Sacramento (Iglesia Católica)

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Los sacramentos —en la teología de la Iglesia católica— son signos sensibles y eficaces[1] de la gracia de Dios y Mediante los cuales se otorga la vida divina; Es decir, ofrecen al creyente el ser hijos de Dios.

Los sacramentos se administran en diferentes momentos de la vida del cristiano y de forma simbólica la abarcan por entero, desde el bautismo hasta la unción de los enfermos (que antes del Concilio Vaticano II se aplicaba solo a los que estuvieran en riesgo de muerte).

La mayoría de los sacramentos solo pueden ser administrados por un sacerdote. El bautismo, En ocasiones excepcionales, puede ser administrado por cualquier seglar, O Incluso no cristiano, que tenga la intención de hacer con el signo lo que la Iglesia hace. Además de esto, en el sacramento del matrimonio los ministros son los mismos contrayentes.

1 “Sacramento” en el Nuevo Testamento
Dos Sacramento en la patrología 2.1 Patrología griega 2.1.1 En los siglos I y II
2.1.Dos En el siglo III (Padres alejandrinos)
2.1.Lectura En el siglo IV y V

2.2.1 En el siglo III
2.2.2 En los siglos IV-V

4.1 La Reforma 4.1.1 Ordenanzas

5.1 El Concilio Vaticano II
5.2 En el Catecismo de la Iglesia católica

7.1 Bautismo 7.1.1 Edad
7.1.2 Símbolos

“Sacramento” en el Nuevo Testamento[editar]

El primer término teológico que los Padres usaron para designar Por lo general los ritos cristianos fue el de «mysterion». El término latino «sacramentum» es una traducción de aquel (Según consta También en la Vulgata, que prácticamente invariablemente traduce la palabra griega por “sacramentum”).

Al parecer, la expresión viene del ambiente judío y no del griego (donde indicaba tanto la divinidad como sus «secretos»)[nota 1] y se relaciona con deliberación, consejo, designio hacia la salvación O bien el juicio final. En el Evangelio se usa en Mc 4, 11 y sus textos paralelos: «los misterios del Reino de Dios», Esto es, la voluntad de Dios de que todos y cada uno de los hombres se salven: esta salvación es ofrecida por Cristo A través de su sacrificio en la cruz.

En las cartas de san Pablo el término “mysterion” aparece unas 21 veces. Indicaría el plan salvífico secreto de Dios que se ha efectuado claramente en Cristo, dando sitio al período considerado como final de la historia (Puesto que no se espera una nueva revelación O alianza) y que consiste en la recapitulación (ανακεφαλαιωσις[nota 2]) de Todas las cosas en Cristo. De esta forma, incluye a Cristo, Mas También cuánto realizó por salvar a los hombres y por ende su cuerpo místico que es la Iglesia.

Con base en esto, la Iglesia católica reinterpreta estos pasajes bíblicos como que, En la medida en que los gentiles participan de esta salvación y de la Iglesia, aceleran la plenitud final de la salvación. Además de esto, se interpreta que el “mysterion” O bien sacramento son los signos y prodigios que realizan la voluntad divina de que todos y cada uno de los hombres se salven A través de la Iglesia, actualizando el signo y prodigio fundamental: Cristo en su Encarnación, Muerte y Resurrección.

Sacramento en la patrología[editar]

Patrología griega[editar]

En los siglos I y II[editar]

En los escritores de los siglos I y II la palabra μυστεριον (mysterion) se reservará a «hecho de salvación». Para san Ignacio de Antioquía, mysterion son los hechos salvíficos de la vida de Cristo. San Justino aplica mysterion, Además de esto, a las figuras y profecías del Viejo Testamento (y compara los ritos cristianos con los mysteria de las religiones mistéricas). San Ireneo de Lyon no usa la palabra para eludir confusiones con el gnosticismo.

En el siglo III (Padres alejandrinos)[editar]

Lleva por nombre mysterion a la relación oculta entre imagen y arquetipo que es revelada al iniciado Por medio de una enseñanza (mystagogia). De este modo, se aplicó a los ritos cristianos y a los hechos salvíficos Siempre teniendo presente el designio de Dios por la salvación de los hombres y las figuras que la liturgia ofrece para significarlos. Clemente de Alejandría usa mysterion para indicar los ritos de culto, sean estos paganos O cristianos. Orígenes usa el término con un sentido platónico, O sea, como símbolo O bien tipo de la historia de la salvación en cuanto Cristo está presente en toda ella.

A Orígenes se debe una definición de signo que Va a ser utilizada en teología sacramental por san Agustín: «signo es una realidad sensible que enlaza con una realidad invisible».

