Virgen María En La Iglesia Católica

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Virgen María en la Iglesia católica se refiere al concepto que tiene la Iglesia católica sobre María, la madre de Jesús, así como su veneración. La Iglesia propone a María como modelo de obediencia (Lucas 1,38) en contraste con la desobediencia de Eva (Gn 3,6) idea que se halla desde los Padres de la Iglesia. En la teología católica, la mediación de María nace de la mediación única y primordial de Jesucristo (1 Tim 2,5-6) de la cual depende. En ese sentido es una mediación secundaria Pero singular por su singular papel en el plan de la salvación. El capítulo VIII de la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II explica la figura de María En la Iglesia católica.

La veneración de la Virgen María en la Iglesia católica se manifiesta Por medio de la oración, las artes visuales, la poesía y la música, entre otras.

1 Madre de Dios
Dos Inmaculada Concepción
lectura Perpetua virginidad 3.1 La Perpetua Virginidad Conforme los Padres de la Iglesia

Madre de Dios[editar]

Para la Iglesia católica, María es Madre de Dios en cuanto es auténtica madre de Jesús que es Dios. María no engendró al Verbo (segunda persona de la Trinidad) Ya que, como Dios, es eterno, Pero sí a Jesús que es el Verbo hecho hombre. El razonamiento que se prosigue es común a todo ser: Una madre no engendra el Ánima sino Solo el cuerpo de su hijo Mas Todavía con la unión de Ánima y cuerpo es llamada madre de él. Así María es llamada Madre de Dios Puesto que engendró el cuerpo de Cristo que está unido substancialmente a la segunda persona de la Trinidad.

Esta maternidad divina, En la teología católica, es la base de Todas las prerrogativas que tiene María, siendo la de más alta dignidad.

La divinidad de Jesucristo, Conforme lo entiende la Iglesia católica, se halla afirmada en los siguientes textos de la Biblia:

En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Juan 1:1

Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Juan 20:Veintiocho

A ellos Asimismo pertenecen los patriarcas, de los cuales, Según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre Todas y cada una de las cosas, bendito por los siglos. Amén. Romanos 9:Cinco

…Mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Tito 2:13

Y fue definida en el Concilio de Nicea, el cual declaró que Jesucristo es consustancial al Padre, O sea, auténtico Dios.

La doctrina de la maternidad divina se halla desde los inicios del cristianismo, Por ejemplo San Ignacio de Antioquía a fines del siglo I en su epístola a los Efesios afirma:

Dios Nuestro Señor Jesucristo nació del seno de María, Según la dispensación de Dios, de la semilla de David, por el poder del Espíritu Santurrón

Mas Asimismo halló detractores desde esas temporadas tempranas: el caso más claro es el de los gnósticos y el de Nestorio. Los primeros, al distinguir el Alma y el cuerpo como contrarios, uno bueno y el otro malo, negaban que un Dios pueda hacerse hombre Verdaderamente. Sus doctrinas fueron combatidas por los primeros progenitores como Justino, Ireneo, Tertuliano.

El ataque más fuerte vino de una parte de Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien hacía de Jesús un simple alojamiento de la divinidad (Theophoron, ‘portador de dios’) y, por ende, predicando que María no podía ser llamada Madre de Dios a la que llamaba Christotokos. Su mayor contrincante fue Cirilo de Alejandría quien defendió el título dado por los Padres de la Iglesia a María de Theotokos. Un sínodo en Roma en el año 430 condenó las enseñanzas de Nestorio. El Concilio de Éfeso en 431, Entonces de gran lucha por parte de los partidarios de Nestorio terminó condenando su doctrina y reafirmando oficialmente como dogma la doctrina de la maternidad divina, al mismo tiempo la personalidad única y divina de Jesucristo bajo las 2 naturalezas humana y divina:

Pues, no decimos que la naturaleza del Verbo, transformada, se hizo carne; Mas tampoco que se trasmutó en el hombre entero, compuesto de ánima y cuerpo; sino más bien, más bien, que habiendo unido consigo el Verbo, Conforme hipóstasis O bien persona, la carne animada de ánima racional, se hizo hombre de modo inefable e incomprensible y fue llamado hijo del hombre, no por sola voluntad O bien complacencia, Mas tampoco por la asunción de la persona sola, y que las naturalezas que se juntan en verdadera unidad son distintas, Pero que de las dos resulta un solo Cristo e Hijo; no como si la diferencia de las naturalezas se destruyera por la unión, sino más bien Por el hecho de que la divinidad y la humanidad constituyen más bien para nosotros un solo Señor y Cristo Y también Hijo por la concurrencia inefable y misteriosa en la unidad… Por el hecho de que no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y después descendió sobre Él el Verbo; sino, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne… De esta forma [los Santos Progenitores] no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen.

