Un estudiante le pregunta a un maestro sobre el amor

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Un estudiante le pregunta a su maestra; No sé cómo amar y no asumir, empatizar, sentir el dolor de aquellos a quienes amo. ¿Podemos amar a las personas y no estar apegados a ellas? ¿Es posible no sentir dolor cuando tienen dolor? ¿Es posible no asumir su sufrimiento y tristeza? ¿Es posible no estar apegado a su presencia física en nuestras vidas? ¿Y eso es deseable?

El maestro respondió: Cuidar implica … involucrarse. Se produce un entretejido. Tal vez solo unos pocos hilos, tal vez más, tal vez un tapiz completo. Experimentar la conexión es el mayor regalo de la vida.

Jiddu Krishnamurti una vez preguntó a sus alumnos, ¿quieres saber cuál es mi secreto? ¿A la paz ya la felicidad? No me importa lo que pase. Era un hombre de gran fe y de gran amor, pero su fe y confianza eran tan grandes que le permitieron confiar en el desarrollo, incluso cuando las apariencias eran desgarradoras.

Es posible no sentir dolor cuando las personas que amamos tienen dolor, es posible desarrollar mecanismos de afrontamiento, pero ¿es deseable? Cuando negamos lo que sentimos, ¿puede ser eso bueno? Hay una mejor pregunta, que es, ¿cómo navegamos amorosamente?

Sentir permite una presencia y presenciar y acompañar que no puede suceder de ninguna otra manera, pero no necesitamos llevar sufrimiento. No podemos. Con demasiada facilidad puede volverse aplastante, y entonces no somos buenos para nadie.

Debemos colaborar, con el Espíritu del Amor, el Espíritu de la Vida misma. El Universo es capaz de soportar el peso en nuestro nombre. La pregunta entonces es: ¿confiamos lo suficiente como para entrar en ese grado de colaboración?

El amor, en todas sus formas, es lo que da sentido, propósito y satisfacción a la vida. Lo queremos. Si realmente queremos ser felices, vivir en y desde el amor, la colaboración, la colaboración divina no es tanto una decisión como una realización de lo que ya es. Esa es la vida espiritual. Nuestro deseo de bien para aquellos que amamos y nos preocupamos es una oración, y los acompaña todos los días de sus vidas. Es una oración viva y continua.

Las estrellas en el cielo nos recuerdan eso, compartiendo la luz de los soles antiguos que tal vez ya no existan, pero la luz continúa encendida para siempre. El amor es asi. La oración es así; una contribución viva y respirante al Todo, que continúa para siempre.

Amamos porque el amor es lo que somos, lo que estamos aquí para hacer y para ser, porque no hacerlo sería destripar el propósito mismo de la creación. Entonces, la pregunta no es si es bueno o malo o correcto o incorrecto. La pregunta entonces se vuelve mucho más grande; ¿Cómo amamos, tan grande como podamos? ¿Cómo navegamos amorosamente ferozmente?

Y si estamos, al final, con todos nuestros mecanismos y modelos y prácticas de navegación, aplastados por amar demasiado, demasiado, ¿sería un mal final?

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