En el siglo IV y V[editar]

Debido a la decadencia del paganismo, el término mysterion se fue popularizando, Pues ya no cabía la posibilidad de confusión con los cultos gnósticos. San Atanasio da al término el sentido de un designio salvífico que se realizó anteriormente y se celebra en la liturgia. Tanto Basilio el Grande como Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno subrayan la intervención divina en el Mundo, que es También una elevación de la realidad mundana. Así, el mysterion del designio de salvación se distribuye en los tres hechos primordiales de esa elevación: la Encarnación, Pentecostés y la Eucaristía. Juan Crisóstomo usa con cierta frecuencia la palabra «mysterion» para referirse a los ritos cristianos. Cirilo de Jerusalén lo identifica con el acto de salvación realizado por Dios Por medio de Cristo que se celebra en la liturgia. Por este motivo, sus catequesis mystagógicas son una introducción del fiel a la vivencia de los primordiales ritos: el Bautismo, la Unción y la Eucaristía.

Con Pseudo Dionisio Areopagita, tal identificación de mysteria con los ritos propios de la Iglesia se vuelve sistemática. En primer sitio, define mysterion como las acciones rituales que A través de la invocación de la Iglesia al Espíritu Santo, la gracia salvadora de Dios, actúan sobre las personas O bien cosas. Luego distingue tres aspectos de mysteria:

1. Las consagraciones (Bautismo, Comunión y Unción).
2. Los consagrantes: obispo, sacerdote y diácono.
3. Los consagrados: inferiores, purificados, terapeutas O bien monjes.

Patrología latina[editar]

En el siglo III[editar]

En el norte de África se popularizó la traducción «sacramentum» para la palabra mysterion, Aunque Asimismo se usó la voz latinizada «mysterium». Tertuliano, partiendo de la noción jurídica que la expresión «sacramentum» tenía en la cultura romana (un juramento de fidelidad con carácter religioso), lo aplicó al Bautismo, Pues, Según su criterio, en el Bautismo se Realiza un pacto entre Dios y el bautizado. Mas Asimismo aunó la noción griega de mysterion, aplicándola a el resto ritos cristianos. Cipriano de Cartago asumió estos sentidos, dándoles un alcance eclesial al introducir la relación del bautizado con el obispo .

En los siglos IV-V[editar]

En este período, la expresión «sacramentum» era empleada con El mismo sentido de mysterion relacionado con los actos de culto de la Iglesia. Ambrosio de Milán amplió el alcance de la expresión con reflexiones que encontraron poco eco en sus contemporáneos: entendía sacramentum como los hechos de la historia de la salvación y encuentro con Jesucristo.

Agustín de Hipona usa el término sacramentum para significar los ritos tanto del pueblo escogido como de la Iglesia. También lo usa para indicar las figuras O signos del Cristo en el Antiguo Testamento y finalmente para aludir al «depósito de la fe». También emplea la palabra mysterium para significar lo escondido, lo oculto de acuerdo con el sentido griego viejo.
Sin embargo, desarrollará una amplia teología del signo de algo sagrado Aunque con gran influencia de su filosofía platónica: su reflexión se empleará Entonces en la teología sacramental. Reconoce que tales signos sagrados han de tener un elemento material y una palabra que los completa y que deja la aplicación de la idea de memorial del culto hebreo. De este modo, Luego ofrece una definición en su carta a Januario (carta 55) donde relaciona el sacramento con una conmemoración.

Quien se hace garante de la eficacia de tales sacramentos, Según Agustín, es Cristo mismo A través de los ministros del culto.
La disputa de Agustín con los donatistas le ofrecerá la oportunidad de establecer una nueva distinción por la que se separa la validez de un sacramento de su eficacia (el bautismo de los donatistas sería válido Mas no daría la gracia de la fe). En teología, Entonces se llamará «signum» (signo) al elemento externo válido y «res» a la gracia concomitante.

Los autores posteriores (León I el Magno, Gregorio Magno) trataron mysterium y sacramentum como sinónimos, dándoles el alcance general que tenían en la teología griega.

Sacramento en la escolástica[editar]

A lo largo de la primera Edad Media y tras las invasiones germánicas, la filosofía neoplatónica que servía de base a la reflexión de los Padres fue perdiendo influencia. La noción de mysterion se empezó a aplicar solamente para la verdad revelada que exige un asentimiento de fe. El término sacramento quedó para indicar un signo específico por el que Dios actúa. En la medida en que la noción de signo perdió consistencia ontológica para trasladarse al nivel de pura referencia, se produjeron Inconvenientes para la correcta entendimiento del dogma acerca de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. De esta manera, se hizo precisa una reflexión más profunda Sobre la noción de sacramento que permitiera establecer adecuadamente su virtualidad. Debemos a Berengario de Tours una definición que tuvo mucho éxito posterior: «Forma visible de una gracia invisible», donde forma señala solo la referencia Mas no la presencia real.

Hugo de San Víctor es el primero en escribir un tratado sobre los sacramentos: De sacramentis christianae fidei. Y ofrece su propia definición tomando en cuenta Aún toda la historia de la salvación Pero reduciendo el campo:

«Sacramentum est corporale vel materiale elementum foris sensibiliter propositum, ex similitudine representans et ex institutione significans, et ex sanctificatione continens aliquam et invisibilem et spiritualem gratiam»

Mas aplica esta noción de sacramento no solo a los sacramentos actuales de la Iglesia católica sino más bien También a los que ella llama «sacramentales».

