Viviendo ESTA Vida de Belleza y Abundancia

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“ Una cosa le pido al Señor,
esto solo busco:
que pueda morar en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la belleza del SEÑOR
y buscarlo en su templo. & quot;
– Salmo 27: 4 (NVI)

“La gracia y la paz sean tuyas en abundancia a través del conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor”.
– 2 Pedro 1: 2 (NVI)

La belleza nos rodea y está allí en abundancia.

Podríamos ser perdonados, sin embargo, por no ver lo que está claramente allí, ante nuestros ojos, en cada momento de nuestra existencia. Y solo porque a veces no lo veamos no significa que no esté allí.

Elegir creer en la belleza, especialmente cuando no es aparente, es la idea de fe que alimenta la alegría. La belleza contemplada causa esta felicidad intrínseca; Un sentido espiritual de abundancia de alma. La abundancia personifica y contempla la belleza, mientras que la belleza agradece la profundidad y rigor de integridad de la abundancia. Al apuntalarse entre sí, tanto la belleza como la abundancia multiplican la vitalidad del otro.

La abundancia, desde este punto de vista, no es simplemente un concepto de cantidad. Como concepto, se eleva a los reinos del concepto de belleza. La abundancia es un florecimiento. Es todo penetrante, todo seductor, todo encapsulado. Es la teoría de la mucho erradicar el estado predeterminado de la derrota.

La alegría brota en el alma que experimenta abundancia y ve belleza. Ciertamente están ahí. Son estados irrefutables siempre presentes y mezclados dentro de la lógica de la existencia. Pero debemos elegir experimentarlos y verlos. Y eso es fe, lo más ilógico para cualquiera que simplemente debe ver y tocar lo que no puede. ¡La frustración puede ser su único fin!

Se necesita fe para creer en la generosidad de Dios que nos colma de abundancia y belleza en todas partes. ¿Y cuál es el punto de una vida que nunca llega a tal altura? Dios nos llama diariamente a ascender belleza y abundancia, haciéndolos posesiones espirituales al encarnar la esperanza.

Debemos creer en el bien y el poder de ese bien para vencer la atrocidad. No nos sirve de nada negar la belleza y la abundancia, ya que de lo contrario solo hay desesperación y un dolor vacío.

Cuando elegimos morar en la casa del Señor, contemplamos con asombro su belleza en la creación. En todas partes lo vemos a Él trabajando en el mundo natural, vemos las marcas de la naturaleza que llevan su mano de obra.

Cada vez que insistimos en elegir ver la bondad de Dios en la angustia del mundo, nos convertimos en esa fuerza para siempre.

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