El Concilio de Calcedonia, en 451, siguió adelante en la profundización de la doctrina:

Siguiendo, Puesto que, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que debe confesarse a uno solo y El mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, El mismo perfecto en la divinidad y Exactamente el mismo perfecto en la humanidad, Dios Realmente, y El mismo Verdaderamente hombre de ánima racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y Exactamente el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y Exactamente el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y El mismo Cristo Hijo Señor unigénito en Dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una persona y en una hipóstasis, no partido O bien dividido en Dos personas, sino más bien uno solo y Exactamente el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de viejo Sobre Él nos enseñaron los profetas, y El mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres.
De este modo, Pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a absolutamente nadie Va a ser lícito profesar otra fe, Ni siquiera escribirla O componerla, ni sentirla, ni enseñarla a el resto.

En el 553, el Segundo Concilio de Constantinopla tomó los doce anatemas contra Nestorio en fórmula dogmática. Estos Dos dogmas de la doctrina católica van unidos en su concepción doctrinal: Cristo en sus 2 naturalezas Pero una sola persona y María como Madre de la persona de Jesús y por ende auténtica Madre de Dios.

Si alguno no confiesa que hay Dos nacimientos de Dios Verbo, uno del Padre, antes de los siglos, sin tiempo Y también incorporalmente; otro en los últimos días, cuando Él mismo bajó de los cielos, y se encarnó de la santa gloriosa madre de Dios y Siempre Virgen María, y nació de ella; ese tal sea anatema.

Si alguno afirma que uno es el Verbo de Dios que hizo milagros y otro el Cristo que padeció, O bien dice que Dios Verbo está con el Cristo que nació de mujer O que está en Él como uno en otro; y no que es uno solo y El mismo Señor nuestro Jesucristo, el Verbo de Dios que se encarnó y se hizo hombre, y que de uno mismo son tanto los milagros como los sufrimientos a que voluntariamente se sometió en la carne, ese tal sea anatema.

Si alguno llama a la santa gloriosa Siempre Virgen María madre de Dios, en sentido figurado y no en sentido propio, O por relación, tal y como si hubiera nacido un puro hombre y no se hubiese encarnado de ella el Dios Verbo, sino se refiriera Según ellos el nacimiento del hombre a Dios Verbo por morar con el hombre nacido; y calumnia al santo Concilio de Calcedonia, como si en este impío sentido, inventado por Teodoro, hubiera llamado a la Virgen María madre de Dios; O la llama madre de un hombre O bien madre de Cristo, tal y como si Cristo no fuera Dios, Pero no la confiesa propiamente y Según verdad madre de Dios, Pues Dios Verbo nacido del Padre ya antes de los siglos se encarnó de ella en los últimos días, y De esta manera la confesó piadosamente madre de Dios el beato Concilio de Calcedonia, ese tal sea anatema.

Inmaculada Concepción[editar]

El dogma católico de la Inmaculada Concepción fue definido con las siguientes palabras:

Tras ofrecer sin interrupción a Dios Padre, Por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, A fin de que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santurrón, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo Él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que «la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano». Por lo que, si ciertos presumieren sentir en su corazón contra los que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan Además que se condenan por su sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que Además de esto, si osaren manifestar de palabra O bien por escrito O de otra cualquiera forma externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho.

María También necesitó de los méritos de la redención de Jesucristo Mas que la preservaron del pecado original (es lo que en teología se conoce como redemptio praeservativa O praeredemptio) En contraste a la redención que tiene el resto de los hombres que son liberados de un pecado original que existe en ellos (redemptio reparativa).

