el juicio final y el establecimiento del Reino de Dios (mesianismo y Era Mesiánica).

Algunos eruditos modernos utilizan la creencia de los seguidores de Jesús en la resurrección como un punto de inicio para establecer la continuidad del Jesús histórico y la proclamación de la iglesia primitiva. Carl Jung sugirió que el relato de la crucifixión a la resurrección era el contundente símbolo espiritual de, literalmente, Dios-como-Yahweh transformándose en Dios-como-Job.

Pablo escribió que: «Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es También vuestra fe. […] y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; Aún estáis en vuestros pecados» (1 Corintios 15:13-14, 17). Muchos estudiosos señalan que, en la discusión sobre la resurrección, el apóstol Pablo se refiere a la transmisión de estilo rabínico de una tradición temprana autoritativa que recibió y pasó a la iglesia de Corinto. Por esta y otras razones, se cree que este credo es de origen pre-paulino. Geza Vermes escribe que el credo es «una tradición que él [Pablo] ha heredado de sus mayores en la fe en relación con la muerte, sepultura y resurrección de Jesús». La antigüedad del credo ha sido localizada por muchos estudiosos de la Biblia a menos de una década tras la muerte de Jesús, procedente de la comunidad apostólica de Jerusalén. Paul Barnett escribe que esta fórmula, entre otras, era una variante de «una tradición temprana básica que Pablo ‹recibió› en Damasco de Ananías, aproximadamente en el treinta y cuatro [d.C.]» tras su conversión.

Pablo Entonces pasa a decir:

Los puntos de vista de Pablo iban en contra del pensamiento de los filósofos griegos, para quienes una resurrección corporal significaba una nueva prisión en un cuerpo físico, que era lo que ellos querían eludir; dado que para ellos lo corpóreo y lo material inmovilizaban al espíritu. Al tiempo, Pablo creía que el cuerpo recién resucitado sería un cuerpo celestial; inmortal, glorificado, potente y espiritual, en contraste con el cuerpo terrenal, que es mortal, deshonrado, débil y natural. De acuerdo con el teólogo Peter Carnley, la resurrección de Jesús fue diferente de la resurrección de Lázaro: «En el caso de Lázaro, la piedra fue removida Para que pudiese salir […] el Cristo resucitado no necesita que la piedra sea removida, Pues él se transforma y puede aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento».

Según el estudioso Thorwald Lorenzen, la primera Pascua llevó a un cambio en el énfasis de la fe «en Dios» a la «fe en Cristo». Actualmente, Lorenzen halla «un extraño silencio Sobre la resurrección en muchos púlpitos». Él escribe que entre algunos cristianos, ministros y profesores, la resurrección semeja haberse convertido en «motivo de vergüenza O tema de la apologética». Se argumenta que muchos cristianos descuidan la resurrección debido a su comprensible preocupación por la Cruz. Sin embargo, la creencia en la resurrección física de Jesús prosigue siendo la doctrina más aceptada por los cristianos de todos y cada uno de los trasfondos denominacionales.

Resurrección y redención[editar]

En las enseñanzas de la Iglesia apostólica, la resurrección se consideraba como el anuncio de la nueva era. La formación de una teología de la resurrección recayó sobre el apóstol Pablo. No fue suficiente para Pablo sencillamente repetir las enseñanzas elementales, sino más bien como Hebreos 6:1 afirma: «[…] dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección». Esencial para la teología paulina es la conexión entre la resurrección de Cristo y la redención. Pablo explicó la importancia de la resurrección de Jesús como la causa y el fundamento de la esperanza de los cristianos de compartir una experiencia semejante.

Las enseñanzas del apóstol Pablo forman un elemento clave de la tradición y la teología cristiana. Si la muerte de Jesús se sitúa en el centro de la teología de Pablo, Asimismo lo hace Su resurrección: a menos que el uno muriera la muerte de los muchos, los muchos tendrían poco que celebrar en la resurrección del uno. Pablo enseñó que, Al igual que los cristianos comparten la muerte de Jesús en el bautismo, ellos van a participar en la resurrección, Pues Jesús fue proclamado Hijo de Dios por su resurrección (Romanos 1:4). En 1 Corintios 15:20-22, Pablo señala:

Pero ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Por el hecho de que por cuanto la muerte entró por un hombre, También por un hombre la resurrección de los muertos. Por el hecho de que Como en Adán todos mueren, También en Cristo todos van a ser vivificados.

Los Padres Apostólicos discutieron sobre la muerte y resurrección de Jesús, incluyendo a Ignacio de Antioquía (50-115), Policarpo de Esmirna (69-155) y Justino Mártir (100-165). Tras la conversión de Constantino y el liberador Edicto de Milán en el año 313, los concilios ecuménicos de los siglos IV, V y VI se centraron en la cristología, lo que ayudó a dar forma a la entendimiento cristiana de la naturaleza redentora de la Resurrección, Y también influyó tanto en el desarrollo de su iconografía y su empleo En la liturgia.

