Sandra Alberti: “Siempre He Sido Muy Mística Y… Ya Ves. Acabé En Bolas Ahí”

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Sandra Alberti: “Siempre He Sido Muy Mística Y… Ya Ves. Acabé En Bolas Ahí”

Este año se cumplen cuarenta del primer número de ‘Interviú’, un hito que contribuiría a ese descorche sexual que fue el destape. Desde entonces por las páginas de la revista han desfilado cientos de chicas

Tras cada una había una pequeña historia que los lectores desconocían. ¿Qué fue de ellas? Iniciamos El día de hoy una serie con cinco de aquellas protagonistas

EMILIA LANDALUCE

Sandra Alberti fue portada de Interviú en diciembre de 1977. Así empezaba aquella entrevista:

“Tiene un aire felino y una voz desgarrada con la que recita sus ilusiones. Se escapó del tarrito de esencias burguesas de una farmacia valenciana y voló a Madrid para vivir en una cueva de moqueta con un gato de Angora.”

Pero Sandra comenzó a escribir su libroSinfonía del Alma (Endymion, 2012) de otra forma: “Corría el año 1974 y en aquel verano de mis dieciocho años me sentía pletórica”.

“Ese libro está agotado. Ésta es la única copia que me queda”, afirma ya antes de coger las cartas del tarot. “Tras retirarme, estuve más de 10 años estudiando esoterismo con mi Maestro. Aprendí mucho”. El día de hoy cobra cincuenta euros por leer el futuro a las clientas que la visitan en Rosa de Madrid, la tienda que regenta en la calle Noviciado desde hace 25 años. Se trata de un local acogedor. La parte de atrás tiene algo de boudoir: butacas de terciopelo rosa, plumas, alfombras, un sofá ideal para el abandono carnal ilustrado…

Sandra lo sabe y se le nota al fumar y sobre todo cuando habla.

Alberti, en el padrón María José González (Zamora, 1955), es Aún una mujer atractiva. Las que han sido guapas Siempre y en toda circunstancia lo son Si bien sea psicológicamente. Sandra lo sabe y se le nota al fumar y sobre todo cuando habla. Prosigue teniendo un vozarrón, Quizá Aún más desgarrado que en 1977 Mas deja entrever una cadencia áspera, prácticamente castiza, que impone a los tímidos y a los acomplejados. Junto a ella su inseparable Leo, una narcolépsica diagnosticada a la que recogió un día en la calle y que se ha convertido en sus manos, sus pies y hasta su cabeza. Son un par singular, almodovariano si el adjetivo relativo se circunscribiera únicamente a la primera época del directivo manchego. “Sandra es vidente; yo, evidente. Anda échale las cartas”, le pide a su jefa. Leo es bajita, redonda, fiel… Mas Asimismo lista como el hambre. Se nota que adora a Alberti Porque Siempre y en toda circunstancia la mira desde abajo, Si bien Quizás se trate de una cuestión de altura. Sandra accede a hacer una pequeña demostración de sus dotes de Adivina. Me empieza diciendo que soy enigmática, Pero enseguida cambia de tercio y me cuenta que tiene un hijo ingeniero de 20 años. Ella es la estrella. Si bien aparentemente lo sea solo en su trastienda. Prosigue hablando tal y como si se dirigiera a un auditorio: “Me quedé embarazada cuando cumplí los 40. La primera cosa que me preguntó mi madre cuando se lo conté es si el padre estaba casado”.

Aunque ya antes ya había hecho de doble de cuerpo de Ángela Molina y de Massiel.

La familia debía estar ya acostumbrada a sus desmanes. A los 18, María José se fue a Madrid para trabajar en el Ministerio de Hacienda. Mientras que, buscaba abrirse hueco como actriz, una vocación que había cultivado como amateur desde los quince años en Valencia. Las cosas no tardaron en pasar. Salió en Curro Jiménez y en ciertas películas: La muerte ronda a Mónica, El transexual… Aunque ya antes ya había hecho de doble de cuerpo de Ángela Molina y de Massiel. ¿Por qué eligió llamarse Alberti? “Pues escuché en las noticias que Rafael Alberti volvía a España y me gustó”.

Y llegó Interviú. La entrevista la hizo Luis Cantero y las Fotografías las firmaba José María Castellví. “Me sentí muy cómoda con ellos. Jamás he sido vulgar hiciera lo que hiciera. En eso soy como Bárbara Rey”. Entonces tenía veintiuno años. Era mayor de edad. Interviú apenas llevaba Dos años de andadura y podía llegar a vender más de un millón de ejemplares. “Siempre y en todo momento he sido muy mística. Quise ser misionera… y ya ves. Acabé en bolas ahí”.