Aunque como dogma fue proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus arriba citada, la doctrina de la Inmaculada tuvo un desarrollo histórico: la idea ya estaba insinuada en los Progenitores de la Iglesia como San Efrén y Aunque en el oriente ya existía la fiesta de la Concepción de Santa Ana desde el siglo VII es Eadmer, discípulo de San Anselmo de Canterbury, el primero en escribir una obra defendiendo la concepción inmaculada. En el siglo XII surge la controversia En tanto que no se lograba armonizar la doctrina de la universalidad del pecado original y la necesidad de la redención con la idea de una concepción inmaculada. La discusión tomó Dos posturas representadas por los dominicos y los franciscanos, esta última en defensa de la doctrina con Guillermo de Ware y Juan Duns Scoto como representantes, de este último es famosa su frase que sirvió como prueba especulativa: «Potuit, decuit, ergo fecit» (‘pudo, quiso, lo hizo’). Tras el medievo se hallan diferentes rastros de declaraciones oficiales que no negaban la doctrina, como la condena de Miguel Bayo (1513-1589) por el papa Pío V en 1567, Bayo afirmaba que nadie, excepto Cristo, había sido librado del pecado original, y que la muerte y dolores de María eran castigos de pecados actuales O bien del pecado original. La doctrina llega a su definición dogmática en 1854.

Perpetua virginidad[editar]

El dogma católico de la Perpetua Virginidad de María señala que María fue virgen antes, A lo largo de y después del parto. El mismo, aparte de las citas del Segundo Concilio de Constantinopla referidas más arriba ―en la sección referida a la maternidad divina― en las cuales tiene por nombre a María “Siempre y en todo momento virgen”, fue declarado con estas palabras:

Si alguno no confiesa, Conforme con los Santos Padres, propiamente y Según verdad por madre de Dios a la santa y Siempre y en todo momento Virgen María, como desee que concibió en los últimos tiempos sin semen por obra del Espíritu Beato al mismo Dios Verbo propia y Realmente, que ya antes de todos y cada uno de los siglos nació de Dios Padre, e incorruptiblemente le engendró, permaneciendo ella, Aun después del parto, en su virginidad indisoluble, sea condenado.

La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María Incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo “lejos de disminuir consagró la integridad virginal” de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la Aeiparthenos, la ‘siempre-virgen’.

La palabra Aeiparthenos señala tanto el aspecto físico de la virginidad como lo ética al no pecar Nunca contra la castidad O bien la pureza. Los progenitores de la Iglesia como San Ignacio de Antioquía y San Justino resaltan tanto la concepción fantástica de Jesucristo como la virginidad de su madre. La virginidad en la concepción de Jesús Jamás fue negada entre la comunidad cristiana, Mientras que la virginidad durante el parto fue negada por Tertuliano y muchos años después por Joviniano quien junto a otros seguidores fue condenado por el papa Siricio.

La Perpetua Virginidad Según los Progenitores de la Iglesia[editar]

Ignacio de Antioquía fue segundo obispo de dicho lugar durante el reinado de Trajano (98-117) compuso 7 epístolas dirigidas a Efeso, Magnesia, Trales, Filadelfia y Esmirna, la más importante de Todas en relación a este tema, es la que envió a la comunidad Cristiana de Roma antes de Morir, 74 años después de la muerte de Jesucristo(ciento siete d.C).[1]

“…quedó oculta al príncipe de este Mundo la virginidad de María y su parto, como Asimismo la muerte del Señor: tres misterios clamorosos que fueron cumplidos en el silencio de Dios”

Orígenes Adamantius uno de los 3 pilares de la teología cristiana expresó lo siguiente en el año 232 d.C.[3]

“María conservó su virginidad hasta el fin, Para que el cuerpo que estaba destinado a servir a la palabra no conociera una relación sexual con un hombre, desde el instante que sobre ella había bajado el Espíritu Beato y la fuerza del Altísimo como sombra. Creo que está bien fundado decir que Jesús se ha hecho para los hombres la primicia de la pureza que consiste en la castidad y María por su parte para las mujeres. No sería bueno atribuir a otra la primicia de la virginidad”

Efren el Sirio(306-trescientos setenta y tres d.C) ordenado como diacono y habiendo rechazado el sacerdocio y al episcopado por su carácter humilde declaro lo siguiente:

“¿Cómo hubiese sido posible que aquella que fue morada del Espíritu, que estuvo cubierta con la sombre del poder de Dios, se convirtiera en una mujer de un mortal y diese a luz en el dolor, Conforme la primera maldición?…Una mujer que da a luz con dolores no podría ser llamada bienaventurada. El Señor que entró con las puertas cerradas, salió De esta manera del seno virginal, Pues esta virgen dio a luz Verdaderamente Mas sin dolor“

Asunción de María[editar]

El dogma católico de la Asunción de María, definido como tal en 1950, señala que María, en toda su persona: cuerpo y Alma (sin ser dualista) y en toda su integridad goza de la glorificación a la cual están llamados todos y cada uno de los humanos Por el hecho de que la manera dogmática no incluye el término “privilegio”. María es modelo y paradigma de esperanza en la vida después de la vida.

En consecuencia, tras elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, Siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y Alma a la gloria celestial.

A esta siguieron otras muchas, entre ellas la de Isabel II de España.

Este dogma no halla relatos bíblicos que lo sustenten, sino que se basa en la tradición. Entre los Padres de la Iglesia, los primeros en referirse a la asunción son san Efrén y san Epifanio. Desde el siglo V se componen Numerosos relatos apócrifos denominados Transitus Mariae u Obsequia Virginis, que narran la muerte de María y su posterior resurrección O bien asunción (Conforme la tradición que sigan). Desde el siglo VI se celebra tanto en Oriente como en Occidente una fiesta mariana el quince de agosto que bajo diversos nombres (Dormitio, Assumptio, Transitus, Pausatio, Dies natalis) celebra la muerte de María O bien su asunción. Del siglo VII al siglo X, los autores eclesiásticos se dividen. Unos aceptan la asunción de María; otros la muerte normal de María que espera la resurrección O bien consideran que no se sabe cuál fue el destino final de la Virgen. A partir del siglo X se asume la convicción piadosa de que María fue asunta al cielo tanto en Oriente como en Occidente. El hecho de que en el ámbito protestante se negara la asunción de María muestra que era considerada una doctrina cierta, Pese a no haber sido definida dogmáticamente. La primera petición a Roma pidiendo la definición fue presentada por Cesáreo Shguanin en el siglo XVIII. A esta siguieron otras muchas, entre ellas la de Isabel II de España. En 1946, Pío XII envió la encíclica Deiparae Virginis a todos los obispos católicos, consultando si deseaban y veían posible esta definición. Dada la respuesta afirmativa mayoritaria definió el dogma el 1 de noviembre de 1950 en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, citada más arriba. Al hacerlo, evitó pronunciarse sobre la cuestión de si la Virgen murió y fue de manera inmediata resucitada, O si fue asunta al cielo sin pasar por la muerte, eligiendo cuidadosamente las palabras “terminado el curso de su vida terrena”.

Es el papa Juan Pablo II quien nos precisa que “el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, Mientras para el resto hombres la resurrección de los cuerpos van a tener lugar al fin del Mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio” (Audiencia general del Dos de noviembre de 1998, nº 1).

Algunas citas de los santos sobre María[editar]

¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo… No temas, María, Pues Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él Va a ser grande y Será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin… El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. De ahí que el niño Será Santurrón y Será llamado Hijo de Dios.

¡Tú eres bendita entre Todas y cada una de las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, A fin de que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de una parte del Señor!

Nosotros comprendemos que El (Cristo) se hizo hombre A través de la Virgen, Para que la desobediencia provocada por la serpiente terminase por Exactamente el mismo camino por donde había empezado. En efecto, Eva, virgen e intacta, habiendo concebido la palabra de la víbora, dio a luz la desobediencia y la muerte; en cambio, la Virgen María, habiendo concebido fe y alegría, cuando el ángel Gabriel le anunció que el Espíritu del Señor vendría sobre Ella y que la virtud del Altísimo la cubriría con su sombra, de tal modo que el Ser beato nacido de Ella sería Hijo de Dios, respondió: «Hágase en mí Según tu palabra.» Nació, Puesto que, de Ella Aquel de quien hablan tanto las Escrituras… Por El, Dios arruina el imperio de la serpiente y de los que, sean ángeles O bien sean hombres, se han hecho como ella, y Dios libera de la muerte a los que se arrepienten y creen en El.