La creencia en la resurrección corporal fue una nota constante de la iglesia cristiana en la antigüedad. Y en ningún otro lugar fue propugnada con más fuerza que en el norte de África. Agustín de Hipona la aceptó en el instante de su conversión en 386. Agustín defendió la resurrección y argumentó que, dado que Cristo ha resucitado, existe la resurrección de los muertos. Por otro lado, sostuvo que la muerte y resurrección de Jesús ocurrieron para la salvación del hombre, diciendo: «para lograr la resurrección de Cada uno de nosotros, el Salvador pagó con su vida, y él antepuso y propuso su resurrección una vez, y solo una vez, a modo de sacramento y a modo de modelo».

La teología de Teodoro de Mopsuestia (siglo V) proporciona una profundización en el desarrollo de la comprensión cristiana de la naturaleza redentora de la Resurrección. El papel crucial de los sacramentos en la mediación de la salvación tuvo gran aceptación en el instante. En la representación eucarística de Teodoro, los elementos salvíficos y de sacrificio se combinan en el «Aquel que nos ha salvado y nos ha liberado por el sacrificio de sí mismo». Para Teodoro, el rito eucarístico se orienta hacia el triunfo provocado por la resurrección sobre el poder de la muerte.

El énfasis en el carácter salvífico de la Resurrección continuó en la teología cristiana en los siglos siguientes, Por ejemplo, en el siglo VII, Juan Damasceno escribió que: «Cuando él liberó a los que estaban presos desde el principio de los tiempos, Cristo volvió De nuevo de entre los muertos, habiendo abierto para nosotros el camino a la resurrección», y la iconografía cristiana de los años subsiguientes representó ese concepto.

La resurrección de Jesús es desde hace mucho tiempo el centro de la fe cristiana y aparece En diversos elementos de la tradición cristiana, desde fiestas, representaciones artísticas y reliquias religiosas. En las enseñanzas cristianas, los sacramentos reciben su poder salvífico de la pasión y resurrección de Cristo, sobre la cual la salvación del Mundo depende por completo.

Un ejemplo de el entrecruzamiento de las enseñanzas sobre la resurrección con las reliquias cristianas es la aplicación del concepto de «formación de la imagen milagrosa» en el instante de la resurrección en el Sudario de Turín. Autores cristianos han declarado la creencia de que el cuerpo alrededor del cual se envuelve la cubierta no era meramente humano, sino más bien divino, y que la imagen en el sudario se produjo milagrosamente en el instante de la resurrección. Citando la declaración de Pablo VI: «[El sudario es] el maravilloso documento de la pasión, muerte y resurrección, escrito para nosotros con letras de sangre»; el autor Antonio Cassanelli sostiene que el sudario es un deliberado registro divino de las cinco etapas de la Pasión de Cristo, y creado en el momento de la resurrección.

La Pascua[editar]

La Pascua, la fiesta por excelencia que celebra la resurrección de Jesús, es meridianamente el festival cristiano más viejo. Desde los primeros tiempos del cristianismo, se ha centrado en el acto redentor de Dios en la muerte y resurrección de Cristo. En los Συναξάριον synaxarion y los calendarios litúrgicos de la iglesia ortodoxa se le llama «domingo de las miróforas con el noble José»[31][32]

La Pascua está vinculada al Pésaj y la salida de Egipto en el Viejo Testamento Por medio de la última cena y la crucifixión que precedió a la resurrección. De acuerdo con el Nuevo Testamento, Jesús dio a la cena pascual un nuevo significado, Mientras que se preparaba a sí mismo y sus discípulos por su muerte en el aposento alto Durante la última cena. Él se identificó en la hogaza de pan y la copa de vino como su cuerpo antes de ser sacrificado y su sangre antes de ser derramada. 1 Corintios 5:Siete señala: «Limpiaos, Pues, de la vieja levadura, A fin de que seáis nueva masa, sin levadura como sois; Por el hecho de que nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros». Esto se refiere a la exigencia pascual de no tener levadura en la casa y en la alegoría de Jesús como el cordero pascual.

Posiciones de otras religiones[editar]

Grupos como judíos, musulmanes, los bahá’ís y otros no cristianos, así como ciertos cristianos liberales, discuten sobre si Jesús Verdaderamente fue resucitado de entre los muertos. Las discusiones sobre las reivindicación sobre la muerte y la resurrección se producen en muchos debates religiosos y diálogos interconfesionales.

