Un Marco Redondo Para Los Premios Planeta

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Marcos Chicot y Dolores Redondo hablando con Ricard Domínguez y Anna Soler Pons, de la agencia literaria Pontas, quien representa a la premiada. J. M. PLAZA

¿Es un marco redondo el Instituto Cervantes para la presentación de los Premios Planeta?… Posiblemente, sí lo es este año, dada la identidad de los galardonados; Pero En general, la sede del Cervantes resulta más conveniente para un acto literario, Al paso que el Planeta, un premio comercial que se abre a toda la sociedad, está mucho mejor donde estuvo antes de la crisis.

Recordamos con cierta nostalgia que la puesta de largo de los ganadores tenía lugar en el Hotel Palace, al lado de las Cortes, en el marco de una comida larga y generosa, precedida de un cóctel bajo la redonda bóveda modernista del hotel, ese sitio donde acostumbraba a cenar Jorge Luis Borges cuando venía a Madrid y que María Kodama sigue respetando.

Después se suprimió la comida, demasiada incómoda para los discursos, y la presentación de los libros se trasladó a un anchuroso salón del Hotel Ritz, en una ceremonia en la que un cierto glamour y el cava estaban presentes entre las alfombras y los candelabros de época. Seguía siendo un acto social con escritores, políticos, banqueros, actores y alguna marquesa.

Ahora, Al menos en Madrid, la presentación de los Planeta se ha convertido en un acontecimiento meramente periodístico. De esta manera lo vivimos, en la salón noble de conferencias del Instituto Cervantes, donde Dolores Redondo y Marcos Chicot nos charlaron de sus novelas, respondiendo a las preguntas de una Julia Otero irreconocible (dado el peinado) Hasta que abrió la boca. Lo curioso es que tras prácticamente una hora de amena charla, lo que ha destacado la Prensa fueron los quince segundos en los que Dolores Redondo, y de motu propio, decidió puntualizar sobre el Nobel a Bob Dylan: ‘A los académicos suecos no les debe gustar leer’. O bien algo Así.

A los futuros lectores del Planeta, en cambio, sí les tiene que interesar -y mucho- la lectura para llevarse a la boca los Dos volúmenes premiados, que suman 1364 páginas, el pack más pesado de toda la historia del premio. Hasta ahora, las novelas galardonadas más extensas (charlamos de memoria) eran El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina, y La isla de Alice, de Daniel Sánchez Arévalo, del mismo grosor que Todo esto te voy a dar, de Dolores Redondo. El asesinato de Sócrates, de Marcos Chicot, 740 páginas, encabeza la lista de los pesos pesados.

Esta circunstancia va a hacer que, posiblemente, el número de libros leídos por Español descienda sensiblemente, Pues el tiempo es limitado; y si los Planeta siguen siendo una costumbre anual, esos lectores ocasionales van a tener, este año, su tiempo de lectura bastante hipotecado entre la Grecia clásica y la Ribera Sacra.

Como las presentaciones de los Planeta en Madrid ya no son un acontecimiento social, en ésta edición Solo se vieron a ciertos autores de la casa: Mónica Carrillo, Pepa Roma, Pablo del Palacio, Guillermo Summer, Nativel Preciado, la académica Carme Riera y el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha. También, como era de aguardar, a muchos agentes literarios. Ángeles Martín: ‘Mi último Planeta fue Melocotones helados, de Espido Freire’.

Las actrices Soledad Caltana y Lucía Casado, de ‘La tentación de vivir’. J. M. PLAZA

Si uno, tras tanto espectáculo literario, no cae en la tentación de leer, que tropiece, Cuando menos, en la del teatro, que harta falta les hace a los miles y miles de actores que se mueven entre el off y el desahucio de su vocación, con ese veintiuno por ciento de IVA como estoque para las heroicas resistencias.
Un experimento prometedor fue el de los alumnos de Estudio 3, dirigido por Agustín Bellusci. Una de las profesoras, Denise Despeyroux (infatigable autora que la temporada pasada llegó a tener 5 obras simultáneas en los escenarios de Madrid) trabajó con los alumnos y escribió una obra pensando en Cada uno de ellos. Un ingenioso enredo y una reflexión sobre los encuentros y desencuentros cotidianos, con su toque de esoterismo. El resultado fue La tentación de vivir, la pieza más divertida de Despeyroux después de Carne viva (su obra maestra), que se representó en una sala pequeña de los teatros Luchana a principios de año.