Como por causa de una virgen desobediente, el hombre fue herido, cayó y murió, De este modo por causa Todavía de una virgen obediente a la Palabra de Dios, fue resucitado y tomó Nuevamente la vida. El Señor, en efecto, ha venido a buscar la oveja perdida, Esto es, el hombre que se había perdido. Por esto, no se formó un cuerpo diverso, sino A través de aquella que descendía de Adán, conservó la semejanza de aquel cuerpo. Adán, en efecto, fue recapitulado en Cristo, Para que esto que es mortal fuera engullido en la inmortalidad, y Eva en María, A fin de que una virgen convertida en abogada de una virgen disolviese y anulase con su obediencia de virgen la desobediencia de una virgen.

Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios. Eres el ser más poderoso que existe, tras la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra Ánima llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. Amén!!.

Creamos, Pues, en Jesucristo, nuestro Señor, nacido del Espíritu Santurrón y de la virgen María. Puesto que También la misma bienaventurada María concibió creyendo a quien alumbró creyendo. Después de habérsele prometido el hijo, preguntó De qué forma podía acontecer eso, Puesto que no conocía varón. En efecto, solo conocía un modo de concebir y dar a luz; Si bien personalmente no lo había experimentado, había aprendido de otras mujeres ―la naturaleza es repetitiva― que el hombre nace del varón y de la mujer. El ángel le dio por contestación: “El Espíritu Beato vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; Por eso, lo que nazca de ti Será santurrón y Va a ser llamado Hijo de Dios”. Tras estas palabras del ángel, ella, llena de fe y habiendo concebido a Cristo ya antes en su psique que en su seno, dijo: He Aquí la esclava del Señor; hágase en mí Conforme tu palabra. Cúmplase, afirmó, el que una virgen conciba sin semen de varón; nazca del Espíritu Santurrón y de una mujer virgen aquel en quien renacerá del Espíritu Santurrón la Iglesia, virgen Asimismo. Llámese Hijo de Dios a aquel santo que tiene que nacer de madre humana, Mas sin padre humano, Pues fue conveniente que se hiciese hijo del hombre el que de forma admirable nació de Dios Padre sin madre alguna; De este modo, natural de aquella carne, cuando era pequeño, salió de un seno cerrado, y en la misma carne, cuando era grande, ya resucitado, entró por puertas cerradas. Estas cosas son fantásticas, Porque son divinas; son inefables, Pues son También inescrutables; la boca del hombre no es suficiente para explicarlas, Pues tampoco lo es el corazón para investigarlas.Creyó María, y se cumplió en ella lo que creyó.Creamos Asimismo nosotros Para que pueda sernos Asimismo provechoso lo que se cumplió. Aunque Asimismo este nacimiento sea maravilloso, piensa, No obstante, ¡oh hombre!, qué tomó por ti tu Dios, qué el Creador por la criatura: Dios que permanece en Dios, el eterno que vive con el eterno, el Hijo igual al Padre, no desdeñó revestirse de la manera de siervo en beneficio de los siervos, reos y pecadores. Y esto no se debe a méritos humanos, Puesto que más bien merecíamos el castigo por nuestros pecados; Mas, si hubiese puesto sus ojos en nuestras maldades, ¿quién los hubiese resistido?Así, Puesto que, por los siervos impíos y pecadores, el Señor se dignó nacer, como siervo y hombre, del Espíritu Santurrón y de la virgen María.

Atiende a lo que dice Cristo, el Señor, extendiendo la mano cara sus discípulos: ” He Acá mi madre y mis hermanos “. Y después: ” El que hace la voluntad de mi Padre, que me envió, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre ” (Mt 12,49-50). ¿ Quizás la Virgen María no hizo la voluntad del Padre, ella que creyó por la fe, que concibió por la fe?… Santa María hizo, sí, la voluntad del Padre, y por consiguiente… María fue bienaventurada, Pues, ya antes de dar a luz al Maestro, lo llevó en su seno.

Lo que está en el Ánima es más que lo que está en el seno.

