Sincronicidad: las raíces de la coincidencia

0
22

La coincidencia es cuando dos o más cosas no relacionadas parecen ocurrir lo suficientemente cerca como para sugerir alguna relación entre ellas. Por ejemplo, sueñas con un amigo de la escuela del que no has escuchado durante años solo para recibir una invitación de reunión de esa misma persona al día siguiente.

Entre tener la idea de esta publicación y escribirla, una amiga me contó sobre dos casos en los que le vinieron a la mente personas que no había visto durante mucho tiempo. ¡El primero se topó con ella en la calle al día siguiente, y el segundo estaba en la televisión cuando entró en la habitación de al lado! Y, el día que publiqué esto, estaba pasando por los canales de televisión y comencé a ver una serie antigua (de aproximadamente 80 episodios). Curiosamente, el episodio que se muestra fue el mismo con el que me topé hace más de 4 años también al cambiar de canal. No sigo esta serie y no recuerdo haberla visto entre tiempos. ¿Coincidencia o qué?

Todos experimentamos coincidencias. Y a menudo envían un pequeño escalofrío por nuestra columna vertebral como si indicara que una fuerza oculta mayor está en acción.

Pero antes de dejarse llevar demasiado, dejemos en claro: la coincidencia ocurre como un hecho de la naturaleza. Por ejemplo, si continuamente tira dos dados, una de cada seis aparecerán con el mismo número. Nada espeluznante sobre eso. Las coincidencias son significativas solo cuando ocurren con mayor frecuencia que el azar sugiere que deberían.

El gran psicólogo suizo CG Jung acuñó el término sincronicidad para describir «sucesos temporalmente coincidentes de eventos acausales», es decir, coincidencia. Jung atribuyó el fenómeno a algún «principio de conexión acausal», es decir, postula una realidad mayor, invisible, que tiene un efecto directo sobre los eventos terrenales.

Cuando nacemos, una pequeña parte del Espíritu se asocia con nuestro cuerpo físico. Pero mientras se encarna, el conocimiento de nuestra naturaleza espiritual está enterrado en lo más profundo. Nuestro enfoque debe estar en asuntos terrenales tanto para sobrevivir como para cumplir nuestro propósito de estar aquí.

Pero seguimos siendo Espíritu; y a veces vislumbramos evidencia de esa realidad. Al igual que nosotros, el universo físico se manifiesta del Espíritu y permanece subordinado al Espíritu. En gran medida funciona de manera determinista, pero dentro de ese determinismo aparente yacen pistas sobre la existencia de una realidad mayor.

Es un poco como si fuéramos títeres (aunque con nuestra propia voluntad) en un teatro de marionetas. Hacemos nuestros movimientos y observamos los movimientos de los demás, pero no nos damos cuenta de la fuerza oculta (espiritual) que está tirando de las cuerdas, salvo por el atisbo ocasional de su influencia. Quizás parte de nuestro papel en esta vida es redescubrir nuestra esencia espiritual después de haberla ocultado. La coincidencia proporciona solo una señal a lo largo de ese viaje.

DEJA UNA RESPUESTA

tu comentario
Tu Nombre