Al tiempo que los sacramentos van tomando forma como ritos, se comienza la reflexión —de la mano de la influencia progresiva de la filosofía aristotélica— Sobre lo esencial de la ceremonia O bien aquello que no puede faltar Para que el sacramento sea válido. La noción de causa y la distinción de materia y forma enriquecieron de forma notable la reflexión sobre los sacramentos. A través de la noción de causa, Pedro Lombardo reintrodujo la eficacia del sacramento, que Va a ser «causa de la gracia de la que es imagen». De este modo se pudo fijar el número de 7 (Si bien algunos dicen que más bien se debió a una elección de conveniencia). Hugo de San Costoso introdujo la distinción materia y forma en el sacramento desde la definición de Agustín de Hipona.

Tomás de Aquino trató extensamente de los sacramentos en su obra. Asume la reflexión precedente sobre el sacramento como medicina del pecado, Mas la enriquece con el sentido de acto de culto (También presente en los autores precedentes) y en la tercera parte de la Summa Theologica, en el tratado que les dedica, los propone como comunicación y aplicación de la salvación de Cristo para santificación de los hombres. Así, toma los elementos de la reflexión precedente y los enriquece con la filosofía aristotélica. Una definición que ofrece para incluir todos esos aspectos es la siguiente:

«Sacramentum proprie dicitur quod ordinatur ad significandam nostram sanctificationem. In qua tria possunt considerari, videlicet ipsa causa sanctificationis nostrae, quae est passio Christi; et forma nostrae sanctificationis, quae consistit in gratia et virtutibus; et ultimus finis nostrae sanctificationis, qui est vita aeterna. Et haec omnia per sacramenta significantur. Unde sacramentum est et signum rememorativum eius quod praecessit, scilicet passionis Christi; et demonstrativum eius quod in nobis efficitur per Christi passionem, scilicet gratiae; et prognosticum, idest praenuntiativum, futurae gloriae»

De este modo lo propone, sí como signo Pero También causa y, En consecuencia, recupera su eficacia sobrenatural. Y coloca la causa eficiente a tres niveles: la de Dios que causa la gracia, la de la humanidad de Cristo que obtuvo la salvación y la del ministro por el sacramento mismo.

En cuanto a la aplicación de la distinción materia y forma, subraya el mayor valor de la manera (palabras) y considera «materia» no los elementos sino más bien las acciones.
Para Tomás de Aquino, la eficacia del sacramento depende en buena medida de la fe, Aunque en menor grado en aquellos sacramentos que ofrecen una predisposición de la persona que lo recibe para los actos de culto. Tal predisposición es lo que Tomás llama «carácter sacramental».

En cuanto al número de sacramentos, ofrece el de 7 partiendo de una reflexión antropológica relacionada con las circunstancias del hombre: nacimiento, crecimiento, nutrición, enfermedad, vigor primero, propagación, gobierno. Esta consideración con algunas variantes ha sido adoptada por el Catecismo de la Iglesia católica.[3]

En el Segundo Concilio de Lyon se leyó una profesión de fe que asevera «septem ecclesiastica sacramenta».[4] El período posterior es el de las disputas entre las escuelas franciscana y dominica acerca del problema de la causalidad del sacramento.

El Concilio de Trento y la temporada postridentina[editar]

El tema central de la controversia con los protestantes era el de la justificación. De ahí que, allá se dirigió el pensamiento de los participantes en el Concilio de Trento, Aunque no tenían la pretensión de elaborar tratados sistemáticos sobre los Inconvenientes debatidos.

La Reforma[editar]

Generalmente la teología de la Reforma niega la eficacia del sacramento en relación con la gracia, Puesto que lo considera solo una acción humana que no puede hacer que de ella dependa la acción divina, esto basado en la lectura literal de la Biblia la que no presenta signo alguno de existencia de dichos sacramentos conferidos de esa forma específica. Lutero afirma que los sacramentos son medios para acrecentar la fe, aquella fe que nos hace pensar en Quien nos ha obtenido la salvación. El signo, cualquiera que sea, es incapaz de sustituir la fe del cristiano y, en última instancia, resulta ineficaz en sí mismo. Esta noción de sacramento le permitió reducir su número a Dos, llamados ordenanzas por los evangélicos: Bautismo y Comunión O bien Santa Cena.

Juan Calvino, que tiene como base su teoría sobre la predestinación y la pasividad del acto de fe, da a los sacramentos el valor de testimonio externo O bien prueba de la acción divina en el Ánima.

