Un Problema De Espíritu

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Publica Emmanuel Carrère El Reino (Anagrama, traducción de Jaime Zulaika), una historia Aproximadamente autobiográfica de conversión y reflexión sobre el catolicismo y la fe católica, basada en La pregunta, hecha sin segundas intenciones, de Exactamente en qué creen Realmente los cristianos. Al autor se le hace difícil asumir que crean literalmente en la vida y milagros de Jesús, en la resurrección O bien en la vida eterna, por poner casos en el amplio repertorio conocido. Hablaremos con más detalle la semana que viene de de este texto que se pasea peligrosamente por ciertos filos.

En este instante, vamos a conformarnos con una anécdota que En realidad alumbra uno de los estados de la cuestión. Hablando de un colega suyo, el narrador afirma:

“La única inquietud de su vida es de índole…, una vez más tropiezo con esta palabra horrible: `espiritual´, con todo lo que entraña de bobería piadosa y de énfasis etéreo. Digamos que Hervé forma una parte de esa familia de personas para las que vivir no se da por sentado. Desde la infancia se pregunta: ¿qué hago yo Aquí? ¿Y Qué es lo que significa `yo´? ¿Y qué es eso de `aquí´?”.

No es que Carrère ande muy fino ni en la hermenéutica ni en la exposición, las dos ostensiblemente desharrapadas, Mas Es verdad que las convenciones de una cierta educación y las impuestas por la sentimentalidad dominante -quitando nuestra raquítica manera de contemplar el Planeta-, hacen de esa palabra un estigma para quien la pronuncia de forma positiva. Sencillamente, ha dejado de entenderse en un Cosmos mental que confunde lo sólido con lo real, y lo sensorial con lo perceptivo.

Para colmo, y naturalmente en consecuencia, abundan sectores en los que se cultivan un esoterismo y un misticismo prácticamente desligados del discurso racional, al que temen y odian, lo que tampoco ayuda a que la idea de espiritualidad ingrese por derecho propio y por vías normales en nuestra existencia. Occidente ha terminado dispensando como principio de realidad y como imagen de las cosas un materialismo para pobres (mentales), al alcance de los sentidos vulgares, además de suministrar la aritmética (más que la matemática) como en el Planeta feliz de Huxley se proporcionaba el soma.

La verdad es que si hubiera que consignar las facultades de la psique humana, habría que atender a tres espacios: el racional, el sensible y el espiritual, que no están ni muchísimo menos separados y que Suelen aparecer habitualmente en Exactamente el mismo campo de juego. Difícilmente se toman resoluciones exclusivamente racionales (Por servirnos de un ejemplo: la austeridad presupuestaria no está al lado de una determinada ideología, y la ideología a su vez tiene componentes de forma profunda emocionales).

Si, en un esquema muy simple, la razón nos dijera lo que hay y la emoción Qué hay que hacer, el espíritu nos diría dónde estamos para ver lo que hay y lo que hacemos. Ese estar no es una posición específica, sino una consideración de todo cuanto no sabemos y no vemos cuando afrontamos los hechos y las indeterminaciones de nuestra experiencia. De tal modo que, Por poner un ejemplo, ante la posibilidad de abandonar mi trabajo como ingeniero para dedicarme al arte de la novela, tengo en cuenta, Además de esto del peso de esa posibilidad, que mi tiempo sobre este Planeta no es eterno y que la justicia y el orden de este Mundo están sostenidos por las fuerzas del deseo. Esto es espiritualidad.

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