Ved si lo que digo no Es verdad. Cuando el Señor pasaba, seguido por la muchedumbre y haciendo milagros, una mujer se puso a decir: “¡Feliz y bienaventurado, el pecho qué te llevó!” ¿ Y qué le replicó el Señor, para eludir que se coloque la Dicha en la carne? “¡ Feliz más bien aquellos qué escuchan la palabra de Dios y la cumplen!”. Pues, María es bienaventurada También Por el hecho de que oyó la palabra de Dios y la cumplió: su Alma guardó la verdad más, que su pecho guardó la carne. La Verdad, es Cristo; la carne, es Cristo. La verdad, es Cristo en el corazón de María; la carne, es Cristo en el seno de María. Lo que está en el Ánima es más que lo que está en el seno. ¡Santa María, bienaventurada María!…

Pero vosotros, queridísimos, mirad: vosotros sois miembros Cristo, y sois el cuerpo del Cristo (1Co 12,27)… «El que escucha y hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana, mi madre”… Porque solo hay una herencia. Y es Por eso que Cristo, Si bien era el Hijo único, no quiso ser único; en su misericordia, quiso que fuéramos herederos del Padre, que fuéramos herederos con Él (Rm 8,17).

Todo el Planeta espera la contestación de María.

Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no Va a ser por obra de varón, sino más bien por obra del Espíritu Santo. Mira que el Ángel aguarda tu contestación, Pues es ya tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.

Se pone entre tus manos el costo de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y Pese a eso morimos; Mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados De nuevo a la vida.

Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos predecesores tuyos, que están detenidos en la zona de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el Planeta todo, postrado a tus pies.

Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, Porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, por último, de todos y cada uno de los hijos de Adán, de todo tu linaje.

Da pronto tu contestación. Responde presto al Ángel, O, por mejor decir, al Señor por medio del Ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.

¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo es conveniente que tu sencillez virginal se olvide Acá de la prudencia. En este tema no temas, Virgen prudente, la presunción; Porque, Si bien es buena la modestia en el silencio, más precisa es ahora la piedad en las palabras.

Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de Todas y cada una de las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu ánima. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.

Aquí está —dice la Virgen— la esclava del Señor; hágase en mí Según tu palabra.

Oh bienaventurada y dulcísima Virgen María, Madre de Dios, toda llena de misericordia, hija del Rey supremo, Señora de los Angeles, Madre de todos y cada uno de los fieles: El día de hoy y todos los días de mi vida, deposito en el seno de tu misericordia mi cuerpo y mi Ánima, Todas y cada una mis acciones, pensamientos, intenciones, deseos, palabras, obras; en una palabra, mi vida entera y el fin de mi vida; Para que por tu intercesión todo vaya enderezado a mi bien, Conforme la voluntad de tu amado Hijo y Señor nuestro Jesucristo, y tú seas para mi, oh Santísima Señora mía, consuelo y ayuda contra las asechanzas y lazos del dragón y de todos mis enemigos.

Dígnate alcanzarme de tu amable Hijo y Señor nuestro Jesucristo, gracias para resistir con vigor a las tentaciones del Mundo, Diablo y carne, y sostener el firme propósito de Nunca más pecar, y de perseverar constante en tu servicio y en el de tu Hijo.

Asimismo te ruego, oh Santísima Señora mía, que me alcances auténtica obediencia y verdadera humildad de corazón, Para que me reconozca francamente por miserable y frágil pecador, impotente no solo para practicar una obra buena, sino más bien Incluso para rechazar los continuos ataques del contrincante, sin la gracia y auxilio de mi Autor y sin el auxilio de tus santas preces.

Consígueme Asimismo, oh dulcísima Señora mía, castidad perpetua de Alma y cuerpo, A fin de que con puro corazón y cuerpo casto, pueda servirte a ti y a tu Hijo en tu Religión.

Concédeme pobreza voluntaria, unida a la paciencia y tranquilidad de espíritu para sobrellevar los trabajos de mi Religión y ocuparme en la salvación propia y de mis prójimos.

Alcánzame, oh dulcísima Señora, caridad auténtica con la que ame de todo corazón a tu Hijo Sacratísimo y Señor nuestro Jesucristo, y después de él a ti sobre Todas las cosas, y al prójimo en Dios y para Dios: A fin de que De esta manera me alegre con su bien y me contriste con su mal, a ninguno desprecie ni juzgue temerariamente, ni me anteponga a absolutamente nadie en mi estima propia.

Haz, oh Reina del cielo, que junte en mi corazón el miedo y el amor de tu Hijo dulcísimo, que le dé continuas gracias por los grandes beneficios que me ha concedido no por mis méritos, sino movido por su propia voluntad, y que haga pura y franca confesión y verdadera penitencia por mis pecados, hasta alcanzar perdón y misericordia.