Ordenanzas[editar]

Protestantes y Evangélicos ven las ordenanzas como representaciones simbólicas del mensaje del evangelio que Cristo vivió, murió, fue resucitado de entre los muertos, ascendió al cielo, y volverá algún día. En lugar de requisitos para la salvación, ordenanzas son ayudas visuales para comprender mejor y estimar lo que Jesucristo hizo por nosotros en su obra redentora. Las ordenanzas están determinados por tres factores: fueron instituidos por Cristo, se les enseñó a los apóstoles, y fueron practicadas por la iglesia primitiva. Pues el bautismo y la comunión son los únicos ritos que califican bajo estos tres factores, no puede haber sino solo 2 ordenanzas, ninguno de los cuales son requisitos para la salvación.[5]

El Concilio de Trento[editar]

El concilio de Trento dedicó su sesión séptima a tratar el tema de los sacramentos. Si bien no ofreció una definición formal de sacramento, fijó la ya tradicional expresión de Berengario de Tours: «forma perceptible de la gracia invisible», usando Además de esto la categoría del símbolo que contiene y confiere la gracia que significa. Además se estableció el número de siete sacramentos. También, y A pesar de las disputas entre los teólogos y obispos, se aceptó la aseveración por la cual los sacramentos habrían sido instituidos por Jesucristo (Si bien las escuelas presentes definían de distintos modos la noción de «institución»). Ahora bien, el común origen y la imposibilidad de modificar su sustancia no implica -Siempre Conforme los padres conciliares- que todos los sacramentos sean iguales en dignidad.

En contra de la teología de la Reforma, el Concilio afirmó la eficacia de los sacramentos Siempre que el receptor no ponga obstáculos a la gracia. Ahora bien, para eludir enfrentamientos con los ortodoxos, se usó la expresión «contienen la gracia» y no «causan la gracia» y la contienen «ex opere operato», Según expresión que indica su eficacia sobrenatural propia. No obstante, se condicionó tal eficacia a que el ministro desee hacer con ellos lo que hace la Iglesia y realice lo esencial a cada sacramento.

Además se indicó que 3 eran los sacramentos que conferían «carácter» (y que, En consecuencia, podían ser recibidos una sola vez): el Bautismo, la Confirmación y el Orden.

La Contrarreforma[editar]

Los principales temas afrontados por los teólogos de la Contrarreforma son: la definición de sacramento, el modo de causalidad de la gracia en ellos y la naturaleza de la gracia sacramental (en relación con la gracia santificante). El Catecismo de Pío V ofreció una definición que incluía los distintos elementos de Trento:

Rem sensibus subiectam, quae ex Dei institutionis, sanctitatis et iustitiae tum significandae tum efficiandae

y el papa Alejandro VII aclaró que cuando el Concilio decía que el ministro debía tener intención de hacer lo que hace la Iglesia, tal pretensión es no solo externa (efectuar con detalle el rito prescrito) sino más bien Asimismo interna (apreciar hacer con ello lo que la Iglesia asevera que se Realiza).

La Ilustración[editar]

El auge del racionalismo supuso un quiebro en la teología de los reformadores que fueron arrinconando el simbolismo. La reacción de los católicos fue más bien cara subrayar lo razonable del acto de fe Mas También, en ciertos casos, el de una exigencia tal de idoneidad que la práctica sacramental se redujo considerablemente.

Sacramento en la teología católica contemporánea[editar]

El Concilio Vaticano II[editar]

La reflexión del Concilio Vaticano II se vería influenciada por el movimiento litúrgico y el movimiento patrístico. Merced a esas tendencias teológicas, se recuperó la noción de mysterion que se aplicó a la Iglesia y que tuvo parte importante en las discusiones conciliares. Otro desarrollo teológico contemporáneo que aportó luz sobre la noción de sacramento fue la teología de la historia. Al subrayar el aspecto histórico esencial del cristianismo, los sacramentos son vistos como «actos de salvación», equiparables a los hechos que el Viejo Testamento narra de la vida del pueblo de Israel. En este sentido, el teólogo Jean Daniélou retoma -a partir de la mistagogia de la patrología griega- la idea del lugar de los sacramentos en orden a la restauración final de Todas y cada una de las cosas en Cristo (escatología): memoriales de la Pascua de Cristo.

Los progenitores conciliares tomaron y asumieron estas reflexiones teológicas en la Constitución Sacrosanctum Concilium y en la Constitución dogmática Lumen Gentium. Además de esto, se perfeccionó la doctrina de Trento en relación con la fe: Los sacramentos «fidem non solum supponunt, sed verbis et rebus alunt, roborant, exprimunt; quare fidei sacramenta dicuntur» (SC 59).

3 tendencias de reflexión ha seguido la teología posconciliar:

– Profundiza en el modo en que cada sacramento es un encuentro con Cristo.
– Recoge la centralidad de la Eucaristía sacando las conclusiones pertinentes.
– Relación de los sacramentos con la sacramentalidad de la Iglesia.

En el Catecismo de la Iglesia católica[editar]

Como se mencionó ya antes, este texto adoptó la explicación antropológica en relación con el número de los sacramentos. Ahora bien, en lo que concierne a la explicación, asume y completa la teología del Concilio Vaticano II.

