‘Te Conjuro Satán, Príncipe De Este Planeta’

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Te conjuro, Satán, oponente de la salvación humana, reconoce la justicia y la bondad de Dios Padre. Te conjuro, Satán, príncipe de este Mundo, reconoce el poder y la fuerza de Jesucristo, que te venció en el desierto, prevaleció en el huerto y te despojó en la cruz. Retrocede de esta criatura [se dice el nombre] que, al nacer, Cristo lo hizo hermano suyo y, muriendo, lo adquirió con su sangre’. Ésta es la parte primordial de la fórmula del conjuro del exorcismo.

De ahí que, la raíz de la palabra exorcismo significa conjurar y la Iglesia lo define como ‘la invocación del nombre de Dios, hecha con el fin de alejar al Diablo de alguna persona, animal, lugar O cosa’. Se trata de un rito a la perfección regulado por el Código de Derecho Canónico que, en el canon 1172, prescribe que ‘nadie puede efectuar legítimamente exorcismos sobre los posesos, sin licencia peculiar y expresa del Ordinario del sitio’ (el obispo).

El exorcismo católico Solo es, Pues, lícito y válido en estas condiciones.

De ahí que para echar demonios, no valga cualquier cura. El Código Canónico señala que ‘el ordinario del sitio concederá esta licencia [de exorcista] solamente a un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad de vida’. El exorcismo católico Solo es, Pues, lícito y válido en estas condiciones. Cuando se Realiza por un exorcista debidamente autorizado por su obispo, el exorcismo es un combate a muerte contra el Diablo en nombre de Dios, en el que Satán Siempre y en toda circunstancia termina derrotado. Si bien este consiga hacer cosas prodigiosas, como girar la cabeza del poseso trescientos sesenta grados O bien reptar por el suelo como una serpiente, Hablar con voz de ultratumba O bien entender latín y lenguas extrañas.

El exorcismo puede durar horas y horas, A lo largo de días O bien Solo un par de sesiones. Depende del Diablo que haya que expulsar. ‘Los hay burlones y sarcásticos, los hay mudos, que se resisten a Hablar. Cada uno de ellos tiene su personalidad’, explica en sus libros el exorcista madrileño José Antonio Fortea.

‘El Diablo reafirma su presencia en este Mundo A través de la posesión de una persona viva’

El rito consiste en conjuros y oraciones a Dios pidiéndole que libere a su criatura. Los peores gritos y convulsiones se producen al inicio de la oración de conjuro. A lo largo del ritual, el exorcista es ayudado por 4 O bien seis personas que sujetan al poseso. Éste acostumbra a escupir, gritar y lanzar terribles alaridos y risas malignas. A veces, hay que atarlos. Algunos posesos muerden. Pese a que cada exorcismo tiene sus propias peculiaridades, algunos expertos han señalado los pasos a continuar. En primer lugar, el exorcista, acompañado de un crucifijo, ordena al Demonio que se limite a contestar, sin opinar nada de lo que haga O bien diga el poseso. Después, debe hacer la señal de la cruz O bien rociar con agua bendita las partes del cuerpo más afectadas. Finalmente, se pregunta al Diablo el Por qué de la posesión y, tras imponer las manos sobre la cabeza de la víctima, se conjura al Demonio a que abandone el cuerpo: ‘Sal fuera, Satanás’.

Una vez liberado del Demonio, el poseso recobra su aspecto normal, no recuerda el exorcismo para nada y acostumbra a consultar: ‘¿Qué hago en el suelo?’. Eso sí, siente un cansancio enorme, como si le hubieran dado una paliza. En contra de lo que acostumbra a creerse, no es verdad que los demonios digan los pecados de los colaboradores del exorcista y tampoco que se cumplan las premoniciones O las maldiciones que les echan.

Según la doctrina católica, el Diablo reafirma su presencia en este Planeta A través de la posesión. Se trata de un fenómeno sorprendente en virtud del cual el Diablo invade el cuerpo de un hombre vivo y mueve sus órganos en su nombre y a su gusto, tal y como si se tratase de su cuerpo, radica Realmente en su interior, habla y lo trata como propiedad suya. Los signos externos de la posesión son: ponerse furioso por una oración O ante el agua bendita O bien el crucifijo; Hablar O entender lenguas desconocidas; conocer cosas ocultas O bien distantes y mostrar fuerzas físicas fuera de lo normal.

Las causas de la posesión pueden ser: el pacto con el Demonio, asistir a sesiones espiritistas O a cultos satánicos, que un hijo haya sido ofrecido por su madre a Satanás O bien que alguien sea víctima de un maleficio O de un mal de ojo. En contra de lo que suele creerse, la posesión no se contagia. En ninguna una parte del globo se ha dado un solo caso en que la convivencia haya provocado la posesión de otra persona. Ni siendo esposos, ni compartiendo lecho. La posesión tampoco es una enfermedad psicológica. Conforme la Iglesia, puede curarse con oración.

El Diablo, Conforme el padre Fortea, es ‘feo, un ser obscuro y tentador, que acostumbra a presentarse en forma de sombras que se mueven, engendros monstruosos O niños pequeños de color totalmente negro’. El Demonio puede gozar del placer de conocer, Mas no del de amar, es pragmático, no puede hacer verdaderos milagros Pero sí prodigios y no ve el futuro, Mas puede deducirlo O bien conjeturarlo con su especial inteligencia. Mas A pesar de sus espectaculares facultades, puede ser vencido por el poder de Cristo en el exorcismo. ‘Señor, en tu nombre Aun los demonios se nos someten’ (Lc.

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