Gnósticos[editar]

Algunos gnósticos no creían en una resurrección física literal. «Para los gnósticos, cualquier resurrección de los muertos fue excluida desde el principio; la carne O sustancia estaba destinada a perecer. ‹No hay resurrección de la carne, sino más bien Sólo del alma›, decían los denominados arcontes, un grupo gnóstico tardío de Palestina».

El cristianismo se separó del judaísmo en el siglo I, y las 2 religiones han diferido en su teología desde entonces. De acuerdo con el Toledot Yeshu, el cuerpo de Jesús fue removido en la misma noche por un jardinero llamado Judá, tras oír a los discípulos planificar robar el cuerpo de Jesús. Sin embargo, el Toledot Yeshu no es considerado canónico O bien normativo Dentro de la literatura rabínica. Van Voorst asevera que el Toledot Yeshu es un conjunto de documentos medievales y sin una forma fija, desde el cual es «muy improbable» disponer de información fiable acerca de Jesús. The Blackwell Companion to Jesus establece que el Toledot Yeshu no tiene hechos históricos como tales, y Acaso se creó como una herramienta para protegerse de las conversiones al cristianismo.

Los musulmanes creen que ʿĪsā, hijo de Maryām (María), fue un santurrón profeta con un mensaje divino. La perspectiva islámica es que Jesús no fue crucificado y volverá al Mundo al final de los tiempos; «y por haber dicho: ‹Hemos dado muerte al Ungido, Jesús, hijo de María, el enviado de Alá›, siendo Así que no le mataron ni le crucificaron, sino les pareció De esta forma. Los que discrepan Sobre él, dudan. No tienen conocimiento de él, no siguen más que conjeturas. Mas, efectivamente no le mataron, sino que Alá lo elevó a Sí. Alá es poderoso, sabio».

`Abdu’l-Bahá enseñó que la resurrección de Cristo fue una resurrección espiritual y que los relatos en los Evangelios son parábolas. Escribió: «Nosotros explicamos, En consecuencia, el significado de la resurrección de Cristo de la siguiente forma: Después del martirio de Cristo, los Apóstoles estaban perplejos y consternados. La realidad de Cristo, la cual consiste en Sus enseñanzas, Sus bondades, Sus perfecciones y Su poder espiritual, fue escondida y oculta A lo largo de Dos O bien tres días después de su martirio, y no tenía ninguna apariencia externa O bien manifestación; De hecho, parecía estar perdida por completo. Para aquellos, pocos en número, que creían De veras; Incluso los pocos estaban perplejos y consternados. La causa de Cristo estuvo así como un cuerpo sin vida. Tras tres días, los Apóstoles se convirtieron en firmes y constantes, brotaron para Ayudar a la causa de Cristo, resolvieron promover las enseñanzas divinas y practicar las advertencias de su señor, y se han esforzado por servirlo. Entonces surgió luminosa la realidad de Cristo, resplandeciendo su gracia a otro, encontrando una nueva vida en su religión, y sus enseñanzas y amonestaciones se ponen de manifiesto y son visibles. En otras palabras, la causa de Cristo, que era semejante a un cuerpo sin vida, fue llevada a la vida y rodeada por la gracia del Espíritu Santo».

Los bahá’ís creen que la afirmación del Corán quiere decir que el Espíritu de Jesús no murió en la cruz; Sin embargo, los bahá’ís defienden que Jesús fue Verdaderamente crucificado en la carne.

En el arte cristiano[editar]

Simbolismo paleocristiano[editar]

El arte paleocristiano, fuertemente simbólico, tuvo en el triunfo sobre la muerte uno de sus principales motivos. En el periodo de las persecuciones, el tema de la resurrección (trascendental para una comunidad que venera a sus mártires) se aludía A través de los pasajes bíblicos que se consideraban alegóricos de ella, como el de Daniel en el foso de los leones.[35] Con la cristianización del Imperio romano,[36] el arte cristiano pasó a desarrollarse pública y monumentalmente, y el tema de la resurrección se expresó en formas derivadas de la civilización romana: tanto en el crismón (evolución del lábaro imperial, transformado en cruz por el In hoc signo vinces del sueño que Constantino tuvo antes de la batalla del puente Milvio -en sus monedas aparece ese lábaro-crismón venciendo a una serpiente-)[37] como en el ábside de las basílicas (donde se reproduce la forma del arco de triunfo).

La cruz deja de ser un simple instrumento de tortura para convertirse en un símbolo de triunfo sobre la muerte, que recuerda al cristiano la resurrección de Cristo y la promesa de su segunda venida.