De los números 1113 al 1130 trata de la relación entre el Misterio Pascual y los sacramentos. De los números 1135 al 1186 los encuadra en la liturgia de la Iglesia. Finalmente dedica la sección segunda de la segunda parte a los siete sacramentos.

En el número 1084, tras recordar que los sacramentos fueron fundados por Cristo, ofrece una definición: «Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones) accesibles a nuestra humanidad actual. Efectúan eficazmente la gracia que significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu Santo». O bien También en el número 1131: «Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los que nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento. Dan fruto en quienes los reciben con las disposiciones requeridas».

Teología católica: los 7 sacramentos[editar]

La Iglesia católica celebra 7 sacramentos, que son: Bautismo, Confirmación (O bien Crisma), Eucaristía, Reconciliación (O Penitencia), Unción de los enfermos, Orden y Matrimonio. Conforme su doctrina, “todos los sacramentos están ordenados para la Eucaristía «como para su fin» (S. Tomás de Aquino)”. En la Eucaristía se renueva el misterio pascual de Cristo, actualizando y renovando De este modo la salvación de la humanidad.[6] El sacramento católico es un acto ritual destinado a los fieles, Para que ellos reciban la gracia de Dios, y destinado También a conferir sacralidad a algunos momentos y situaciones de la vida cristiana. Fueron instituidos por Jesucristo como “señales sensibles y eficaces de la gracia […] A través de los cuales nos es concedida la vida divina” O la salvación[7] y fueron confiados a la Iglesia. A través de estas señales O gestos divinos, “Cristo actúa y comunica la gracia, independientemente de la santidad personal del ministro”, Aunque “los frutos de los sacramentos dependan Asimismo de las disposiciones de quien los recibe”.[8]

Al celebrarlos, la Iglesia católica, A través de las palabras y elementos rituales, alimenta, expresa y fortifica su fe y la fe de Cada uno de sus fieles. Estas señales de gracia constituyen una parte integrante e inalienable de la vida cristiana de cada fiel. Los sacramentos son necesarios para la salvación de los fieles Por el hecho de que confieren la gracia de Dios, “el perdón de los pecados, la adopción de hijos de Dios, la conformación a Cristo Señor y la pertenencia a la Iglesia”.[9]

El Espíritu Beato prepara para la recepción de los sacramentos Por medio de la Palabra de Dios y de la fe que acoge la Palabra en los corazones bien dispuestos. Entonces, los sacramentos fortalecen y expresan la fe. El fruto de la vida sacramental es al mismo tiempo personal y eclesial. Por un lado, este fruto es para cada creyente una vida para Dios en Jesús; por otro, es para la Iglesia su continuo crecimiento en la caridad y en su misión de testificar.

Los sacramentos son entonces gestos de Dios en la vida de cada creyente, expresándose simbólica y espiritualmente; por consiguiente, son considerados:

– Señales sagradas, Porque expresan una realidad sagrada, espiritual;
– Señales eficaces, Pues, aparte de simbolizar un cierto efecto, En realidad lo producen;
– Señales de la gracia, Por el hecho de que transmiten dones diversos de la gracia divina;
– Señales de fe, no solamente Por el hecho de que suponen la fe en quien los recibe, sino más bien También Pues nutren, robustecen y expresan su fe;

Los 7 sacramentos[editar]

Los siete sacramentos marcan las distintas etapas importantes de la vida cristiana de los creyentes, que se dividen en 3 categorías:

Sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía ) que “sientan las bases de la vida cristiana: los fieles renacidos en el Bautismo, fortalecidos por la Confirmación y son alimentados por la Eucaristía”;[10]
Sacramentos de curación (Penitencia y Unción de los enfermos);
Sacramentos al servicio de la comunión y la misión (Orden y Matrimonio).

Estos sacramentos Asimismo se pueden reunir en solo Dos categorías:

– Que expresan el carácter permanente y dejan una marca indeleble en quien los recibe, y Por tanto solo puede ser administrado una vez a cada creyente. Son el Bautismo, la Confirmación, el Matrimonio y el Orden;
– Aquellos que se pueden administrar reiteradamente.

El bautismo es entendido como el sacramento que abre las puertas de la vida cristiana al bautizado, incorporándolo a la comunidad católica, al gran Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia en sí. Este rito de la iniciación cristiana es hecho Por norma general con agua en el bautismo, con la inmersión, efusión O aspersión. Utilizando otras palabras del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, «el rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al candidato O bien derramar el agua sobre su cabeza, Mientras que se invoca el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».[11] El bautismo significa sumergir «en la muerte de Cristo y resucitado con Él como nueva criatura».[12]