Sandra Alberti, valor seguro fue el titular de portada. El Interviú de entonces no se parecía a las publicaciones de ahora. Los lectores podían leer una entrevista con el presidente Jimmy Carter, Pero También un reportaje sobre las tiendas de condones del Barrio Chino y los lavajes de permanganato que se le practicaban a los hombres que habían cometido la imprudencia de acostarse con alguna prostituta a pelo. “No vea los apuros. ¡A mis cincuenta años ponerme a lavar penes!”, declaraba un trabajador del establecimiento. La otra gran exclusiva era el testimonio de un superviviente de la tragedia aérea del Funchal (ilustrado con una serie de Fotografías de los cadáveres calcinados en los que se puede distinguir el cuerpecillo de un pequeño con gafas) de la que el lector más morboso podía recuperarse leyendo la historia de Un travesti llamado Esperanza. Entonces travesti era un término habitual para la disforia de género. Sandra Alberti no era el único posado subido de tono. También estaba Jacinta, el ángel desnudo y un conjunto de muchachas “despelotadas”, en la jerga, que se habían subido en globo para desplegar una pancarta de Interviú. Pero sin duda el titular más singular era: Pilar Franco se desmadra que acompañaba una serie de fotografías de la visita que la hermana del Caudillo había hecho al Crazy Horse de Barcelona. Al parecer, las chicas habían querido conocerla e invitarla a una botella de champán. No damos crédito a nuestros ojos. Una tras otra van apareciendo en porreta, como diría nuestro académico Cela, Todas las chicas del Crazy. Pilar Franco ni pestañea. “Ustedes También ayudan a hacer grande a España”.

Casualmente Sandra Alberti ejerció de maestra de ceremonias en el Crazy Horse de Pasapoga. Umbral le llegó a dedicar un artículo en El País. “Tenía y tiene una belleza rubia oscura, morena clara, una cosa de flor cálida que, naturalmente, quedaba mucho más flor y mucho más cálida entre velos y las veladuras de aquel espectáculo que entre la charcutería anatómica de este de ahora, con la dulce celulitis, perfumada por el rocío de la refrigeración industrial”.

La visión que Sandra tiene de aquel espectáculo es mucho más idealizada. “Teníamos a unas chicas guapísimas. Y los hombres Asimismo. Salían todos desnudos. ¿Menos reprimidos que ahora? Puede… No sé. Allí, a la que no era reprimida, le hacían un bombo. Nosotros fuimos el descorche de esa sociedad”.

Un año después, rodaría Escalofrío, una película de temática satánica dirigida por Carlos Puerto. “La hicimos con seis millones y recaudó 600. Me llamaron de todos sitios. Viajé a Tijuana”, afirma fumando como solo fuman las malas de película. Al parecer, Escalofrío es “Hoy un culto (sic)”, como afirma la propia Alberti. “Hace un tiempo la repusieron en el cine y mi hijo fue a verla. Yo estaba muy nerviosa [en la película abundan los desnudos] y esperé su reacción. Me dijo que le había gustado más de lo que aguardaba”.

La familia pensaba de otra forma en 1977. “Mi padre Parecía que no se enteraba Pero mi madre estaba abochornada. Si salías en bolas te veían como una prostituta”. En aquella temporada, le pregunto, recibiría muchísimas proposiciones. “¿Yo? Nunca. Todos sabían que si me decían algo De este modo, les daba una hos…”. Una mujer de carácter. “Ese es el problema y uno de los motivos por los que me cansé de esto. Me veían como mujer, no como persona. Y yo quería ser una persona. Me decían que yo tenía verdadero talento. Después participé en el musical de Jaime Azpilicueta Let my people come. Yo cantaba Ven en mi boca desnuda con una distinción. Todo cuanto he hecho ha sido con mucha clase”.

¿Se arrepiente de algo? “De salir desnuda, no. Me arrepiento de no haberme ido a EEUU cuando me lo ofrecieron [es que no sabía nada de inglés] y de haberme retirado. Hice 12 películas en Dos años. Tuve un éxito total, Pero me fui por soledad y Porque no me gustan las cosas feas. Tengo un gusto muy exquisito. Yo no era como las demás. Tenía el COU y criterio. Me dije: esto del éxito es una tontería. La gente te tocaba tal y como si fueras diferente, Pero yo era exactamente la misma. En 1979, conocí a mi Profesor y me metí en esto del esoterismo. Me quedé con él Hasta que murió en 1991. Después abrí esta tienda y Acá llevo 25 años”.

Unas perlitas de sudor se forman en los muslos de Alberti.

Con Leo, la narcolépsica y sin gato en la caverna. El calor cae a plomo en Madrid. Unas perlitas de sudor se forman en los muslos de Alberti. Maciza, flor Aún sin marchitar. Más vieja, más sabia. ¿Menos ella?

Repetimos exactamente las mismas preguntas que le hizo Luis Cantero en 1977.

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