Ahora, y de una forma transitoria, ha vuelto al mismo escenario esta muy recomendable obra; Pero con otra mirada. Tras el subidón de debutar en un escenario céntrico, sus intérpretes se topan con la cruda realidad, que es la que vive el 90 por ciento de su profesión, y han de buscarse la vida por otros caminos. Una obra, como La tentación de vivir, con diez actores en una sala pequeña, es una locura, y Cada uno de ellos de ellos puede sacar nueve euros por función. Con suerte.

De esta manera está el panorama. No es de extrañar que Nerea Sanjuán, Lucía Casado y el resto de sus compañeros, como tantos, estén buscando otras opciones. Soledad Caltana, una porteña que lleva catorce años en España, nos lo cuenta: ‘Con otras Dos amigas, estamos preparando una versión de Las uvas de la ira, de Steinbeck; Pero lo hacemos todo nosotras, y debemos invertir, Cuando menos, lo mínimo, para montar la obra, grabarla y luego ir mostrándosela a los teatros, a ver si nos programan en alguno de ellos’.

Si lo hicieran, ya por abril, sería un día a la semana e irían a taquilla; lo que significa que hay que restar el treinta y uno por ciento (También, derechos de autor), y lo que queda, repartir la mitad para el teatro y la otra mitad para los productores, que En general, como en ese caso, son los actores y personal técnico. Una ruina, Mas, Si bien se pierda dinero, hay que actuar Porque es la única manera de sentir la sangre circulando. Y Mientras tanto, hacer algún anuncio, algún doblaje y trabajar en lo que se pueda: una tienda de ropa, una peluquería, un bar… Para un actor, el escenario es la tentación de vivir…

Lola Larumbe, dueña de la librería Rafael Alberti, presentando a David Trueba, Jesús Marchamalo y Luis Mateo Díez.

De entrada, el tema del libro no parecía el tema más apasionante del Cosmos para pasar una velada entretenida, y caer, como caímos, en la tentanción de reír. En la librería Rafael Alberti, que tanto mima Lola Larumbe, se presentaba Los reinos de papel (Siruela), de Jesús Marchamalo, un recorrido por las bibliotecas personales de 20 escritores.

No era un planazo, Pero el autor, junto a los presentadores, formaron un trío de lujo para hacer una risas que Aún se recuerdan: desde la ironía sutil, Mas puñetera, de Luis Mateo Díez, a la visión desenfadada, brillante y llena de ingenio, de David Trueba, pasando por la palabra acariciada del autor, a quien el poeta Antonio Gamoneda bautizó como inspector de bibliotecas.

La verdad es que resultó una velada divertida. Entre el público, que desbordaba la apretada librería, se pudo ver a los escritores Ignacio Martínez de Pisón y María Tena, al poeta Jordi Doce, al ex general Julio Rodríguez, a varios pequeños editores y a Daniel Mordzinski, que estaba de oyente y esta vez no hizo su fotinski.

En la charla a 3 bandas se habló de que todos los escritores tienen los mismos libros y, No obstante, escriben diferente; de que no hay nada que valga menos que un libro (O bien las mil vicisitudes para deshacerte de ellos), de la mudanza como crítica literaria (Siempre y en toda circunstancia hay alguna pesada caja de libros que se pierde en los traslados de domicilio) y de las nuevas costumbres sociales. ‘Ahora vas a una casa y ya no ves bibliotecas. La primera cosa que aparece es un televisor enorme y aparatos de gimnasia. Ya antes queríamos aparentar que éramos inteligentes; ahora, que estamos en forma’, comentó David Trueba.

Sencillamente, estaba en su estudio y tropezó con una pila de volúmenes que se le cayeron encima.

Leer, No obstante, no es Solo un ejercicio espiritual, sino que puede transformarse, y De esta forma se convino, en un deporte de riesgo. El poeta mexicano José Emilio Pacheco murió hace 2 años a causa de los libros, y no fue Pues se aficionara a Paulo Coelho. Sencillamente, estaba en su estudio y tropezó con una pila de volúmenes que se le cayeron encima. Esperemos que los lectores del último pack del Planeta no tengan los Dos libros premiados en los estantes más altos de su biblioteca. Quizás, dado su peso, pueden dejarlos junto a los aparatos de gimnasia.

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