El bautismo Disculpa el pecado original (no sostenido por la Biblia) y todos y cada uno de los pecados personales y el castigo debido al pecado. Posibilita a los bautizados la participación en la vida trinitaria de Dios Mediante la gracia santificante y la incorporación en Cristo y en la Iglesia. Confiere También las virtudes teologales y los dones del Espíritu Beato. Una vez bautizado, el cristiano es Siempre y en todo momento un hijo de Dios (sin fundamento bíblico) y un miembro inalienable de la Iglesia, y También pertenece por siempre a Cristo.[13] Además el bautizado comparte con Él la misión de ser Profeta (predicar la palabra de Dios, En especial a los hijos O a quienes no conozcan a Jesús), Sacerdote (ofrecer sacrificios a Dios Dentro de nuestra vida diaria, dejando de hacer actividades que nos gusten mucho O realizando aquellas que no son de nuestro agrado, Siempre y en toda circunstancia ofreciéndolas por alguna pretensión personal, recordando que todo es para mayor gloria de Dios) y la de ser Rey (preocuparse, De la misma manera que Jesús, por aquellos más necesitados y olvidados: pobres, enfermos, encarcelados) ocupándonos en hacer oración por ellos si es que no podemos ayudarlos físicamente.

Si bien el bautismo es esencial para la salvación, los catecúmenos, «todos los que mueren a causa de la fe (Bautismo de sangre), […] todos los que bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y la Iglesia, buscan con sinceridad a Dios y se esfuerzan por cumplir con su voluntad (Bautismo de deseo)», consiguen conseguir la salvación sin ser bautizados, Porque, de acuerdo con la doctrina de la Iglesia católica, «Cristo murió por la salvación de todos.» Los pequeños que mueren sin bautizar, la Iglesia en su «liturgia confiar en ellos para la misericordia de Dios», que es ilimitada e infinita.[14]

Edad[editar]

En la Iglesia católica, el bautismo se da tanto a niños como a adultos convertidos que no han sido ya antes bautizados válidamente (el bautismo, en la mayor una parte de las Iglesias cristianas, es considerado válido por la Iglesia católica Pues se estima que el efecto proviene directamente de Dios, independientemente de la fe personal, Si bien no de la intención, del sacerdote).

Pero la Iglesia católica insiste en el bautismo a los niños Porque «habiendo nacido con el pecado original, precisan ser liberados del poder del maligno y ser trasferidos al reino de la libertad de los hijos de Dios».[15] Por esta razón, la Iglesia recomienda a los fieles hacer todo lo posible para eludir que una persona no bautizada venga a Morir en su presencia sin la gracia del bautismo. De esta manera, Si bien el sacramento deba ser administrado por un sacerdote, delante de un enfermo no bautizado cualquier persona puede y debe bautizarlo, diciendo: «Te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» Mientras que, con el pulgar de la mano derecha, dibuja una cruz en la frente, la boca y el pecho del enfermo.[16] La Biblia sugiere que el Bautismo debe ser suministrado al que tiene pleno conocimiento del bien y el mal, debe realizarse por sumersión completa, imitando la muerte y sepultura de Cristo. El propósito es dar a conocer su fe, Si bien albergamos la herencia del pecado, y nacimos en pecado, claramente no somos pecadores.

El hecho de que el bautismo sea En general administrado a los niños recién nacidos, que, Por eso, no entrando en la vida cristiana por su voluntad propia, explica qué requieren estas personas para recibir otro sacramento, la Confirmación, cuando llegan a una edad en la que tienen discernimiento e intelecto suficiente para profesar de manera consciente la fe y decidiendo si debe O no permanecer en la Iglesia católica. Si es Así, entonces va a estar en este caso, confirmando la resolución que sus padres O bien tutores hicieron en su nombre en el día de su bautismo. Sin embargo, como este sacramento imprime carácter, quien recibió el bautismo, independiente de que lo confirme O bien no a través del sacramento del Crisma O bien Confirmación, va a estar bautizado por siempre.

En la Iglesia católica, el sacramento del bautismo tiene varios símbolos, Mas hay cuatro primordiales, que son ellos: el agua, el aceite, la túnica blanca y la candela. Cada uno de ellos representa un misterio en la vida de los bautizados. Aparte de estos símbolos (que son los primordiales), el rito romano Asimismo establece la sal, Pero este símbolo es usado solo Conforme con las orientaciones pastorales de las Iglesias particulares.

Veamos los significados de los símbolos:

– Agua: Representa el pasaje de la vida “pagana” a una “nueva vida”. Ella tiene el factor de purificación, lavándonos del pecado original.

– Aceite: Representa la fortaleza del Espíritu Santurrón. Antiguamente, los luchadores usaban el aceite antes de las luchas para dejar sus músculos rígidos y De esta manera poder vencer. En la nueva vida adquirida por el bautismo él tiene exactamente la misma función, revestir al bautizado para las luchas rutinarias contra las amenazas del maligno.

– Túnica blanca: Representa la nueva vida adquirida por el bautismo. Cuando tomamos baño vestimos una ropa limpia, en el bautismo no sería diferente. Somos lavados en el agua y vestidos de una nueva vida.