Finalmente te ruego que en el último instante de mi vida, tú, única madre mía, puerta del cielo y abogada de los pecadores, no consientas que yo, indigno siervo tuyo, me desvíe de la santa fe católica, antes usando de tu gran piedad y misericordia me socorras y me defiendas de los malos espíritus, A fin de que, lleno de esperanza en la bendita y gloriosa pasión de tu Hijo y en el valimiento de tu intercesión, consiga de él por tu medio el perdón de mis pecados, y al Morir en tu amor y en el amor de tu Hijo, me encamines por el sendero de la salvación y salud eterna. Amén.

Le basta querer para hacerlo todo.

Por medio de la Santísima Virgen vino Jesucristo al Mundo y A través de Ella debe También reinar en el Planeta.
Confieso, con toda la Iglesia, que siendo María una simple criatura salida de las manos del Altísimo, comparada con tan infinita Majestad, es menos que un átomo, O bien, mejor, es nada, Pues solo Él es el que es. Por consiguiente, este gran señor Siempre y en toda circunstancia independiente y suficiente a Sí mismo, no tiene ni ha tenido absoluta necesidad de la Santísima Virgen para efectuar su voluntad y manifestar su gloria. Le basta querer para hacerlo todo.
Afirmo, No obstante, que dadas las cosas como son, habiendo querido Dios comenzar y acabar sus mayores obras A través de la Santísima Virgen desde que la formó, es de pensar que no cambiará Nunca de proceder: es Dios y no cambia ni en sus sentimientos ni en su manera de obrar.
La Iglesia, con el Espíritu Santo, bendice primero a la Santísima Virgen y después a Jesucristo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús». Y esto, no Porque la Virgen María sea mayor que Jesucristo O igual a Él lo que sería intolerable herejía sino más bien Porque para bendecir más de forma perfecta a Jesucristo hay que bendecir primero a María. Afirmemos, Pues, con todos y cada uno de los verdaderos devotos de la Santísima Virgen y contra sus falsos devotos escrupulosos. «María, bendita tú eres entre Todas y cada una de las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús».

Ellos desean alabarla sobre todo y verla muy amada por todos.

Acostumbran los amantes Hablar con cierta frecuencia de las personas que aman y alabarlas para cautivar para el objeto de su amor la estima y las alabanzas del resto. Muy escaso debe ser el amor de quienes se vanaglorian de amar a María, Mas después no piensan demasiado en Hablar de ella y hacerla amar de los demás. No actúan De esta manera los verdaderos amantes de nuestra Señora. Ellos desean alabarla sobre todo y verla muy amada por todos. De ahí que, Siempre que pueden, en público y en privado, tratan de encender en el corazón de todos aquellas benditas llamas de amor a su amada Reina, en las que se sienten inflamados.
No solo María santísima es reina del cielo y de los santos, sino También ella tiene imperio sobre el infierno y los demonios por haberlos derrotado valientemente con su poder. Ya desde el principio de la Humanidad, Dios predijo a la serpiente infernal la victoria y el dominio que había de ejercer sobre él nuestra reina al anunciar que vendría al Mundo una mujer que lo vencería: “Pondré enemistades entre ti y la mujer… Ella quebrantará tu cabeza” (Gn 3, 15). ¿Y quién fue esta mujer su enemiga sino más bien María, que con su preciosa humildad y vida santísima Siempre y en toda circunstancia venció y abatió su poder? “En aquella mujer fue prometida la Madre de nuestro Señor Jesucristo”, afirma san Cipriano. Y Por eso argumenta que Dios no dijo “pongo”, sino más bien “pondré”, A fin de que no se pensara que se refería a Eva. Afirma pondré enemistad entre ti y la mujer para demostrar que esta triunfadora de Satán no era la Eva allá presente, sino debía de ser otra mujer hija suya que había de suministrar a nuestros primeros padres mayor bien, dice san Vicente Ferrer, que aquellos de que nos habían privado al cometer el pecado original. María es, Pues, esa mujer grandiosa y fuerte que ha vencido al Demonio y le ha aplastado la cabeza abatiendo su soberbia, como lo afirmó Dios: “Ella quebrantará tu cabeza”. Cuestionan algunos si estas palabras se refieren a María O a Jesucristo, Por el hecho de que los Setenta traducen: “Él quebrantará tu cabeza…”.
Pero en todo caso, sea el Hijo Por medio de la Madre O bien la Madre por virtud del Hijo, han desbaratado a Lucifer y, con gran despecho suyo, ha quedado aplastado y abatido por esta Virgen bendita, como afirma san Bernardo. Por lo que vencido en la batalla, como esclavo, se ve forzado a obedecer las órdenes de esta reina. “Bajo los pies de María, aplastado y triturado, sufre absoluta servidumbre”. Afirma san Bruno que Eva, al dejarse vencer de la serpiente nos acarreó tinieblas y muerte; Pero la santísima Virgen, venciendo al Diablo nos trajo la luz y la vida. Y lo amarró de modo que el enemigo no puede ni moverse ni hacer el menor mal a sus devotos.

Nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios.

Todo en honor de Jesús, Pero Por medio de María. Todo por María, para llevar cara Jesús.
Nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios. Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar. Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y De este modo los llevaremos más fácilmente cara Jesucristo.

Hagan de sus familias un solo corazón lleno de amor en el Corazón de Jesús Mediante María. Y esto ha sido para las Misioneras de la Caridad el regalo mayor: la Madre de Jesús. Y nosotros rezamos el Rosario Adonde desee que vamos, en las calles, O en ómnibus, dondequiera, y naturalmente el Rosario es nuestra “oración familiar”.

Oraciones marianas[editar]

Entre las más populares de las oraciones a María se hallan:

El Regina Coeli que sustituye al Angelus en el tiempo litúrgico de la Pascua católica.

– El Ave María.
– El Rosario, donde se meditan los primordiales misterios cristianos.
– Las tres avemarías dedicadas a María en su relación con la Trinidad: el poder que le concedió el Padre, la sabiduría que le concedió el Hijo y el amor que le concedió el Espíritu Beato (Véase el artículo Matilde de Hackeborn).
– La Salve O bien Salve Regina.
– El Angelus que se reza cotidianamente al mediodía.
– El Regina Coeli que sustituye al Angelus en el tiempo litúrgico de la Pascua católica.
– El Acordaos, oración Mariana atribuida a San Bernardo de Claraval, conocida por su primera palabra, “Acordaos” (en latín “Memorare”).
– Las Letanías lauretanas, letanías dedicadas a la virgen María.
– El Magnificat, cántico de María aparecido en el Nuevo Testamento.

Apariciones marianas[editar]

El papel esencial de María en la fe y práctica en el catolicismo se expresa en los templos dedicados a ella, ciertas veces estos templos son llamados Santuarios que sirven de señal de una manifestación singular de María, un milagro O bien una aparición. Un ejemplo típico es el famoso santuario de la Virgen de Lourdes en Francia, la Virgen de Guadalupe en México, que tiene su raíz primigenia en en la Patrona de la Hispanidad del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, (Extremadura, España) O el de Nuestra Senõra de Fátima en Portugal.

↑ El cristianismo primitivo en la sociedad romana Escrito por Ramón Teja
↑ Ignacio de Antioquía, Ephes. 19,1: PG 5,660A, SC 10,88Nuevo Testamento Escrito por Manuel Iglesias González
↑ Les fins dernières selon Origène Escrito por Henri Crouzel
↑ Orígenes, In Mt. comm 10,17: GCS 10,veintiuno
↑ San Efrén, Diatessaron, 2,6: SC 121,69-70; cf. ID., Himni de Nativitate, 19,6-9: CSCO 187,cincuenta y nueve María: un itinerario dogmático Escrito por Dominique Cerbelaud
Bibliografía[editar]

– Royo Marín, Antonio: La Virgen María, teología y espiritualidad marianas. B. A. C., 1968.
– Bojorge, Horacio S. J.: La figura de María Mediante los evangelistas. Buenos Aires: Ediciones Paulinas (segunda edición), 1982.
– Bojorge, Horacio S. J.: La Virgen María en los Evangelios. Pamplona: Gratisdate, s/f.
– Carol, J. B.: Mariología. B. A. C., 1964.
– Larrañaga, Ignacio: El silencio de María.
– San Luis María Grignon de Monfort: Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen.

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