Un sarcófago procedente de la catacumba de Domitila (ca. 350) es uno de los primeros ejemplos del empleo del crismón como crux invicta («cruz invicta» O cruz triunfante) en contextos funerarios, como símbolo de la resurrección y triunfo sobre la muerte (rodeada por una corona de Laurel, uno de los elementos del triunfo romano). A sus pies, Dos soldados hacen referencia a los que custodiaban el sepulcro de Cristo.[38] Posteriormente, en la Edad Media, se generalizó el empleo de la cruz funeraria.

La crux gemmata[39] («cruz de gemas» O enjoyada) reproduce la cruz monumental de oro y piedras preciosas que Constantino mandó levantar en el monte Calvario de Jerusalén, y que se reproduce en el mosaico del ábside de la basílica de Santa Pudenciana de la ciudad de Roma.

Crismón del sarcófago convocado.

San Pablo extramuros.

Santa Pudenciana.

San Apolinar in Classe

Tema pictórico y escultórico[editar]

En pintura, la convención iconográfica fijada desde el Gótico[40] para el tema de la resurrección incluye la presencia de soldados dormidos (ocasionalmente, despiertos y asombrados -mezclando anacrónicamente su actitud en el instante de la resurrección con la de la aparición del ángel, tal como se describe en el evangelio de Mateo-) en torno a la tumba abierta de Cristo de la que brota su figura semidesnuda (envuelta en su sudario) elevándose milagrosamente, rodada de un halo lumínico y portando un estandarte de la cruz.

Andrea di Bartolo, ca. 1390.

Maestro de la Observancia, ca. 1455.

Hay excelentes ejemplos de representaciones pictóricas de la Resurrección tanto en el Renacimiento italiano (La resurrección de Cristo de Piero della Francesca, La resurrección de Cristo de Rafael) como en el Renacimiento nórdico (una de las tablas del Altar de Isenheim, de Grünewald), en el Manierismo (La resurrección de Cristo, de El Greco) O bien en el Barroco (La resurrección de Cristo de Rubens).

Rafael, c. 1499.

Fra Angelico, 1440-1441.

Piero della Francesca, 1463-1465.

Altdorfer, 1518.

Grünewald, 1512-1516.

Lucas Cranach el Joven, 1558.

El Greco, 1597-1604.

Rubens, 1611-1612.

Juan Bautista Maíno, 1612-1614.

Bartolomé Esteban Murillo, 1650-1660

En escultura la iconografía de la resurrección es similar, Aunque en el caso del Cristo de la Minerva de Miguel Ángel (que se suele denominar como «Cristo redentor»), se optó por representar a Cristo resucitado absolutamente desnudo, y abrazando la cruz, como símbolo de su victoria tanto sobre la muerte como sobre el pecado.[41]

Relieve en alabastro del siglo XIV.

Terracota esmaltada de Andrea della Robbia

Cristo de la Minerva de Miguel Ángel, 1521.

Retablo de Arnao de Bruselas.

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No debe confundirse el tema artístico de la resurrección con otros con los que puede tener alguna similitud formal O bien conceptual: la transfiguración (que refleja un episodio evangélico precedente a la muerte de Cristo, en el que la figura de Cristo se ilumina), la ascensión (que refleja uno posterior, en el que Cristo asciende al cielo ante la vista de sus discípulos), la anastasis Aναστασις («resurrección» en griego, término que, como tema artístico, se refiere a la visita de Cristo al limbo -descenso de Cristo a los infiernos-, entre la resurrección y la ascensión). Ciertos otros temas iconográficos participan de elementos de la resurrección y de otros episodios, como los denominados Varón de dolores O bien Cristo de las 5 llagas (donde, junto a un Cristo resucitado aparecen tanto elementos de la resurrección como las arma Christi -instrumentos de la Pasión-) y las denominadas Cristo Fallecido sostenido por ángeles.

Historicidad y origen de la resurrección de Jesús
Intercesión de Cristo

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Notas[editar]

↑ En una nota, Kirby escribe: «Una lista muy abreviada de los escritores del siglo XX del NT que no creen que la tumba vacía es históricamente fiable: Marcus Borg, Günther Bornkamm, Gerald Boldock Bostock, Rudolf Bultmann, Peter Carnley, John Dominic Crossan, Stevan Davies, Maurice Goguel, Michael Goulder, Hans Grass, Charles Guignebert, Uta Ranke-Heinemann, Randel Helms, Herman Hendrikx, Roy Hoover, Helmut Koester, Hans Küng, Alfred Loisy, Burton L. Mack, Willi Marxsen, Gerd Lüdemann, Norman Perrin, Robert M. Price, Marianne Sawicki, John Shelby Spong, Howard M. Teeple y John T. Theodore».[26]
↑ Cavin continúa: «[…] Incluso en el presunto de su fiabilidad histórica […]. Este supuesto, efectivamente, es desestimado debidamente a la luz de la erudición contemporánea sobre el Nuevo Testamento».
↑ Robert M.

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