– Vela: Tiene 2 significados: el Espíritu Santo y el don de la fe. Por el bautismo somos revestidos de muchas gracias y la principal es el Espíritu Beato, Pues seremos unidos a Dios como hijos para ser santificados y esta santificación es realizada a través del Espíritu Santurrón. La fe es un don esencial para nuestra vida, es Mediante la que reconocemos Dios y por ella recibimos su gracia.

Crisma O Confirmación[editar]

La confirmación del Bautismo O Crisma es cuando el bautizado reafirma su fe en Cristo, siendo ungido A lo largo de la ceremonia, recibiendo los siete dones del Espíritu Santurrón. La unción es hecha por el Obispo O bien padre autorizado, con aceite bendecido el Jueves Santo.

Es un sacramento instituido para dar oportunidad a una persona – que fue bautizada por resolución ajena y que tiene, por delante de la Iglesia, compromisos asumidos por otras personas en su nombre delante de la pía bautismal – de confirmar el deseo de ser miembro de la familia cristiana En la Iglesia católica y de reafirmar aquellos compromisos, tras lograr la “edad de la razón”.

Simplemente, la ceremonia es la renovación de las “promesas bautismales”, preguntas por el obispo que preside, En general, hace en voz alta y responde de la misma manera en la Confirmación de la comunidad.

Como el bautismo, la confirmación Asimismo imprime carácter, pudiéndose administrar solamente una sola vez a cada persona.

Debido a que es un acto de aseveración de los compromisos, la persona puede Jamás recibir el crisma O bien, yendo a participar de la ceremonia, dejar de confirmar estos compromisos.

De todos modos, el que no fue confirmado O bien que rehusó renovar los compromisos del bautismo, puede hacerlo en cualquier momento.

El crisma es, Por tanto, un sacramento dependiente, complementario al bautismo, Puesto que no tiene importancia dada a los que no han sido bautizados.

Eucaristía[editar]

Es la celebración en memoria de Cristo, conmemorando su Última Cena, su pasión y su resurrección. En esa celebración, el cristiano recibe la Hostia consagrada.[17]

Es el sacramento culminante, que le da a los fieles la oportunidad de percibir Y también ingerir físicamente el que consideran como Cuerpo de Jesucristo, en que se transformó el pan consagrado por el sacerdote, Como el vino se convierte en su Sangre.

En el sacramento de la Eucaristía, la Hostia consagrada (el pan) es distribuida a los fieles, que la colocan en la boca Y también ingieren lenta y respetuosamente.

Para recibir la Hostia O bien comulgar, el fiel ha de estar en “estado de gracia”, Esto es, debe haber antes confesado sus pecados y recibido el perdón divino en el sacramento de la Confesión O Penitencia (se puede comulgar si los pecados no son pecados de gravedad O mortales).

Generalmente, la consagración ocurre A lo largo de la celebración de la Misa, rito También llamado de Santurrón Sacrificio. El sacrificio es Exactamente el acto de la consagración. Consiste en la recreación, A lo largo de la misa, de un instante de la Última Cena de los apóstoles con Cristo, cuando Él sirvió pan y vino a los apóstoles, diciéndoles que aquello era su cuerpo y su sangre.

La Iglesia católica sostiene que, cuando el sacerdote pronuncia las palabras rituales «Esto es mi cuerpo» en relación al pan y «Esto es mi sangre» en relación al vino, sucede un fenómeno llamado transubstanciación, Es decir, la substancia material que forma el pan se convierte en el cuerpo de Cristo y la que forma el vino se transmuta en Su sangre. En la Biblia, las palabras del Señor Jesucristo son de forma figurativa, como La mayoría al hacer una comparación O bien parábola para una mejor inteligibilidad, que no es este el caso Ya que hablaba exclusivamente a sus discípulos y enfatizó en las palabras «esto es mi cuerpo…» y «esta es mi sangre…».

El pan transubstanciado es distribuido a los fieles que, a los que ingieren la Hostia están ingiriendo el cuerpo de Cristo. La Eucaristía es considerada el sacramento de la acción de gracias, en la acepción de la palabra original griega εὐχαριστία (transc. “eukharistia”).

Confesión O bien Reconciliación O bien Penitencia[editar]

Es la confesión de los pecados a un sacerdote, que aplica la penitencia para, una vez cumplida, propiciar la reconciliación con Cristo. En otras palabras, es el sacramento que da al cristiano católico la oportunidad de reconocer sus faltas, arrepentirse y proponerse no pecar más, para Así ser perdonado por Dios.

El reconocimiento de las faltas consiste en su confesión a un sacerdote, que las escucha en nombre de Dios y concede a aquel fiel el perdón y la paz por el ministerio de la Iglesia.

Del punto de vista formal, el confesante se arrodilla ante un sacerdote, el confesor, y a él le declara que pecó, que desea confesar lo que hizo y solicitar a Dios que perdone sus pecados.

Tras oírlo, cabe al sacerdote ofrecer sus palabras de consejo, de censura, de orientación y confort al penitente, recomendando la penitencia a ser cumplida.

El confesado debe rezar la oración denominada Acto de arrepentimiento, después el que el sacerdote pronuncia las palabras de perdón y bendice al penitentes, que se retira para cumplir la penitencia que se le prescribió.

La Iglesia católica considera el sacramento de la penitencia un acto purificador, que debe ser practicado antes de la Eucaristía, A fin de que esta sea recibida con el ánima limpia por el perdón de los pecados. Pero, se entiende También que ese efecto purificador es saludar, siendo benéfico para el espíritu cada vez que es practicado.

Uno de los más rígidos deberes impuestos al sacerdote por la Iglesia es el secreto de confesión.

El sacerdote está rigurosamente y plenamente prohibido de Descubrir lo que oye de los files en el confesionario. El incumplimiento de ese deber es considerado uno de los mayores Y también más graves pecados que un sacerdote puede cometer y lo sujeta a penalidades severísimas impuestas por la Iglesia.

Véanse Jn 20,23; St 5,15.

Unción de los enfermos[editar]

La Unción de los enfermos es el sacramento por el Como el sacerdote reza y unge a los enfermos para estimularles la cura Mediante la fe, escucha los lamentos de ellos y les promueve el perdón de Dios. Este sacramento Puede ser dado a cualquier persona que se encuentre en estado de enfermedad, y no únicamente a personas que están en estado de fallecer en cualquier momento.

Véase St 5, 14-15.

Orden Sacerdotal[editar]

El sacramento de la orden concede la autoridad para ejercer funciones y ministerios eclesiásticos que se refieren al culto de Dios y a la salvación de las almas. Está dividido en tres grados:

El Episcopado: Confiere la plenitud de la orden y torna el candidato legítimo sucesor de los apóstoles y le es confiado los oficios de enseñar, santificar y regir.

El Presbiterado: Configura el candidato al Cristo sacerdote y buen pastor. Es capaz de actuar en nombre de Cristo cabeza y administrar el culto divino.

El Diaconado: Confiere al candidato la orden para el servicio en la Iglesia, a través del culto divino, de la predicación, de la orientación y sobre todo, en la caridad.

Es el sacramento que establece y santifica la unión entre un varón y una mujer, y funda una nueva familia cristiana. Matrimonio es el casamiento entre varón y mujer, celebrado en la Iglesia y santificado en la indisolubilidad y en la fidelidad.

Un rasgo distintivo es el sacramento del matrimonio no es oficiado por el sacerdote, sino por la propia pareja que, realizando el sacramento delante de la Iglesia, piden y reciben del sacerdote la bendición para la nueva familia que está naciendo.

Las Iglesias ortodoxas Asimismo celebran estos siete sacramentos. Para las iglesias reformadas, como se ha mencionado ya antes, dichos símbolos manifiestan la gracia, Pero no la confieren.

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Liturgia
Diez Mandamientos en el Catolicismo
Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

↑ El mayor propulsor de la identificación con el significado griego es Odo Casel. cf.[2]
↑ Término tomado de la carta a los Efesios 1, 10 donde Pablo escribe: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad: recapitular Todas y cada una de las cosas en Cristo”. Además de esto es un término utilizado en la teología de Ireneo de Lyon.
Referencias[editar]

↑ Cf. Catecismo de la Iglesia católica 1127.
↑ Fisichella, Rino (2002). «La eucaristía, memoria del misterio pascual». Roma, Italia. Consultado el veinticuatro de noviembre de 2007.
↑ Cf. nn. 1210-1211
↑ Cf. DS 860
↑ «What is the difference between ordinances and sacraments?». Consultado el diez de agosto de 2016.
↑ Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, n. 250
↑ Ibidem, n. Doscientos veinticuatro
↑ Ibidem, n. Doscientos veintinueve
↑ Ibidem, n. Doscientos treinta
↑ Ibidem, n. 251
↑ Ibidem, n. 256.
↑ Ibidem, n. 252.
↑ Ibidem, n. 263
↑ Ibidem, n. 262
↑ Ibidem, n. 258.
↑ Ibidem, n. 260.
↑ Catecismo de la Iglesia Católica Apostólica Romana, 2005
Bibliografía[editar]

MIRALLES, ANTONIO (2000). Los sacramentos cristianos: curso de sacramentaria esencial.

NICOLAU, MIGUEL (1969). Teología del signo sacramental. Madrid: BAC.
PAZ, MIGUEL (1999). Los signos del encuentro con Cristo: teología de los sacramentos En general. México: Editorial Nueva Evangelización.
ROCHETTA, CARLO (2001). I sacramenti della fede. Saggio di teologia biblica come «Eventi di salvezza» nel tempo della Chiesa. Bologna: Editorial Dehoniana. ISBN 88-10-40546-3.
MIRALLES, ANTONIO (2000). Los sacramentos cristianos: curso de sacramentaria esencial. Madrid: Palabra. ISBN 84-8239-421-5.
Catechismus Ecclesiae Catholicae. Roma: Libreria Editrice Vaticana. 1997. ISBN 88-209-2428-5.

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